*LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON DE LA GRANDIOSA RUMIKO TAKAHASHI

**ESTA HISTORIA SE ENCUENTRA EN OTRA PÁGINA BAJO LA AUTORA KARY_0295, ES MI OTRA CUENTA, POR TANTO NO ES PLAGIO, DECIDÍ COMPARTIRLA EN ESTA PÁGINA TAMBIÉN.

Hola hola a todas... Disculpen la demora... estuve un tanto ocupada... Pero aquí estoy.

Gracias por seguir al pendiente de mi historia. Aún no considero apropiado el lemon, pero sí, sí habrá. Solo que más adelante. Espero que tengan algo de paciencia conmigo :$

Ah, por cierto, Feliz Día de Reyes :)

*NOTA: Al subir el capítulo, no me había dado cuenta que faltaba una parte, ya lo arreglé.*

CAPÍTULO 11


SIN PRISA

Luego de aquella breve declaración por parte de Sesshomaru y la aceptación sin dudar de Kagome… Dos seres se encontraban en sus habitaciones repasando con cuidado cada detalle de lo acontecido.

-*Eres un apresurado, que tacto tienes…*-

- Yo no ando con rodeos… Piensalo, quizás ella no hubiera aceptado ser mi pareja si le daba muchas vueltas al asunto-

-*¿Y qué te hace creer que ella estará conforme con eso? En su época los machos les llevan flores, canciones, y no sé qué otras idioteces… ¿Recuerdas? –

- Hmph – Sesshomaru no había podido conciliar el sueño, discutía con su bestia por su falta de sutilidad en la situación comprometedora que acaba de pasar con la miko que le robaba la calma.

Pero le daba la razón, aquella ocasión que visitó la época de ella, pudo percibir en ciertos puntos de su acelerada caminata, como los hombres de ese lugar cortejaban a las damas, entregándoles presentes, haciéndolas reír, conversando, tomarlas de las manos y caminar junto a ellas en paseos lentos, muchas cosas; pero… ¿él podría con eso?

-*Si, si… yo también recuerdo todas esas cosas pero regresando a la miko, ¿crees que sienta algo por ti? ¿O sólo se dejó llevar por la situación*- La bestia ahora tenía dudas, que ser más bipolar. Durante su contacto con Kagome sintió deseo por parte de ella, pero a su vez inseguridad, eso le molestaba -*Ella sigue pensando en él*- Era la única respuesta con sentido.

- Es lo más probable – suspiró y siguió meditando por largo rato.

A dos habitaciones de allí una joven daba vueltas en su cama, su mente y corazón atravesaban una gran crisis.

- No puede ser… Sesshomaru… - suspiraba, se sentía un poco arrepentida por sus acciones ante el youkai, por alguna razón no se pudo contener – Estúpida, eso es lo que soy, pensará que soy una fácil – tenía un gran remordimiento.

Se levantó de la cama, se envolvió en una bata y salió al balcón, necesitaba aire fresco. Decidió ir a dar un paseo. Admiraba la hermosura del palacio de noche, era tan misterioso, cualquier cosa podría ocurrir. A medida que avanzaba por los grandes pasillos, detectaba y reconocía cada aura, incluyendo la que se dirigía en la misma dirección que ella.

- Buenas noches, Hayato – saludó al ser a sus espaldas.

- No deja de impresionarme, Señorita Kagome, me aseguré de hacer imperceptible mi presencia y aún así supo que estaba aquí –

- Aún cuando deseas ocultarte siempre habrán momentos en los que tu aura te delate, ¿que te trae por aquí?-

- Estoy de servicio, ¿recuerda? Mi deber es vigilar el cada rincón del castillo, y a cada uno de sus huéspedes – el joven dragón se acercaba a ella, su amo estaba en su habitación, no habría problema si aprovechaba un poco de la compañía de la miko sin interrupciones - ¿Me permite acompañarla? – le ofreció su brazo, pero Kagome lo rechazó.

- Sé caminar sola, general –

- Lo lamento – bajó su brazo y comenzó a caminar con ella - ¿Usted que hace despierta a estas horas? –

- Muchas cosas que pensar, así no puedo dormir. Necesitaba un poco de aire –

- ¿Aire? – Entonces se le ocurrió algo al joven – Señorita ¿Desea dar un paseo… por los cielo nocturnos? – la joven miko, detuvo su caminar. Registró de arriba abajo al general sin encontrar muestras de malas intenciones en él.

- ¿No tendrás problemas con Sesshomaru? – el dragón tragó fuerte.

- Bueno… - la respuesta era sencilla, sí, tendría problemas y muy graves… Pues cierto demonio ya no estaba en su habitación, y estaba oculto entre las sombras, observando cada movimiento de la escurridiza lagartija.

- ¿Qué pasa, General, te comió la lengua el perro? – ella sabía como alterarlo, intentó tomarla entre sus garras, pero ésta se desvaneció literalmente frente a él.

- Sigues siendo muy lento, dime, ¿Qué demonios te pasa conmigo? – ya se estaba cansando de la situación, sabía que Sesshomaru estaba en el área, pero algo le decía que él no intervendría.

- Kagome, querida, desde que llegaste quedé fascinado con tu belleza, había escuchado de humanas hermosas, como la que trajo al mundo a Inuyasha, la princesa Izayoi – comenzó a rodear a Kagome – Pero tú… te ves exquisita, deliciosa, tú, debes ser mía – se lanzó sobre ella, estrellándose contra una potente barrera.

- Ay, General… Eres demasiado lento y débil…. – el hombre había caído sentado luego del impacto, siendo inmovilizado por las cuerdas del manto de Kagome – Haré que lo recuerdes – Descubrió un poco el hombro izquierdo del General, dejando a la vista su piel un poco más oscura que la de Sesshomaru. Colocó su mano en el lugar y dejó fluir su energía, mientras el dragón se retorcía - ¿Lo ves? Puedo destruirte de una manera muy sencilla si vuelves a acercarte a mí con esa clase de intenciones, Hayato – Lo soltó de su agarre, y el hombre cayó de rodillas.

-*Esa mujer me aterra… cada vez la deseo más*-

- Cálla, después dices que el apresurado soy yo –

-*Grr.*-

Sesshomaru sintió como su sangre hervía al ver que su miko tocaba la piel del dragón, estuvo a punto de transformarse y matarlo por su atrevimiento, pero como gran y poderoso demonio, se contuvo y espero. Vio como Hayato se acomodaba su ropa y daba una reverencia a Kagome, para luego retirarse. Sabía que los dragones eran rencorosos y que quizás eso no quedaría así.

Una vez el dragón se alejó lo suficiente, Kagome habló.

- Espero que hayas disfrutado el espectáculo, Señor Sesshomaru – Sabía que la podía escuchar – Con su permiso – comenzó a caminar de regreso a su habitación, ese encuentro con el dragón le ayudó a liberarse un poco del estrés que la estaba consumiendo.

Sesshomaru hizo lo mismo. Pensaría en un castigo para el general en cuanto regresaran de la época de su amada. Después de todo ya faltaban un par de horas para que amaneciera.

- Buenos días, Kagome – saludaba Yuka – El amo me informó que será él quien le acompañe en su viaje – se acercaba a la miko con un paquete en las manos – Este es el vestuario apropiado para su viaje, según el sastre –

- Buenos días, Yuka. Gracias – Kagome abrió el paquete para encontrarse con unos jeans, una camiseta negra y un chaleco rosa, además de un par de zapatos que parecían hacer de botas – Es perfecto – lo colocó en su cama – Yuka, ¿podrías decirle a Koro que me prepare un poco de chocolate caliente?, le queda delicioso – miraba a la chica.

- Claro, Kagome. Permiso – se retiraba del cuarto de la miko.

La puerta que daba al jardín secreto se abría, dejando entrar a un poderoso demonio con sus acostumbradas ropas y espadas en la cintura.

- Buenos días, Sesshomaru – le sonreía, pero había un olor a duda en el aire.

- ¿Qué te ocurre? – soltó - ¿Por qué siento inseguridad en ti? – se acercaba a ella.

- Ya veo, Sesshomaru… - lo miró directo a los ojos – Lo de anoche, ¿Era en serio? –

La miraba directo a los ojos, era su oportunidad para retractarse, un par de copas de sake serían buena excusa.

- Yo también pienso que no lo hice de la manera correcta – la joven abrió los ojos por la sorpresa.

- Eso quiere decir… -

- Hmph – le acarició el rostro – Es de verdad –

Kagome veía como los ojos del youkai se tornaban a un naranja brillante, su mirada suave, solo para ella, pero…

- Sesshomaru, yo… tengo miedo –

-*¿Miedo? ¿A qué, Miko? ¿A mí?*-

- No, miedo a qué tú también me humilles, soy humana, recuérdalo –

-*Te dije que yo no tengo nada en contra de los humanos*-

- Yo tampoco, pero me han contado que saben bien en la cena… - Una demonio se encontraba en el marco de la puerta - Sesshomaru, hijo ingrato, ni una sola carta a tu madre en todo este tiempo… -

- ¿Eh? ¿Hijo? – Kagome no podía evitar desconectarse de todo sin darse cuenta, al estar con Sesshomaru, el demonio le nublaba los sentidos, pero el no haberse percatado de la llegada de ella al lugar era el colmo.

-*¿Qué se supone que haces aquí?*- seguía hablando la bestia.

La mujer olfateaba el lugar, aquél ser que hablaba era su hijo, o al menos eso podría jurar… pero había algo diferente. Se acercó lentamente a él, hasta que estuvo frente a frente.

- Ya veo, has despertado – se volvió a mirar a Kagome - ¿Es ella? – se dispuso a caminar hacia Kagome, pero antes que diera el segundo paso, notó la fuerte barrera que la rodeaba y como el aire de la habitación comenzaba a ponerse caliente – No eres una humana corriente, posees poderes sagrados… Sesshomaru… humana ¿Y encima miko? – bufaba la mujer – la verdad no me importa, pero eventualmente tendremos que hablar de un par de cosas… -

- Ella no tiene nada que hablar contigo – Rugió Sesshomaru.

- Oh claro que sí – la mujer salió de la habitación con tal elegancia que no había duda que Sesshomaru había heredado su porte y su actitud, de ella.

- Es imponente… - susurraba Kagome.

- Es arrogante y egocéntrica… - seguía Sesshomaru.

- Me suena familiar – miró al youkai y le sonrió. Este se sobresaltó ante la afirmación de la joven – seguiremos nuestra platica en mi época, ahora déjame bañarme e ir a desayunar.

- Hmph – Sesshomaru salió por la puerta principal de la habitación, no había nadie que lo viera y sí lo hacían debían guardarse sus comentarios o morir en sus garras.

Se dirigió a su despacho, entró y se encontró con su querida madre adentro.

- ¿Y ahora qué quieres? –

- Qué rudo… Sólo daba una vuelta por lo que antes eran mis aposentos… - se reclinó en su silla.

- Tú lo has dicho, ANTES… Sal de aquí – ordenó.

- Estaré por aquí unos días, ya le dije al renacuajo que acomodara mi habitación –

- No te he dado permiso para tal cosa –

- No lo necesito. Deja de fastidiar. ¿Tienes un viaje, no? – a esa mujer nada se le escapaba desde que él tenía uso de razón.

- Eso no te incumbe –

- Yo me quedaré vigilando por aquí, pero antes, debo decirte la razón de mi visita – Sesshomaru arqueó una ceja – No te acostumbres, yo no doy explicaciones de lo que hago –

- Hmph –

- He escuchado rumores de que una mujer esta manipulando a un híbrido para hacerle demonio completo, ya sabes, ese tipo de información vuela entre nuestros sirvientes… - se enderezó en la silla – lo describen como un joven de nuestra especie, supongo que será el otro hijo de tu padre… - Sesshomaru abrió los ojos, dejando notar su sorpresa – veo que sabes algo –

- La miko de barro se lo llevó, supongo en contra de su voluntad –

- Has cambiado, solías gritar a los vientos que odiabas todo lo que tuviera que ver con la raza humana, incluido el híbrido –

- No me malinterpretes, solo tengo unas cuentas que arreglar con él, lo más que puede ofrecerle en una muerte digna en mis manos –

- Como digas –

- Hmph – se dio la vuelta y salio cerrando la puerta de un golpe.

- Vaya, que cachorro más problemático… - se giró para admirar el bello paisaje desde el despacho de su hijo.

- ¿Regresaras? –

- Sí, sólo iré por un par de días - los sirvientes de Sesshomaru se habían acostumbrado a tener a la joven con ellos, su alegría les ayudaba a alivianar la pesada atmósfera que creaba su amo.

- ¡Qué bien! Entonces seguiré conociendo los platillos de los humanos, que por cierto no saben tan mal, y no es por que yo los prepare – soltó una carcajada el zorro encargado de la cocina.

- Te traeré un par de libros de cocina, mi amigo, yo no los uso – al zorro se le iluminaron los ojos.

- Estaré más que agradecido, Señorita –

De pronto Sesshomaru se hizo presente en el comedor, los sirvientes se irguieron ante su presencia, mostrando respeto como siempre, sólo que una miko no era de tantas formalidades.

- Oye, Sesshomaru, prueba esto, esta riquísimo – todos los presentes tragaron fuerte, se sentían desvanecer por el atrevimiento de la joven ante su amo.

Sesshomaru se acerco al plato que le ofrecía Kagome y tomó un trozo de huevos con tocino, al zorro se lo comían los nervios en su lugar; para sorpresa de todos, lo comió sin dudar.

- Era de esperarse que aquí trabaje el mejor cocinero – miró al zorro que se sentía desaparecer.

- Gra… Gracias Señor – hacia una breve reverencia.

- Miko, hora de irnos – ordenó.

- De acuerdo. Nos vemos pronto. – se despedía de todos en la cocina. Hizo lo mismo con los guardias de los pasillos, y con el depravado general. – Hayato, atento – pasó a su lado.

- Sí, Señorita Kagome – el dragón se mantenía firme, su mirada al frente, la herida de la noche anterior lo estaba matando, sanaba demasiado lento.

Sesshomaru ya esperaba a Kagome al final de las escaleras, para emprender vuelo.

- Deja de darle órdenes a mis sirvientes – gruñó.

- Oh, lo lamento, Señor Sesshomaru… Pero le recuerdo que ese individuo quería más que mi compañía anoche… Señor… - cada palabra con gran ironía.

- Vamos – La tomó por la cintura y saltó al vacío.

Atravesaron el cielo, se toparon con un par de youkai de bajo nivel, que querían quedarse con la miko que llevaba en sus brazos.

- Montón de basura… - Sesshomaru estaba fastidiado.

- No sé qué buscan… - decía inocentemente.

- Pues a ti, Miko, atraes a todos los machos de diferentes especies… No los culpo… - Hablaba sin mirarla. Kagome podía apreciar el perfil de aquél demonio que la llevaba entre sus garras.

Kagome se sonrojaba ante los comentarios de él, sabía que la quería pero ella aún necesitaba algo de tiempo para poner en orden su mente y corazón, no tomaría el corazón del demonio para olvidar a Inuyasha.

- Yo no tengo prisa, Miko. Pero te juro, que si otro macho llega a tocarte un cabello, lo mato – Sus palabras eran tan firmes y frías, típicas de él.

- No sucederá… - hundió su cabeza en el pecho del demonio. Se sentía cálido.

- Ya hemos llegado – anunció.

- Bien, primero a la aldea ¿no? –

- No es necesario… -

- ¡Señorita Kagome! ¡Amo Sesshomaru! – Rin había divisado a su amo cruzar el cielo sobre la aldea, y no le dio mucho problema llegar al lugar rápido - ¡Se demoraron mucho! – reclamaba la niña.

- Lo lamento Rin, no pasará de nuevo – Kagome le acariciaba los cabellos – Rin, ¿quieres ir a mi casa? - La niña sonrió.

- ¡Claro! ¡Quiero un helado! – desde la vez que lo probó había querido regresar por un cono o dos, de vez en cuando, pero no había intentado atravesar el pozo sin el permiso de Kagome.

- Bien, vamos… pero antes… Sesshomaru, ¿haces los honores? – lo invitó a pasar luego de haber reforzado su campo de protección alrededor del pozo

Sesshomaru se acercó, y curiosamente la barrera se abría para darle paso. Kagome estaba confundida. No podía asimilarlo, entonces enfocó más su vista y le pidió que pasara de nuevo. Esta vez notó un leve tono rosa rodear a Sesshomaru.

- Ya entiendo – golpeo su puño contra su mano – Tu aura está, por así decir, contaminada con la mía, por eso puedes pasar la barrera… - esa era la única explicación, pero aún faltaba algo, el pozo.

- Señorita Kagome, ¿Yo puedo pasar a su mundo cuando quiera? - La chica necesitaba sacarse esa duda de encima, pero entonces notó que su amo estaba literalmente oliendo el cabello de Kagome – Amo… ¿Qué está haciendo? – Sesshomaru ni se inmutó, Rin conocía muchas facetas de él, esta no sería la excepción.

- Yo solo guardo el aroma de mi… -

- Querida e insolente Miko, ahora compañera de viaje – lo interrumpió Kagome, Sesshomaru no entendía el porqué de su acción – Claro que puedes Rin, el pozo te acepta. Anda – Incentivaba a la chica a saltar, quien no dudo y entró, siendo envuelta por la luz rosa.

- ¿Cuál es el problema? – Sesshomaru estaba algo disgustado con su interrupción.

Se dio la vuelta, puso una mano en el pecho del youkai y la otra en su mejilla, suavizando su mirada.

- Despacio, dijiste que no tenías prisa, ¿o me equivoco? – sus mirada se había suavizado y él podía divisar algo de súplica en ellos.

- Sólo debes decirme que… - cerró sus labios con un beso corto, pero tierno.

- Si quiero, Sesshomaru. Ahora vamos –

- Hmph –

Entraron al pozo tras de Rin, envueltos por la luz rosa. Al salir, la madre de Kagome ya los estaba esperando.

- Bienvenidos, chicos – les sonreía la mujer, mientras sostenía a Rin de la mano – Esta niña cada vez está más hermosa – adulaba a la jovencita.

- No sólo eso, ahora es toda una guerrera - decía Sesshomaru con orgullo disimulado.

Kagome y su madre no pudieron evitar sonreír.

Mientras del otro lado del pozo, un híbrido había presenciado toda la escena amorosa de su hermano y su ex prometida, al menos eso era lo que Kikyo gritaba a los cuatro vientos cada vez que lo sorprendía diciendo su nombre entre sueños.

- Kagome… -