Notas de la autora:
No me lo puedo creer, ya paso de los 10 capis! Hace unos meses habría pensado que era imposible... Ahora estoy tan contenta de haber continuado. 3 También recordad que si me enviáis mensajes como guests, hasta que salga el siguiente capítulo no puedo contestar, así que es inútil que me preguntéis cuando va a salir como guests ;u; Porque hasta que salga, no veréis mi respuesta.
Advertencias: MUCHAS EN ESTE CAPÍTULO! 2 NON-CON GIGANTES, EN MAYÚSCULAS. Violencia, manipulación, intento de violación. ShiroxIchigo; AizenxIchigo. Por favor, no leáis si no os gusta el tema, ya que el capítulo es bastante angst.
Disclaimer: Bleach no me pertenece. Y gracias a Dios, porque sino me odiaría a mí misma por hacerle a Ichigo lo que le hago en este capítulo.
CAPÍTULO 11. NUNCA DIGAS NUNCA
El primer bocado que dio le supo a gloria. Aunque al principio había pensado que los nervios no le dejarían digerir ni un mísero caldo, su estómago pareció asentarse nada más oler el plato. ¿Cuántos días llevaba ya en Hueco Mundo sin comer? ¿Tres? ¿Cuatro? No estaba seguro. Pero se le antojaba una eternidad. Empezó a devorar la comida, tratando de tomárselo con calma para evitar dolores de estómago debido a la falta de alimento.
Shirosaki había vuelto con el almuerzo con una rapidez pasmosa. Ichigo todavía se sentía débil, pero la cabeza había dejado de darle vueltas. Entre el hambre y que seguramente el estrés se le estaba empezando a acumular... Pero no podía permitirse esos bajones. Y menos en frente de sus enemigos. Ya se sentía suficientemente inútil, como para darles la razón aún más.
El albino observó a Ichigo mientras comía, con el ceño fruncido. El chico intentó ignorar las miradas que le lanzaba, ya que no pensaba permitir que le arruinaran su tan ansiada comida. Todavía parecía estar de mal humor, así que el shinigami no descartó que hubieran futuras represalias, más pronto que tarde. E igual no era el mejor momento, pero quería preguntarle algo a Shirosaki, algo ineludible, pero que sabía que lo pondría de peor humor.
-Shirosaki, ¿sabes si...-empezó a decir el chico, tras lo que el hollow lo interrumpió.
-Shirosaki-sama. Último aviso, Ichigo.
-… Shirosaki-sama...-Tenía que aguantar eso por el bien de Inoue. Y por el suyo propio. Además, quizás si se ponía a buenas, su hollow se dignaba a contestarle.- ¿Sabes cómo está Inoue?
Shirosaki alzó una ceja. Ichigo había acertado con que no le iba a gustar. Se dio prisa en suavizar la pregunta.
-S-sólo quiero saber si está bien... Y si ha comido. Nada más, Shirosaki...sama.-Dios, cada vez que pronunciaba esa palabra algo moría dentro de él. O se revolvía. Oh, sí, era su autoestima.
-¿Por qué debería contestarte?-le preguntó el hollow, con una expresión asqueada.
-… Te hice caso durante toda la misión. Hice lo que queríais. ¿No es suficiente?
-¿Te recuerdo la conversación que estábamos teniendo hace sólo un rato? No me pareció que fueras obediente entonces, Ichigo...
El shinigami se mordió el labio, dejando a un lado su comida. Estaba perdiendo el apetito. Y la idea de que Inoue no hubiera comido le estaba haciendo sentirse tremendamente culpable.
-No volverá a pasar... Shirosaki-sama.
-Siendo tú, lo dudo.-murmuró el hollow.- Pero es un comienzo. Igual algún día incluso recuperas el sentido común, aunque eso ya sería pedir un poco demasiado.
El chico apretó los dientes. No podía seguir actuando como lo había estado haciendo hasta ese momento. Tenía que averiguar si Inoue estaba bien.
-Por favor, Shirosaki-sama.
El hollow guardó silencio. Cuanto más lo repetía, más parecía que se lo creía. Y la mirada le había cambiado. Su expresión ya no parecía tan segura, ni le miraba directamente a los ojos. ¿Estaría aprendiendo de una vez por todas? ¿O sería algo temporal hasta obtener lo que quería? No le iba a satisfacer tan fácilmente.
-Ulquiorra está cuidando de la chica. Está bien.
-¿Me lo prometes?
El hollow sonrió sádicamente.
-No. Estaba bien la última vez que pregunté a Ulquiorra. ¿Quién sabe cómo estará ahora?
Los ojos de Ichigo recuperaron algo del brillo que habían perdido al seguirle el juego a Shirosaki, pero no se atrevió a contestar.
-Por favor, Shirosaki-sama. Déjame verla, aunque sea sólo para comprobar que está bien.
El hollow pareció planteárselo seriamente, pero era pura fachada para hacer que Ichigo se hiciera ilusiones. Iba a disfrutar rompiéndoselas.
-No. Si sigues tan amable durante los próximos días, me lo pensaré.
Ichigo quería matarlo. Tanto... ¿Cómo podía haber estado conviviendo con semejante desgraciado durante tanto tiempo sin darse cuenta? Parecía que Rukia y Renji habían tenido razón cuando se lo habían avisado. Como deseaba haberse deshecho del hollow cuando tuvo la oportunidad. Sin embargo, una parte de él sabía que nunca había estado dispuesto a hacerlo. Al fin y al cabo, Shirosaki formaba parte de él. Era uno de sus poderes y, aunque al principio le asustaba enormemente, no quería desprenderse de él. Sólo era eso. Sólo. Nada relacionado con el tiempo que habían pasado juntos. No.
Qué poco sabía mentir... Ni consigo mismo lo lograba. Y todo culpa de Shirosaki, por haber dado un vuelco a su vida y haber desbarajustado todo. No se lo iba a perdonar en la vida.
El chico bajó la cabeza y, pese a que le dolió en el alma, asintió con la cabeza. Inoue tendría que esperar un poco más. Pero llegaría hasta ella, aunque se tuviera que comer su orgullo con patatas.
-¿Ya has acabado?
El chico volvió a asentir calladamente. Definitivamente, no quería seguir comiendo. No confiaba en que su estómago siguiera tan calmado, ahora que volvía a tener tantas cosas en la cabeza.
-Bien. Y ya que estás, date una ducha. Apestas, Ichigo.
El chico se guardó su contestación, pero no pensó que fuera una mala idea. Llevaba... ¿Cuánto tiempo llevaba despierto en Hueco Mundo? Era difícil saberlo teniendo en cuenta que siempre era de noche, pero creía que habían sido tres días. Más los que hubiera estado inconsciente mientras le separaban de Shirosaki. Se le antojó una eternidad. ¿Su familia... estarían preocupados? Ichigo se maldijo por el cambio de tema que su propio cerebro hacía. Esa ducha le iba a ir bien para despejar su mente. ¿O prefería que siguiera nublada?
El chico fue a por una muda y se dirigió al baño. Cerró la puerta, maldiciendo por no tener un pestillo potente para detener a Shirosaki en caso de que quisiera entrar. Lo que daría por algo de intimidad... Sólo esperaba que no hubieran cámaras, pensó irónicamente, antes de arrepentirse de que ese pensamiento cruzara por su cabeza. El chico tragó dificultosamente. Era mejor no pensar en ello, ya que posiblemente la respuesta no le iba a gustar. La verdad es que Aizen había aparecido bastante rápido durante la pelea de Grimmjow y Shirosaki en el pasillo. Puede que lo hubiera visto, ya que él no había distinguido a ningún otro Arrancar pasando por allí. No sería una idea tan descabellada. Aunque igual al ser la habitación de Shirosaki y no una celda... Daba igual. Prefería no estar al tanto de los gustos acosadores de sus secuestradores.
Suspirando en resignación se quitó la ropa, todavía sintiéndose un tanto indefenso. Evitó las ganas que tenía de volver a registrar el baño y se dirigió a la ducha. ¿Tenían agua corriente en el desierto? ¿En serio? Giró la palanca y el agua empezó a brotar instantáneamente. Vaya, se lo habían montado a lo grande con el palacete. Metió la mano bajo el agua, sintiendo como se calentaba en cuestión de segundos. ¿Tenían hasta calentador? Pues sí que se las apañaban los Arrancar...
Se metió en la ducha, cerrando la mampara, y dejó que el agua cayera por su cuerpo desnudo. Suspiró de nuevo, esa vez de alivio. Aunque el labio le picaba un poco, estaba casi curado, así que no le dolió como esperaba. Sus músculos, que ahora notaba cuan tensos estaban, se relajaron bastante al notar el calor sobre ellos. Estaba empezando a agradecer la ducha, cuando notó la puerta abrirse. El estado de relajación desapareció al instante, devolviéndole de golpe a la realidad. Casi no le dio ni tiempo a girarse hacia la mampara, cuando esta se abrió. Obviamente, era Shirosaki. Completamente desnudo.
El chico no sabía cómo ponerse para taparse. No quería darle la cara, pero aún menos la espalda.
-¿Qué haces, aquí, Shirosaki?-preguntó, acabando situándose de lado mientras se cubría con los brazos.
-¿Tú que crees, Ichigo?-le respondió el hollow acercándose más a él.
En su cabeza resonó la palabra "no". Intentó salir de la ducha, apartando a Shirosaki de un golpe, pero este le cogió de los brazos y lo empujó de espaldas a la pared de piedra.
-¿No quieres ducharte conmigo, Ichigo? Eso duele...
Sin darle tiempo a reaccionar, se apretó contra él, besándole en la boca. Ichigo intentó morderle, pero no lo logró, ganándose otro empujón que le golpeó duramente en la espalda. Shirosaki le cogió de las manos y las estampó fuertemente sobre su cabeza, apañándoselas para sujetarlas con una sola de sus manos. Como si fuera a contenerse de tocar... Empezó a deslizar su mano libre por el cuello de Ichigo hasta su pecho, recorriendo ávidamente con la mirada el camino que estaba marcando. El chico murmuró algo, pero no le prestó atención. Se inclinó hacia delante, besando el mojado pecho de Ichigo, tras lo cual lamió su piel. El sabor del agua y de la piel salada del chico le hizo gemir de placer contenido. No podía detenerse. No ahora que lo tenía ahí, completamente desnudo, a su merced.
-Para, Shirosaki...-le pidió el chico, tratando de mover su cuerpo, aunque fuera para molestarlo. Soltó un quejido cuando el albino le mordió un pezón, tirando de él. No pudo evitar que se pusieran duros por el contacto, y menos después de que Shirosaki empezara a lamerlos.
Empezó a mover su mano de nuevo, mientras seguía jugando con los pezones de Ichigo. La llevó por sus abdominales, marcándolos con sus dedos, y la paró en el hueso de la pelvis del chico. Empezó a acariciar el hueso por la parte inferior hacia abajo, con movimientos provocativos, haciéndole presuponer donde iba a tocar ahora.
-Shirosaki, ¡no!- le llamó de nuevo Ichigo, tratando de apartarse, pero sin ser capaz de hacerlo. Se mordió el labio, tratando de que no se le escapara ningún ruido traicionero. No quería hacerlo. Por más que su cuerpo estuviera respondiendo, no quería. Por más que esa mano le estuviera provocando escalofríos placenteros, no cambiaba nada. No quería. Y nada iba a hacer que quisiera.
-Shirosaki-sama, por favor...-le suplicó, tratando de contener las lágrimas de impotencia que estaban a punto de salir. No le podía hacer eso. Después de lo que habían pasado. Había habido malos momentos, pero no sólo de esos. Buenos también. Esos agradables ratos que habían pasado por Karakura. ¿En serio no significaban nada para Shirosaki?
-Hoy no, alteza...-le respondió el hollow, con la voz ligeramente temblorosa de anticipación.- Hoy no...
Shirosaki bajó más su mano, presionando ligeramente sobre el miembro de Ichigo. El chico volvió a suplicarle, con pánico en su voz, pero ya no lo escuchaba. Cerró su mano alrededor del chico y empezó a acariciarlo tentativamente, arriba y abajo. Ichigo no pudo evitar el gemido. Shirosaki jadeó a su vez al oír ese sonido. No podía negarse a sí mismo cuanto tiempo había esperado para ver a Ichigo así. Para ser él quien lo volviera loco. Sólo él.
Empezó a mover su mano más rápidamente, forzando más de esos sonidos de la boca de Ichigo. Sin poder contenerse empezó a frotarse contra el muslo del chico, claramente erecto. Lo que daría porque fuera Ichigo el que lo tocara, el que lo acariciara o el que lo lamiera. Se mordió su propio labio de placer al imaginarlo, mientras cambiaba la dirección de sus propias caricias y empezaba a masajearle los testículos al chico. Se alegró al ver que el chico también se había puesto duro, pese a sus quejas. Desvió su mirada a la cara de Ichigo, que había girado hacia la pared, como para no ver lo que estaba pasando. Tenía los ojos cerrados y los labios apretados, aunque de vez en cuando se le escapaba un sollozo.
¿Por qué no se rendía y lo disfrutaba? ¿Por qué le era tan difícil? Shirosaki frunció el ceño y llevo su mano al trasero del chico, tanteando por en medio de sus nalgas.
-Ichigo, déjate llevar. Te va a gustar. Nos va a gustar a los dos.
Sin pensárselo más tiempo, giró al shinigami y lo aprisionó de nuevo, su pecho contra la pared. Shirosaki localizó la entrada del chico y empezó a presionar la cabeza de uno de sus dedos hacia dentro con un gemido de satisfacción.
-Shiro, por favor... Shiro...
Ichigo estaba temblando contra su cuerpo. Shirosaki se detuvo por un momento. Así se había acostumbrado a llamarle cuando estaban por Karakura, paseando y divirtiéndose. ¿Por qué pensaba esas cosas tan inútiles ahora? Ya no se repetirían nunca más. Pero podía hacerle saber a Ichigo a quién pertenecía ahora, ¿verdad? Eso sería más que suficiente...
-Shiro... no... así no...
¿Por qué tenía que dudar? ¿Por qué? ¿Porqué en ese entonces había sido feliz con él? ¿Porque lo habían pasado bien? Todo había sido mentira.
-Shiro, si todo era cierto entonces, por favor, no...
El hollow le tapó la boca con la mano, liberando sus muñecas. El chico volvió a soltar un lamento contra su piel. Shirosaki mordió el hombro del chico fuertemente. Le dejó un recorrido de mordiscos y besos por el cuello, asegurándose de que duraran lo suficiente y fueran bien visibles. Esta convencido a penetrarle, lo estaba. Incluso le rozó con su miembro, provocando una pequeña convulsión en el shinigami.
Pero no lo hizo. El hollow apoyó su frente sobre la espalda del chico, respirando hondo. ¿Por qué? No podía... Después de que lo hubiera llamado así después de tanto tiempo. Después de recordar los piques que tenían y la risa de Ichigo. No podía. Así no. ¡Pero él era puro instinto! No tenía por qué darle la vuelta a las cosas. ¿Acaso no era eso lo que siempre le había echado en cara a Ichigo? ¿Por qué no podía actuar libremente, como siempre hacía? Quizás porque sabía que nada sería igual después de hacerlo. Si ya no lo era, eso sería imposible de enmendar.
Frustrado, soltó una maldición en voz alta, antes de golpear la pared de la ducha, resquebrajándola bajo su puño.
-Más te vale ser un santo estos días, Ichigo.-murmuró con odio en la oreja del shinigami.- No pienso aguantar ninguna de tus tonterías.
Con un último puñetazo en la pared, se apartó del chico dejándolo ir. Ichigo se escurrió hasta el suelo de la ducha, con el agua todavía cayendo encima de él. Al oír la puerta cerrarse, se abrazó a si mismo, sollozando en voz baja, tratando de contener las lágrimas. No podía llorar. No podía verse más débil de lo que ya estaba. El cuerpo le quemaba. Se sentía sucio. No quería ni rozarse. Y peor todavía, estaba excitado. Asqueado consigo mismo y con su propio cuerpo, movió la palanca de la ducha para que cayera agua fría. Pensaba quedarse allí hasta que todo se fuera: la humillación, la vergüenza y su propio deseo. Apretó los ojos fuertemente, sentándose en el suelo, llevando sus rodillas al pecho. Todavía sentía las manos de Shirosaki tocándole con esos movimientos tan seguros y recordarlo sólo le trajo más calor y vergüenza. Esperaba ahogarse en la ducha. Quizás así el miedo que había sentido se iría por el desagüe. ¿Cómo iba a enfrentarse a Shirosaki después de eso? ¿Cómo le iba a mirar a la cara?
En cambio, las preocupaciones de Shirosaki ahora estaban centradas en un pequeño problema. Bueno, en realidad en un gran problema. Apoyó la frente contra una de las paredes de la habitación, tratando de serenarse. Todavía no se perdonaba haber parado. Había sido débil. Se había dejado engatusar por el chico otra vez. Y su cuerpo se lo estaba recordando dolorosamente.
-¡Mierda!-siseó, tratando de no elevar la voz.
Debería volver a entrar en el maldito lavabo y hacer que Ichigo se la chupara a modo de disculpa. La idea le provocó un nuevo estremecimiento que fue directo a su miembro. Maldición. Quería tirarse esa boca, aunque fuera a modo de recordatorio de que él no era así. No era blando. Y menos por Ichigo.
-¡Puta mierda!-No podía dejar de pensar en los gemidos de Ichigo y en su voz suplicante. No lo iba a negar, se había detenido, pero le había encantado oír al chico pedir que parara. Se había sentido tan poderoso. ¿Y ahora en qué se había convertido? En un idiota andante con una erección del copón. Si es que era gilipollas. Estar tanto tiempo con Ichigo le estaba pasando sus majaderías. No tenía que haberse ido... Pero ahora se le hacía imposible volver. Aunque estaba seguro que en unas horas disfrutaría ver al chico actuar incómodamente, ahora mismo tenía otras prioridades.
Shirosaki se lanzó a la cama, llevando su mano a su miembro.
-Lo mataré. Ese capullo. Crío subnormal...-farfulló, mientras empezaba a acariciarse, embistiendo en su mano. Se mordió el labio para que no se le oyera. Lo que le faltaba ya, que el chico supiera lo que estaba haciendo por imbécil. Por ser un calzonazos y no haber tomado lo que era suyo.
-Puto Ichigo...-gimió en voz baja, volviendo las caricias más rápidas y rudas.
Todo era su culpa. Incluso ahora tenía que ver su cara, retorcida de placer y vergüenza. Incluso ahora tenía que estar pensando en él. Era un caso perdido, al igual que su rey.
Siguió estimulándose, imaginando lo que podría haber estado haciendo en ese momento con Ichigo. Lo podría haber estampado en la pared y cargárselo en la cintura, para ver la cara que ponía cuando se la metiera. Al principio habría ido suave, pero luego habría acelerado para no darle tiempo a sentir otra cosa que no fueran dolor y placer mezclados. Para que se olvidara de la vergüenza, de Hueco Mundo y de la chica secuestrada en sus entrañas. Le habría dado tan fuerte, que sólo podría haber pensado en él. Y al correrse, le habría llamado Shiro de nuevo, pero con un gemido de satisfacción.
Con un gruñido, se vació en la mano, respirando entrecortadamente. Se quedó en la cama descansando unos momentos, antes de mirar el semen que había manchado las sábanas. No tenía que haber acabado así. Murmurando por lo bajo, se levantó y fue a por un pañuelo para limpiar las sábanas. Ya se cambiarían más tarde. Ahora necesitaba algo de acción o se lo tragaría la mala leche. Quizás debería ir a cobrarse el atrevimiento de Grimmjow del día anterior. Decidido a hacer algo de ejercicio, se vistió y salió de la habitación. Se lo estaba negando a sí mismo, pero la verdad era que tampoco quería ver a Ichigo en ese momento. Y menos desnudo, recién salido de la ducha... Mierda. Necesitaba pegar una paliza a alguien ya. Unos Arrancar de servicio fueron los agraciados.
Estuvo en la ducha lo que parecieron horas. Una vez se hubo calmado, si podía llamar así a como se sentía entonces, empezó a limpiarse el cuerpo con jabón, apretando y rascándose con la esponja como si le fuera la vida en ello. Tenía varios mordiscos distribuidos por el pecho, aunque los que molestaban eran los del cuello. No quería mirarse, pero por como dolían tenían que estar bastante amoratados. Le dio igual el dolor. Siguió lavándose el cuello con intensidad, ignorando los pinchazos. Ojalá las marcas se fueran igual de fácilmente que la suciedad. Gracias a Dios, todo volvía a estar en su sitio. Habría odiado tener que masturbarse en el lavabo tras lo que había pasado, pero poco a poco su cuerpo había vuelto a enfriarse, principalmente por la sensación de desagrado que él mismo se provocaba.
Ya con más cuidado se enjabonó el pelo, pensando en la herida de la cabeza. Se enjuagó sintiendo un ligero malestar, pero nada más. Parecía que todo se estaba curando siguiendo su curso.
Cerró el grifo y salió de la ducha, dubitativamente. Se cambió rápidamente, como si esperara que alguien pudiera entrar de nuevo, pero no fue así. Se subió el cuello completamente, con la esperanza de ocultarse las marcas a sí mismo o a cualquier otro Arrancar que lo viera. Ahora venía lo difícil. Salir.
El chico inspiró, tratando de serenar los nervios que estaban volviendo. El simple hecho de abrir la puerta le estaba provocando ansiedad. No quería ver a Shirosaki. No quería... Pero sabía que lo iba a hacer tarde o temprano, así que no tendría sentido retrasar más el momento. Abrió la puerta y salió lentamente del lavabo. Soltó el aire que había contenido al ver que no había nadie en la habitación. Le había dejado solo, aunque fuera por un rato. Gracias, Señor. El chico se sentó en el sofá, tratando de no pensar en lo ocurrido, pero fracasando estrepitosamente. Era imposible no hacerlo.
Pensaba que no tenía escapatoria. Que esa vez no se iba a librar. Shirosaki parecía serio e imparable. Si ya había sentido horror cuando lo había empezado a tocar, había estado a punto de tener un ataque de pánico cuando lo había sentido allí, a punto de penetrarle. El chico cerró los ojos. No quería pensar en ello, no quería... Se había rendido. En ese momento se había rendido. Sabía que nada lo iba a hacer cambiar de opinión. Pero se había detenido. Al final se había contenido. Lo había hecho. ¿Qué significaba eso? ¿Lo habría hecho otra vez con la intención de asustarle? No lo parecía... ¿O realmente había parado cuando le había recordado el pasado? ¿Habría sentido algo de arrepentimiento? No sabía qué pensar...
No iba a tener demasiado tiempo para hacerlo. Picaron a la puerta y el chico se irguió en el asiento, asustado.
-Kurosaki Ichigo, Aizen-sama quiere verte.-le notificó Ulquiorra.
No. No. No. No. Ahora no. No podía salir ahora. Si todavía estaba temblando. Si ni siquiera estaba seguro de poder andar sin que las piernas le traicionaran. No podía enfrentarse a él ahora.
-No... no me encuentro muy bien, yo...-murmuró, tratando de controlar la tensión en la voz. No lo logró. Aizen se olería algo, seguro.
-Ahora, Kurosaki.
¿Por qué no le daban un respiro?
Tenía la impresión de que iba a vomitar. El chico pasó a la sala que le señaló Ulquiorra, tragándose la ansiedad y respirando hondamente. Dejó ir el aire, dando un paso hacia delante.
Iba tan centrado en sus pensamientos, que no se había dado cuenta hacia donde se dirigían. Volvía a tratarse de la sala de reunión en que les había recibido a él y a … No, no quería pensarlo. Apretando las manos delante del cuerpo, siguió andando hasta donde estaba el hombre, que estaba sentado en la silla que presidía la mesa, como la última vez. En esa ocasión estaba solo. No sabía si agradecerlo u horrorizarse.
-Ichigo... Siéntate, por favor.
Siempre tan cortés. Todo lo que tenía de educado, lo tenía de sádico. El chico se controló, aun deseando poder mandarlo a freír espárragos, a él y a su silla blanca de diseño. Pero se movió en silencio y tomó el asiento que le ofrecía el traidor. Volvió a juntar las manos encima de las piernas, mirando a la mesa como si fuera lo más interesante del universo.
-Estás más callado de lo habitual.- comentó el hombre, haciendo que Ichigo tragara saliva de nuevo. Sabía que lo iba a notar al instante. Tenía que disimular. No quería que Aizen se enterara de lo que había pasado. Su orgullo se lo impedía.
-Estoy cansado. Eso es todo.-respondió, esta vez consiguiendo un tono de voz más normal. El truco estaba en respirar antes de hablar. Exactamente.
-¿No te olvidas de algo?-le preguntó el hombre amablemente.
El chico levantó la mirada, echando un vistazo a la cara del hombre. Oh, claro.
-Estoy bien, ...Aizen-sama.-La palabra era veneno en su boca.
-Mejor. ¿Té?
Dudaba que existiera alguien en el universo a quién deseara estrangular con la misma fuerza y pasión con la que mataría a Aizen. Oh, espera. A Shirosaki. Negó con la cabeza, mordiéndose el labio de nuevo. Dudaba de que pudiera tomar algo ahora sin vomitar.
-El té rojo suele asentar el estómago.
¿Había algo que ese hombre no dedujera? ¿Por qué disfrutaba haciéndole eso? Harto y con ganas de que dejara de insistirle, aceptó su oferta.
-De acuerdo.
Aizen vertió el té en dos tazas que el chico no había visto hasta ese entonces. Le pasó el suyo con una sonrisa que sólo le provocó más tensión. ¿Qué demonios quería? Ichigo cogió la taza y dio un sorbo al té, no sin mirarlo sospechosamente antes. Dudaba que hubiera algo, ya que sería inútil drogarle de esa manera cuando lo tenían tan fácil para hacerlo de otras formas... Pero la vocecita de su razón le gritaba que tampoco era una buena idea tomarse un té con el enemigo.
-Pareciste sorprendido cuando te conté la decisión de la Sociedad de Almas.-comentó el hombre.
El alma se le cayó a los pies cuando lo oyó. ¿Así que para eso lo había llamado? Para meter más el dedo en la llaga. Y en el momento preciso, además. El chico permaneció callado, negándose a darle más muestras a Aizen de que aquello le había afectado.
-Quizás ahora seas más proclive a colaborar, sin necesidad de poner a Orihime en el punto de mira.
Eso sí que no. El chico le lanzó una mala mirada por haber nombrado a Inoue con tanta familiaridad. ¿Quién se pensaba que era? La sonrisa de Aizen le demostró que estaba actuando exactamente como el hombre esperaba.
-Te estoy dando una oportunidad, Ichigo. No mentía cuando decía que la Sociedad de Almas ha prohibido a Urahara venir a por vosotros. Siempre son así. ¿Acaso pensabas que no te darían la espalda porque te debieran algo?
-Nunca he pretendido que me debieran nada. Eso me la suda.-escupió el chico, perdiendo la calma por unos instantes. Se mordió el labio, asustado. Mierda. No podía contenerse. Los nervios que le había provocado Shirosaki amenazaban con aflorar, para así quitarse un peso de encima. Gritando se quedaría a gusto. Incluso si le pegaran estaría bien. Pero no podía. Tenía que aguantar por Orihime. Ni siquiera sabía cómo estaba... Tenía que comportarse para poder ir a verla.
-Lo siento, Aizen-sama.-murmuró.
-Te tiemblan las manos, Ichigo.-le contestó el hombre, levantándose de su asiento.
El shinigami devolvió las manos a sus piernas, sujetándoselas entre ellas, tratando de ignorar cómo Aizen se acercaba.
-Estoy nervioso. Normal, con lo que está pasando últimamente.-Trató de contener el odio en su interior y que nada saliera a la superficie, pero nunca había sido un buen actor, a diferencia de Aizen.
-No sueles estarlo tanto... No voy a matar a Orihime simplemente porque hables conmigo. Es más, estoy seguro que no soy yo quién te pone nervioso ahora.
Una mano se le posó en el cuello, haciendo que le recorriera un escalofrío. No quería que nadie lo tocara en esos momentos. Y menos ese hombre. Sin embargo, se quedó quieto. Aizen llevó sus dedos a la cremallera de su suéter y el chico le cogió la mano inconscientemente, deteniéndolo. No logró nada. El hombre le apartó la mano de un golpe, bajándole la cremallera unos centímetros.
-Diría que lo que te está poniendo en tensión es esto.-comentó, pasando un dedo por las claras marcas que tenía en el cuello. ¿Cómo demonios lo sabía? Ichigo giró la cara, tratando de ignorar como la mano de Aizen recorría su piel. Hoy ya no iba a aguantar más invasiones de su espacio personal. Su cerebro no lo iba a soportar.
-No tienes que hacerte el valiente, Ichigo. Es normal estar asustado. Todo sería mucho más sencillo si te unieras a nosotros. No tendrías que preocuparte por nada. Y yo me encargaría de mantener a raya a Shirosaki. A no ser, claro está, que no te importe lo que haga contigo.
Quería salir de allí. Dejar de hablar con Aizen. Parecía que con solo mirarle pudiera leer su mente, que conociera sus miedos mejor que él.
Respiró profundamente, tratando de mantener un tono de voz neutro, para que no le pudiera castigar por lo que iba a decir.
-No tendría sentido... Sabes que esperaría cualquier momento para escapar y que te sería imposible confiar en mí. Simplemente no lo voy a hacer. Me da igual que la Sociedad de Almas no venga.
Aunque la idea de quedarse allí para siempre se le antojaba la peor de las torturas que pudiera haber.
-Tenía que intentarlo, pero me imaginaba que todavía no te habíamos apretado lo suficiente para que lo decidieras.- Aizen le cogió del pelo, estirando hacia atrás.- ¿Crees que le tienes miedo a Grimmjow? ¿A Shirosaki? No estás dirigiendo bien tu miedo, chico...
Le dio un nuevo tirón, encorvándolo más. Era hora de que supiera con quién estaba jugando. De que supiera que si se resistía sólo había una salida: la derrota. Se agachó hasta él, rozando su nariz con la mejilla de Ichigo. Sus ojos delataron su miedo, algo que le encantó. Era tan fácil de leer... Al fin y al cabo, todavía era un crío. Pero no por eso se iba a contener. Estaba visto que Ichigo no lo hacía en mostrar su desacuerdo y en tratar de detenerle.
Ichigo intentó que le soltara, murmurando unas palabras a las que no prestó atención. Todo lo contrario, aprovechó que estaba hablando para besarle y meter su lengua en la boca del shinigami. Ahora sí que estaba asustado. Ichigo le pegó en el pecho, pero su fuerza al lado de la suya era como la de un niño pequeño. Se separó a regañadientes unos segundos después, todavía estirándole del pelo al chico.
-Bastardo...-le gritó, matándolo con la mirada. Eso estaba mucho mejor. Aizen le sonrió, como si nada hubiera pasado.
-¿Dónde ha quedado lo de Aizen-sama, Ichigo?
-Que te den, cabrón...
Aizen le pegó un puñetazo, rompiéndole el labio de nuevo. Lo levantó de la silla y le estampó la espalda contra la mesa, golpeándole con la taza de té, que se hizo añicos. El chico se cortó con la porcelana, pero siguió resistiéndose, tratando de patearle a Aizen en la entrepierna. El hombre le vio las intenciones y le atrapó la pierna, abriéndola a un lado. Se situó en medio de sus piernas, cogiéndole del cuello y presionando sin piedad.
-A quien deberías tener miedo no es a Shirosaki, Ichigo. Es a mí. Y sólo a mí. Porque yo, por más que suplicaras, no pararía.
El chico dejó de moverse al oír esas palabras. No podía ser... La maldita sonrisa de Aizen lo decía todo. Sí que lo había visto. Degenerado de mierda. El chico giró la cara avergonzado, aún peor cuando entendió las implicaciones que sus palabras conllevaban.
-Desgraciado...-murmuró por lo bajo, haciendo que la mano le presionara el cuello más fuertemente.
-¿Todavía no, Ichigo? Voy a tener que darte una lección como sigas así...-murmuró, inclinándose hacia él.
-¿Qué es lo que quieres?-le preguntó el chico, tratando de respirar desesperadamente.
-Ya te lo dije, Ichigo. Lo quiero todo. A ti incluido, obviamente.
Le soltó el cuello, permitiendo que el chico volviera a respirar. Ichigo se irguió ligeramente, apoyándose con sus codos.
-Mira lo que has hecho, has tirado el té... Eres un caso perdido, Ichigo.-murmuró Aizen, acariciándole la cara suavemente. El chico se apartó del contacto, que aún le provocaba más asco del que había sentido cuando lo hacía Shirosaki.
-No parecías tan molesto cuando era Shirosaki el que te tocaba.
-Y una mierda...-farfulló el chico, todavía incapaz de mirar a Aizen fijamente. Pero éste se lo iba a poner complicado. Le giró la cara de nuevo, plantándose a sólo unos centímetros.
-No era eso lo que parecía, Ichigo. No mientas.-Aizen empezó a atacar su cuello, depositando besos encima de cada mordedura que veía, provocándole dolor al chico por los roces.
-¿Tanto te quedaste mirando?-le preguntó con rencor, tratando de pegarle un puñetazo. El hombre lo paró y le golpeó la muñeca contra la mesa.-Eres un pervertido de mierda.
Aizen le mordió en el cuello, lo bastante fuerte como para hacerle sangrar. El chico dejó ir un quejido, de nuevo tratando de pegarle una patada al ex-capitán.
-Tengo cámaras en todas partes por precaución, Ichigo. No por gusto.-le contestó, llevando sus dedos a la cremallera de la camisa del chico otra vez.- Aunque no voy a negarte que mi trabajo a veces me provoca placer.
Era lo peor y lo sabía. Pero no podía contenerse a cerrarle la boca al chico. Siempre pareciendo tan valiente y seguro de sí mismo... Tan imbatible. Y ahí estaba, completamente a su merced, sabiendo que podía hacerle lo que quisiera, ya que nadie se lo iba a impedir. Ni siquiera Shirosaki. Sonrió ante la idea de verlo muerto de celos por lo que le hiciera a Ichigo, sobretodo después de haber perdido la oportunidad por ser demasiado blando. Al hollow también lo había calado hacía tiempo, cuando observaba como iban juntos por el pueblo de Ichigo, viendo como se le colgaba del cuello. Aunque no era tan fácil de entender como Ichigo. Le bajó la cremallera lentamente, saboreando el miedo que veía en los ojos del chico, que parecía no poder creerse que le fuera a pasar lo mismo por segunda vez en ese día.
-No, para...
-Por última vez, Ichigo. ¿Cómo debes dirigirte a tus superiores?
El chico se tragó el orgullo y la vergüenza. Estaba demasiado asustado como para no hacerlo. Estuvo a punto de sollozar, dándose cuenta de que se estaba repitiendo todo otra vez, incluso la conversación.
Pero esta vez no parecía que fuera a tener el mismo final.
-Lo siento, Aizen-sama.-murmuró el chico, tratando de contener el miedo y la ira a la vez.
-Buen chico...-le felicitó condescendientemente el capitán, como si fuera un perro. Le acarició el pelo suavemente, haciendo que Ichigo sintiera más asco si fuera posible.- Pero creo que te he dicho que yo no pararía aunque suplicaras.
No. Eso no podía estar pasando. No quería. Cerró los ojos al sentir como el hombre empezaba a acariciarle la cintura por debajo de la camisa. Se estremeció y trató de apartarse, sabiendo que era inútil. El hombre le cogió de la cadera y lo acercó hacia él. ¿Por qué Shirosaki le había hecho eso? ¿Por qué le había dejado en manos de su enemigo? ¿Por qué lo odiaba tanto?
¿Y por qué Aizen le hacía eso? No iba a sacar nada de él. Sólo más odio... Aunque no podía negar el miedo que se acumulaba en su estómago de nuevo. Eso sí que lo iba a conseguir. Aizen volvió a besarle, esa vez más intensamente, mientras se apretaba contra él. A diferencia de Shirosaki, sólo le pareció oír un gruñido cuando le intentó morder, pero a parte de eso, no daba ninguna muestra de estar disfrutando, como el muy bastardo de su hollow había hecho. No sabía qué era peor.
-No te despistes, Ichigo. Hieres mis sentimientos.- Aizen le acarició por encima del hakama sin ningún tipo de delicadeza, haciendo que apretara aún más fuertemente los labios y los ojos. No quería ver lo que pasaba, no quería sentirlo. No... Por favor.
¿Por qué le estaba pasando eso? ¿Por qué se tenía que meter en ese lío? ¿Por qué no podía seguir con su vida normal?
-¿A quién debes temer, Ichigo?-le preguntó el hombre, recogiendo un par de lágrimas que no se había dado cuenta había dejado ir.
-A ti, Aizen-sama.- le respondió con voz temblorosa, mientras el mayor le deshacía el obi y dejaba caer el hakama al suelo.
No. No. No.
-¿Vas a hacer lo que yo diga, verdad?
Tenía tantas ganas de llorar... Por verse así. Tan débil, tan inútil... No podía seguir así. El chico trató de hablar, pero otro roce le hizo callar para ahogar un jadeo. Aizen parecía notarlo, así que repitió el movimiento. No lo estaba mirando a la cara, pero Ichigo podía notarla: el aura de victoria alrededor de Aizen. No quería dejarlo ganar así como así.
-¿Ichigo? ¿Todavía no estás convencido? ¿O debería acercarme a ver si Orihime es más fácil de convencer que tú?
Eso nunca. Tal como le había dicho Shirosaki: tragar. Aunque le doliera en el alma, aunque después de ese día ya no volviera a ser el que era.
-No, por favor, Aizen-sama. A Inoue no. Haré lo que quieras...-murmuró en voz desesperada.
-¿Lo que quiera?-le preguntó, cogiéndole de la barbilla y obligándole a mirarle a los ojos.
Se había metido de lleno en la trampa de Aizen.
-Lo que quieras.-repitió, tratando de convencerse a sí mismo.
Aizen se detuvo al instante.
-Buen chico.-repitió, recuperando los pantalones del chico del suelo y cubriéndole con ellos.- Espero que te acuerdes de esto la próxima vez que te pregunte algo, Ichigo...
No se lo creía. ¿En serio? Todavía temblaba como una hoja y no podía hacerse a la idea que el otro se hubiera detenido. ¿Sería un engaño? ¿Volvería a la carga tras confiarse? Hubiera preguntado el por qué si no estuviera tan asustado de conocer la respuesta, o peor, de que siguiera. Aizen pareció leerle los pensamientos de nuevo.
-No te equivoques, Ichigo.-le dijo el hombre, con voz suave, mientras le acariciaba la mejilla. El chico se estremeció, pero no se movió.-No lo hago por la misma razón que Shirosaki. Él fue débil. Yo he parado porque no es necesario seguir. Sé que ya no volverás a las andadas, como mínimo no sin tener pesadillas. Porque sé que ya con esto no vas a poder olvidarte de mí y que recordarás mis manos cada vez que nos veamos. Sé que ya no volverás a faltarme al respeto. Y que si lo haces, estarás tan asustado que no aguantarás lo que pasará después. Lo hago porque puedo...
Ese hombre era un monstruo. Todo lo que había oído de él eran cosas horribles. Pero después de lo de hoy lo tenía claro. Era un maldito psicópata.
Aizen le atrajo de nuevo, besándolo firmemente, acariciando su pelo. El chico no se movió un ápice, aunque pudo notar el disgusto acumulándose en su estómago.
-Espero que a partir de ahora, seas siempre así de obediente. Reconozco que voy a echar de menos tus bravuconadas y tu fuego, Ichigo, pero... esto era necesario para que supieras de una vez cual es tu lugar. Lo entiendes, ¿verdad?
El chico casi no tuvo fuerzas ni para contestar.
-Sí, Aizen-sama...
No se reconocía a sí mismo.
CONTINUARÁ
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Reviews
guests: Gracias por los mensajes! Actualizado queda!
Sakhory: Hola! Muchas gracias por tu review =) No pasa nada por comentar en guest! Es sólo que me sabe mal no poder responder al momento. Pero don't worrises!
Sep, Aizen fue un bastardo de la hostia y se la jugó bien a Ichigo. Pero es así de listo y sádico a la vez, así que no iba a paerder la oportunidad de hundirlo un poquito más.
Muchas gracias! La verdad es que espero que las conversaciones cada vez vayan siendo más profundas, para poder vislumbrar las intenciones de ambos. Y cada vez nos meteremos más en la cabeza de Shirosaki.
Gracias! La verdad es que llevo una temporada actualizando muy continuamente, así que espero seguir así! / Y muchas gracias por gustarte mi forma de escribir, sé que puede ser un poco rara por hacer una mezcla entre la 1ª y la 3ª persona, pero bueno ;u; Gracias! Espero que sigas leyendo!
Kasumi Sshioz: Hola! / De nada! Muchísimas gracias a ti por leer! Y tranquila, que las actualizaciones seguirán sí o sí =) La verdad es que en español no hay demasiado de esta pareja, pero en inglés hay alguna maravilla 3 Espero aunque sea dar a conocer más el ShiroxIchigo, que es una obsesión mía también 3
Pero en serio, muchísimas gracias por pensar que este fic es tan bueno, se agradece mucho 3 Y que hagáis que valga tanto la pena. Nada de agobios, es un placer recibir vuestros mensajes. Saludos!
