Éste Fanfic es una parodia.

Sin ánimos de ofender.


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Era una difícil decisión, todas las decisiones son difíciles, si, pero esta lo era más.

—Agárrate de mí —le indicó a esa mujer contestona.

Ayudarle o no ayudarle; esa era la cuestión.

Mikasa le miró, su vacilante propuesta y sus pequeños ojos indiferentes le tentaban a rehusarse, pero no lo haría.

Tomo la mano que le era ofrecida y se aferró a ella, segundos después fue alzada hasta que la tomaron de la cintura y ahora su agarre era hacia el torso del sargento.

La incomodidad del hombre era casi palpable, sus facciones se endurecieron por llevar a una mujer que, sinceramente, quería aventar de un precipicio. "Sacrificios necesarios", le decía su conciencia.

Ella había perdido su caballo y su equipo de maniobras tridimensionales se quedó sin gas. Estaba a merced de cualquier titán que pudiese pasar por ahí, y su intuición no le falló cuando vio a un gigante excéntrico ir en su dirección.

Lo que ese monstruo con cara horrorosa no sabia, es que el hombre más fuerte de la humanidad estaba cerca y la rescató antes de que la cosa esa rozara alguno de sus cabellos negros.

La joven estaba internamente agradecida, pasaron por algunos arboles antes de perder de vista al titán y luego Levi la dejo caer en una de las ramas de un árbol frondoso.

—Gracias —dijo ella algo molesta, trastabilló un poco porque repentinamente la soltó.

—No era mi intención, la verdad.

Ackerman miró su impasible semblante, su posición perfectamente erguida mientras se limpiaba con un pañuelo la mano. Preguntándose las razones que llevaron a su superior a rescatarle, quizá por fin reconocía su fuerza y estaba consiente de lo mucho que podía ayudar a la legión.

La conocida voz de Eren perturbó el silencio que reinaba entre ellos.

—¡Mikasa! —gritó, llegando demasiado rápido a su pequeño refugio momentáneo—. Creí que te haría algo, me alegro que estés bien.

—El ena- —el insulto murió antes de decirlo—. El sargento me ayudó.

—Lo sé —rió algo nervioso—. Le dije que te ayudará. Él es más rápido que yo.

Ahora ella lo entendía todo, era por Eren. El sargento siempre fiel a los mandatos de su amigo, aunque sabía que muchas veces el hombre mayor hacia su voluntad como solo él sabe hacerlo.

—Eren —le interrumpió el hombre aludido, ya había acabado de limpiarse la mano—. Ella no tiene gas en el equipo.

La joven se sintió patética, ella no estaba protegiendo a nadie. Lo que más le dolía es que Eren estuviese presenciando eso.

—No te preocupes, la llevaré conmigo hasta el punto de encuentro —dijo, con un puño sobre su corazón.

A Mikasa se le iluminó el rostro, sonrojándose por la sugerencia de ser llevada por el castaño. Ya no se sentía tan mal.

—No, dale tu equipo y yo te cargare —ordenó.

A eso se refería Mikasa con lo de que ese hombre siempre terminaba haciendo lo que quería.

—¿Qué? ¡No! Soy un hombre y voy a llevar a la mujer.

—Tu flacucho cuerpo no resistirá un peso extra.

—¡No estoy flaco!

—Esa mujer se ve que tiene buen peso.

—En ese caso llévala tú —se dio la media vuelta, dándole la espalda al hombre. ¿Qué se creía él para decidir lo que debía hacer?

—Ya no haré tal cosa, esta pegajosa por el sudor.

—¡Yo también! —manifestó molesto. Encarándole de nuevo.

—Estoy acostumbrado a las actividades sudorosas que tenemos, Eren. Es darle tu equipo o contarle con detalle sobre ellas.

—Yo te puedo llevar, Eren.

—Eso es más vergonzoso…

El de ojos verdes suspiró derrotado. Se quitó el equipo y se lo entregó a su amiga, quien se preguntaba a que tipo de actividades se refería. Y el por qué estaban hablando sobre su peso con ella delante. A una mujer jamás se le dice esas cosas, jamás.

Cuando se lo colocó como era debido, Levi dio indicaciones de irse. Eren se subió a su espalda, apretando con fuerza con los brazos y las piernas, parecía un koala aferrándose a su tronco, adorable para la vista de ambas personas.

Al otro lado del bosque, los jóvenes soldados estaban acorralando a un par de gigantescos seres, Sasha, fue veloz y desde el aire se acercó rebanándole algo de piel, pero no alcanzó a cortar por completo.

—¡No te distraigas, Sasha! —le regañó Connie, terminando el trabajo por ella. Con uno de los arneses se sujetó a uno de los grandes árboles.

—Lo sé —sonrió nerviosa—, es solo que sentí algo maligno venir.

—¿Titanes? —ironizó viendo cómo Jean y Ymir acababan con alguno de ellos—. Vamos, no puede haber algo peor que eso. Sigamos adelanta para llegar al punto de encuentro.

—Lo hay, Connie—murmuró, acordándose de su superior, esperando que el sargento no apareciera con esa intimidante mirada y le dijera que le quitará la hora de la cena.

¡Los había dejado solos! Se supone era una prueba, ¿dónde estaba ahora él? ¿Vigilándoles desde un punto alto? Que miedo le daba. Volteo hacía arriba, tratando de enfocar algún punto pequeño que se moviese.

¡¿En qué estaba pensando?! ¡El sargento lee mentes!

Sí se entera que lo considera pequeño la deja sin comer un mes.

El chico de cabeza rapada asintió, dándole la razón. Si, su mamá podía ser algo violenta cuando se lo proponía pero no creía que fuera al bosque a verle, la verdad.

Los dos pensaban muy distinto sobre el "maligno" ser…

Mientras el trío se alejaban del bosque donde se habían escondido, algunos titanes aparecieron obstruyendo su paso. El tiempo de reacción del sargento era menor por tener un cuerpo extra que le impedía hacer algunos movimientos, pero eran sustituidos por los reflejos de Mikasa.

Ellos avanzaban y ella mataba.

Cuando ya estaban a punto de llegar, vieron al grupo de jóvenes de los que se había separado en la entrada del bosque.

Los soldados les observaron acercarse y detrás de ellos un titán se acercaba muy rápido.

Miksa inmediatamente le rebano el cuello.

Todos se quedaron asombrados mirando la escena. La joven era excelente cuando se trataba de cortar carne, bastante intimidante también.

El sargento estaba llegando con Eren, quien al parecer se había movido de su posición detrás del hombre para aferrarse a su costado y con una mano era sostenido por Levi para aterrizar de manera estable en uno de los grandes árboles.

Mikasa detrás, parecía el guardaespaldas (o el perro fiel) protegiéndoles.

—La princesita Jaeger llegó —se burló Jean cuando le vio acercarse hasta ellos—. ¿Puedo ser tu príncipe?

Eren frunció el ceño y le iba a contestar, pero una cuchilla traviesa le rozo la mejilla a Jean, marcándole un sensual corte recto.

—Se me resbalo —dijo el adulto "responsable".

Jean olvidó sin querer las reglas no escritas.

1.- No dudarás de la palabra del sargento.

2.- Obedecerás los mandatos o serás acusado de insubordinación.

3.- No pecaras codiciando al Eren de otro.

4.- El sargento siempre tiene la razón.

5.- Eren es intocable cuando el sargento esta presente.

6.- Mikasa vigilará cuando el sargento no este, los malos e insanos pensamientos que el comandante pueda estar pensando sobre Eren.

SI, esa era la más importante.

Vigilar a Erwin.

Cuando dejó de estar divagando en sus pensamientos, sintió la mano cálida de Armin limpiando la herida que no era profunda, pero si algo escandalosa chorreando sangre.

La insistente mirada de Mikasa le asustaba, al parecer tocó fondo con su comentario burlesco.

El momento incómodo terminó con la llegada del rubio comandante, quien estaba vigilando el perímetro para poder regresar a salvo de esa pequeña excursión lejos de las murallas, un simulacro antes de salir verdaderamente al exterior.

Inspeccionó al pequeño grupo, suspirando al ver caras conocidas.

—Creo que los importantes están aquí —dijo, dirigiendo su mirada a Eren y Levi.

—¡Hey! ¿Y nosotros qué? —preguntó ofendido Springer.

—No te ofendas, Connie. Pero nosotros somos personajes secundarios —le susurró Sasha a su lado.

—Somos parte de la legión de reconocimiento. ¡Somos una parte importante!

—¿Ser el personaje de relleno? —interrumpió Jean con aire de superioridad.

—Mira quien lo dice, el niño mimado que quería ir a la policía —se burló el castaño de ojos verdes, esta vez él sería el que tomase la delantera.

—Al menos a mi no me comió un titán en mi primer enfrentamiento —ironizó Jean.

Eren iba a golpearle pero Mikasa lo detuvo.

Levi les veía pelear como niños. Alzando la voz sin razón, cosa que le desagradaba.

—Oi. No se relajen, recuerden que quedan algunos titanes, mocosos.

—¡Yo no soy un personaje de relleno!

—Eres el secundario, Connie. No eres de relleno.

—Oi —Levi intentó hacerse notar, pero nadie le hacia caso.

—Fui el quinto lugar, cara de caballo. ¿Cuál fuiste tú?

—Fui el mejor con el equipo de maniobras. ¿Cómo esta tu cabeza después de todos esos golpes que te diste contra el suelo?

Levi reprimió un insulto y se volteó hacia su superior, como preguntando si podía golpearles o arrojarlos a los titanes.

El comandante le miró, negando. No le parecía buena idea interrumpir y la verdad, estaba curioso.

—Aun no, quiero ver como termina la pelea.

El más bajo negó y siguió mirándoles.

El castaño se había librado del agarre de su amiga y ahora esos dos estaban demasiado cerca uno del otro, demasiado para su gusto.

Un titán de aproximadamente diez metros pasó por los árboles que le servían cómo apoyo, haciendo tambalear a todos y provocando el roce accidental de Eren contra Jean, sus bocas se unieron en un efímero beso.

Los soldados ahogaran un gritó de sorpresa, menos Erwin, él sonrió satisfactoriamente, al parecer había prevenido de alguna u otra manera que eso iba a pasar.

Mikasa fue la primera en reaccionar y utilizando la cabeza del "cara de caballo", se impulsó contra el titán (lo admitía, quería golpearle pero era mejor como escalón hacia la batalla). Un corte sorprendente en su nuca y el gigante ya se estaba yendo hacia abajo.

—Es hora de irnos —indicó Erwin—. Los carruajes y caballos están a salvo a un kilometro de aquí.

El pequeño enojo de Levi era una recompensa por ese día.

Levi en cambio, trataba de no volverle a arrojar la cuchilla a nadie. Tendría algunas horas para idear un "método de adiestramiento" hacia ese Kirstein y para Ackerman. Esa mujer aprovechó su distracción para llevarse a Eren con ella.

Pero no se lo dejaría tan fácil, no.

Con rapidez se acercó hasta el dúo y arrebató al castaño con una simple maniobra, Mikasa en el aire se giró dispuesta a pelear por Eren, pero admitía la rapidez del sargento aun con alguien a cuestas, ya que en unos segundos se le había adelantado lo suficiente.

Ella no disfrutó la cercanía de Eren cómo creyó que lo haría, y, probablemente, su superior le tenga planeado un destino cruel por su insubordinación…

…de nuevo.

Cuando estuvieron instalados, el único sin caballo era Eren, sentado en una de las carretas miraba alerta a su alrededor y el siempre confiable protector sargento estaba a un lado suyo, haciéndole compañía.

—Que no se te olvide lo que me prometiste —le dijo lo suficientemente audible para que solo él le escuchara.

—Si… —masculló.

Primero, le hace pasar vergüenza delante de todos y luego le pide que no se le olvide… eso.

Por salvar a su amiga el costo era… era…

—Estoy ansioso por verte con ese traje que te compré.

era un doloroso golpe a su hombría.

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