Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! No me pertenece ni sus personajes, es propiedad de Akira Amano.

Advertencias: Tsuna 13, Mukuro 15.

Aclaraciones:

_Hablan los personajes.

-Pensamientos de los personajes-.

-aclaraciones mías-.

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Recuerdos

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Summary: Con sólo ocho años, Mukuro se encuentra recluido en una prisión, en la cual es comprado y se lleva una sorpresa al enterarse que ahora es pertenencia del hermano menor del hombre que le compro.


Yunmoon Projects

Presenta:

Artes oscuras

Parte 2: Oscuridad parcial

Capítulo 11 – Los besos de los amantes

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Se sentía… se sentía mosqueado, muy molesto, enfadado, irritado, incomodo y… y muchas cosas malas más.

Tsuna le había estado evitando.

Desde que esa mujer llegó a casa Tsuna lo había estado evitando, le evitaba como si fuera la peor gripa o la peste. Se sentía molesto por todo eso y lo peor del caso era que, de repente, Hibari Kyouya y Tsuna eran los mejores amigos del mundo…

¡Eso le enojaba mucho!

No, no lo mal interpreten, no se trataba de odio hacia Tsuna o hacia el propio Kyouya, todo se trataba de los celos que sentía por esa relación… ¡Tsunayoshi era suyo! Tenía el derecho de decir que era suyo más que de cualquier otro –aunque Giotto era la excepción-, le había conocido desde niño, le había cuidado, le había amado, incluso lo había perdonado. Tsuna era suyo.

Pero no era tan egoísta como para interrumpir su relación con Hibari.

Así que, sin otra cosa mejor que hacer, Mukuro decidió dejarse ignorar, él actuó como siempre para Tsuna, le cuidaba, hablaba con él y le hacía compañía, aunque el castaño le alejara. Para Mukuro no había importancia, mientras el niño no le dijera que se fuera, entonces él seguiría a su lado.

Aunque los celos lo consumieran.

Ese día no fue diferente de los que habían pasado, se despertó temprano, bajó a tomar el desayuno y después de que Tsuna se fuera a la escuela junto con Hibari, él comenzó su entrenamiento con Daemon, el muy cabrón ahora le estaba mostrando ilusiones de un grado escalofriantemente realista, aún ahora podía sentir el filo de la guadaña de la muerte rasgando la piel de su cuello y encajando sus huesudos dedos en sus brazos. Había sido algo más que escalofriante que le había enfriado hasta el sentido de la vista.

Ahora entendía porque Daemon era el guardián de la niebla de Giotto Vongola.

Su entrenamiento con él llegó a su fin cuando Lambo se unió al entrenamiento junto con Reborn, el sicario le sonrió con sadismo y Mukuro supo que su entrenamiento iba a ser una mierda.

Y si que lo fue, si algo había descubierto de Reborn es que era un sádico y un pendejo, lo primero más que lo segundo, no entendía como Tsuna podía aguantar sus entrenamientos. Sus entrenamientos absurdos sin duda alguna eran más que efectivos y lo que más podía sacar de él, es que Reborn no sólo entrenaba tu cuerpo, entrenaba todos tus sentidos y tu mente. El maldito siempre te provocaba entrar en shock durante los entrenamientos, siempre tocaba tus puntos sensibles.

Como ahora.

_¿Tsunayoshi te ha abandonado? Vaya pena, aunque era obvio que pasaría.

_No soy un perro para ser abandonado.

No pudo evitar pensar en las palabras de Daemon, cuando él le dijo que era el perro de Tsunayoshi y él aceptó ese hecho, pero una cosa era aceptarlo frente a Daemon –que de alguna forma se había vuelto un confidente y alguien que le entendía- y otra muy diferente era aceptarlo frente a Reborn, ese sicario burlón, arrogante y petulante, le ponía de los nervios su actitud pedante.

_Claro, primero va la negación y poco después la aceptación… pero es obvio que escogiera a Hibari sobre ti, a Hibari lo he entrenado yo mismo y eso da a entender que es mucho más fuerte que tú. Además… aunque yo soy un sicario él jamás ha matado… Puede compartir la pureza del paraíso junto con Tsuna.

Golpe bajo, un golpe terriblemente bajo. Mukuro no iba a olvidar su pasado y ese hombre no tenía porque recordárselo, recordarle que, mientras Tsuna era puro, él ya había matado a más personas que las que pudiera contar con los dedos de sus manos.

_Cállate.

Fue tajante y sin notarlo su ojo rojo comenzó a tomar una tonalidad más profunda, Lambo, que se había mantenido al margen de todo ello tembló un poco, eso era bastante atemorizante para cualquier otra persona que le viera, pero a Reborn ese niño no le daba miedo ni nada.

_Eres su perro, ya acéptalo.

Para su buena o mala suerte, G llegó poco después, diciéndole que ya era ahora de sus clases, oh si, mientras que en la mañana, entrenaba su cuerpo, en la tarde ayudaba en todo el papeleo y tomaba clases avanzadas con Gokudera, el muy presumido ya tenía el nivel para estar haciendo una especialización, al parecer era un superdotado sabelotodo e imbécil –lo último agregado por Mukuro-, pero como perro faldero que era había decidido ir a la escuela junto con Tsuna. Giotto también le enseñaba, aunque el encargado en enseñarle era, en sí, era G.

Antes de entrar de lleno en el papeleo él se levantó para ir por Tsuna, pero una mano, desconocida a él, le sujeto en su lugar, al alzar la mirada se encontró con un brillo peculiar, era similar al de Tsuna, tan vivo y llenó de pureza, pero no era la mirada de Tsuna, era de esa mujer.

_¿Vas por Tsuna-kun?

Mukuro asintió, esa mujer, Luce, era alguien extraño para él, ya que nunca podía negarle nada, era una fuerza similar a la de Tsuna y el propio Giotto, más parecido a la de Giotto.

_No te preocupes, hoy iremos nosotros por él.

Ella le sonrió y Mukuro miró detrás de ella para encontrarse a Reborn, frunció el ceño.

_¿Por qué?

_Vamos a convocar la junto hoy en la tarde, espero que puedas ayudar a Giotto en todo… y cuando llegue el momento ayudes a Tsuna.

Oh.

Había llegado el día en el que Tsuna se enteraría de que era el líder real de Vongola. Mukuro sonrió con pesar y pena. Ahora que las cosas iban un poco mal con el castaño no sabía que hacer.

_Por cierto, feliz cumpleaños.

Dijo ella mientras se iba.

Mukuro no dijo nada ante eso.

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Hibari tenía el ceño fruncido, realmente no le importaba que Reborn fuera por él a la escuela, pero esa mujer era otra cuestión, era una mujer rara, que se la pasaba diciéndole lindo y cautivante, Hibari odiaba escuchar eso, él no era lindo y cautivante mucho menos… ya se encargaría luego de dejarle eso en claro a esa mujer fastidiosa. Pero él sabía a que venía toda esa caravana. Hoy era el día, de eso no había duda. Lamentaba un poco el hecho de que Tsuna ignoraba eso, que el castaño este más enfrascado en su auto castigo por haber olvidado el cumpleaños de Mukuro Rokudo que en le hecho de que Reborn no le ha comenzado a fastidiar.

Ha de querer demasiado a ese ilusionista para no notar nada más a su alrededor.

La llegada a la casa es un poco extraña, Tsuna busca con la mirada a Mukuro sin notar que la casa esta más vacía que de costumbre, Luce sigue con la sonrisa en su rostro, Reborn ha dejado de mirar a los chicos y Hibari sigue con el rostro fruncido en una mueca de molestia.

-Tsuna… está hecho para la mafia, no hay duda-.

Piensa Reborn, si fuera lo contrario el chico no sería tan maldito con Mukuro, aunque lo haga inconscientemente ha sabido como controlarlo. Mukuro no es débil, Mukuro no es tonto, Mukuro no es fácil. Pero Tsuna lo ha conseguido, ha conseguido lo que probablemente nadie podrá hacer jamás en su vida. Controlar a un ilusionista que ha conseguido ir al infierno y volver con vida… más de una vez.

Bueno… Giotto también lo había conseguido con Daemon, había que darle su gracia. Pero una cosa era el hecho de que Daemon no había tenido que ser comprado para servir a Giotto, Daemon lo había hecho por gusto, Mukuro había sido comprado y degrado, lo más probable era que odiara, pero en vez de eso Mukuro amaba a Tsuna.

Tsuna sería un buen líder… sino moría por toda la ola de energía del Trinisette.

-No morirá-.

Pensó por última vez antes de abrir las puertas del gran salón de reuniones.

Por un momento, Tsuna pensó que todo era una sorpresa para Mukuro, una fiesta sorpresa, pero ahí adentro no habían globos, o un pastel y regalos y las caras largas y serias de todos le daban el claro mensaje que ahí nadie se estaba preocupando por una fiesta de cumpleaños.

_¿Cómo te fue hoy en la escuela, Tsuna?

La voz, tranquila y serena de Giotto llamó la atención de Tsuna, lo miró por un par de minutos y enseguida fijo su mirada en Luce, ella parecía ser la causante de toda esa reunión.

_Luce-san… ¿podría saber que está pasando?

Ella sonrió.

_Claro, no te preocupes. ¿No quieres sentarte primero?

Tsuna se sentó.

Mukuro desvió la mirada cuando sintió la mirada caramelo del chico en su persona, no quería recibir esa mirada de ayuda, él no podía ayudarle a evadir escuchar esa verdad. Era una verdad que Tsuna necesitaba saber.

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La responsabilidad había recaído, en su totalidad, en Mukuro, él se mantenía recargado en la puerta del cuarto del castaño, lugar en el que Tsuna se había encerrado apenas le habían soltado la noticia. Mukuro no quería meterse en su camino, así que nunca insistió, si Tsuna le necesitaba iba a abrir la puerta. Y sabía, porque lo conocía demasiado bien, que en cualquier momento el castaño lo iba a necesitar.

La noticia había sido más impactante de lo que había pensado, aún no podía sacarse las palabras de esa mujer de la cabeza.

'Como sabrás. Vongola ha vivido, generación tras generación, con el puesto como vigilantes de la ciudad, ocupándose de la seguridad de sus habitantes, preocupándose por su bien estar. Ese es el trabajo real de Vongola, no tiene nada que ver con la mafia, pero la mafia los compara en su estilo. Como grupo vigilante, también es deber encargarse de la mafia que perturba el bien estar de todos, así que, a Vongola no le quedo de otra que volverse un grupo mafioso para poder combatir a todos ellos.

Pero el poder de Vongola no se basa en eso, tiene como fuente el poder del heredero, así como el poder del Noveno, Timoteo, su poder aguardo la seguridad de todas esas personas que conocía y amaba y a esas otras que no conocía pero estaba dispuesto a proteger. Así como ahora lo hace tu hermano.

A su vez, Vongola siempre ha… procreado a un heredero, en toda la historia de Vongola, está es la primera vez que nacen dos hijos. Iemitsu-san tuvo dos hijos, Giotto… y tú. El poder del heredero, en primer instancia, se pensó se mantenía dividido entre ambos, así que, obviamente, ambos compartirían la responsabilidad de líder. Giotto y tú tendrían que ser los líderes de Vongola, pero como no puede haber dos lideres se decidió tomar en cuenta a la CEDEF, esa fuerza externa que ayuda a Vongola en las sombras, lugar que fue dado a ti, por ser el hermano menor.

Pero… la verdad es un poco diferente. Giglio Nero, como lo sabrás, mantiene una estrecha relación con Vongola sin llegar a una alianza. Y yo, Luce, soy la segunda líder de Giglio Nero, aunque mi trabajo principal es proteger el poder de los pacificadores de los arcobaleno, así como lo es Reborn.

¿Conoces lo que es el Trinisette? He de suponer que si lo haces, pero lo explicare de todas formas. El trinisette es conocido por los tres sietes, Vongola, con los anillos Vongola, arcobalenos, con los pacificadores, Gesso y Giglio Nero en una unión creando… Millefiore y sus anillos mar. Ellos forman la fuerza Trinisette, cada líder de cada '7' se ve obligado a recibir, cada cierto tiempo, todo el poder del Trinisette. El recibir ese poder implica recibir el poder que se acumula y evitar que ese acumulo explote y… provoque daños.

El líder real de cada grupo tomara el poder que se le es ofrecido y lo devolverá a sus anillos. Pero… el poder del trinisette es tan fuerte que a veces es necesario consumir la… vitalidad del líder para poder guardar toda esa energía. Por ello te digo que la verdad, acerca del líder Vongola, no es la que tú conoces.

Vongola tiene un sólo líder, eso no ha cambiado aunque haya nacidos dos herederos. Y el líder real de Vongola fue escogido el día de su nacimiento… el líder eres tú… Tsunayoshi.'

Mukuro abrió los ojos, no sabía nada de eso, no sabía que Tsunayoshi podía morir si el poder le consumía más de la cuenta, ¿Qué clase de cosas bizarra y enferma era esa? Sinceramente, prefería que Giotto tomara ese poder, era lo mejor, Giotto no era el líder real, el poder del Trinisette consumiría su vida… pero sería capaz de repartir el poder a los anillo antes de morir y dejar a Tsuna al mando de todo Vongola.

No le importaba que su pensamiento fuera egoísta, lo único importante para él era conservar a Tsuna a su lado y con vida. No quería perderlo, rayos, era lo que menos deseaba, perder a ese ser que le brindo una puerta para salir de la oscuridad que él mismo había decidido tomar. Tsuna era su todo… no podía perderlo.

Moriría su él se iba.

Ella había dicho algo después de que Tsuna se hubiera ido, mientras que Giotto tenía un cinco por ciento de esperanza de vida después de recibir el poder del trinisette, Tsuna tenía un cincuenta por ciento, le valía poco, ese otro cincuenta por ciento podría matarlo y Mukuro no iba a permitirlo.

Algo haría para evitar que Tsuna tomara ese poder… y estaba seguro que Giotto le ayudaría.

_Mukuro…

La puerta se abrió levemente y sin decir nada el peliazul se levantó del suelo, lugar en el que se había sentado después de estar parado por dos horas, y entró a la alcoba. Adentró estaba hecho un asco, todo derrumbado, roto y destruido, Tsuna le miraba con pena a una prudente distancia de, tal vez, unos dos metros.

Le sonrió.

_¿Ya te sientes mejor?

_¡No quiero que Giotto-nii muera!

Fue lo primero que dijo al borde de las lágrimas, si, Mukuro se imaginaba que algo como esto pasaría. Tsuna era demasiado bueno como para dejar que su hermano muriera y demasiado listo en ocasiones para entender las palabras y el significado de 'consumir vitalidad'. Le sonrió, aunque Tsuna no quisiera que su hermano muriera Mukuro no quería perderlo tampoco… podría decirse que, por primera vez, los dos estaban enfrentados.

Pero Mukuro no diría nada.

_Tranquilo… él no morirá.

_¿Si yo me vuelvo líder y tomó ese… poder?

_Así es.

Tsuna se acercó a él.

_¿Yo moriré?

_No… yo jamás permitiré eso.

Tsuna le sonrió, asustado. Mukuro no lo resistió más, acuno su carita en sus manos y comenzó a besar su rostro, jamás tocó sus labios, eso sería demasiado. Entre beso y beso susurraba palabras de amor para Tsuna.

_Jamás te dejaré, siempre estaré contigo. No permitiré que nadie te lastime… ni ese poder… nada. Nadie te tocara si no lo quieres, ni siquiera la muerte… tú eres mi todo… y yo me ofrezco a cuidarte para siempre… hasta que ya no me necesites… te lo prometo, Tsuna.

El castaño soltó un suspiro cuando los labios de Mukuro se detuvieron en su coronilla, lo miró a los ojos y tomó a Mukuro de las orejas, el peliazul le miró con duda y Tsuna sonrió.

_Feliz cumpleaños, Mukuro.

Dios. No podía. No podía resistirlo más. Lo amaba.

Amaba a Tsuna tanto que dolía.

_Gracias… Te amo, Tsuna.

_Yo también te amo, Mukuro.

Pero no era lo mismo, definitivamen-…

Oh.

De repente el cielo se abrió.

Una luz atravesó su mente.

Pero a la vez todo el mundo desapareció.

Sus sentidos se apagaron.

Pero fueron totalmente conscientes del ser que tenía enfrente.

Del pequeño ser que temblaba.

Del ser que lo jalaba con timidez.

Del ser que, con manitas cálidas y su cuerpo pegado al suyo, le besaba con pureza y amor.

Un besó tan puro y perfecto de Tsuna fue un regalo desde el bendito cielo o el más terrible infierno. Si, ahora podía decir que, tal vez, creía en un Dios, si ese Dios había provocado que Tsuna le besara creía en él.

Tsuna le se separó de sus labios, le miró con un brillo fantasmal, un brillo que le quitó el aliento y le provoco un estremecimiento en toda la columna. Rayos, esto era lo mejor que le había pasado.

_Te amo… Mukuro… Te amo… te amo… ¿me amas? ¿Me amas como más que tu amigo? ¿Más que tu amo? ¿Cómo me amas?

Valiente, tan valiente con ese brillo fantástico. Mukuro soltó un suspiro y lentamente descendió las manos hasta la cintura de Tsuna, pegándolo a su cuerpo, sintiendo todo ese ser pegado a él, sintiendo sus latidos y su calidez.

_Te amo más que a nada en el mundo… soy tuyo…

Tsuna frunció el ceño ante esa respuesta.

_Per…

Pero Mukuro lo interrumpió de inmediato, aún no había terminado.

_Pero quiero que tú… seas mío, Tsuna.

El sonrojó que inundo esas lindas mejillas le hipnotizo, pegó la frente a la de Tsuna, teniendo que agacharse bastante ya que el moreno era realmente bajo, pero no le importó la incomoda posición, no si podía tener a Tsuna así, para él, sólo para él.

_Mukuro… bésame.

No tenía ni que decirle, ni pedírselo, ni ordenárselo, Mukuro lo haría, porque él también quería besarlo.

Así lo hizo, lo besó. Pegó sus labios a los calientes y suaves labios de Tsuna. Fue otro contacto casto, pero esta vez no lo dejó así. Se acercó un poco más y apretando un poco la cintura de Tsuna le sacó un gemido, el primer gemido de placer, el chico abrió la boca y Mukuro se sumergió en la húmeda y cálida cavidad que se abría para él.

Tsuna se sentía raro, un remolina extraño comenzó a revolverle la comida y luego las ideas. Podía sentir la lengua de Mukuro en su boca, pero realmente no sabía que hacer, cuando esa lengua tocó la suya sintió que un botón se encendía, se derritió entre los brazos del peliazul y soltó un suspiro que fue comido por los labios del mayor.

Cuando el besó se detuvo, porque se imaginaba que Tsuna ya estaba por perder el aliento, Mukuro lo pegó, más si se podía, limpió la saliva que bajaba de sus labios con el pulgar y le acarició con suavidad la mejilla, los pies del moreno tocaban el suelo con las puntas, casi todo su peso era recargado en el cuerpo del adolescente.

Ninguno dijo nada, Tsuna no tenía la fuerza para hacerlo y Mukuro no deseaba romper ese delicioso espacio de calor. Tsuna estaba entregado a él, Tsuna era suyo. Oh si. Por primera vez podía decir que tenía el control en ese pequeño castaño… y le fascino.

Le encantó tomar las riendas.

Le gustó tenerlo a su merced.

Y la idea de perderlo volvió a su mente, no. No había duda, no podía dejarlo morir. No quería hacerlo, no podía permitir que Tsuna se fuera, no ahora, no en ese momento.

No Tsuna.

Y dentro de su cabeza un plan fue creado, mientras que en sus brazos Tsuna suspiraba de amor.

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El viento de esa noche fue cálido. Giotto entrecerró los ojos cuando la puerta de su cuarto rechino, primero pensó que se trataba de Daemon, pero enseguida se dio cuenta que estaba equivocado, pero si que el intruso era un ilusionista. Volteo al frente y entrecerró los ojos, para que sus pupilas se dilataran y pudiera observar en esa oscuridad.

_Necesito hablar contigo.

Fue lo que exigió el peliazul entrando a su habitación, Giotto asintió, abrió las cortinas, permitiendo la entrada de luz lunar y se alejó de la ventana, acercándose al centro, donde estaba Mukuro.

_¿Qué sucede? ¿Tsuna esta bien?

Mukuro asintió, al parecer eso no es lo que quería decirle. Giotto se cercó un poco más, el brillo de la luna alumbro su cabello, pero la luz no le favorecía, no como le favorecía al ilusionista, sin duda alguna era un ser de oscuridad, ahora debían saber si esa oscuridad estaba o no al favor de su pequeño hermano.

_¿Cuando se hará toda esa barbaría? ¿Cuándo entregaras a tu hermano a esa fuerza que lo matara?

_Sabes que yo no lo deseo, si fuera por mi, yo tomaría todo ese poder. ¿Acaso crees que puedo quedarme quieto sabiendo que Tsuna morirá por eso? ¡No! ¡No puedo quedarme quieto! ¡Lo amo! ¡Es mi más preciado hermano! Mi madre lo dejó a mi cargo y estuvo enojado mucho tiempo por ello… pero… ahora lo amo… es mi más importante hermano. No puedo soportar la idea de perderlo. Yo… amo a Daemon, lo amo más que a nada en la vida. Pero Tsuna… es mi hermano… no quiero perderlo. ¡Es un niño!

Mukuro retrocedió un paso, la luna perdió su brillo sobre su cuerpo y él sonrió en la oscuridad. Si, esto le afirmaba que todo iba a estar bien.

_Tengo una idea…

Fue todo lo que dijo y Giotto lo entendió mejor que nadie.

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_No me imagine que fueras a darte cuenta… no eres tan mocoso como pensaba.

El chico sonrió, fue una sonrisa sincera, un poco triste.

_Nos haremos los tontos, haremos todo según lo planeado por ellos… pero te prometo que… yo haré mi trabajo.

_Bien… entonces yo haré ese pacto de sangre. Cumpliré con mi parte sólo si tú cumples con la tuya.

_Hazlo.

La guadaña apareció en sus manos y con un fino corte tajo su piel y la de su interlocutor. Lo miró y con un poco de sus ilusiones y magia que le había sido heredada por la sangre de sus ancestros hizo el dichoso pacto de sangre.

_Yo, Daemon, me comprometo a cuidar a Vongola Tsunayoshi, seré su escudo y su arma. Hasta el día que él lo quiera.

Tsuna sonrió.

_Te prometo… que Giotto-nii no morirá.

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¿Qué estarán planeando estos cuatro sujetos para verse en la noche? Si, me imagino que lo saben.

Ahora lo importante. Este es el antepenúltimo capitulo de esta historia. Si, me gusta, pero he notado que el final está más cerca de lo que esperaba. Habrás epilogo, así que básicamente faltan tres capítulos.

Por cierto, se que encontraran muchas faltas de ortografía y me disculpo, no tuve tiempo de revisar este capitulo, aquí en México son las diez, así que aún llegó a tiempo para celebrar el cumpleaños de Mukuro. (XD)

Bueno, me despido.

Shao~ shao~