Universo: Alterno, después de HTTYD 3, NO ES LA CONTINUACION DE NINGUN SHOT ANTERIOR.
Rating: M, tajantemente xd
Género: Gore, comedia.
Resumen: Durante el embarazo, Astrid presenta una serie de antojos un tanto difíciles de cumplir, paralelamente a esto, un grupo de cazadores de dragones se empeñan en buscar a Hiccup al ser el único que sabe dónde está el mundo oculto.
Adivinen la serie, sé que se la saben 7u7.
La caja de madera sin tapa dio una sacudida al estar repleta, la pareja que lo cargaba de cada lado hacía gestos de que el contenido de este era bastante pesado. El hombre hizo un ademan de bajar la caja, para descansar, sin embargo estaba bastante cerca de una fosa en la arena de la playa. El castaño y la rubia dejaron la caja y este le miro con cierto reproche.
—No tienes que ayudarme a cargar esta cosa—habló el castaño, sin embargo se sostenía la espalda, dolía un poco por el esfuerzo. La mujer esta vez le miro con cierto reproche—Piensa en el bebé, puede que tanto esfuerzo le haga algo de daño.
A la luz de la luna se podía apreciar el vientre abultado de la mujer, parecía ser un embarazo de unos cuantos meses, como dos, por eso mismo, casi no se notaba a menos que estuviera a contra luz. La muchacha resoplo, lo que daba a entender que esa no había sido la primera vez que su pareja le había dicho eso.
—Mi bebé estará bien, no tienes de que preocuparte—sonrió ella, fingiendo dulzura, el castaño entrecerró los ojos, tal vez algo harto de la situación. —Ahora, tenemos que llevar esto a la linda fosa de ahí, donde debe de estar.
—Lo dices como si fuera mi culpa todo esto—reprocho el hombre, agachándose para levantar la caja—Debo recordarte quien mató a este sujeto.
—Tenía hambre, ¿sabes?—la chica frunció el ceño—Tal vez sean los antojos del bebé.
—Astrid, las mujeres embarazadas tienen antojos como pasteles, chocolate, cosas con azúcar… pero definitivamente no carne humana.
La chica hizo una mueca, cargando la caja, esta segunda vez que la había cargado le pareció más pesada que otras; algo dentro de la caja se rasgó y un olor a sangre fresca inundo las fosas nasales de la pareja, para el hombre fue desagradable, para ella, fue dulce y apetitosa. Pero no tenía hambre.
—Que sujeto tan pesado—jadeo el hombre, todavía cargando la caja. Luego, cuando el olor se le hizo más insoportable, reparo en que la caja en cuestión no tenía tapa para cubrir lo que había adentro. —Oye, Astrid, ¿Dónde está la tapa de esto?
Astrid miro a Hiccup confundida, entendió la pregunta y lo miro con cierto fastidio, siguieron cargando a cuestas la caja, hacia la fosa, poniendo bastante empeño en no volcar la caja y mucho menos derramar su contenido.
—No la encontré, ¿sí?—había molestia en la voz de la chica. —Había muchas cosas tuyas en el almacén, Haddock.
— ¿Quieres decir que no hay una tapa para esto?
—Hiccup no pienso pelear contigo por la estúpida tapa de la estúpida caja, ¿de acuerdo?—Astrid hablo entre dientes. Hiccup hizo una mueca.
—No le digas estúpida a la estúpida caja… mucho menos tan alto. —le contesto, Astrid hizo una mueca de disgusto—Después de esto iremos a celebrar la llegada de la primavera, como si nada hubiera pasado… ¡Cuidado, cuidado!
— ¡Se va de lado!
— ¡Ya lo note, muchas gracias!
—Oye, actúas como si todo esto fuera mi culpa—se detuvo Astrid, cosa que Hiccup y más específicamente su espalda lamentaron bastante—Bueno, o sea, sí fue mi culpa comerme a este sujeto, pero no fue buena idea que lo aceptaras en la aldea.
— ¿Quieres decir que es mi culpa? Tú eres la que me convenció de que era un buen sujeto solo por los chocolates que te dio… Pero solo quería asesinarme después de que le dijera donde estaba el Mundo Oculto.
—Y lo detuve antes de que pasara una tragedia—completo Astrid. Hiccup asintió aceptándolo; tal vez era cierto lo que decían los demás y debía ser más rudo con las personas. —No de la forma que quería ni de la forma que yo esperaba pero…— suspiro, ambos dejaron la caja en el borde de la fosa. Hiccup se quedó callado esperando que ella empezara a soltar sus sentimientos poco a poco— Lamento haberte metido en esto, no tienes que ayudarme a enterrar al cadáver a medio comer de un forastero que quería algo conmigo y que aparte quería matarte.
Hiccup arrugo la nariz.
—Si tengo—repuso, regalándole una sonrisa de consuelo que Astrid no supo si merecía o no—Eres mi esposa, independientemente de todo. Y te amo como seas…, aunque, bueno, comas personas y te guste hacerlo. —La consoló, Astrid se sintió un poco más reconfortada por las palabras—Estamos juntos en esto, somos un equipo.
— ¿Y si la aldea se entera? Puede que quieran matar al bebé y a mi… te tacharan de loco…
—Nadie tiene que enterarse. —sonrió el castaño, dándole un abrazo a su esposa, le dio un beso a la frente nívea de la rubia y ambos se acurrucaron en medio de la oscuridad, frente a una caja llena de sangre y miembros dispersos en esta pertenecientes a un forastero de nombre Lars.—Y mientras estés conmigo nada malo va a pasar.
— ¿Crees eso?
—Por supuesto que sí… Dime, estamos en medio de una playa desierta, con una fiesta en el pueblo, donde están todos bebiendo y comiendo a montones… ¿Qué podría salir mal?
Justamente se escuchó como se movían ramas, como si alguien quisiera hacerse paso hacia la playa. La pareja salto en su lugar y se apresuraron a levantar la caja para arrojarla a la fosa, ambos empezaron a apresurarse, dando órdenes en susurros. Ninguno supo cómo la caja se volcó y todo derramo su contenido sobre la arena. La sangre fresca y algunos huesos, junto con carne y otras cosas desagradables se regaron sin que la pareja pudiera evitarlo.
— ¡Mierda!—exclamo Hiccup, viendo el desastre hecho en la arena. Ambos entraron en pánico, intentaron reparar el daño, pero solo lograron manchar todavía más sus ropas con arena y sangre fresca. —Creo que no debí decir eso, ¿cierto?—cuestiono Hiccup de manera retórica, Astrid solo miro el bosque, alguien efectivamente se acercaba rápidamente. —Hay que actuar natural, vamos…
— ¿Qué carajo les vamos a decir?— contesto Astrid, con el corazón a mil.
— Que íbamos dando un paseo bajo la luna… y nos encontramos esta misteriosa caja sin tapa…
— ¡Deja de mencionar la maldita tapa!
—Lo que sea, la encontramos y decidimos enterrarla para que el cuerpo tuviera un entierro digno.
—Ah claro, y no le dijimos a nadie, ¿no?
—Mira, soy el jefe y creo que yo puedo convencer a todo Berk sobre esto, ¿vale?—el castaño la abrazo por los hombros, vieron una luz y se sintieron perdidos—Actúa normal, sonríe, aquí no está pasando nada raro.
Ambos sonrieron como una adorable pareja recién casada, como acto de reflejo, Astrid puso una mano sobre su vientre, abultado ligeramente. Vieron la luz haciéndose más nítida y ambos recordaron el cómo habían llegado hasta ese punto de sus vidas. Uno donde los principales antojos de Astrid eran carne cruda, pero si se podía, humana, y donde a Hiccup estaban dándole caza un grupo sobreviviente de cazadores de dragones.
Hiccup y Astrid eran los nuevos jefes de la aldea, desde que se habían casado hacia unos cuantos meses. Todo había sido de color rosa, con una aldea prospera, construcciones ya terminadas, un lindo y mejorado (mucho más grande) Gran Salón, una tarima en medio de dos casas, donde ambos se habían casado; la tecnología ahora no dependía de los dragones, sino de sencillos sistemas, usando la fuerza del agua, del viento, a veces la física… Todo iba estupendamente para un pueblo que vivía en medio de la nada y que según muchísimas personas había desaparecido.
Nuevo Berk, como lo habían llamado los propios aldeanos, se había ganado el corazón de todos, y el construirlo fue medio de desahogo debido a la partida de los dragones. Claro, todavía había escamas y varios indicios que seguían presentes, y que ponían nostálgico a cualquiera. Pero todo iba a salir bien, Nuevo Berk sería una transformación más de Berk, y significaba que los Berkianos no se rendirían tan fácil.
La casa de los jefes era mucho más grande que las otras, con un jardín enorme y su propio molino de agua, por lo que tenían agua en todos los pisos y sus propios cereales molidos. Todo Berk estaba a la expectativa de un heredero, pero la pareja decidió esperar un tiempo, en lo que terminaban la construcción de todo lo necesario; una vez terminado esto, ambos buscaban cualquier tipo de excusa para calmar al pueblo en su hambre de un heredero.
Pero cuando Astrid reviso la cuenta de su periodo y las insistentes ganas de vomitar en la mañana y su asco hacia prácticamente todas las comidas, o su hambre atroz, así como la sonrisa de Gothi al revisarla, supo la cruel verdad: Estaba embarazada, había un heredero en camino y nadie iba a pararlo. Extrañamente, ambos se alegraron por la noticia, Hiccup un poco más que ella, levantándola por los aires y luego disculpándose de ser tan imprudente; no se lo habían dicho a nadie, y le habían pedido a Gothi el favor de no decirlo por ningún motivo. Ninguno. Ni aunque la señora Valka preguntara, ni aunque Gobber lo hiciera, ni aunque los padres de Astrid estuviesen ansiosos por saber porque su hija había ido con Gothi, ni por muchas bromas a modo de presión le hicieran los gemelos, ni por todas las preguntas trampa de Eret, o las irritantes de Fishlegs o las incómodas de Snotlout. La noticia de su embarazo debía ser un secreto hasta que la pareja decidiera compartirlo.
A veces, Astrid se acostaba en la cama matrimonial, tocando de manera superficial su vientre, pensando, cohibida todavía por la noticia y deslumbrada por el hecho de que iba a formar una familia, de que ese algo que estaba creciendo en su matriz era real, y que pronto se convertiría en su primogénito. Tenía dudas, como siempre las tienen las madres primerizas, sobre si sería una buena madre, o si lograría dar el ancho, pero Hiccup sabia como disiparlas como si de simple polvo se tratara. Estaba enamorada de él. Lo amaba, él era atento, dulce, hogareño, con una habilidad culinaria que ella debía admitir que no tenía en absoluto, y sobre todas las cosas sensible, pero sensato; siempre sabía cómo hacerla sentir mejor, por más mal que estuvieran las cosas. Y después de los dos primeros meses de embarazo, por más macabras y sangrientas que fueran.
Ella era todo lo contrario, amaba tener el control de todo lo exístete o que por lo menos estuviera en sus manos, no era mucho de expresar su sentimientos a Ada segundo del día y le aterraba desde pequeña el estar todo el día en casa, como una mujer casada, dedicada a los hijos y a su marido. Qué horror. Por eso se había empeñado en ser la mejor guerrera y lo había logrado de forma satisfactoria, no solo era la jefa de Berk y mano derecha de Hiccup Haddock, sino que también la general de Berk. Aunque, bueno, el embarazo podía llegar a ser un inconveniente, pero tal vez solo por unos meses.
El horror había empezado una mañana, cuando había devuelto el desayuno y la cena y ahora había vuelto a comer, Astrid había empezado a usar ropas un poco más holgadas y las personas, fijadas como siempre empezaron a preguntarse el porqué, así como empezaron a notar sus cambios todavía más fuertes de humor… el hecho de que tenía bochornos insoportables aun cuando el clima estaba estupendamente.
Esa mañana un barco naufrago había encallado en una de las playas del Nuevo Berk. Un sujeto, joven y apuesto rogaba por agua y comida, asustado de no saber dónde se encontraba; que no había comido en tres días, que el agua se le había acabado, que su barco había ardido en llamas y que no pudo salvarse nadie más que él, que había estado buscando una isla donde quedarse, pero no había encontrado ninguna y que estaba sumamente desesperado. Y sí, se le veía en sus ojos y saltones, irritados por la sal y en la piel seca y asoleada, así como la barba sucia que ya le llegaba al pecho; Hiccup hablo con él una vez el hombre se había calmado y después de haberse duchado después de comer. Era un hombre de una isla llamada Globgor y que no podía regresar debido a que solo era un triste mendigo que se había colado en un barco, con tan mala suerte que se había incendiado y hundido sin ningún sobreviviente salvo él, claro. Sabía usar el hierro, forjar y manejar la herrería, pero si Hiccup quería, podría aprender cualquier oficio, estaba dispuesto a ser un berkiano sin ningún problema. Pero no quería volver a su isla solo para ser un bueno para nada de nuevo.
Astrid tuvo sus dudas, era un sujeto con una excusa bastante conveniente, sin embrago, al ver el estado tan precario del sujeto, le pareció que decía la verdad. Hiccup, sin embargo, aunque era el que más fácil confiaba en la gente, no le pareció ideal que Lars, el náufrago, se quedara forzosamente el Berk y con tanta insistencia, todo el mundo sabía acerca de su disgusto, pero a nadie le parecía. Lars era un buen sujeto, trabajador y a Gobber le impresionaba la gran habilidad en la herrería, Eret también sentía sospechas, es más, sentía que lo conocía de algún lugar, pero no recordaba de dónde.
Hiccup no tardó en darse cuenta del porqué no confiaba en Lars: este tenía un interés fuerte en Astrid. Lo supo cuando vio tantos regalos para ella, después de ver cómo le hablaba, incluso cuando le cocinaba. A Astrid no le parecía algo muy importante, es más, lo confundía como un acto de agradecimiento por haber abogado por él; sin embargo Hiccup podía sentirlo, veía en los ojos de Lars el mismo brillo que él mismo identificaba en sí mismo, lo escuchaba en el tono de voz…, y eso lo hacía sentir extrañamente enojado.
No era algo normal en él, Hiccup siempre estaba de buen humor, pero desde que Lars había llegado, con sus enormes orbes ultramar, piel ligeramente bronceada y recobrados músculos, sentía que este no era más que una piedra en el zapato. Un día estaba en la herrería junto con Gobber y Eret cuando lo vio pasar.
—No creí que ese sentimiento fuera posible en usted, jefe—hablo Eret en tono burlón, Hiccup se giró, extrañado de que alguien notara su pésimo humor. Eret soltó una carcajada, pero el castaño seguía sin saber a lo que se refería—Celos. Usted tiene celos… de Lars.
— ¿Celos yo? ¿De Lars? ¿Quién tendría celos de ese sujeto?—Hiccup había sonado más agudo de lo que le hubiera gustado. Gobber también soltó una risita.
— Pues ya sabe, con lo guapo y genial que es, me imagino que tiene suficiente—respondió Eret, Hiccup torció los labios. —Además, últimamente ha preguntado mucho por Astrid.
— ¿Qué ha preguntado?
—Sobre si su matrimonio con usted es… solido.
¡¿Pero que se había creído ese cabrón?!
Astrid no tenía ningún apuro respecto a eso, sino a lo de su embarazo, últimamente sus antojos no eran los habituales, tenía antojo de otras cosas… más crudas. La carne cocida empezaba a causarle nauseas, y estaba empezando a comerla a tres cuartos, y no conforme con eso a término medio, disfrutando de la jugosidad de la carne… el pollo, al no poder ser cocido así, dejo de ser consumido por ella.
Cuando la carne término medio dejo de parecerle muy buena, empezó a dejarla más cruda, todavía con los bordes bien cocidos pero con el centro rojo. No le basto hasta que los bordes le quedaron sellados y el centro de un rojo cereza, incluso, frio.
Se sentía extraña, a veces, como un monstruo, ¿a quién diablos le gustaba la carne cruda? Solo a ella, claro, porque no paraba de comerla todos los días. Un día le dio curiosidad y decidió morder (después de lavarlo, claro) un filete crudo.
No había tenido la mayor de las suertes, porque no hubo terminado de desgarrarlo, cuando Hiccup la vio. Iba entrando a la casa.
— ¿Qué estás haciendo? —la tranquilidad con la que lo dijo la impresionó. No todos los días ves a tu esposa comiendo carne cruda.
Astrid termino de morderlo y miro a su esposo.
—Eh, tenía un antojo de… eh, esto. —señalo el trozo de carne y Hiccup torció el gesto, confundido, pero todavía sin alterarse. Se cruzó de brazos y por un momento, a Astrid le pareció que estaba tan molesto que simplemente no podía sorprenderse por algo como eso. O tal vez, Hiccup, en medio de todas sus aventuras, ya había visto cosas más raras que gente comiendo carne cruda. — ¿Estás bien, Hiccup? —cualquier cosa que fuese, Astrid tenía que quitarse la incomodidad después de ser descubierta. Bajo el filete a la mesa y escupió el que ahora estaba alojado en su carrillo. Hiccup quien seguía impasible, suspiró.
—Sí, eso creo—masculló, malhumorado, Astrid arrugo la frente, sabiendo que había más en aquella respuesta. —Tuve un día pesado, es todo—luego, como si su cerebro terminara de procesarlo, volvió súbitamente la cabeza hacia su esposa— ¿Qué estabas haciendo?
—La cena. —Astrid se encogió de hombros, como si no supiera lo que había hecho. Hiccup negó con la cabeza—Hoy comeremos… ah, filete… con… déjame ver, creo que encontré algo bueno con que condimentarlos…
—Yo vi cuando tú estabas mordiendo…— la interrumpió y observo con horror los labios y dientes rojizos de su esposa, que se asomaban a cada palabra— ¿Tú le diste un mordisco a la…?
—No.
— ¿…Carne…?
—No.
— ¿…Cruda?
—Hiccup, creo que tanto trabajo te ha molido el cerebro—sonrió su esposa, apretando los dientes, disimulando—Nadie come carne cruda, debe saber exactamente a lo que sabe un yak sin bañar, eugh.
—Tienes sangre en los dientes. —comento Hiccup, como si aquella fuera una disputa marital normal, una cosa de todos los días. Ella cerró los ojos, casi derrotada, tratando de limpiarse los labios. Pudo sentir el sabroso sabor del animal en ella, se retractó de lo que había dicho hacia un momento, la carne cruda era lo que se seguía de deliciosa, no recordaba haber probado algo tan sabroso desde… ¡desde nunca! Le ganaba bastante a la tarta de chocolate que Hiccup había hecho una vez. — ¿Por qué?
Astrid esta vez fue la que hizo una mueca.
—Creo que le agarrado el gusto—se encogió de hombros, no queriendo confesarlo—Tu sabes, me he acostumbrado tanto a comerla de ese modo, primero a medio cocer y luego ya casi cruda… pero jamás completamente—repuso, al instante. Hiccup alterno la mirada entre la pieza cruda de carne en la mesa de la cocina y luego en la mirada de Astrid. No se veía nada maligno en ella, ya había leído sobre cosas así, y también su madre se lo había advertido hacía ya bastante tiempo, antes de casarse, las mujeres embarazadas tienen todo tipo de antojos extraños; estaban las que comían chocolate con carne, las que se comían la nieve con azúcar, las que comían velas (su madre le había confesado el cómo Stoick la había encontrado comiéndose una vela a mordiscos), las que amaban juntar lo dulce con los vegetales, las que querían bayas con sal… pero no imagino que a Astrid le tocara un antojo tan raro. Casi… casi… tétrico. — ¿Es muy malo? —inquirió ella, con el alma en un hilo. — ¿Es muy raro? ¿Te da miedo?... ¡Pero no me mires así!
— No, no creo que sea malo…— Hiccup dejo la frase en el aire, apretó los labios, asintiendo—Digo, siempre y cuando laves correctamente la carne y no la comas directamente del yak—agregó con voz suave, disimulando la sorpresa y cierto grado de temor que sentía en aquel momento. Intento bromear pesimamente. Astrid no se rio.
—Estas asustado. —advino ella, sintiendo las hormonas bullir, sonaba herida y eso a Hiccup no le gustaba para nada—Te doy miedo—aseguro, sintiéndose morir.
— ¡No, claro que no! —negó el castaño rotundamente, solo que… bueno, es una sorpresa enorme, tú sabes, no es como que todos comamos carne cruda o solo pasada por el fuego…
—Pero tienes miedo.
— Que no, de verdad, me parece bien. Si al bebé le gusta la carne de yak, pues, está bien para mí…— Hiccup se rasco la cabeza, sin saber que más agregar—Aunque, lo que me da miedo es que no te caiga bien la carne y te enfermes, ¿Qué tal que te hace mal y te da fiebre? O algo peor. – Astrid le miro más tranquila, luego resoplo, apartando mechones rebeldes de su cara.
— ¿Tú crees que me haga daño?
—Am, no lo sé… espero que no. —Hiccup se acercó a ella y le toco el vientre de dos meses, con ternura, sin embargo, aun trataba de procesar lo que había visto unos minutos antes. — ¿Crees que sepa quién soy? —cuestiono el muchacho, Astrid rodo los ojos y negó con la cabeza.
—Creo que aún es demasiado pequeño—repuso ella. La conversación se dio por terminada. Astrid procedió a sellar su carne y a cocer bien la de Hiccup, nadie dijo nada más sobre el tema.
Al principio Astrid quería ir con Gothi para resolver el problema, sin embargo, gracias a lo que Hiccup le había dicho esa noche (a parte de lo de enfermarse), estaba tranquila. Las embarazadas tenían antojos, de una forma tan variada que daba algo de miedo, a ella le había tocado un antojo raro. Pero si no asustaba a Hiccup, entonces no había problema.
Salvo, claro, que no lavara la carne.
Aun así, todavía tenía la duda de porque estaba tan distraído a penas llego. Debía ser algo bastante importante, mira que ignorar a Astrid comiendo carne… Tal vez se debía a un lio bastante gordo, lo suficiente como para preocuparlo.
Volvió la mirada a su esposo, a veces estaba callado, pero tranquilo, sin embargo, ahora se le veía callado y con el ceño fruncido. Bebió un sorbo de vino, mirándolo con atención, sabiendo que estaba pasando algo con su esposo.
— ¿Y tú que tienes? —hablo en voz alta, rompiendo la burbuja en la que estaba Hiccup. — ¿Paso algo en la fragua?
Hiccup hizo una mueca, luego termino de masticar su bocado.
— ¿Ha venido Lars a verte? —pregunto sin rodeos, Astrid levanto las cejas con asombro, la pregunta la había tomado desprevenida, no tanto por lo de Lars, sino porque le llamo la atención el cómo había hecho la pregunta, como si hubiera masticado el nombre del susodicho junto con la carne, para luego arrojarlo en un escupitajo a la mesa.
Ella miro a la cocina, antes de responder.
—Uhm, si, ahora que lo mencionas, sí—recordó ella, no tenía para nada ninguna especie de importancia, sin embargo, la manera sombría y con desagrado con la que Hiccup miraba todo la hacía responder despacio— Me trajo unos chocolates esta misma mañana, pero no me los he comido porque últimamente el azúcar me empalaga bastante—corto su filete y la sangre, todavía fresca y fría, emano del trozo de carne— ¿Por qué la pregunta?
Hiccup carraspeo e intento verse nuevamente bajo control, fallando en el intento.
—Es que… bueno…— y cambio de humor, viéndose más avergonzado y extraño, casi de forma radical. Astrid arrugo la frente, sin saber que estaba pasando—Bueno, Eret observo que… es algo muy estúpido, pero… Creo que Lars esta algo interesado en ti.
Astrid mastico lentamente la carne cruda y sintió los hilos de carne separarse con sus dientes, a la defensiva al principio, sin querer separarse las fibras con otras, para luego ceder, de manera viscosa y jugosa a romperse. Así que era eso, un episodio de celos a la inversa.
¿Por qué? Porque ella era la celosa de la relación, nunca había habido un episodio de celos por parte de Hiccup, jamás, incluso desde que eran adolescentes. Jamás hubo una mirada agria hacia alguien más por parte del ojo verde, ni una mala palabra, ni un tono acido, ni un abrazo más fuerte de lo usual (bueno… ¡pero no era por celos!), ni un intento por verse mejor que los demás, o algo parecido. Ni por Snotlout (su rivalidad con él había sido por las acciones de soberbia de Snotlout, no tanto porque el propio Hiccup tuviera celos de alguien que fallaba rotundamente al hablar con Astrid), o por algún muchacho de la aldea que quisiera aprender a volar en sus dragones, o que tuviera un problema con él. Y eso que habían sido muchos.
No tuvo celos de nadie que la raptara, un tuvo algún problema con alguien. Hiccup era el ser con más confianza en una relación de los dos; habían sido todos episodios de ella. Ahora, que, Hiccup debía sentirse bastante confundido, dependiendo de lo que Eret le háyase dicho (Eret casi nunca mentía, mucho menos a Hiccup, quien le había dado luz verde para ser un berkiano, y para defenderlo cuando los demás le dijeron que no debía quedarse).
Pero al ver la causa de su molestia, sonrió con ternura; luego se permitió soltar unas risitas. Era la primera escena de celos que le daba Hiccup, y estaba comportándose de forma tan extraña que se le antojaba como algo dulce.
— ¿Es solo por eso? — Astrid se reclino en su silla, todavía riendo por lo bajo, Hiccup no entendía el motivo de su risa. — ¿Lars te da celos o algo así?
Hiccup sintió que la sangre de todo el cuerpo se le iba a la cara, hirviendo sus pecas.
— ¿Celos? – repitió con un tono agudo, sintiéndose como un idiota—Oh, no, solo que creo que no está bien, digo, creí que estar con alguien que literalmente es un forastero todavía y que le regala cualquier cosa a cualquier persona, tal vez te hacía sentir algo incomoda.
— ¿Y esto no tiene nada que ver con que esté interesado en mí?
—Un poco, uno nunca sabe, tal vez está loco y obsesionado contigo—Hiccup miro al plato, con bastante desinterés, Astrid siguió sonriendo—Ya sé que defendí a Eret cuando toda esa gente decía esas cosas de él, pero… hay algo en el que no me gusta para nada.
— ¿Qué esté interesado?
— Me preocupa que a Eret se le haga conocido—se defendió Hiccup, encontrando una buena respuesta, al grado de que Astrid dejo de reír durante un instante—Y también que esté interesado en ti, las únicas personas con las que Eret se pudo haber relacionado son cazadores de dragones.
— Y gente como la tribu de Bayana. Drago hizo que trabajaran de manera forzada para él, quizá por eso no tiene nada.
— ¿Y si no fue así? —Hiccup no esperaba esa respuesta por parte de Astrid, quien lo miraba con escepticismo. —Piénsalo por un momento, de repente llega y curiosamente tiene una buena historia que contarnos. Hasta Fishlegs dijo que su ropa parecía nueva, para ser un mendigo.
— ¿Qué sugieres que hizo? ¿Compro ropas nuevas para después romperlas?
Pero Hiccup tenía en parte razón, las ropas solo estaban rotas, ni siquiera quemadas, solo algo sucio por tierra o algo parecido. Fuera de eso, el muchacho tenía la piel seca y bronceada por el sol, el cabello hecho un nido.
No había islas cercanas, mucho menos islas enormes con enormes barcos, ¿Qué haría uno tan cerca de ese lugar? El sujeto era un escandinavo, no era ningún inglés o de ninguna otra raza, entonces…
— ¿Cómo es que el mar lo trajo hasta aquí? Precisamente aquí, donde todo el mundo cuenta que hay dragones. O que por lo menos los hubo, o con la gente que cuenta que estamos cerca del Mundo Oculto. —inquirió Hiccup, también procesando las preguntas después de hacerlas. Era verdad que antes Hiccup podía recibir a cuanta gente quisiera quedarse a ver, pero, sin los dragones, y solo con lo que parecían ser leyendas que se cuentan de pueblo en pueblo, era bastante extraño. Y peligroso.
Además, a Eret ya lo conocían, sabían que podían confiar en él. A Lars nadie lo conocía para nada, y parecía ser bastante carismático, a pesar de solo ser un mendigo. Y con una buena mano para el hierro como para ser solo un hombre desempleado con bastantes ganas de trabajar.
Eso, y que era atractivo, fuerte, con músculos evidentes. Sabía cocinar, punto clave también.
—Puede que sea una coincidencia.
— ¿Por qué no ha habido noticias recientes de un barco naufragando?
—Porque la gente ya no nos necesita para salvarlos—replico la rubia— Tú no sabes si el barco se hundió cerca o si se quedó días vagando en la balsa sin agua o algo parecido.
—Y tú no sabes si eso es verdad. —Hiccup suavizo el tono, hablando con una preocupación genuina, no solo por él, sino también por su esposa, él bebe en el vientre de ella y su pueblo. —Tengo un mal presentimiento sobre él, hay algo mal, no puede haber tantas coincidencias.
Astrid volvió la mirada a la cocina, más concretamente a la alacena donde estaban los chocolates, se lo pensó mejor. Fuera de todas esas hormonas que la hacían sentir compasión, Hiccup tenía razón al preocuparse, uno no puede ser el Gran entrenador de dragones sin andarse con cuidado.
Ni ella podía bajar la guardia justa ahora.
—Te diré que—hablo ella, dejando los utensilios sobre la mesa, los cuales, hechos con suave manera, amenazaban con romperse ante la fuerza de la mujer—Mañana lo traemos a cenar y le preguntas todo lo que quieras preguntarle, y si se contradice o titubea, pues lo mandaremos en la misma balsa en la que vino—sentencio ella, viéndolo como algo viable. Hiccup, con lo pacifista que era, estuvo de acuerdo.
Esa era la última noche donde Lars estaría con vida. En esa misma noche, había terminado de redactar una extensa carta con detalles sobre el nuevo Berk, con la esperanza de mandarla en el primer barco de comercio que llegara. Nunca llegó, por su puesto.
Se le hacía bastante extraño que los jefes le invitaran a comer, principalmente no era lo previsto, además, tenía bastantes cosas pendientes por saber. Se le hacía extraño que Hiccup tuviera tiempo de tener una cena tranquila en la víspera de los juegos del deshielo; dichos juegos son algo que no había cambiado (salvo, claro, por los juegos que involucraban dragones) y que se seguía celebrando independientemente de lo que pasara en Berk.
Con o sin dragones, Berk seguía adelante, era lo que lo caracterizaba.
Hiccup estaba de acá para allá, supervisando y arreglando detalles para los primeros juegos del deshielo en el Nuevo Berk, con todo completamente renovado; la nueva arena de combate (que servía de entrenamiento y sana diversión para los vikingos), estaba lista para los juegos. La comida se estaba haciendo, por lo que las cocinas estaban a rojo vivo, las cavas, estaban fuertemente cerradas para que el vino no fuera sustraído de ninguna manera, lar hachas se afilaban, los mazos se soldaban, las espadas se arreglaban y la herrería estaba a punto de explotar de tanto trabajo. Las mujeres terminaban de bordar y parchar los tapices que debían colgar en el Gran Salón; todo esto, con un deje de tristeza y cierto dolor. Este año, después de cinco años con categorías para dragones y entrenadores, habría categorías probablemente más sosas o mundanas.
El pueblo se sentía de cierta forma decaído, era como perder la esencia de un pueblo. Perder la razón del porque admiraban a Berk. Hiccup y la pandilla lo habían sentido, en lo profundo de los huesos, en cada fibra de carne, en cada orden dada y en cada hilo de los tapices.
Nadie había acordado cocinar nada, o por lo menos, Hiccup no sabía si Astrid cocinaría algo especial el día de hoy (rayos, esperaba que no). Esperaba poder conseguir algo de las cocinas, aunque, no era como que solo iban a comer con Lars.
— ¿Invitarlo a cenar?—repitió Gobber mientras remojaba una espada recién forjada en la tina de agua gris—Vaya, creí que uno de los dos lo rebanaría en rodajas delgadas o algo parecido. No que serían tan cordiales con él.
— ¿Rebanadas delgadas?
—El jamón rinde bastantes sándwiches si lo partes de manera más delgada—Gobber se encogió de hombros mientras el jefe y el antiguo cazador de dragones le miraban como si hubiera dicho una barbaridad—Bueno, lo hago a veces, ¿es eso un crimen?
Ambos jóvenes negaron con la cabeza.
Mientras tanto, Astrid daba las órdenes para terminar los últimos detalles del desfile de apertura. Valka estaba con ella, balanceándose de un lado a otro, todavía con su viejo báculo; se había vuelto un poco más ansiosa desde que los dragones se habían alejado, no obstante, la mujer se conservaba cuerda, con unas cuantas canas extra a comparación de cuando recién habían llegado, pero no había ningún problema visible con ella. Vivía en una nueva casa junto a la de ellos, y aunque parecía a veces que sabía acerca del ser que Astrid llevaba en la barriga, la verdad es que no tenía ni la más remota idea de que su primer nieto estaba más cerca de lo que ella pensaba.
— ¿Cómo va todo?—cuestiono Valka sin previo aviso una vez Astrid dejo de dar indicaciones. La rubia estuvo a punto de quejarse sobre la hinchazón y dolor en los unos, pero luego recordó que su suegra aun no sabía nada del embarazo.
—Ah, bien. —corto Astrid de manera rápida, sin mencionar nada que pudiera dar algún indicio problemático. —Hiccup está algo estresado por estos juegos y peor todavía con Lars.
Valka frunció el ceño, arrugando la frente.
— ¿Qué tiene el forastero?—cuestiono la mujer mayor. Ella también sospechaba de este, y había sido, hasta el momento, la única de la pandilla que no había hablado con él—Eret me dijo que se le hacía conocido, y yo no estoy segura, quiero decir, he visto a muchos cazadores de dragones en mi vida y reconocería a uno…
— ¿Usted también sospecha de él?—Astrid se veía incrédula por el hecho y también se sentía un tanto boba, la evidencia estaba ahí, ya eran más de dos personas que no creían en la fantasiosa pero creíble a simple vista historia de Lars, el forastero naufrago. Valka suspiro un asunto de manera discreta, mirando hacia al frente.
— Nadie puede ser nada y después resultar ser tan talentoso—hablo Valka, luego recapacito sus palabras—en algo tan mundano, quiero decir. No es como si él fuera alguien como Hiccup, pero tenía mucha urgencia de que le creyéramos que era un simple náufrago. Un simple nada. Y luego, ser tan útil y suelto de palabra. No cuadra.
Astrid acepto su derrota esta vez, convencida de que definitivamente Lars estaba escondiendo algo muy gordo.
—Pero no entiendo, ¿Por qué querría esconder su identidad?
Valka se encogió de hombros.
—Hay que recordar que hay solo dos personas que saben dónde está el Mundo Oculto—dijo Valka tentativamente, mirando a su nuera con preocupación en los ojos—Y curiosamente están en la isla donde esta persona naufragó.—Valka le miro con severidad—Ustedes dos deben cuidarse las espaldas.
Astrid no pudo evitar poner una mano sobre su vientre. Valka lo noto pero no dijo nada, solo enarco las cejas, los muchachos le lo habían dicho, no iban a tener hijos hasta dentro de mucho, así que dejo de hacerse ilusiones. Estaba más preocupada por el forastero que había llegado y posiblemente engañado al pueblo.
— ¡Hey, Astrid!
Eran los gemelos, venían con una carreta y en ella había un número bastante sospechoso de cajas. Astrid arqueo una ceja antes de contestar el saludo, Valka también miro el cargamento, extrañada por un pedido tan grande.
Los gemelos, ahora, se dedicaban a crear explosivos con algo de carbón, azufre y un ingrediente secreto (nadie sabía que era exactamente, y nadie estaba dispuesto a saber que contenían), que reemplazaban de una forma un poco más peligrosa que la saliva de Pesadilla Monstruosa. No obstante, los gemelos no explotaban las cosas (tan seguido), al contrario, parecían manejar con cuidado y precaución los ingredientes mejor que nadie. Hiccup les había dicho que, si causaban más de cien explosiones al mes, su trabajo quedaría en el olvido. La casa de los gemelos solo había explotado diez veces este mes.
— ¿Por qué tantos explosivos?—cuestiono Valka sin rodeos. Astrid miro por encima de la carreta.
— ¡Para el festival!—exclamo Tuffnut—Pidieron muchos fuegos artificiales, estos son los mejores, explotan y hacen algún ruido ensordecedor… ¡se escuchara hasta la antigua isla de Berk!
— ¡Incluso en el Mundo Oculto!—completó Ruffnut—Jamás los habían pedido tan ruidosos.
—Hiccup y yo no pedimos ningún fuego artificial ruidoso—Intervino Astrid, entrecerrando los ojos. Los gemelos se sonrieron.
—Bueno, pues porque no lo pediste tú—respondió Ruffnut, Astrid frunció el ceño, cruzándose de brazos.
— ¿Entonces dices que Hiccup lo pidió solo?—pregunto ella con voz dura. Hiccup no solía hacer cosas sin decirle, en especial en algo que podía incendiar alguna casa o toda la aldea.
—Astrid, Astrid…— negó Tuffnut con la cabeza mientras se acercaba para rodearle los hombros con su brazo—La confianza es primordial en un matrimonio… cuando ya no existe, se quiebra. —Explico Tuffnut como si se tratara de un amplio conocedor del matrimonio—Es triste que el jefe no te dijera…
—Ambos deben decirse lo que sienten, tener más comunicación. —continuo la gemela, ella vio al par irritada mientras Valka dirigía su mirada hacia otro lado. —Amarse sin medida.
— ¡Aún son jóvenes! ¡Tienen todo el matrimonio por delante! Pero ambos deben poner de su parte, ambos deben hacer que la vida…
—Tuff…
— ¡… se trate de pasión desenfrenada, con el apoyo y la confianza que ambos se merecen!
—Tuff…
—Piénsalo, Astrid, tal vez si vas a clases de cocina, o si usas conjuntos que le gusten a Hiccup…
— ¿Qué clase de cosas así crees que le gusten?—esta vez fue Ruffnut quien lo interrumpió— ¿Crees que se disfrace de dragón o algo así?
—Oye, jamás lo había pensado… tal vez le gusten las cosas ruedas, como dominar a alguien—hablo Tuffnut, para vergüenza de Astrid. —Oye, Astrid, ¿Qué hacen tú y Hiccup cuando ambos están en…?
— ¡No voy a contestarles nada de eso!—bramo Astrid, sonrojada. Si Hiccup la dominaba de vez en cuanto no era algo que quisiera comentar a los cuatro vientos—Solo quiero saber si Hiccup ordeno todo esto para mañana.
— Ah, sí, pero Hiccup no fue el que nos dijo—respondió Tuffnut aterrizando a tierra—Lars nos dijo que Hiccup se lo había pedido personalmente, ¿verdad, Ruff?—el gemelo busco apoyo de su hermana y esta asintió en su apoyo. – Y pues, nosotros lo vimos como algo lógico, siempre hay fuegos artificiales en las fiestas.
—Pero estos suenan más. Lars bromeo sobre eso y entonces yo le dije a Ruff, "Oye, Ruff, ¿no sería genial que en serio tronaran fuerte?"
—Entonces fuimos en busca de Fishlegs.
—Ya sabes, se quiere casar con Ruff, y por eso quiere ayudar en bastantes cosas o algo así… ya sabes, con el negocio.
— Y nos dio la fórmula que tronara fuerte. Y tenemos la esperanza de que en serio…
— Muy en serio…
—Truenen fuerte—completo Ruffnut.
—Lindo—asintió Astrid— ¿Y vinieron aquí porque…?
—Queremos dejarlos en un lugar seco, ¿sabes en donde podemos?
Mientras Astrid les indicaba donde dejar los fuegos artificiales, ella se preguntaba que se traía Hiccup entre manos o si de verdad Hiccup había pedido dicha pirotecnia.
La cena estaba lista.
Hiccup había cocinado y traído del Gran Salón lo que había podido. Trajo bastantes porciones para solo tres personas, a pesar de saber que probablemente no iban a comer en sí; aun así, todo estaba listo para el interrogatorio con formato de cena de aquella noche.
—Muy, bien, ¿Qué cenaremos?—Astrid entro a la casa, tenía dolor en los senos y estaba algo acalorada. En nuevo Berk hacia más calor que en el ver antiguo y se notaba bastante; hoy tenía más hambre que otros días, de hecho, eso había desencadenado el problema principal. Astrid no podía comer carne a medio cocer en el Gran salón, era algo obvio (bueno, ella no quería asustar a nadie…), por lo que evito pasar por ahí, eso, contando que había olvidado preparar un bocadillo (que también hubiera sido contraproducente, tomando en cuenta de que Valka estuvo todo el día con ella). Su pequeña bolita de células en el útero pedía comida, carne fresca si era mejor y tal vez un vaso con agua — Muero de hambre.
—Traje algo de ferial*, y si resiste al postre solo tenemos pan con mermelada de bayas. —resumió Hiccup sacando del fogón una olla grandísima de estofado de cordero y col, Astrid arrugo la frente, extrañada por tanta comida salada—Tenemos algo de bjorr*, por si quieres emborracharlo o algo…
— ¿Solo tenemos pan con mermelada de bayas?—Astrid estaba irritada, a pesar de que Lars fuera un sujeto mentiroso, no quería dar una mala impresión por alguna razón… quizá ya le estaba llegando el instinto de esposa— ¿No pudiste preparar nada más?
—No tengo tanto tiempo como todos piensan. —repuso Hiccup ofendido. – Tengo cosas que hacer.
— ¿Cómo qué?
—Los juegos del deshielo no se organizan solos.
—Hablando de…
Hubo dos toquecitos en la puerta, rítmicos. La pareja se giró para ver la puerta, como si esperaran ver a alguien allí a pesar de que estaba firmemente cerrada; Hiccup dejo la olla en la mesa y limpio sus manos en el mandil que llegaba puesto. Astrid puso su hacha en el suelo y se quitó las hombreras, de una forma varonil.
— ¿Por qué actuamos así?—cuestiono Hiccup, Astrid lo miro sin entender—Es que, hago cosas muy femeninas…
—Hiccup, no seas ridículo…
Hiccup lanzo el mandil lejos y abrió la puerta mientras su esposa iba a por los platos y vasos. Lars se paramecio en la puerta al momento de abrirla, Hiccup sintió una especie de latigazo de ira, pero lo dejo salir solo con un resoplido.
—Hola, Lars.
El hombre le sonrió con ese tipo de sonrisas que podrían iluminar Berk fácilmente. La piel bronceada parecía brillar con la luz de las velas de la casa, los ojos de Lars eran grandes y brillantes; Hiccup entrecerró los ojos, convencido de que tanta brillantez no podía ser simplemente real.
— ¿Cómo esta, jefe? —Lars tenía la voz aterciopelada, como si ser seductor no le costara trabajo en lo más mínimo. Todavía parecía bastante sospechoso.
Y aunque su historia fuera real… ¿Qué hace un mendigo bien parecido en una isla prospera? Hiccup le invito a pasar mientras seguía meditando las opciones, tal vez si pedían mayores detalles o si…
—Todo bien—respondió Hiccup, reparando en las manos de Lars, vio un plato cubierto con una servilleta bordada, con bordados tan preciosos y complicados que parecía que alguien se había tomado toda una buena temporada haciéndolo. — ¿Y eso? —señalo el plato con genuino interés.
—Es una tarta de éxito, una Suksessterte—sonrió Lars— Me tome la molestia de llevarles un postre a modo de agradecimiento por esta cena, su esposa debe ser una maravillosa cocinera y no he podido ofrecerle más que esta humilde tarta.
Astrid casi suelta una carcajada nerviosa, Hiccup casi se ahoga con su saliva, si tan solo el pobre hombre supiera…
Aplica para ambos sentidos, su asesinato y acerca de Astrid, solo para aclarar.
La rubia tomo la tarta y agradeció con algo de nerviosismo, eso de interrogarlo mientras se comen la tarta que seguramente él había cocinado con apremio no era una buena idea de interrogatorio. Ni era algo con lo que ellos estuviesen familiarizados.
—La pondré en la cocina en lo que llegamos al postre—la acepto Astrid—Siéntense en lo que yo… yo la pongo en su lugar.
Esa había sido una pésima frase.
En los últimos minutos de vida de Lars, el comento lo deliciosa que era la comida y tuvo el usual desconcierto que tienen todos al enterarse de que Astrid en realidad no sabía cocinar salvo tal vez asar carne, y que Hiccup se ocupaba de casi toda la comida en la casa (incluyendo a veces la casa de Valka), hablo sobre cómo se tardó unas dos horas horneando la tarta de la suerte y un montón de cosas más. Hablo de cuan agradecido estaba con Berk con un brillo autentico en los ojos, con un tono de voz realmente entusiasta, con la sonrisa desplazando sus mejillas. Su cabello rubio se le enredaba en perfectos rizos que permanecían establemente en su lugar y la manzana de adán subía y bajaba cada que Lars hablaba sin parar. Sin ningún tipo de freno.
Solo: gracias, gracias, gracias… nada sospechoso.
Astrid descubrió que nada de lo que Hiccup había cocinado le sabia del todo bien, es más, la carne le sabia insoportablemente quemada y ahumada, seca como si tuviera ceniza y a pesar de que podía sentir la grasa, esta parecía ser una cosa separada de la carne, más sebosa de lo que debía estar, pesada, liquida, asquerosa, hasta desagradablemente dulce. La col sabia como podrida, como si hubiera estado al sol hasta pudrirse, adquirió el sabor desagradable de la grasa del cordero, volviendo el plato aún más desagradable y nauseabundo. Si no vomito fue porque no tenía nada en el estómago.
Astrid revisaba si el plato tenía algo de malo, si olía mal o algo así, pero no olía tan mal, tenía una buena pinta. No entendía porque el platillo era tan desastrosamente desagradable. Lo aparto de su vista y se dedicó a escuchar a Lars y a llenar su estómago con el vino de frutas.
—Bueno, me alegra que Berk te guste tanto. —Hiccup no se sentía muy cómodo de decir aquellas palabras, pero era el mejor freno para que el muchacho dejara de hablar—Oye, Lars, Astrid y yo tenemos unas preguntas que hacerte, ya sabes, para conocerte mejor ahora que vas a vivir en Berk…
La cara de Lars reflejo un auténtico estado de confusión, pero no de desencanto. Reparo en que la rubia no había comido nada y le pareció sumamente extraño.
—Oh, ¿de verdad? —Cuestiono el joven, luego se relajó y tomo otro bocado de carne— ¿Qué es lo que quieren saber de mí?
Astrid arqueo una ceja, aquello parecía haber sido demasiado fácil. Sospechosamente fácil.
— ¿Dónde está Globgor exactamente? —ataco Astrid antes de que Hiccup pudiera preguntarlo, Lars parecía impresionado de que esa fuera la primera pregunta y sonrió.
—Al sur, me parece, íbamos al norte para vender telas—explicó el hombre rubio de agradable voz, Astrid se fijó en como la manzana de adán subía y bajaba, así como en el palpitar del cuello del sujeto, ¿debía ser tan notorio?
Seguro pasa mucha sangre por ahí, ¿no?
Lejos de no gustarle para nada el pensamiento, Astrid sintió aquello como agradable.
— ¿Vender telas? —repitió Hiccup.
—Había bastantes en el barco. De todos los colores que usted se pueda imaginar. —respondió el rubio, viéndose asombrado—Tuve que esconderme entre ellas para que no me vieran. Pero podía escuchar como los marineros decían que se la llevaban a un emperador rico que amaba vestirse con telas caras—relato el hombre, haciendo movimientos con las manos, Hiccup sintió que esos movimientos ya los había visto. —Pero no solo llevaban telas, llevaban vinos, comida…
— ¿Y tú la tomaste para sobrevivir?
—Había muchas ratas en el barco, fácilmente pude pasar desapercibido… nadie se daba cuenta de que yo estaba en el barco. Aunque debía ser muy precavido de no tomar trozos de comida que fueran muy grandes—explico Hiccup seguía viéndolo de forma incrédula. Algo no estaba bien de muchas formas, ¿Cómo es que alguien pudiera permanecer firmemente oculto en un barco?
Dulce, dulce…
Astrid realmente tenía hambre, el sentimiento y la necesidad la golpeaban de una forma tan abrumadora que el vino no era necesario para llenarle el estómago. Por alguna razón, se sentía cautivada por el movimiento en las venas del chico; clavo las uñas en la madera, ¿la sangre de los humanos era dulce? El olía bien, estaba agitado… estaba…
Mintiendo, sí, ¿Por qué habría de latir tan fuerte su corazón?
— ¿Entonces, su barco iba de camino a una isla, con un emperador hacia el norte?—repitió Hiccup comprendiendo la historia, el sujeto asintió con la cabeza, todavía pareciendo relajado. —Hacia el norte solo hay vikingos, tal vez una reina, pero no emperadores.
— ¡Claro que los hay! Se visten de forma extravagante, o al menos eso dicen, sus pueblos deben ser bastante ricos para costear tanto lujo y ostentosidad.
— ¿De dónde aprendiste a hacer todas esas cosas? Ya sabes, la herrería, trabajar con madera…
— Mi padre solía ser un herrero bastante bueno, con el tiempo aprendí el oficio, pero mi familia falleció en un incendio, dejándome sin nada…
—Tus tragedias tienen que ver mucho con el fuego, ¿no?
Por qué estaba mintiendo.
Lars reparo en Astrid y en la extraña mirada que tenía en los ojos, luego echo un vistazo al plato de la mujer, para darse cuenta de que estaba casi intacto, con unos cuantos bocados pequeños arañando la carne, pero nada más. Le pareció extraño. Tal vez no a todos les gustaba el cordero con col.
—Pareciera como si durara de mí, jefe—contesto Lars, con la mirada en el plato de la rubia—pero le aseguro de que todo lo que le cuento es real, todas mis desgracias y desventuras, y solo porque ustedes están desconfiados de que yo pregunte sobre los dragones…
Astrid salió de su encanto.
—¿Sobre los dragones?—susurro Astrid, no sintiéndose muy bien, Hiccup lo detecto y también vio el plato a medio comer, lo último que él hubiera pensado era acerca de la carne— ¿Cómo sabes que había dragones aquí?
—Porque… todos los dicen, de lo mucho que los extrañan y de que se han ido al Mundo Oculto. Es lo que hace a ver tan famoso, ¿no?
—Cuando te rescatamos dijiste que no sabías donde estabas—hablo Astrid en voz baja, con la mirada perdida en el cuello del rubio, este se sintió incomodo en el momento—Que no sabías ni donde era Berk o algo así, por eso la mayoría creyó en ti…
—Bueno, tal vez estaba algo confundido por… bueno, la deshidratación y por el calor, puede llegar a ser abrumante.
—Nos mentiste.
—Eh, no… señorita Astrid, ¿Por qué les mentiría?
— ¿Astrid, te sientes bien?—Hiccup no veía ese comportamiento tan pasivo y asechador en astroide como algo completamente normal. Usualmente ella estallaba, no calculaba el momento y si lo hacía, lo hacía asombrosamente rápido.
—Porque quieres llevar a tu gente a los dragones, ¿verdad?—Astrid se levantó, apoyando sus manos contra la mesa. Hiccup tuvo una especie de miedo, pero se sintió estúpido por sentirlo, ¿no se suponía que él era el hombre de la casa? El que debía poner orden, no el que debía sufrir miedo. —Es lo que quieres, y no te lo daremos jamás.
—Tiene que creerme, esto solo es un malentendido, entiendo que ustedes estén algo…
— ¡Tú pulso te delata!—grito Astrid, para después hacer un extraño movimiento, usando la mesa como apoyo para saltarle encima al rubio, Hiccup se levantó en el mismo segundo en el que la mesa se vino abajo junto con los platos y todo el vino, volvió la vista hacia su mujer y el invitado, encontrando a su esposa encajándole los dientes al cuello de Lars, mientras este gritaba aterrado, buscando pompo quitársela de encima. Astrid desgarro el cuello de este de forma profunda, arrancando músculos y parte de la arteria, haciéndola reventar y lanzar un salpicón de sangre. Hiccup, sin saber cómo sentirse, sintió el líquido tibio en la mejilla, todavía sin saber cómo sentirse, toco la mejilla ensangrentada.
— ¡¿QUE HACES?! ¡SUELTAME!—gritaba el hombre loco de dolor, Astrid siguió desgarrando, comiendo…
Lars dejo de moverse y de gritar de un momento a otro mientras Astrid seguía comiendo de él. Hiccup se recargo en la pared y cerró los ojos, creyendo que estaba en una pesadilla.
Pero seguía escuchado ruidos viscosos. Sonidos de algo comiendo. Hasta que claro, perdió la conciencia y no pudo levantarse de nuevo.
— ¿Hiccup?
Sintió todas sus terminaciones nerviosas volver a su control, de manera lenta, pero segura. Al principio pensó que estaba en su cama y que había tenido una terrible pesadilla, sin embargo, cuando sintió que su cuerpo estaba sentado y no acostado, sintió una punzada de terror que le hicieron cerrar los ojos con todavía más fuerza.
—Hiccup, ¿estas despierto? Mírame, tenemos un problema.
¡Oh, mierda! Si había sido real.
Abrió los ojos, para su pesar. Lo primeo que vio, fueron los dulces ojos azules de la chica, luego, vio su rostro repleto de sangre, en espacial la parte de la boca; estuvo a punto de volver a desmayarse.
—O mejor dicho, yo tengo uno. —admitió Astrid, Hiccup miro por encima de su hombro y vio el cadáver de Lars, literalmente a medio comer. Tembló y redirigió su mirada a Astrid, quien se veía avergonzada y asustada—No sé qué he hecho… solo me dio hambre y me lo comí. Ay, por los dioses—después de decirlo se aterro más del hecho, abrazándose a sí misma— ¡Me lo comí! ¡Acabo de comerme a una persona…! ¡A mordiscos!—la chica señalo el cadáver, Hiccup volvió a mirarlo, tratando de comprender algo de lo que había pasado. — ¡Dioses! ¡Acabo de matarlo y luego yo…! ¡Está muerto!
—Ya lo note—respondió Hiccup con un hilo de voz, Astrid le miro frustrada—Te lo comiste…
— ¡Y lo mate!
— Eso pasa cuando te comes a alguien—repuso Hiccup tratando de volver a su tono de voz, Astrid lo miro con cierto reproche. —Bueno, por lo menos lo hiciste quebrarse.
— ¡No es verdad! —grito Astrid—Jamás sabremos si decía la verdad.
—Creo que su historia era bastante increíble. —Repuso Hiccup tratando de tranquilizar a su esposa y también a sí mismo—Lo importante es que estas bien y…
— ¡No lo estoy! Acabo de comerme a alguien. —contesto entre dientes. —A nuestro invitado. —Puso sus manos en la cara. —Soy un monstruo.
— ¡Claro que no!—la contradijo Hiccup. —No eres un monstruo, eh, yo supongo que estas cosas pasan todo el tiempo.
— ¿Ah sí? ¿A cuántas personas has conocido que se coman a alguien?
—Tal vez las doncellas aladas, ellas se iban a comer a Snotlout, eh, debe haber mucha gente…
— ¡No trates de hacerme sentir mejor!
— ¡Bueno! ¿Y qué quieres que te diga? Estoy tan asustado como tu… Por Odín, ¿esas son tripas?
—Me parece que es parte de su intestino…
—Dioses…
— ¡Pero que acabo de hacer! ¡Descubrirán que está muerto y…! ¡Van a matarnos! ¡Nos quemaran como si fuéramos brujos…!
—Astrid…
— ¡Ya no podemos vivir aquí! ¡Dioses!
— ¡Astrid! —Hiccup jamás la había visto así; se veía bastante preocupada, más que cualquier ocasión donde estuvieran ambos, ella le devolvió la mirada, visiblemente aterrada. —Nadie descubrirá que está muerto y no pienso permitir que te hagan daño. —dijo Hiccup muy decidido. Astrid arqueo las cejas, con confusión—Mira, no es tan difícil, debemos saber cómo resolver esto.
—Bueno, ¿recuerdas cuando te dije que lo enviaríamos en la vieja balsa de donde había llegado? —Astrid recupero la cordura y la conciencia. Hiccup asintió—Pues, podemos… ponerlo ahí y luego dejar que el mar se lo lleve.
—No creo que sea buena idea, ¿y si el barco regresa? Peor aún, ¿y si llega a otra playa? —contradijo Hiccup, Astrid volvió a pensar en una forma de deshacerse del cadáver.
—La balsa nos puede servir si decimos que sigue con vida y que huyó—caviló Astrid, Hiccup la miro algo extrañado—No tienen que saber que está muerto, ¿sabes? — Astrid se levantó y Hiccup siguió en el suelo, sintiendo que, si se levantaba, iba a volver a caer—Solo hay que hacerlos creer que se fue sin avisarle a nadie.
Hiccup no sentía que el plan tuviera mucho sentido.
— ¿De qué hablas? Todos en la aldea lo quieren, van a notarlo sospechoso, además, ¿solo se fue en la balsa sin decirle a nadie? ¿Así nada más? A parte, ¿Qué haremos con el cuerpo? Su sangre está en todas partes…
—Es por eso de que hoy limpiaremos todo lo que se ensucio, luego, partimos a Lars en partes…
—Eh…
—Y lo metemos en una caja con tapa para enterrarlo en una playa solitaria. Nadie notara que está enterrado ahí. —resolvió Astrid, cambiando de humor súbitamente, Hiccup frunció la boca, meditando sus opciones. La verdad es que no tenía una mejor idea, pero esa otra se le hacía complicada.
—Bueno, supongamos que limpiamos a fondo la casa y que todo se ve en orden, ¿Dónde despedazamos a Lars?—cuestiono Hiccup, viéndose nervioso y arrinconado. Astrid volvió la mirada hacia afuera, más concretamente al granero. Todavía no tenían su propia granja, y lo habían pospuesto durante semanas, pero era un excelente lugar para despedazar a una persona sin tener muchas complicaciones. Hiccup adivino sus pensamientos, horrizado. —Oh, no, en el granero no… Acabo de construirlo…
— ¿Acaso tenemos otro lugar?—ataco Astrid, mordiéndose los labios. Hiccup suspiró, un tanto resignado— ¿Qué dices?
—Lo siento, pero no puedo pensar cuando tienes la cara y los dientes llenos de sangre. —admitió abrumado. Como si le hubiese dicho que tenía mal aliento, Astrid se ruborizo ligeramente con vergüenza. Se tapó la boca y corrió a lavarse.
Hiccup se mordió los labios, luego, armado de valor, se levantó para ver al cadáver. Lars le miraba, tal vez en algún momento antes de morir le había pedido ayuda y por eso le miraba de esa forma; tenía el cuello carcomido de una forma grotesca, con los músculos del cuello expuestos y al rojo vivo, así como los pálidos huesos, extrañamente limpios. La sangre inundaba su boca y manchaba un poco el suelo, tenía todo el estómago abierto, las tripas estaban a su lado, a medio comer, de un color entre rosa y purpura. Creyó ver el hígado perdido por algún lado, pero prefirió no regresar la mirada.
Luego, echo un vistazo a las paredes, la que estaba a su derecha tenía una enorme mancha roja, las otras solo tenían manchas fáciles de quitar, el piso estaba lleno de sangre y si no movían el cadáver, segura manchándose, de alguna forma, tendrían que cargarlo al granero sin manchar el piso; miro a la mesa, esperando verla hecha un desastre. Claro, estaba rota, partida por la mitad, el mantel no estaba en mejores condiciones, se le ocurrió envolver al cadáver con cuidado, como si fuera un enorme Kåldolmar*, solo que este estaba envuelto de tela…
Jamás iba a volver a comer un Kåldolmar.
Así pues, tomo el mantel y lo extendió en el suelo, con asco, trato de tomar la mano del Lars muerto, estuvo a punto de vomitar cuando sintió su mano inhumanamente fría. Escucho a su esposa acercarse, ya lavada y cambiada; busco algo de consuelo en su mujer, tal vez algo de fortaleza, la gente siempre decía que Hiccup era el afeminado, y tal vez tenían razón.
— ¿Qué quieres hacer?
—Envolver su cuerpo en ese mantel. Luego, lo llevaremos al granero, y ahí se quedara hasta mañana o hasta que terminemos de limpiar. —explico Hiccup, Astrid asintió y decidió ayudarlo. Ambos levantaron el cadáver y lo colocaron en el mantel, resolvieron que era más fácil atarlo en el granero y envolverlo una vez desmembrado, por lo que con cuidado lo llevaron hasta el enorme granero y lo dejaron escondido en un montículo de paja.
No habían puesto un pie en la casa cuando escucharon que alguien llamaba a la puerta. Marido y mujer se miraron entre sí, asustados, ¿Quién podría ser tan tarde? ¿Habían llamado la atención? ¿De quién? ¿¡Por qué estaban tocando la maldita puerta!?
— ¿Invitaste a alguien más?—pregunto Hiccup en un susurro, sin embargo estaba alterado y sonaba como un grito contenido.
— ¡Claro que no!—respondió ella de vuelta y de la misma forma. — ¿Tu invitaste a alguien?
— ¡¿Por qué rayos te lo preguntaría entonces?!
— ¿Hiccup? ¿Astrid? ¿Están ahí dentro?
Esa familiar voz…
— ¡¿Por qué tu madre está aquí?!—exploto Astrid en un susurro.
— ¡No lo sé!
— ¡Pues tienes que abrir la puerta!
— ¡No puedo abrir la puerta! ¡Hay montones y montones de sangre!
— ¡No me iré hasta que abran la puerta!—canturreo Valka.
— ¡No se ira hasta que le abran la puerta!
— ¡Ya oí!
— ¡Pues abre!
Valka esperaba pacientemente en la puerta de la casa, algo nerviosa. Escucho como desbloqueaban la puerta y luego vio solo la cara de su hijo en una rendija de la puerta, esbozaba una sonrisa nerviosa y bastante tiesa, cosa que no la relajaba en absoluto; le pareció extraño que la manera de actuar de Hiccup. Solo con ver sus ojos sabía que algo andaba bastante mal.
— ¡Hola mamá!—saludo Hiccup con demasiado entusiasmo. Valka enarco una ceja—No esperábamos visitas tan tarde… ¿Qué… que haces aquí?
Valka no paraba de mirarlo.
—Escuche ruidos desde mi casa—señalo el lugar, Hiccup siguió con la mirada la mano de su madre—Quise venir a ver si todo estaba bien. Sonaban como gritos… ¿Dónde está Astrid?
— ¡Oh! ¡Astrid…! ¡Esta… justo aquí!—Hiccup volvió la mirada hacia dentro de la casa, Astrid le hacía señas de no querer acercarse. —A mi lado, ¿no es así, cariño?
Hiccup no la llamaba así. Jamás lo había hecho. Jamás.
Astrid apareció junto a Hiccup, muy pegada a él sin revelar el interior de la casa. Valka lo noto aún más inusual, a pesar de que la sonrisa de Astrid parecía más natural y menos tensa como la de Hiccup.
—Hola, Valka.
—Hola, Astrid. —Saludó la mujer mayor. — ¿Todo bien? Es que escuche gritos y golpes… creí escuchar a alguien pidiendo ayuda…
— ¡Oh! ¿Oíste eso, cariño?—Hiccup se hizo el desentendido, mirando a Astrid con demasiado afecto—Mamá escucho mis gritos por ayuda.
— ¡Oh, vaya! Al parecer tu madre se dio cuenta de que eres un bebé. —respondió ella de acuerdo. Hiccup se molestó genuinamente por el comentario. —Lo lamento, Valka, es que Hiccup y yo estábamos… eh… ah…
—Teniendo sexo. —atajo Hiccup.
—Peleando. —respondió a su vez Astrid al mismo tiempo que el castaño. Ambos se miraron entre sí, nuevamente, esta vez desconcertados.
Valka estaba confundida.
—Es que a veces… peleamos mientras tenemos sexo. —explico Hiccup, tratando de hacer la que mentira se volviera convincente—Bueno, es que a ella le gusta golpearme y…
—A él le gusta que lo golpee.
—Eh… sí, me encanta que me maltraten y me dominen. —Hiccup asintió, humillado.
—Es divertido. —aseguro la rubia.
Valaca no sabía exactamente que responder.
—Oh… bueno, ¿creen que pueda entrar? Hace algo de frio y…
— ¡NO!—gritaron ambos a la vez, asustando a la mujer.
—Es decir—Hiccup negó con la cabeza—Mamá, no puedes entrar, tenemos un desastre adentro.
—Sí, hay manchas en las paredes…
— ¿Manchas en las paredes?—repitió Valka.
—Oh, sí, somos salvajes. No quieres saber, mamá.
Valka parpadeo dos veces, tratando de procesar a información.
—Bueno… eh, en ese caso... tal vez deba ir a casa e intentar olvidar lo que me acaban de decir. —sonrió la mujer, algo apenada y queriéndolo de verdad.
—Es una buena idea, Astrid y yo debemos limpiar.
—Sí, tenemos mucho que hacer—coincidió la rubia.
—De acuerdo, los veré mañana…
— ¡Adiós!
— ¡Hasta mañana!—Astrid se apartó de la puerta y Hiccup la cerró para luego volver a bloquearla. —Eso estuvo cerca.
— ¡Le acabo de decir a mi madre que soy un sumiso!
—No le veo lo malo, toma un trapeador y ayúdame.
Hiccup la vio caminar, como una persona completamente normal hacia un trapeador, fue entonces cuando se decidió preguntarle:
— ¿Por qué te lo comiste?—fue sin tacto, sin amabilidad. Astrid se giró y respondió secamente, pero desconcertada.
—No lo sé, la comida no sabía bien. Tenía hambre y me lo comí.
Hiccup fue hasta ella y reparo en la tarta de éxito de la cocina.
—Por lo menos no arruinaste la tarta. —señaló, haciendo que la rubia rodara los ojos.
— ¿Alguien ha visto a Lars?
Era de mañana, Hiccup y Astrid habían logrado desmugrar la sangre de la cocina, de milagro, claro. No habían dormido toda la noche y por el momento no tenían comedor, solo la pequeña mesa de la cocina; Hiccup había empezado a diseñar una nueva con la excusa de que Astrid y él ya no la encontraban cómoda. Gobber lo había creído de verdad y ahora estaba en la fragua trazando.
Y tratando de no pensar en el cuerpo de Lars.
Había dejado a su esposa desmembrando las partes que les habían faltado. Todavía sin hallar respuesta de él porque Astrid había decidido comerse a su invitado, quien por cierto, no parecía ser quien aparentaba.
— ¿Lars?—repitió Gobber, Hiccup detuvo sus trazos asustado.
Estaba pasando.
—… No se ha paseado por aquí. —Termino Gobber, luego miro a Hiccup, con la armadura recién lavada a pulso, sin mancha alguna que pudiera delatarlo. — ¿Tú lo has visto, Hiccup?
No pudo evitar poner una sonrisa nerviosa en su rostro.
—Eh, no, no lo he visto.
Había acordado con Astrid que ninguno de los dos hablaría del tema, y si alguien preguntaba, dirían que Lars jamás llego, se harían los desentendidos. Eso daba más credibilidad.
—Por cierto, ¿cómo les fue en la cena de ayer? ¿Le sacaste algo?—pregunto Eret, con algo de malicia.
Yo no, Astrid le saco unas cuantas tripas…
—Pues… jamás llegó. —respondió Hiccup, actuando lo mejor que podía. —Lo esperamos hasta la noche pero no hubo ni señas.
—Qué extraño. No estaba en su cabaña esta mañana. —informo Eret, mirando a Hiccup con una arruga en la frente. No había visto esa sonrisa nunca… y esa forma de sonreír le daba algo de miedo.
—Bah. —Gobber le quitó importancia al asunto sacudiendo su mano. —Debe estar por ahí explorando la isla como siempre…
Hiccup dejo de sonreír por un momento.
— ¿Exploraba la isla todo el tiempo?
— ¿No sabias?
Eso podría significar muchas cosas, entre ellas, que Astrid había matado a la persona correcta.
Astrid por su parte, había terminado de destazar el cuerpo de Lars. En el camino, Lars había perdido los ojos y gran parte del cerebro; tanto trabajo le había dado hambre a su bebé, encontró la caja donde pondrían a Lars y el dejo ahí salvo por unas excepciones, los dedos de las manos, ambos pies, y algunas viseras. Esas las puso en el cuarto donde guardaban la carne y que estaba repleto de hielo. Las escondió en otra caja y se sentó exhausta en el suelo donde debía estar el comedor, miro su vientre y luego negó con la cabeza.
— ¿Qué demonios te pasa?—le dijo a su vientre. — ¿No pudiste ser un bebé normal y tener antojos de cosas normales?—reprocho. Sin embargo, estaba asustada porque no le estaba dando la preocupación que la situación requería, era como si no hubiera hecho algo tan malo como haberse comido a alguien y que ahora sus restos estaban en el granero.—Debo hablar con Gothi… ella debe guardar el secreto de todo esto… espero…
Alguien toco la puerta y ella tuvo un sobresalto, vio todas sus prendas manchadas de sangre y se preocupó todavía más, lanzo una maldición y luego se levantó, tenía que cambiarse antes de atender la visita.
— ¿Qué rayos le pasa a la gente?—mascullo, enfadada. —Una quiere saber porque una mujer embarazada se come a las personas y esta gente…
Toc toc…
— ¡En seguida abro!—dijo en voz más alta y audible, busco con que cubrirse, pero no encontró nada útil. Una voz familiar le contesto.
—¡Oh! ¡Hola, Astrid!—era Fishlegs, Astrid soltó otra maldición en voz más baja y subió rápidamente a su habitación, buscando que ponerse. Encontró una túnica de Hiccup que le quedaba grande y unas mallas. No había rastro de otra falda y no recordaba donde había puesto su vestido de emergencia, empezó a sudar. Detestaba la sensación. —Te estaba buscando, ¿puedo pasar?
Astrid se lo pensó un momento, Fishlegs no era tan fisgón como lo pudieron ser los gemelos o cualquier persona. Después de todo solo querría alguna herramienta de Hiccup o un plano o lo que sea…
—Claro—acepto ella desde las escaleras—Estoy arriba.
La puerta se abrió y se escucharon pasos pesados en la casa, Fishlegs cerró la puerta y Astrid se vistió a toda prisa. Escondiera ropa ensangrentada y se puso todo lo demás.
Bajo descalza, porque las botas también habían sido manchadas, tenía unas bajo y se lamentó por eso.
—Lamento la tardanza, hoy es día de lavado y acabo de levantarme. —Fishlegs estaba mirando el área vacía donde debía estar el comedor con una expresión dubitativa en el rostro, a pesar de esto, se giró a verla. La túnica era larga y las medias ayudaban bastante. — ¿Qué se te ofrece Fishlegs?—cuestiono con una sonrisa bastante natural. Por un momento temió tener los labios manchados de sangre.
—Oh, solo vine por unos planos que Hiccup ha estado haciendo. Necesito pensar en el material que vamos a usar para el techo del nuevo establo para Bucket, no sé si usar arce o fresnos… ¿Y el comedor?
—Se rompió—sonrió Astrid con inocencia.
— ¿Cómo?—cuestiono Fishlegs sin entender.
—Hiccup y yo no somos muy cuidadosos con las cosas, ya sabes… hoy es el comedor, la siguiente semana serán las encimeras y tal vez después sea la tina de baño… ¿ya te vas, Fishlegs?
Fishlegs enrojeció, dando a entender que pudo haber vivido una vida larga y feliz sin estar notificado de aquello. Astrid se sintió bien de haber desviado la atención del muchacho en otra cosa. La excusa del sexo era mejor de lo que se esperaban.
—Solo necesitaba los planos…
—Ah, sí—Astrid mira su alrededor y vio sobre la encimera algunos planos. Los abrió y noto que eran de un techo. Se los paso al rubio y este agradeció. —Oye, Fishlegs, ¿podrías hacerme un favor?—lo detuvo antes de que este se fuera por donde vino muerto de vergüenza— ¿Podrías asegurarte de que todo esté en orden con el desfile?, tengo algunas cosas que lavar y bastantes pendientes.
—Ah, claro, le diré a Snotlout que me ayude… ¿quieres que busque madera para su comedor?—señalo el espacio vacío.
—Es una excelente idea. Hiccup empezó a hacer bocetos de una nueva…
—Oh bien, la dejare en su granero más tarde.
¡EL NO PODIA ENTRAR AL GRANERO!
— ¡NO!—grito Astrid tan fuerte que el rubio se sobresaltó asustado, casi tira los planos, por cierto. Astrid se calmó un momento. —Quiero decir, no puedes entrar en el granero. —Dijo en un tono menos alterado, pero Fishlegs seguía tan blanco como la leche—Es que tenemos un desastre atrás, y me daría mucha vergüenza que lo vieras…
—Bueno, entonces puedo dejarlo cerca del congelador.
— ¡AHÍ TAMPOCO!—Astrid volvió a asustarlo—Lo siento, es que… odiamos el desorden, bueno, excepto en el granero… creo que lo mejor sería que dejaras la madera con Hiccup en la fragua…
—Oh… de acuerdo—murmuro Fishlegs, asustado por el comportamiento de la rubia. —Solo no me causes otro ataque cardiaco…
—Lo siento. —murmuro ella apenada, pero también estaba algo aliviada, Fishlegs parecía tener más interés en salir que en ser más inquisitivo en la cuestión del granero. El rubio se despidió y dejo a Astrid con un cadáver escondido en el granero, sin saber qué hacer.
Apenas Fishlegs se fue, escucho como este saludaba a alguien, ella se asomó por la ventana y vio a su esposo devolviendo el saludo y corriendo hasta la casa. Abrió la puerta a una velocidad impresionante; dio un portazo y cerró una ventana cercana, camino apresuradamente hacia su esposa, haciendo bastante rudo con la pierna de metal, tenía los ojos desorbitados y la cara del color del papel.
—¿Qué te traes?—cuestiono Astrid confusa. Hiccup cerró la puerta que había usado ella para mirar hacia afuera, tenía la respiración alterada y errática, lo cual la hizo preocuparse mas. —Oye, estas consiguiendo que me asuste…
—Están buscando a Lars—murmuro Hiccup, Astrid entrecerró los ojos.
—Bueno, eso puede ser un problema… ¿Les dijiste que no lo buscaran, verdad?—pregunto Astrid con un deje de esperanza, Hiccup la miro a los ojos, sin mucha expresión en el rostro.— ¿Verdad?—pregunto Astrid entre dientes, alterándose también. —Hiccup…— dijo como si estuviera regañándolo—Tenemos un cadáver en nuestro granero…
—Lo sé—murmuro el castaño.
—Y la última vez que la gente lo vio se dirigía a nuestra casa—señalo el suelo con el fin de ser más específica—Vendrá la gente a hacer preguntas… Valka escucho gritos, y si alguien más lo hizo…
—Ya sé—respondió el castaño preocupado a punto de colapsar. —Es solo que creí, que si ordenaba una búsqueda, ellos no buscarían aquí.
—¿Qué?
—Eso, les dije que jamás llego a casa. Su casa sigue cerrada, en orden, solo hay que ir, buscar algo de ropa, hacer como que se fugó de la isla—explico Hiccup, Astrid lo miro sin confiar en él—Por ahora Eret y Snotlout lo están buscando en el bosque, nadie ha revisado su casa.
—Bueno, eso es un punto a favor. —Astrid se vio un poco mejor, más aliviada—Tenemos que ir ahora, debemos llevarnos la balsa sin que nadie nos vea… Y todas sus cosas.
—De una vez la ponemos en el agua… con algunas cosas, quien sabe con quienes estaba Lars… Tal vez era un cazador de dragones. —conjeturo Hiccup, poniendo una mano en su barbilla, luego reparo en la vestimenta de su esposa— ¿Esa es mi túnica?
—No encuentro la ropa en ninguna parte—dijo Astrid con los labios entrecerrados.
—Oh, la puse cerca del baño. —Respondió Hiccup con una sonrisa, Astrid lo miro enfadada—Es que ya hay muchas cosas en la recamara.
—Debes terminar el closet. —le recordó Astrid poniendo sus brazos en jarras—No podemos tener la ropa por toda la casa.
—Lo terminaría si alguien no hubiera destrozado el comedor. —contesto de vuelta el castaño, fastidiado.
—Lo del comedor no tiene nada que ver, tú no lo terminaste antes…
—¿Por qué discutimos por el closet ahora?
—¡Porque no lo has terminado!
—¡Oh vamos!—exclamo Hiccup rodando los ojos. —Lo terminare después de que nos deshagamos de Lars. —Astrid rodo los ojos con fastidio. —Será el mejor closet del mundo, lo prometo. —la tomo de las manos y ella acepto con fastidio, a pesar de sentir que el gesto había sido demasiado lindo y dulce. –Bien, es hora de ir a por la ropa de sujeto.
Debido a los preparativos y el hecho de ir por senderos poco transitados, nadie recordó haber visto a los jefes de la isla cerca de la casa de Lars. Hiccup llevaba un saco donde poner las cosas que se supone que Lars se había llevado a la hora de irse, abrir la casa fue algo fácil y todavía más fácil entrar, el lugar estaba ordenado y limpio.
En la cocina, había algunos trastes sucios, más que nada cuencos con masa seca dentro (seguramente de masa para realizar la tarta del éxito), algunas cascaras de huevo (habían soltado un ligero olor desagradable a decir verdad), y restos de comida. Más adelante estaba la habitación, la cama estaba hecha, Hiccup tenía los nervios de punta, su pierna a veces podía ser muy ruidosa.
—Muy bien. —murmuro Astrid, mirando a su alrededor—Supongamos que se fue de la isla, ¿Qué se llevaría?
—No toda la ropa, sobrecargaría la balsa. —susurro Hiccup, luego abrió el armario, tomo algunas prendas ligeras y las puso en la bolsa, Astrid miro en los cajones, encontrando algunos papeles, un diario y un mapa. En el mapa se señalaba una ruta, que seguía exactamente la que habían tomado al huir del viejo Berk, las islas en las que habían descansado a ratos, donde habían descansado para comer… todas estas estaban tachadas con carbón hasta que se mostraba la del Nuevo Berk, este estaba rodeado por varios círculos, como si se quisiera remarcar el lugar.
—Hiccup. —Lo llamo ella, con voz bastante baja. —creo que… creo que no me equivoque al matarlo.
Hiccup se giró sin entender la oración dicha por su esposa.
—¿Por qué lo dices?
—Mira esto. —se giró y le dio el mapa, Hiccup no lo vio mucho pero bastaron unos segundos para darse cuenta de lo que significaba.
—¡Ese bastardo!
—Lo sé, nos estaba mintiendo.
—Estaba buscando la isla, ¿Por qué?
—Tu madre tenía razón, venia por nosotros…— mustio Astrid, ambos dirigieron su mirada al escritorio donde habían hojas sueltas y una carta. Ambos se miraron el uno al otro.
—Bueno, es hora de desenmascararlo—decidió Hiccup.
—¡Eso era! ¡Ya me acorde! ¡Era Esben!—exclamó Eret reconociendo al sujeto una vez Hiccup termino de leer la carta, los demás, toda la pandilla en sí, también escuchaban con atención acerca de la carta. Los gemelos eran los que tenían los ojos más abiertos—Se llamaba Esben "El feo"—los demás lo miraban con los ojos entrecerrados—Era ironía, los cazadores solíamos ser muy… bueno, creíamos ser muy graciosos y tal vez si era gracioso…— los demás seguían viéndole fijamente—Y tal vez no me acordaba mucho de él porque la última vez que lo vi estábamos en un bar y…
—Bueno, eso ya no importa mucho—mustio Valka, luego le quito a Hiccup la carta de las manos.—Nos engañó a todos y desapareció, debemos encontrarlo antes de que llegue con las personas que lo obligaron a venir.—Valka se miró decidida, pero Hiccup negó la cabeza.
—Cuando entramos a la casa la vimos vacía, como si hubiera salido muy apresurado de ella. —se apresuró a explicar Astrid. —No había comida, algunas prendas habían desaparecido, hasta que…
—Encontramos la balsa. —Hiccup señalo hacia afuera de la casa, su casa, ahí estaba la balsa donde lar había llegado, con algo de comida dentro y gran parte de la ropa dentro de esta. Los demás la miraron con asombro. —no tenía a Lars… quizá huyo o…
—Se cayó—murmuro Astrid de manera siniestra, los demás la miraron con extrañeza, sin embargo, volvieron a ver la balsa. —Bueno, creo que… esta algo muerto o algo así.
—Alto, ¿encontraron la balsa a la deriva, llena de cosas como comida o ropa, pero sin Lars?—cuestiono Snotlout.— ¿eso no es nada extraño?—todos los demás le miraron confundidos. —quiero decir, ¿no es algo raro que… literalmente no haya nadie más involucrado en esto?
—Los cazadores de dragones nunca trabajan solos—dijo Eret rascándose la barbilla. —sus barcos no deben estar lejos.
—Tal vez trato de despistarnos. —aventuro Fishlegs, Astrid e Hiccup empalidecieron, sin embargo, ninguno dijo nada. —Quizá…
—Quizá solo este muerto en medio del mar. —Le interrumpió Astrid de forma grosera—Piénsenlo, esa es una carta que seguramente iba a enviar, tal vez solo la olvido y se fue a toda prisa porque algo se le complico.
—Astrid tiene razón. —secundo Hiccup. —Además, si un barco se hubiera acercado, creo que todos o por lo menos alguien en la aldea pudo haberlo visto.
—Pues, los accidentes pasan todo el tiempo. —asintió Ruffnut.
—Incluso los más trágicos. —acepto Tuffnut con aire solemne.
—No lo sé, parece algo un poco… conveniente. Huir y que luego tu balsa este a la deriva. —Gobber se rasco la barbilla, luego, miro fijamente a los esposos.— ¿Seguros que no había nada más en la casa o en la balsa?
—No. —negaron ambos esposos al mismo tiempo.
—Pero, si los hace sentir tranquilos, haremos una ronda de vigilancia Astrid y yo, esta misma noche, después de los fuegos artificiales. —aseguro Hiccup, los demás asintieron convencidos. —solo así sabremos qué es lo que en realidad Lars o Esben tramaba.
Por supuesto, no hubo absolutamente nada, la excusa de cuidar la aldea había sido perfecta para poder enterrar el cuerpo restante de Lars. Astrid no había encontrado la tapa de la caja y ahora, había un reguero de sangre en toda la arena.
—Actúa natural, natural…— canturreo Hiccup, Astrid trago saliva.
De los arbustos salieron los gemelos Torton.
—Hiccup…— dijo Astrid asustada y con un sentimiento de perdición, puesto que los gemelos no se callaban nada nunca. Jamás. Nunca.
—Ya sé, estamos perdidos.
—Oigan chicos, queríamos saber si habían oído el estruendo, ya saben, reventamos los súper híper mega ruidosos…
—Y…
—Hola. —sonrió la pareja.
Hubo un momento de silencio, uno donde los cuatro se quedaron quietos, los gemelos observando la escena, donde había miembros de Lars, así como huesos y viseras adornaban la playa, así como la sangre sobre los cuerpos de la joven pareja casada. Ninguno se atrevió a decir nada hasta que alguien más apareció de las sombras.
Era Valka junto con Gobber. Hiccup lejos de sentirse preocupado se sintió fastidiado.
—¡Chicos! Creímos que sería un buen momento para relevarlos en su turno…— hablo Gobber feliz de la vida hasta que vio la escena.
Valka lanzo un grito, pero nadie se movió de su lugar.
—¡¿QUE ES LO QUE ESTA PASANDO AQUÍ?!—bramo Gobber.
Hiccup y Astrid se miraron sin saber que decir.
Astrid hablo antes.
—Eh, estoy embarazada—sonrió mientras fingía felicidad. Hiccup sonrió de manera nerviosa.
—¡Está embarazada!—secundo.
Tenían problemas, y muy serios.
*Son comidas típicas de los vikingos y de lugares como Noruega y Suecia, Kåldolmar es una especie de niño envuelto sueco... ejeje.
¿Supieron cual? Les di practicamente la respuest en el titulo xd
