Capítulo 11: "El pacto"
De pronto aquella sensación de mareos y de dolor la hizo recobrar el sentido. Miró a su alrededor con dificultad y con la vista nublada. Todo daba vueltas, todo se sentía raro. Era como si de pronto no estuviera en su propio cuerpo. ¿Dónde estaba?. Intentó incorporar la cabeza, pero volvió a caer sintiendo que todas sus fuerzas se iban poco a poco.
Las imágenes se agolparon en su cabeza causándole una terrible jaqueca. Ladeó el rostro sobre la misma tierra en la cual estaba acostada, manchando aún más su rostro cubierto de pequeños raspones y rastros de sangre que aún no dejaba de salir. Estaba del otro lado del pozo.
Estaba en su mundo o lo que ella creía era su mundo. Si aún estaba ahí y él no había ido por ella es porque algo había ocurrido. La perla. Se la arrebataron justo antes de que cayera dentro, ¿no es así?.
Ya no podía volver. No volvería. Jamás. Eran las únicas palabras que resonaban en su mente y de pronto... la imagen de él, de Inuyasha. Estaba solo, en el otro mundo, tal vez preocupado o aún peor, herido. La sensación de ahogo que sintió fue inmensa. Quiso no pensar que fuera así, quería creer que él estaba bien. Cerró sus ojos con fuerza, deseando que nada malo le ocurriera al chico.
Unos pequeños golpes llamaron su atención. Alzó sus ojos castaños para comprobar si lograba ver algo, pero fue en vano. No sabía que sucedía. Hasta que la voz de su abuelo la hizo reaccionar. Estiró su mano en un intento desesperado por llegar arriba, pero no daba resultado.
Su voz, apagada, adolorida y casi inaudible se dejó oír en el pequeño templo. Esta vez, escuchó a su abuelo gritar y muchos ruidos y golpes. Después de eso, tan solo... volvió a la oscuridad.
No supo dónde estaba hasta que fijó sus ojos alrededor. Las paredes bien pintadas, las cortinas que se mecían suavemente a causa de la suave brisa, su cama, cómoda, acogedora. Pestañeó repetidas veces hasta recobrar por completo la visión. Se incorporó de forma suave, pausada. ¿Por qué estaba ahí?. ¿Qué había sucedido?.
Nuevamente la memoria le jugó una mala pasada, recordándole lo sucedido y trayendo junto con ella un dolor de cabeza casi insoportable. Cerró sus ojos con fuerza intentando mitigar esas terribles puntadas que la estaban matando.
Ahora todo tenía sentido. Tenía que regresar. Tenía que encontrar la forma de hacerlo. Sabía muy bien lo que significaba no poseer la perla, no regresar al Sengoku.
Frunció el ceño y se levantó casi guiada por una fuerza sobrenatural. Bajó las escaleras casi corriendo, de forma atropellada hasta llegar al templo que en su interior ocultaba aquel viejo pozo. Lo miró con detenimiento, esperando que alguna idea llegara a su cabeza. Pero por el contrario de lo que pensaba, eso no sucedió.
Suspiró un tanto molesta y bajó con cuidado. Apoyó las manos en la tierra y casi pudo sentir la desesperación que la corroía por dentro, no podía evitarlo, tenía que volver.
- Inuyasha-
Fue en lo único en que podía pensar. N le importaba en que situación se encontraba ella, solo quería saber si él estaba bien, solo eso. Necesitaba sentirse segura, necesitaba sentir que nada malo le había sucedido. Además, su misión no estaba completa, no, ella aún tenía cosas que hacer en el otro mundo. Aún tenía una misión que completar.
- Por favor, no ahora... por favor, déjame pasar-
Aquellas palabras casi suplicantes salieron de sus labios. ¿Estaba hablando con el pozo?. ¿Sería capaz de escucharla?. Negó a ambos lados de forma negativa, estaba volviéndose loca. Definitivamente, aquel golpe la había afectado más de lo que pensaba.
Mantuvo su vista fija y de pronto, sintió que todo a su alrededor se derrumbaba. Inuyasha estaba solo. Estaban separados y eso, era un dolor que no podría mitigar. Las lágrimas se agolparon en sus ojos de forma caprichosa, deseando salir. Como una niña pequeña llevó ambas manos a su rostro, ocultándolo y llorando de forma desconsolada.
- Inuyasha, Inuyasha-
No podía, no podía sacarlo de su cabeza. Era en lo único en lo que podía pensar. Se sintió tonta, porque en ese momento se dio cuenta de que tanto lo necesitaba, se dio cuenta que todo su mundo giraba alrededor de aquel hanyou que había sabido conquistarla de una forma casi enfermante.
No lo comprendía, no entendía como, pero su corazón dejaba de latir cada vez que lo veía, su respiración se cortaba cuando lo tenía cerca y no podía evitar sentir todo lo que sentía cuando le hablaba.
Su mundo en esos momentos estaba suspendido en una oscuridad que creía interminable. El aire. Se le iba el aire. No podía contenerlo. Le faltaba, no podía respirar porque él no estaba a su lado. Le era tan costoso seguir adelante sin él. Bajó sus manos de forma cuidadosa y sintió que el corazón se oprimía con dolor.
- No quiero... no quiero perderte, Inuyasha... te necesito-
Nuevas lágrimas resbalaron por sus mejillas. De pronto una luz cegadora la iluminó. ¿Acaso...?. Miró hacia todos lados sin comprender que sucedía, pero luego, la tranquilidad invadió su alma. Sabía que estaba pasando. Sonrió entre sus lágrimas que no dejaban de caer. Se mezclaban con tristeza y felicidad al mismo tiempo y sentía que todo daba vueltas.
Tal vez era la emoción o el sentimiento de inquietud. Lo único de lo que estaba segura es que en ese momento solo pensaba en una sola cosa: retomar el aire perdido.
El viento nocturno jugaba con sus cabellos de forma casi rebelde. Sentado, no podía encontrar una forma de conciliar el sueño. Sus pensamientos vagaban de forma incierta y desordenada sin ser capaces de encontrar una respuesta a las preguntas que se presentaban cada vez que recordaba lo sucedido. Bufó con molestia a causa de sentirse hastiado de sí mismo.
No podía pensar con claridad, no era capaz de ver todo lo que antes veía de forma fácil y eso era porque ella no estaba con él. Bajó el rostro sintiendo aquella impotencia adueñarse de su interior. Era tan ridículamente imposible. Tan frustrante.
El aroma femenino llamó su atención. Alzó el rostro rápidamente y lo ladeó de forma lenta hacia la mujer que se acercaba al árbol en el cual estaba sentado. La miró con algo de sorpresa, pero luego suspiró un poco más relajado.
- Inuyasha... ¿no vas a dormir?-
- Kikyo... simplemente... no puedo-
- Entiendo-
La sacerdotisa lo miró algo dudosa. Ella sabía que extrañaba a Kagome, era muy obvio, no era necesario ser muy listo para notarlo. Lo que había sucedido era una tragedia. Sin esa chica, las cosas simplemente iban a complicarse. Fue por eso mismo que decidió quedarse ocupando su puesto hasta que fueran capaces de traerla de nuevo.
- ¿Tú crees... qué será posible traerla de regreso?-
- Eso espero- Contestó ella con suma sinceridad.
El hanyou bajó del árbol y se acercó a la mujer que simplemente le dedicó una mirada compasiva. Sentía pena por Inuyasha, sentía lástima por aquel dolor que el chico sentía y que sabía lo lastimaba profundamente. Intentó sonreír de forma conciliadora para transmitirle confianza.
Se acercó a él y lo abrazó con sutileza. Sabía que eso era lo que él necesitaba. Inuyasha cerró sus ojos y solo se dejó hacer. No podía evitar querer sentirse apoyado. Necesitaba aquel abrazo al cual correspondió de forma casi pausada. Era imposible evitar extrañarla.
Es cierto, extrañaba a Kikyo y muchas veces deseaba estar ella y también muchas veces se había preguntando que hubiera sido de su vida si nada de lo que sucedió hubiera ocurrido.
Pero eso también lo llevó a pensar que de alguna forma u otra, tenía que estar agradecido con aquel futuro que lo separó hace cincuenta años de ella. De lo contrario, jamás habría conocido a Kagome y solo ahora que no la tenía, se daba cuenta de cuanto la necesitaba. Sonrió irónicamente, siempre se daba cuenta de eso cuando la perdía o estaba a punto de hacerlo. Seguía siendo el mismo estúpido de siempre.
No pudo evitar que las lágrimas cayeran de forma precipitada por su rostro. Había regresado con la ilusión de verlo, de abrazarlo y decirle cuanto miedo había tenido. De decirle cuanto había sufrido estando lejos de él. Hubiera querido decirle a gritos que estaba desesperada sin él a su lado, que su corazón estaba atormentado, que casi ni respiraba por el solo hecho de que no estuvieran juntos.
Pensó que él la extrañaría, que le diría que sentía lo mismo que ella. Creyó que estaría esperándola o que al menos, se sentiría algo triste o preocupado por ella. Tal vez él sentía eso, tal vez solo quiso creerlo o tal vez fue un tonto juego de su mente. Pero lo cierto era que el Inuyasha que veía en esos precisos momentos, estaba abrazado a Kikyo.
El intento de retener su tristeza fue inútil. No pudo contener ese sentimiento tan horrible que la invadía en esos momentos. Era como si de pronto, todo lo que ella había creado en su mundo, junto a un Inuyasha que la amaba, se desvanecía. Aquel sentimiento que el hanyou le había dicho, ahora se veía lejano.
Negó con la cabeza a ambos lados y salió corriendo, como era de costumbre. Siempre lo hacía, siempre lo había hecho. Huía, escapaba, corría para dejar todos los problemas atrás, para intentar dejar aquel dolor de amor no correspondido a sus espaldas. Cayó de rodillas al suelo y lloró, lloró como nunca.
Ella, tonta como siempre, había imaginado que Inuyasha estaría cerca del pozo intentando traerla de vuelta, que estaría desesperado, pero por el contrario, él estaba con ella... siempre con ella. Con Kikyo.
- Tonta, Kagome, tonta- Se dijo a sí misma en voz baja.
En aquel momento solo sintió un golpe y luego, todo se volvió oscuro. Nuevamente estaba sumergida en la completa oscuridad. Simplemente, ya nada le importaba. Lo único que quería, era poder descansar su alma.
Se sentó junto con sus amigos cuando de pronto un olor conocido llamó su atención. Levantó la mirada rápidamente, de forma casi brutal y se lanzó fuera de la cabaña. Los otros lo siguieron comprendiendo lo que sucedía, ya que ellos también sentían aquella presencia.
- Inuyasha, me da gusto verte nuevamente-
- ¡Naraku desgraciado!- Gritó el hanyou lleno de ira.
Una nube negra se apoderó del lugar y de su interior los ojos color sangre se dejaron ver. El chico lo observó apretando los puños con fuerza y conteniendo la rabia que poco a poco se apoderaba de su ser. Llevó una mano a su espada, listo para desenvainar.
- Yo que tú cuidaría mis modales- Se burló- después de todo, eso puede costarte la vida de algo que aprecias demasiado-
- ¿De qué estás hablando?- Preguntó.
Una de las tantas extensiones de Naraku dejó ver el rostro de una chica que yacía inconsciente. Inuyasha abrió sus ojos dorados enormemente, sintiendo que todo el cuerpo se le paralizaba en ese mismo instante. Kagome, su Kagome, estaba en manos de Naraku, nuevamente.
- Fue muy sencillo... jamás pensé que ella podría volver nuevamente, para mi desagrado lo consiguió. Y digamos que fue muy fácil poder atraparla estando desprevenida y herida-
- ¡Maldito! Si llegaste a lastimarla... -
- No, te equivocas Inuyasha... no fui yo quien la lastimó... ¿recuerdas que hace instantes estabas en el bosque?-
El bosque. Kikyo. ¡Maldición!. ¿Acaso Kagome los había visto?. No, no, no. ¿Por qué cada vez que intentaba protegerla solo conseguía herirla aún más?. Era un inútil. Un tonto. Ahora, por su culpa, ella estaba nuevamente en manos de Naraku. Levantó la mirada desafiante.
Una nube de humo los envolvió a todos. Inuyasha cerró sus ojos y quiso alcanzar a sus amigos, pero solo tocó vacío. No había nada a su alrededor. Miró a todos lados, pero estaba solo. ¿Qué había sucedido?. ¿Dónde estaban sus amigos?.
- Inuyasha... -
- Naraku maldito, ¿Qué es lo que quieres?- Preguntó decido.
- Un intercambio. Tu vida por la de ella-
Inuyasha lo observó fijamente. Podía sentir aquella sensación de desconfianza, pero... ¿Qué acaso no valía la pena arriesgarse por ella?. ¿Por su todo?. No tenía que pensarlo demasiado, estaba seguro. Daría cualquier cosa porque ella se salvara, cualquier cosa.
No le importaba que fuera, no le importaba morir, simplemente nada tenía importancia. Lo único que quería, era que Kagome, SU Kagome, estuviera a salvo.
- Un intercambio- Repitió él.
- ¿Y bien? ¿Qué decides? No es un mal trato... tu vida insignificante por la de ella. Decide ahora... se me acaba el tiempo- Insistió Naraku- Solo te daré una oportunidad. Tu vida por la de ella. No es difícil. Piénsalo. Tú morirás, pero Kagome vivirá una vida feliz por siempre, tranquila, lejos del peligro... segura. Será feliz. Como tú quieres. ¡¡Decide ya!!-
Los ojos dorados de Inuyasha se centraron en el rostro de Kagome, dormida. Ella merecía ser feliz, tener una vida normal. Tranquila. ¿Su vida?, Su vida no valía nada sin ella. No sería nadie sin Kagome, en cambio, ella podría seguir adelante. Podría hacerlo, estaba seguro. No tenía que pensarlo.
Él había jurado protegerla y eso haría. No le importaba el costo que debía pagar. Con tal de que ella estuviera bien. Cerró sus ojos, su rostro se movió lentamente. Y luego, su vista se clavó en la del ser que lo miraba con desprecio. Solo quería una cosa, solo deseaba una sola cosa. ¿Sería eso posible?.
- Solo quiero algo- Murmuró- quiero verla, estar con ella a solas, antes de completar el trato-
- Eso quiere decir... que aceptas-
- Haz conmigo lo que quieras, pero a ella, déjala ir... igual a que a mis amigos... - Dijo- y también... quiero hablarle-
- Solo un día-
Naraku sonrió e Inuyasha bajó el rostro. No era un acto impulsivo, tampoco tonto. Ella no iba a saberlo, sus amigos no iban a saberlo. Tan solo quería abrazarla y decirle cuanto la amaba, solo eso. Aquella oscuridad que antes lo envolvía se había disipado y ahora, tan solo estaban sus amigos, él y Kagome, a la cual tenía en brazos.
De pronto reaccionó ante las últimas palabras de Naraku. Solo un día. Un día. En ese momento, todas aquellas preguntas que jamás en su vida se había hecho, se agolpaban en su mente. No quiso imaginarse que tan horrible sería el infierno, porque estaba seguro, que sería ahí donde iría. La paz volvió a su alma cuando ladeó el rostro para encontrarse con el de Kagome.
Al menos ella, sería el paraíso que lo acogería durante ese último día que tendría en ese mundo. Antes de cumplir con esa condena que se había impuesto tan solo por salvarla, a ella. Tan solo por ella. Por el amor que le tenía. El infierno lo esperaba y solo tenía un día. Un día... que deseaba jamás terminara. Había hecho un pacto y ahora, debía aceptarlo tal cual era.
Continuará...
N/A: Hola amigas!!! Aaaaw! Perdón que no subí antes. Tuve algunos problemas acá en casa u.u Pero ya todo está volviendo poco a poco a su lugar ñ.n De todas formas les voy a pedir que por favor: me presionen para que siga con el fic. Es que con todos los problemas por acá en casa, más que me distraigo fácilmente, se me olvida seguirlo. Jajaja, si si, manden mails, comentarios, pueden encontrarme en el msn, en Twitter, en Facebook, así que por favor, ayudenme! Espero que les haya gustado n.n
Nos estamos viendo en el próximo capítulo y estaré esperando sus reviews y presiones :)
Las amo amigas!!! Gracias por ser tan incondicionales ^^
Kagome.
