Aun la distancia los separaba, pero se acortaba cuando Roy lo seguía sin detenerse. Cada paso era respondido con otro, cada palabra con otra, cada escusa con otra… todo esto se iba haciendo aburridor y a la vez cansador. No había otra opción para Roy, que abrir la puerta y dejar que Acero saliera. Pero todo cambió cuando un pequeño tropezón hizo caer de espaldas al pelirubio sobre el escritorio y, a su vez, Roy cayó sobre él, como un efecto Dominó. Ambos quedaron tan cerca, que la oportunidad ya estaba servida en bandeja de plata.

Roy tomó la tensa cabellera de Ed y lo acercó lo suficiente como para poder sentir el sabor y el calor de esos labios, que se hacían tan tentadores a esa distancia. El rubio aun se resistía con todas sus fuerzas, no iba a dejar que todo esto continuara como un simple juego que duraría solo un par de minutos.

-¡¡¡Déjame pervertido!!! ¡¡Te quieres aprovechar de mí!! –dio empujones débiles y alejó la cara del Coronel.

-No es así, solo te quiero demostrar que es lo que siento por ti, solo demostrarte que nunca te vi como un simple chico, solo tu mirada y tu incesante lucha me dio esa sensación que nunca había sentido antes –se acercó más y rápidamente, tomó el control del cuerpo que estaba debajo del suyo.

Sus manos enguantadas mantuvieron quietas e inútiles, los brazos de Ed, que aun se oponía a lo que iba a venir. La respiración de Roy chocaba con las mejillas del rubio, y nuevamente lo besó, pero esta vez con más pasión y más duración. Luego, lentamente, empezó a deslizar su lengua hasta el cuello del rubio, que se opuso con más fuerza pero no la necesaria para pararlo. De a poco, sus fuerzas empezaron a disminuir al mismo tiempo que recordaba lo que había ocurrido antes; esos dolorosos recuerdos le llenaban la mente y lo dejaban aun más inmóvil. Unas lágrimas empezaron a humedecer su cara, Roy al verlas se detuvo y lo vio a los ojos.

-¿Que te sucede? – preguntó Roy con un semblante de preocupación

Ya no había palabras ni resistencia… su mirada se había fijado al techo. Roy desabotonó la camisa negra del paralizado y posó su oreja sobre el torso que se empalidecía con cada segundo que pasaba; pudo escuchar sus latidos y ver que eran normales, pero le preocupaba la razón del porque lloraba.

-No continúes haciéndome esto –dijo con una voz casi imperceptible

-¿Quieres que pare? – preguntó el pelinegro mientras se levantó y vio la tristeza en su faz

-Si - dijo casi sin aliento

-¿Tienes miedo o qué te sucede? – dijo y a la vez sus manos empezaron a acariciar el torso del menor

-¡¡¡No sigas!!! ¡¡No quiero!! –se retorció y lo empujaba cada vez que lo tocaba

-No tienes que gritar, sabias que esto iba en serio, ahora no hay vuelta atrás – acarició su mechones que le cubrían sus rosas mejillas

-¡¡No quiero que me toques!! ¡¡No quiero que esto pase!! ¡¡No quiero que todo… vuelva a ser como antes!! ¡¡No quiero que vuelva a suceder!! ¡¡No quiero!! ¡¡No quiero!! ¡¡¡Suéltame maldito!!! – lo empujaba con más fuerza con cada palabra salía de su boca; su enojo y melancolía lo confundían aun mas.

-Detente –lo agarró de los brazos y lo acercó más a él - ¿Qué fue lo que dijiste? ¿Qué no quieres que esto de nuevo suceda? ¿A qué te refieres? – lo miró con determinación de poder responder sus propias preguntas

-¡¡No, cállate!! –logró deslizarse por debajo de Roy y se apartó lo suficiente

-Entonces… esto ya te sucedió – se enfocó en los ojos de Ed, que se encontraban indecisos y confundidos, y pudo notar que había acertado; esto ya le había sucedido.

-¡¡Cállate!! ¡¡Cállate!! – estaba entrando en algo que no quería recordar, intentó abrir la puerta con la alquimia pero no pudo, estaba tan desesperado que no podía concentrarse

-Déjame que te ayude, solo eso. – se acercó a su lado, lo agarró del brazo y lo sentó en el piso.

Ed quedó sentado, se aferró a sus rodillas con la cabeza baja y se negó a moverse y hablar. Roy se aproximó lo suficiente y acabó abrazándolo, y paulatinamente acarició sus cabellos y lo intentó calmar

-¿En verdad me quieres ayudar? Siempre pensé que no te importaban lo demás, solo te importaba tu puesto casi alcanzable, algún día próximo, como Fuhrer. –dijo amenamente y más relajado, sin levantar la vista

-Puede que sea así, pero en este caso es diferente. Tú me importas, eres diferente a los demás… y eso no es por tu estatura- le respondió y su arrogancia se hizo presente

-Levantó su mirada y dijo-Sabía que ibas a seguir con tus burlas… Pero, hablando en serio, no quiero sentir esa agobiante sensación que se apoderó de mi cuerpo, lo haga otra vez. ¡¡No, no quiero!! – exclamó el pelirubio

-Yo te ayudare a olvidarla, solo confía en mí –esboza una sonrisa, algo dulce de su parte pero extraño en su carácter

-Pero, pero… esto está mal, no podem… - no pudo continuar hablando porque Roy le tapó la boca con uno de sus guantes. El rubio lo saco y lo lanzó hasta el otro extremo del lugar.

Edward le respondió asintiendo con la cabeza y luego lo abrazó, aunque aun se mostraba inseguro. De a poco, sus ropas empezaron a cubrir el negro piso, con el resto de los papeles. Ambos, sin ningún rastro de ropa puesta, empezaron a escuchar ruidos provenientes de afuera de esa oficina, pero no se preocuparon por ello y continuaron. El pelirubio terminó acostado en el piso mientras Roy lamia su cuello y, a su vez, con una de sus manos, estimulaba su miembro, lentamente, pero lo suficiente como para escuchar los pequeños gemidos del menor. Luego de dejar el cuello, prosiguió cuidadosamente hasta encontrarse con el ya despierto miembro de Ed. Empezó a lamer la punta y al ver que sus suspiros aumentaban, lo engulló sintiendo que la excitación de ambos ya era evidente.

El ojidorado por más que no quisiera gemir, no podía contenerse, sentía algo diferente esta vez, algo que antes no había sentido. Su respiración ya se oía agitada y su corazón latía más rápido. De repente, sintió como un dedo lo acechaba en su cavidad, sintiendo dolor y placer a la vez, tapó su boca debido a que sentía que no iba a soportar esa clase de sensaciones. Roy le sacó la mano de la boca y, aprovechando la saliva que se escurría en esos labios, humedeció otro de sus dedos para luego continuar con lo que hacía anteriormente. Al sentir que esa cavidad se había ensanchado lo suficiente, agarró las piernas del menor y lo acomodó para comenzarlo a penetrar. El pelinegro guió con su mano a su miembro hasta la cavidad del menor, donde se introdujo por completo. Edward recordó esa sensación y se estremeció por un rato, pero luego, sintió una nueva sensación que no podía explicar, pero le agradaba; sus recuerdos se borraron de su mente y solo ahora pensaba en lo que estaba haciendo con Roy, algo que nunca habría pensado que se pudiera sentir de esa forma. Después de unos segundos, Mustang comenzó a moverse lentamente para luego hacerlo un poco más rápido. Como respuesta, Ed empezó a gemir y de a poco comenzó a arquear su espalda, al ritmo de cada embestida que se hacían más enérgicas pero más placenteras. Sentía que iba a perder la conciencia en cualquier momento todo esto era demasiado para él, pero antes haría algo: besaría esos labios una vez más, lo rozaría. Lo sujetó de los brazos y lo besó, Roy no se detuvo y siguió. Sus manos se unieron y sus embestidas ya estaban llegando a su fin.

El pelirubio termino corriéndose y termino recostándose en el piso sobre sus ropas. Roy se quedó observándolo y luego él también terminó acostándose a su lado. Ambos exhaustos y recuperando su respiración, se miraron y terminaron riendo entre dientes. Sus sonrojadas mejillas le daban ese toque de ternura a Ed y el desordenado cabello negro de Roy parecía que tenía un perro callejero encima de su cabeza.

-¿Sabes algo Acero? –dijo Roy mientras se acomodaba su cabello.

-¿Q – que? – respondió algo nervioso el rubio

-Había algo que nunca me había puesto a pensar con tanto detenimiento… pero ahora sé que lo puedo decir –se levantó con calma para sentarse.

-¿A qué te refieres? –imitó el movimiento del pelinegro

-Me refiero a esto – se acercó al pelirubio lo suficientemente cerca de su cara – Que siempre hemos estado tan cerca… pero nunca de esta forma. – Acarició algunos mechones rubios para luego acercarse a su oído y susurrar - ¿Me amas?

Edward terminó más sonrojado que antes, su corazón de repente había comenzado a latir a un ritmo más rápido, nunca lo había hecho. Bajo su cabeza para luego preguntar –Desde cuando me quieres, es decir, ¿cuando fue que todo esto empezó?

Roy se quedó mudo, no sabía que responder, pero luego su cara se iluminó –No tienes que responderme con otra pregunta… pero tengo que admitir que cuando eras mas enano eras más lindo.

-¡¡¡Baka!!! Estoy hablando en serio – miles de diminutas venitas rodearon la cabeza del ojidorado… todas estaban a punto de estallar.

-No era para que te enojes – le besó la frente – Desde que te vi, en esa aquella lluviosa noche en la casa de los Rockbell. En pocas palabras, pude sentir algo cuando te vi. Luego te convertiste en un perro de los militares y aquí estamos. – al terminar de hablar se encogió de brazos

-Entonces desde aquella noche ¿no es así? – miró a Roy para ver que este le asentía con la cabeza. – Pero en esa noche yo estaba horrible. – dijo con un tono de berrinche.

-Eso a mí no me importo, las primeras impresiones no son siempre buenas. Cuando te conocí en el ejército, vi como era tu desempeño y tu distintiva forma de ser… siempre fue muy diferente a la de los demás. – la mano pálida del mayor empezó a acariciar la tersa espalda del rubio. –Algo te hacia diferente y eso hacía que algo me atrajera a ti. Se puede decir que no sabía porque una extraña sensación me obligaba a retenerte mas tiempo a mi lado… de ahí sabes el porqué de mis burlas –rió bajo para luego mirar al rubio que parecía feliz pero a la vez estaba temblando.

-¿Desde cuándo hace tanto frío? – dijo Ed mientras temblaba y se abrazaba a sí mismo para encontrar un poco de calor

-Acércate un poco –dijo el pelinegro mientras agarraba su camisa que estaba olvidada en un costado de ellos junto con lo demás.

Edward asintió para luego acercarse lo suficiente a Roy y abrazarlo, mientras que el pelinegro lo cubría con su camisa.

-No respondiste a mi pregunta… ¿Me amas o… me quieres? –preguntó el ojinegro que abrazaba cariñosamente a un pequeño rubio

-¿Es necesario responder? –Preguntó Edward. En realidad… no sabía bien la respuesta. Se suponía que después de lo que había pasado minutos atrás podría obtener una respuesta, pero aun no la encontraba. Su indecisión lo hizo pensar un poco. ` ¿Era algo que en verdad quería? ¿Amaba a Roy o por lo menos lo quería como él lo hacía?´ Grandes dudas lo había rodeado… en tanto tiempo de haber sido su subordinado nunca se había sentido de esa forma ante él. Su gran confusión mental alertó al pelinegro que se había quedado mirando al menor, él suponía que todo no era perfecto como quería… y esta era una muestra.

El ojidorado no sabía que responder; lentamente agarró más la camisa que lo cubría y se levantó para buscar sus ropas. Su semblante triste estaba muy presente en él, si decía "si" no habría vuelta atrás… no estaba seguro si con esa simple silaba serían correspondido sus sentimientos hacia aquel Coronel, ni siquiera tenía claro el concepto de "amor". Roy solo lo miraba, tenía el presentimiento de que si iba con rapidez podría estropear todo; con eso fu suficiente, imitó al rubio en silencio, un triste y profundo silencio.

Fuera de la Oficina. En la puerta, más de 10 soldados estaban escuchando todo lo que ocurría dentro de ese lugar.

-Parece que Roy lo estuvo haciendo con alguien –dijo Haboc mientras agarraba lo poco de su cigarro

-Eso parece, se escuchaban gemidos. – mencionó Fuery con asombro

-¿Con quién será? – dijo Breda

-Eso es difícil, cada mes trae a una nueva –dijo algo desilusionado, Haboc

-Basta de absurdas discusiones, como pueden pensar semejante cosa del Coronel, el nunca sería capaz de tal hecho –intervino un poco enfadada, y con los brazos cruzados, Riza

-Pero usted nunca lo ha visto –dijo otro soldado de cabellos claros

-Se los demostrare –sacó una llave de su bolsillo- Aquí esta, esto abrirá la puerta y dejaran sus dudas –la metió en la cerradura.

Abrió la puerta, y todos quedaron asombrados al ver a Roy junto con Edward…

Limpiando la Oficina. En ese momento estaban al lado de los ventanales, juntando algunos papeles. El pelirubio agarró un par de documentos y salió de inmediato. Roy siguió con su labor y todos los demás soldados no podían creer lo que veían, pero sus dudas eran más elocuentes que antes. Riza se acercó y dejó otra montaña de papeles encima del escritorio y se fue.

-Los papeles causan el desorden –fue su pensamiento y, con uno de sus guantes puestos, chasqueo sus dedos y los hizo cenizas al instante –Listo, ahora si todo esta ordenado.-Se sentó en su asiento y se quedó dormido al rato, pensando en lo que había pasado durante ese día.

En el camino al hotel, Edward pensaba en lo mismo que el coronel, pero con la diferencia de que aun creía que eso estaba mal. Querer al Coronel, algo que nunca habría llegado a sus pensamientos, pero así fue. De algún modo lo había empezado a querer… cuando le confesó su más oscuro secreto. Se sentía mejor sin esa perturbadora carga, pero si quería a Roy como una pareja, el nuevo conflicto seria como explicárselo a los demás, en especial a Al. Aun sus dudas no se aclarecían por completo, pero por lo menos sabia que Roy si lo quería, ahora faltaba su decisión.

Llegó al hotel, entró y subió las escaleras con más ánimo que nunca. Abrió la puerta de la habitación en silencio pero se dio cuenta que todo estaba muy calmo, se dirigió deprisa al cuarto de su ototo, pero se llevo una gran sorpresa. Al, su hermano, estaba durmiendo con Winry en la misma cama, tan unidos; Y ella estaba recostada en los brazos del pelicastaño. Edward un poco confundido cerró la puerta y se fue a su ex-cama, para descansar por lo menos su incesante mente. Cerró los ojos, se tiró a la cama y empezó a pensar en lo que había pasado. Cuando intentaba tomar una siesta, escuchó un grito. Corrió hasta su lugar de origen y abrió la puerta tan fuerte que casi la sacó, pero nunca se habría imaginado ver lo que vio. Nunca, ni en sueños… o pesadillas.