Ninguno de los personajes me pertenecen, todos ellos son creación y propiedad de Sunrise.

Capítulo 10

Sólo por mí nosotras las campanas sonarán.

-¿Lo usarás para año nuevo, también?-

-Si Natsuki me lo pide…- Shizuru sonrió, inclinándose levemente para verle el rostro a la mujer a su lado. La morena miraba directamente hacia el cielo, evitando encontrar su mirada. Por el rabillo del ojo logró distinguir algo que la emocionó y, a la vez, la asustó. Natsuki tenía un revestimiento melancólico en sus ojos verdes. No, más allá de lo melancólico. Leí la contradicción de la alegría y la tristeza en ellos. Ella también sintió algo de tristeza e inquietud inundándole el cuerpo. Aún no se decidía, aún se iría. Respiró profundo, intentando calmarse, encontrar otra vez su centro. Se irguió completamente de nuevo, poniéndose a su misma altura.

Algo alejadas del ruido que provenía desde sus espaldas. La feria que se armaba por navidad, uno de los momentos más prósperos de la ciudad. Pronto volverían, sólo se habían salido del trayecto principal para observar las estrellas por insistencia de Natsuki. Según ella el cielo se veía mejor tras el aire frío del invierno. Shizuru elevó la vista, para ella eran las mismas estrellas, hermosas, sin duda, pero las mismas que veía desde la ventana de su cuarto. Aunque, sonrió, era realmente una suerte que no estuviera nevando, nublado. El tiempo les había regalado un soleado y frío día de invierno para esa navidad, mayor razón para que todos estuvieran paseando, animados. Un ligero toque tibio la sacó de sus pensamientos. Sin bajar la vista del cielo, muda de la sorpresa, cerró los dedos sobre esa mano que los tomaba.

Natsuki le había tomado la mano.

¿Se la había tomado?

Tímidamente, como si sólo hubiera sido su imaginación, bajo la mirada hasta sus entrelazadas. Sí, ahí estaba, la tibia mano de la morena cubriendo la suya. En medio de la calle, en medio del público. Observó a Natsuki, quien no había paseado en momento alguno la mirada. Un suave tono rojizo le cubría las mejillas. Estaba hermosa, no podía ocultarlo. Enfundada en su chaqueta negra, en sus jeans desgastados, sus botas grandes y tan poco femenina. Dios, no podía decirlo, la amaba y no podía explicárselo. Subió de nuevo la vista, un sonrojo le cubría las mejillas, estaba segura. De pronto lo comprendió, las estrellas se veían muy distintas esa noche. Mucho más hermosas

-Úsalo, por favor… te ves hermosa…- Esta vez Natsuki la miró de frente, sonriendo. Había borrado ese rastro de tristeza que cruzaba sus pupilas verdes. Shizuru le sonrió de vuelta, satisfecha. La morena tiró suavemente de su mano, guiándola otra vez al gentío, hacia las tiendas y las luces de colores que adornaban la calle principal. Todo paralizado. Todos volcados en la calle observando puestos de comida, juegos de azar, máscaras y muchas pequeñas cosas más que los niños pedían mientras corrían entre las piernas de la multitud. La morena se dio vuelta, dándole otra mirada de cuerpo completo. Su regalo de cumpleaños se ceñía suavemente a ella. El kimono que Haruka le había entregado en tiempo record, confeccionado seguramente por muchas manos. Sí, estaba excelente para ella. Natsuki no pudo evitar la sorpresa cuando la vio usándolo, anunciándole que estaba lista para salir. Eran un par muy discordante, ella era un desastre la mayoría del tiempo, a diferencia de Shizuru que, fuera donde fuera, parecía encajar perfectamente. Sonrió más anchamente, entrelazando sus dedos. –Vamos, quiero ver esos carritos con okonomiyakis…-

Ellas también se perdieron en medio de la multitud.

Podía sentir el latir de su corazón en su palma. Fuerte y seguro. Siguiendo un ritmo.

Una y otra

Y otra

Vez.

Firme, constante.

Su mirada se perdió en sus manos. Ninguna tenía las manos suaves de una señorita. Natsuki poseía manos grandes y algo duras, acostumbradas a las herramientas y al acelerador de su moto. Podía sentir durezas en las partes internas de sus dedos y en el nacimiento de los mismos. Ella tampoco tenía unas manos suaves. Sus manos eran grandes, también, acostumbradas a pulsar la guitarra. A arrancarle y sonsacarle la nota correcta y buscada. Sí, ninguna tenía manos 'femeninas' desde ese punto de vista. Pero eran cálidas, y amables. A Shizuru eso le bastaba. Levantó la vista siguiendo su brazo. Un recuerdo golpeó como un puñetazo. Haciéndola parar en seco, sujetando más fuere su mano y deteniéndola a ella también. De pronto estaba asustada y cansada. De pronto fue transportada años atrás en su pasado. Natsuki se volteó, extrañada, extrañez que se trastocó en preocupación cuando se topó con sus ojos asustados y apenados.

-¿Shizuru?-

-Si levanto la vista, estarás ahí, ¿no?-

-¿Qué?-

-La única vez…- Tiró de su mano para atraerla, abstrayéndose del tumulto que pasaba a su lado sin prestarles atención. –La única vez, o, mejor dicho, la primera vez que me sentí sola fue cuando levanté la vista y, sin decir adiós, se perdió en el gentío…- La morena la abrazó, causando nuevamente la estupefacción de la castaña. No necesitaba más especificaciones, sabía perfectamente de quién hablaba. Kanzaki, aún no sabía más de él por boca de Shizuru, pero podía suponerlo.

-¿Te abandonó?- Inquirió en un susurro, empujándola levemente hacia un costado, sacándolas a ambas del medio de la corriente humana. Shizuru negó con la cabeza, apoyando su frente contra su pecho.

-Me traicionó… y pagó las consecuencias- El filo en su voz la hizo retroceder levemente. Se asustó. La voz de Shizuru se revistió de una oscuridad que le era impropia. La morena lo sabía, lo sabía perfectamente, pero nunca lo había experimentado de primera mano. Viola Shizuru era una mujer peligrosa, muy peligrosa si se lo proponía. Y aún más peligrosa si se la incitaba. –Teníamos un acuerdo, y yo creí estúpidamente en él… estaba mirando esa escalera al cielo*, honestamente creía que me acompañaría en ella… pero ya ves, nuestras sombras son más largas y profundas que nuestras almas*, nuestras amistades y buenos deseos más livianos que una pluma… y nuestro rencor más profundo que el mar…- Natsuki la apretó contra ella, abrazándola totalmente, obligándola a bajar ligeramente la cabeza para caber entre sus brazos.

-Oi, oi… ¿Qué cosas más deprimentes estás diciendo?, yo estoy aquí, sigo aquí…-

-Pero te irás, Kruger, de una forma u otra me abandonarás, ¿no?- Shizuru correspondió el abrazo. Sintió la rigidez de su pareja. Supuso que el nombrarla con su apellido y decirle la verdad la había choqueado. Pero no quería discutir, tampoco recordar, simplemente disfrutar. –Vamos, Natsuki, ya no importa, sigamos… no podré pasar el tanabata*contigo, o el hanami*, por lo menos disfrutemos de esta pequeña celebración juntas…- Volvió a unir sus manos, forzando una sonrisa para tranquilizarla. Natsuki reconoció esa sonrisa falsa. Levantó su barbilla y, suavemente, con algo de malicia en los ojos, la besó. Un corto beso, sin espectáculos, sin parafernalia. Pero lo suficientemente osado para que Shizuru la observara, ya por tercera vez en la noche, asombrada. Luego, cumpliendo su objetivo, le arrancó una sonrisa cálida. Esas que le calentaban el corazón con solo verlas.

-Vamos… aún queda mucho por recorrer- Le susurró, guiándola de vuelta.

-Kruger… ¿Por qué me das esperanzas?- Se susurró a sí misma la castaña. El pelo azulino le dio un quedo guiño, como si estuviera jugando.


¡Yo también quiero uno!, ¿Mikoto, me lo conseguirás?

¡Umh!, ¡Déjamelo a mí, Mai!, conseguiré el premio mayor

-Están aquí-

-¿Ara?- Shizuru desvió la vista de su refrigerio. Natsuki observaba el parque que se extendía frente a ellas con miedo. Más allá las luces de la feria deslumbraban en la noche. Sin mediar palabra, la morena levantó el brazo, señalando hacia los juegos. Shizuru observó, pero no pudo distinguir nada. Su mujer tenía una culpa muy grande o poderes extrasensoriales que ella desconocía. -¿Qué dicen…?-

-Van a la feria… Mai quiere uno de los premios por el golpe de martillo y Mikoto se lo conseguirá… sí, estoy segura que lo hará…- Las pupilas verdes siguieron el recorrido de sus muertos. Alejados casi por veinte metros podía oírlos con claridad. No sabía, realmente no sabía, si eran su imaginación o una realidad demasiado dolorosa como para aceptar con libertad. –Descansen, joder, descansen. ¡No quise matarlos!, ¡Si pudiera hubiera muerto solo yo!... no es justo- Bajó la vista, seguía escuchando claramente sus voces. -¡No es justo!, ¡Por qué ahora!, ¡Cuando estoy contigo esto no pasaba!... Shizuru…- Sobre sus puños, ya blancos por la fuerza con que los apretaba, cayeron un par de lágrimas. Se sorprendió, no lloraba por ellos hacía mucho tiempo. No lloraba por ellos desde su muerte. E incluso… no lloré nunca en ese momento lo suficiente, pero… ¿cuánto es realmente lo suficiente?. Unos brazos la abrazaron con fuerza, sorprendiéndola y arrancándola de su ensismamiento. –No es justo Shizuru, yo estoy viva, ellos no… yo no quiero compartir lo que me resta de vida con ellos, yo no pertenezco a su mundo todavía y ellos se niegan a entenderlo-

-Yo estoy aquí, Natsuki, estoy aquí contigo… y estoy viva…- Sí estás viva, tan viva como ese palpitar me dice, tan viva como me cuentan tus labios tibios y suaves, tan viva que también me asusta, también me asusta perderte… -¿No puedes perdonarte?, tal vez… ellos están esperando a que lo hagas para marcharse- Sí, ella también lo había pensado, ¿pero cómo perdonarse cuando era la real culpable? –¿Has intentado hablar con ellos?-

-No… no quiero, no quiero escuchar sus reclamos-

-No puedes correr toda tu vida, Kruger, no puedes esperar que las cosas queden atrás, solas, que desaparezcan por iniciativa propia- Natsuki la miró, entre asustada y asombrada. Shizuru le decía todas las palabras que ella nunca quería decirse. Que tampoco nadie se atrevía a decirle. -¿Qué pasará cuando ya no tengas motocicleta con la que correr?, ¿Qué pasará cuando ya no tengas un par de brazos calientes a los cuales recurrir?, ¿Qué harás entonces, Natsuki?- Sus ojos rojos emanaban reprobación. Pero seguían siendo cálidos, como el reclamo de una madre que enseña, de una madre que ama y enseña. La castaña levantó la vista de su mujer, obligándola a mirarle. -¿Qué harás, mi Natsuki?- Susurró esta vez, instándola a actuar.

-Yo…-

-No temas de los muertos cuando no importunas su descanso… ten- Extrajo de un bolsillo interno una pequeña botella de sake.

-¿Shizuru?- Inquirió, sorprendida, levantando una ceja.

-Siempre llevo una… en caso de necesidad…- Sonrió, entregándosela. –Ve, y regresa luego conmigo, te estaré esperando…- Susurró, depositando un beso en su frente. Natsuki tomó la botella y bebió el contenido de un golpe. ¿Y esto me ayudará acaso?, el alcohol fue mi primer error, después de todo. Oh, joder, ¡al diablo! Se levantó. Dispuesta a encarar pelea con lo que se cruzase en su camino. Shizuru la observó partir, hacia el límite de los arboles que adornaban el parque, hacia donde le había señalado antes. Se sentó otra vez. Creía que iría bien. Si hubieran querido dañarla lo habrían hecho hacía mucho tiempo atrás. Mientras la veía alejarse su corazón se desbordó de emociones distintas.

Confianza

Exaltación

Deseo

Asombro

Y amor.

Sí, Natsuki era la persona por la que había estado esperando, por la que había estado buscando. Reito estaba en el pasado, al igual que ellos, estaba en el pasado que había desojado como una flor sin cuidarse. Muerto uno a uno sus pétalos sin aroma, sin belleza. Su familia la había desheredado, la había olvidado. Pero no había caído sola. Reito había perdido la herencia también, Kanzaki ahora vivía de lo que sus malos contactos aconsejaban. Y estaba lejos, lejos de ella, lejos de Natsuki, lejos de todo. Con el suficiente miedo como para cruzarse en su vida otra vez. Como un perro con la cola entre las piernas. Shizuru sonrió, así estaba bien. No lo había liquidado por completo, ni siquiera eso merecía.

Ahora ella estaba bien, estaba completa.

Satisfecha

Y nada más importaba*

A lo lejos su morena gesticulaba al aire. Hacía aspivamientos exagerados disculpándose. Sonrió, a pesar de lo extraño de la situación era gracioso… era muy gracioso. Su mano censuró oportunamente una carcajada cuando la vio lanzarse al suelo, en reverencias de disculpas. Pero su diversión se convirtió en asombro al ver, sólo por un segundo, un par de manos que tomaban a Natsuki de las axilas para levantarla. Sonrió, sí, la habían perdonado. Aún si había sido su culpa, aún si les temía, aún si no los entendía, la habían perdonado. La castaña suspiró, observando el cielo aún estrellado. ¿Y ella?, ¿Sería capaz de perdonarla cuando la abandonara?, ¿Sería capaz de permanecer firme y no seguirla, fuera donde fuera que la guiara?. No lo sabía y no creía poder saberlo hasta que llegara el momento.

-Nunca… nunca me había abierto tanto*, nunca había esperado tanto algo nuevo cada día*… nunca me había enamorado, supongo…- Se sonrió amargamente. Sí, si eso era el amor, entendía cada locura que se veían en las películas. Si eso era amor, entendía el porqué algunos preferían quitarse la vida. –Porque ya no importa lo que digan los demás*, ya no importa nada más*…-

-¡Shizuru!- Natsuki de pronto se materializó frente a ella. Una enorme sonrisa le adornaba el rostro mientras las lágrimas lo cruzaban sin descanso. -¡Shizuru!- Repitió, incapaz de formular algo más. No era necesario, con solo escucharla la castaña sabía exactamente lo que quería decirle. Se levantó, tomándola de los hombros y observándola fijo.

-Felicitaciones- Susurró, acariciando su nariz con la suya. –Lo hiciste bien, Natsuki…-

-Sabes…, busqué confianza, por mucho tiempo… y la encontré en ti- La castaña sintió una oleada de calor recorriéndole el cuerpo, pero, aún así, pudo reconocer la sombra que cruzó los ojos verdes.

-So close no matter how far?*- La mujer morena abrió los ojos, sorprendida. Intentó farfullar una respuesta, pero con un dedo en los labios su pareja la acalló. –Life is ours, we live it our way*…- Para sorpresa de Natsuki, Shizuru sacó un paquete de cigarrillos. Le ofreció uno y ella misma tomó otro, con su fiel y poco usada boquilla. Aspiró la primera calada como si fuera una verdad que deseara aprehender. Natsuki la acompañó. Fumaron en silencio, sentadas bajo el frio manto de invierno. En el parque abandonado y cubierto por la nieve ya pisoteada. La morena observó cómo le decían el último adiós, como, incluso, Tate levantaba el puño con el pulgar arriba, felicitándola por su conquista. Con una sonrisa se despidió de ellos, de todos ellos. Una parte de su vida se iba junto a su camino. Pero así estaba bien, era tiempo de seguir adelante. Aplastó la colilla bajo su pie, antes de lanzarla a uno de los basureros. Tenía el corazón caliente, no quería moverse. Estaba bien así, no quería avanzar más por un tiempo. No quería pensar lo que vendría cuando el invierno acabase. -Ya es suficiente por hoy… ¿Vamos a casa?, quiero descansar antes de que llegue el año nuevo- La morena asintió. Tomándose la mano se encaminaron de vuelta a la tibia cama que compartían. Que compartirían, por lo menos un tiempo más.


Otoño, primavera, verano.

Invierno… este invierno ha sido realmente especial.

Aún puedo ver los fuegos artificiales, sobre las montañas que rodean a esta pequeña ciudad.

Y tus recuerdos junto a los míos construían castillos invisibles. En medio del estruendo, terminábamos de contar nuestras vidas accidentadas.

¿Qué se supone que sigue ahora?, ya nos conocemos y aún no me canso de ti… pero,

¿Quién lo nombrará?

Ya ha dejado de nevar, los días empiezan a alargarse.

Este invierno se acaba.

¿Y se acaba lo nuestro también?

¿Tengo el valor para irme?

¿Tiene el valor para quedarse?

¿Tenemos el valor para seguir, sea a dónde sea que esto nos lleve?

Te irás…

Te veré llorar…

¿Si quiera te veré llorar?, ¿Será suficiente para romper tus barreras otra vez y verte llorar?

No sé si seré capaz…

Pero, ¿Qué sino?

No te quiero ver marchar, pero… ¿Qué sino?

Nunca me había importado lo que los demás hicieran*

Si yo lo sabía era suficiente*

Nunca me había hecho tan dependiente

Pero no tiene tengo el valor para seguir.


Yamada la observó, incrédulo. –Natsuki, no es mi política entrometerme personalmente en la vida de los demás, pero… ¿Qué estupidez vas a hacer?, ¿Qué estupidez pretendes hacer?- La morena bajó la cabeza, sorprendida por el regaño. El hombre se limpió las manos manchadas de aceite con un paño, sin dejar de mirarla fijamente. –Ella te necesita, y tú a ella, deja de joder y quédate acá, ¿qué es lo que te motiva a seguir?-

El miedo a seguir, precisamente.

El miedo a perder a alguien más.

El miedo a entregarme totalmente y perderme en alguien más…

-No puedo creerlo…- Yamada se quitó las gafas, limpiándolas en el dobladillo de su polera –Eres la primera persona que le teme a la confianza y a la compañía...- Volvió a ponérselas, parpadeando un par de veces para asegurarse de que estuvieran lo suficientemente limpias. –Eres la primera y espero la última… haz lo que quieras, corre todo lo que quieras, pero… nunca podrás escapar de tus propios recuerdos-

NdA: Alguien alguna vez me dijo que este fic tenía algo de autobiográfico... en el momento me reí, no podía tomarlo en serio, pero ahora... Ok, eso sí, lo primero. Yo no veo a mis muertos... no en la esquina de cada puerta, al menos xD. "Nothing Else Matters" Metallica, "Starway to heaven" Led Zeppelin ... sí, sé que me repito, pero... es que le hacen tan bien (he puesto canciones que creí no pondría y he dejado fuera otras que tenía supuestamente preparadas). Ahora sí, puedo decirlo con certeza, el final está ad portas... No creo necesario especificar las celebraciones del Tanabata o el Hanami. Por lo demás, me salté un largo período de tiempo, pero no consideré importante detallarlo. Lo que realmente me interesa al escribir esta historia es notar los avances, como al ir contra el destino y desafiar los sentimientos estos nos sacan la ************.

Llegados ya a este punto creo que explicar la grafía del fic es repetitivo... pero, de todas formas la detallaré xD. Las negritas son los pensamientos de Natsuki, la cursiva los de Shizuru y cursiva más negrita eehh... bueno, ellos, los muertos (aún se me hace muy extraño todo esto, y eso que yo lo escribí ¬¬). Muchas gracias por seguir y comentar el fic, hasta la próxima actualización, saludos.