Renuncia: Ni South Park ni sus personajes son míos, pertenecen a Trey Parker y Matt Stone.

Capítulo 11. Confusos sentimientos por Marsh.

Nervioso no era la palabra que buscaba. Quizá agobiado sonaría mejor de no ser porque Stan no paraba de poner una auténtica expresión preocupada en el rostro, Kyle habría preferido hablar con Wendy en su lugar, parecía que lo estaba pasando mal cuando ni siquiera llevaban tres minutos hablando.

Ahora lo recordaba. Ella lo había preferido así. Si iba a hablar, quería que fuese sólo con Stan, porque tres contra uno estaba mal, porque era algo que debían solucionar como pareja que eran o fueron y por mucho que estuviese en contra, Kyle no podía estropear la única oportunidad que tenían de aclarar las cosas con ella.

Aunque no había nada que aclarar. Se lo había repetido incontables veces a sí mismo, que no había hecho nada para provocar celos en Wendy, o quizá simplemente no lo había hecho de forma consciente. Después de escuchar a Cartman decir que a lo mejor había estado actuando como un verdadero manipulador, ya no estaba seguro y sólo por ese pequeño pensamiento, que le había llegado en una milésima de segundo, fue que se quedó sentado en las gradas del gimnasio con Kenny a su lado, queriendo con infinitas ganas intervenir en el sermón que Wendy le estaba dando a su mejor amigo, porque ella parecía una abogada en sus días más lúcidos cuando se trataba de argumentar a favor de la justicia y porque Stan era más bueno que el pan, suficiente impedimento para que se quedara con la boca cerrada durante los próximos quince minutos o los que fueran necesarios.

Hasta que a Wendy se le acabaran las evidencias.

Que era casi nunca.

— ¿Y qué es lo que te gusta de Stan? – Dijo Kenny repentinamente, ante lo que Kyle respingó sobre su asiento y le miró sorprendido. Sorprendido se quedaba corto. Los ojos de Kyle por poco y se salen de sus órbitas, como si hubiera presenciado el holocausto ahí mismo. Peor que eso. Los aliens debían haber abducido a su amigo, los alienígenas, un cúmulo de revistas playboy y las prostitutas más perversas y sucias del condado le habían lavado la cabeza y comido las pocas luces que le quedaban – si es que alguna vez tuvo alguna – Desgraciado insensible, ten un poco de decencia, quiso decirle. No sólo le había preguntado algo completamente fuera de lugar, sino que lo había dicho como Don Juan por su casa, como si Wendy no estuviera a unos metros lejos, discutiendo con Stan que parecía existir sólo para ello en aquel momento.

Además, Stan no era quien le gustaba.

— ¿Qué estás diciendo? – Atinó a preguntar y Kenny se encogió de hombros antes de suspirar, visiblemente cansado de todo ese asunto cursi de peleas de ex novios sacadas del mismísimo Disney al buen estilo de High school musical.

La diferencia entre esas películas cargadas de mentiras y sueños vacíos y el extraño triángulo amoroso que vivía Broflovski desde que la jodida fiesta de Cartman terminó, es que todo era un malentendido. Kyle no gustaba de Stan y Marsh no se comportaba como una chica escandalosa gritando y haciendo berrinches por cada cosa mala que pasaba – Casi, pero no – Y quiso partirle la cara a su rubio amigo sólo porque parecía que otro episodio de estrés amenazaba con ponerlo histérico y Kenny podía darse el lujo de morir cuantas veces quisiera.

Pero hay que ser racional, se dijo a sí mismo.

— Entonces ¿Quién es el afortunado? – Sonrió Kenny, de nuevo. Se deslizó hasta que su cuerpo quedó muy cerca del de Kyle y se inclinó hacia su rostro, le observó inquisidor, con las cejas bien en alto y con terribles ganas de reírse de él y sus mejillas enrojecidas.

¿Quién es el afortunado?

El afortunado.

Kyle no estaba seguro si Cartman era afortunado. Enamorarse el uno del otro no era precisamente un llamado a la buena fortuna, de todas formas, no había modo de saber si el castaño sentía algo por él, por alguien, por sí mismo. No lo parecía. Y ante preguntas relacionadas con el amor, solía contestar de forma tajante y convincente, que a él no le gustaba nadie, que no tenía tiempo para pensar sobre esas mariconerías mientras ideaba el mejor plan para tener el control del gobierno de los Estados Unidos y encima se declaraba heterosexual, el corazón de Kyle debería tener ya mil agujeros sangrantes desde donde se formaba la palabra "in-correspondido", debió haberse rendido desde el momento en que se percató de su rechazo hacia los judíos y no seguir buscando más razones para quererle ¿En qué clase de masoquista sin remedio se había convertido?

Lo fácil era mandar al carajo a Wendy y convencer a Stan de que ser su novio era la mejor idea de la jodida galaxia, cosa que no creía del todo imposible, explicarles a sus padres que era bisexual y que, aun con esas, seguía siendo el mismo niño empollón y sensato de siempre. Su hijo. Alzar la cabeza con orgullo e inflar el pecho al caminar por los pasillos con Marsh de la mano porque no iba a ser raro para los demás. Esperar las felicitaciones y los saltitos emocionados de sus amigos porque ya era hora, ya se habían tardado.

Pero Kyle no quería caer en la monotonía, Stan Marsh era su súper mejor amigo y le quería, claro que le quería, pero no se veía formando una familia con él o si lo hacía, la imagen que se proyectaba en su cabeza era lo suficientemente cursi y empalagosa como para aceptarlo, rayando la perfección. Y no, Kyle no soportaba la perfección, aunque los listos de turno le dijeran que era el chico perfecto sólo porque encajaba con casi cualquier persona. Tengo más defectos de los que puedo contar y no estás entendiendo el concepto, acostumbraba a responder en esos casos, porque si algo había aprendido de los góticos, esos desgreñados fumadores con mal gusto por la música de la parte trasera de la escuela, era que no debía conformarse con todo, sin rozar los extremos. No, joder. La perfección no era divertida y Cartman era de todo menos perfecto.

— Creí que ya lo sabías – Le dijo dirigiendo sus ojos a la pareja que discutía en las primeras gradas del gimnasio.

— Digamos que no quiero creerlo todavía – Suspiró.

Kenny se preocupaba demasiado, intentó con inexistentes fuerzas convencerse de ello, pero lo cierto era que muy pocas veces McCormick se preocupaba por algo, en absoluto. Así que se levantó, buscando ahuyentar la atmósfera opresiva que se había formado repentinamente y ante la mirada sorprendida del rubio, bajó las escaleras hasta que estuvo bastante cerca de su mejor amigo.

Wendy se calló de pronto y le observó como quien evita quedarse a solas con alguien, pero acaba por toparse con esa persona de todas formas, con incomodidad y furia contenida. Stan se giró para verle también, intentó forzar una sonrisa, pero su expresión lúgubre era más poderosa. Broflovski no sabía de qué habían estado hablando exactamente, pero no se necesitaba ser un genio para entender la situación en la que Marsh se encontraba. Wendy sólo quería desahogarse.

— Wendy – Intentó hablar, pero fue interrumpido por la femenina mano que se extendió hacia su rostro bruscamente.

— ¿Por qué no lo intentan? – Concilió la chica y sólo cuando estaba segura de que el pelirrojo ya no hablaría, fue que bajó su mano. Apreció el momento justo en el que los dos chicos que tenía enfrente palidecieron. Las renovadas fuerzas de Kyle se habían ido al caño y ¡Maldita sea! ¿era eso lo que estaba pidiéndole a Stan?

— ¿Intentar qué? – Cuestionó Kyle, antes de que Stan hablara, tratando de controlar los inesperados escalofríos que recorrían su cuerpo y Wendy alzó las cejas como si lo que estaba queriendo decir fuera obvio.

— No quiero salir con Stan si no aclara sus sentimientos por ti – Sentenció y Kyle quiso gritar que Stan no estaba sintiendo nada por él y que los dos podían irse al carajo con tal de que le dejaran en paz, pero se encontró con que en verdad no sabía si Marsh estaba confundido y sólo esa idea lo dejó sin aliento.

— ¿Y por eso quieres que estos dos salgan? – Intervino Kenny, acercándose a pasos amplios, casi deslizándose por el pulido suelo del gimnasio, introdujo ambas manos en los bolsillos de su gabardina meciéndose ligeramente de un lado a otro como si de verdad estuviera invirtiendo tiempo buscándole sentido a aquello. Wendy asintió, alzando la barbilla.

— Principalmente, quiero que todos salgamos ganando, si resulta que ambos se sienten bien juntos, yo no tendría problemas con alejarme – Dijo, seguido por un inquietante silencio general.

Kyle se atragantó un insulto y agradeció a Moisés el que Cartman no hubiera estado allí con ellos, viendo lo patéticos que estaban siendo. Aunque tal vez si Eric hubiera estado allí, Wendy ahora estaría gimoteando de pura indignación porque él sí que la hubiese insultado, diciéndole que era una perra cabeza hueca que iba calentando a cualquier imbécil que se le insinuaba y que sólo quería seguir "experimentando" sin escrúpulos aun si eso significaba hacerle daño a Stan. Y Kyle recordó que, a pesar de lo hijo de puta que podía ser el cabrón de Cartman, solía tomarse enserio el afán de Marsh de caer en depresión por cualquier cosa y por nada, era un bastardo leal y pertinente cuando se lo proponía.

De hecho, esa era otra buena razón para seguir a su lado. Kyle podía jurar que en ese momento le quiso todavía más y se percató de que había estado pensando en él todo el tiempo en que Stan y Kenny parecían sopesar en las palabras de Wendy.

Entonces advirtió que estaba echando de menos a Cartman, que no habían hablado durante todo el día, aparte de las palabras que intercambiaron durante el almuerzo y él había huido como un completo cobarde. Ahora incluso estaban saltándose la clase de Taller para aclarar las cosas, si es que el que Wendy les pida que se conviertan en novios fuera "aclarar las cosas". Pero ni por asomo se detuvo a pensar en el paradero de Cartman hasta ese momento y sólo entonces reparó en que su comportamiento podía calificarse como extraño.

Sí que estaba enfadado con él, o lo estuvo, ahora no lo recordaba con claridad, pero sus rabietas nunca fueron un impedimento para que Cartman se aprovechase de cada situación que se presentaba, él debería estar ahí con ellos.

— De acuerdo – Asintió despreocupado, rozando el hastío. No estaba seguro de lo que Wendy le había dicho o lo había olvidado en el momento en que terminó de hablar, porque por la mirada sorprendida de Kenny, supo que a lo mejor esa no era la respuesta que esperaba. Pero poco tiempo le habían dado para apartar sus pensamientos sobre Cartman de su cabeza y recordar que debía ser persona y contestar apropiadamente.

— ¿Kyle? – Preguntó Stan, aturdido, su voz era aguda.

— ¿Qué? – Casi sonaba resignado – No tenemos nada que perder.

Sí que habían. Muchas. Perder la única oportunidad que podía tener con Cartman, por improbable que sonara, era sólo una de ellas. Stan lo sabía, pero parte de ser el súper mejor amigo de Kyle consistía habitualmente en entender las intenciones del otro. Tenían mucho que perder, pero era cierto que debían esclarecer sus sentimientos. No había nada que aclarar con Wendy, más bien entre ellos dos y ella no era tonta, aunque hubiera preferido que sí.

— Seamos novios – Decidió Kyle, asintiendo con la cabeza, pero sin hacer contacto visual con nadie. Primero debía convencerse a sí mismo.

— Vale – La expresión de aturdida Stan no había cambiado en absoluto.

— Vale – Reiteró Kyle, con firmeza, carraspeando cuando sintió el calor en sus mejillas.

— ¡Chicos! – Replicó Kenny casi inmediatamente y sus manos abandonaron sus bolsillos para atrapar los hombros de Broflovski, ejerciendo la suficiente fuerza como para que este reprimiera un mohín de disgusto. La realidad era que había actuado precipitadamente y no sabía con certeza por qué aquello le parecía una jodida estupidez, pero de pronto había sentido la necesidad de detener aquella ida de olla de una vez por todas.

— Bien – Dijo Wendy, alzando la mano para despedirse y dándose la vuelta todo lo rápido que podía, comenzando a caminar hacia la salida del gimnasio y Stan rememoró todas las veces en las que había visto a Wendy yéndose de esa forma, siempre por su culpa, por su simpleza e indecisión.

Hubo un silencio general en el que sólo se alcanzaba a escuchar los pasos apresurados de la pelinegra. Stan le había visto hasta de desapareció por la gran puerta doble y hasta entonces se giró para observar a sus amigos, con las cejas bien en alto, como pidiendo una explicación.

— Admito que no me esperaba tal rapidez cuando dije que podían estar juntos – Bufó Kenny, devolviendo sus manos a los bolsillos.

— Puede ser una buena idea – O todo lo contrario, pensó, cerrando los ojos con fuerza con el vano propósito de quitarse el repentino dolor de cabeza – Pero si te molesta…

— No – Aseguró Stan, bastante más relajado de lo que hubiera esperado – Si mañana no queremos seguir con esto, lo dejamos y Wendy se dará cuenta que no tenía por qué desconfiar de lo que siento por ella.

Kyle no supo si había sido la forma tan resignada de decirlo o si fue el hecho de que Stan de verdad estaba pensando en "seguir con esto" como una probabilidad lo que le hizo desear partirle la cara de un solo golpe. Aunque quisiera, no seguirían con el jueguito de Wendy por más de un día, aun si Marsh le rogaba después, no podía traicionar sus propios sentimientos. Aunque a esas alturas ya no estaba seguro de lo que sentía. Estaba renuente a aceptar cualquier cosa que tuviera que ver con Stan sobrepasando la barrera de la amistad o hermandad. Era una tontería y una real tortura.

Capítulo 12. Súper mejores amigos.