Hello, i've waited here for you everlong
"Y todo lo que he visto desde hace 18 horas es tus ojos verdes, tus pecas y tu sonrisa. En el fondo de mi mente haciéndome sentir como que... sólo quiero conocerte mejor, porque todo lo que sé es que dijimos "hola" y tus ojos se veían como volver a casa. Todo lo que conozco es un simple nombre y todo ha cambiado. Todo lo que sé es que aseguraste la puerta, tú serás mío y yo seré tuya. Todo lo que sé desde ayer, es que todo ha cambiado."
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Friburgo de Brisgovia, Alemania.
Viernes, 25 de Agosto, 6:19 p.m
Los días nublados siempre me habían gustado mucho, me gustaba sentir el roce del viento frío contra mis mejillas. Me gustaba levantar la vista y ver a las grises nubes flotando lentamente en el cielo, era como si estuvieran a punto de llorar pero estuvieran conteniendo esas gotas que querían caer, yo sabía que de un momento a otro lo harían, las dejarían salir y entonces la lluvia caería. Me gustaban porque no eran blancas, ni se coloreaban de lila, del rojo o del anaranjado, sencillamente eran grises.
Me gustaban porque en el fondo yo era tan gris como ellas, en el fondo yo también estaba a punto de colapsar y soltarme a llorar. Yo también estaba a punto de llorar y todo este tiempo había contenido esas lagrimas, aunque igualmente sabía que de un momento a otro lo haría. Así, como las nubes grises de Agosto que están a punto de llorar.
No era como si tuviera una mala vida, siempre me había sobrado cariño. Pero no me sentía vivo, más que no sentirme vivo, me sentía vacío. Siempre lo había tenido todo, hablando en todos los sentidos y sin embargo, seguía faltándome algo y eso no hacía más que incrementar las ganas de saber como sería despertar una mañana y sentir que todo estaba bien, que iría bien. Lo había tenido todo, pero a veces ni la costosa ropa de marca, ni las mejores escuelas de arte pagadas podían llenar ese vacío existencial. Y tampoco me bastaba con el amor desgastado que me ofrecía Erwin, pronto comprendí que mi tristeza almacenada era a falta de amor, pero no de un amor como el que mamá o Hanji podían ofrecerme, no.
Era a falta de un amor propio, me di cuenta de que en realidad no pude enamorarme de Erwin porque ni siquiera yo me quería a mi mismo. Todo el amor que debí de darme a mí mismo primero, se lo había intentado dar a él y por eso no funcionó. A estas alturas de mi vida no necesitaba que Erwin me amara, necesitaba con desesperación que él hiciera que yo mismo aprendiera a quererme. Pero al final del día, todo lo que lograba es que me sintiera más enojado conmigo mismo.
Creo que fue lo había fallado desde el principio, ambos necesitábamos amarnos a nosotros mismos primero. Él tenía complejo de inferioridad y yo una depresión que parecía hacerse más fuerte con el paso del tiempo. Ambos estábamos rotos, y yo terminé por repararlo a él, le di piezas mías a cambio de parches y curitas, no me importó en ese momento darle a él mi mejor versión. Había sido su pilar cuando él no podía más y estaba a punto de hundirse; sin darme cuenta, yo terminé tocando fondo.
Y ahora ya no tenía nada más que darle, le había dado todo mi amor, partes importantes de mí que sabía que jamás recuperaría. Me había quedado vacío, necesitaba amarme a mí mismo, pero también sentirme amado, el amor agotado que Erwin me ofrecía ya no bastaba. Como todas las tardes, había ido al parque con la esperanza de ver pasar a Eren, porque aparentemente era eso lo que llenaba el vacío, pero que desaparecía cuando él se volvía a ir. Había veces en las que no venía, había otras en donde sólo hacía su pequeña aparición y después volvía a desaparecer. A mi no me importaba, yo acudía todos los días y sin falta a aquel mismo lugar, esperando tener un poco de suerte y verlo.
Hoy, como muchas de las veces, no había ni asomado la nariz, Erwin tampoco había venido, mucho menos Hanji, quien parecía más ocupada que nunca y eso estaba bien. Había pasado toda la tarde en mi lugar secreto, que sólo Isabel conocía. Me había quedado un bueno rato viendo las nubes grises con las que tanto simpatizaba, porque parecía que nada interesante pasaría hoy, Eren no vendría. Y ahora caminaba a la parada del colectivo con los ánimos por el subsuelo, ya eran tres días seguidos en los que no veía a Eren y eso de cierta forma me preocupaba, porque tenía miedo que de nuevo desapareciera. Antes me conformaba con verlo de lejos y dibujarlo, pero ahora eso ya tampoco bastaba, quería hablarle y estar a su lado, pero cada vez se hacía más difícil, considerando que lo veía de vez en nunca y por breves segundos; segundos que para mí, eran como volver a respirar después de haber estado mucho tiempo bajo el agua.
Tenía la costumbre de caminar mirando mis propios pasos, con la cabeza gacha. Mi mamá solía decirme que era un feo hábito, pues cuando una persona camina, siempre debe hacerlo con la frente bien en alto. No como si tuviera vergüenza de mostrarse ante el mundo... no como si estuviera demasiado triste y no pudiera soportar el peso de aquel sufrimiento.
Fue entonces que mientras miraba mis propios pies caminando por la acera como si fuera lo más entretenido del mundo, la vi. Ahí, tirada en medio de la calle, siendo pisoteada por otras personas, había una especie de credencial, me aseguré de ello una vez que estuve parado frente a ella. La miré por varios segundos, la elegante firma y el montón de letras negritas combinadas con números.
"¿A qué clase de estúpido se le cae algo tan importante como una identificación oficial?" , pensé mientras ponía los ojos en blanco y daba un par de pasos alejándome de ella. Pero fueron los únicos pasos que pude dar, era algo extraño porque de alguna forma ese pedazo de plástico me llamaba. Sentía una enorme curiosidad por ver el rostro del idiota que la había perdido, bueno, por algo fue que la viste, me gritó mi mente mientras me agachaba a recogerla y vaya sorpresa que me llevé al ver el rostro del bobo al que se le había caído.
En la foto de su identificación tenía el cabello corto, se veía un poco distinto a como lo veía ahora. Lo único que no cambiaba eran esos malditos ojos verdes que te hechizan con sólo caer en la tentación de verlos. ¿A qué clase de estúpido se le cae algo tan importante como una identificación oficial?, a la clase de estúpido que lleva por nombre Eren Jaeger. Abajo de su nombre venía su dirección y abajo de eso su clave de elector, resumiendo: venían casi todos sus datos personales. Incluso decía cuantos años tenía cuando la había tramitado: 18 años.
Saqué de la bolsa de mi pantalón un pañuelo de papel y comencé a limpiar la mugre que se le había adherido por tanto zapato que pasó encima de ella. Cuando lo volviera a ver se la entregaría, esa era mi obligación cívica y moral. Y al darme cuenta de lo que eso significaba, las manos me empezaron a temblar, esta credencial era el pretexto perfecto para hablar con él. Me mordí los labios y guardé la credencial en uno de los bolsillos delanteros de mi pantalón, poniéndola a salvo en ese lugar. Me sentía nervioso de sólo pensar que en mi bolsillo estaba guardada la oportunidad de mi vida.
Retomé mi camino, aunque por fuera aparentaba total tranquilidad, por dentro era una masa enorme de emoción y un montón de cosas raras arremolinándose en mi estómago. Y como si la suerte estuviera por primera vez de mi lado, al levantar la mirada, él estaba ahí, en la parada del bus. Estaba ahí, con los audífonos puestos y la mirada clavada en su celular.
Él y sus típicos jeans rasgados, él y su pose de chico relajado y despreocupado, él y su sudadera negra con estampados blancos y la mangas remangadas. Él y esas pulseras que le cubrían la mitad de los antebrazos. Él y su cabello café. Simplemente él y sus maravillosos ojos verdes.
Con el corazón latiendo con fuerza dentro de mi pecho, me fui acercando a él, borrando la poca distancia que había entre nosotros. Eren no parecía notarme, seguía perdido en su propio mundo lejano y ajeno a mí. Finalmente lo único que me separaba de Eren eran solamente un par de pasos, él estaba de espaldas y sólo entonces pude darme cuenta de lo alto que era. Estuve varios segundos dudando entre hablarle o no, si quedarme en silencio y posponer esto para otra ocasión, o si debía picarle el hombro para que pudiera notarme. Mordí mi labio inferior con insistencia y vi que Eren se quitaba de muy mala gana los audífonos que antes llevaba puestos.
―¡Rayos!
Lo oí mascullar entre dientes, mientras enredaba los audífonos alrededor de su celular y luego lo guardaba en su mochila. Pensé que realmente la suerte estaba de mi lado, solté un suspiro muy bajito. Esta era mi oportunidad, era ahora o nunca, todo o nada. Mis labios temblaron al decir su nombre.
―¿Eren..? ¿Eren Jaeger?
Él volteó y yo sentí que la respiración se me iba, tenía el ceño fruncido y en el rostro se le dibujaba una mueca de total molestia, pero... en cuanto sus ojos y los míos se cruzaron, relajó las facciones y su expresión llena de molestia pasó a ser de completa sorpresa. Sus bellos ojos verdes se abrieron de par en par y sus cejas se curvaron hacia arriba, a pesar de que yo era un manojo de nervios en ese momento, no lo mostré, continúe con la misma expresión de siempre. Eren parecía muy descolocado y lo comprendía, debía ser muy raro que el chico con el que siempre compartes miradas a la distancia, llegué un día de repente y te llamé por tu nombre como si fueran viejos amigos.
―Mh... sí, yo soy Eren Jaeger― Hizo una pausa demasiado larga, sólo me miraba atentamente pareciendo demasiado contrariado, hasta que volvió a hablar.― ¿Cómo...?
—¿Cómo sé de tu nombre? Bueno...― Porque soy tu acosador personal, pensé mientras sacaba la credencial de mi bolsillo y le echaba un último vistazo, asintiendo con la cabeza al asegurarme de que en efecto, era Eren el dueño.― Mira, cuando venía para acá me encontré una identificación tirada en la calle y... al recogerla y ver al chico de la fotografía, te reconocí de inmediato.
Le extendí su credencial en cuanto terminé mi explicación y enseguida él la tomó entre sus manos. Estaba más pálido que una hoja de papel por el pensamiento de haber perdido algo tan importante, soltó un suspiro cuando se aseguró que todo estaba bien, revisándola por ambos lados.
―No creí que te encontraría hoy mismo, pensaba devolvértela cuando te volviera a ver. Pero parece que estás de suerte.
Volví a hablar, Eren fijó sus ojos en mi persona y no tuve más alternativa que aparentar que su mirada no causaba ningún efecto en mí. Crucé los brazos y desvié la mirada hacia un costado, después de todo, el de la verdadera suerte había sido yo, no Eren. Si en ese momento no hubiera estado mirando el piso, seguramente no me habría dado cuenta de aquella credencial y ahorita mismo no estuviera teniendo una conversación con Eren, me refiero a una real y no inventada por mí.
—¡Muchas gracias!,¡me has salvado!― Comentó de manera muy efusiva, mientras que en el proceso me regalaba una de sus enormes sonrisas, en ese instante sentí como si la sangre estuviera hirviendo como lava caliente en mis venas y se estuviera concentrando en mi rostro. Pero gracias a la divinidad sagrada que Eren no lo notó, porque estaba demasiado ocupado guardando la credencial en su mochila.― Suelo ser muy distraído la mayoría del tiempo. De verdad, me salvaste.
―Bueno, no es para tanto, la próxima vez ten más cuidado con tus cosas.
―Lo tendré.― Aseguró mientras se acomodaba la mochila en el hombro.
No supe que más decir, fue por eso que me quedé callado, observando como Eren metía las manos dentro de los bolsillos delanteros de sus jeans y se mecía de adelante hacía atrás sobre sus talones y la punta de sus pies, sin saber que más decir. Se hizo un silencio en el que ninguno de los dos sabía que más decirle al contrario, pero a pesar de eso, no me sentía incomodo con ese silencio. Me sentía cómodo, a pesar de que mis ojos estaban clavados en ese rostro tan familiar para mí y aunque sus ojos también estaban fijos en los míos. Los nervios habían desaparecido mágicamente, no los sentía más. Pero sabía que esto no duraría por siempre, en algún momento él saldría huyendo y yo no quería eso.
"Voy a hablarle, aunque no sepa qué decirle, y él no sepa qué responderme, aunque nos inunde el silencio y me tiemblen las piernas, quiero su atención de vuelta, así sea por un momento."
―Entonces, eres Eren... ¿Eren Jaeger, verdad?― A pesar de que siempre lo había sabido, volví a preguntar para retenerlo un poco más. Él asintió.― Gusto en conocerte, Eren Jaeger.
—¿Y tú cómo te llamas?― Preguntó con curiosidad a cambio y yo supuse que si le decía mi nombre quedaríamos a mano.― Me gustaría saber el nombre de la persona que rescató mi credencial.
―Levi, Levi Ackerman.
Respondí con sencillez, al menos esperaba que si después de esto no volvíamos a hablar él pudiera recordar mi nombre. No dijo nada, se quedó de nueva cuenta en silencio, alzó una ceja y me miró de pies a cabeza, me sentí completamente expuesto ante esos ojos que parecían analizarme, Eren me veía fijamente y estaba muy callado, como si estuviera pensando en algo sumamente complicado, o profundo. Sus ojos recorrieron todo mi cuerpo, pero no lo hacían con morbo, más bien con curiosidad, como si de pronto estuviera viendo a la cosa más interesante del mundo, tal vez la más rara. Volví a quedarme en silencio, no interrumpí sus pensamientos y como él estaba demasiado distraído pensando en la posible teoría del Big bang, yo me tomé la libertad de también mirarlo detalladamente.
Veía cada detalle, los ajustados jeans negros, la sudadera igualmente negra con un estampado de lo que me imagino, era el nombre de una banda. Incluso presté atención a las pulseras en ambos brazos, todo en él era... inusual y al mismo tiempo, familiar para mí. No había duda de que se estaba dejando crecer el cabello, estaba muchísimo más largo que hace un año atrás, lo tenía amarrado en una especie de coleta amarrada en forma de cebollín y realmente me sorprendió que fuera bueno haciéndolos. A mi mamá jamás le salían, o siempre le quedaban chuecos, o muy flojos.
Y gracias a que llevaba el cabello recogido fue que pude darme cuenta de que tenía ambas orejas perforadas con pequeños aretes negros. Sucedió entonces lo inevitable, me enfoqué en su rostro, este también tenía algunos cambios, las expresiones infantiles habían quedado atrás y lo que más lo delataba eran esos benditos ojos, pues ahora estaban más rasgados, dándole al rostro de Eren un aspecto más... maduro. Incluso podía apostar a que estaba más alto que cuando lo conocí. Él comenzaba a hacerse todo un hombre y la realidad me llegó como balde de agua helada en medio del invierno; a su lado, me sentía como una bella y delicada mariquita rosada en medio de los hermosos prados verdes.
Eren parecía esa clase de chico malo que le patearía el trasero a cualquiera que se atreviera a meterse con él, chico rudo. Después estaba yo, ahí parado frente a él, con mi suéter holgado de franela, de un muy afeminado color azul pastel y mis converse perfectamente blancos que gritaban lo innegable a los siete vientos: "pequeño hombrecillo gay".
Me preguntaba si ahora mismo es lo que estaba pensando él de mí, moría de ganas por saber lo que estaba pasando por su cabeza acerca de mí, ya llevaba un buen rato mirándome sin decir nada. Hasta cierto punto, comenzaba a sentirme ansioso, nervioso y un poco fastidiado, pero sólo un poco. Estaba a punto de hablar, pero él lo hizo primero, no supe en que momento había salido de su aparente transe de pensamientos profundos y lejanos.
―El gusto en conocerte es mío, Levi Ackerman.
Sus labios se curvaron en una enorme y resplandeciente sonrisa, de inmediato sentí como la presión arterial se me volvía a disparar de manera descontrolada por todo mi cuerpo, terminando por hacer estragos en mis mejillas. Sólo pude desviar la mirada y otra vez no sabía que más decir, este Eren resultó ser demasiado él.
―Como sea― Hice un ademán desdeñoso con la mano, como si estuviera restándole importancia al asunto.― Simplemente se más cuidadoso con tus cosas la próxima vez.
―Sí, gracias, de ahora en adelante lo seré.
Asentí y él volvió a dedicarme otra pequeña y tímida sonrisa, con esta era la tercera y no sabía si era porque se sentía demasiado agradecido o porque lo ponía nervioso, o porque me estuviera coqueteando... negué en mis adentros, un niño tan lindo no tendría ningún interés en un amargado como yo. A lo lejos se escuchó el ruido de las llantas del bus que ya venía acercándose a la parada. Eren giró el rostro para verlo y soltó un suspiro en cuanto sus ojos se enfocaron en la maquina que venía a una velocidad moderada.
Volvió a llevar la mirada a mi persona y entre abrió los labios, sabía lo que vendría a continuación.
―Yo... gracias de nuevo por devolverme mi credencial. Nos vemos... luego.
Estaba a punto de darse la vuelta y avanzar en la fila para poder subirse al transporte, pero ni siquiera dejé que diera un paso cuando ya estaba hablando de nuevo para retenerlo un poco más, más bien mi boca pareció reaccionar antes que mi cerebro.
—¿No piensas invitarme un café, por haber salvado tu credencial?
Eren se volvió a girar con lentitud, me miraba con los ojos bien abiertos, en ese instante yo quise darme un golpe mental, ¿desde cuándo acá era tan valiente?, ¿desde cuándo era así de atrevido?, parecía ser que mi cerebro no funcionaba como era debido cuando estaba cerca de Eren, nunca en mis veinte años me hubiera imaginado en una situación así. Ni siquiera a Erwin le hacía este tipo de peticiones, me gustaba pagar por mis propias cosas. Eren seguía mirándome sin decir nada, entonces el bus partió y se giró para verlo alejarse, volví a sentirme completamente estúpido, había perdido el bus por mi culpa. Nuevamente me abofeteé mentalmente, pero justo cuando pensaba decirle que me disculpara por hacerle esa clase de "bromas", él habló.
—Por favor, permíteme invitarte esa taza de café― Volvió a sonreír y enseguida sacó de la mochila su celular.― Sólo déjame hacer una llamada rápida.
—¿Estás seguro?― Crucé los brazos y observé como Eren buscaba algo en su celular de pantalla táctil.― No quiero ocasionarte problemas.
―No es ningún problema, es lo menos que puedo hacer después de que rescataras mi identificación.
Me encogí de hombros ante sus palabras llenas de aparente gratitud, después sólo asentí. No entendía en qué momento había aceptado así de fácil aquel café, sabía que desde un principio yo había sido el que lo pidió, nunca imaginé que Eren me fuera a tomar en serio y mucho menos a que yo aceptara así de fácil la invitación de un desconocido.
Aunque pensándolo bien, Eren no era un desconocido como tal.
―¿Mikasa?, ¿estás en clase aún?― Oí murmurar a Eren y enseguida se escuchó una voz femenina, lejana al otro lado de la línea que preguntaba algo.― Ah, no, nada, sólo quería avisarte que hoy llegaré tarde. No te preocupes, sí... sí, ajá, lo sé. Ya, ya, bye Mika.
—¿Novia?― Pregunté en cuanto Eren colgó, él me miró un tanto escandalizado y yo de nueva cuenta quise que la tierra me tragara, ¿desde cuando era tan entrometido en los asuntos ajenos?
—¡No, no, no!― Negó varias veces con la cabeza.― Es mi hermana, es que a veces suele preocuparse demasiado si no llego temprano a casa.
―Entiendo.
―Conozco un lugar muy bueno― Volvió a hablar, metiendo la manos de nueva cuenta dentro de los bolsillos delanteros de sus pantalones, parecía nervioso y yo no supe como interpretar eso.― No está muy lejos de aquí, de hecho podemos ir caminando... pero si tú quieres ir a otro lugar en específico, por mí no hay problem...
―En donde sea está bien― Interrumpí rápidamente su frase a medio terminar y encogí los hombros.― A decir verdad, no conozco muchos lugares.
―Entonces... ¿Vamos?
Preguntó con voz más calmada y un tanto dudosa mientras hacía un ademán con la cabeza y el viento mecía suavemente los mechones sueltos de su cabello.
"A donde tú quieras", mi mente dijo a gritos, pero no mostré ni un poco de la emoción que en realidad estaba sintiendo, lo único que hice fue darle una afirmación con un asentimiento de cabeza. Y de repente, todas mis fantasías se hacían realidad, estaba caminando a lado del chico que obsesionaba mis dibujos. Ninguno de los dos decíamos nada, pero me encontré otra vez con que este no era un silencio incomodo, me sentía cómodo y él ya parecía más relajado, de vez en cuando me dirigía una que otra mirada tímida y yo respondía a ese gesto con miradas intensas, era justo como en todas y cada una de mis fantasías.
Era callado, no de esos callados insípidos como yo, sino callado de esos que saben cuando las palabras vienen sobrando. Y eso me agradaba, que no me incomodara con preguntas o conversaciones vacías para intentar "alivianar" la situación, o llenar los vacíos. Aunque también estaba la posibilidad de que él no hablara por el simple hecho de que no se sentía cómodo conmigo, con él, todo parecía una espada de dos filos.
―Es aquí.
Anunció después de varios minutos de caminar en silencio, nos detuvimos a lado de un semáforo, en espera de que dieran la señal roja y los peatones pudiéramos pasar. La cafetería estaba cruzando la calle, justamente en la esquina, no era como las clásicas cafeterías a las que iba con Erwin y Hanji, esta era muy similar a un Starbucks, la misma estructura moderna, pero con un diseño distinto. No era café con destellos anaranjados como Starbucks, era más bien gris con azulejos negros, la hacían ver mucho más elegante que el propio Starbucks, Hanji no me creería cuando se lo contara. Tenía pequeños ventanales que permitían ver el alumbrado interior que desde donde yo estaba, se veía bastante elegante y sofisticado. Y en la parte de arriba, donde estaban todos esos brillantes azulejos negros, habían unas enormes y brillantes letras blancas que decían: Café punta del cielo.
Cruzamos la calle cuando el semáforo marcó el alto para los autos, al llegar frente a las enormes puertas de vidrio, Eren tiró de una de ellas y sucedió lo que nunca hubiera pensado, Eren me cedió el paso a mí primero. Decir que ese detalle ridículamente caballeroso no me sorprendió, sería mentira, al principio me descoloqué un poco, porque no estaba acostumbrado a este tipo de atenciones, Erwin jamás lo hacía. Quizá porque ambos eramos hombres y no lo veía necesario, pero ahora entendía porque a las mujeres les gustaban este tipo de cosas y pensé que yo podría acostumbrarme a ellas.
Al entrar al lugar me sorprendí completamente, si por fuera era bastante linda y llamaba la atención, por dentro lo era aún más. Era imposible no enamorarse de un lugar así, varias de las mesas estaban pegadas a las ventanas o las paredes, el lugar era tan grande que en una de las esquinas había una especie de mini bar, con una elegante barra blanca de la parte inferior y negra de la superior. Había unas preciosas lámparas con forma de media luna distribuidas de forma estratégica por los lugares en donde la luz era casi nula, algunas de las mesas eran de madera y otras de cristal, las había para seis, cuatro o dos personas...
Pero lo más hermoso y quizá hasta extraño, era el árbol de tamaño mediano que estaba en el centro de la cafetería, adornado simplemente con una serie de lucesitas doradas en forma de estrella. En pocas palabras, el lugar era mágico y hermoso, digno del nombre que llevaba, esperaba que el café también fuera bastante bueno. Eren se dirigió a donde estaba el mostrador, en donde supuse, se hacían los pedidos. Caminé detrás de él mientras seguía mirando con fascinación el lugar, no lo mostraba, pero estaba encantando con él, al llegar al pequeño, pero elegante mostrador, Eren se inclinó en él con toda la confianza del mundo, casi como si él fuera el dueño. Sin embargo, detrás de este, no había nadie, lo cual era sumamente extraño.
―Vamos, Annie, sé que estás ahí― Hizo una pausa y se escuchó un resoplido que... ¿venía de debajo del mostrador?, Eren soltó una risita.― No seas floja, y atiéndeme.
Y sí, efectivamente, debajo del mostrador salió una rubia de ojos azules y con cara de fastidio. Traía un mandil negro que tenía bordado el nombre de la cafetería con hilo blanco y una perfecta caligrafía. Entre sus brazos tenía varios paquetes de quién sabe qué, no hacía falta verla por mucho tiempo para saber quien era.
La chica rubia que siempre parecía coquetear con Eren.
—¡Eren!― Le dedicó una sonrisa que de inmediato fue correspondida por él, tuve que abstenerme de rodar los ojos. Colocó las cajitas sobre la barra del mostrador y agregó:― No estaba flojeando, buscaba tinta y papel para los recibos.
―Claro, se añade un nuevo pretexto a tu lista de vaga.― Eren rodó los ojos y después ambos rieron por aquel comentario.
—¿y tú qué, Eren?― Abrió una de las cajas que tenía un cartucho de tinta y comenzó a colocarlo en un aparato que era el encargado de imprimir los recibos.― ¿Mamá gallina sabe que estás aquí?
―Creí que era mamá alfa― Eren comentó de forma burlona y la otra chica simplemente atinó a ponerse roja como un tomate, mientras negaba y continuaba con su labor de colocar el rollo de papel a la pequeña impresora.― Le dije que llegaría tarde, no sabe que estoy contigo.
Ella pareció regañarlo con la mirada, pero él sólo encogió los hombros con una sonrisa de medio lado. A estas alturas, sentía que yo ya sobraba ahí, parecía que Eren ni siquiera recordaba que yo venía con él, ¿y si daba media vuelta y me iba, él lo notaría?, ¿debía intentarlo? Fue en ese momento que pareció como si Eren me hubiera leído la mente, porque de inmediato se giró a verme y se disculpó con la mirada.
―Por cierto, traje a... un amigo.― Volvió a hablar, la rubia levantó la mirada cuando terminó de ponerle el papel a la mini impresora y cuando dirigió la mirada a mí, parecía bastante sorprendida.
―Ah... claro, un amigo, ¿eh?
Miró a Eren con suspicacia y le dedicó una sonrisa ladeada, él pareció tensarse un poco ante eltono sugestivo y la mirada llena de burla de la chica. Yo no acababa de entender qué era toda esta situación.
―Annie, él es Levi― El castaño se aclaro la garganta y pasó de ver a la tal Annie, a verme a mí.― Levi, ella es...
—¡Annie!― Interrumpió la de cabellos dorados y Eren frunció el ceño― La novia de Eren― Me extendió la mano y yo correspondí al gesto por pura amabilidad.― Claro, en sus sueños nada más.
Volvió a aclarar con una sonrisa traviesa, Eren puso los ojos en blanco y yo podía jurar que fue como si me quitaran un peso de encima, realmente llegué a pensar que sí eran novios, sería lo normal. Ella era linda y coqueta.
―Ajá, brincos dieras.― Comentó el chico de los ojos verdes con cierto sarcasmo, mientras cruzaba los brazos.
―Un gusto, Annie.
Dije de pronto, mientras me zafaba de su agarre. Ella volvió a sonreírme de manera muy amable, seguido de un "también es un gusto, Levi". Luego nos miró a ambos y preguntó, lista para escribir la orden en la computadora, ahora parecía más seria y formal:
―Y bueno, ¿qué desean ordenar?
—¿Qué te gustaría pedir, Levi?― Esta vez fue Eren el que se dirigió a mí, tenía los verdes ojos clavados en mi persona, de pronto me sentí un poco nervioso al pensar que parecíamos una cita.
―Un café americano esta bien.
—¡Vamos, Levi!, con confianza, Eren paga, ¿verdad?― Annie me guiñó un ojo y luego llevó sus azules orbes al castaño, quien asentía suavemente con la cabeza.― Además el café americano no existe aquí, mira el menú es este.
Señaló una enorme pantalla detrás de ella con un montón de nombres como: "Lluvia de estrellas","Andrómeda", "Vía láctea", "Canto de luna", "Arrullo de estrellas", "Aurora bolear", "Constelaciones","Satelites" y una infinidad de sobrenombres que hacían alusión al espacio y todas esas cosas, claro que abajo del respectivo e inusual nombre venían los ingredientes. Incluso los postres tenían nombres de escritores famosos como "Shakespeare", nombres para nada usuales. Me quedé bloqueado, no sabía ni qué pedir.
―Te recomiendo que pruebes Vía láctea― Annie volvió a hablar después de un rato en el que no podía decidirme entre tanto nombre extravagante.― Es la especialidad de la casa, llevaba café negro tostado, canela, un toque de vainilla y leche de cabra.
―Sí, ¿por qué no?― Encogí los hombros y ella tecleó rápidamente en la computadora. Nunca había probado un café así, pero estaba bien probar cosas nuevas de vez en cuando.
—¿Y tú, Eren?
―Lo mismo de siempre― Respondió con sencillez mientras sacaba de su cartera una tarjeta de crédito.― Soy cliente regular, deberías conocer mi rutina.
―Qué aburrido― Frunció el ceño la chica que llevaba por nombre Annie.― Si lo que quieres es un frappe, acaba de salir uno nuevo. Es de chocolate amargo con almendras, arriba lleva chantilly, ralladura de coco, chispas de chocolate y caramelo derretido.
—¿No crees que eso tiene demasiadas calorías?, además sabes que el chocolate me pone hiperactivo, no podré dormir por dos noches― Murmuró con cierta vergüenza y la rubia bufó con ironía.
―Cálmate señor todo tiene demasiado azúcar, no vas a engordar por comer uno. Te gustara.
Eren asintió, dándose por vencido y ella volvió a teclear en la computadora pareciendo satisfecha por haberlo convencido de probar la novedad. Eren pagó y le entregaron el recibo que comprobaba que ya había pagado por lo que consumiríamos, esperamos hasta que lo llamaron y finalmente nos entregaron las bebidas. Luego de eso nos dirigimos a una de las mesas que estaban pegadas a la ventana, otra vez se había formado un silencio entre ambos, Eren daba pequeños sorbos distraídos a su frappe con la pajilla, por mi parte, me concentré en el curioso vaso de unicel que tenía contenido el café.
Tenía un diseño bastante original, con un dibujo por todo el vaso de un sistema solar, naves espaciales, la luna y un pequeño astronauta. Soplé varias veces a la bebida caliente y después le di un pequeño sorbo, levanté una ceja cuando el sabor se expandió por todo mi paladar, realmente sabía delicioso el menjurje éste de nombre extraño.
—¿Y qué tal?, ¿te gustó?― Levanté la mirada y me topé con los dos enormes y hermosos ojos de Eren, mirándome con expectativa, probablemente estuvo viéndome todo este tiempo.
―No esta mal...― Admití, volviendo a dar un sorbo al café que ya se estaba entibiando.― En realidad, sabe bastante bien.
―Es bueno oír eso, me preocupaba que no te gustara... aquí sirven cosas un poco extrañas.
―¿Es nueva la cafetería?, nunca había escuchado de ella.
Pregunté sintiendo curiosidad y al mismo tiempo recordando a Hanji, quien era una experta en cafeterías y que nunca había mencionado esta, al menos no que yo recordara.
―Algo así, la abrieron en diciembre del año pasado― Picoteó el hielo molido de su frappe con la pajilla, al parecer, él también tenía esa maña de jugar con la comida.― El papá de Annie es el dueño y ella lo ayuda los viernes, sábados y domingos.
―Es bastante bonita y original... nunca imaginé que probaría algo con el nombre de Vía láctea― Arrugué la nariz y Eren dejo escapar una suave risa. Después de eso, no pude decir nada, yo me dedicaba a dar pequeños sorbos al café y Eren simplemente parecía de lo más entretenido picoteando una y otra vez el chantilly en su frappe.― ¿Por qué no me hablas de ti, Eren?
Sugerí mientras clavaba la mirada en la reluciente mesa de madera, supe que Eren había dejado de picotear el frappe cuando el sonido del hielo siendo golpeado por la pajilla dejo de escucharse. Levanté la mirada, fijándola en él y esperando por una respuesta.
―No soy bueno en esta clase de cosas― Rió de forma nerviosa y se llevó una mano a la nuca. Estuvo pensativo por varios segundos, pero al final negó con la cabeza riendo suavemente pareciendo derrotado.― Realmente soy malo... ¿te parece si mejor preguntas tú, luego yo, luego tú..? Ya sabes.
―De acuerdo, ¿cuál es tu primer pegunta?
Levanté una ceja y después apoyé los codos sobre la mesa, mientras miraba como Eren arrugaba la frente al pensar en una pregunta y conteniéndome para no soltar las miles de preguntas que rondaban por mi cabeza.
—¿Estudias?
―Sí― Le había dado en el clavo, esto era de lo que me gustaba hablar y hasta cierto punto, presumir con orgullo.― Estudio artes plásticas, muralismo y en general dibujo, en una escuela privada.
—¡Wow!, ¿te gusta el arte?― Asentí y por dentro, daba brincos al ver la expresión de asombro que tenía Eren en el rostro― Yo soy terrible dibujando, creo que un niño de preescolar lo hace mejor que yo― Pareció avergonzado ante su propia confesión, yo simplemente dibujé una sonrisa ladeada en mi rostro como respuesta.― De acuerdo, te toca a ti.
—¿Te gusta el arte a ti?
Esta vez esperé expectante por su respuesta, aunque la mayoría de la gente terminaba por decir que era aburrido, tenía firmes esperanzas de que Eren terminara por impresionarme al decir que sí, por su parte, Eren pareció pensarlo por varios segundos.
―Me gusta ver los cuadros en los museos y admiro muchísimo a toda esa gente que es capaz de pintarlos. Claro que aquí también están incluidos los escultores, todas esas personas son genios.― Hizo una pausa, y en ese momento podía pedirle que nos casáramos.― Sí, el arte me gusta y me llama la atención, pero no soy bueno haciendo dibujos y esas cosas.
―No es por presumir ni algo parecido, pero yo nací con ese don del dibujo, casi no me costó trabajo aprender a hacer un buen dibujo― Tome un poco de oxigeno y continúe.― Pero he visto mejorar a los peores a base de esfuerzo... así que si algún día quieres aprender a dibujar, yo podría ayudarte.
Ofrecí de manera tímida, sorprendiéndome a mí mismo en el proceso. Yo nunca le ofrecía mi ayuda a nadie en este tipo de cosas, ni siquiera a mis compañeros de la escuela, tal vez sólo buscaba un pretexto para que esta no fuera la última vez que habláramos, para que de alguna forma, Eren me tuviera en cuenta. Volvió a sonreírme por milésima vez en lo que iba de la tarde, definitivamente podría acostumbrarme a esto.
—Claro, eso sería fantástico, lo tendré muy presente― Aseguró con aquella misma sonrisa y otra vez, volvió a picotear el hielo que comenzaba a derretirse― Yo tengo una duda desde que hablaste conmigo― Enfocó la mirada en mí, me tensé sólo un poco al imaginar todas las posibilidades catastróficas, esperaba que no preguntara algo que tuviera que ver con lo que sucedía en el parque, o algo así.― Eres francés, ¿verdad?, es que tienes el acento y eso.
Volví a respirar ―casi― con normalidad.
―Sí, soy de un pequeño pueblo francés llamado Montpeyroux― Me resultaba ridículo lo fácil que era contarle todas estas cosas a Eren, por lo general no me gustaba dar detalles de mi vida y era muy difícil que lo hiciera, ni siquiera Erwin sabía de que parte de Francia era originario.― ¿Y que hay de ti?, ¿tú sí eres originario de Alemania?
Obviamente tenía entendido por Isabel que Eren tenía descendencia turca, pero de alguna manera, quería escucharlo de los labios de él.
―Ajá, bueno, algo así... soy mitad alemán, mitad turco por parte de mi mamá― Encogió los hombros y arrugó la pequeña y respingada nariz.― Pero considero que soy más alemán que turco.
No sé exactamente si continuamos con el "pregunta y responde" por una hora o dos. Sólo era consciente de que el tiempo a lado de Eren pasaba volando, él realmente era una persona inteligente e interesante, se las ingeniaba para hacer toda clase de preguntas inteligentes y fáciles de responder acerca de mí. En ningún momento preguntó algo incomodo, soso o común, como si tenía novio, o cuál era mi comida favorita.
Tampoco me preguntó nada más acerca de Francia, ni como llegué a Alemania, lo cual le agradecía profundamente. Desde luego que yo tampoco hice preguntas incomodas, mucho menos pregunté nada más acerca de si vivió en Turquía.
A pesar de que a simple vista parecíamos tan distintos, sin nada en común aparentemente, la realidad era distinta. Coincidíamos en un montón de temas y cosas, aunque claro que también teníamos nuestras diferencias, pero lo que más me agradaba de Eren es que sabía escuchar y prestaba atención a cada detalle, por pequeño que este fuera. Generalmente, yo era como Eren, de los que escucha a los demás, lo hacía con Hanji y sobre todo con Erwin, y era verdaderamente reconfortante que por primera vez alguien se interesara realmente en las cosas que a mí me gustaban.
Había descubierto con pesar que Eren no era nada de lo que solía imaginar, este Eren, el de carne y hueso, el real, superaba por mucho al que yo mismo inventé en mi cabeza.
El sonido de sus suelas al pisar la acera hacían eco por las calles poco alumbradas y poco transitadas. Nos habíamos quedado hasta las nueve y media de la noche, platicando del arte, los libros y de lo bueno que era el café de esa cafetería. Incluso terminé por confesarle que era pésimo para las matemáticas, aritmética, álgebra todo lo que tuviera que ver con números y complicadas fórmulas que nunca en mi vida iba a utilizar; él sonrió con compresión, diciendo que si alguna vez necesitaba su ayuda, podía preguntarle.
Ahora caminábamos en dirección del subterráneo, pues el transporte público dejaba de pasar a las nueve, las únicas opciones que me quedaban, era tomar un taxi o el subterráneo. Lamentablemente, ninguna estación llegaba a mi casa, ni a la casa de Eren, yo iría a dormir a la casa de Erwin, después de todo habíamos, quedado en vernos en su casa hoy, y lo había olvidado.
―Así que... ¿tomas el subterráneo para ir a tu casa?
Preguntó cuando a lo lejos divisamos la entrada, negué con la cabeza. Eren me había dicho que él no usaría el subterráneo porque su casa quedaba muy al este de la ciudad y el subterráneo te llevaba al sur de la ciudad, pero aún así se había ofrecido en acompañarme hasta la entrada del subterráneo, no pude negarme. Eren era realmente una persona muy especial, no te llevaba mucho tiempo simpatizar con él, acostumbrarte a su presencia, ni mucho menos a sentirte cómodo con ella y claro que a él tampoco le llevaba mucho trabajo en hacerte sentir de esa forma, en caerte bien. A mí sólo me había llevado dos horas y quince minutos, tal vez menos, quizá, había terminado flechado por completo de él cuando me terminé el último sorbo de café.
Ahora entendía porque la mayoría del tiempo estaba rodeado de gente, era fácil congeniar con él. Entonces pensé en que mi mamá diría que tiene ángel, como había dicho antes, era sumamente lo ridículamente fácil que era que él te cayera bien desde el primer momento, el problema que tú le cayeras bien o no.
―No, quedé de verme con alguien.
Fue lo único que respondí, no era como si debiera darle explicaciones de lo que hacía con mi vida y Eren tampoco hizo más preguntas al respecto. Al llegar a la entrada, con los escalones que te conducían a lo profundo, ambos nos quedamos ahí parados en medio del paso sin saber qué más decir. En algún momento, Eren llevó una de sus manos hasta su nuca y la dejó reposando ahí, supongo que también era una situación incomoda, yo solamente me dedicaba a mirar hacía un costado, buscando las palabras que se supone que se dicen en esta clase de ocasiones.
―Gracias por el café― Use aquel tono neutro que utilizaba para cualquier clase de situación, Eren no tenía porque saber lo feliz que me sentía por esto. Alzó la mirada verde y sus ojos parecieron sonreírme, pero eso fue todo y yo tampoco necesitaba más.― Nos vemos.
―Hasta luego, Levi.
Me di media vuelta y baje unos cuantos escalones, me quedé parado en el quinto escalón, sabía que Eren seguía parado ahí, en la entrada; sin embargo luego escuché el chirrido de sus botas y supe que estaba a punto de irse y este no era momento para ser cobarde o vacilar, giré un poco y en efecto, ahora él me daba la espalda a mí, dando pasos cortos.
—¿Sabes?― Alcé un poco la voz para que pudiera escucharme, él volteó rápidamente sobre su hombro y me miró con atención, esperando a que yo continuara; podría jurar que sus ojos volvieron a brillar en ese momento.― La próxima vez seré yo quien invite el café.
Pareció sorprendido por mi comentario. Yo también estaba sorprendido, otra vez mi boca había sido más sincera que el resto de mi cuerpo y de mis pensamientos. Volvió a sonreír.
—¡Claro!, cuando quieras puedes llamarme.
―Telepáticamente, supongo.
Sonreí de medio lado y él me miró con confusión plasmada en su rostro ante mi comentario sarcástico. En ningún momento me había dado su número de celular y yo tampoco había llegado hasta el extremo de pedírselo, por mí, podía llamarlo todos los días para vernos diario... solo si él quería. De pronto su rostro se iluminó y su mueca de confusión se reemplazó por una de total vergüenza al haber sopesado mi comentario recién.
—Ah, ya la capté, lo siento.
Sacó un cuaderno y una pluma de su mochila y comenzó a escribir algo en la última hoja, a estas alturas, ya no entendía lo que trataba de hacer, segundos después arrancó un pedazo de esa hoja y lo dobló en varias partes. Bajó hasta el tercer escalón, quedando justo frente a mí y me tendió el pedazo de papel, lo tome sin saber exactamente que significaba todo este circo.
―Te apunte mi número de celular.
Aclaró al darse cuenta de que le miraba sin entender nada y es que apenas comenzaba a darme cuenta de que también era demasiado espontáneo. Lo normal y menos complicado hubiera sido que me dictara el número y yo lo guardara en mi celular, pero parecía que lo normal y Eren no podían estar juntos en una misma oración.
―Ah, eso.
Asentí restándole importancia al asunto y guardé el pedazo de papel en uno de mis bolsillos. Una vez más nos despedimos, esta vez cada quien tomó caminos diferentes, él se había dado la vuelta y había subido esos tres escalones para después desaparecer. Yo todavía me quedé parado ahí, como idiota, procesando todo lo que había sucedido esa tarde. Digiriendo apenas el hecho de que esto no había sido un sueño, que había sido demasiado real.
Finalmente terminé por ingresar al casi despejado túnel moderno, con un montón de luces y anuncios espectaculares en donde se promocionaba la nueva pasta de dientes, o el nuevo acondicionador para cabello, compré mi boleto y una vez que el tren subterráneo llegó, me subí en el último vagón. Permanecí varios minutos mirando a un punto muerto, recordando todo lo que había sucedido, desde el principio hasta el final. Nunca esperé que llegara a suceder, nunca creí que fuera así de perfecto, pero así había sido. Él lo hacía parecer perfecto, media sonrisa se dibujo en mi rostro, aquel chico torpe y despistado era el ser más imperfecto que había conocido en mi vida, pero con todas esas imperfecciones, él llanamente seguía siendo perfecto, aún con todas esas cosas raras que hacía y ese hablar con palabras que muchas veces no entendía, al menos su vocabulario era más amplio que el mío.
Entonces recordé el pedazo de papel en uno de mis bolsillos, me apresuré en sacarlo y desdoblarlo para ver su interior.
"Llama cuando necesites ayuda en álgebra: 5514140209
Eren :)."
Me sorprendió lo pulcro y limpio de su caligrafía y de su ortografía, sin embargo un ligero tic apareció en mi ojo izquierdo al ver la frasecita burlona, ¿llama cuando necesites ayuda en álgebra?, bueno, tampoco era como si estuviera totalmente perdido en las matemáticas. Pero mágicamente, la molestia se fue disipando al ver el nombre escrito abajo, solté una pequeña risita al ver su intento de carita feliz, y digo intento porque la boca le había quedado un poco chueca y un ojo más grande que el otro, pero volví a sonreír, es igual a un mocoso, pensé mientras arrugaba el papel entre mis manos. Lo llamaría para darle una rigurosa clase de como hacer la carita feliz perfecta.
Varias carcajadas se escucharon a lo lejos, aparté la mirada del grupo de amigos que se emocionaban de volver a ver a Hanji después de un largo tiempo. La castaña contaba varias anécdotas de como lo fue estando en diferentes lugares de Alemania, todos prestaban atención; todos excepto yo, había fijado toda mi atención en el grupo de la banca de enfrente. Jean había reído y ahora veía a Eren con una sonrisa de triunfo en el rostro, sabía por qué. Ahora que el chico de los ojos verdes se había dejado crecer su cabello, siempre lo llevaba atado en un perfecto y redondo chongo de cebolla, algunos mechones de su cabello quedaban sueltos y caían por su frente, pero nada desastroso.
De hecho, se veía exageradamente bien con ese nuevo look.
Jean había deshecho por completo el precioso peinado de Eren y se regocijaba por ello, mostrándole la liga negra de forma burlona, que antes sostenía el cabello de Eren, el castaño tenía el ceño bien fruncido e intentaba con todas sus fuerzas quitarle la liga al otro chico, quien parecía bastante divertido con la situación. Pero incluso con el cabello suelto, Eren se veía bastante bien.
En algún momento determinado, Annie giró el rostro en mi dirección y me dedicó una sonrisa discreta a manera de saludo, simplemente asentí para devolverle el gesto. Eren era el único que parecía ignorarme, más que ignorarme, seguía con la rutina en donde yo lo veía a la distancia y él se dejaba admirar irremediablemente. A veces me preguntaba si no había soñado con lo que había sucedido una semana atrás en la cafetería Punta de cielo. Pero cuando dudaba hasta el punto de creer que había soñado con eso, sólo bastaba con abrir el libro de dibujos, ahí, en la parte interior de la gruesa pasta estaba pegada con cinta adhesiva la prueba de que no había sido un simple sueño.
El pedazo de papel ―un poco arrugado― con el número de Eren, escrito con su puño y letra.
Y... recordando el libro de dibujos, me apresuré a buscar una página en blanco y a sacar un lápiz de mi mochila, empecé a trazar líneas delicadas y suaves que poco a poco se iban uniendo y le iban dando forma a un rostro, fue cuestión de tiempo para que los labios, la nariz, los ojos y las gruesas cejas quedarán plasmadas en este nuevo dibujo. Después me encargué de ser minucioso a la hora de dibujar el alborotado cabello castaño, Jean aún no le devolvía la liga a Eren, pero eso ya no parecía importarle a él, ahora sólo dejaba que Annie hundiera los dedos en sus cabellos y jugara con ellos.
―Eren volvió, ¿no?― Miré de reojo a Hanji, quien se había apartado de los demás y se sentaba a mi lado, mirando con atención los trazos en la hoja de papel.― Y con él volvieron los dibujos.
Dejó que de sus labios escapara una risita, yo sólo atine a levantar los hombros, concentrándome en mi dibujo y en agregar detalles que faltaban, arreglando también otros imperfectos que habían. Últimamente me la pasaba solo, Hanji andaba en quién sabe cuántos lugares diferentes. Erwin ya había entrado a trabajar por fin y su horario ―de 10 de la mañana a 6 de la tarde― ya no le permitía venir al parque, pero al menos tenía libres los fines de semana y se le notaba más relajado.
Isabel de vez en cuando dejaba a su novio Farlan y se venía a sentar conmigo, mientras ambos le dirigíamos miradas discretas a Eren. Cuando él volvió a frecuentar el parque, ella sonrió ampliamente y me susurró al oído: "sabía que volvería". A veces decía que quería acercarse a Eren, pero no sabía cómo, ni con qué excusa. Solía decirme que cuando por fin se animara, ella misma sería quien nos presentaría. Tal vez, el que terminaría por volverlos a juntar sería yo, ella aún no sabía de mi encuentro con su primo, pero ahora que Hanji estaba libre, quizá, sólo quizá, sería buena idea que ambas lo supieran.
―No estabas.― Mencioné a modo de reproche, mientras que ahora agregaba sombras al dibujo.
—¡Ya sé, enanín! Estuve un poco ausente y veo que sucedieron varias cosas mientras no estuve― Levanté la mirada del dibujo, ella sonreía un tanto nostálgica.― Es decir, después de tantas idas y venidas, subidas y bajadas, Auro y Petra por fin son novios. Erd consiguió una novia muy guapa, Mike y Erwin estan trabajando en lo que tanto les gusta, Eren regresó y tú te ves bien... de hecho mejor que sólo bien.
―Hay algo que debo decirles, a Isabel y a ti.
―De hecho, también hay algo de lo que debo hablarte, Levi... ― Acomodó sus lentes sobre el puente de su nariz y su seriedad ―no tan común en ella― me comenzó a preocupar, cuando Hanji se ponía así de seria era signo de que algo muy malo iba a ocurrir, o estaba ocurriendo.― Y es sobre Eren.
Lo sabía, algo estaba ocurriendo, ¿será que acaso ya se había enterado que por fin me hablé con Eren? A veces me sorprendía que Hanji se diera cuenta de cosas que yo creía ocultar muy bien, a estos extremos de mi vida, eso ya no debía de sorprenderme.
—¿Tu mamá llegara tarde?
―Sí.
Respondí con la mayor naturalidad del mundo, a veces mamá no llegaba a dormir. No era algo que me extrañara, me daba una buena idea de lo que sucedía, pero al contrario de lo que muchos en mi lugar harían, no me sentí mal por ese casi nuevo descubrimiento. Era lo suficientemente maduro como para comprender que ella necesitaba de alguien que la hiciera sentir amada y yo no podía darle ese tipo de amor, por obvias razones.
Hanji e Isabel se pusieron cómodas en la sala, por mi parte, me dirigí directo a la nevera, para sacar de ella tres latas con té helado y algunas golosinas que mi mamá guardaba en la alacena. Después de eso me reuní con ellas.
―Bien, ahora habla, cuatro ojos― Coloqué los dulces y gomitas en la pequeña mesa que estaba al centro de la diminuta sala y les pasé una lata de té a cada una.― Me interesa tu asunto.
Me senté en el sillón y crucé las piernas, Hanji pareció dudar en decir algo, miró a Isabel con cierta duda, sabía lo que estaba pensando.
―Esta bien, este asunto nos incumbe a los tres― Isabel parecía bastante confundida, sólo pasaba la mirada de Hanji a mí y de mí a Hanji.― Después de todo él es su primo.
―De acuerdo, tienes razón― Pareció meditarlo por algunos segundos y luego se llevó un lifesaver de gomita a la boca, masticándolo varias veces.― Enano, ¿alguna vez mencionaste a Eren en la presencia de Erwin?
Parpadeé confundido, sin entender por qué me hacía esa clase de pregunta. Isabel, más que confundida, parecía interesada en lo que estaba a punto de revelar la chismosa de Hanji.
―No, no que yo recuerde.
—¿Ha visto el libro de dibujos de Eren?― Volvió a insistir, parecía un poco pensativa.
―No, jamás lo dejó a la vista y siempre lo tengo conmigo― Fruncí el ceño y la castaña pareció pensar en la nueva pregunta que me haría.― Pero además, en el libro no he puesto nombres.
―Entonces no entiendo qué pasa.
Se llevó las manos a la cabeza y tiro de sus cabellos, como si de esa forma la respuesta fuera a surgir de lo profundo de su oxidado cerebro.
―Erwin te ha preguntado por mi primo, ¿verdad?― Isabel, quien había permanecido en silencio, habló, dirigiéndose a Hanji. La castaña sólo abrió los ojos y yo cada vez me sentía más desorientado.― A mí también me preguntó por él,claro que le dije que era mi primo, no le tome importancia a eso, pensé que Levi se lo había mencionado, aunque ahora que lo pienso... fue raro.
Un escalofrío recorrió mi columna vertebral ante la confesión de Isabel, ¿Erwin sabía quién era Eren?, pero, ¿cómo?, ¿de qué manera pudo enterarse de mi gran secreto?, ¿había sido demasiado obvio, tal vez? Pero por más vueltas que le daba al asunto, no había forma de que Erwin averiguara el nombre de Eren, la pregunta seguía siendo la misma: ¿cómo?
Al igual que Hanji, yo tampoco entendía lo que estaba pasando.
—¿Qué fue lo que les preguntó exactamente?
Miré a amabas, pasando la mirada de Hanji a Isabel y de Isabel a Hanji por largos segundos. La cuatro ojos fue la primera en hablar.
―Primero me preguntó que si habías salido con alguien cuando él estuvo en Francia― Apreté los labios y fruncí el ceño, Hanji volvió a hablar.― Desde luego, le dije que era un idiota por preguntar esas cosas, en seguida él se disculpó, pero después... me dijo "entonces, ¿no te suena el nombre de Eren?", ante eso, hice lo que me sale mejor: hacerme la loca, le dije que no conocía a ningún Eren, pero estoy segura de que no me creyó del todo...
―A mí me hizo la misma pregunta― Isabel interrumpió el breve silencio que se había formado― Le dije que sí, que tenía un primo llamado así, después yo pregunté que él de donde conocía a mi familiar y sólo me contestó que lo había escuchado por ahí― Arrugó la frente pareciendo preocupada y mordió su labio inferior.― Creo que hablé de más, perdona aniki.
Un suspiro brotó de lo más profundo de mi ser, al igual que Isabel, mordí mi labio inferior. Era cierto que últimamente Erwin había estado medio raro, me daba indirectas que nunca llegaba a comprender del todo y sobre todas las cosas, había estado más preguntón que nunca, checando en dónde y con quien estaba. Jamás relacioné en esto a Eren, a penas le conocía, era poco lógico pensar que era blanco de las sospechas de Erwin.
―Como sea, no es tu culpa― Volvía hablar cuando el silencio se hizo insoportable, dirigiéndome a Isabel.― Lo que importa es que averigüemos de dónde conoce a Eren.
―Isabel― Esta vez tocó el turno de que la cuatro ojos hablara― Por lo pronto, si Erwin vuelve a preguntarte por Eren, sólo dile la verdad, que no hablas con él desde hace mucho tiempo― La pelirroja asintió pareciendo perrito regañado y luego Hanji llevó la mirada a mí.― Y tú, enano, mantén ese cuaderno de dibujos bien guardado.
―Relájate, histérica de mierda― Rodé los ojos hacia arriba y solté un bufido.― No es como si Isabel o yo hubiéramos hecho algo malo. Erwin no tendría derecho a reclamar de cualquier forma.
Hanji lo pensó largo y tendido por varios segundos, al final asintió, tomando un largo suspiro y se quitó las gafas sólo para limpiar el poco polvo que se había impregnado en el lente antes de preguntar:
―Y bueno, ¿de qué querías hablarnos, Levito?
―Sobre Eren, también...― Hice una larga pausa, mientras que no hacía otra cosa que morder mi labio inferior y evadir las miradas curiosas de Isabel y Hanji.― Yo... hablé con él.
Ambas se quedaron en completo silencio, yo comenzaba a sentirme incomodo ante sus miradas de incredulidad y con ese par de ojos que me miraban anonadados.
—¡¿Qué?!
De alguna forma, ambas habían logrado sincronizarse para soltar la misma pregunta al mismo tiempo, con el mismo tono de sorpresa y la misma expresión de asombro en el rostro. Tendría que explicar poco a poco todo lo que había sucedido ese día en la cafetería. Fui muy despacio, saboreando cada uno de los recuerdos que tenía de ese día. Explicando incluso los gestos que hacía Eren al hablar, la forma en como su nariz se arrugaba ligeramente cuando estaba a punto de sonreír y de como sus ojos se hacían chiquitos cuando lo hacía. Hanji e Isabel estaban demasiado atentas a todo lo que decía, al final me vi en la necesidad de mostrarles la nota que él me había dado, aquella que tenía escrito su número de celular.
—¿Cómo es Eren, aniki?― La sonrisa de Isabel se ensanchó y los ojos parecieron brillarle.
―Muy diferente al Eren de tus recuerdos― Hice una mueca con los labios, Hanji también parecía bastante interesada.― Es torpe, es lento entendiendo el sarcasmo y es muy quisquilloso con la comida, por lo que me di cuenta.
―Nada que ver con el Eren de tus sueños.― Aclaró la castaña, pareciendo un tanto desilusionada, pues incluso ella había imaginado a Eren de una forma distinta.
―Es humano después de todo, pero hay algo especial con él... es decir, es una de esas personas que apenas acabas de conocer y ya sabes que te cambiará la vida.
Abrí los ojos muy grande cuando me di cuenta del tamaño de cursilería que había soltado frente a Isabel, pero sobre todo, en frente de Hanji. Ahora me haría burla por el resto de mi vida, últimamente mi cerebro no estaba funcionando bien y claro que la culpa de que esto estuviera pasando era de Eren, bien ahí.
—¡Aw!, ¡pero que tierno eres, enanillo!― Se acercó a mí y comenzó a tirar de mis mejillas, yo estaba haciendo un esfuerzo titánico en tratar de quitármela de encima.― ¡Tengo que conocer a Eren!
—¡Cállate maldita cuatro ojos de mierda!― Empujé un poco más, hasta que finalmente se alejó de mí entre risas histéricas.― ¡No debes!, ¡lo ahuyentaras con esa cara de loca que tienes!
―¡Vamos, Levicito! Si tu cara de gato castrado no lo asustó, mucho menos esta cara de loca.
―Estoy segura de que el dúo dinámico "Levihan", sería capaz de ahuyentar hasta al héroe más valiente― La pequeña pelirroja que se había mantenido al margen hasta el momento, soltó una risita tímida y después juntó ambas manos como si fuera a orar.― Rezo por el alma de Eren y su integridad física.
Rieron al uniso, suspiré hastiado con toda esta situación. Las dos eran unas locas, pero me agradaban y por eso no las sacaba a patadas de mi casa en esos momentos.
Miraba fijamente el celular sobre el escritorio de mi habitación, ese aparatito que parecía burlarse de mí, que me tentaba, me retaba a que hiciera lo que ya tenía planeado desde hace veinte minutos atrás, pero que no me atrevía a hacer. Se reía de mí, pavoneándose de que estuviera dudando después de haber tenido algunos segundos de determinación. Cuando mi paciencia llegó a su limite, tomé aquel aparato entre mis manos y enseguida lo desbloqueé , como ya me había aprendido su número de memoria, sólo necesite apretar las teclas táctiles en el aparatejo ese.
"Estoy considerando en darte un curso gratis de como dibujar caritas felices. Las tuyas son un asco."
Recibido a las 12:57 a.m
-No leído.
Cerré la ventana de WhatsApp y apagué el celular, volviendo a colocarlo sobre el escritorio. Recién había terminado de hacer algunas tareas para mi escuela, por lo que decidí meterme a dar una ducha rápida, de cualquier forma, estaba más que seguro que él no respondería el mensaje ahora, pero resultó que estaba equivocado al pensar que ya estaba dormido. Dejé que el agua caliente recorriera mi cuerpo, que el aroma del shampoo y más tarde del jabón, adormecieran mis sentidos, para que después, la esponja recorriendo cada centímetro de mi piel y me relajara los músculos, adoraba tomar duchas largas, pero por hoy, había decidido dejarlo para otro día. Esta semana había sido muy pesada y lo único que quería en estos momentos era tirarme en la cama, aunque sólo fuera para mirar el techo por un largo tiempo, hasta que el sueño lograra vencerme.
Sequé mi cuerpo y de forma perezosa me coloqué el pijama de Harry Potter que mi mamá me había regalado hace tanto tiempo atrás. Y como seguían escurriéndome gotas de agua del cabello, me coloqué la toalla encima de este, mientras terminaba de ordenar el pequeño escritorio que tenía hojas, colores, diamantina, pegatina y gises regados por todas partes.
Cuando por fin terminé de acomodar todo en su lugar, tomé el celular que había estado de un lado a otro mientras me dedicaba a limpiar. Apagué las luces y encendí la pequeña lamparita que estaba en la mesita para dormir a un lado de mi enorme cama. Lo encendí para ver que hora era, y ahí, en medio de todo eso, me tope con un nuevo mensaje de un número desconocido, de inmediato se me vino a la mente que Eren sí me había respondido.
«5514140209.» te ha enviado un mensaje.
Desbloquea para ver.
Debo asumir que la persona que envió el mensaje de las caritas felices lleva por nombre Levi Ackerman, ¿correcto?
Recibido a la 01:00 a.m
-Leído.
Me sorprendí un poco al darme cuenta de que Eren también era una persona nocturna, como yo. Me decidí a agregarlo a mis escasos contactos ―Erwin, Hanji, Isabel y mi mamá―. Me metí a su perfil de WhatsApp y lo primero que vi, fue su foto de perfil en donde estaba él, con el cabello suelto, mordía la manga de un suéter negro y miraba fijamente a la cámara. En su estado, una frase en ingles que decía: "What a shame; beautiful scars on critical veins". Entendía un poco el inglés, así que me daba una vaga idea de lo que decía, su última conexión había sido a la una de la mañana con treinta y cinco minutos.
"Te daré dos clases gratis, por haber adivinado quien soy, Eren."
Recibido a la 01:37 a.m
-Leído.
Señor todo tiene demasiado azúcar esta escribiendo...
En lo que esperaba a que terminara de escribir, me acosté boca abajo en el mullido colchón. Me sorprendía las cosas que Eren me hacía hacer, yo odiaba todas estas aplicaciones y no me agradaba nada usurlas, siempre dejaba en visto a Erwin y en especial a Hanji, me era increíble que las manos me sudaran por la ansiedad de que Eren me respondiera.
Sabía que eras tú.
Buenas madrugadas, Levi. Estaba empezando a preguntarme cuándo te contactarías conmigo.
Recibido a la 01:39 a.m
-Leído.
Esas simples palabras habían bastado para que yo enterrara el rostro contra la almohada, sintiendo cosas extrañas en la boca del estómago que nunca antes había sentido. Ojalá tuviera en frente a Eren para golpearlo por hacerme sentir estas cosas tan... raras e indeseadas. El simple hecho de saber que Eren se estuvo preguntando por mí, me hacía sentir patéticamente feliz.
Nos pasamos otra hora mandándonos mensajes, Eren me contó que estaba en época de exámenes y que eran un poco pesados, yo le comenté que también estaba haciendo cosas cada vez más complicadas en la escuela. Fue todo lo que hablamos en esa hora completa; de la escuela, de los trabajos y proyectos, y realmente no importaba, me estaba gustando mucho todo esto de conocer a Eren, aunque sólo fuera una pequeña parte.
Pero lo que más me gustaba, era que él también parecía interesado en conocerme mejor.
Estaba experimentando una alegría agridulce, todo esto era nuevo para mí y me daba miedo porque no sabía como manejarlo. Estaba causando un montón de emociones nuevas, que nunca antes habían estado ahí, no le bastaba con arrullar a insomnio por las noches, sino que además, tenía el atrevimiento de hacerme olvidar que tenía un hueco existencial que parecía que jamás se volviera a llenar con nada. Estaba anestesiándome, haciendo que me comenzara a preguntar de forma constante en lo que él podría estar haciendo.
Todo estaba yendo demasiado rápido y no podía evitar preguntarme si era correcto sentirme así de bien.
Es que además, me atormentaba mucho lo que estaba sucediendo con Erwin, seguía pensando una y otra vez en eso, cuestionándome en el "cómo" y "por qué" sabía de Eren. Tampoco lograba entender por qué no me lo preguntaba directamente. Había muchas, muchas cosas en mi cabeza, dando vueltas como carrusel. Pero sobre todas ellas, había una que me inquietaba más, ¿estaba bien seguir acercándome a Eren?
"Iré a dormir, Eren. Tú también deberías hacerlo."
Recibido a las 02:57 a.m
-Leído.
La respuesta de Eren no tardó en llegar.
Vale, descansa. Ten un lindo día mañana.
Buenas noches.
Recibido a las 02:58 a.m
-Leído.
Al leer el mensaje media sonrisa se dibujo en mi rostro, quizá, sólo quizá, no estaba mal acercarme a él un poco más, ¿qué podría ocurrir? Lo normal, estaba el riesgo de ya no saber como alejarme de él si era lo suficientemente estúpido como para enamorarme en serio.
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"...Vuelve y dime por qué me siento como si te hubiera extrañado... todo este tiempo y ven a verme esta noche y hazme saber que no todo esta en mi mente."
―Everything has changed, Taylor Swift.
¡Hola a todas/os! Espero que se encuentren muy bien, como siempre, pasó a dejar la actualización de Green eyes, espero que el capitulo de hoy haya sido de su agrado, ya que por fin, el preciado momento llegó y a partir de aquí, les advierto, esto se pondrá cursi, dramático y me gusta pensar que también emocionante. Muchísimas gracias por el apoyo que le han dado a Green eyes y por todos los bellos reviews que me dejan, me anima mucho a seguir adelante. En fin, sin nada más que agregar, nos estamos leyendo próximamente, ¡saluditos!✨
All the love, Dragón. 🐉🌹
