Hola hoy les traigo un nuevo capi de esta adaptación que espero les guste y comenten perdonen la demora porque tendría que haberlo subido ayer. Como siempre esto es una adaptación y los personajes que se ven involucrados en la historia son de Stephenie Meyer.
Capítulo 11
TE quiero. Alice oprimió los labios sobre la piel húmeda y caliente del hombro de Jasper, conteniendo las palabras que resonaban en su mente y cantaban en su corazón. Palabras, se recordó que él no desearía escuchar de labios de ella... jamás.
Ese pensamiento acabó con la celestial euforia que había seguido a los momentos de éxtasis. Hasta ese instante, había estado descansando en sus brazos, con la cabeza sobre su pecho, disfrutando del contacto de sus dedos, que acariciaban indolentes la curva de su cadera. Ahora se movió inquieta al recobrar la conciencia, que puso sobre aviso a sus otras emociones, recordándole con implacable claridad lo mucho que se había apartado de las pautas de moralidad y sentido común que ella misma se había fijado. Se sentó bruscamente y buscó su bikini con manos temblorosas.
-¿Qué sucede? -Jasper se irguió, apoyado sobre un codo, y la observó con el ceño fruncido.
-Nada -declaró la chica, pero se corrigió a toda prisa-. Se está haciendo tarde, eso es todo.
-¿De verdad eso es todo, matice mou? -le sujetó la barbilla con una mano y la obligó a mirarlo a la cara
-Creo ver en tus ojos algo que me dice que te arrepientes de lo sucedido.
-Pues bien, no te preocupes -la voz le tembló cuando se apartó de él-. No creo ser la primera que se deja llevar por tu fabulosa técnica y recupera el sentido común cuando ya es demasiado tarde.
-¿Crees que yo lo planeé todo? -la miró fijamente-. Permíteme recordarte que fuiste tú quien me pidió que te trajera.
-No lo he olvidado -repuso ella con amargura-. «Los dioses enloquecen primero a aquellos a quienes desean destruir». He debido recordar eso.
-¿Enloquecer? -Jasper movió la cabeza-. Creo que fue la mano del destino lo que nos trajo aquí hoy.
-No creo en el destino -pensó que había dicho eso antes, hacía ya mucho tiempo. Ahora el destino había castigado su falta de fe con la más cruel de las venganzas. Alzó la barbilla y añadió-: Me dijiste que podrías poseerme cuando quisieras. Debe de ser maravilloso saber que eres infalible.
-No digas tonterías -le pidió él con repentina brusquedad-. Debes creerme, Alice, no pretendía que sucediera esto.
-Oh, sí, te creo -tratando de recuperar el control; habló con tono desdeñoso-. Dos demandas de paternidad en una familia sería demasiado, incluso para ti.
-¿Eso es lo único que te preocupa? -preguntó Jasper en voz baja,-. ¿Las consecuencias legales... y financieras?
-¿Qué otra cosa? -de pronto se sintió cansada y a punto de llorar-. En primer lugar, por eso vinimos aquí, para discutir de eso -se mordió el labio-. Hasta que tú, por supuesto, me desviaste de mi propósito con tanta habilidad.
Jasper recogió su ropa y empezó a vestirse.
-Entonces tal vez será mejor que nuestros abogados se encarguen de las futuras discusiones -declaró con tono severo-. Así no habrá ningún peligro de que intervenga algún... factor personal.
«Nuestros abogados», se dijo Alice, aturdida. Pensó en el anciano señor Cranshaw, que se había hecho cargo de todo después de la trágica muerte de sus padres. ¿Sería capaz de entablar la batalla legal que con toda seguridad entablarían los asesores jurídicos de la familia Whitlock? No lo creía.
Porque, aún no sabía, por supuesto; lo que había sucedido en la villa Apollo durante su ausencia. Todos daban por sentado que si Edward recuperaba la memoria, seguiría amando a Bella y reconocería a su bebé. Pero nada era seguro en ese horrible mundo cambiante. Quizás, después de todo; él final prevalecería la influencia de Jasper sobre su hermano. Edward podría decidir que no podía permitirse el lujo de ignorar los planes que tenía Jasper para su futuro.
«Vine aquí a ayudar y lo único que he conseguido es, empeorar mil veces las cosas... no sólo para Bella, sino también para mí», pensó. Era terrible pensar en la posibilidad de un futuro como madre soltera. Pero, ella se lo había buscado.
El solo contacto de la boca de Jasper sobre la suya, el roce de sus dedos sobre su piel, había bastado para que se olvidara de su determinación, despertando en ella una necesidad que iba más allá de la lógica y del sentido común. Y a pesar de cuáles fueran las consecuencias, tendría que vivir con ellas. De cualquier forma, su vida estaba destrozada, reconoció con desesperada claridad. De alguna manera, tendría que empezar de nuevo e ignorar a esa despreciable criatura que se encontraba a merced de sus apetitos físicos, para volver a ser la persona fría y sensata que siempre había sido.
«Si es que puedo, si esa joven todavía existe. ¿O es que ahora me he convertido, ni más ni menos y para bien o para mal, en la mujer de Whitlock?», se preguntó apesadumbrada.
Hicieron el viaje de vuelta en silencio. Alice iba sentada en la proa, mirando hacia adelante. El mar había adquirido una tonalidad más oscura y el aire parecía inmóvil y casi amenazador. ¿O era sólo su imaginación y su propia tensión interior?
Había supuesto que Jasper la llevaría de vuelta a la casa de la playa, pero en vez de eso hizo virar el Cálliope hacia el embarcadero de la villa Apollo. Cuando se volvió hacia él y lo miró con expresión interrogante, vio que dejaba a un lado unos binoculares y fruncía el ceño.
Sintió que un temblor de aprensión recorría todo su, cuerpo. Mirando hacia adelante, distinguió difícilmente una figura en el embarcadero, que movía los brazos tratando de llamar su atención.. «Es Yannis», pensó y tragó saliva. Además, no recibiría un premio por adivinar el motivo de esas frenéticas señales. Irguió los hombros y se preparó mentalmente. Jasper ya estaba furioso, pero cuando se enterara de que ella lo había engañado... Sentía los acelerados latidos de su corazón y en silencio rezó para que de alguna manera todo saliera bien.
Cuando llegaron al embarcadero; Jasper le arrojó una cuerda a Yannis y el hombre empezó a hablar en griego, muy excitado. Jasper lo escuchó tenso, con la boca apretada. Cuando Yannis se detuvo para recobrar el aliento, Jasper asintió y se volvió hacia Alice con los párpados entornados y una expresión de silenciosa acusación. Impotente, la chica le sostuvo la mirada, tratando de que no se diera cuenta de que estaba temblando. Jasper bajó de la lancha de un salto y Yannis y él echaron a correr por el estrecho sendero que llevaba a la villa.
Alice no tuvo más remedio que seguirlos. Las hojas y las ramas espinosas de los arbustos le impedían avanzar y se le enganchó el vestido en una espina. Tiró de él y siguió corriendo. A lo lejos, escuchó el retumbar de los truenos.
Se avecina una tormenta», pensó histérica. Necesitaba llegar a la villa antes de que estallara. De repente el sendero dio paso a una escalera de roca y los subió de dos en dos, casi sin aliento. Delante de ella vio un destello de color azul turquesa y comprendió que era la piscina. Cruzó entre los últimos arbustos, con la garganta seca, sintiendo los apresurados latidos de su corazón.
La escena tenía lugar en la terraza. Edward estaba sentado en un sillón, con la pierna fracturada encima de un taburete. Bella estaba de pie a su lado, con una mano entre las de él. Su serenidad, su felicidad, su sentido de pertenencia mutua eran casi tangibles.
Alice se detuvo con un nudo en la garganta y a punto de llorar. Pensó en la imagen tan hermosa que ofrecían allí, juntos. Estaba segura de que Jasper podría ver eso y los perdonaría. Pero su expresión no era nada compasiva, según advirtió con una punzada de dolor. Estaba furioso, con las mejillas enrojecidas y la boca apretada.
Alice pensó que él era un hombre poderoso y su cólera podía ser destructiva, mientras que Edward y Bella eran jóvenes y vulnerables. Ella deseó interponerse entre ellos, como si fuera un escudo.
-Así que mi pequeño hermano ha recuperado la memoria -murmuró Jasper en inglés-. Gracias a Dios.
-Sí -respondió Edward en el mismo idioma-. Y además de agradecérselo a la providencia, también debes darle las gracias a Bella, que muy pronto va a ser mi esposa - sus palabras eran serenas y medidas. Alzó la mano de Bella y la oprimió contra su mejilla, con un gesto de genuina posesión y de ternura; luego añadió mirando muy tranquilo a Jasper-. Espero, Jasper, que nuestro matrimonio cuente con tu bendición. Debo advertirte que de cualquier forma se llevará a cabo, sin importar lo que tú decidas.
-Entonces no has recuperado el sentido común, junto con la memoria. Es una lástima -el tono de Jasper era sereno.
-Jasper -intervino Rosalie, que había permanecido en la sombra cerca de las puertas en compañía del doctor Cullen y de la ansiosa Eleni-. Bella nos ha devuelto a Edward... como si fuera un milagro. Debes aceptar su amor, aprobarlo... y darle la bienvenida a Bella en nuestra familia.
-Guarda silencio -repuso Jasper sin volverse siquiera para mirarla-. Ve a tu habitación, Rosalie. Jamás te perdonaré por haber tomado parte en esto, y a ti tampoco, Emmet -agregó cuando Rosalie, sumisa
En contra de su costumbre, se llevó una mano a la boca y entró en la casa.
-Fue un riesgo que me vi obligado a correr por el bien de Edward -le informó Emmet en voz baja-. Siempre pensaré que ha merecido la pena. Pero ahora tu hermano debe descansar.
-Por supuesto -replicó Jasper con expresión tensa y miró a Bella-. Yannis te llevará de vuelta a la casa de la playa, thespinis. A ti... y también a tu hermana.
-No -Edward movió la cabeza y replicó con tono decidido-. Bella se quedará aquí. Mi error fue permitir que se apartara de mi lado y perderla de vista.
-Y mi error fue perderte de vista a ti.
El tono con que Jasper pronunció esas palabras era áspero, pero se acercó al sillón y se inclinó para abrazar a su hermano. Durante un largo momento permanecieron abrazados, en silencio.
Alice ahogó un sollozo. Sobre el mar un relámpago iluminó el horizonte, seguido casi de inmediato de un trueno. Vio que Edward se ponía de pie con ayuda de las muletas, mientras Bella lo miraba preocupada, y luego entraban en la villa. Alice se quedó sola con Jasper y la inminente tormenta.
-Vaya una conspiración -su tono era engañosamente lacónico-. Me pregunto una cosa... ¿hay alguien que no haya estado metido en esto, aparte de Yannis y Eleni?
Alice se pasó la lengua por los labios resecos.
-Yo no quería engañarte, pero por lo visto no había otra forma de darles una oportunidad a Bella y a Edward.
-Y yo cal en la trampa que me tendieron tus encantadoras manos -murmuró él y sonrió desdeñoso-. Te felicito, fuiste muy... convincente en tus esfuerzos para atraer mi atención... incluso hasta el punto de hacer el máximo sacrificio -movió la cabeza con un gesto de cínico asombro-. ¿Se puede pedir algo más a la devoción de una hermana?
Su voz la hirió como un latigazo y la joven retrocedió.
-No fue así y tú lo sabes.
-¿No? -alzó las cejas-. Entonces dime como fue, querida, con esos ojos de santa y ese cuerpo de pecadora.
«Te quiero. Quise compensarte por todo tu dolor, por tu soledad. Y ahora debo soportar las consecuencias, porque no puedo decirte eso», pensó Alice, apesadumbrada.
-¿Y bien? -insistió él con falsa amabilidad-. Estoy esperando.
-Hablas como si yo de alguna manera hubiera planeado... -se interrumpió bruscamente y se ruborizó al ver que Jasper se estaba riendo de ella.
-No, agape mou. Olvidas algo. Eso fue de lo que tú me acusaste. La pérdida de tu inocencia fue un golpe maestro. El seductor, obligado a escuchar los amargos reproches de su víctima -su tono era cada vez más burlón-. Una consumada actriz para añadir a mi colección; jamás lo habría creído.
Otro relámpago iluminó el cielo y el trueno retumbó más cerca.
-Me preguntaba qué era lo que me ocultabas, matia mou -prosiguió él, implacable-. Y ahora lo sé... la corrupción detrás de esa máscara de virtud. La mentira detrás de la apariencia del candor. No me sorprende que no quisieras que te mirara a los ojos.
Alice se sentía abrumada por la proximidad de la tormenta. El aire era denso y le resultaba difícil respirar.
Se dio cuenta de que Yannis había vuelto y esperaba las órdenes de Jasper, con las manos en las caderas. Unas órdenes que la llevarían a la casa de la playa y que la alejarían de él para siempre. Allí era donde todo había empezado, pensó angustiada, y allí era donde todo terminaría con aspereza, amargura y malos entendidos. La rueda había girado, completando el círculo.
-Puedes creer lo que quieras -murmuró con voz ronca-. Yo creí que hacía lo mejor y te suplico que no castigues a Bella por mis errores. Sólo recuerda... ella llegó al lado de Edward cruzando un abismo... y lo trajo de vuelta a la seguridad -se volvió y se alejó, caminando casi a ciegas, cuando empezaron a caer las primeras gotas de lluvia.
Alice dobló una blusa blanca de algodón, la dejó encima de la maleta y luego recorrió la habitación con la mirada, revisando los cajones vacíos. No guardaba el menor rastro de su breve estancia allí. En la casa reinaba el silencio. Soula había ido a visitar a su hermana a una aldea cercana y Yannis había llevado a Bella y a Edward a cenar a una romántica taberna.
-Ven con nosotros -le había suplicado Bella-. Querida, no puedes pasar sola tu última velada aquí.
-Sí que puedo -había explicado Alice, sonriente-. Querida, tengo muchas cosas que hacer. Recuerda que debo tomar el primer transbordador.
A pesar de las protestas de Bella, Alice había insistido en volver a Inglaterra antes de la boda.
-No puedo seguir poniendo a prueba la paciencia de la señora Strathmore -había respondido-. Y necesito mi trabajo. Además, ahora que Edward puede caminar con las muletas, irás al continente a conocer al resto de la familia.
-Sí -Bella había sonreído con gesto burlón-. Creo que las tías que viven en el Peloponeso son imponentes.
-Muy pronto las tendrás comiendo en tu mano le había asegurado Alice-. Y antes de que te des cuenta, estarás casada.
A despecho de sus valerosas palabras, lo último que deseaba era estar sola esa noche, y sin embargo, acompañar a Edward y a Bella y presenciar su felicidad era más de lo que podía soportar.
La noche de la tormenta, Alice había vuelto a la casa de la playa y había recorrido todas las habitaciones, pues no podía conciliar el sueño, ni siquiera relajarse. Se había sentido nerviosa, en contraste con su tranquila serenidad a la mañana siguiente, y en vano había esperado noticias o mensajes de Jasper.
Las cosas que él le había dicho, su mirada de desprecio, parecían quemarle la conciencia y se había sentido casi aliviada cuando se enteró por Rosalie de que se había marchado a Atenas.
-Espero que su Victoria lo ponga de mejor humor había comentado Rosalie con amargura-. Casi no me dirige la palabra. Por supuesto, está contento por Edward, pero no soporta pensar que estaba equivocado.
-No creo que eso suceda con mucha frecuencia había replicado Alice con tono mordaz, mordiéndose el labio hasta hacerlo sangrar cuando la imagen de Jasper, desnudo con una belleza griega entre sus brazos, cruzó por su mente.
-Bien -había exclamado Rosalie encogiéndose de hombros-. Ya cambiará.
Alice decidió que no contendría el aliento en espera de que eso sucediera. Jasper jamás la perdonaría por haberlo engañado, pero bajo aquellas circunstancias, ella había creído que el riesgo merecía la pena. Sin embargo, lo que le resultaría imposible perdonar era la creencia de que ella lo había engañado sexualmente, de que había utilizado su cuerpo como señuelo para que le hablara de su relación con Kate.
«El me abrió las puerta de su pesadilla íntima, y ahora me odiará por eso», pensó desolada.
En una ocasión, en aquellos primeros días en que todavía albergaba alguna esperanza, había divisado el Calliope en la bahía y por un momento había pensado que se dirigía hacia la casa de la playa. No fue así; la embarcación rodeó el promontorio hasta que Alice la perdió de vista.
Se preguntó si alguna vez lograría encontrar la fortaleza emocional necesaria para volver a Grecia y asistir a la boda, una vez que ya había decidido marcharse de Karthos. Quizás para entonces habría ordenado de nuevo su vida y ya no le dolerían tanto los recuerdos. Aunque eso dependería en gran parte de si estaba esperando un hijo de Jasper o no, pensó desolada.
Se miró en el espejo y examinó con expresión crítica sus ojeras y sus pálidas mejillas. «No hay la menor duda, Alice Brandon, estás hecha un desastre», se dijo.
Se sobresaltó al oír que alguien llamaba a la puerta. Luego oyó el ruido de unos tacones sobre el suelo de mosaico y de pronto la puerta de su habitación se abrió para dar paso a Rosalie, que entró despeinada y sin aliento.
-Alice -exclamó histérica-. Debes ayudarme, salvarme de Jasper -y se echó a llorar.
-¿De qué estás hablando? -Alice miró más allá de ella, esperando ver a un vengativo Jasper persiguiéndola.
-Jasper ha vuelto de Atenas hace una hora... tal vez más -le informó Rosalie entre sollozos-. Estaba muy callado... extraño. Me ha mandado llamar... y me ha dicho que me quedaré con mis tías hasta que él organice mi matrimonio -en su hermoso rostro había una expresión de angustia-. He discutido con él, pero no ha querido escucharme. Me moriré en el Peloponeso. De hecho, prefiero morir antes que casarme con un desconocido que él haya elegido para mí.
-No puedes hablar en serio -repuso Alice.
-Sí. No podría vivir sin Emmet. Y Jasper pretende echarlo de aquí... arruinarlo porque desobedeció sus órdenes respecto a Edward.
-Estoy segura de que no lo ha dicho en serio -la tranquilizó Alice y de alguna manera logró llevar a la histérica joven a la cocina para que bebiera una taza de café.
-Tú no lo conoces bien -replicó Rosalie-. Jasper es duro como una roca... como el hielo -la miró suplicante-.
¿Vas a ayudamos, verdad?
-Creo que soy la última persona a quien escucharía tu hermano -declaró Alice con un suspiro.
-No me refiero a que hables con él -exclamó Rosalie, impaciente-. Quiero irme de Karthos... irme contigo a Inglaterra. Después, Emmet podrá ir a buscarme y nos casaremos. Jamás volveré a ver a mi hermano.
-No creo que lo hayas pensado bien -murmuró Alice-. Además, yo me iré por la mañana...
-Lo sé -Rosalie señaló su bolso-. Tengo mi pasaporte y también dinero. Eso no será ningún problema.
-También está el pequeño problema de la reserva del billete de avión -le recordó Alice con tono seco.
-Soy una Whitlock -declaró Rosalie con gesto altanero-. No tendré problemas para conseguir un billete.
«Y yo seré la que me quede en la pista del aeropuerto», pensó Alice, irónica.
-¿Cuáles son tus planes cuando llegues a Inglaterra? -le preguntó.
-Me alojaré en tu casa -replicó Rosalie al momento-. Podrás ocultarme cuando Jasper vaya a buscarme... como sé que lo hará.
Alice pensó que aquello parecía el escenario de una pesadilla.
-Sabes que él se preocupará mucho y que también se enfurecerá -le advirtió Alice-. No puedes tratarlo así. Vuelve y habla con él, Rosalie. Dile que eres muy desgraciada, explícale por qué. Tal vez te comprenda mejor de lo que tú crees. Pero un enfrentamiento no te ayudará y tampoco una huida.
-¿Quieres decir que no vas a ayudarme? -Rosalie se puso de pie de un salto.
-No serviría de nada que hiciera lo que me pides. Yo sólo conseguiría empeorar las cosas y ya he causado bastante daño -Alice trató de hablar con serenidad-. De verdad, creo que deberías volver a la villa Apollo.
-Jamás -estalló Rosalie-. Él me encerraría en mi habitación hasta que nos fuéramos al continente.
Por un momento, Alice llegó a pensar que Jasper tendría razón si hacía eso.
-¿Él sabe dónde estás ahora?
-Por supuesto que no -aseguró Rosalie, desdeñosa-. No lo sabrá hasta mañana, cuando me haya ido.
-Entonces vuelve a tu casa... y consúltalo con la almohada -le aconsejó Alice-. Mañana los dos estaréis más calmados y os sentiréis más dispuestos a ser razonables.
-No -replicó airada la joven griega-. Si tú no me ayudas, haré las cosas a mi manera y por mí puedes irte al diablo -le lanzó a Alice una última mirada furiosa y salió de la habitación.
-¿A dónde vas? -preguntó Alice, corriendo detrás de ella.
-Lejos de aquí... ahora mismo -respondió la joven por encima del hombro-. A donde nadie pueda encontrarme.
-Por favor, antes habla con Jasper -le suplicó Alice-. De lo contrario, lo haré yo.
-No lo creo -el tono de Rosalie era triunfante-. Aquí no hay teléfono y tú no tienes coche. La distancia es
muy grande para que vayas a pie y para cuando llegues, yo me habré ido... para siempre.
-Maldición -estalló Alice con expresión frustrada cuando el coche de Rosalie desapareció de su vista.
Sabía que debió haberla detenido de alguna manera. Rosalie era muy capaz de conducir hasta el puerto y tomar el último transbordador a Zakynthos, desde donde había vuelos regulares a toda Europa- Le resultaría muy fácil desaparecer. De pronto sintió frío. Rosalie quizás fuera una joven decidida y voluntariosa, pero había recibido una educación demasiado protectora y eso la hacía muy vulnerable.
«No puedo permitir que desaparezca, pero tampoco puedo seguirla... al menos, no a pie», pensó frenética y sin embargo, debía hacer algo. Jasper ya tenía una pésima opinión de ella y nada podría cambiar eso, pero no podía permitir que Rosalie siguiera un camino que la llevara a la autodestrucción.
Alice ya había deducido que las reglas que se aplicaban en Grecia a las mujeres eran muy diferentes que las que se aplicaban a los hombres. Y la huida de la hermana de Whitlock haría que todo el mundo empezara a murmurar. Si Rosalie quebrantaba esas reglas, por muy irrazonable que eso le pareciera a un extranjero, el orgullo y el prestigio de la familia Whitlock resultarían perjudicados, tal vez de forma irreparable. Rosalie y Emmet se convertirán en exiliados y jamás podrían volver a la isla.
«No puedo permitir que eso suceda», pensó. Desde la terraza, podía ver las luces de la villa Apollo al otro lado del mar. Se veían muy cerca, pero ella sabía que eso era una ilusión. Sin embargo, por mar la distancia era mucho más corta que por tierra. El mismo Jasper se lo había dicho, cuando las cosas iban bien entre ellos.
Se quedó inmóvil por un momento, pensando. Había nadado con regularidad en la bahía y sabía que allí no había corrientes peligrosas. Si nadaba despacio, podría conseguirlo. No se lo pensaría más. Corrió a sacar de la maleta su traje de baño azul de una pieza y se lo puso. Era el que usaba para nadar en las piscinas de Inglaterra.
Ignorando sus nervios, dejó su bata y sus sandalias al pie de los escalones y, después de aspirar profundamente, corrió hacia la orilla del mar.
Rosalie tiene carácter igual que su hermano. Pobre Alice siempre la meten en problemas! Como ya ven Edward ya recupero la memoria y se reencontró con su amada. El próximo cap es el último de la adaptación, así que me gustaría ver sus comentarios y prometo actualizar el sábado. Me gustó mucho compartir esta historia de mis favoritas con ustedes. A propósito muchas gracias a las que comentan y siguen la historia un beso.
LuzWhitlock
