La historia pertenece a Abbi Glines, yo solo la adapte al Sasosaku por mi amor a la historia.
La trama y personajes pertenecen a sus respectivos dueños.
Adaptacion de fans para fans.
.
.
.
.
[Existence]
[Adaptación "Existence" por Abbi Glines]
Capitulo 11
.
.
.
.
Existence
,
,
,
,
Las calles están decoradas con luces navideñas en todos los árboles. Los escaparates engalanados con la alegría de las fiestas. Las calles olían a chocolate caliente y las tiendas de dulces que exhibían caramelos de bastones, se llenaban en cada esquina. La nieve se derretía perezosamente y se pegaba a los abrigos a medida que caminabas por las calles.
Naruto llevaba cinco bolsas en sus manos, llenas de compras de Hinata. Una brisa helada retumbaba en mi adormecida nariz. Escondí mi barbilla en la bufanda que había envuelto alrededor de mi cuello repetidas veces. No estaba acostumbrada a este clima. Nuestros inviernos en Florida, nunca tenían este frío. Sasuke me atrajo hacia su lado.
—Vamos a ese café y pidamos algo que nos ayude a entrar en calor.
—Buena idea. Necesito un descanso de estas bolsas y estoy bastante seguro de que Hinata no encontrará nada allí para comprar.
Me reí de Naruto a través de la bufanda que cubría mi boca. Señalé las bolsas, mirándolo.
—Tienes que estar bromeando. Sabes que puede encontrar cualquier cosa en cualquier tienda en donde entremos. Hasta ahora, hemos estado en cinco tiendas y tienes en tus manos cinco bolsas.
—Como sea. —dijo Hinata, con un gesto de su peluda mano enguantada—. ¿Para qué están todas estas pequeñas y lindas tiendas, si no es para comprar cosas?
Sasuke se río entre dientes detrás de mí y nos fuimos todos a una mesa. Suspiré cuando el calor de la cafetería parecía descongelarme la nariz congelada. Era la única parte del cuerpo que no había sido capaz de cubrir.
—¿Qué quieres? —Preguntó Sasuke, quitándose la bufanda y colgándola junto a su gran abrigo negro, en el respaldo de la silla junto a mí.
—Un Latte caramelo con crema batida. —Contesté.
Se dio la vuelta y se unió a Naruto en el mostrador y miré a Hinata.
—Siento mi nariz como si hubiera sido enterrada en la nieve. —Me quejé y la froté con las manos enguantadas.
Ella asintió con la cabeza y se frotó la suya también.
—Sé lo que quieres decir. Ahora que estoy aquí y no centrada en las compras, me siento adormecida.
Empecé a decir algo más, cuando noté un alma junto al cajero, observando a las personas con una expresión confusa. Ahora sabía lo que eran y por qué siempre se veían tan perdidos y confundidos, me hubiera gustado poder hacer algo para ayudarlos.
Pudieron haber vivido más vidas si hubieran seguido adelante. En cambio, el miedo les había retenido y todo lo que podían aspirar era a vagar, perdidos.
—¿A quién estás mirando como si tuvieras ganas de llorar? —
Preguntó Hinata, asomando la barbilla a lo largo de la bufanda alrededor de su cuello. Aparté mi vista del alma y le devolví la mirada
—No, simplemente estoy perdida en mis pensamientos. —
Hinata miró por encima del hombro, pero todo lo que vio fue a Naruto y Sasuke caminando de regreso hacia nosotras, sosteniendo unas humeantes tazas de café. Bueno, al menos las de todos, menos la de Sasuke, el suyo sería un chocolate caliente.
—Aquí vamos. Veamos si podemos hacer que la sangre helada en las venas se ponga de nuevo en marcha —dijo Naruto jovialmente, mientras dejaba el Latte de Hinata frente a ella.
Tomé el mío de Sasuke y le di un pequeño sorbo, necesitando tener un poco de calidez fluyendo a través de mí cuerpo. Hinata tomó la taza y la acercó a su nariz. Me reí y Naruto rodó los ojos.
—Ríete todo lo que quieras, pero se siente bien. —
Estudié mi taza y decidí que no me importaba lo tonto que se viera, quería calentar mi nariz también. El calor de la taza provocaba una sensación maravillosa.
—Ustedes, las chicas de Florida, exageran con un poco frío.
Hinata bajó la taza y miró a Sasuke con incredulidad.
—¿Un poco de frío? ¿Estás loco? ¡Es como si estuviéramos bajo cero! —Gimió y regresó la taza hasta su nariz.
—Um, no. En realidad, allí afuera hay sólo diez grados. Ni siquiera se acerca.
Coloqué mi taza sobre la mesa.
—Um, yo diría que es mucho más frío que un poco de frío. —Hinata me sonrió por defenderla y le dedicó a Sasuke una sonrisa de suficiencia.
El brazo de Sasuke se deslizó alrededor de mí y me permití fingir que mi vida era normal: que amaba a Sasuke y mi corazón no sufría daños irreparables, porque estoy enamorada de alguien que no podía encontrar y temía nunca volver a ver. La risa tintineante de mi mejor amiga y su felicidad al estar rodeada de amigos y de compras parecía tan normal. Podría fingir que esto era todo. Fingir que era feliz y pretender que un alma perdida no vagaba a través de la pared detrás de Naruto, buscando a alguien que pudiera tener la respuesta a su problema.
Nadie podía ayudarle ahora. Mi sonrisa falsa era difícil de mantener, pero lo hice, porque ignorar lo sobrenatural es lo que he estado haciendo toda mi vida.
—Estoy pensando en que no deberíamos salir esta noche. Quiero decir, sé que no es exactamente ideal pasar el rato en una cabaña con tus padres, Sasuke, pero hace mucho frío allí. —Hinata fruncía el entrecejo, mientras miraba por la ventana en su lado de la Hummer, que los padres de Sasuke habían alquilado, para que utilizáramos en nuestra estancia.
—Estamos dentro de un monstruo, bebé, no te preocupes. —Naruto se inclinó y besó el cuello de Hinata, haciéndola reír.
Observé el camino delante de mí, lejos de la feliz pareja a mi espalda.
—Naruto tiene razón, Hinata. Mis padres alquilaron este vehículo para poder desplazarse fácilmente en el clima helado. Además, el Pancake House no es algo que te quieres perder. Hay pilas de panqueques cubiertos en cualquier acabado que puedas imaginar. Estoy babeando sólo de pensarlo. —dijo Sasuke, con una sonrisa.
—¡Uf! Voy a tener varios kilos de más cuando nos vayamos de aquí. Todo lo que hacemos es comer. Si me hacen entrar en unas de esas tiendas de dulce, creo que saldré corriendo en sentido contrario. —Hinata hizo un mohín desde el asiento trasero.
Naruto se echó a reír.
—O querrás probar todas las muestras que tienen.
Hinata le dio un puñetazo en el brazo bromeando.
—Oh, cállate. No me recuerdes mi debilidad y el daño que le he hecho a mis caderas.
—Me gustan tus caderas. —Respondió Naruto en un susurro ronco, que se podía escuchar claramente en la delantera.
—Bueno, ustedes dos, los haré caminar al restaurante si no se enfrían de nuevo. —Advirtió Sasuke, noté su sonrisa en el espejo retrovisor.
Mantuve mi atención en la carretera, mientras la nieve que caía, parecía volverse más pesada. Me toqué el cinturón de seguridad y una pequeña puñalada de dolor me atravesó, mientras recordaba a Sasori de pie en mi habitación del hospital, diciéndome que mi cinturón de seguridad había salvado mi vida. Sin embargo, mi madre había dicho que había sido expulsada por no llevar el cinturón de seguridad y no usarlo había salvado mi vida.
Hubiera sido aplastada si me hubiera quedado en el interior del coche. El recuerdo de un gran peso sobre mi pecho, dificultándome respirar, me golpeó. Estuve dentro del coche cuando por fin había dejado de rodar. Pensé que me iba a asfixiar por la pesadez sobre mí. Entonces, me habían sacado del auto y dejado en la hierba. El dolor había sido tan intenso que no podía abrir los ojos.
¿Cómo había salido del auto? Alguien me había sacado. Alguien me había desabrochado el cinturón de seguridad y me sacó del coche aplastado para dejarme a salvo en la hierba. Nunca había preguntado por el cinturón de seguridad otra vez.
Ahora, mientras conducíamos por la carretera helada de la montaña, poco a poco caí en la cuenta. La persona que me había sacado del accidente, tenía que haber sido la única persona que sabía que yo había estado usando mi cinturón de seguridad. ¿Por qué no le pregunté de nuevo? Olvidé que él sabía sobre mi cinturón de seguridad. Sasuke se había presentado y me permití olvidar el accidente y los acontecimientos que condujeron a ello.
—¿Estás bien? — Sasuke deslizó la mano a través de mi pierna y tomó mi mano entre la suya.
Oculte mi dolor y me giré para darle una sonrisa tranquilizadora.
—Sí. —
Asintió hacia los árboles cubiertos de nieve fuera de mi ventana.
—Es hermoso, ¿No?
Asentí con la cabeza, porque él tenía razón, lo eran, pero también, porque me dio una excusa para seguir con la mirada perdida en la oscuridad.
—¡SASUKE! ¡CUIDADO! —
La voz de Naruto rompió la tranquilidad relajante de la Hummer, como una bala y Sasuke maniobró el vehículo fuera de la carretera y lo deslizó contra la ladera de la montaña antes de estar a punto de estrellarnos con un auto volcado frente a nosotros. Sasuke abrió de golpe la puerta.
—¡Llamen al 911! —
Nos gritó y Naruto saltó del vehículo con él. Llegué a ciegas a mi bolso, sin querer quitar los ojos del humeante carro en caso de que las viera. Las almas que se alejaban de él, si el accidente había matado a los pasajeros. Sabría pronto si habrían muerto... ¿O no?
—Ha habido un accidente muy feo frente a nosotros. —
Oí la voz de Hinata detrás de mí y supe que había encontrado su teléfono y había hecho la llamada. Dejé caer mi bolso y me arrastré hasta el asiento de Sasuke, para salir por su puerta, porque mi lado fue atascado contra la montaña.
Las chispas comenzaron a volar desde el coche y Naruto agarró el brazo de Sasuke para alejarlo.
—No, hombre, detente. —dijo, y Sasuke pareció debatirse en si debía tratar de ayudarles a salir o mantenerse a salvo.
Las chispas y el humo significaban que en cualquier momento el auto se prendería en llamas y posiblemente explotaría.
—¡RETROCEDAN!. —Gritó Hinata, saltando fuera del coche y corriendo hacia nosotros con el teléfono en la mano. —La señora en el teléfono dice que retrocedan. El humo y las chispas son una mala señal y dijo que los paramédicos y camiones de bomberos se encuentran en camino, pero que no necesitan más accidentados, eso no ayudara en esta situación.
—Tiene razón, Sasuke, vamos. Retrocede. — Sasuke miró frenéticamente hacia mí.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, el fuego aumentó y el coche frente nosotros ardió en llamas. Un grito hizo eco en mis oídos y me estremecí al pensar en las personas en su interior que yo no fui capaz de ayudar. Congelados por el horror, todos nos quedamos allí y miramos, sin poder hacer nada para salvarlos.
Los lamentos de Hinata fueron amortiguados por la suave voz de Naruto. Los brazos de Sasuke llegaron a mí alrededor y me apartó del calor de las llamas. Dejé que me alejara, pero no aparté los ojos del coche. Necesitaba ver si murieron.
—No mires, Sakura. —Pidió Sasuke, en voz baja, en mi oído.
Él no entendía por qué tenía que ver y yo no podía decírselo. Entonces lo vi. Salió de la oscuridad y se dirigió directamente al fuego. Me liberé del agarre de Sasuke y corrí hacia el fuego.
Estaba aquí. Sasori estaba aquí.
—Sakura, ¡NO! —Llamó la voz de Sasuke detrás de mí.
—¡DETENLA! —
Gritó Hinata, con voz de pánico, pero yo no podía parar. ¡Sasori estaba aquí! Él estaba allí. El fuego no le haría daño. Ahora lo comprendía. Unos brazos aparecieron alrededor de mí y me hicieron retroceder mientras luchaba en contra de ellos.
—No, déjame, no puedo… ¡Tengo que llegar hasta allí! Tengo que ver —
Le rogué mientras luchaba contra los brazos de Sasuke, sin apartar la vista del coche en llamas. Sasori surgió con dos personas a su lado. Eran una pareja joven. Comencé a gritar mientras Sasuke me abrazaba con fuerza en sus brazos, inflexible.
—Por favor, por favor, déjame ir. Tengo que ir. —
Le supliqué, viendo como Sasori se detenía y me miraba. Sus ojos eran de un ambar intenso, brillante en la oscuridad, mientras me veía luchar y gritarle desde los brazos de Sasuke. Él estaba allí, tan cerca, y la gente a su lado miraba al coche en llamas del que acababan de escapar. Apartó la mirada y con un gesto de su mano, los tres desaparecieron.
Vi con horror cómo volvía la oscuridad. El coche seguía ardiendo y escuché los camiones de bomberos que se acercaban.
—Vamos, Sakura. Vuelve, bebé. —Susurró Sasuke, en mi oído.
—Están muertos. —Le susurré, sabiendo por qué había venido Sasori.
Sasuke me atrajo hacia sí y me sostuvo en un fuerte abrazo. Lo dejé. No tenía ni idea de lo que acababa de ver. Nadie la tenía. Todo lo que veían era el vehículo en llamas. Acababa de ver la hermosa alma, que había robado mi corazón, emerger de la oscuridad y tomar las almas de las personas en el interior del coche en llamas. Él no era un alma normal. Siempre me había dicho que era diferente. Ahora comprendía lo que quería decir.
Él es diferente.
Su existencia era fría y solitaria. Un sollozo sacudió mi cuerpo y me estrujé contra el cuerpo de Sasuke. Lloré con la comprensión de que a Sasori nunca se le daría una oportunidad para enamorarse. Vivía dentro de la tristeza. Tenía que caminar de la mano con la muerte. Escuché la voz de Sasuke tratando de consolarme, pero no podía aceptar sus palabras.
Nada de lo que dijo hizo que me sintiera bien. A Sasori no se le dio una oportunidad para vivir y ser feliz. Mi respiración era entrecortada por los disparos de dolor a través de mi corazón. Todo era demasiado. Tenía un límite y acababa de sobrepasarlo.
—No, señor, que no está herida. No estábamos lo suficientemente cerca cuando el vehículo se accidentó y todos llevábamos los cinturones de seguridad, tuve que maniobrar para salir de la carretera. Ella no puede con todo lo que vimos y... —La voz de Sasuke se fue apagando.
Una voz desconocida habló desde detrás de mí.
—Tiene que ser ingresada y darle algunas medicinas para calmarla. Ese tipo de trauma emocional puede dejar efectos devastadores. —
Apreté mi cuerpo contra Sasuke. No puedo ir al hospital ahora. No quería ver más almas enfermas o perdidas. Negué con la cabeza violentamente contra su pecho.
—Está aterrorizada y no puedo dejarla ir sin mí. No puedo dejarla. —
Oí a Sasuke discutir.
—Se puede montar con ella, pero necesita un poco de atención médica. Esta no es una forma normal de tratar con algo así. La otra chica está manejándolo bien, pero ella parece estar perdida.
—Bien, pero no voy a apartarme de ella. —dijo Sasuke, con firmeza en su voz.
—No quiero ir a un hospital. —dije, presa del pánico.
Me aparté de Sasuke, tratando de escapar, así podría correr hacia una persona segura, alguien que no me obligara a ir. Nadie entendía lo que yo había visto. Lo que había visto esta noche.
—No, no. —
Escuché las protestas de Sasuke y pensé por un momento que me hablaba a mí, pero después sentí el pinchazo de una aguja y el mundo fue nebuloso, antes de volverse negro.
—No, le dieron un tranquilizante para noquearla. Intenté detenerlos, pero sucedió antes de que pudiera evitarlo. —Escuché la voz de Sasuke en la oscuridad.
—He llamado a su madre y se ha preocupado muchísimo. Le dije que no viniera. Nos iremos de aquí en unas pocas horas. —La voz de la madre de Sasuke sonaba preocupada.
—¿Cómo están Hinata y Naruto? —
Preguntó, antes de que los dedos de Sasuke suavemente acariciaran mi brazo. Sabía que era su tacto.
—Ambos están muy bien. Hinata está bien. Está muy preocupada por Sakura. Le aseguré que está descansando. —Hubo unos minutos de silencio. Dejé que la caricia de Sasuke me confortara. Ayudándome a luchar contra el horror que a duras penas podía contener. Sabía que era el dolor que me esperaba, pero no estaba lista para enfrentarlo.
—Cariño, ¿Es siempre tan inestable? Sé que fue una cosa horrible de presenciar, pero no para que enloquezca completamente, bien ¿Crees que tiene algunos problemas mentales de los cuales pueden no ser conscientes? —
Sasuke no dijo nada al principio, y me pregunté si negaba con la cabeza o se encogía de hombros. Le oí suspirar.
—No sé, mamá. Ella estuvo a punto de morir hace poco tiempo, el hecho de haber presenciado esto debió recordare el trauma. Estaba asustada. —dijo en voz baja.
Sasuke siempre parecía completamente ciego a mis problemas. Siempre me había preguntado si notaba la manera en que yo presenciaba y veía cosas que él no podía ver. Luego, mis cambios de humor, que él siempre parecía pasar por alto. Tal vez había visto más de lo que yo me había dado cuenta. Una oleada de pánico me apretó el pecho cuando noté que podía estar perdiendo a Sasuke también.
Esta vez no sería capaz de ignorar mis serios problemas. Yo no era normal. Nunca lo había sido.
—Puede que tengas que pensar sobre tu relación con ella. No es saludable involucrarse con alguien que es emocionalmente vulnerable. La gente que es débil emocionalmente puede ser peligrosa. —La mano de Sasuke dejó de acariciar mi brazo.
—No pedí tu opinión. No digas cosas como esas sobre Sakura nunca más. ¿Me entiendes? No hay nada malo con ella que sea peligroso o nocivo. Sólo siente más que otros. —Pensé en lo mucho que amaba a Sasori y no podía discutir con él.
Sentía más profundamente de lo que era normal.
—Lo siento, cariño. No debería haber dicho nada, pero es la preocupación de una madre, eso es todo. Quiero lo mejor para ti. Asegúrate de que ella lo sea.
Quería abrir los ojos y decir: "Escucha a tu madre. No soy buena para ti, Sasuke" pero no lo hice.
Porque era egoísta y me encontraba asustada.
.
.
.
.
.
No sé cuánto tiempo tardó el viaje de regreso a casa. El tiempo pasaba desapercibido para mí. No hay noche, ni día. Levantarse de la cama era casi imposible a veces. En mis sueños, Sasori se encontraba allí. Sólo quería dormir. Hablar era algo para lo que simplemente no estaba preparada.
Había visto las preguntas y la preocupación en los ojos de Sasuke en el vuelo a casa, pero no había hablado con él. No quise enfrentarme a él ahora que sabía que tenía problemas, aunque realmente no sabía cuáles eran. Piensa que estoy loca y ese no es mi problema.
Mi problema era que amaba a alguien a quien no podía tener. Veía almas que vagaban por la tierra perdidas y había sido atacada por un alma que tenía la intención de matarme. Yo era la única persona que recordaba que Sasori Akasuna había ido a la escuela y si sacaba su nombre a colación otra vez, todo el mundo pensaría que realmente perdí la cabeza.
Así que, sí, he tenido problemas, pero no psiquiátricos. Tenía los sobrenaturales.
Un golpe en la puerta de mi habitación me sorprendió y me volví para ver la puerta cerrada, sabiendo que era mi madre. Mi madre preocupada. ¿Cómo explicarle que estoy lastimada tan profundamente que no estoy segura de poder recuperarme? Faltaba algo en mi vida, algo que jamás conocí.
—Adelante. —Mi voz sonó ronca por falta de uso.
Mi madre abrió la puerta lentamente y asomó la cabeza en el interior, como si evaluara la atmósfera antes de entrar.
—¿No irás a la escuela esta mañana? —
Preguntó con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Olvidé qué día era, pero sabía que no estoy preparada para hacer frente a la escuela. Tampoco preparada para enfrentarme a Sasuke, Hinata o Naruto. Tenía que permanecer en mi habitación y encontrar la fuerza dentro de mí para seguir viviendo. Negué con la cabeza y la pretensión de sonrisa dio paso a un ceño de preocupación, arrugas en su frente.
—Cariño, has perdido una semana de escuela hasta ahora. Te he permitido quedarte aquí, con la esperanza de que pudieras superar el trauma que has experimentado. Pero ahora me preocupa que no vayas a salir de aquí. He estado estudiando tus síntomas en Internet y tienes todos los signos de un trastorno de estrés postraumático. Tienes pesadillas horribles y gritas en tus sueños, gritando por Saori o Sawari … no puedo entender entre los sollozos. No sales de tu habitación y no aceptas llamadas o visitas. Cuando trato de hablarte es como si te ocultaras. No me estás escuchando.
Me quedé allí sentada, escuchándola. Sufría por tener el corazón destrozado, roto sin remedio, pero no iba a decírselo. Me quedé en silencio. Ella parecía tomar mi silencio como un estímulo.
—He hecho algunas llamadas y te conseguí una cita con una psiquiatra. Necesito que vayas a hablar con ella. Es muy buena y trabaja con los adolescentes exclusivamente. Está muy recomendada y no tienes que decirle a nadie que vas a verla. —Las lágrimas brotaron en los ojos de mi madre. Las apartó de golpe y dejó escapar un jadeo entrecortado.
—Yo... la verdad es que debería haberte enviado hace años. Cuando eras pequeña hablabas de personas en las paredes. Pensé que era tu imaginación, pero ahora me pregunto si, de alguna manera, tienes alguna enfermedad y este trauma que has experimentado ha provocado algo. —Olfateó. —Te hablas a ti misma en la noche aquí. Te escucho hablarle a alguien. Cariño, necesitas ayuda. —
Asentí con la cabeza. Sabía que iba a aliviar su miedo. Ella se preocupaba mucho por mí y yo no podía explicar nada sin que pensara que estoy loca.
Sonrió a través de sus lágrimas y asintió con la cabeza.
—Está bien, bueno. Te voy a dar algo de tiempo, pero hay que levantarse y tomar una ducha. Entonces vístete y vamos a ir a ver a la doctora Kurenai. Nos está esperando.
Asentí con la cabeza de nuevo y vi que mi madre salió de la habitación, dejando la puerta abierta como un recordatorio de que necesitaba levantarme. Había aceptado ir a ver a un psiquiatra. Mi madre perdería el dinero, pero yo sabía que tenía que ir, o ella tendría que ver a un psiquiatra, por la tensión que le provoco emocionalmente. Odiaba estar disgustándola, pero me parecía que no había una manera de salir de la desesperación que me consumía.
La enorme casa, de dos pisos, de estuco blanco, daba vista a lo largo del Golfo de México. Mi mamá ralentizó y se quedó mirando la casa, lo suficientemente grande como para contener al menos cinco familias cómodamente. Pero no era una casa para una familia. La alegre casa en la playa, era un lugar para sanar a las adolescentes que sufren de problemas psiquiátricos.
Eché un vistazo a mamá, me esperaba para dar el primer paso. Habíamos empacado mis cosas en silencio, después de que estuve de acuerdo con el psiquiatra, de que sufría un trastorno de estrés postraumático y necesitaba ayuda. Estuve dispuesta a aceptar cualquier cosa para salir de la oficina donde era obvio que ella realmente quería que cambiáramos personalidades o admitiera mi locura. Yo no era una psicópata y este parecía ser el diagnóstico que me dieron.
—¿Quieres hacer un par de llamadas antes de ir a instalarte? Una de las reglas es que no se puede tener el teléfono aquí. —La expresión de mamá me dijo que temía que la noticia de ningún teléfono iba a destrozarme.
Asentí, pensando en Sasuke y Hinata. Tenía que hacerles saber dónde iba a estar por un tiempo. Mamá asintió con la cabeza.
—Está bien. Voy a empezar a llevar tus maletas y a registrarte. —dijo las palabras con un pequeño hipo, como si estuviera a punto de romper a llorar.
Había manejado todo esto tan bien y ha sido tan fuerte, pensando que esto es lo que necesito. Estiré la mano y cogí la suya, apretándola con fuerza.
—Mamá, estoy bien. Creo que me va a ayudar. No te pongas tan sentimental. Todo va a estar bien. —Asintió con lágrimas en los ojos.
Sabía que tenía que mejorar para ella. Tenía que encontrar una manera de vivir con el agujero en mi pecho. Mamá subió las escaleras con las maletas en la mano y cogí el teléfono, marcando primero a Hinata.
—Bueno, todo el jodido tiempo veo tu nombre moviéndose por mi pantalla. ¡Por Dios, Sakura! Me has estado asustando. —Sonreí aliviada al escuchar su voz.
—Lo siento. —Tomé una respiración profunda. —He sido diagnosticada con trastorno de estrés postraumático. Estoy a la espera de ser ingresada en este centro de rehabilitación para personas con problemas similares. No puedo tener mi teléfono, pero me dijeron que podía recibir visitas, por si quieres venir a verme alguna vez.
Hinata se quedó en silencio y comencé a preguntarme si mi teléfono había colgado su llamada.
—Entonces, puedes mejorar... Quiero decir, ¿Te ayudarán? —Preguntó lentamente, sonando como si estuviera aterrorizada.
—Sí, pueden hacerlo. —Le dije para tranquilizarla.
Pero sabía que no me podía sanar. Nunca podría ser normal. Sólo quiero aprender a fingir, para que mis seres queridos no se preocupen por mí.
—¿Le has dicho a Sasuke? —Su voz había perdido la alegría de antes, y odiaba que fuera mi culpa.
—No, te llamé primero. —
Con un suspiro irregular dijo:
—Te quiero. —
Sentí las lágrimas ardiendo en mis ojos por primera vez.
Yo también la quería.
—Llama a Sasuke, debe estar preocupado tambien , te visitaré lo antes posible.
—Está bien. Nos vemos pronto. Adiós. —Presioné el botón para terminar la llamada y luego llamé a Sasuke.
—Eh, tú. —dije, necesitando tranquilizarlo antes de asestarle la misma noticia que acababa de dar a mi amiga.
—Sakura. —Su voz sonaba tan aliviada como la de Hinata. —¿Te sientes mejor ahora? Espero que sí, Sakura, porque te extraño como loco. —Sonreí ante la calidez que su voz siempre me causaba.
—Tengo trastorno de estrés postraumático, Sasuke. Fui a ver a un psiquiatra.
—¿Qué es eso? ¿Te dará alguna receta para medicina? —En su voz sonaba el pánico.
—No exactamente. Tengo problemas para volver a la normalidad por el trauma que sufrimos. Ustedes lo manejaron normalmente. Yo no. Podría ser un desequilibrio químico, pero no están seguros. Estaré en un centro psiquiátrico por un tiempo. Se supone que me curaré aquí. No tendré mi teléfono, pero puedo recibir visitas.
Sasuke parecía estar tomando una respiración profunda.
—¿Entonces podré ir a verte? ¿Por cuánto tiempo estarás allí?
—Sí, puedes venir, y no estoy segura todavía.
—Siento mucho lo que te está sucediendo, Sakura. Lo siento mucho. Yo cause todo esto...— Su voz sonaba llena de dolor y culpa.
—Escúchame, Sasuke. Estoy lidiando con esto, por las cosas que están mal conmigo. Lo que hemos visto sólo lo empeoro. Voy a mejorar. — Necesitaba escuchar esa mentira, tanto como él.
Después de tranquilizarlo varias veces más, colgué el teléfono y dejé mi celular en el asiento del pasajero del coche. Mi bolso quedó en el asiento trasero, así que lo tomé y me dirigí hacia las escaleras, hasta mi nuevo hogar, al menos por ahora.
La sala de color marmol que me habían asignado contenía una pequeña ventana redonda con vistas a la playa. Abracé a mi madre en la planta baja hacía treinta minutos.
Recordándome que hacía esto por ella. Sería de gran ayuda para lidiar con sus miedos de mi locura. Y estar lejos de mi dormitorio, donde hay tantos recuerdos de la existencia de Sasori, eso me ayudaría a encontrar una manera de vivir sin él.
Una señora mayor se quedó afuera en la arena, con una bolsa de lo que parecía pan, lanzándolo en el aire mientras las gaviotas volaban en círculos sobre su cabeza. O bien era una turista y no se daba cuenta de que le caía caca en la cabeza, o era una paciente psiquiátrico, demasiado loca como para preocuparse por el excremento de pájaro.
Me aparté de la oleada creciente de pájaros hambrientos y estudié la pequeña habitación de madera de por lo menos la mitad de una habitación regular. Teniendo en cuenta que este lugar ocupaba veinticinco pacientes a la vez, y diez enfermeras y dos médicos, las habitaciones no podrían ser demasiado grandes, incluso si la casa era de dos plantas.
Una cama individual se asentaba en el centro de la habitación con una pequeña mesa redonda, blanca, la cual sostenía una lámpara cubierta de conchas. Un solitario espejo ovalado colgaba en la pared en un armario con tres cajones. Un armario muy pequeño, sólo lo suficientemente grande como para colgar quince artículos y mantener tres pares de zapatos, estaba en la pared opuesta.
Se me permitió sólo una hora en mi habitación durante el día. Podría usarlo para estar aquí toda la hora, también podía no venir. Era su manera de mantener a los pacientes rodeados de otras personas. Evitar la depresión del aislamiento, era su regla de oro aquí.
Le eché un vistazo al pequeño despertador que había dejado sobre la mesa redonda. Ya había utilizado diez de mis minutos en mi habitación. Tenía que ir a pasear y ser vista, así tendría tiempo para volver más tarde.
Caminé por el pasillo y cerré detrás de mí. La pequeña llave que me habían dado seguía en mi bolsillo y cerré mi puerta con ella. Al parecer, no había motivos para preocuparse de los robos entre pacientes. No se permitía traer cualquier cosa de valor contigo, pero aquellos que sufrían de trastornos de la personalidad tomaban cualquier cosa y yo necesito mi ropa. Sólo había sido asignada una cantidad pequeña y necesitaba lo que tenía.
Una puerta se abrió por el pasillo y una niña con el pelo espeso, de color castaño, y enormes gafas redondas se me quedó mirando, y luego, rápidamente, estampó su puerta para cerrarla. Oí el seguro haciendo clic detrás de ella. Se asustó con facilidad y espanto. Debe de ser alguien que realmente sufre de Trastorno de Estrés Postraumático, ya que está aquí.
Me quedé mirando las otras puertas cerradas, preguntándome si todo el mundo en esta sala tenía el mismo trastorno. Si las noches iban a ser ruidosas, con gritos causados por pesadillas.
Bajé las escaleras hasta el salón principal, o lo que ellos denominan la Gran Sala. Allí era donde las televisiones interpretaban comedias y lo juegos de mesa eran jugados. No había ordenadores o Internet para los pacientes. Una enfermera me sonrió alegremente mientras caminaba con una cesta llena de aperitivos.
—Comeremos nuestra merienda pronto. Pásate por aquí y conseguirás algo para comer y conocer a algunos de los otros pacientes. Tenemos varios de tu edad. —Conocer adolescentes con trastornos psiquiátricos no era muy atractivo para mí.
Pero no dije nada. En su lugar, me dirigí a las puertas dobles de cristal que daban hacia el piso.
—No serás capaz de abrirlas. Se bloquean. Ya sabes, para nosotros, los locos podemos tener el salvaje capricho de comprobar si volamos. Aunque, me imagino que la arena amortiguaría el golpe. —Me di vuelta para ver a una chica joven con el pelo teñido de rubio que le llegaba hasta debajo de la cintura.
Lo tenía peinado en dos coletas en la cima de su cabeza. Llevaba labial rojo brillante, que contrastaba con su piel pálida.
—Gracias. —Ella se encogió de hombros.
—No hay problema. Si deseas salir y disfrutar de la playa puedes pedir que una enfermera te acompañe. Les gusta tener una excusa para salir a la calle. —
Recordé la señora alimentando a las aves. Sola. Realmente no quiero saber quién era, por lo que una vez más asentí y dije:
—Gracias. —Inclinó su rostro delgado de lado a lado y actuó como si estuviera examinando algo más espectacular.
—No estás loca, ¿verdad? —
No esperaba que esta chica extraña hiciera tal observación precisa. Después de todo, los médicos, todos creían que necesitaba ayuda. Me encogí de hombros, sin saber cómo responder.
—Bueno, parecen pensar que lo estoy. —Arqueó sus rubias cejas.
—Pueden equivocarse. Lo han estado antes. —
Me pregunté si se refería a sí misma. Miré a la enfermera, sentada detrás de un escritorio de trabajo en un ordenador portátil. No parecía reaccionar a la acusación de que había gente aquí que no era loca.
—Yuka sabe que es verdad. Pero no lo va a admitir. ¿Ves a la enfermera Yuka? —La rubia sonreía a la enfermera, quien levantó la vista y rodó los ojos con cariño y volvió a escribir.
—Ella lo sabe, pero está demasiado ocupada en Twitter para admitirlo. —
La enfermera se acercó y le dio unas palmaditas a la pila de papeles que había a su lado antes de mirar a la rubia de nuevo.
—Estoy revisando medicamentos y resultados de pruebas.
—Bla, bla, bla. No dejes que te engañe, ella es una adicta de Twitter. Por eso esta todo el jodido tiempo pegada allí. —La enfermera le disparó una mirada de advertencia.
—Cuida tu lenguaje, por favor. Perderás diez minutos de tu tiempo de habitación si no tienes cuidado.
La rubia se encogió de hombros y me miró.
—Como he dicho, no siempre tienen la razón por aquí. Lo puedo ver en tus ojos. Estás muy sana. No tienes los demonios en tus ojos, como la mayoría de la gente de aquí. —
Se puso de pie y se estiró, mostrando un muy pálido y plano estómago. Tenía una gran barra negra a través de su ombligo.
—Soy Ino, por cierto. —Alargó su brazo, extendiéndola hacia mí, cuando fui a sacudirla, ella retiro la mano. —Regla número uno, no estreches la mano de nadie. Este lugar está lleno de locos.
Sonreí.
—Supongo que no eres uno de ellos.
Ella soltó una carcajada.
—Oh no, yo estoy tan jodida como ellos creen. —
Comenzó a pasear y golpeó los papeles en los que la enfermera tenía a su lado mientras pasó por allí.
—No Twitees demasiado, Yuka, es malo para los ojos. Es una estupidez.
—Diez minutos, Ino. —dijo a la enfermera, sin levantar la vista.
Ino miró hacia atrás y me guiñó un ojo.
—No les gusta las malas palabras, así que si tienes una boca de marinero necesitas dominarla.
—Veinte minutos, Ino. —dijo la enfermera de nuevo, todavía centrada en la pantalla.
Ino soltó una carcajada de nuevo y se dirigió hacia el comedor
La enfermera me miró.
—Ino es definitivamente un caso especial. Aprenderás a no hacerle caso. Es hora de la merienda en el comedor, poder si quieres comer algo y conocer a otros pacientes.
Sonreí.
—Gracias, pero no estoy muy hambrienta. ¿Puedo quedarme aquí y ver la televisión? —
La enfermera Yuka asintió con la cabeza y volvió a su trabajo. Me acurruqué en un sillón y me quedé mirando fijamente a la pantalla de televisión, sintiéndome más sola que nunca.
