Le parecía totalmente imposible, pero lo cierto era que Sam jamás había sentido ningún dolor parecido, ninguna de las veces que le habían disparado o cuando un demonio lo había poseído, nada era comparable a aquello. De fondo, escuchaba la voz de Claire que lo estaba llamando, pero no era capaz de saber lo que estaba diciendo y por mucho que quería contestarle, no era consciente de nada de lo que sucedía a su alrededor.
"Papá, haz algo." Claire no se había separado de él ni un momento. Aunque Sam tenía los ojos cerrados, la joven estaba segura que el cazador sabía que estaba cerca de él y que eso le hacía sentir mejor. "Está sufriendo, tienes que ayudarle."
"Lo siento pero es uno de los efectos del compuesto. Todos los que se lo han inyectado, han pasado por esto." Claire no se podía creer que su padre estuviera tan sereno mientras veía como sufría el hombre al que quería su hija.
"¿Hay más gente que ha pasado por esto y todavía lo permitís? Realmente estáis más locos de lo que yo había pensado. Sam mírame por favor, vamos, se que puedes hacerlo." Con cuidado, Claire tomó el rostro del cazador con las dos manos y esperó, nerviosa y casi fuera de si, a ver sus ojos pardos mirándole a ella. "Eso es, todo va bien y pasará pronto ya lo verás."
Por fin, Sam comenzó a escuchar sus palabras, su tono de voz suave y que intentaba ser sereno, le hacía sentir mejor y sobretodo hacía que le miedo se alejara de él más que cualquier medicina. Además, estaba su hermano, si el dolor por el que estaba pasando, le ayudaba a dar con Dean, entonces habría merecido la pena.
"Tienes razón, pasará pronto, es muy doloroso al principio, pero en pocos minutos, el cuerpo se acostumbra al cambio y todo vuelve a la normalidad, con la diferencia de los nuevos poderes adquiridos."
Bennett tenía razón, aunque los primeros minutos fueron criminales para Sam, poco a poco, su respiración se fue normalizando, su corazón comenzó a latir con normalidad y los sentidos volvieron a funcionarle como si nada hubiera ocurrido.
"Claire." Dijo Sam en un fuerte suspiro. Volvió a mirar a la chica y sonrió, viendo como ella también suspiraba con fuerza al verlo ser él mismo otra vez. "¿Y ahora que, como se que poder tengo?" Aquello sonaba extremadamente raro para Claire, pero para Sam, que ya sabía algo sobre tener alguna habilidad especial, aquello tan sólo parecía volver atrás en el tiempo.
"Eso todavía sigue siendo un misterio, depende de que cada uno de los sujetos. Lo único que tenemos claro por ahora, es que cuando inoculamos este compuesto a un ser humano normal y corriente que desea con todo su alma un poder, en algún momento lo consigue, como si su cerebro se lo pudiera ordenar al resto del cuerpo."
No hizo falta que Bennett dijera nada más; Sam sabía perfectamente lo que quería, el único motivo por el que había arriesgado su vida. "Dean" Fue todo lo que apareció en su pensamiento. La sola idea de que algo le hubiera podido ocurrir ya a su hermano, le estaba destrozando.
Claire le dio la mano con fuerza. No hacía mucho tiempo que se habían conocido, pero iba reconociendo sus expresiones y si había algo que realmente supiera del menor de los hermanos, era que Dean era toda su vida.
"¿No pesarías irte sin mi?" Claire le mostró la sonrisa más dulce que Sam hubiera visto nunca y apretó con más fuerza todavía su mano. "Volveremos pronto, papá y no lo haremos solos, Mohinder y Hiro todavía están con Dean."
"Tened cuidado y no tardéis, ya sabes como es Peter cuando se trata de protegerte." Claire le sonrió a su padre, al saber que él mismo pensaba exactamente lo mismo, que daría cualquier cosa porque su hija no se marchara en aquella aventura, que le parecía poco menos que suicida. "Cuida de él, Sam es un inexperto en lo que a la gente con habilidades se refiere, no sabe lo que hay por el mundo." Dijo su padre con sorna, mirando directamente a Sam.
"Lo mismo digo, hay cosas en este mundo, que ninguno de los que están este edificio ha visto jamás. ¿Cuántos demonios ha visto señor Bennett?" El hombre se quedó paralizado, no tanto por lo que acababa de decir Sam, sino porque dos segundos más tarde, Sam y Claire ya no estaban allí delante de él.
"Ten cuidado, Claire Bear, ten mucho cuidado." Los peligros a los que se podía enfrentar su hija eran mucho peores de lo que ella hubiera podido pensar nunca, y por mucho que Claire hubiera crecido, por mucho que hubiera vivido, había cosas para las que no estaba preparada, cosas que sólo un hombre de la compañía estaba capacitado para ver.
- o -
Mientras Nathan hablaba por teléfono, Peter no le quitó la vista de encima. No podía decir lo que es, pero del mismo modo que le había ocurrido a Claire, Peter sabía que había algo que no encajaba con su hermano mayor, algo era diferente en él.
"Lo quiero listo para mañana, de lo contrario las cosas van a empezar a cambiar." Sin dejar tiempo para que su asesor contestara, Nathan colgó el teléfono y se dejó caer en el sofá que tenía a su lado. "Estoy rodeado de incompetentes. Menos tu Pete, tu siempre sabes que es lo mejor para cada momento y por eso te envidio. Tu capacidad para diferenciar el bien del mal, me sorprende, incluso la envidio."
"Todavía no me has dicho lo que ocurrió." Peter se sentó sobre la mesa, frente a su hermano y se cruzó de brazos, estaba decidido a quedarse en esa habitación con Nathan, hasta sacara la información que quería.
"¿A que te refieres? ¿Qué ocurrió donde?" Nathan le sonrió como siempre, pero un escalofrío muy desagradable cruzó la espalda de Peter mientras lo miraba. Algo no estaba bien.
"Nos secuestraron Nathan ¿o es que acaso te borraron la memoria antes de dejarte libre?"
"Me escapé, creía que ya te lo había dicho."
"No, no me has dicho ni una sola palabra, de repente apareces delante de mi, cuando yo creía que habías muerto. Estaba completamente seguro que estabas muerto y ahora te tengo aquí, diciéndome que no fue nada, que escapaste y ya está. Necesito algo más."
Por fin lo había dicho, necesitaba soltarlo desde que Nathan había aparecido delante de él y por fin lo había hecho. El mayor de los hermanos se levantó y fue hasta él. Para su sorpresa le abrazo, Nathan no era de los que abrazara, no era de los que permitía que sus sentimientos salieran y alguien pudiera jugar con ellos.
"Dímelo por favor. Dime lo que pasó, sólo eso. Necesito saber que no te voy a perder otra vez, porque no creo que pueda soportar volver a pasar por una experiencia semejante a la de creerte muerto." Por fin, dejándose llevar por los sentimientos guardados en su interior durante demasiado tiempo, Peter también se abrazó a él, deseando poder olvidar en algún momento la angustia de perder a su hermano mayor.
"Es muy fácil de contar hermanito." Le dijo al oído Nathan a su hermano. "Tu hermano, el futuro senador Petrelli, apareció delante de mi y no pudo resistirlo. Pensar en llegar a presidente del país, era demasiado bueno como para dejarlo escapar. Nathan está muerto, yo lo maté Peter, con mi poder y ahora soy todo lo que te queda de él."
Peter intentó separarse del otro hombre, al que comenzaba a reconocer, pero Sylar no le dejó, lo cogió con fuerza, pues quería sentir su sufrimiento, el rápido latir de su corazón y su forcejeo por liberarse. Había esperado aquello durante demasiado tiempo como para dejarlo marchar ahora.
"Suéltame." Dijo con toda la rabia posible Peter. Deseaba matarlo allí mismo, sobretodo porque usurpara de esa forma tan vil la imagen de su hermano para confesarle que era su asesino. "Te juro que acabará contigo y te mataré."
"Ya había pensado en ello, por eso tengo algo muy especial para ti Peter. Por cierto, sabes que fue lo último que dijo tu querido Nathan antes de morir. Dijo tu nombre, esperaba que le salvaras, ni si quiera pudiste cumplir esa promesa."
"Maldito desgraciado." Con un movimiento ágil de su mano, Sylar tiró a Peter contra la pared, donde lo clavó sin permitirle moverse. "¿Qué has hecho con el cuerpo de mi hermano!" Gritó con fuerza Peter.
"No gastes tu energías, las vas a necesitar cuando seas un humano más que común y corriente. ¿Conoces la droga que están comenzando a dar a algunos humanos para darle poderes? El novio de Claire ya la tiene, espero que no tenga grandes efectos secundario sobre él, al menos no de los que matan en las primeras cuarenta y ocho horas."
Peter lo miró con odio. Hasta que había conocido a ese hombre, no se había planteado lo mucho que podía llegara odiar a una persona, pero lo que sentía hacia Sylar iba mucho más allá que el simple sentimiento de odio, era algo que le daba ganas de acabar con él con sus propias manos.
"Lo que yo me pregunto desde que conocí este programa es que el efecto que tendrá esta droga sobre gente como nosotros. Por eso me alegro de tenerte aquí, hermanito."
"No me llames así, no soy tu hermano y tu no eres Nathan, nunca sabrás ser Nathan." Peter forcejeó con la fuerza invisible que lo mantenía firmemente atado a la pared. No podía permitir que aquel asesino continuara usando al imagen de su hermano para sus desalmados propósitos.
"Da igual, el caso es que vas a ayudarme a salir de mis dudas." Sylar sacó del bolsillo de la chaqueta una jeringuilla, jugueteó con ella entre sus dedos y sonrió, haciendo que el rostro de Nathan pareciera completamente diabólico.
Peter quería apartar la mirada de aquella expresión, no quería recordar a su hermano por el ser en el que lo había convertido Sylar. Para él, Nathan era su héroe de infancia y porque no, lo había sido siempre y lo había perdido.
Incluso con todos los poderes que había conseguido adquirir, al final lo había perdido. Nathan le había salvado la vida más de una vez, cuando él tan sólo podía volar y Peter lo había dejado morir de la forma más horrible a manos de su peor enemigo.
"¿Qué tal si empezamos el experimento?" La jeringuilla se elevó unos centímetros de su mano quedando suspendida en el aire. Peter no podía hacer nada para evitarlo, estaba condenado, por primera vez en mucho tiempo, sabía que nada le iba a salvar de aquello. Sylar levantó la mano y con ella se movió la jeringuilla que poco a poco se fue separando de Sylar, como si fuera arrastrada por una corriente marina invisible. "De todas formas, Pete, si después de esto mueres, al menos te dejaré estar con tu hermano."
Sylar echó la mano hacia atrás como si fuera a lanzar una pelota de baseball, pero justo en el último segundo, la puerta del despacho se abrió y un paralizado Matt, por lo que estaba viendo apareció en la habitación.
"Nathan ¿Qué estás haciendo?"
- o -
Dean golpeó con violencia la puerta. Estaba nervioso, pocas veces se había sentido tan alterado. Nada de lo que estaba pasando a su alrededor tenía sentido. Sam no era ningún traidor, él no podía estar trabajando con un asesino como Sylar y el mundo no se había podido volver tan loco.
Para colmo, acababa de descubrir que tenía un poder que no sabía ni como calificar todavía, pero que más que nada, le daba miedo, pues le recordaba demasiado al poder que había dado Azazel a todos aquellos niños para convertirlos en el general de sus ejércitos demoníacos.
La puerta tardó en abrirse unos segundos, aunque no se encontró exactamente con lo que esperaba, pues aunque Sam estaba delante de él, verlo con un niño en brazos, de unos cinco años, que se abrazaba a su cuello, no era lo más habitual para él.
"¿Dean que demonios estás haciendo aquí? Nos estás poniendo a todos en peligro. ¿Cómo has podido venir aquí, estando mis hijos? Sabía que estabas loco, que habías perdido el norte, pero esto es demasiado. Vete de mi casa."
Dean estuvo a punto de quedarse sin palabras. Por muchas que habían pasado entre ellos, Sam jamás le había hablado así, con ese tono de voz y esa expresión que mezclaba el miedo y un terrible enfado. Pero consiguió recomponerse en seguida.
"Yo también me alegró de verte Sammy. No se te ve nada mal."
¿Por qué me llamas Sammy así de repente? Creía que habías dicho que había dejado de ser tu hermano por no querer seguir tu causa, así que será mejor que te des la vuelta y tu y tus amigos os vayáis por donde habéis venido, antes de que nos metáis en problemas."
"Te lo dije Winchester, tu hermano es un traidor y nos abandonó, será mejor que nos vayamos de aquí, antes de que…" Una sombra se movió a lejos, Sylar supo que se trataba de la policía secreta, especialistas entrenados para cazarlos sin ser descubiertos. "Tarde, vamos entrad en la casa todos."
"Ni se os ocurra, no quiero que sepan lo que ninguno de los miembros de mi familia puede hacer."
"Gracias por echarme de tu familia Sammy, pero no hay tiempo, tiene razón, no están rodeando y la única forma de hacer algo, será desde dentro." Sin hacer daño al niño que su hermano llevaba en brazos, Dean empujó a Sam al interior de la casa y cerró la puerta cuando todos habían entrado. "No se que es lo que te ha cambiado tanto Sam, pero no eres el hermano que caza demonios conmigo en mundo."
"¿De que estás hablando? Dean claro que no soy el mismo que cazaba, hace diez años d eso, ahora tengo responsabilidades mucho más importantes." Dijo Sam mirando al niño que cada vez apretaba con más fuerza su cuello por el miedo.
"Vale, tus hijos y tu mujer son más importantes que tu hermano, pero si me ayudas a volver a mi mundo, a mi tiempo, a mi realidad; te juro que este mundo de locos no pasará." Sam lo miró sin comprender ni una sola palabra, pero algo le decía que aquel no era el terrorista que todos los medios de comunicación, que se había convertido su hermano.
