Fragmento del capítulo anterior:

Sea cual sea –con un suspiró. El Sr Wang tomó la palabra – será mejor que… nos vayamos, no se puede soportar el estilo de vida en vano –Todos asintieron a sus palabras. –Además es fin de año, será más sencillo volver…

Yao, hijo, por favor ve a casa, y diles que se preparen… – Yao la miró incrédulo, pero asintió – Porque nos regresamos a Hong Kong…


La nuestra es una tonta y ridícula comedia romántica
Capítulo 11
"A medio camino
"

Mientras tanto, Lukas y Mikkel quienes comían en la cocina, guardaban silencio para escuchar la plática de los mayores, ante las palabras de la Sra. Wang, ambos muchachos quedaron en silencio.

– ¿Se…regresan…a Hong Kong? – Mikkel murmuró quedamente.

Lukas permaneció en silencio, se acomodó el flequillo, las mangas de la camisa, bebió de su vaso de agua para aclararse la garganta y entonces, suspiró como quien piensa "Todo lo tengo que hacer yo" y entonces miró a Mikkel con complicidad. Era extraño como él, a diferencia del mundo, podía interpretar sus miradas, aquellas secas para los demás. Mikkel las entendía y Lukas aprovechaba para comunicarse sin tener que abrir la boca y explicarlo todo con "peras y manzanas".

Mikkel asintió siguiendo a Lukas cuando salió de la cocina, plantándose de brazos cruzados frente a todos los adultos. Otorgándoles una mirada profunda, pesada, un bufido leve que dejó a todos petrificados, incluido a Yao que estaba por salir, un movimiento de mano de Lukas y Mikkel ya tomaba al pelinegro de los hombros para hacerlo regresar.

Amateurs – dijo sin miramientos, respiró lentamente, tomó asiento frente a los demás, cruzando las piernas y tocándose la frente como quien tiene un terrible dolor de cabeza. – Les enseñaré como hacer las cosas.

Todos lo miraron atónitos y luego vieron de reojo a Aurora, madre de Lukas. Como diciéndole "Tu hijo, seguramente es el diablo"

– No lo sacó de mí –murmuró ella, quedamente antes de regresar la vista hacia su hijo, como todos los demás.

Lukas sonrió, finamente, de manera fría pero asertiva – Bien, entonces, pongan atención.


– ¿Por qué Emil? – Jia Lóng seguía agarrando a su primo del cuello de su camiseta, Yong Soo entonces le tomó de las muñecas, harto de esa situación.

– ¿Por qué nunca dices las cosas hasta que es demasiado tarde? ¿Huh? – Se sacudió para liberarse. – Y lo estás malinterpretando todo, ugh, tus celos sin fundamento.

Jia Lóng frunció el ceño – ¿Sin fundamento dices? – apretó los puños pero Mei le tomó la mano.

– Sin fundamentos – Dijo ella. – Yong Soo jamás fue detrás de él, pero al menos logramos ver algo

Él la miró ácidamente y Yong Soo continuó tomando asiento en el sofá – carajo, arrugaste mi ropa – Sacudió su camiseta y luego dijo al viento – al menos logramos que aceptaras que él si te importa.

Cansado de las "idioteces" de los otros dos, Jia Lóng se talló la cara – Claro que me importa... – alegó – de lo contrario ni siquiera estaría cerca de él... – Los otros dos se miraron entre sí. –Y ahora... se enojó, por culpa de ustedes.

– ¡no nos eches la culpa! – Mei se defendió.

–Cuaaaaaal sea, si no quieres que se enoje, ¿Por qué no vas y le pides perdón?, seguramente es tu culpa

– ¡¿Mia?! – Se alebrestó – ¡él es quien es un berrinchudo caprichoso y muy, muy...! ¡Todo se lo toma a pecho!

– A ti es difícil no tomarte en serio o no tomarte el pelo... –Mei rodó los ojos. – Cual sea ¿En serio no vas a hacer nada?

– Ya se le tiene que pasar... – suspiró, inseguro de sus propias palabras. De pronto la puerta se abrió revelando a Yao.

– ¡Ah! Qué bueno que están todos –dijo desangelado – Será mejor que empecemos a empacar, ya saben lo más...necesario para regresar, ya lo demás nos será enviado – dijo a prisa subiendo las escaleras, los tres chicos se quedaron atónitos. – Mei, también le llamamos a tu padre, te estará esperando en Estocolmo.

– ¿Qué? – ella preguntó sin creer lo que le decían, miró a Yong Soo y a Jia Lóng con esperanzas de que ambos tuvieran idea, pero ellos estaban igual de confundidos.

– Nuestro padre –respondió Yao – Ya no quiso estar más tiempo en Oslo, dice que es pérdida de tiempo.

– ¿Perdida de tiempo? – Jia Lóng preguntó, furioso, aunque intentando disimularlo – ¿A qué te refieres?

– Que desde que llegamos todo ha salido mal, y no ve sentido en seguir persiguiendo una causa que no se dará. – Se encogió de hombros – Nos regresamos a Hong Kong mañana por la tarde.

– ¿Mañana por la tarde? ¿No es eso demasiado precipitado? ¿Muy pronto? – Había cientos de preguntas pero Yao solo le miró con una disculpa.

– Quizás pero no hay nada que hacer – respondió terminando de subir las escaleras.

Los tres chicos se quedaron viendo unos a otros confusos, no entendían lo que estaba pasando y había muchos huecos en la narración de Yao como para hacerse a una idea de lo que estaba sucediendo. Solo una cosa estuvo clara para ellos, o al menos para Mei y Yong Soo.

– Es tu culpa – le dijeron a Jia Lóng al unísono y él les devolvió una mirada pesada.


Mikkel se talló la cara de manera febril – ¿Cómo puedes ser tan piedra? Emiiiiiiii

– Emi nada, ya dije. – El aludido se cruzó de brazos, sentándose en su cama – me levantó falsos y dijo que no le importaba – les miró a Lukas y Mikkel y se dispuso a leer un libro, Lukas entonces puso la mano sobre dicho libro.

– Se van a ir para Hong Kong. Mañana.

– ¿Qué? – Le miró atónito. ¿Eso era cierto? Emil se mordió el labio inferior. ¿Era su culpa? ¿No estaban actuando precipitadamente?

– Que se van a ir, límpiate esas orejas.

– ¡Si te oí! – Replicó – pero ¿Por qué?

Lukas se encogió de hombros –Yo que sé.

– Bueno ¿y que esperan que haga? – respondió fingiendo que no le importaba, entonces tomó su libro y se puso a hojearlo sin realmente, prestar atención a las páginas. – Que les vaya bonito. – Respondió – pásenles el mensaje.

Mikkel miró con incertidumbre a Lukas quien solo negó levemente, entonces puso una mano en el libro que Emil tenia levantada frente a su cara "leyendo". – Si vas a fingir leer, al menos pon el libro al derecho. – le quitó el libro, enderezándolo y regresándoselo. – Y no, no somos tus mensajeros así que si vas a desear un "que les vaya bonito" ve y díselos en la cara.

Emil enrojeció intensamente, con la cabeza dándole vueltas de manera terrible, la piel de la cara le ardía. Suspiró. También sentía que todo le daba vueltas. Cerró el libro pero se quedó en silencio. –Mañana – respondió tercamente.

Los otros dos salieron de su habitación, Mikkel suspirando resignadamente, Lukas, por el otro lado, como si nada hubiera pasado.

– No creo que funcione...

– Mikkel, Mikkel, ten más confianza, no seas tan cabeza dura – respondió cuando ambos regresaron a la cocina. El más alto de los dos entonces preparó un poco de café para los dos.

– Y... en temas completamente ajenos a estos, es decir, tocando otro tema...

– Ahí vas con lo mismo.

Mikkel rio levemente – ¿Qué? Ni sabes aun lo que quiero hablar...

– ¿En serio Mikkel? ¿En serio no se? – le miró con gesto de incredulidad. El otro rio de nuevo soltando una sonrisa boba. Lukas suspiró – Sobre nosotros...

– Ya.

– Aún me debes una respuesta...

– No, yo no te debo nada.

Lucky– Dijo a modo de plegaría.

– ... Y menos si me llamas así.

– ¿Entonces es un no definitivo?

– No. – contestó casi de inmediato, le pasó a Mikkel su taza a través de la mesa para que éste le añadiera crema. Mikkel al oír que "no" había un no definitivo, sonrió y con gusto le añadió crema a la taza. – Azúcar – alegó Lukas y dicho y hecho, Mikkel rio levemente preparándole su bebida. Después de eso, le entregó la taza en su mano, poniéndose de pie, exclusivamente para entregársela, rozando con sus dedos, el dorso de la mano de Lukas. Éste, puso la palma hacía arriba y Mikkel no desaprovechó la oportunidad de pasar por ahí la yema de sus dedos a modo de caricia. Lukas le devolvió la caricia, livianamente. Luego bebió de su café.

– ¿Es un "Tal vez"?

– No – respondió serenamente.

– Es...un ¿sí? – Mikkel preguntó nervioso, Lukas lo miró con gesto de incredulidad y suspiró.

– Si ya sabes, ¿Para qué preguntas?

No habiendo terminado la frase, sintió como las firmes manos de Mikkel le levantaban la faz tomándole por el mentón, posando sus labios sobre los propios. – Mi genio del mal.

Otro beso.

– Mikkel... – dijo levemente – espera...

– ¿Huh? ¿Sucede algo? – se separó levemente, entonces Lukas bajó su taza y rodeó el cuello del más alto.

–No, ya, ahora sí. – cerró los ojos para recibir otro beso. No podía negarlo. Esos contactos, esos besos eran como tiernas caricias, intimas, dulces y terriblemente apasionadas. Se sentía demasiado bien.

Cedía demasiado a ello.

Sonrió en medio del beso, pero no lo interrumpió, y lo dejó seguir.


Cuando Emil se hubo quedado solo, miró hacia la ventana de su habitación, quizás, esperando que, del otro lado, su ex prometido estuviera por ahí, que se pudieran comunicar. No podía negarlo, la noticia de que se iría, le partía el corazón. ¿Pero acaso Jia Lóng no había dicho nada? ¿Qué tan dispuesto estaba él a irse? Suspiró pesadamente, con su corazón acelerado. Desde luego que no quería que Jia Lóng se fuera, quería que se quedara, que se asomara por la ventana, quizás incluso, podrían hacer las paces. Lamentó tanto haber peleado con él.

Sin embargo, del otro lado, la habitación permaneció vacía y de su marco, Jia Lóng no se asomó.

Emil apretó los labios, intentando contener la necesidad de soltar un agudo chillido que se formaba desde el fondo de su garganta. Impotencia y orgullo entremezclados. Un suspiro poco benevolente se escapó y quitó la vista de la ventana, cerrándola, corriendo las cortinas para dejar de ver al otro lado. Entonces caminó hasta su cama, trepando a ella, tomando al pequeño peluche de frailecillo que tan feliz le había hecho, observándolo y colocándolo en la mesita de noche, sin encontrar fuerzas para abrazarlo.

¿Cómo es que su vida había cambiado tanto? Aún recordaba la charla entre los adultos, cuando su vida dio un giro de 180° encontrándose a sí mismo en la situación más extraña e inusual que cualquiera pudo haber imaginado.

Aunque con el paso del tiempo, aquello se volvió una seguridad que parecía abrazarle con dos cálidos brazos, los de él. Jia Lóng era una persona difícil, complicada, a veces, demasiado intransigente y de carácter socarrón y sarcástico; no por ello, claro, menos dulce y tierno, amable y gentil. Era contrastante, quizás tanto como Emil mismo.

Quizás, al final, no eran como agua y aceite. Quizás por eso, habían llegado "lejos" pero quizás por eso, no llegaron tan lejos como hubieran deseado, que paradójico. Pero real.

– Jia Lóng... eres un idiota... – murmuró levemente.

Cuando Jia Lóng subió a su habitación, arrastrando los pies, lo primero que hizo fue mirar por la ventana y no pudo evitar lamentarse de su propia actitud. Quizás esperaba ver a Emil en la ventana de enfrente, quizás al menos su habitación, un indicio de existencia, un indicio que aún había una puerta abierta para hablar con él. Un dejo de comunicación y quizás la vana sensación de poder estirar la mano y arrojar una piedra, un papel, lo que fuese para llamar su atención.

En su lugar solo vio la cortina cerrada del otro lado y no pudo hacer más que rechinar los dientes y comenzar a empacar. Lo más básico, lo más simple, lo más necesario. Al ser tan apresurado todo, tendría que hacer las cosas lo más sencillo. Total, al igual que la primera vez que se había mudado a Oslo. Sus posesiones habían llegado después.

Entonces, Jia Lóng, se encontró a si mismo ante la paradoja que veía en su vida en aquél momento. Cuando se adentró en el avión que lo dejaría en Oslo iba con toda la negatividad ante aquel viaje, no quería hacerlo, quería permanecer en casa, en su mundo, en sus cosas. Oslo significaba cambiarlo todo, enfrentarse a un reto de por vida, una ciudad opuesta a su natal Hong Kong, un lugar que no le atraía en lo más mínimo. Curiosamente, se encontraba extrañamente atado a ese lugar, ahora ya no quería dejar Oslo, ya no quería subir al avión de regreso a Hong Kong. Entonces entendió la diferencia entre su mundo, y su mundo.

Sutil y sencillo. Emil, se había vuelto lo más importante. No podía negarlo, no podía ser tan terco ¿O sí? ¿Qué tanto, Emil se sentía así por él? Sería una catástrofe no ser correspondido para nada. Subió una mano inconscientemente hasta sus labios, acariciándolos tersamente. Recordando la sensación de los dos efímeros besos que habían compartido, sintiendo una vorágine de emociones, como si revolotearan desde su vientre hasta llegar a su pecho, era sofocante.

Y terriblemente vicioso.

Cuando terminó de guardar sus prendas más usadas para la temporada, sus gadgets y cosas importantes. Se dio cuenta que había dejado afuera los regalos que Emil le diese en navidad. Claro que eran importantes. Pero en ese momento, no quería los objetos.

Lo quería a él.

.


La mañana siguiente fue aún más pesada para ambos adolescentes, Emil tardó en despertar, cómo si con eso aplazara la partida de Jia. Quizás incluso pretendía dormir hasta que ellos se hubieran ido y así evitar amargas despedidas, evitar romperse, resquebrajarse frente a los demás, y que le vieran llorar...

Que Jia Lóng le viera llorar.

Para el asiático tampoco fue fácil. Fue despertar y ver su habitación por lo que sentía, era la última vez, mirar a la otra ventana y saber, que era la última mañana en que, sentándose en su cama podía observar la cortina cerrada del otro lado, e imaginarse al chico que se encontraba allá, descansando. Sintió un terrible nudo en la garganta, aquel día, saldría por esa puerta, irían en taxi hasta el aeropuerto y por las ventanas no vería más que el panorama de Oslo por última vez, dejando atrás aquella casa... y la casa vecina, dejando atrás la pequeña calle, en donde había sucedido. Que se había sentido más "humano" que nunca, envuelto en emociones, cálidas y llenas de nervios. Aquella noche cuando, tras una larga cita inesperada, había compartido aquel beso.

Tierno, suave e inesperado.

Dejaría atrás todas las calles, los restaurantes, los cafés... el centro comercial; todas las situaciones que le embargaban la respiración. Había vivido más pasando unos meses ahí, que en toda su vida.

Era como si hubiera abierto los ojos.

Quizás, demasiado tarde.

Cuando cerró la puerta de su habitación para salir, lo hizo echando una última mirada a la ventana, sin cambios, del otro lado, parecía no haber nadie y eso le humedeció los ojos, pero se tragó la sensación, tallándose sus pequeños y preciosos ojos con el dorso de la mano, suspirando, ganando la voluntad, para bajar los escalones con sus pertenencias, y encontrar al resto de su familia, y a Mei, listos para partir.

Hubo silencio, incómodo y largo hasta que Chen, su madre, habló.

– Vamos a ir, con ellos para despedirnos y agradecer por su amabilidad

Todos asintieron, menos Jia Lóng. – ¿Puedo esperarlos afuera?

– Tienes que despedirte – Indicó su padre. –Sobre todo tú.

La idea de despedirse de Emil, era lo más duro de todo. Era ver su cara por última vez, era resignarse a saber, que no podría volver a tomar sus manos, jugar con su pelo, acariciar sus mejillas, besar sus labios, sonrojarlo...

Hacerlo reír...

Escucharlo pronunciar su nombre con una larga cantidad de errores, escucharlo frustrarse y llamarlo simplemente "Jia". Escucharlo hablar...

Simplemente escucharlo...

Escuchar su respiración...

Sentir su presencia...

Apretó los labios y asintió, intentando no quebrarse. Ya lo estaba extrañando. ¿Cómo se suponía que debía resistir viviendo el resto de la vida sin esas pequeñas –grandes- dichas? ¿Cómo pudo vivir tan tranquilamente antes? Fácil. Se dijo a sí mismo. Quien no ha probado el sabor de las fresas, no puede extrañarlas. Pero ahora que había probado la felicidad cuasi etérea, pero presente de amar a alguien, no se sentía con la fuerza suficiente de volver a la vida anterior.

Caminó detrás de su familia, sintiéndose, un Jia Lóng diferente al que había llegado. Diferente al de los días anteriores, era ahora simplemente la sombra. De quien, ha perdido todo por sus errores. Sería absurdo, pensó, saberse que alguna vez, tuvo junto a él a la persona más maravillosa y de repente, ya no estaría.

Por culpa suya, suya, suya, se repitió.


– Emil, despiértate, los Wang no tardan en aparecerse, arréglate y baja – La voz de su madre sonó del otro lado de la puerta, determinante y firme. Y al chico no le quedó más que obedecer, levantarse, lavarse cambiarse y resignarse a ver partir a Jia Lóng. Al final, no importó el cuanto intentó postergar el momento, la manera inefable que tiene el universo para actuar –y de paso joderle la vida- era irrevocable.

Cuando terminó de alistarse, vio su reflejo húmedo en el espejo, sus ojos de tinte amatista rojizos de tanto llorar bajo la regadera y en silencio. No podían culparlo, sus emociones eran transparentes incluso si él mismo se negaba a verlas.

Con un suspiro, terminó de secarse el cabello y bajó las escaleras, a sabiendas que tendría que enfrentar aquella realidad. ¿Tendría el valor para verlo salir de esa puerta? ¿Qué le diría Jia Lóng? Un escalofrío le recorrió por completo. ¿Aún seguiría enojado? Cuando puso el último pie abajo, la puerta se abrió y desde su punto, él pudo ver el cómo sus padres, su hermano y Mikkel, recibían a la familia Wang. La señora, su esposo, su hijo mayor, el primo, la amiga... y él. Todos ellos con un gesto de resignación.

– Buen día – Aurora habló – ¿gustan tomar algo? – El pesar en su voz era evidente. Los padres de Jia Lóng negaron con suavidad.

– Tenemos un poco de prisa – Dijo Chen – nuestro vuelo sale a las 12:10, sólo hemos venido a despedirnos, y a agradecer por su hospitalidad todo este tiempo. Espero no sea ésta la última vez que nos vemos. – Su voz, era frágil y entre cortada.

Emil entonces se unió a las filas de su familia, tímidamente, evitando mirar a su ex prometido, Jia Lóng hacía lo mismo. Suspirando levemente.

– Que tengan un buen viaje, y mucha prosperidad, Oiremos de Ud. – Steils habló al Sr. Wang – Sabremos de Ud. Porque su visión empresarial es basta.

El aludido sonrió – Gracias. – Entonces miró a Emil. – Adiós pequeño, que te vaya bien, gracias a ti también por todo. –El chico agachó las la vista, asintiendo levemente. Lukas y Mikkel procedieron a despedirse también de los demás.

– Es una pena – Al final, Chen habló – Que no haya funcionado. Jia Long, despídete.

El chico alzó la vista, respirando pesadamente, frunciendo el cejo. Emil frunció el ceño también en respuesta. – Adiós Emil. – dijo de forma seca. ¿Entonces no le importaba? ¿Así de fácil era para él? Los demás se tallaron la cara frustradamente. Y Emil solo dijo un poco solemne "Adiós".

– ¿Entonces no te importa? – Mikkel rompió el silencio, Lukas rechinando los dientes de que se interpusiera en su plan, pero para sorpresa de todos, ambos chicos alzaron la vista, se miraron de frente y dijeron al unísono, un firme y definitivo "No".

Los demás asintieron con tristeza y viendo el adiós, la familia asiática dio media vuelta saliendo por la puerta. "Adiós entonces" fue lo último que dijeron los adultos antes de desaparecer de la vista de los demás.

– Emil – Aurora lo llamó, pero el chico permaneció impávido, con la piel fría, sudando frio. Como si le hubiesen arrancado el alma y subió las escaleras hacia su habitación. ¿La hora? 11:35

– ¡Emil! – Ahora fue Mikkel quien se había dispuesto a subir las escaleras pero fue detenido por Lukas.

– Déjalo – dijo quedamente, y se adentró a la cocina, seguido de todos los demás. Y con incertidumbre.


Hace falta cometer errores, para aprender a hacer las cosas bien, hace falta actuar a ciegas y caer, para aprender a abrir los ojos.

Hace falta perderse, para aprender lo que se necesita para estar bien.

– ¿Por qué dijiste eso? – Mei iba reprochándole a su amigo de la infancia, en el camino al aeropuerto.

– A él tampoco le importa – murmuró, se puso los audífonos y miró por la ventana para ignorar a los demás. Entonces empezó a culpar a su propia torpeza e indiferencia, a su orgullo inútil y a su terquedad. Se ha terminado todo se dijo mentalmente, suspirando con pesadez. Los demás le miraron levemente pero omitieron cualquier comentario. Pronto llegarían al aeropuerto.


Emil se recargó en el marco de su ventana para mirar hacia la otra habitación. Con cosas guardadas y vacía. Entonces, la realidad le entró de golpe. Se había ido, lo había dejado ir. Empezó a respirar con dificultad. Lo amaba ¿Cómo había podido ceder tan rápido?

Recordó cada momento, cada palabra, cada gesto, cada toque, beso y mirada. Sintió su corazón hundirse y resquebrajarse. ¿Podía renunciar tan fácilmente a él?

– No se puede terminar así... – se dijo a sí mismo – Tengo que decírselo.

Miró el reloj 11:45, 25 minutos antes de que el avión saliera. ¿Qué podía hacer? Abrió la puerta de golpe y su familia salió de la cocina, pero no preguntaron nada cuando lo vieron salir y tomar su bicicleta blanca pedaleando a toda velocidad.

– Emil... – Dijo su madre cuando el chico hubo desaparecido por la calle donde Vivian.

– Va al aeropuerto – Lukas señaló lo obvio.

– ¿Por qué no te ofreces a llevarlo en auto? –preguntó Mikkel pero Lukas negó suavemente.

– Le tiene que costar trabajo.

Emil iba pedaleando con fuerza, con la mayor velocidad que su bicicleta le permitía, esquivando unos cuantos autos en el camino, y avanzando de prisa por las calles, tan a prisa, pero tan enfocado que ni el vértigo de las calles pudo sentir, él solo tenía una meta, un destino a donde llegar, tenía menos de 25 minutos para llegar al aeropuerto, ya había perdido mucho tiempo, no podía perder ni un solo segundo más. Sin embargo, el aeropuerto aún quedaba lejos de casa.

Empezó a respirar agitadamente – Tengo que decírselo... tiene derecho a saber...

Tiene derecho a saber, que hay alguien que lo ama.

Después de pedalear por un largo tramo pudo ver la terminal, entonces bajó a toda prisa de su bicicleta dejándola incluso mal acomodada en la red para bicicletas. Y se adentró a la terminal, entonces pudo ver a la familia Wang en los asientos de una sala de espera. ¿La hora? 12:06

"tercera llamada a pasajeros del vuelo A4506 con destino a H-" Yao entonces se puso de pie, alegando en voz alta "Es nuestro vuelo" y todos le siguieron.

Emil no escuchó el resto de las palabras, que sonaron por el altavoz, él estaba demasiado enfocado en avanzar entre la gente, pero entonces vio el preciso momento en que los otros avanzaron hasta unas escaleras eléctricas, intentó subir también pero la densidad de personas entre él y los demás, le impidió llegar a ellos, entonces lo vio entrar por la puerta que conectaba la sala hacia el abordaje.

– ¡No, no, no! –dijo desesperado y entonces, con todo el aire en su ser, gritó con fuerza el nombre de aquel ser que había puesto su mundo de cabeza. – ¡Jia Lóng!

Todos los presentes se le quedaron viendo, pero no consiguió respuesta alguna.

Mei miró a Yao, luego éste a sus padres y a Yong Soo. Todos ellos habían escuchado el llamado, pero no el aludido, quien seguía caminando desangelado con los audífonos puestos. Entonces, justo cuando Mei iba a hablarle para decirle lo sucedido, escucharon cuando cerraron la puerta del pasillo.

– Oh... – fue lo único que salió de sus labios.

.

.

Cuando Emil vio que habían cerrado la puerta del pasillo, se dejó caer en una de las sillas de la sala de espera. Respirando agitadamente, había fallado, lo había visto irse, se había ido con la idea errónea, sin saber el cómo, Emil se sentía por él. Entonces el chico se talló los ojos con el brazo e indispuesto a dejar que la gente lo viera llorar, optó por regresar a casa, bajando las escaleras y escuchando el momento en que, se mencionaba, que el avión había despegado. Cerró los ojos con tristeza, con una tristeza más intensa a cualquier momento. Con la desesperación de haberse visto tan cerca y haber fallado, entonces, avanzó hasta la entrada, ignorando las miradas de todos, y tomó la bicicleta de nuevo, pedaleando de regreso, pero ahora, lánguidamente, divagando entre las calles, cansado, agitado, con dolor de cabeza, nausea y terribles sollozos y espasmos. No quería regresar a casa, y enfrentarse con su nueva y miserable realidad.

Fin del capítulo 11


¡Gracias por tomarse la molestia de leer, bienvenidos sean sus comentarios que son los que me animan a seguir ; v ;!

o(;△;)o ¡Terminaron mal estos chicos!

PD: me entró un terrible bloqueo mental y por eso me tomó mas tiempo (; ̄д ̄) ¡Lo siento!