Toda la historia peretenece a la increíble Jennifer L. Armentrout. Nombres de los personajes a la maravillosa Sthepenie Meyer.
Capítulo 11
Eathan comía su segunda ración de panqueques. Su cabeza inclinada sobre el plato, cabello rubio sobresaliendo en todas direcciones mientras empujaba la esponjosa delicia dentro de su boca.
Me senté frente a él en la mesa de la cocina, de brazos cruzados frotando la mano a lo largo de mi mandíbula mientras miraba por la ventana. Mi barba de tres días me picó la mano. Necesitaba afeitarme.
Fue una noche muy larga.
El último de los asistentes a la fiesta se fue alrededor de las dos de la mañana y luego comenzó la gran limpieza. Alice, Eathan y yo nos las arreglamos para acomodar la mayor parte de la casa, y luego ataqué la cocina esta mañana. Eran un poco más allá de las cuatro de la tarde y Alice se hallaba de vuelta en la cama. Seguramente dormiría todo el día.
Eathan se quedó a pasar la noche.
Mi cerebro se encontraba demasiado frito para lidiar incluso con eso, pero al menos ayudó a limpiar.
—¿Siquiera dormiste anoche? —Eathan hizo una pausa en su buffet récord de panqueques.
Levanté un hombro.
—Un poco.
—Eso parece.
A decir verdad, tal vez dormí dos horas máximo y no tenía nada que ver con la limpieza de la casa. Tuvo mucho que ver con Bella. No sólo nuestra discusión. Si perdiera el sueño cada vez que discutimos, nunca conseguiría cerrar los ojos. Por supuesto, una gran parte de mí continuaba decepcionada y enojada sobre lo que ella pensaba. También sentí... Sí, me sentía mal, porque vi ese destello de dolor en los ojos de Bella cuando pensó que me enganchaba con Irina. Eso no me cayó bien, pero esa no era mi preocupación principal. Tenía mucho que ver con ella rompiendo esas ventanas; no la razón detrás de eso, sino el hecho de que fue capaz de hacerlo.
Teníamos que aceptar que Bella estaba cambiando. La razón detrás de eso no era la parte más importante de lo que pasaba. Teníamos que poner sus... Sus habilidades bajo control antes de que fuera demasiado tarde.
Hoy era su cumpleaños.
Y sabía que obtuvo un nuevo ordenador portátil, ya que recibí un mensaje de alerta esta mañana señalando que publicó en su blog. Sí, me registré para las alertas. Lo que sea.
Cuando arrastré la décima bolsa de basura afuera, vi un coche desconocido en su camino de entrada. Le pertenecía a ese médico; Jason Jenks. Los tres; Jason, Bella y su mamá; salieron juntos.
Eathan se recostó en la silla y estiró los brazos sobre la cabeza. Sus huesos sonaron.
—Así que, ¿oí algo que te pasó anoche?
Levantando una ceja, dejé caer la mano a la mesa.
—¿De veras?
Asintió.
—Irina estaba enojada por ti y Bella. Se quejaba conmigo y Alice sobre eso, como si se suponía que debíamos hacer algo.
Irina necesitaba un pasatiempo. Inmediatamente.
—Sabes, ella está preocupada por ti. Quiero decir, Irina puede ser... Bueno, es mi hermana. Ella puede ser una perra, pero tiene buenas intenciones.
—Lo sé. —Tomé un trago de mi leche.
La mirada de Eathan cayó a su plato vacío.
—¿Puedo ser sincero contigo un segundo?
—Por supuesto…
Una breve sonrisa apareció.
—Sabes que no soy como Alec ni Irina. No me importa lo que está pasando contigo y Bella. —Cuando abrí la boca, me detuvo con una mirada de complicidad—. Y sé que algo está pasando. Alice y yo hablamos, pero incluso si no lo hiciéramos, es obvio para mí. De todos modos, estoy de acuerdo con eso, sea lo que sea. Sólo quería hacértelo saber.
Sin saber qué decir, me quedé mirándolo. Las palabras se formaron en la punta de mi lengua, pero no las dije. Lo que sentía por Bella no era algo que estuviera diciendo del todo con la excepción de lo que le dije a Anthony, pero realmente no dije mucho. No me sorprendió que Eathan estuviera de acuerdo con eso. Ese era solo el tipo de... Luxen que él era.
Algo se me ocurrió entonces.
—Gracias, hombre. —Me incliné hacia delante, manteniendo la voz baja—. Tengo una pregunta para ti.
Sonrió. —Soy todo oídos.
Eathan siempre fue el más abierto de todos los Luxen que conocía.
Todo el mundo lo sabía, incluyendo a Emmett. Mi hermano no habría confiado en mí, pero existía una posibilidad de que le hubiera dicho algo a Eathan. Tal vez incluso insinuado lo que pasó entre Rosalie y él cuando fueron de excursión el fin de semana que regresó con la ropa desgarrada y ensangrentada.
—¿Acaso Emmett nunca habló contigo acerca de Rose?
La sorpresa cruzó su rostro. Obviamente, no esperaba esa pregunta.
—Realmente no. Quiero decir, él era súper callado respecto a Rose, pero sí hablé con él. Parecido a las cosas que te dije. Que estoy bien con eso. Sí le dije que me preocupaba.
—No me dijiste estás preocupado acerca de Bella y yo —señalé.
—Sí, bueno, no eres Emmett.
Esa fue la primera vez que alguien decía eso y de hecho lo decía como un cumplido.
—Es cierto —murmuré y luego sonreí débilmente—. Pero creo que... Creo que soy más parecido a él de lo que la mayoría se da cuenta.
—¿Por qué preguntas sobre Emmett? —Le dio un codazo a su plato vacío sin tocarlo—. Nunca hablas de él.
—Solo porque no hablo de él no significa que no pienso en él. —Poniéndome de pie, hice un gesto a los platos. Flotaron al fregadero—. No lo sé. He estado pensando mucho en Emmett y Rosalie. —Me quedé de pie en el centro de la cocina y decidí decírselo a Eathan. Confiaba en él—. Creo que... Creo que le hizo algo a Rosalie.
Sus cejas se levantaron.
—¿Cómo qué?
Regresé a la mesa y me senté.
—Se fueron de excursión un fin de semana y Emmett regresó alterado; la ropa desgarrada y ensangrentada. Dijo que no pasó nada, pero sabía que mentía. Creo… Creo que Rose resultó herida de alguna forma y...
El entendimiento brilló en su mirada.
—¿Crees que la sanó? —Cuando asentí, él parpadeó—. Mierda. No se supone que…
—Sé que no se supone que debamos hacerlo, pero eso no quiere decir que no haya sucedido. —Hola. Por ejemplo: yo—. Creo que eso es lo que Emmett hizo y creo... Creo que él la cambió de alguna manera. —No tenía ninguna prueba de apoyo a esa declaración además del hecho de que yo cambié a Bella.
—¿La cambió cómo? —preguntó.
Sacudí la cabeza. Aquí es donde se ponía difícil, debido a que... Ellos murieron no mucho tiempo después de ese viaje y yo no estuve cerca de ella.
—No lo sé, pero Esme pasó el jueves, ya sabes, a reportarse, y mientras hablábamos de mierda en general dijo algo que me hizo pensar. —Mentía tan bien que me sorprendí un poco conmigo mismo—. Ella dijo que poner a los humanos en peligro no era la única razón por la que no se nos permitía sanarlos.
Sus ojos se ampliaron.
—Y, ¿estás pensando que es porque los cambiamos alguna manera? Y, ¿que los Ancianos lo saben?
Asentí.
—Bueno, diablos. —Hizo una pausa—. Pero incluso si ese es el caso, ¿qué tiene que ver con Emmett? Quiero decir, Rosalie y él fueron asesinados por los Arum. Eso es lo que nos dijeron.
Otro conjunto de palabras potencialmente desastrosas que no dije en voz alta, pero el momento en que las pensé, sonaron ciertas. Se nos dijo que los Arum los mataron. Que el DOD halló sus cuerpos y... Y dispusieron de ellos. ¿Qué si eso era una mentira? Mi mano se curvó en un puño. ¿Qué pasa si el DOD se apoderó de ellos debido a que Emmett hizo... Hizo lo prohibido? ¿Y dónde se hallaba nuestro amable grupo de vigilancia del gobierno?
—El DOD no se ha reportado con ustedes recientemente, ¿cierto? —pregunté.
—No.
Crucé los brazos, mi mirada regresando a la ventana.
—Maldición, y eso es extraño, ¿no?
Se aclaró la garganta.
—Sí, lo es. —Hubo una pausa—. ¿A dónde vas con esto, Edward?
Me encontré con su mirada escrutadora.
—Nunca vimos sus cuerpos, Eathan.
—No... No, no lo hicimos. —Eathan palideció bajo el tono dorado de su piel—. ¿Qué estás diciendo?
Lo que decía era algo que podría meternos en un mundo de problemas.
—No sé lo que estoy diciendo —dije—. No hables con Alice sobre nada de esto, ¿de acuerdo? Simplemente estoy pensando en voz alta y no quiero que se preocupe. ¿Me entiendes?
Eathan asintió lentamente, con la mirada fija de repente y distante.
—Sí, te entiendo.
Duchado y recién afeitado, me dirigí afuera. Las estrellas brillaban en el cielo oscuro. Al salir del pórtico, miré al lado. Como era de esperar, solo el coche de Bella se encontraba en la entrada. Su cumpleaños e iba a pasar la noche sola.
Eso apestaba.
Sabía lo que tenía que hacer. No me gustaba cómo terminaron las cosas entre nosotros anoche, y que tenía que pedir disculpas.
Al tiro de un latido del corazón, me hallaba en frente de su puerta.
Fuerte música retumbaba desde el interior. Toqué, pero se hizo evidente que a menos que tumbara la puerta, no había manera de que Bella me escuchara. Envolviendo la mano alrededor de la perilla, descubrí la puerta cerrada con llave. Dudé, preguntándome si debía dejarme, pero entonces escuché su... su canto.
Abrí la puerta y entré. La música era muy alta y se hizo mucho más clara. Era una vieja canción "Hungry Like the Wolf". Al cerrar la puerta detrás de mí, poco a poco sonreí mientras su voz se elevaba.
—A scent and a sound, I'm lost and I'm found. And I'm hungry like the wolf. Something on a line, it's discord and rhyme. —Bella apareció en el pasillo, a las afueras de la sala de lavandería, de espaldas a mí mientras balanceaba los brazos alrededor y por encima de su cabeza, pero me encontraba fascinado por los calcetines hasta la rodilla que usaba. Y los pantalones cortos, pero sobre todo los calcetines. Tenían... Renos por todas partes—. ...lo que sea, lo que sea, la la la… Mouth is alive, all running inside, and I'm hungry like the…
—En realidad es: "I howl and I whine. I'm after you" y no bla o lo que sea.
Bella chilló y dio media vuelta. Su pie resbaló y antes de que yo pudiera decir hola, aterrizó sobre su trasero. Su mano voló al pecho.
—Santa mierda. Creo que estoy teniendo un ataque al corazón.
—Yo creo que te rompiste el culo. —Apenas pude contenerme de reír.
Extendida sobre el pasillo, subió la mirada hacia mí.
—¿Qué demonios? ¿Tan solo entras en las casas de la gente?
—¿Y escuchar a las chicas destruir absolutamente una canción en cuestión de segundos? Bueno, sí, tengo esa costumbre. En realidad, llamé varias veces, pero oí tu... Canto... Y la puerta estaba sin llave. —Me encogí de hombros—. Así que me concedí el permiso de entrar,
—Puedo ver eso. —Se puso de pie, haciendo una mueca—. Oh, hombre, tal vez sí me rompí el culo.
—Espero que no. Tengo un tipo de debilidad por tu trasero. —Le lancé una sonrisa rápida—. Tu cara está muy roja. ¿Seguro que no te golpeaste eso en tu camino hacia abajo?
Gruñó. —Te odio.
—No, no creo que lo hagas. —Bajé la mirada—. Bonitos calcetines.
Frotando su trasero de una manera que me puso celoso de su mano, me envió una mirada de odio.
—¿Necesitas algo?
Metiendo las manos en mis bolsillos, me apoyé en la pared.
—No, no necesito algo.
—Entonces, ¿por qué entraste en mi casa?
—No forcé la entrada. La puerta estaba abierta y oí la música. Supuse que eras la única aquí. ¿Por qué estás lavando ropa y cantando canciones de los ochenta en tu cumpleaños?
Sus ojos se ampliaron.
—¿Cómo... Cómo sabes que es mi cumpleaños? Ni siquiera creo habérselo dicho a Alice.
Le sonreí.
—¿La noche que fuiste atacada en la biblioteca y fui al hospital contigo? Cuando les diste tu información personal, te escuché.
—Cierto. —Me miró fijamente—. ¿Y te acordaste?
—Sí. De todos modos, ¿por qué estás haciendo los quehaceres en tu cumpleaños?
—Soy, obviamente, así de patética.
—Eso es bastante patético. Oh, ¡escucha! —Miré en la dirección de la sala de estar, donde la música provenía—. Es "Eye of the Tiger". ¿Quieres cantar junto a eso? ¿Quizás correr por las escaleras y levantar tus puños en el aire?
—Edward. —Se arrastró por delante de mí, entró en la sala de estar, y cogió el control remoto, bajándole volumen a la canción—. En serio, ¿qué quieres?
La seguí.
—Vine a disculparme.
—¿Qué? ¿Vas a disculparte otra vez? Ni siquiera sé qué decir. Guau.
Fruncí el ceño.
—Sé que parece una gran sorpresa para ti que tenga sentimientos y por lo tanto me sienta mal a veces por cosas que yo pueda haber... causado.
—Espera. Tengo que grabar esto. Déjame tomar mi teléfono. —Se dio la vuelta, buscando en la mesa de café.
—Bella, no estás ayudando. Estoy hablando serio. Esto es... difícil para mí.
Rodó los ojos.
—Está bien. Lo siento. ¿Quieres sentarte? Tengo torta. El pastel debería suavizar un poco tu carácter.
—Nada me puede suavizar. Soy tan frío como el hielo.
—Ja. Ja. Está hecha de helado y tiene la parte del medio deliciosamente crujiente.
—Bueno, eso puede funcionar. La parte crujiente del medio es mi favorita —dije.
—Muy bien —dijo en voz baja—. Entonces vamos.
Fuimos a la cocina. Bella tomó una cinta para atar su cabello y se lo recogió.
—¿Qué tan grande quieres tu trozo? —Sacó el pastel del congelador.
—¿Qué tan grande puede ser el trozo del que estás dispuesta a desprenderte?
—Tan grande como quieras. —Tomó un cuchillo del cajón y lo colocó sobre el pastel.
Miré por encima del hombro.
—Más grande.
Movió el cuchillo a un lado.
—Incluso más grande.
Lo movió por un par de centímetros.
—Perfecto —dije.
Bella trató de cortar el pastel, pero bajó solo un centímetro.
—Odio cortar estas malditas cosas.
—Déjame intentar. —Llegué a su lado, y nuestras manos se rozaron cuando tomé el cuchillo de ella. Electricidad estremeció sobre mi piel—. Hay que pasarlo bajo el agua caliente. Luego, cortas.
Haciéndose a un lado, Bella me dejó hacerme cargo. Pasé el cuchillo bajo el agua caliente y luego corté el pastel fácilmente.
—¿Ves? Perfecto.
Agarró dos platos y los colocó sobre el mostrador.
—¿Quieres algo para beber?
—La leche siempre es buena si tienes un poco.
Sacando la leche, sirvió dos vasos, lo cual me sorprendió, porque por lo general me hacía servirme todo. Agarró los cubiertos e hizo un gesto hacia la sala de estar.
—¿No quieres comer aquí? —pregunté.
—No. No me gusta comer en la mesa del comedor. Parece tan formal.
Agarrando mi plato y vaso, la seguí a la sala de estar. Se sentó en un extremo del sofá y yo en el otro. Mientras metía el tenedor en el pastel, vi rosas. Me aclaré la garganta.
—Lindas rosas. ¿Benicio?
—Benjamín. —Se encogió de hombros—. Sí, son bonitas ¿no?
—Lo que sea —me quejé—. ¿Entonces por qué estás pasando esta noche por tu cuenta? Es tu cumpleaños.
Las comisuras de sus labios bajaron.
—Mi madre tenía que trabajar y no tenía ganas de hacer nada. No es tan malo como suena. He pasado muchos de ellos por mí misma.
—Supongo que, probablemente, hubieras preferido que no me hubiese pasado a saludar entonces, ¿eh? —Apuñalé el pastel hasta que separé el helado de la parte de la galleta. Tomé un bocado—. Realmente vine a disculparme por lo de anoche.
Dejó el plato en la mesa del café y metió las piernas debajo de ella.
—Edward…
—Espera. —Levanté el tenedor—. ¿Está bien?
Bella cerró la boca.
Mi mirada bajó al plato.
—No pasó nada entre Irina y yo ayer por la anoche. Ella solo estaba... jugando contigo. Y sé que es difícil de creer, pero lo siento si... te hizo daño. —Respiré profundo—. Contrariamente a lo que piensas de mí, no salto de chica en chica. Me gustas, así que no me metería con Irina. Y no lo he hecho. Irina y yo no hemos hecho nada durante meses, incluso antes de que tú vinieras acá. Las cosas son complicadas entre Irina y yo. Nos conocemos desde que llegamos aquí. Todo el mundo espera que estemos juntos. Especialmente los ancianos, ya que estamos en "la mayoría de edad". Es hora de empezar a hacer bebés.—Me estremecí.—Incluso Irina espera que estemos juntos —continué, apuñalando el pastel de nuevo—. ¿Y todo esto? Sé que está haciéndole daño. Nunca quise hacerle eso. —Hice una pausa, y al haberlo dicho en voz alta, supe que era verdad. Irina puede actuar como si no le molestara, pero sabía que le molestaba—. Nunca quise hacerte daño a ti, tampoco. Y he hecho ambas cosas. —Sentí calor filtrarse a través de mis mejillas, pero continué, porque todo esto necesitaba ser dicho—. No puedo estar con ella como ella quiere, en la forma en que se merece. De todos modos, quería disculparme por lo de anoche.
No hubo ni un momento de vacilación.
—Yo también —dijo—. No debería haberte hablado como lo hice. Supongo que toda la cosa de la ventana me asustó.
—Lo que hiciste ayer con las ventanas…. Bueno, eso fue una exhibición de un poder atroz del que no tienes control. —La miré—. He estado pensando en ello. Y sigo pensando en Emmett y Rosalie. Esa noche cuando regresaron de excursionismo y él estaba cubierto de sangre. Creo que ella pudo haber resultado herida.
—¿Y la curó?
—Sí. No sé más. —Era más fácil decirlo en voz alta ahora—. Ellos… ellos murieron un par de días después. Supongo que es como la división de dos fotones, separados pero juntos. Eso explica cómo podemos sentirnos uno al otro. No sé. Es una teoría.
—¿Crees que lo que sea que está sucediéndome vaya a parar?
Me comí lo último del pastel y luego coloqué el plato en la mesa de café.
—Puede que tengamos suerte. Lo que estás haciendo puede desaparecer con el tiempo, pero tienes que ser cuidadosa. No hay presión, pero es una amenaza para todos nosotros. No estoy tratando de ser… Cruel. Es la verdad.
—No, lo entiendo. Podría exponerlos a todos. Casi lo he hecho varias veces.
Me recosté en el sofá, lanzando el brazo sobre el respaldo.
—Estoy averiguando si alguien ha oído hablar de que esto ocurra. Tengo que tener cuidado, sin embargo. Demasiadas preguntas darán paso a la sospecha.
Tocó el collar mientras me giraba hacia la televisión y sonreí. Una banda melenuda de los ochenta tocaba, chillando sobre el amor perdido.
—Después de ver tus habilidades en el baile antes, te habrías mezclado perfectamente en los ochenta.
—¿Podemos no mencionar eso otra vez? —murmuró.
Sonreí mientras miraba hacia ella.
—Tú estabas tan cerca de echar abajo el "Camina como un egipcio"
—Eres un cabrón.
Me reí.
—¿Sabías que tuve un mohicano morado?
—¿Qué? —Se rió mientras ladeaba la cabeza hacia un lado—. ¿Cuándo?
—Sip, morado y negro. Fue antes de mudarnos aquí. Estábamos viviendo en Nueva York. Creo que pasé por esa fase. Me perforé la nariz y todo.
Rompió a reír, y le lancé una almohada. La puso en su regazo.
—Eras un chico del skate, ¿eh?
—Algo así. Anthony estaba con nosotros. Se convirtió en nuestro tutor en esa clase de cosas. No tenía la menor idea de qué hacer conmigo.
—Pero Anthony… Él no es mucho mayor.
—Es mayor de lo que parece. Tiene alrededor de treinta y ocho años.
—Guau. Está envejeciendo bien.
Asentí.
—Llegó al mismo tiempo que nosotros, en la misma zona. Supongo que pensó que él era responsable de nosotros, siendo el mayor de todos.
—¿Dónde ustedes… ? —Hizo una mueca—. ¿En dónde todos ustedes aterrizaron?
Estirándome, tomé un pedazo de pelusa de su camisa.
—Aterrizamos cerca de Skaros.
—¿Skaros? —Arrugó la nariz—. Uh, ¿está incluso en la Tierra?
—Sí. En realidad es una pequeña isla cerca de Grecia. Es conocida por esta región rocosa donde una vez hubo un castillo. Me gustaría volver algún día. Es algo así como nuestro lugar de nacimiento, supongo.
—¿Cuántos de ustedes aterrizaron allí?
—Un par de docenas, o por lo menos eso es lo que Anthony nos ha dicho. Yo no me acuerdo de nada del principio. —Fruncí los labios—. Permanecimos en Grecia hasta que tuvimos alrededor de cinco y luego vinimos a América. Había unos veinte de nosotros y tan pronto como llegamos, el DOD estuvo allí.
—¿Cómo fue todo eso? —preguntó, su expresión abierta y curiosa.
Fue extraño hablar de estas cosas. Era algo que ninguno de nosotros profundizaba, pero imaginaba que Emmett lo hizo con Rose.
—No muy bien, gatita. No sabíamos que los seres humanos eran conscientes de nosotros. Todo lo que sabíamos era que había Arums alrededor, pero el DOD llegó como una gran sorpresa para nosotros. Al parecer, sabían de nosotros desde el momento en que llegamos. Detuvieron a cientos que habían llegado a Estados Unidos.
Agarró la almohada contra su pecho.
—¿Qué hicieron con ustedes?
—Nos retuvieron en una instalación en Nuevo México.
—No jodas. —Sus ojos se abrieron como platos—. ¿El Área 51 es verdadera? Guau. Pensé que toda la cosa del Área 51 era un mito.
—Mi familia y amigos llegaron hace quince años, pero eso no significa que los Luxen no vinieran antes de eso. —Me reí de su expresión—. De todos modos, nos mantuvieron allí durante los primeros cinco años. Ellos, el DOD, habían estado asimilando los Luxen durante años. Aprendimos mucho acerca de los seres humanos durante ese tiempo y cuando fuimos… considerados listos para asimilar plenamente, nos dejaron ir. Por lo general, con un Luxen mayor que podría hacerse cargo de nosotros. Dado que Anthony tenía una relación con nosotros, nos pusieron con él.
Su frente se arrugó.
—Pero ustedes habrían tenido sólo diez años. ¿Viviste con Anthony hasta hace poco?
—Lo creas o no, maduramos de manera diferente que los humanos. A los diez podría haber ido a la universidad. Nos desarrollamos mucho más rápido, el cerebro y otras cosas. En realidad, soy más inteligente de lo que parezco. —Sonreí cuando me miró totalmente impresionada—. Anthony vivió con nosotros hasta que nos mudamos aquí. A los quince años, éramos adultos más o menos. El Departamento de Defensa nos colocó con una casa y dinero.
—Pero ¿qué pasa con las personas haciendo preguntas sobre sus padres?
—Siempre hay un Luxen mayor que puede hacerse pasar por nuestro padre, o podemos transformarnos en una versión mayor. Tratamos de evitar la transformación debido al rastro.
Sacudiendo la cabeza, se recostó contra el sofá y parecía estar asimilándolo todo.
—¿Quieres que me vaya?
Su mirada encontró la mía.
—No. No tienes que hacerlo. Quiero decir, no estoy haciendo nada y si no tienes nada que hacer, te puedes quedar o lo que sea…
Me sentí como si hubiera ganado una batalla importante. Aparté la mirada lentamente, mis ojos cayendo a la computadora portátil de color rojo brillante colocada sobre la mesa de café.
—Veo que alguien consiguió algo por su cumpleaños.
—Sí, mamá me lo compró. Me había quedado sin… Bueno, desde entonces.
Me rasqué la mejilla.
—Sí, no me disculpé por eso, ¿no?
—No —suspiró.
—Eso nunca había sucedido antes, toda la parte de explotar cosas.—admití después de un momento.
—Lo mismo digo.
Mirando hacia la TV, me relajé un poco.
—Sucedió con Emmett, en cierto modo. Fue así como Rosalie lo descubrió. —Hice una pausa, luchando contra una sonrisa—. Él estaba besándose con ella y perdió el control. Se convirtió en Luxen por completo, mientras la besaba.
—Uff. Eso tuvo que ser…
—¿Embarazoso?
—Sí, embarazoso.
Se hizo el silencio entre nosotros, y mi mente fue inmediatamente a lo que había sido besar a Bella, tocarla. Nada en este mundo o más allá era tan… malditamente increíble como eso.
Tiró del cuello de su suéter.
—Alice dijo que ustedes se habían mudado mucho. ¿Cuántos lugares distintos?
Un cambio de tema era una buena idea.
—Nos quedamos en Nueva York por un tiempo, luego nos mudamos a Dakota de Sur. Y si piensas que nada pasa aquí, tú no has vivido en Dakota del Sur. Luego nos mudamos a Colorado antes de venir aquí. Siempre fui el que provocó el cambio de escenario. Es como si estuviera buscando algo, pero ninguno de esos lugares lo tenía.
—Apuesto que Nueva York era tu lugar favorito.
—En realidad, no lo es. Es aquí.
Bella se rió.
—¿Virginia Occidental?
—No es tan malo. Hay muchos de nosotros aquí. Más que en cualquier otro lugar. Tengo amigos con quienes puedo estar, toda una comunidad, realmente. Eso es importante.
—Puedo entender eso. —Apoyó la barbilla en la almohada—.¿Crees que Alice es feliz aquí? Ella lo hace parecer como si no pudiera salir. Como, nunca.
Cambiando, levanté mis piernas y las estiré.
—Alice quiere abrirse su propio camino en la vida y no puedo culparla por eso. Si no lo has notado todavía, hay más varones que hembras. Así que las hembras se emparejan muy rápido y son protegidas sobre todo.
Hizo una mueca.
—¿Emparejados y apareados? Lo entiendo, necesitan reproducirse. Pero Alice no puede ser forzada a hacer eso. No es justo. Deberían controlar sus propias vidas.
Encontré su mirada.
—Pero no lo hacemos, gatita.
—No es justo —dijo apasionadamente, como si quisiera tomar las armas y defender nuestros derechos.
—No lo es. La mayoría de los Luxen te presionan si escoges cualquier otra cosa diferente. Emmett lo hizo. Amaba a Rosalie. —Exhalé de forma entrecortada—. Estábamos en contra de ella. Y yo pensaba que él era estúpido por enamorarse de un ser humano. Sin ánimo de ofender.
—No lo has hecho.
—Fue duro para él. Nuestro grupo estaba molesto, pero Emmett… Era fuerte. —Sonreí mientras sacudía la cabeza. Maldita sea, eso era tan cierto, y nunca le di el crédito suficiente por eso—. No cedió y si la colonia hubiera descubierto la verdad, no creo que lo hubieran cambiado.
—¿No pudo haberse ido con ella, escaparse del DOD? ¿Tal vez eso es lo que pasó?
—Emmett amaba estar aquí. Le gustaba el senderismo y la vida al aire libre. Le encantaba toda la cosa de vida-rústica. —La miré—. Nunca se habría ido, sobre todo sin decirle a Alice o a mí. Sé que ambos están muertos. —Mi sonrisa se extendió un poco—. Te hubiera gustado Emmett. Lucía justo como yo, pero era un tipo mucho mejor. No un cabrón, en otras palabras.
—Estoy segura que así hubiera sido, pero tú no eres tan malo.
Arqueé una ceja.
—Está bien, eres propenso a momentos de gran imbecilidad, pero no eres malo. —Hizo una pausa, apretando con fuerza la almohada—. ¿Quieres saber lo que pienso honestamente?
—¿Debería estar preocupado? —pregunté con cautela.
Bella se rió.
—Hay un tipo muy agradable bajo el idiota. He visto atisbos de él. Así que, aunque la mayoría del tiempo quiera darte una golpiza, realmente no creo que seas una mala persona. Tú tienes una gran responsabilidad.
Bueno entonces…
Incliné la cabeza hacia atrás.
—Bueno, supongo que no está tan mal.
—¿Puedo hacerte una pregunta y me dices la verdad? —preguntó.
—Siempre.
Alcanzó su cuello y sacó la pieza de obsidiana. Sosteniéndola en su mano.
—El DOD es una preocupación más grande que el Arum, ¿no es así?
Un músculo se tensó a lo largo de mi mandíbula.
—Sí.
Pasó un dedo por el alambre torcido en la parte superior del cristal.
—¿Qué harían si supieran que estuve moviendo las cosas como tú?
Dijo mis primeras sospechas en voz alta.
—Probablemente harían lo mismo que harían con nosotros si lo supieran. —Me estiré, tomando la mano que sostenía la obsidiana. Puse mi dedo sobre el suyo, deteniendo sus movimientos—. Te encerrarían… O peor. Pero no voy a dejar que eso suceda.
—Pero ¿cómo puedes vivir así? ¿A la espera de que se enteren de que hay más como ustedes?
Mis dedos se cerraron alrededor de los suyos.
—Es todo lo que he conocido, es todo lo que cualquiera de nosotros ha conocido.
Parpadeó rápidamente y susurró—: Eso es muy triste.
—Es nuestra vida. —Hice una pausa, odiando la repentina mirada de tristeza en sus ojos—. Pero no te preocupes por ellos. Nada te va a pasar.
Bella se inclinó, deteniéndose cuando nuestras caras quedaron sólo a centímetros de distancia.
—Siempre estás protegiendo a los demás, ¿verdad?
Apreté suavemente su mano y luego me recosté, doblando el brazo debajo de mi cabeza.
—Esto no ha sido una conversación de cumpleaños muy amigable.
—Está bien. ¿Quieres más leche o algo?
—No, pero me gustaría saber algo.
Estiró las piernas y terminaron a mi lado.
—¿Qué?
—¿Con qué frecuencia corres por la casa cantando?
Bella se movió para patearme, pero atrapé los dedos de sus pies, deteniéndola.
—Puedes irte ahora —dijo.
Sonreí, mirando el reno.
—En serio, me encantan estos calcetines.
—Devuélveme mi pie —ordenó.
—No es tanto el hecho de que tengan renos o que lleguen hasta las rodillas. Pero es el hecho de que son como manoplas en los pies.
Movió los dedos de los pies.
—A mí me gustan así. Y no te atrevas a criticarlos o te echaré a patadas de este sofá.
Levanté una ceja mientras volteaba su pie, inspeccionándolos.
—Calcetines manoplas, ¿eh? Nunca vi nada igual. A Alice le encantarán.
Tiró de su pie, y lo dejé ir esta vez.
—Lo que sea. Estoy segura de que hay cosas más geniales que mis calcetines. No me juzgues. Es la única cosa que me gusta de la época navideña.
—¿La única cosa? Me imaginé que eras el tipo de persona que quiere el árbol de Navidad armado antes de Acción de Gracias.
—¿Ustedes celebran la Navidad?
Le lancé una mirada suave.
—Sí. Es una cosa humana que hacemos. Alice ama la Navidad. En realidad, creo que sólo le encanta la idea de los regalos.
Se rió.
—Yo solía amar las fiestas. Y sí, realmente me gustaba él árbol de Navidad cuando papá estaba vivo. Lo armábamos mientras mirábamos el desfile de Acción de Gracias.
—¿Pero?
—Pero ahora mamá nunca está en casa en las fiestas. Y sé que ella no va a estar este año, ya que es nueva en el hospital, le darán el hueco. —Bella se encogió de hombros, pero me di cuenta que le molestaba. Mucho—. Siempre estoy sola en las fiestas, como una especie de mujer mayor con gatos.
También me di cuenta que esta conversación la hacía sentirse incomoda, la entristecía. Cambié de tema y elegí uno que traería de regreso algo de fuego a sus ojos.
—Así que, este tipo Bob…
—Su nombre es Benjamín y no empieces, Edward.
—Está bien. —Sonreí, porque allí estaba, el oscurecimiento en sus ojos—. No es un problema de todos modos.
—¿Qué se supone que significa eso?
Me encogí de hombros y cambié el tema de nuevo.
—Estaba un poco sorprendido cuando estuve en tu dormitorio mientras te encontrabas enferma.
Sus cejas se levantaron.
—No estoy segura de querer saber sobre qué.
—Había un cartel de Bob Dylan en la pared. Esperaba a los Jonas Brothers o algo así.
—¿Hablas en serio? No. No soy fan de la música pop. Soy una gran fanática de Dave Matthews y cosas más viejas, como Dylan.
Eso me sorprendió, y ese pequeño trozo de información dio inicio a una conversación sobre música y películas. Por supuesto, terminamos discutiendo, porque en serio, no podíamos tener una conversación sin una discusión, pero ella pensaba que la segunda película del Padrino era mejor que la primera y eso era algo muy malo.
Pasaron las horas y parecían solo minutos. Terminamos tendidos en lados opuestos del sofá, uno al lado del otro, cerca de quedarnos dormidos al mismo tiempo. Discutimos. Reímos. Fuimos normales. Y, todo esto, era agradable. No podía recordar la última vez que estuve tan relajado.
No tenía idea de cuánto tiempo pasó entre la última vez que parpadeé y volví a abrir los ojos. Sabía que era muy tarde y que la conversación se había detenido y me encontraba a la deriva en ese lugar de paz entre la vigilia y el sueño. En algún momento, abrí los ojos. No mucho, sólo una delgada ranura en realidad, y la encontré mirándome, su expresión era suave y… y absolutamente perfecta.
Bella se movió de repente, agarrando la manta grande de la parte trasera del sofá. La colocó sobre mis piernas. Esperé que pasara sobre mí y se fuera, pero agarró una segunda manta y se cubrió con ella.
Otra pequeña victoria.
—Gracias —murmuré, cerrando los ojos de nuevo.
Hubo una pausa.
—Pensé que dormías.
—Casi, pero estás mirándome.
—No lo estoy.
Abrí un ojo.
—Siempre te sonrojas cuando mientes.
—No lo hago.
—Si sigues mintiendo, creo que me voy a tener que ir —amenacé—. No siento que mi virtud esté segura.
—¿Tu virtud? —resopló—. Lo que sea.
—Yo sé cómo lo consigues. —Sonriendo, cerré los ojos. En el fondo, en la TV sonaba música olvidada. Sabía que tendría que levantarme pronto, sin importar qué. Si su mamá llegaba a casa y me encontraba acostado aquí, no sería lindo. Me hallaba cerca de quedarme dormido.
—¿Lo encontraste? —preguntó.
Moví mi mano sobre mi pecho.
—¿Encontrar que, gatita?
—¿Lo que buscabas?
Mis ojos se abrieron y mi mirada sostuvo la suya.
—Sí, a veces, creo que lo hice.
