Holas!

Umm... ¿Me recuerdan? Soy aquella chica que hace mas de un año comenzó a subir una historia y que la dejó botada en Mayo... D:

Lo siento deberás, creo que ya ni me recuerdan, pero se que las excusas y explicaciones sobran. Serían largas. Y no puedo decir que no he podido subir nada por falta de tiempo, ya que he subido muchas historias para retos.

Solo puedo decirles: Lo siento. Como en mis planes anteriores, la historia llega a su fin, faltan solo los epílogos :')

Cuando recién me inicié en este mundo, comencé a escribir una historia y quedé igual de varada que esta. La diferencia la borré de la página y mi pc. No saben como me arrepiento. Prometí nunca mas volver a borrar nada.

En fin... espero que quien lea, a estas alturas, el capítulo le guste.

Nos leemos. Espero y creo que pronto, haré todo el esfuerzo por terminar los epílogos.

Byeeeee!.


Disclaimer; los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.


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Capítulo 11. El tiempo pasa

Hugo se mordió el labio pensando.

Que ella se fuera no estaba en sus planes, cierto era que lo había previsto, pero jamás pensó que se haría realidad. Yéndose Altair todo sería más difícil. Ahora no sabía dónde buscarla, la vez pasada había sido fácil, ella no sabía la verdad.

—Harás un hoyo en el piso —murmuró una voz desde la cama.

—Sabía que esto pasaría —espetó frustrado.

—Si lo sabías, ¿Por qué seguiste acostándote con ella, la asustaste?

—Debía quedar embarazada —le contestó como si fuera lo más obvio.

Ella frunció el ceño —Ese no era el plan. Si Altair queda embarazada la herencia de Malfoy irá directamente hacia ese bebe.

—Esa era la idea, pero ella no está embarazada.

— ¿Por qué querías tuviera un bebe?

—Malfoy ama a su hija. ¿Sabes cuantas posibilidades hay que muera en el parto?, perdiéndola se volcaría en su nieto y yo sería el que administraría la herencia. Por supuesto, para eso, necesito el jodido apellido.

—Eso es… asqueroso.

Hugo se encogió de hombros sentándose a un lado de ella —Cuando mi mamá me dijo que Ron no era mi padre, un alivio se instaló en mi pecho, como si siempre lo hubiese sabido —cerró los ojos recordando—. Cuando el apellido Malfoy apareció en la ecuación, me di cuenta de que, aunque no quisiera, lo necesitaba. Estoy estudiando, mi apellido es respetado, pero el de Draco Malfoy lo es aún más. Independientemente de su pasado como Mortífago, ambos sabemos que ayudaría más.

—Muy retorcido, cariño —la chica lo miró

—No tienes una idea de lo retorcido que puedo ser, Aline.

—Creo que me hago un día.

Hugo se acercó a ella y la besó recostándola en la cama. Si el apellido Malfoy le convenía obtenerlo, el de Nott sería un adicional muy gratificante.

Aline era una amante excelente y, muy pronto, una esposa con muchos beneficios.

...

Hermione se separó unos pasos de Draco y miró a la mujer que estaba frente a ellos. Cierto era lo que ella había dicho, pero eso había sido ayer. Ahora, ahora era distinto.

—Usted no debería estar aquí, señora Malfoy.

—Vengo a buscar a mi marido, cosa que usted debería respetar y no estar besándolo tan descaradamente.

Hermione se alejó más de Draco —Respeto ese hecho. No negaré lo que hablamos ayer.

—Entonces, ¿Lo recuerdas?

—Constansie, es mejor que nos vamos —Draco caminó hacia su mujer e intentó tocarla, pero ella se alejó.

—Espera… necesito que me conteste.

—Todo lo que hablamos ayer, todo lo que dije ayer es cierto, pero, la verdad, no sé si este enamorada o no de Draco.

El rubio bajó la mirada —Vámonos, Constansie.

— ¿Por qué, amor? Estamos muy bien, aquí, hablando o es que interrumpí algo más, obviando el beso, por supuesto. Es un hombre casado, mi hombre —Constansie se acercó a Hermione y la miró retadoramente—. Le mentiste, provocaste muchas cosas desafortunadas en nuestras vidas y ahora pretendes que él este contigo.

—No pretendo nada.

—Por supuesto que sí.

—Constansie. Nos vamos.

—Quizás te duela esto que te voy a decir, pero no te daré el divorcio para que te revuelques con esta —escupió enfadada mirando a Draco.

— ¡Es suficiente váyanse los dos! —exclamó Hermione.

Draco miró a Hermione y esta supo que la conversación entre ellos no había acabado.

Constansie salió rápido sin despedirse y Draco la siguió.

La castaña se dejó caer en el sillón más próximo. Realmente había sucedido, había besado a Draco. Le había gustado hacerlo, pero no podía sentir aquello. Ella estaba casada y él también. Ayer le había dicho a Constansie que no estaba enamorada de él, pero ahora no entendía sus propios sentimientos.

Estaba tan confundida. ¿Por qué tuvieron que besarse?

Aquel beso había cambiado algo en su interior.

Semanas después…

El sol a esas alturas de la mañana era realmente agradable. Mientras caminaba dejó que la arena acariciara sus pies. Suspiró. Unas semanas sin sus padres habían sido suficientes para saber cómo desaparecer sin dejar rastro, y mucho tenía que ver aquel traslador que no había tomado.

Ahora, muy lejos de todos, las cosas eran mucho más claras de lo que lo habían sido antes. Hugo solo había nublado sus sentidos dejándola estúpida y enamorada, pero de alguna manera sabría cómo olvidarlo. Tendría que hacerlo aunque le costase años. Podía hacerlo.

La helada agua le hizo tiritar y abrió los ojos para ver la hermosa panorámica que tenía en frente. Quizás, después de todo, estar lejos no sería tan malo.

Parpadeó cuando se dio cuenta de que algunas lágrimas amenazaban con escapar de sus ojos. No quería llorar, no debía llorar por algo así, por el cambio que estaba haciendo en su vida. Suponía que era normal, a partir de ese momento estaría mucho más sensible. Suspiró temblorosamente antes de girar e irse al apartamento que había alquilado.

Dio unos cuantos pasos, pero se detuvo al sentir una penetrante mirada. Giró un poco la cabeza y se dio cuenta de que alguien estaba observándola unos pocos metros más allá. Estaba decidida a irse sin hacer ninguna interacción, pero el hombre, sí que lo era, vistiendo un traje de surf se fue acercando.

Altair desvió la mirada nerviosa, ¿Por qué? No lo sabía.

—Hola.

—Hola —contestó mirándolo. Era alto, rubio y de ojos azules. Se veía mayor, evidentemente lo era, quizás nueve o diez años más.

—No eres de aquí, ¿Verdad?

—No, no lo soy. Llegue hace unas semanas.

Él asintió interesado —Yo vivo aquí hace diez años, por cierto mi nombre es Alexander Aldrich y ¿Tú eres?

—Altair. Altair Galasso.

Alexander sonrió —Un gusto, entonces.

—Lo mismo digo —contestó nerviosa.

La chica sonrió. Sabía que estaba mintiendo, pero ese hombre, Alexander, era un extraño. No lo volvería a ver. No deseaba hacer ninguna amistad antes de sanar completamente.

— ¿Surfeas? —preguntó de pronto Alexander.

Altair miró sus ropas —No lo hago. Es más no conozco mucho el deporte.

—Puedo enseñarte, si quieres.

Oh.

Oh. Una decisión. Si decía que no; se iría y no lo vería jamás. Si decía que sí; pasaría un momento agradable y, quizás, lo podría conocer más. Pero…

—Lo siento, pero tengo que irme.

Él asintió solicito —Entonces, espero que nos volvamos a encontrar.

La rubia solo asintió. Vio como él avanzaba al mar y se perdía entre las olas.

No sabía porque, pero sentía que aquello había sido una mala decisión.

El vaso se estrelló contra la pared y el líquido resbaló hasta llegar al suelo. El corazón dolía. Necesitaba desesperadamente que todo lo que estaba viviendo pasara rápido. Siempre supo que ella no lo amaba, le tenía un cariño enorme, pero no amor. Concibieron a Rose después de muchas conversaciones y planeación, incluso en ese momento no había estado presente el amor. Luego, su hijo pedía cambiarse el apellido por su padre biológico. Y ahora, un papel enviado desde el Ministerio hacia que su cabeza estuviera a punto de explotar.

Jamás creyó estar viviendo con una extraña, pero, al parecer, así era porque de otra manera no entendía porque Hermione había solicitado el divorcio sin habérselo mencionado siquiera. Sabía que el matrimonio no estaba bien, pero ¿Llegar a ese extremo? ¿Divorcio?

—Ron… —Hermione lo miró confundida y asustada.

Él parpadeó centrándose en el ahora, quitando los pensamientos anteriores —Siempre te amé —comenzó mirando la pared—, siempre estuve ahí para ti. Cuide a tu hijo aun sabiendo no tenía ni una gota de mi sangre —la miró con resentimiento. Sus ojos estaban enrojecidos por la ira o por el alcohol—. Ahora me llega esto —levantó el arrugado pergamino— donde me pides anular nuestro matrimonio.

La mujer se mordió el labio —No es lo que piensas.

— ¿No? —preguntó irónico—. Entonces, ¿Es una broma?

—Necesitas calmarte.

— ¡Y una mierda! No voy a calmarme cuando nunca me has dicho las cosas claras. Deberías habérmelo contado tú y no un jodido papel.

—Lo siento, Ron. No pensé que esto sería tan rápido. Fui lo solicité, te lo iba a decir, pero…

—Pues lo fue… y sabes no lo voy a firmar. Tendrás que recorrer el camino duro.

—No puedes hacer esto —susurró.

—Puedo, claro que sí. Estoy en mi derecho y no voy a firmar nada para que vayas a revolcarte con Malfoy.

Hermione lo abofeteó —No me hables así. Esto no tiene nada que ver con él, ambos sabemos que tarde o temprano nuestro matrimonio iba acabar.

Ron se tocó la mejilla —Nunca me amaste. No debí casarme contigo. Tuve la culpa de que esto pasara, pero creí, ciegamente, que te conquistaría y me amarías como a él.

La mujer desvió la mirada dolida por las palabras de su esposo —Siempre estaré agradecida de todo lo que hiciste por mí. Si nos ponemos a pensar, yo tuve la culpa de aceptar esto. En ese momento creí que podía amarte. Sino quieres firmar, no te preocupes, recorreré el camino largo.

El pelirrojo tomó la pluma del tintero y firmó.

—Eres libre ahora. Con respecto a Rose dejaré que ella decida si quiere estar contigo o conmigo. Espero que no te arrepientas de esto.

Se movió rápidamente para salir ahí. No podía quedarse en el mismo sitio que ella.

Hermione jadeó con las emociones a flor de piel. Estaba divorciada. Dios… dios… dios… estaba divorciada. Ahora… no sabía qué hacer. Se sentía abrumada y con sentimientos encontrados, debería estar feliz o, por lo menos, algo aliviada, pero tenía un peso en el pecho. Como si estuviera cometiendo el mayor error de su vida.

Dos meses después…

Constansie miró hacia el jardín lleno de narcisos y rosas. Tenía un mal presentimiento. Draco había estado actuado muy extraño. Desde aquella vez que lo pilló con la sangre sucia, las cosas entre ellos habían cambiado. Ya no había planes en cada paso que daban, el futuro se veía nubloso en aquel presente. No podía dejar que esto acabara. No así. No de esa forma. Tenía mucho que perder, no le había entregado sus años de juventud a él para que de un día a otro la botara a la basura.

No, Draco no desorganizaría sus planes. No lo dejaría.

La noticia de la separación de la pareja del momento había calado muy profundo en ella, en cualquier momento su marido le pediría lo mismo.

—Constansie. Necesitamos hablar.

— ¿Qué pasó?

—Altair no responde las cartas que le he enviado.

— ¿Porque no me lo dijiste antes?, pensé que estabas en contacto con nuestra hija.

—Porque lo estaba, pero hace dos meses que no me responde nada.

La mujer suspiró — ¿Qué propones?

—Tengo que ir a donde el traslador la dejó.

— ¿Ha utilizado el dinero que le mandas en la cuenta?

—De hecho… —Draco lo pensó— sí, lo ha usado. Sus giros están visibles en la cuenta.

La rubia sonrió un poco —Eso quiere decir que está bien.

—Pero eso no quita que no me contesta ninguna carta.

—Draco. Todo lo que pasó ha sido muy duro para ella, quizás esta es la forma que encontró de alejarse de todos. Si en determinado momento sigue igual, tú y yo la buscaremos.

—Tienes razón, como siempre —Draco abrazó a la mujer.

—Todo está bien, ¿Verdad? —preguntó con algo de temor.

—Perfectamente —siseó él.

— ¿Nuestros planes siguen ahí?

—Desde el día uno planeamos nuestro matrimonio, como sería y como se vería. Nada ha cambiado.

Ella se alejó —Independientemente de que ella ahora no este casada.

Draco le dio la espalda —También quedamos de acuerdo en tener amantes, ¿Recuerdas?

—Lo recuerdo, como también recuerdo que ellos, nuestros amantes, no interferirían en nuestro futuro.

—No lo están haciendo.

—Me alegra oírlo.

Constansie se retiró en silencio, las cosas estaban más claras para ella, podía estar tranquila. Nada sucedería.

Draco se quedó en el salón e hizo una mueca al darse cuenta de que una vez mas no había podido hablar claro con su esposa. Los papeles de divorcio aún seguían intactos en la carpeta que el Ministerio le había facilitado.

Sabía que Hermione no se lo perdonaría. Quizás, ya fuera hora de cortar con lo que había empezado. Mal que mal su futuro ya estaba trazado con Constansie.

Una vez más debería sacrificar su amor.