SIMPLEMENTE…AMOR

Por Lady Nadia de Grandchester

CAPITULO XI

Este capitulo contiene situaciones de carácter adulto.

La noche había caído sobre el bosque y solamente la luz de la luna alumbraba tímidamente el camino que recorría Candy a galope para llegar a su destino. Y al final de recorrer ese camino, sabía que se encontraría con Terry y esa certeza aunada a la adrenalina que corría por sus venas al anticipar el añorado encuentro con el hombre que ocupaba su corazón, le hacían sentir una felicidad que rayaba en la euforia.

Finalmente llegó a la entrada de la villa de los Grandchester y con rapidez bajó de su caballo. Lo amarró en el árbol más cercano y se dirigió a la puerta, llamó varias veces, pero nadie le respondió. Sabía que era tarde, pero no estaba dispuesta a regresar a su casa sin ver al objeto de su afecto, por lo que rodeó la casa para buscar otra entrada y afortunadamente encontró abierta la puerta trasera que daba acceso a la cocina. La única luz que había en el lugar provenía del pasillo, por lo que se introdujo a hurtadillas en la cocina desierta.

-Es tarde...tal vez ya esté durmiendo.

Candy recorrió el pasillo tratando de hacer el menor ruido posible. Llegó a la estancia y al igual que la cocina estaba vacía. Era tanto su deseo por ver a Terry, que sin pensar en nada más y olvidando las normas de decoro que la tía Elroy se empeñaba en enseñarle, se atrevió a subir las escaleras que conducían a los dormitorios principales y basándose en los recuerdos que guardaba de la ocasión en que había visto a Terry al pie de su ventana, supo de inmediato cual era la habitación que el muchacho ocupaba. Al abrir la puerta, la fragancia de Terry, impregnada en cada rincón de ese lugar fue quien le dio la bienvenida, sin embargo, el muchacho no se encontraba en la habitación.

En ese momento, recordó cuando por equivocación había entrado a la habitación de Terry en el colegio y sonrió ante la similitud de la intromisión. Candy paseó su mirada por el lugar alumbrado por unas cuantas velas y bajo esa tenue luz pudo apreciar que cada detalle de la decoración le hablaba un poco de ese muchacho que le había robado el corazón.

Sobre la cama, estaba doblada con cuidado una pijama y del perchero colgaba un saco, por lo que Candy intuyó que seguramente Terry había salido a cabalgar. Bajó las escaleras y decidió que lo mejor sería esperarlo en la estancia. Se sentó sobre el sofá y cerró los ojos durante unos breves instantes para tratar de calmar su creciente agitación y en ese momento, el recuerdo de una noche de bruma se hizo presente en su memoria.

-¿Quién será ese muchacho?... parece que esta llorando.

-¿Hay alguien ahí?

-Discúlpame, no quise molestarte...es que viéndote a lo lejos parecías muy triste.

-¿Triste?, ¿estas hablando de mí?, perdóname pecosa, pero me parece que te equivocaste.

-¿Me llamaste pecosa...a mi?

-Lamento ser yo quien te lo diga, pero eres muy pecosa.

-¡Pues para que te lo sepas, me encantan mis pecas y últimamente estoy buscando la manera de conseguir más!

-Ya veo, y seguramente estarás muy orgullosa de tu naricita...

Desde aquella noche, desde el primer momento y a pesar de la insolencia con la que Terry se había presentado ante ella durante esa ocasión, la flama de la ilusión se encendió dentro de ella y no pudo dejar de pensar en ese muchacho. Con la convivencia diaria en el colegio, aprendió a conocerlo y descubrió en Terry, una faceta de su carácter que el joven se empeñaba en ocultar a los demás: la ternura. Su corazón se rindió por completo ante ese muchacho, que para todos no era más que un altanero y arrogante, y el amor terminó por florecer entre ellos. Y después de tantos años, ese mismo amor había madurado y se mantenía vigente en sus corazones. Y con un poco de suerte, tal vez el destino les diera una nueva oportunidad de estar juntos y no separarse más.

El sonido de los cascos de un caballo acercándose, rompió el silencio que imperaba en el lugar. Candy se levantó rápidamente al notar que la puerta de la casa se abría, y su corazón comenzó a latir furiosamente al escuchar los pasos de Terry acercándose. Segundos después el muchacho entró a la estancia enfundado, al igual que ella, en un traje de montar.

-Candy...- Se acercó hacia ella, visiblemente sorprendido por encontrar a la muchacha dentro de su casa.

La muchacha sonrió nerviosa y sólo por un momento no supo que hacer ni que decir.-Terry…perdona que haya entrado sin permiso a tu casa…pero necesitaba verte y hablar contigo.

Lo primero que vino a la mente del joven actor fue que tal vez Alexander, le hubiera reclamado por lo que había presenciado entre ellos. Y si así fuera, tendría que ajustar cuentas con él.

-¿Ha sucedido algo Candy? -Le preguntó y en ese momento la muchacha se percató del cardenal que Terry tenía en el rostro.

-Terry...¿qué fue lo que te pasó?-Preguntó la muchacha al tiempo que posaba sus dedos cuidadosamente sobre la mejilla amoratada del joven.

-No es nada Candy.-Mintió y se dejo atrapar por esa caricia involuntaria que recibía con el mayor de los placeres.

-¿Cómo que no es nada?, que yo sepa a ninguna persona le sale un cardenal en el rostro por nada.-Replicó la muchacha, teniendo la sospecha de que Alexander estaba detrás de eso.-Dime Terry, ¿tiene esto algo que ver Alexander?

Terry sonrió de medio lado y Candy supo de inmediato que su suposición era correcta.

-Digamos que si lo ves en los próximos días, seguramente lo encontraras en las mismas condiciones que a mi...ó tal vez peor.-Respondió el muchacho.

-¡Oh por Dios! Se pelearon...¿a golpes?-Exclamó alarmada la muchacha.

-Yo no diría que fue una pelea...más bien fue nuestra manera de poner en claro lo que ambos sentimos por ti y lo que estamos dispuestos a hacer.-Afirmó el muchacho.

Eso era demasiado para Candy. La muchacha se dejo caer sobre el sillón y se llevó las manos al rostro. Se sentía culpable por lo sucedido y lo menos que quería era que Terry y Alexander se pelearan por su causa. Y sabía que era ella y solamente ella quien tendría que poner fin a esa situación, por eso estaba ahí.

Terry tomó asiento a su lado y sin proponérselo, comenzó a deslizar sus dedos entre los rizos dorados sostenidos por una cinta de seda.-Olvida el cardenal de mi rostro y lo que pudo haber sucedido con Alexander...mejor dime que es lo que te trajo hasta aquí...¿te sucede algo Candy?-Preguntó preocupado al notar que la chica comenzaba a sollozar.

-Lo que sucede...-Comenzó a titubear, pero ya no había marcha atrás. Tal como había dicho Albert, lo que estaba de por medio era su propia felicidad y esta vez no la iba a dejar escapar.-… bueno...yo…necesito decirte…necesito que sepas que no creo que sea capaz de decirte adiós de nuevo…no puedo…¡no quiero!

El corazón de Terry se estremeció y tomó las manos de la muchacha entre las suyas, y con ternura las llevo a sus labios para depositar un beso en cada una de ellas.

-Yo tampoco puedo estar lejos de ti.-Afirmó Terry con la certeza de que sería imposible permanecer lejos de Candy y mantener a raya sus sentimientos.

-Terry...-Musitó Candy con voz suave.

-Suelo recordar muy a menudo los días del colegio y nuestros constantes encuentros en la colina…era maravilloso el pasar junto a ti aunque fuesen unos breves instantes del día.-Le dijo mirándola fijamente y Candy se sintió perdida dentro de la inmensidad de esa mirada.-Muchas veces me he preguntado que habría pasado si yo no hubiera abandonado el colegio… tal vez nuestras vidas serían distintas... hay tantas cosas en nuestro pasado que pudimos haber cambiado, Candy… si yo…no te hubiera dejado ir esa noche…si te hubiera buscado antes…

-Tenías un compromiso entonces…y debías cumplirlo.-Concedió Candy con un hilo de voz.

-Como tú lo tienes ahora.-Le dijo en un intento de conciliar ambas situaciones.

-Con Alexander...-Musito la muchacha.

Terry exhalo sintiéndose frustrado. La sola mención del nombre de su rival le enardecía. Amaba tanto a esa mujer, anhelaba el tenerla a su lado y compartir con ella cada instante de su vida, cada momento, que le era insoportable la idea de que la apartaran de él y de que otro fuera el dueño y señor de sus afectos. Y esa idea fue como lava ardiente quemándole la piel, no podía permitirlo, Candy no sería de otro que no fuera él.

-Es absurdo que el destino nos ponga en la misma situación otra vez… si tan solo pudiéramos cambiar el curso de las cosas que nos rodean.-Exclamó Terry, subiendo el volumen de su voz.

-Es por eso que estoy aquí Terry y quiero que sepas que no estoy dispuesta a dejarte ir de mi lado, ni ahora ni nunca.-La muchacha por fin tomó el valor que necesitaba y se atrevió a hablar.-Romperé mi compromiso con Alexander y entonces nosotros...si tú quieres...podremos continuar nuestra historia donde la dejamos hace más de tres años...

-¡Por supuesto que quiero!-Respondió Terry dando rienda suelta a una alegría que hacía tiempo no experimentaba. Y como no sentirse feliz ante la perspectiva de un futuro junto a la mujer que amaba.-¿Y tú estás segura de que eso es lo que quieres?

-Terry...ya me cansé de pensar primero en la felicidad de los demás, que en la mía propia.-Dijo la muchacha totalmente convencida de sus palabras.-Por una vez quiero ser egoísta y hacer lo correcto para mi...y siempre he sabido que mi felicidad está donde te encuentres tú.

Aquello era más de lo que podía desear, por lo que, motivado por la vehemencia con la que Candy hablaba, Terry se acercó un poco más hacia la muchacha, deslizándose en el sofá y terminó por eliminar la distancia existente entre ellos. Levantó su brazo para alcanzar los rizos que Candy llevaba sujetos en una cinta y con un suave movimiento, deshizo el nudo que los sostenía en su lugar y el cabello cayó como una cascada dorada sobre la espalda de la muchacha. Y fue entonces que se dio cuenta que la imagen de Candy con el cabello suelto era más que seductora.

-Me gustas mas así, pecosa. Déjame mirarte y llenar mis ojos con la visión de tu rostro...quiero guardar tu imagen en mi memoria por siempre…-Comenzó a decir Terry con voz profunda, motivado por la intimidad que implicaba el estar solos en una habitación alumbrada por la tenue luz que provenía del pasillo.-Hay tanto que quisiera compartir contigo Candy… son tantas las cosas que guardo para ti dentro de mi corazón…dentro de mi ser, que temo te asustes si las dejo salir a flote.

A fuego lento tu mirada
a fuego lento tu, nada
vamos tramando esta locura
con la fuerza de los vientos
y el calor de la ternura.

Candy sonrió con timidez ante aquella declaración tan intima. Había algo detrás de las palabras de Terry que le provocaban ligeros estremecimientos por todo el cuerpo. Y al encontrarse con la mirada de Terry, la noto diferente, más intensa que de costumbre, y al mirarse en sus ojos, los latidos de su corazón se volvieron tan fuertes, como si su mismo corazón estuviera a punto de estallar. Instintivamente, busco refugio en los brazos del joven, quien la recibió cubriéndola con el calor de su abrazo. Y al estar así, se sintió como si jamás se hubiesen separado.

Terry deslizó sus dedos entre los rizos rebeldes y aspiro el aroma que despedían, un aroma que recordaba la frescura de la mañana. Y sin poder detenerse a pensar en lo que hacía y hacia donde los llevaría, se inclinó hacia ella y depositó un dulce beso en su frente y luego recorrió su mejilla hasta llegar a sus labios para atraparlos con una repentina ansiedad que surgió dentro de él. Y Candy correspondió a esa caricia, profundizando el beso al rodear el cuello del muchacho con sus brazos.

Las manos de Terry se negaron a quedarse quietas sujetando los hombros de la muchacha y cobraron vida propia al bajar por la espalda y recorrerla con caricias fervientes que hablaban por si solas. La atrajo más hacia su cuerpo, acortando la ya de por si efímera distancia existente entre ambos para poder sentir su calidez y en un arrebato, abandonó los labios para posesionarse del cuello de su amada y llenarlo con besos. No se dio cuenta cuando es que había sucedido, pero de repente sintió que Candy yacía bajo su cuerpo, completamente recostada sobre el sofá. Y no le importó en lo absoluto lo impropio de la situación, en ese momento no quería pensar, sólo quería amarla y ser correspondido por ella con la misma intensidad.

Sigue el camino del cortejo
a fuego lento, a fuego viejo
sigo avivando nuestra llama
con todo lo que te quiero
y lo mucho que me amas.

Al sentir los labios de Terry sobre la piel de su cuello, una extraña, pero placentera sensación recorrió su interior, provocando que de su boca saliera un gemido apenas audible que el muchacho contuvo atrapando sus labios en un beso desesperado. Con cada caricia, con cada beso, crecía la agitación en sus respiraciones y Terry pudo percibir entre sus brazos, como el cuerpo de la muchacha se iba relajando. Teniendo un poco más de experiencia tomada por las aventuras de su temprana adolescencia, cayó en cuenta que estaban entrando en un terreno peligroso, el cual ardía en deseos de explorar, pero no quería inducir a Candy a que hiciera algo de lo que pudiera arrepentirse después. Necesitaba saber que Candy estaba completamente segura de emprender ese camino con él.

Terry, poco a poco fue disminuyendo la intensidad de los besos y las caricias hasta convertirlos en suaves roces. Se separó con renuencia de sus labios y su mirada se encontró con la de Candy. Ni en sus más locos sueños habría imaginado que Candy lo miraría tal como lo hacía en ese momento, con los ojos oscurecidos y llenos de una expresión anhelante que denotaba el mismo deseo que nacía en él.

A fuego lento me haces agua
contigo tengo el alma enamorada
me llenas, me vacías, me desarmas
¡ay! amor cuando me amas.

-Candy, te amo tanto...te necesito a mi lado…pero no quiero que te sientas obligada a nada.-Le dijo con la voz un tanto enronquecida.-Perdóname si te he ofendido al no controlar mis impulsos.

Candy trató de hablar pero la voz se negó a salir. Quería decirle que no la había ofendido, por el contrario, era muy gratificante para ella, el sentirse deseada por él, a quien tanto amaba y estaba dispuesta a darle todo lo que él le pidiera, su alma, su cuerpo, hasta su vida misma y sobre todo el corazón. Ese corazón que era de Terry y de nadie más.

-Terry…yo deseo estar contigo…siendo adolescentes…no solo me robaste un beso, también me robaste el corazón…pero siento…que hay algo más detrás de un beso…detrás de una caricia…entre dos personas que se aman…y eso…sólo quiero aprenderlo contigo.-Se atrevió a decir y dejarle ver lo que ella deseaba.

-¿Estás segura de ello?-Le preguntó sorprendido y a la vez con el deseo renovado.

-Nada me haría más feliz que conocer contigo lo que hay más allá del amor.-Afirmó la muchacha con decisión.

Candy había olvidado todo tipo de prejuicio que pudiera tener. Era con Terry y sólo con él con quien deseaba estar, cómo sólo una mujer podría estar con el hombre que ha elegido su corazón. Y si por ello tendría que romper con las reglas del decoro y las normas impuestas por la sociedad, las rompería con gusto.

-Enséñame Terry...enséñame como debo amarte.-Le pidió con la voz entrecortada por esa pasión hasta entonces desconocida y que recién comenzaba a crecer dentro de ella.

A fuego lento revoltosas
caricias que parecen mariposas
se cuelan por debajo de la ropa
y van dejando el sentimiento
amor forjado a fuego lento

Al escuchar esas palabras, Terry ya no pudo contener más el deseo de sentirla suya en cuerpo y alma. La hizo presa de sus besos y caricias con los que le demandaba con cada roce, más y más de ella. Y Candy, aunque ingenua en los asuntos amorosos, trataba de satisfacer la urgencia que Terry tenía de ella, a la vez que se estremecía con cada roce entre sus cuerpos que intentaban acoplarse en el incomodo sofá.

Y fue entonces que Terry, hasta el momento completamente absorto en su exploración del cuello de la muchacha, se dio cuenta que la estancia no era el lugar más apropiado para esa primera vez. Candy merecía ser tratada como una reina, por el simple hecho de ser la dueña total de su corazón, por lo que la tomó entre sus brazos y sin dejar de envolver sus labios entre los suyos, subió las escaleras y recorrió el pasillo hasta llegar a su habitación.

Bajo la tenue luz de las velas que alumbraban la habitación, la depósito suavemente sobre el lecho. Un leve sonrojo apareció en el rostro de Candy, anticipando lo que estaba por suceder y sin ver más allá de la cama, sintió como Terry se acomodaba a su lado para hacerla objeto de caricias más audaces y besos más profundos y demandantes a las cuales correspondió con el mismo ímpetu. Sus manos también cobraron vida y se atrevieron a recorrer la espalda masculina con caricias llenas de esa nueva sensación que brotaba de ella y la cual llevaba por nombre pasión.

Sus miradas se encontraron en medio de la penumbra y el deseo reflejado en ellas provocaron que la espera por ese encuentro se hiciera insoportable. Lentamente Terry fue haciendo a un lado cada prenda que cubría el delicado cuerpo femenino, admirándose por el maravilloso descubrimiento que se presentaba ante sus ojos con cada palmo de piel que quedaba al descubierto. Candy sintió como la mirada de Terry recorría con avidez cada tramo de su cuerpo desnudo, provocando en ella un torbellino de emociones desconocidas y placenteras a la vez, era como si a fuego lento se fuera consumiendo entre los brazos de él.

A fuego lento mi cintura
a fuego lento y con lisura
vamos tramando este alboroto
con la danza de los mares y el sabor del poco a poco.

-Candy...eres tan hermosa...pero la belleza de tu cuerpo sólo puede compararse con la de tu alma.-Le dijo al oído y provocó que un suspiro se escapará de los labios femeninos.

Terry tomó las manos de la muchacha y las guió hacia los botones de su camisa. Habría sido más fácil desprenderse de la estorbosa prenda él mismo, pero deseaba que fuera Candy quien lo hiciera y experimentara las mismas sensaciones que él había sentido al irle quitando cada prenda. Con manos temblorosas, Candy comenzó a desprender los botones de los ojales y al terminar se deshizo de la camisa. Fue entonces que descubrió el abdomen marcado del muchacho y en un impulso desenfrenado, lo recorrió con sus labios llenándolo con besos y caricias audaces. Pudo escuchar como un ronco murmullo se escapaba de la boca de Terry, cuando, inundada por el deseo que despertaba en ella, emprendió un sensual recorrido por los brazos masculinos, delineando con sus labios cada músculo del joven, logrando con ello, una descarga eléctrica que lo hizo estremecerse de palmo a palmo por el placer de ser acariciado de esa manera tan audaz por la mujer que amaba.

Embriagada por aquellas nuevas sensaciones, se sintió desfallecer en aquel intercambio de caricias intensas y audaces, y más al darse plena cuenta de la desnudez de Terry y de la perfección de su cuerpo varonil. Para Candy, todo lo que sucedía dentro de esas cuatro paredes, era un nuevo descubrimiento y jamás llegó a pensar que un beso era apenas el principio de esa montaña de emociones y se sentía dichosa de que fuera precisamente Terry quien la llevará de la mano en ese camino. Y fue entonces cuando una nueva oleada de placer la invadió, al sentir como el muchacho haciendo gala de su osadía, tomaba sus senos entre sus manos para acariciarlos con plena voluntad, mientras que con sus labios continuaba llenando de besos la piel de su cuello, dejando un rastro de cálida humedad.

Candy, pronto se dio cuenta que para Terry, acariciarla con las manos ya no era suficiente y lo confirmó, cuando en un arranque provocado por la misma pasión del momento, el muchacho atrapó los senos de la rubia con los labios, a los que se rindió por completo, llenándose de ellos y besándolos con la misma vehemencia febril con la que los había acariciado con las manos hacía apenas unos momentos.

Queriendo más y más de ella, y dejándose llevar por la sensualidad del momento que vivían, Terry abandonó las colinas de esa geografía y alcanzó nuevamente los labios. Sin dejar de besarla, trazó con su manos un camino desde los suaves y blancos muslos hasta llegar a lo más profundo de la intimidad de la muchacha. Candy, al sentir aquella atrevida pero placentera caricia, arqueó su espalda para sentirlo más cerca y darle mayor acceso, correspondiendo así con una lluvia de fervientes besos en el torso desnudo de Terry.

Sigo el camino del cortejo
a fuego lento a fuego añejo
sigo avivando nuestra llama
tantos días como sueños
tantos sueños que no acaban.

Y que dicha era para Terry el saberse amado y correspondido con la misma intensidad, era una felicidad que lo invadía y lo hacía subir al cielo y alcanzar las estrellas con el toque de sus manos. Si en el pasado, la vida le había negado la oportunidad de ser feliz, en este momento, la deuda quedaba saldada con el sólo hecho de tener a Candy entre sus brazos, como tantas veces lo soñó.

Sin dejar de recorrer cada palmo de aquella deliciosa visión en forma de mujer que tenía en su lecho, acarició y beso hasta el cansancio. En medio de las sombras busco la mirada de Candy, encontrando en ella, una mezcla de amor y pasión que tantas veces deseó poder admirar y ese deseo se volvía realidad esa noche en la intimidad de su habitación.

Terry se percató de que el momento había llegado y sin ánimos de alargar la espera por la unión, fue invadiendo la intimidad de la muchacha con extrema delicadeza y lentitud. Fijo su mirada en los ojos verdes de Candy para infundirle confianza, tratando de no lastimarla al derribar aquella barrera que los separaba. Y Candy se aferró a su torso con ambos brazos y un leve gemido salió de sus labios al sentir como Terry entraba en ella. Gemido que fue contenido en un beso avasallador.

-Candy...mi Candy...por fin eres mía.-Exclamó con voz profunda y encajo su rostro en el cuello de la muchacha.

Terry permaneció inmóvil por unos instantes dejando que Candy se acostumbrará a aquella nueva sensación. Y poco a poco fue marcando el ritmo de la entrega, disfrutando de la sensación de poder sentir completamente suya a la mujer amada. En esa danza sensual, ambos fueron sintiendo como sus cuerpos se convertían en uno mismo, perteneciéndose por completo en alma y corazón. Aferrándose uno al cuerpo del otro y con suaves movimientos que venían cargados de amor, pasión y deseo, llegaron al final de ese camino anhelado, alcanzando el cielo al mismo tiempo y uniéndose en el más intimo de los abrazos.

A fuego lento revoltosas
caricias que parecen mariposas
se cuelan por debajo de la ropa
y van dejando el sentimiento
amor forjado a fuego lento.

Permanecieron unidos por unos instantes, esperando a que el ritmo de sus respiraciones volviera a la normalidad. Terry acomodó a Candy entre sus brazos y la cubrió con las sábanas, besó tiernamente sus labios, enredando sus dedos en los rizos esparcidos sobre su pecho. Después de años de tristeza y de amargura, por fin podía declararse como el hombre más dichoso de todo el universo. Se sentía tan feliz que en ese momento habría gritado de alegría por el puro gusto de hacerlo. Pero no quería alertar a la servidumbre de que tenía compañía, una maravillosa compañía.

Fijó su mirada en los ojos de la muchacha, los cuales irradiaban un brillo que nunca había visto en ellos. Ella acarició su mejilla, y Terry correspondiendo a la caricia, rozó con sus labios el dorso de la pequeña mano femenina. Candy recargó su cabeza en el pecho del muchacho al tiempo que exhalaba un hondo suspiro.

-Espero que ese suspiro sea por mi.-Inquirió Terry, jugueteando con los rizos dorados de la muchacha.

-¿Y por quien más habría de ser?-Preguntó a su vez Candy, en el mismo tono juguetón.

-Sólo quiero confirmar y dejar en claro que de ahora en adelante, por el único que suspiraras será por mi.-Le exigió con una sonrisa traviesa dibujada en el rostro.

-Será tal cual como tú lo digas.-Respondió Candy.-Aunque debo confesarte que después de esto, dudo mucho que yo sea capaz de pensar siquiera en alguien más.

-¿De esto...? Explícame a que te refieres porque no te entiendo.-Le dijo sonriendo de medio lado y girando hacia su costado para poder verla de frente.

Candy enrojeció desde la punta del cabello hasta el último dedo del pie.

-¡Terry! Ya sabes a que me refiero...-Le dijo, desviando su mirada.

-Te refieres al hecho de acabábamos de hacer el amor y que con ello te conviertes en mi mujer.-Le dijo con ese tono de voz profundo que podía derretirla por completo.-Tú eres mía, así como yo soy tuyo...no hay más nada que decir.

-Te equivocas.-Agregó Candy.-Aún queda algo por decir.

-Te amo...-Dijeron los dos al mismo tiempo y sonrieron ante la coincidencia.

Terry alargó las manos para cubrir a Candy con su abrazo. Buscó de nueva cuenta sus labios y los besó con dulzura, mientras que recorría la espalda de la muchacha con una suave caricia. Su corazón estaba desbordante de alegría y en ese preciso momento pensó que no importaba ya lo que les detuviera deparado el destino. Nada podía importarle más que el hecho contundente de que esa noche, junto a Candy, se habían convertido en un solo ser.

Continuará...

Notitas de mi:

¡Hola chicas! ¿Qué tal se encuentran? Espero que muy bien.

Primero que nada, quiero agradecer a las chicas que tan amablemente me dejaron un review en el capitulo 10 y aquí voy: Iris, Soñadora Inglesa, Luisa1113, Fati, meliluna, Isa y Ana. Chicas, ¡muchas, pero muchas gracias por leer y comentar! ¡Se les quiere y se les aprecia!

También quiero agradecerte a ti, lector(a) anónimo(a) que lees "Simplemente...amor" y que estas aquí cada viernes que publicó un capitulo nuevo. ¡Muchas gracias!

Y bueno pues, aquí me tienen, entregándoles un capítulo más de "Simplemente...amor" y cumpliendo puntualmente con nuestra cita de los viernes.

¡Y que capítulo! ¿Se lo esperaban? ¿Les gustó? Espero que si, porque bueno, he de decirles que me costó un poquito de trabajo al escribirlo porque no quería que pareciera un simple "acostón". Lo que quería, era poder transmitirles por medio de cada palabra escrita, la emoción que iban viviendo Candy y Terry en ese primer encuentro, y de todo corazón, espero poder haber cumplido con ese cometido. Ustedes son quienes tienen la última palabra, así que espero sus reviews y mensajes.

Ý bueno, después de tanta indecisión y de tanto drama, era justo que Candy y Terry tuvieran su momento para ser felices y entregarse a ese amor que han guardado por tantos años. Y pues la pregunta que queda en el aire es: ¿Y ahora que es lo que sucederá?

Ah, una cosa más, la canción intercalada entre los párrafos de este capitulo se titula "A fuego lento" y es de la cantante Rosana, a mi me gusta mucho y espero que a ustedes también.

¡Un abrazo para todas!

¡Nos leemos el próximo viernes!

¡Gracias por leer!