Abril 2017 - Retornando al mundo de fanfiction les dejo el nuevo capítulo de Equivocada. Mis comentarios al final del capítulo.
Como ya saben Candy Candy no me pertenece y solo escribo este fanfic como medio de entretenimiento.
Hospital.
Ella abrió sus ojos lentamente, todavía tenía algunos golpes en su rostro, pero era su cuerpo lo que más le dolía.
Comenzó a revisar el lugar hasta que lo vio. Sentado de brazos cruzados a un lado de ella se encontró a la última persona que esperaría en el hospital.
-¿Qué haces aquí?- preguntó despertando completamente.
-Los modales debieron quedarse en las escaleras de las que caíste.
-No has respondido a mi pregunta.
-Vine a ver a mi hijo – respondió el duque, sabía que ir a verla era muy arriesgado, pero gracias a su equipo de seguridad consiguió ingresar al hospital sin ser reconocido.
Hacía muchos años que no la tenía tan cerca, le parecía increíble lo frágil que se veía en ese momento. "¿Cómo fue a sucederle esto?" pensó.
La madre de su hijo había sufrido un accidente, era como si volviera el tiempo atrás, en ese preciso instante anhelaba cuidar de ella y sanar su cuerpo herido, pero ya no era más un joven enamorado, él era el Duque de Grandchester un hombre firme y de matrimonio estable.
-No pregunté qué hacías en América, sino qué haces en mi habitación.
-Es increíble lo rápido que viajan las noticias, quise comprobar si era cierto.
-¿Con qué razón?
-Estoy preocupado por Terruce. Honestamente Eleanor, es decisión tuya si decides matarte por las escaleras- sonaba cruel pero no quería admitir que ver a Eleanor lastimada le afectaba más de lo que hubiera esperado- pero si tú te destruyes, estoy realmente seguro que mi hijo no tardaría en buscar el mismo destino.
-¿De qué estás hablando?- preguntó. La presencia de Richard la intimidaba.
-No voy a permitir que Terruce se destruya, puedo conseguir un excelente médico que revisará tu evolución desde tu casa…
-… no lo necesito. Estoy muy bien aquí.
-No voy a permitir que la prensa ate cabos y te relacionen con mi hijo ¿entendiste?, no lo voy a permitir – el duque había puesto ambas manos en la almohada de Eleanor dejando la cabeza de ella en medio, estaban tan cerca que sus narices casi podían tocarse - la sangre de aristócrata de mi hijo es un misterio y de develarse su origen podré protegerlo, pero si lo relacionan contigo…
-… no lo harán, Terry sabe muy bien lo que puede o no hacer. Eres tú quien se arriesga al venir aquí. ¿Te imaginas? Duque de Grandchester visita a su ex amante convaleciente. Creo que a la Duquesa no le gustará mucho- Richard se apartó de Eleanor y se dirigió a la puerta.
-Sé que ha venido a verte. Será mejor que cuides de ti y por sobre todo no lo expongas, ten en claro que estoy aquí para velar por el bienestar de mi hijo.
-Ahora mismo pasa por más de lo que te imaginas, si de verdad quieres ayudarlo olvídate de tus malditos intereses aristócratas.
-Adiós…
Los ojos de Eleanor se llenaron de lágrimas luego de que el duque se fuera. No terminaba de entender qué hacía Richard en América, porque su accidente había ocurrido cuando él probablemente viajaba o tal vez cuando él ya estaba en América. Ella no era la razón de su presencia en Estados Unidos.
Terry despertó más cansado de lo usual pensando que tal vez el acostarse tan tarde podía ser la razón.
Cerró los ojos para volver a dormir, pero le fue imposible. Miró su reloj y se dio cuenta que era incluso más temprano de lo usual.
Como le había prometido a Susana, esa mañana irían por el anillo de compromiso.
Decidió preparar el desayuno para él y para la mujer que se convertiría en su esposa. Cuando se acercó a la cocina la encontró con una taza de café en la mano.
-Pensé que despertarías luego, por eso no preparé el desayuno antes- dijo Susana en un intento por ponerse de pie.
-Yo me encargaré de eso- dijo Terry colocándose un mandil para evitar ensuciar su ropa.
-Todavía no puedo creer que me pidieras casarme contigo- mencionó Susana mientras ponía unos vasos en la mesa.
-¿No fui lo suficientemente claro con mi proposición?- preguntó Terry con frialdad, él creía que solo lo había pensado hasta que el silencio se apoderó del lugar. Terry acaba de notar lo que había hecho, volteó a ver a Susana que yacía cabizbaja dándole la espalda.
-Después de desayunar necesitaré que te alistes para ir por el anillo- habló en un tono más suave- puedes tomarte tu tiempo porque es temprano - dijo mientras la sostenía de los hombros. Susana posó una de sus manos sobre una de las de él.
-Tendremos mucho que planificar a partir de ahora- avanzó con sus muletas para alejarse de él y acomodar unos platos.
Terry preparó el desayuno mientras Susana ponía la mesa.
-Tenemos que decirle a mamá sobre nuestro compromiso y también a tu familia- sugirió la rubia
-Tienes razón en cuanto a tu madre, pero a mi familia no lo sé, hace mucho que no hablo con ellos.
-Terry, vamos a casarnos, nuestros padres deberían conocerse y ciertamente deseo conocer a tu familia.
-No es necesario, no los hemos necesitado hasta ahora y no veo porqué nuestro compromiso cambie las cosas.
-¿Jamás conoceré a tu familia?- Terry no esperaba que ella hiciera aquella pregunta.
-Eventualmente lo harás, pero no estoy seguro de que asistan a nuestra boda. No tenemos muy buena relación.
-Ya veo. Tal vez deberíamos darle la noticia a Robert, seguro se alegrará.
-Solo a Robert estará bien, no quiero desviar la atención de la obra con la de nuestro compromiso.
-No lo había pensado de esa forma. Creo que tiene razón.
Pasó algún tiempo en lo que desayunaron y se alistaron para salir.
Se dirigieron a una joyería en busca del anillo de compromiso. A su salida decidieron ir a almorzar a modo de celebración, sugerencia de Susana.
En los últimos años la vida de Terry había sido monótona, sin embargo, de un momento a otro todo se había tornado impredecible.
Desde volver a soñar a Candy hasta terminar besándola.
Y es que desde que volvió a encontrarla, nada parecía volver a su lugar. Ya había sido bastante agotador luego de que la madre de Susana descubriera su origen aristocrático, pero las últimas veinticuatro horas fácilmente hubieran vuelto loco a cualquier otro hombre.
A la salida del restaurante, mientras daba la vuelta al auto luego de ayudar a Susana, dos hombres pasaron, llevaban puesto gabardinas y sombreros que evitaban verles el rostro. Justo en el momento en que se alinearon sintió que introducían algo en su propio saco, cuando pudo reaccionar los hombres corrieron. Fue todo tan rápido que solo optó por tomar aquello que habían depositado en su bolsillo.
"Al pie de la hoja encontrarás la dirección del hotel donde me encuentro alojado, será mejor que vengas solo.
RG"
Era una nota de su padre, lo había descubierto por su perfecta caligrafía y por sus iniciales como firma. Una vez más se encontraba en una situación para la que no estaba preparado.
Cuando llegó a casa junto a Susana le inventó una excusa para poder salir solo y encontrarse con su padre.
La nota que este le había enviado solo señalaba el lugar pero no la hora y mucho menos el día, así que decidió por presentarse frente a él ese mismo día.
Terry se encontraba en la sala donde el duque le había indicado que lo esperara, era una pequeña área del hotel que el duque había reservado para que pudieran hablar. A los ojos del pelinegro era menos sombría que la sala en Inglaterra donde su padre solía hablar con él.
Revisó cada mueble que había en el lugar, y aunque hubiera diferentes lugares donde sentarse, sabía dónde se ubicaría su padre. Era un sillón reclinable con una pequeña mesa a su lado izquierdo, sobre la mesa un cenicero donde posiblemente el duque depositaría el puro que no terminaría de fumar.
Y él, conociendo su propio temperamento, sabía que estaría de pie el tiempo que durara su plática.
La puerta se abrió y dio paso al duque de Grandchester.
-Estaba seguro que vendrías.
-Buenas tardes duque de Grandchester- saludó Terry haciendo una reverencia.
-Toma asiento.
-Como usted diga.
-¿No preguntarás por qué estoy aquí?- preguntó recordando a Eleanor.
-Creo que para eso me ha citado- el duque sonrió, sabía que Terry iría directamente el punto.
-Eres muy astuto, hijo- sacó un puro y lo encendió mientras se sentaba en el lugar que Terry había predicho- tanto que gastaste una fuerte suma de dinero en un anillo de compromiso- el duque tenía en su mano una copia del recibo que Terry había pagado esa mañana.
-Las noticias llegan muy rápido a Londres- comentó Terry en tono sarcástico.
-Deja de decir tonterías, te has negado a recibir tus abonos y cuando al fin piensas usarlo es para comprar un anillo de compromiso.
-Estoy usando el dinero, ¿No era eso lo que el duque quería?
-Te lo advertí Terruce, no quiero escándalos con el apellido de la familia.
-No los tendrás.
-Eso espero, quisiera conocer a la mujer con la que te has comprometido.
-Es americana, no creo que a la realeza le guste saber que emparentará con una- entonces el duque recordó las palabras de Eleanor "Ahora mismo pasa por más de lo que te imaginas, si de verdad quieres ayudarlo olvídate de tus malditos intereses aristócratas."
-No tienes que hacerlo, ya te he dicho que puedo darle una pensión de por vida y no tendrás que sentirte obligado a compartir tu vida con ella.
-No le interesa el dinero si es lo que te preocupa. En un principio no deseaba hacerlo, pero lo pensé y finalmente decidí casarme con ella.
-Eres un noble inglés Terruce, si quieres ser actor puedo aceptarlo, pero casarte y darle tu apellido a una…
-No parecía afectarte cuando solo vivía con ella ¿qué cambia ahora que estamos comprometidos?
-No puedes destinar tus ingresos como parte de la realeza para casarte con esa joven.
-Sabías que vivía con ella ¿para qué insistirme en usar ese dinero?
-No como tu esposa. No puedes convertirla en tu esposa, en el momento en que lo hagas ese fondo te será anulado y con ello tendrás que devolver el dinero del anillo.
-Pensé que ese dinero era mío- dijo Terry con un tono indiferente- ¿Por qué cambias tu decisión de otorgármelo solo por mi compromiso?
-Ese fondo te fue otorgado luego de que cumplieras con el pago del préstamo que pediste. Lo aprobé porque estaba seguro de que no te casarías con esa joven y que lo necesitarías para cargar con los gastos de ella.
-Te devolveré el dinero del anillo- Terry se dirigió a la puerta -Permiso, me retiro.
-Espera, no tendrás que devolverlo…
-¿Y a cambio de qué será su generoso actuar?
-Conocerla- un fuerte portazo se escuchó en la habitación luego de que Terry saliera hecho furia. Ahora estaba totalmente seguro que utilizar el dinero que su padre le había otorgado era una mala idea. Se preguntó desde hace cuánto tiempo el duque estaba en América puesto que no hacía mucho de que había recibido su carta y sobre todo el cómo fue a enterarse de su compromiso con Susana si hacía menos de veinticuatro horas le había propuesto matrimonio.
La noche anterior, luego de haberse alejado entre lágrimas, Candy tomó su camino dándole la espalda a Terry.
-Lo besé. Lo besé. ¿Por qué tuve que besarlo?- se preguntó mientras caminaba al auto. Esperaba que su chofer no notara que lloraba.
-¿Se encuentra bien, señorita?- preguntó preocupado.
-Necesito llegar pronto a casa.
-El auto ya funciona, suba por favor.
Subió. Durante el camino solo enlistó el nombre de todos los pacientes que había atendido desde que se volvió enfermera. Era un método que había desarrollado para no pensar en eventos incómodos.
Cuando llegó a su departamento solo consiguió llorar como nunca antes lo había hecho. Se había puesto tan vulnerable que había permitido que Terry la besara ¿O fue ella quien lo besó?
Ya no estaba segura de nada. Se preguntaba tantas veces si esa era una señal de que lo correcto era que estuvieran juntos, sin embargo su mente se vio invadida por la imagen de Susana y Terry juntos a la salida del hospital. Había sido muy egoísta de su parte el haberse besado con el joven actor. ¿Significaría eso el fin de su relación con Susana? ¿Qué sucedería con Susana a partir de eso? ¿Qué sucedería con ella misma ahora que se había expuesto frente a Terry?
Siguió llorando. Recordó nuevamente el beso con su amado y la manera en que lo había dejado "él no me siguió" pensó y eso solo podía significar que su destino era estar junto a Susana y no con ella.
Albert tenía razón, venir a Nueva York era peligroso. Candy sabía que podía encontrarlo, se veía a sí misma como una tonta al creer que podría manejarlo. Contrario a eso terminó besando a Terry ¿O fue él quien la besó? Volvió a llorar.
La madrugada se había llevado sus lágrimas y el amanecer se había hecho presente. Por fortuna al día siguiente no tenía que trabajar. Lo que no esperaba, o no recordaba, era la visita de Isaac para ir a desayunar.
Pensó en esconderse, pero sabía que con eso solo conseguiría que él se preocupara.
-Candy, sé que estás ahí. Si no estás lista puedo esperarte, todavía estamos a tiempo- quería fingir estar enferma y así evitar desayunar con él; pero tenía que ser sincera consigo misma, él era un profesional en medicina, jamás conseguiría engañarlo sobre su salud.
-¡Lo siento tanto, no me di cuenta de la hora!- gritó para poder alistarse.
-Te espero abajo.
Una vez lista y al bajar el doctor Levene se detuvo a mirarla, pero no dijo nada.
Candy no lo hubiera esperado, pero ese día fue muy entretenido. Isaac se encargó de distraerla, no hubo minuto para pensar en lo que había sucedido la noche anterior pues Isaac conseguía distraerla con alguna actividad que requiriera su atención.
Comenzó con un fabuloso desayuno en el que le comentó las nuevas propuestas que presentaría al comité del hospital para el que trabajaban. Luego, en un intento de ser espontáneo, le ofreció ir al Zoológico del Bronx, al cual había deseado asistir desde que pisó Nueva York por primera vez. Pero incluso cuando él hacía el mejor de sus esfuerzos por distraerla, su plan falló por un instante.
Junto a Isaac era capaz dejar a un lado cualquier pena, sin embargo, al llegar al zoológico la invadió la nostalgia.
Había sido un zoológico donde compartió los primeros recuerdos felices junto a Terry, el primer lugar donde pudo sonreír junto a ella. En un zoológico de Inglaterra descubrió que tras la máscara de chico malo que llevaba, se escondía un niño, que al igual que ella, le gustaba reír y correr.
Parecía tan tonto que solo el hecho de ver a unos inquietos monos, estuviera a punto de hacerla llorar. "Candy, aquí hay alguien que es igual a ti" recordó a su amor señalando a un mono y burlándose de sus muecas.
-Candy, ven a ver estas aves- rápidamente pudo escapar a sus recuerdos, estando con él era mucho más sencillo.
La tarde se fue entre risas. Al llegar la noche dieron un paseo por el parque cerca al departamento de Candy, sin darse cuenta ya no hablaban, solo se acompañaban.
ISAAC la miró al detener su andar y quedar frente a ella, "es linda" pensó y sin más decidió resolver una de sus tantas incertidumbres. La tomó de la cintura y la atrajo hacia él, sus narices se rosaban y podía sentir que su propio corazón parecía una locomotora producto de los nervios de aquella situación. Esperó. No haría nada si ella no estaba de acuerdo, había duda en sus ojos pero estos no perdían contacto de los suyos.
Pensó que lo apartaría cuando Candy tocó sus hombros, pero cambió de idea cuando sus manos reposaron sobre él. Ella cerró los ojos y Issac no necesitó otra señal, con un suave movimiento unió sus labios a los de ella y los selló en un beso.
Debía admitir que se sentía bien, ella daba y también pedía.
Estaba totalmente seguro que se gustaban, eso fue lo que le impulsó a dar el siguiente paso, pero a pesar de que ella no había retrocedido, pudo percibir que no era el lugar en el que Candy deseaba estar. Se refugiaba en él, pero no lo quería a él.
Le costaba admitirlo pero él mismo no sentía más. Le gustaba estar cerca a Candy, pero haber acortado la distancia le permitió ver que unido a ella no era el lugar donde podía permanecer. El contacto físico era placentero, pero su mente estaba distraída en sus propios razonamientos.
Desde la primera vez que pasaron tiempo juntos se preguntó lo que se sentiría besarla. Y a medida que la iba conociendo se cuestionaba más. Parecía ser la indicada, y no solo por lo atractiva. Se llevaban muy bien, demasiado bien; como si se conocieran de toda la vida. En más de una ocasión la imaginó convertida en su esposa y en lo que sería pasar la vida juntos. Pero ahora que la besaba estaba seguro que eso jamás pasaría. Lo lamentaba porque solo Candy pudo apartar de su mente la pronta partida de la única mujer que amó.
No se había equivocado, besarla respondía sus dudas, ella no era a quien buscaba, pero tal vez estaba cerca de encontrarla. Candy, seguiría siendo su amiga después de esto, y realmente deseaba que así fuera.
Ahora lo comprendía, no conseguiría amar a Candy, pero estaba listo para volver a enamorarse.
Su viejo amor, aquel que se escondía entre las estrellas, acaba de revelárselo.
En cuanto a CANDY, que la tomara de la cintura y atrajera hacia él, la tomó por sorpresa, pero sabía que esa era una oportunidad de saber si él podía borrar el recuerdo de los labios de Terry sobre los suyos. Debía intentarlo. Ella conocía muy bien a Issac, y sabía perfectamente que él no sería capaz de hacer algo sin su consentimiento, por lo que para darle seguridad de seguir lo tomó de sus hombros y automáticamente cerró sus ojos.
Un par de labios presionaban los suyos. Sentía que no podía rechazarlo porque le gustaba, pero no se sentía completa, ella besaba más y más buscando aquello que le faltaba pero con él no conseguiría encontrarlo y sabía que era así porque en su mente sólo había lugar para Terry.
Isaac soltó su cintura y deshizo el contacto de sus bocas, ambos seguían con los ojos cerrados. Él buscó las manos de la rubia y le susurró:
-Perdóname.
-No tengo nada que perdonarte- le respondió ella abriendo los ojos.
-Rondaba por mi cabeza el intentarlo, pero creo que no ha funcionado para ambos ¿no es así?
-Isaac Levene, siempre he creído que eres un hombre listo- le sonrió.
-Estoy seguro que recordaste a alguien- confesó soltando sus manos.
-Muy listo…- dijo convencida.
-Pero sigo sin saber a quién.
-…y también muy curioso.
-Aunque creo que sí lo sé, pero no me quieres decir.
-…bastante entrometido, estoy segura…
-…pero me confirmarás quién es cuando yo te cuente de ella.
Candy lo miró sorprendida, por primera vez él le hablaría de su vida sentimental, llegó a pensar que jamás lo haría pero sabía que a cambio ella debía revelarle en quién no paraba de pensar.
-…y también predices el futuro- le dijo para que él pudiera comenzar su historia. Ambos comenzaron a andar.
Judy era el nombre de aquella a quien él amó desde niño. La había descrito como alguien especial, ella era una chica alegre que gustaba de correr y saltar, pero se cansaba muy rápido.
Un día mientras jugaban ella perdió el conocimiento. Era algo de su corazón, le explicó su madre.
A su corta edad ninguno de los dos niños comprendía porqué Judy no podía jugar más. "Te voy a curar" fue la promesa de Isaac. Y es así como él se decidió a seguir los pasos de su padre y estudiar medicina.
El tiempo para Judy se acortaba, su delicado estado de salud la habían dejado en cama, utilizó lo poco que le quedaba de energía para esperar a Isaac, quien estudiaba en un ciudad alejada de la suya, y hacerle prometer que él sería feliz luego de su partida.
Le costó prometer aquello, pero lo hizo solo para honrar el tiempo que Judy esperó a que él fuera a verla. Cuando ella cerró los ojos, Isaac juraría que una parte de él se había ido junto a su amada.
-Desde que la conocí supe que mi destino era estar junto a ella, pero su partida fue lo peor que me pudo pasar. Dejé de tener fe y casi abandono mis estudios ya que yo no estaba destinado a curarla. Entonces comencé a creer que el destino lo construía uno mismo, tal vez yo no pude curarla, pero si yo tenía la capacidad de devolverle la vida a alguien más lo haría, y sería feliz como se lo había.
-Lo lamento tanto. Yo viví algo parecido…
Esa noche mientras caminaban Isaac conocería la historia de Anthony y aunque Candy le había confesado haber estado enamorada de aquel joven amante de las rosas, sabía que no era Anthony quien ocupaba la mente de la rubia en ese momento. Ya lo descubriría en otro momento.
Gracias por llegar hasta aquí.
En relación al capítulo anterior puedo decir que si antes me odiaron tal vez ahora me odien más. Pero ya saben que Isaac Levene no es el elegido para Candy. Es Terry, siempre será Terry.
Por alguna razón siempre hago sufrir a Terry y a Candy la dejo con menos penas. A estas alturas habrá quien piense que el fanfic debe llamarse Equivocado. Igual esta vez traté de ser equitativa y que la pecosa también sufra (sufrirá más cuando se entere del compromiso). Creo que si leen el Soneto II de Pablo Neruda (Amor, Cuantos caminos...), entenderán mi objetivo en este fanfic.
Como pidieron en algún momento, traje a papá duque que derrocha frialdad con su ex. Ya veremos si influye en las decisiones de Terry.
Gracias por sus comentarios en el capítulo anterior, trataré de recuperar al Terry rebelde que todas aman, ya soy consciente que he sido muy mala con él. En mi defensa les diré que con todo lo que le toca vivir es natural que guarde su verdadero yo, el hombre vive reprimido pero tiene que encontrar su propia libertad. Por eso digo que siempre es bueno saber sus opiniones.
Espero que sigan este fanfic hasta el final.
Saludos a todas.
