Viñeta entre agosto y septiembre

De hecho se sentía algo entumido, no en forma física sino dentro de sí mismo.


Envarado

Alrededor de dos horas fue el tiempo que Yamato permaneció a solas esperando en el salón, su padre no era la persona más puntual del mundo y seguramente había estado ocupado al recibir esa inoportuna llamada; por fortuna, el palpitar adolorido de su labio era lo suficientemente llamativo como para amortiguar cualquier otra sensación en su persona.

De hecho se sentía algo entumido, no en forma física sino dentro de sí mismo.

¡Olvídalo! repitió. ¡Simplemente olvídalo! ¡No he dicho nada!

¿¡Y cómo pretendes qué…

Pero, sentirse así, quizás era algo bueno.

No llegó a sentir tristeza o enfado porque, precisamente cuando comenzaba a desenvolver esas sensaciones ahogadas en el fondo de su pecho, el Director apareció con su seriedad característica explicándole que -dada la hora- sólo esperaba por su padre para finalizar el día laboral; y quizás hasta era un reproche, mas él no podía hacer que el tiempo transcurriera a voluntad.

Parecía que éste había ido a conversar de nuevo con él, esperando ahora mejores resultados, y aunque era inquietante saberse interrogado al final habían hablado de cosas triviales y predecibles: las clases, el próximo ingreso a la universidad, los nervios del examen y finalmente, como era de esperarse, el estrés que bien pudo desencadenar esa pelea.

Al cabo de unos minutos ya había entendido que el Director quería una razón para justificarlo todo, quizás para asegurarse de que dos alumnos promedio no comenzarían a dar otros problemas, y a pesar de su incomodidad Yamato estuvo dispuesto a cooperar.

—Entonces, fue eso…

—Sí, creo —fingió pensarlo un momento—. Como somos buenos amigos, le pareció una traición... Tai —Yamato se encogió de hombros—, él es así...

—Ya veo.

Si el hombre le había creído o no, realmente no tuvo oportunidad de averiguarlo pues su padre llegó en ese justo momento y tras arquear la ceja al verle con el labio hinchado, saludó, se sentó y el tema se redirigió hacia la falta y sus consecuencias; al menos la semana de suspensión seguía sin ser algo de lo que pudieran salvarse.

Quince minutos más se alargó esa conversación, ahora entre adultos, y cuando todo terminó con un apretón de manos…, el ronroneo del auto le hizo soltar un suspiro pues ese día larguísimo estaba por terminar.

Iban a casa y necesitaba darse un baño, tal vez dormir pues el simple movimiento del auto le provocaba pesadez en los ojos.

—¿Me dirás qué ocurrió?

La pregunta no le juzgaba pero sí llegó de manera sorpresiva porque, en realidad, Yamato no había esperado que su padre quisiera conversar…

—Nada grave —respondió.

—Yamato —Hiroaki sonó paciente pero no se creyó esa mentira—, te peleaste con Taichi. ¿Sabes lo extraño que suena eso?, hablamos de Taichi.

… ni confrontarle.

Torció los labios y sintió el tirón en la herida que se abrió, sangró y ahora le resultó un sabor más amargo quizás porque algo se había removido dentro de su pecho. Sí, se trataba de Taichi y sí, había sido él -y no Tai- quien lanzara el primer golpe en el campo comenzando con toda esa pelea; ¿y por qué lo había hecho?, seguramente porque ya no había resistido más esa ausencia de Tai.

Un abrazo estrecho hubiera tenido el mismo efecto cálido de tocar al otro pero, un par de puñetazos habían sido mejor correspondidos.

—Yamato…

Hiroaki soltó un suspiro, precisamente porque se parecían tanto sabía que no podía saltar ese muro que acababa de levantarse en torno al menor.

—Lamento haber llegado tarde —añadió.

—No importa —Yamato negó, había cosas que no podían cambiarse y no tenía sentido guardar rencor por ellas-, lo entiendo.

Por ahora, sólo quería regresar a casa.

oOo