LO SÉ, NO TENGO PERDÓN DE DIOS.

He intentado retomar este Fanfic muchas veces. Es más, tengo varios capítulos más escritos. Es que tenía la historia lista en mi cabeza y se veía venir tan bien que me dio una culpa enorme el verla incompleta. Y como lectora sé lo doloroso que debió ser para ustedes. Es más, me pregunto si aún quedará alguien que vaya a seguir leyendo ésto. es una página un poco muerta y ya mudé el FanFic a Wattpad. Mi principal problema fue QUE SE ME OLVIDÓ EL CORREO CON QUE ME REGISTRÉ AQUÍ. Pero lo encontré. Y hoy, después de 7 años he vuelto. No importa is ya nadie más lo leerá, pero me encargaré de terminarlo aunque me tome 7 años más! Jajaja.

Espero que no pase tanto tiempo.


Me junté con Feliciano previo a llevarlo a casa para que conociera a mi familia. Si bien le había contado cosas de Antonio desde una perspectiva bastante personal, debía tomar la precaución de advertirle lo aterrador que él podía ser, y no me refiero a su lado de matón que sólo saca cuando está enrabiado o cuando alguien me amenaza de alguna forma (mejillas rojas encendidas… ¡mierda!), me refiero a ese que saca cuando algo o alguien (yo), le da demasiada ternura. Era jodidamente fácil predecir que si le llevaba a una versión estúpidamente adorable de mí mismo (entiéndase por Feliciano), el bastardo se iba a volver loco como una cabra y lo acosaría y adoraría enfrente de mí.

Sí, lo tenía asumido y sabía que sería una tarde de mierda, llena chillidos y ruidos molestos por parte de mis dos hermanos, el falso y el verdadero. Ahora se preguntarán "Pero guapo Lovino, ¿por qué te arriesgas a tal tortura?". Fácil… tenía la mínima esperanza en que presentándole a mi VERDADERO hermano al bastardo, éste se dejaría de tratarme como tal y me vería como un chico más, un igual, alguien a quien debe tratar con respeto y no llenándome de abrazos sólo por tratarme como su "hermanito".Ésa era la principal razón y esperaba que mi plan funcionase.

Feliciano captó el mensaje, o eso me hizo creer. Dijo que entendía mi situación (aludiendo a lo que le había confesado con respecto a las cosas que el estúpido de Antonio me hacía sentir) y que no se dejaría ser acosado por él.

Parece idiota, pero no lo es.

¿A quién engaño? ¡Todos saben que es un idiota!… Pero al menos es un idiota que sabe comportarse cuando se debe. A veces. Raramente. Por lo menos lo intentó hacer esta vez.

Cuando lo hice pasar a mi casa, la primera persona en recibirlo fue la madre de Antonio. Su primera reacción fue comparar nuestros parecidos.

-Bueno, es innegable que son hermanos, aunque juntos parecen las típicas máscaras de teatro, una enojada y la otra feliz. – comentó tratando de hacerse la chistosa. Ja. Ja. Ja… sí, cuánta gracia me causó.

A Feliciano le hace gracia hasta una pulga, así que su reacción risueña no cuenta. Aunque a la madre del bastardo le pareció encantador, tanto así que le ofreció preparar una pizza para la cena. Ambos pusimos la misma cara de babosos en cuanto mención la gloriosa palabra "pizza", lo cual la hizo reír a carcajadas, cosa rarísima en ella.

Llevé a mi hermano a mi habitación, pero en medio del pasillo se nos cruzó Antonio.

Sabía lo que se venía…

Lo estaba esperando desde que conocí a Feliciano…

Lo abrazaría, le diría lo mono que es y me dejaría de lado para siempre…

Pero….

¡¿Por qué demonios se estaba tardando tanto?!

-Ve~ - Feliciano fue el primero en romper el incómodo silencio. El bastardo de Antonio se encontraba boquiabierto como un estúpido observándolo como si se encontrara ante el alíen más extraño de la galaxia.

-Éste es Antonio – Le dije a mi hermano.

-¡Ah! Es un gusto conocerte – saludó el con los ojos casi cerrados y con esa estúpida sonrisa.

Yo me encontraba impaciente por ver la misma estúpida sonrisa por parte de Antonio, pero… nada. El tipo se quedó con la misma cara de bobo mientras contestaba.

-Igualmente -fue lo único que atinó decir.

Sin esperar más, tomé a mi hermano de la mano y lo arrastré hasta mi habitación. No quería que ellos dos tuviesen más contacto que aquél. Al fin y al cabo, mi intención era sacarle celos al idiota mostrándole cómo pasaba más tiempo con mi verdadero hermano que con él. Sin embargo, tal sólo alcancé a mostrarle algunas viejas fotos a Feliciano antes de que alguien tocara la puerta.

-¿Quién es? – pregunté molesto.

-¿Puedo pasar? – Era el bastardo... ¡Sabía que no iba a resistir más tiempo!

Le abrí la puerta, me sonrió, mis mejillas se coloraron y Feliciano se rio. GAH.

-Ve~ Estas rojo como un tomate~ - ¡Demonios! ¿Es que estaba condenado a que me dijeran eso por el resto de mi vida?

-Lovino es tan adorable, siempre que se pone nervioso su carita se pone toda roja – dijo sonriente Antonio.

-¡Yo no me pongo nervioso, maldita sea! Me pongo rojo de rabia por… ¡por ustedes que son tan estúpidos!Exclamé mientras cerraba la puerta de un golpe.

-¡Lovino! Esa no es forma de tratar a Feliciano – me corrigió Antonio.

-Vete al diablo, a ti te trato así siempre.

-A mí me tienes confianza porque soy tu hermano, pero él… - se quedó callado mirando a Feliciano. ¡AJÁ! ¡El muy estúpido cayó en su propia trampa! Por fin se daría cuenta que, a diferencia de él, sí tengo un verdadero hermano con el cual tengo más confianza que con él y con quien pasaré más tiempo y con quien haré más cosas de hermano… ¡Mi plan era perfecto!

-¡Oh! ¡Ya sé! – exclamó de pronto Feliciano – Si tú eres el hermano mayor de mi hermano, eso significa que… ¡También eres mi hermano mayor!

Y así, señores, es como la vida me detesta…

¡¿POR QUÉ?!

-¡Tienes razón! – chilló el bastardo – Ha… y yo que comenzaba a preocuparme de que Lovino no me dejase pasar suficiente tiempo contigo – abrazó a Feliciano - ¡Ahora también te puedo tratar como a mi hermanito! ¿no es genial?

Feliciano me miró con preocupación y la verdad es que no sé qué tan hecha mierda estaría mi rostro que el pobre se asustó y trató de zafarse del abrazo de Antonio.

-Hermano mayor Antonio, Lovino se puede molestar si me abraza de esa forma…

-¿Eh? ¿Por qué? Si sólo se molesta cuando lo abrazo a él.

-Pero es que se puede poner celos… - se interrumpió a sí mismo antes de terminar la palabra.

-¿Celoso? – cuestionó Antonio. Feliciano no se calló a tiempo.

Y en ese momento algo hizo click dentro de mi cabeza. Un temor que no había tenido en todo el día, por confiar demasiado en mi nuevo hermano. Él lo sabía. LO SABÍA. ¡Y con lo lerdo que era podía soltarlo en cualquier momento, maldición! ¡¿Cómo no había pensado en eso antes?! Un miedo inexplicable me inundó en ese momento. Mis manos comenzaron a temblar, mi pulso se aceleró y tuve el impulso de echar al bastardo de mi habitación. No tenía nada que estar haciendo ahí de todos modos.

-¡No sean estúpidos! No tengo por qué estar celoso – me acerqué a Antonio y lo tomé del abrazo arrastrándolo hacia la puerta – ¡Ahora tú te vas! Nadie te invitó.

-Aaaw… Lovi, no seas cruel – dijo mientras luchaba para no salir de la habitación – Entiendo que quieras pasar tiempo con tu hermanito y que te pondrás celoso si vengo a compartir tu tiempo con él… ¡Pero es que es tan parecido a ti! ¡Los dos se ven tan adorables juntos que no quiero perderme esto, por favor!

-Lovino, deja que se quede, ¡la pasaremos mejor si somos más!

Después de una larga discusión, terminaron por convencerme de que dejara a Antonio quedarse. El bastardo tenía prohibido acercarse más de lo debido a Feliciano, aunque lo mismo iba para el idiota de este último. Si bien no hubo contacto físico entre los dos, me molestaba el hecho de que se pasaran la tarde ignorándome y hablando sólo entre ellos, o más bien, era Feliciano hablándole a Antonio. Increíblemente el bastardo español se mantuvo callado y sólo hacía unas cuantas preguntas, pero no dejaba de observar y analizar el comportamiento de mi hermano menor. Llegaba a ser jodidamente espeluznante, como si se tratase de un depredador saboreando antes de tiempo a su presa. Me daba asco verlos.

A la hora de la cena, Feliciano fue el centro de atención. Los padres de Antonio lo consideraron todo un amor, comentaban los cordial y respetuoso que era, lo servicial que era cuando ofrecía su ayuda a la madre de Antonio para servir la pizza. Yo estaba callado, limitándome a observar y sin reprochar nada. No tenía nada que decir en contra, de todos modos, todos tenía razón… Maldición, Feliciano era perfecto, era el Lovino que siempre quisieron ver alguna vez. Y al que más se le notaba la admiración a Feli era, obviamente, al desgraciado de Antonio, que se le caía la baba mientras se maravillaba con esa réplica mejorada de mí.

¿Creen que exagero? No. Como ya lo he dicho, me había preparado sicológicamente para enfrentar esta situación, es por ello que, de algún modo, me quedé callado como una maldita roca durante todo lo que duró la visita de Feliciano. Tenía que felicitarme a mí mismo, ¡lo estaba manejando de maravilla!, lo cual es igual a no ponerme a insultar a todo pobre diablo que me mirase, pero en el fondo lo único que deseaba era que el infeliz se fuese lo más pronto posible. No me importaba si parecía un hermano mayor sobreprotector y celoso con Feliciano, con tal de que sólo interactuase conmigo y con nadie más... y el hecho de que comenzara a tomar la costumbre de llamar a Antonio como a su otro hermano mayor con esa voz tan empalagosa que daba diabetes a cualquiera que lo escuchase no me favorecía en nada.

Después de la cena, Antonio nos invitó a su habitación para jugar con el Nintendo. Era lo mejor, así el maldito dejaba de ignorarme tanto y podíamos distraernos en lo mismo los tres, pero antes de eso me dieron ganas de ir a mear y pasé al baño. Cuando volví a la habitación, antes de abrir la puerta, noté que los dos desgraciados estaban hablando a mis espaldas. Me detuve y comencé a escucharlos a escondidas.

-No digas eso, hermano mayor, Lovino es muy bueno – era la voz de Feliciano.

-Lo sé, pero es que… A veces puede ser muy rudo conmigo y… No sabes cómo me gustaría sentir que él también me quiere. – Sentí cómo mi corazón dio un brinco al escuchar eso.

-¡Él te quiere mucho! Ve~ Me ha hablado muy bien de ti. - ¡Maldita sea! ¡Ese Feliciano traidor! Nunca más le iba contar sobre mis problemas.

-Lo dudo… pero gracias por querer hacerme sentir mejor diciéndome eso… Ojalá Lovino fuese tan adorable y amable como tú~

Auch.

Dolió como mil infiernos escuchar eso en la voz de Antonio. No quise entrar, porque resultaría muy incómodo, pero al mismo tiempo sólo deseaba hacerlo callar… ¡Maldito español!

- De hecho te veo y… te ves tan parecido a él que… eres como el hermano menor que siempre quise que Lovino fuese.

En ese momento no lo soporté más. Todo lo que estuve reprimiendo durante el día estalló y mis ojos se humedecieron. No podía seguir escuchándolo, así que abrí la puerta y quedé justo detrás de él, pero al parecer la puerta no hizo ninguna clase de sonido y el desgraciado de Antonio no se percató de mi presencia, porque continuó con su malditas palabras llenas de amor hacia Feliciano y llenas de rechazo hacia mí.

-¡Ay, Feliciano, eres como un sueño! – mi hermano (verdadero) se alteró al verme llorando por lo que el maldito Antonio le decía y comenzó a hacerle señas para que se calle - ¡Incluso haciendo esos gestos te ves tan adorable! ¡Quisieras que te quedases a vivir aquí, para tener por fin un hermanito a quien abrazar sin que me insulte de vuelta! – diciendo esto último lo abraza, y es ahí cuando Feliciano se asustó de verdad.

-¡Hermano Antonio! Por favor suélteme, Lovino está…

-¡Aaw! Me encanta escucharte llamarme "hermano" ¡Debes ser el mejor hermanito del mundo!

-Él no es tu hermano – dije, con mi voz quebrándose – Ninguno de nosotros lo es.

Antonio se volteó con una expresión de asombro que se mezcló con preocupación al verme llorar. No esperé a que me dijera algo. Me despedí rápidamente de Feliciano y me fui a encerrar en mi habitación. No pasó mucho rato para que ambos llegaran a preguntarme como estaba, pero en ningún momento les respondí. Preferí quedarme en silencio, tal como lo hice durante todo el día. No tenía ninguna intención de humillarme más ante ellos. Escuché que Feliciano se fue, en seguida el bastardo fue a mi habitación de nuevo para saber cómo estaba, pero no le di respuesta. Tenía el corazón roto.

Y fue en ese momento cuando tuve que aceptar lo que me pasaba. Claro, al saber que el bastardo estaba de novio con la francesita sentí celos, pero se me era fácil ponerme a mí mismo la excusa de que sólo se trataba de que me molestara ella en sí y no su relación con Antonio. Lo mismo si comenzaba a tratar de Feliciano de una forma cariñosa, sólo se tratarían de inocentes celos dados por el hecho de que quizás en el fondo de mi ser sí consideraba a Antonio como a mi hermano mayor. Pero eso ya sería una mentira muy grande. Hace muchos años que lo tenía claro… jamás pude verlo como tal. El dolor que me causó al escucharlo hablando de mí con tal rechazo era muy fuerte como para que fuese consecuencia de algo más que no fuera amor.

MALDITA SEA.

Estaba ENAMORADO del bastardo español.

Jodeeeeeeeer…

No quería admitirlo, no quería, no quería, ¡no quería! Si ya era un caos antes, en ese momento era una catástrofe nivel planetario contenida en un joven y desafortunado italiano. ¡Claro! Lovinito no podía tener una vida normal y evidentemente eso conlleva una vida amorosa anormal ¡Qué mierda! Imagínense si el idiota hubiese sido mi hermano mayor de sangre. GAH. Gracias a dios (o a lo que sea que controla el mundo) que los padres de Antonio siempre me hicieron saber que era adoptado, sino no sólo hubiese estado con una crisis homosexual, sino que además con una crisis incestuosa. Que la vida se apiade de mí y que no comience a tener conflictos emocionales de esta clase con Feliciano.

Como consecuencia de mis malditos nuevos reconocidos sentimientos de asqueroso amor hacia el estúpido Antonio, tomé la decisión de alejarme definitivamente de él. Mis sentimientos eran demasiado vergonzosos como para lidiar con ellos. Rayos, tan sólo piensen en eso… ¿Lovino Vargas un jodido marica? ¡Oh, por favor! Hombres afeminados como Francis o Feliciano son gay (y conste que no soy prejuicioso, el pervertido Francis acosa a los hombres y mi hermano ya me contó sobre su pequeña historia de amor con otro niño), pero en cambio, hombres como yo, que adoramos a las mujeres, NO lo somos. Es más, tras asumir que estoy enamorado de Antonio, si tuviese que definir mi sexualidad de algún modo, yo diría que soy heterosexual y, además, Antoniosexual.

Mierda. Eso suena tan… MAL, maldita sea.

Pero es que… no es como si a mí me gustasen los hombres, todo lo contrario, la gran mayoría siempre me dejan una pésima impresión, en todo sentido. Tan sólo me gusta uno y debo admitir que también me han gustado muchas chicas a lo largo de mi vida y yo le gusté a muchas de ellas, si es que no a todas (vamos, si soy italiano, llevo lo atractivo en la sangre) y si la única con la que tuve una relación fue con Emma, es porque después no quise algo serio.

A propósito, después del incidente con Feliciano cuando vino a conocer a mi familia, esa francesita con la que andaba Antonio se veía tan jodidamente aburrida alrededor de él que ya ni ánimos le quedaban para poner sus manos sobre el glorioso trasero español. Fue tan así, que cada vez que venía a mi casa, ponía cualquier excusa para quedar a solas conmigo y comenzar a coquetearme.

- Oh, Lovino, estás creciendo tan rápido – solía decirme – Pronto será un chico tan guapo~

- Ya lo soy.

- No entiendo por qué Antonio se preocupa tanto por ti, ¡eres lo único de lo que habla!

- ¿En… en serio?

- Sí, resulta tan aburrido… Debería dejarte tranquilo ya.

- Ni me lo digas…

- ¡Oh! Mira ahí viene con las compras. Vamos a preparar paella~ ¿nos acompañas? ¡por favor!

- Paso – y la dejo sola. No quería que el idiota me viera con ella.

La verdad es que el bastardo sí había comenzado a dejarme tranquilo. Mi decisión de alejarme de él no consistió en hacer otra Ley del Hielo. Él insistió hartas veces con el tema de lo que pasó cuando vino Feliciano, pero yo simplemente evitaba hablar de eso, así al final se cansó de preguntarme por qué me había puesto a llorar. Me di cuenta que la mejor forma de ignorarlo era siendo indiferente, no haciendo como si él no existiera, sino que siendo frío, no descortés, sólo… frío. Esa era la mejor distancia que podía crear. ¿Qué si me costó? Vaya que sí… Ya saben cómo soy, se me es casi imposible omitir un insulto, más a aquél idiota que sacaba lo peor de mí. Pero de algún modo lo pude resolver y mi plan estaba funcionando.

Los coqueteos que me hacía la francesita continuaron por un par de semanas hasta que al final, viendo que no tenía oportunidades de violarme sin que la demandase, decidió alejarse de ambos (de Antonio y de mí) y terminó su relación con él.

Puaj. Qué zorra hija de puta. Años más tarde me enteraría de que comenzó una relación seria con Matty… no, Mateo… ¡Matthew! Sí, ese, el hermano de Alfredo El Gritón.

Tuve que darle un descanso a mi personaje de "Ice King" cuando Antonio quiso buscar consuelo en mí tras su ruptura con la puta Bonnefoy. Si bien el pobre gilipollas no entendía por qué mierda la tipeja había terminado con él, admitió que no sentía su corazón roto, tan sólo sentía algo de congoja por el hecho de volver a estar soltero. Y es que, según él, tenía tanto amor para dar que sentía que era injusto el no tener a nadie a quien dárselo.

- ¡Ya cállate imbécil! ¡Suenas como el maldito bastardo francés! – exclamé.

- No me compares con él, Lovi. Francis se acuesta con cualquiera, pero yo busco algo serio… ya sabes… alguien con quien proyectarme para el futuro, alguien con quien compartir mi vida, alguien que…

- Qué marica suenas – lo interrumpí.

Irónico que lo llame marica si el que está enamorado de otro hombre soy yo, ¿verdad? ¡Pues al diablo! Eso me debería dar mayor autoridad para llamar marica al que me diese la jodida gana… ¿por qué? Porque Lovino Fucking Vargas lo dice, así que cállate.

Creo que después de eso no volvimos a tener una conversación, por lo menos no durante un laaaargo tiempo.