Capítulo 10

Sin ti

Estaba mirando por la ventana, observando la ciudad, sin hacer ningún sonido. Era la primera vez que le recordaba, desde hacía un tiempo. Dos años habían pasado desde su separación y, para su pesar, fue en el momento del clímax anterior, que estuvo a punto de susurrar su nombre.

Se habían ignorado a tal punto que ni siquiera se miraban, no entablaban ni siquiera una relación laboral. ¿Por qué lo había recordado precisamente en ese instante?

-¿Sucede algo, amor?

La voz de Ginny lo sobresaltó. Volteó a verla con tranquilidad, impregnando en sus labios, una suave sonrisa.

-No es nada, ¿por qué la pregunta?

-Últimamente has estado un poco meditabundo y te ves preocupado por algo.

Como si una fuerte onda eléctrica le hubiera atravesado, recordó una escena que se había producido justo en esa habitación.

-¿Sucede algo, Draco?

Malfoy se sorprendió por la pregunta, volteándole a ver.

-Me preguntaba unas cosas, Harry, es todo.

Se quedó callado por unos instantes, volteando a ver la ventana. ¿En qué estaba pensando en aquella ocasión Draco Malfoy?

-Ven a dormir conmigo, Harry –ella levantó las cobijas, mostrando su cuerpo desnudo.

-Sólo dormir, estoy acabado físicamente –se levantó de la silla, sentándose en la orilla de la cama-. Ginny...

-¿Mmm...?

-¿Tú me amas?

-Claro que sí, amor –sonrió, besando la espalda del moreno-, te amo.

Correspondió al gesto, pero no por amor, sino por remordimiento. ¿Por qué llevaba ahí a Ginny, teniendo la casa sola ahora para los dos?

-Te dije que no podrías...

Las palabras de Draco saltaron en su mente, ocasionándole un terrible desasosiego.

-No voy acostándome con cualquiera...

Se recostó en la cama, besando la frente de su esposa, la cual enredó su cuerpo contra el suyo.

Tan diferentes eran él y ella, como una gota de agua y otra de aceite. ¿Por qué lo había recordado? Él, al igual que Malfoy, no mezcló sentimientos en su banal relación. ¿Entonces por qué se sentía culpable?

-Nosotros nunca tuvimos nada, por eso no puedes terminar algo que nunca empezó.

Esas palabras habían calmado a su culpa, pero no así a su corazón. Mancilló su cuerpo al permitirle a un hombre entrar en él, pero... él nunca le había hecho daño, nunca...

Albert y Marianne, el barman y la mesera de aquel hotel, se sorprendieron cuando lo vieron entrar con ella y, a pesar de haber querido preguntar por el rubio, se abstuvieron.

Ya de eso habían pasado casi dos años. Dos años de no verlo, ni siquiera de escucharle insultarlo, de sentir su aliento chocar contra su piel, de sentirlo dentro de su cuerpo.

-¿Qué es lo que me pasa? –apretó los puños- ¿Por qué te extraño?

Susurró débilmente; sin embargo, no se percató de que su esposa aún seguía despierta.

Sin ti

Masculló por lo bajo cuando Hermione Weasley entró en su oficina con gran estrépito. Había gran conmoción en el mundo mágico porque Ginny Potter había declarado en una entrevista en la revista "Corazón de Bruja" que su esposo susurraba otro nombre que no era el de ella mientras dormía.

-¡Tú, maldita sabandija huronesca!

El gracioso movimiento que hizo su rostro le causó algo de risa; no obstante, la disimuló, mientras observaba cómo la bruja lo apuntaba con su varita.

-¡Qué le hiciste a Harry! ¡Esto debe ser obra tuya!

Rodó los ojos, devolviendo su vista hacia el documento que estaba leyendo antes de aquel tumulto. La castaña, enfadada por su indiferencia, le arrebató aquel pergamino y le fulminó con la mirada.

-En primer lugar, Weasley –extendió su mano para que ella le devolviera el papel-, agradecería que me explicaras qué ha sucedido para que me acuses de algo de lo que tengo desconocimiento.

-Pues mira esto... –le dio a regañadientes la revista-... seguramente tú y él...

Rió un poco. Aquello sonaba algo irrisorio. Potter y él habían terminado hacía mucho.

-Me causa gracia esto –sonrió de lado-, de hecho, estoy revisando un tratado internacional con Francia y no tengo tiempo de estar distrayéndome con estúpidas confesiones de esa odiosa mujer.

-¿Aún estás tras Harry? –entrecerró los ojos.

Cerró los ojos, negando con la cabeza.

-No quiero andar con alguien que haya salido con una Weasley antes, ni con un Weasley, en su defecto –resopló, falsamente indignado-; además, él y yo ni siquiera nos hemos visto en más de un año, mucho menos hablado. Quizá Potter se encontró una amante, o algo semejante. Lo único que él y yo compartimos fue ese beso, así que deja de crear castillos en el aire sobre una supuesta relación entre nosotros.

Ella le entregó el pergamino, arrebatándole en ésta ocasión, la revista; después salió de ahí.

Se quedó mirando la puerta, sonriendo al instante en que cayó en la cuenta de que Potter había vuelto a engañar a su esposa.