11. La llave la tiene DM
Shaka cruzó la calle que tanto había observado desde el primer piso del self-service sin mirar atrás. Que Saga también imitara sus movimientos era cuestión de instantes, y no deseaba volver a verle antes que se retomara el juicio. Ya no había nada más que decir por su parte, aunque sí mucho que analizar y valorar.
Ahora Saga ya estaba en pleno conocimiento que su apuesta hacía una semana que había dejado de ser un secreto a tres bandas.
Su apuesta ya no era segura. Y revelarle su fragilidad había sido la sutil forma que el forense había elegido para intentar salvarle. No era una venganza...no fue una encubierta confesión nacida del despecho...no eran ganas de verle fracasar. No...nada de éso era lo que albergaba el corazón de Shaka. En él solamente dormían unos imperiosos anhelos de ayudar a aquél que aún seguían amando cada uno de todos sus latidos, y ahora no más le restaba esperar que Saga hiciera uso de su brillante inteligencia y que asumiera que la verdad siempre acaba emergiendo, y que resultar vencido en un batalla no precipita sin remedio a la derrota de la vida, sino que fortalece el espíritu para seguir buscando la honradez de acciones y la tranquilidad del alma a lo largo del incierto camino esbozado para cada paso.
Pero todas estas reflexiones Shaka se las guardó para él. Compartirlas con Saga le hubieran enfurecido aún más, y al forense únicamente le quedaba esperar. Esperar y confiar.
Al llegar a las puertas del edificio de los juzgados Shaka evitó pasar cerca de Kanon, el cuál estaba apurando con avidez uno de sus inseparables cigarrillos en compañía de Rhadamanthys, que seguía luciendo un semblante serio y preocupado. Cerca de ellos se hallaba Marin, sentada en la escalinata de acceso con aspecto de chiquilla, abrazándose las encogidas piernas con un brazo mientras el otro lo mantenía pegado al cuerpo, sosteniendo el móvil contra su oído y manteniendo una conversación aparentemente ajena al juicio, como así lo denotaba el saludable rubor que vestía su rostro y la sonrisa que no abandonaba sus labios.
El destino del forense era otra vez la sala de testigos, y plantado frente a ella se topó con el inspector DeathMask, su cara prendida de amargura y su insufrible perfume de perdición.
- ¿Otra vez por aquí, jovencito? - DM lo preguntó de repente, deteniendo el acceso de Shaka a la sala, el cuál no pudo evitar suspirar con evidente hastío ante la interrupción en su camino proferida por el inspector.
- Los abogados de ambas partes han estimado oportuno que me mantenga como testigo, por si es necesario aclarar algún punto médico más adelante.
- ¡Joder, qué lenguaje! - Exclamó DM con sorna, mostrando abiertamente su aburrimiento y sus ganas de importunar a quién fuera para hacerse la tediosa espera más llevadera.- Con lo joven que eres y siempre me has parecido un viejo hablando...- Siguió el inspector, paseándose frente a la puerta de la sala de testigos para impedir que Shaka le rehuyera adentrándose en ella.
- Y tú siempre me has parecido un asqueroso despreciable y no te lo digo.- Pensó Shaka para sí mismo mientras notaba como su entrecejo se fruncía de aversión.- No es mi problema que no te guste la corrección de maneras cuando de asuntos profesionales se trata.
- ¡Lo que digo! ¡Un puto acartonado viejo de veinte y tantos años! - Se rió DeathMask con toda la mala intención del mundo. - Por suerte ya no tengo que leer tus insufribles informes forenses cada vez que alguien decide palmarla fuera de lugar.
- Por suerte finalmente se han dado cuenta que el Cuerpo de Policía había inspectores con más capacidad para estar al frente de Científica...- Le replicó Shaka con calma y frialdad, dispuesto a no seguir mordiéndose la lengua frente a alguien que nunca había podido respetar, ni de manera personal ni mucho menos profesional.
- ¡Oye, doctorito de muñecas! Para que lo sepas, yo pedí el cambio.- Le espetó DM, visiblemente molesto por un contraataque verbal que no se esperaba, haciendo que su dedo índice se clavara varias veces de manera fastidiosa contra el pecho de Shaka, que se apartó sin fingir brusquedad.
- Pues yo he escuchado que te invitaron a salir sin opción a declinar la oferta.
Shaka le replicó con el mismo desdén que él siempre había recibido por parte de DeathMask, sintiéndose bien por primera vez en lo que llevaba de día.
Ahora ya no necesitaba aguantar el tipo. Ya no era preciso fingir un respeto que nunca había sentido. Y ésto le resultó extrañamente balsámico y reparador para un alma hambrienta de sinceridad y honradez.
- ¡Que te jodan!
- Lo mismo te deseo, DM. Si alguien tuviera el estómago de hacerlo quizás no olerías tan rancio...
Shaka no supo cómo narices se atrevió a soltar las últimas palabras, y menos aún se esperó hallarse preso de las manos de DeathMask cerradas entorno a las solapas de su camisa color teja.- ¡¿Desde cuándo te has vuelto tan impertinente, maldito hijo de puta?!
- Desde que ya no necesito ocultar el desprecio que me inspiras, DM...Ya no te tengo miedo...ni a ti ni a tus trucos...
- ¡¿Qué cojones insinúas con ésto?! - Le escupió DM contra su rostro antes de ser separados por los funcionarios del lugar.
- ¡Orden, por favor! ¡Mantengan la compostura, que estamos en la Casa de la Justicia! - Exclamó uno de los oficiales de seguridad.
- Sólo le preguntaba al inspector por su esposa, y ha entrado en cólera.- Dijo Shaka con un tono que definía una supuesta sorpresa.- ¿Cómo iba a saber que le había dejado hace tiempo?
- ¡Maldito hijo de_
- ¡Ya es suficiente! O se calman o tendremos que informar del altercado al juez y quizás desestimará sus testimonios.- Dijo uno de los agentes de seguridad, que acompañó a ambos dentro de la sala habilitada para ellos, manteniéndose cerca para mantenerles calmados.
Pero Shaka estaba calmado. No sabía por qué, pero empezaba a encontrarse un poco en paz consigo mismo. Empezaba a sentirse liberado de mentiras, y ésto le estaba dotando de la fuerza interior que siempre había cultivado, y que últimamente había perdido.
Y ver a DM nervioso y fuera de sí era simplemente una delicia. Shaka sabía que con DeatMask venía un arma. Ahora empezaba a ver con claridad porqué él seguía estando allí a la espera de volver a testificar. Seguramente sería llamado al estrado para dar fe profesional que el corte que seccionó el cuello de la víctima podía haber sido ejecutado por dicha arma.
Quizás sí...Quizás no...Quizás tendría que dar la razón a Saga...Quizás debería coartarle el juego...Primero habría que ver el arma, el filo, el tamaño de la hoja...Y luego vendría la pregunta, directa, llana y simple: ¿Es posible que dicha arma haya seccionado la garganta de Pandora?
Ahora Shaka sabía que respondería con la única verdad que estuviera en su poder, y no sería otra que la que le otorgaría su intachable opinión profesional. No todo cuchillo corta igual...no todo filo secciona la piel con el mismo tacto. Siempre hay diferencias...Siempre.
Pero lo que en el fondo deseaba Shaka era no tener que llegar a vivir en su propia piel la escena que en milésimas de segundo su mente le había armado dentro de su cabeza.
Que Saga recapacite...que Saga rectifique su estrategia y voluntad...que Saga me ahorre tener que testificar algo que quizás no le gustaría escuchar...
No había otro pensamiento posible en la cabeza del joven forense, y su última decisión fue cruzarse de brazos, dejar descansar una pierna sobre la rodilla opuesta y cerrar los ojos.
DeathMask no dejaba de escrutarle con su desdén habitual, y ya había tenido suficiente de él. No necesitaba verle más.
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Saga llegó al lado de Shura con el semblante pálido y reluciente de frío sudor. Su mente estaba trabajando a mil por hora debido a las últimas palabras intercambiadas con Shaka. Las mismas que le habían robado toda la esperanza que había estado incubando en su corazón desde que le vio acercarse al estrado. Toda la culpa y remordimientos que había sentido hacia el trato que le había proporcionado antes de su ruptura se estaban mezclando peligrosamente entre los contaminados humos de su ambición, y la sombra del gran Aspros Samaras seguía planeando con pesadez sobre su labrada reputación.
Las reprimendas de su colega llegaban lejanas y confusas a sus oídos, y Shura se vio forzado a agarrarle del brazo para captar definitivamente su atención.
- ¡Saga! ¡¿Pero cómo se te ocurre desaparecer así y dejarme plantado de esta manera?! - Exclamó su sobrio compañero, a punto de perder su innata compostura.
- Perdóname Shura...pero es que necesitaba hablar con Shaka...
- ¡Por dios, Saga! ¡No es momento ahora de arreglar tu vida privada! - Susurró tragándose las ganas de reprenderle como si de un chiquillo se tratara.
- Lo sé, lo sé...no ha sido el momento adecuado...
Saga respondía, pero sus ánimos parecían pisoteados y su mirada se percibía indecisa y tan confusa como volvía a mostrarse su actitud, hecho que estaba sacando de quicio a Shura.
- Oye, Saga...¿Estás bien? Tienes mal aspecto...
- Sí, sí...estoy bien...Sólo que hace calor aquí...- Dijo Saga dejando todavía más perplejo a su colega, ya que las temperaturas de las puertas del invierno no se presentaban precisamente cálidas.
- Pues el Señor Hyppolitos no está tan bien como dices estar tú.- Prosiguió Shura, echando en cara a su superior haber tenido que lidiar con el malestar del padre de la víctima él solo.- Está enfadado. Incluso muy cabreado me atrevería a añadir. No le gusta como se va desarrollando el juicio, y aún menos que tu hermano se dedique a jugar con los dioses mitológicos. Al señor Hyppolitos no le gusta la idea que venga a testificar el mismo "Dios de la Muerte"...- Shura se detuvo porqué una espontánea risa irónica le asaltó a traición, llevando su mirada hacia los cielos del vestíbulo del juzgado mientras trataba de reflexionar con seriedad sobre algo que a su parecer, carecía completamente de ella.- ¿No te das cuenta? Tu hermano va a llamar al Dios de la Muerte Thanatos! ¡Es hilarante todo ésto, Saga! ¡Y a ti no se te ocurre otra cosa que ir a hablar con Shaka en vez de quedarte conmigo y discutir qué narices le tenemos que preguntar a un dios de los muertos! ¡Que esto es un juicio por asesinato, Saga! ¡No un teatrillo ambulante de barrio!
Shura estaba perdiendo toda su acostumbrada compostura por cada baldosa que sus nerviosos pasos iban marcando, y Saga parecía tan abstraído como la sobriedad de su colega.
- Ya lo sé, Shura, pero tranquilízate...escuchemos las barbaridades mitológicas de Kanon...escuchemos a sus actores de inframundo y luego ataquemos con sus propias armas. Será fácil...Kanon no está acostumbrado a ello, y nosotros sí.- Dijo Saga, tratando de recuperar la dignidad en la que debería enfundarse de nuevo antes de acceder a la sala del juicio.- Y cuando acabe la pantomima, llamaremos a DM.
- ¿Y sigues con la idea de DeathMask? Saga...este tío se te puede girar en contra, y lo sabes tan bien como yo.
- ¡A este tío lo tenemos agarrado por las pelotas, Shura!- Le espetó Saga con una contenida exclamación, observando a su compañero con un brillo inusual en sus ojos.
- ¡Y él a nosotros también! ¡A ti también! Tiene en su poder lo que os unió hace diez años, Saga...¡parece que te hayas olvidado de ello!
- ¡No lo va a usar! Por la cuenta que le trae no lo puede hacer.
- ¿Y tu hermano? ¿Has pensado aunque sea un segundo en que tu hermano puede usarlo?
- ¡Kanon no será tan necio de exponerse de esta manera! - Exclamó Saga, sintiendo como a cada momento que transcurría las dudas de Shura le abrumaban más y más.
- ¡¿Y cómo estás tan seguro de ello?!
- ¡Porqué él también caería!
- Han pasado diez años, Saga...¿Debo recordarte que si el juez no estima oportuno reabrir el caso puede quedar solo en una sanción económica y poco más? - Dijo Shura embargado por la desesperación y una incipiente tristeza difícil de descifrar. No creo que el que tenga más a perder sea precisamente Kanon...sino tú.- Concluyó, sin dejar de mostrar su evidente preocupación hacia la integridad moral y profesional de Saga.
- Ésto no ocurrirá, Shura, confía en mí.- Sentenció Saga, aflojándose el nudo de su corbata y alarmando a su colega con tal simple gesto, dada su inexistencia en el repertorio de todos los gestos que almacenaba el fiscal.- Conozco a mi hermano...y no me haría esta putada. No puede. Simplemente me debe la libertad, así que no puede usar a DM en mi contra.
Saga no añadió nada más. Simplemente respiró hondo, se secó el sudor de la frente y accedió a la sala del pleitos dejando a Shura atrás.
El fiscal estaba decidido. Y absurdamente obcecado con su as.
Y Shura no pudo hacer otra cosa que seguirle y confiar en él, como siempre había hecho, ofreciéndole ciega lealtad.
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Kanon y Marin volvieron a ser los últimos en entrar a la sala. Ellos sí que habían aprovechado el largo receso para replantear el juicio. Y habían hablado con su potencial testigo antes de volcarse a la mayor locura profesional de sus vidas.
Muchas cosas habían transcurrido durante la última semana previa al proceso. Pero la corroboración de intención por parte del testigo Tanner fue necesaria antes de lanzarse a ello.
Saga tenía un as.
Y Kanon quizás un full. Thanatos y los espectros podían conventirse en la jugada que ganara un manchado as sobrante en una baraja.
La siguiente ronda estaba en juego, y sólo faltaba que el juez otorgara su permiso para jugar la nueva mano de la oscura partida.
¿La definitiva?
#Continuará#
