Glee no me pertenece, ni los personajes, ya quisiera yo ser dueña de Blaine, los Hummel-Hudson, etc., pero no, no me pertenecen, esto lo hago por diversión.
AGRADESCO ENORMEMENTE sus comentarios, usualmente los contesto uno a uno por mensaje, para no distraerlos de la historia, me impulsan para actualizar.
ADVERTENCIA:
Esta historia contendrá situaciones difíciles, mal lenguaje, violencia y por la naturaleza de nuestros personajes principales, una temática homosexual latente, si tienes problemas con cualquiera de estos temas, te recomiendo no sigas leyendo, igual si eres menor de edad no me hago responsable de traumas, yo he advertido que no es una historia apta para todo el público y sin más…iniciamos.
Cap. 10 "Enfermería"
La furia lo había dominado y odiaba que pasara eso pero definitivamente era un hombre con límites y había cosas con las que nadie debía meterse, solo esperaba que el rumor se corriera y se entendiera correctamente el mensaje.
Le dolía el cuerpo, había tenido tres combates muy reñidos esa tarde, primero lucha libre junto a dos compañeros que conocía desde hacía un par de años pero que por desgracia aún les faltaba dominar los saltos sobre las cuerdas, al final habían terminado gracias a que los del otro equipo habían tenido un pequeño retraso de reflejos y les había dado la oportunidad de vencerlos en el momento indicado, después había tenido solo 5 minutos para ponerse sus ventas y guantes de boxeo para entrar a la siguiente pelea, que duro solo un par de asaltos antes de terminar dejando a su contendiente imposibilitado para continuar, ya sabía que cuando terminara debía quitarse los guantes y tener un chequeo rápido con Arthur para después ir a la estelar de esa noche, con Martillo.
Martillo era un peleador que había estado en La Casona desde antes de que él entrara, tenía ya 15 años peleando ahí con ellos y definitivamente era bueno, demasiado bueno, tenía de hecho la mejor habitación, pero también tenía muchos enemigos, su carácter era completamente insoportable, todos los peleadores eran hombres duros e incluso difíciles de tratar en ocasiones, pero de alguna u otra forma había algo por lo que terminabas haciendo buen equipo con ellos, sin embargo Martillo había dejado de hacer equipo y había sido condenado solo a la arena de la lucha callejera sin reglas por que no podían hacer que respetara los puntos básicos de las otras dos, le importaba poco si mandaba al hospital a sus contendientes y no dudaba en ser violento o grosero fuera del trabajo, al menos para suerte de muchos Martillo pasaba su tiempo libre ejercitándose en el gimnasio y el patio que dentro de la casa.
El pelinegro había luchado varias veces con él, varias había perdido y otras había empatado, pero esa noche había ganado, después de varios años le había ganado al gran Martillo y tal vez con algo de suerte esta vez no tendría que estar hospitalizado gracias a ese mal nacido, así que ahí estaba él en la enfermería justo después de que Arthur le había revisado y curado varias heridas, contando 3 puntadas que tenía en la frente gracias a los golpes provocados por la silla.
- te has pasado –dijo el hombre mientras le daba unas pastillas y un cono con agua- ahora mismo están llevando a Martillo al hospital del condado –dijo con aire fastidiado mientras el pelinegro se levantaba de la pequeña y vieja camilla para tomarse los analgésicos- tu no pierdes los estribos, no de esa manera y no tengo problemas, eso te está volviendo más hombre de lo que eras cuando llegaste, pero ¿Qué carajos pensabas cuando viste que no se movía y seguías golpeando su inmunda cara? –pregunto antes de tomar una botella de vodka que tenía a medias para servirse un trago-
- nadie le decía nada cuando era yo o cualquiera de los otros los que iban al médico –dijo de mala gana el pelinegro antes de volver a recostarse en la camilla – ¿has terminado o puedo retirarme a mi cuarto? –pregunto con aire serio a lo que el otro solo negó riéndose ligeramente-
- eres un idiota ¿verdad? –pregunto el medico antes de levantarse de su banquillo para terminar de empinarse su bebida y dejar el vaso en su escritorio- siempre se le dice pero ya vez que le entra por un oído y le sale por el culo a ese hijo de su puta madre jajajaja –la jocosidad de sus palabras era la habitual, muchos incluso pensaban que no se tomaba el negocio tan en serio como su hermano- además no, no puedes irte, debes estar un tiempo aquí en observación, no valla ser que esos golpes en la cabeza te causen un problema que no pienso costear –dijo antes de estirarse un poco- además nuestra amiga Giselle ya viene en camino con tus hijos, al parecer nadie les dijo que su papa pelearía otra vez con el gran Martillo y se pusieron tan insoportables como siempre, y bueno vienen –dijo y se movió hacia el gabinete para sacar un par de vendas- entonces… ¿vas a decirme que paso? –pregunto mirándole de reojo el médico – espero que no haya sido ninguna mariconada Tigre, por que recuerda que es algo que no voy a aceptar, mi hermano habrá muerto pero seguimos sin aceptar florecillas del campo en el ring y obvio no te voy a poner a prostituirte porque me daría tanto asco que terminaría vomitando todo mi licor, además no voy a exponer a mis chicas a que estén cerca de alguien que pueda contraer SIDA y esparcirlo por…
- ¡No es nada de eso! –gruño el pelinegro antes de empuñar su mano y golpear la camilla, entonces volvió a levantarse para quedar sentado y verle fijamente a través de sus pupilas ambarinas- se metió con mi hija –gruño y espero un poco de conciencia por parte del otro- ¡Dijo que en cuanto cumpliera los 15 años tú la reclutarías como a Jo! –dijo y una sonrisa amarga surco sus labios- que ya te había apartado el primer número –gruño y entonces el medico volvió a verlo con aire sonriente- Mis hijos no van a trabajar aquí y lo sabes muy bien –gruño y entrecerró sus ojos – no lo voy a permitir…
- Tigre, Tigre, Tigre –dijo antes de sentarse en su banco para acercarse con las vendas limpias- dame tus manos voy a cambiarte esa mierda que tienes ahí –dijo el mayor aun con una sonrisa desquiciante- lo sabes Tigre, nadie aquí es obligado a trabajar…¿oh si?...digo, no recuerdo haberte puesto una pistola para que pelearas, ni recuerdo haber maltratado a Johanna para que empezara a abrirle sus piernas a cuanto cliente se le atravesaba –dijo y el pelinegro apretó sus puños sin acercar sus manos al otro-…¿oh si lo hice? –pregunto y aunque el pelinegro quiso asentir, no lo hizo, Johanna había estado ahí porque no se sentía capaz de hacer nada más y él se había quedado solo por un tiempo cuando aún creía que su padre le había hecho todo ese daño por su orientación sexual, después solo no había podido irse, dejando a Johanna y a los niños- mira… tu hijo quiere ser como tú, lo he visto Tigre, ese niño tiene potencial, deberías aprovecharlo y cuando tenga 15 podemos hablar al respecto…-dijo y el pelinegro frunció el ceño- sobre la niña…-sonrió- será una chica hermosa, muy muy hermosa, pero si ella no quiere entonces no trabajara aquí, solo recuerda que no podemos tener adolescentes que no trabajen con nosotros, así que… tendrías que mandarla a otro lado…sola –dijo y el pelinegro resoplo- sé que aún no tienes el dinero para irte de aquí con ellos así que piénsalo, como padre debes ver lo mejor para ellos, puedes alejarla de aquí y rentarle un cuartito en el pueblo, pero ¿imaginas lo que pasara? Todo el pueblo sabe quién fue su madre …-dijo y entonces el pelinegro se giró violentamente para tomarlo de las solapas- una puta es un puta aquí y en todos lados , así como un maricon es un maricon en todos lados –dijo el médico, mirándolo aun sin miedo alguno- …no son tus hijos , no sé qué cabrones te importa si el mocoso termina partiendo madres y pateando culos por dinero como tú o si la chiquilla se vuelve tan puta como la madre –dijo y se soltó del otro que temblaba de coraje- pero pasare la voz… nadie se mete con los hijos del tigre, no hasta que ellos firmen un contrato después de sus 15 años –dijo y el pelinegro se movió para salir de la camilla con la mirada más fiera del mundo, cuando la puerta se abrió ligeramente y una mujer rizos rubios , labios rojos y una bata de baño se asomó-…¿Qué paso Jennifer, tu cliente va a pagar con tarjeta de crédito o vienes a ver si puedes chuparle la verga a este maricon? –pregunto manteniendo sus ojos en el otro, sabía que no podía irse, aun lo tenía de alguna manera retenido ahí y le encantaba echarle en cara, al menos cuando estaba a solas o con las pocas chicas que sabían, lo que pensaba de él y su homosexualidad-
- Mi cliente ya pago, Arthur no te preocupes –dijo ella y siguió solo asomada, sin entrar- y no, créeme ya me canse de estar arrodillada por esta tarde, así que no gracias –dijo con aire divertido sin ofenderse- traigo una visita especial, los deje esperando afuera, son unos clientes súper especiales e importantes y lo buscan a él –dijo la rubia con tono cantarín-
- tu sabes que no pueden entrar clientes a este lugar Jennifer, así que no estés jodiendo la madre y regrésalos por donde vinieron, si quieren dejarle dinero que te lo dejen, si quieren un puto autógrafo diles que después se los vendemos con mucho gusto –dijo el médico antes de aventarle las vendas al otro, vendas que atrapo en el aire- vas a curarte solo perro –le dijo al pelinegro con sorna, quien frunció el ceño y solo volvió a sentarse para poner las vendas aun lado e ir quitándose las que tenía en sus manos-
- es que…vienen buscando a Blaine Anderson –dijo ella casi con aire triunfal ante lo que el mayor volvió a verla casi horrorizado- hay dos de ellos que son hijos de un congresista de Ohio y dicen que informaran a las autoridades si no les permitimos verlo –dijo e inmediatamente el otro se acercó a ella, aunque lo que él no sabía era que ellos realmente no habían dicho nada de hablar con la policía, pero estaba segura que no le gustaría al otro tener policías de otro estado revisando sus negocios –
-¿Qué significa eso? –pregunto el mayor a la mujer quien termino de abrir la puerta- ¿Dónde carajos?...no se supone que…-torció los labios y la miro fijamente tratando de culparla, desde que esa mujer se había fijado en el pelinegro le había protegido a capa y espada, al ser la amante del alcalde la convertía algo así como la ley en toda la Casona-
- nada, creo que alguien termino localizando a nuestro tigre –dijo divertida la rubia antes de acomodarse mejor la bata- yo te aconsejo Arthur, querido que los dejes entrar, después de todo no parecen muy convencidos, tal vez no se dan cuenta de que tu mejor peleador es un chico que desapareció hace ya casi 10 años…-dijo ella y el medico gruño por lo bajo- creo que una vez que estuve en Nueva York supe del caso, lamentable que para cuando él se enteró ya estaba demasiado enamorado de sus dos hijos como para dejarlos aquí …¿no crees querido? -siseo ella –
- que pasen –dijo el médico y ella le extendió un papel que ya tenía su firma- bien, que pasen que pasen y su se lo quieren llevar , que se lo lleven, no me importa, aún tengo a martillo y otros más que me dan buenas ganancias, pero tienen que pagarme mi parte como dice en el contrato –gruño el mayor y paso de largo – y no son sus hijos , recuérdalo Jennifer –gruño y siguió caminando hasta toparse con un grupo de 4 hombres a los que decidió que no vería-
-…-ella regreso sus pasos y vio a los 4 hombres aun esperando, uno de ellos tenía los nervios a flor de piel, lo recordaba bien, le había visto tantas veces en el pasado que le daba ternura encontrarlo así de nervioso, si porque ella debía entregar ese mismo paquete que uno de ellos aun llevaba en manos, solo que siempre debía cuidarse de que nadie la viera, y se había cansado, ya estaba harta de que un hombre tan bueno como el pelinegro tuviese que renunciar a todo por sus hijos- chicos, vengan…-dijo y pronto le siguieron- solo…les advierto que esta aun un poco molesto…ese bastardo debió meterse con algo muy importante para lograr que nuestro tigre sacara sus garras totalmente –dijo y les cedió el paso, entonces ella vio al pelinegro usando un poco de alcohol para verterlo en unos algodones y empezar a curar sus nudillos- cariño, tus visitas…
-no los conozco…-dijo el pelinegro sin levantar la vista, concentrándose en las heridas de sus manos- no se quien sea ese tal Blaine Anderson…-murmuro sintiendo que una parte en su pecho se contorsionaba de dolor-
- qué raro…-dijo la rubia- la última vez que supe, ese es el nombre que aparece en el acta de nacimiento de los mellizos –dijo ella con aire dubitativo- si no eres tú, entonces tendré que informar al alcalde para que busque a su padre real ¿no es así?-dijo y pronto vio como el pelinegro levantaba la vista y también sintió como los recién llegados se quedaban impactados por lo que había dicho- ¡Oh, acabas de recordarlo cariño! –dijo con dulzura fingida- voy cerrar y esperare aquí afuera para que nadie los interrumpa –dijo volvió sus ojos a los otros antes de sonreírles y salir por la puerta, cerrándola detrás suya-
Entonces un silencio cayó en el lugar, el pelinegro volvió a bajar la mirada y siguió concentrándose en sus heridas, mientras los cuatro recién llegados se mantenían de pie, impactados, observándolo fijamente.
Ahí sentado se encontraba un fantasma, ahí sentado curando sus heridas estaba alguien que habían enterrado hace ya casi 10 años, alguien que habían creído perdido y que ahora resultaba ser un peleador a sueldo, un hombre con…hijos.
- Hola…-se escuchó una voz que rompió el silencio y el pelinegro aventó el algodón ensangrentado para tomar una de las vendas- ¿Blaine?... ¿en serio? –pregunto una conocida voz, pero él no dijo nada, solo siguió vendando una de sus manos- ¡Blaine voltea! –grito el rubio y fue cuando el pelinegro levanto la vista una vez más, su mirada era triste pero sería- ¡¿Qué es lo que ha pasado?!
- ¿me vieron? –pregunto el pelinegro y paso sus ojos por cada uno de ellos, ahí estaba Puckerman, casi idéntico a como lo recordaba, solo que incluso ahora se veía más seguro de su mismo, si era sano y posible, del otro lado estaba Finn, alto y más maduro de lo que recordaba, Sam estaba más delgado y su cabello era un poco más largo ahora pero definitivamente su rostro estaba igual, finalmente estaba él, Kurt, alto casi etéreo, no quería pero sus ojos despidieron esa aura de ensoñación, de tristeza y de lejanía-
- ¡¿Qué si te vimos?! –dijo Puckerman antes de dar una palmada al hombro del castaño- ¡hombre es la cosa más extrema e increíble que he visto en toda mi vida!-dijo y miro de reojo a Finn- nos tenías al borde, sabíamos que tenías ciertos movimientos, pero…eso que vimos…fue…
-…salvaje…-soltó el pelinegro mientras se sentaba al borde de la cama- lo se…-torció ligeramente los labios- pero es lo que puedo hacer por el momento para mantener la vida que llevo aquí…-respiro hondo y se llevó una mano a la nuca ahí donde descansaba la cadena de mi placa- creo que deberían irse, este no es un lugar en el que deban estar…-murmuro con suavidad- en serio…deberían irse
- hey, Blaine, en serio mira… tienes que salir de aquí, dinos que debemos hacer, como podemos ayudarte –dijo Finn dando unos pasos adelante – todos creían que tu… habías muerto –dijo con cuidado, sabía que ese tema era sensible, tal vez demasiado para su hermano, aun cuando el otro realmente estaba ahí, vivo- tus padres, tu hermano…todos los de New Directions…nosotros –dijo pero el pelinegro cerro sus ojos negando- ¿te tienen…obligado? –pregunto con suavidad-
-…tiene hijos ¿recuerdan? –dijo Kurt con cierta amargura en sus labios, aun no podía creer eso y definitivamente quería una explicación, la quería en ese momento, la quería ya, aunque sentía que si movía un solo musculo solo terminaría corriendo hacia el otro para abrazarlo con cuidado, quería curar esas heridas, quería besar esa frente, filtrar sus dedos por esos malditos rizos negros, él quería…tantas cosas-
- cierto…-dijo el rubio parpadeando un poco antes de pasarle la caja a Kurt, sentía que aquello ya debía tener algo de lógica para el castaño, habían pensado en aventarle esa caja a quien acosara a Kurt pero resultaba que solo se trataba de Blaine, ¡BLAINE!- no quiero ser grosero pero… ¿no se supone que tu no…?-murmuro y el pelinegro esbozo una sonrisa y asintió- …entonces ¿Cómo es que…?
- no puedo decirlo –dijo el pelinegro volviendo sus ojos al rubio- lo siento, no puedo…al menos no aquí –murmuro y movió sus ojos hacia Finn esperando que entendiera que debía llevarse a Kurt de ahí, que no era un sitio que debiera estar pisando el castaño, la sola idea de saber que había estado pisando un sitio como La Casona comenzaba a revolverle el estómago de culpa- oh…veo que…-murmuro cuando sus ojos volviendo al castaño y observo la caja que tenía en sus manos-…entonces…¿Jenny? –pregunto y el castaño asintió, sintiendo que el dolor que trasmitían los ojos dorados de Blaine se le pasaba –
-¡papá! –la puerta se abrió de golpe y un niño castaño de ojos dorados entro apurado, con una niña de la mano que lloraba de forma lamentable- permiso…permiso –dijo el niño abriéndose paso hasta llegar frente a su padre quien les observo asustado- ¡Lizzy, mira, mira papá está bien! –dijo el niño soltando la mano de su hermana para bajar la otra mano de la niña, esa que cubría sus ojos mientras los sollozos salían-
- Lizzy –dijo con cariño el pelinegro antes de tomar a la niña en brazos y sentarla en su regazo –princesa…-murmuro el pelinegro mientras la niña de rizos negros seguía llorando y se pegaba a su padre, logrando que este hiciera una mueca de dolor cuando su pequeña se había pegado demasiado a uno de los costados que le habían lastimado en su encuentro de boxeo- Lizzy, mírame…
- ¡Escuchamos por Mandy que habías peleado con el Martillo! –dijo el niño quien se subió a la cama y empezó a revisar la espalda de su padre- tienes una raspada horrible papá ¿volvió a tirarte al suelo? –pregunto antes de apurarse a tomar una gasa y el pomo de alcohol- esto va a arderte papá –dijo el niño mientras la pequeña comenzaba a parar de llorar y el pelinegro asentía-
- esta vez gane –dijo el pelinegro con suavidad y el niño no pudo ocultar una sonrisa orgullosa antes de empezar a curar el raspón de su espalda- Au…Alex, recuerda que arde –dijo con cierta gracia, entonces lo recordó, no estaba solo, cuando movió sus ojos hacia sus cuatro invitados, noto como sus semblantes se habían suavizado, aunque no entendía la mirada de Kurt , ni por que Finn se había acercado para tocar el hombro del castaño con una sonrisa casi divertida- Lizzy, Alex…pongan atención –dijo y el niño tiro la gasa sucia a un lado para tomar otra mucho más grande y limpiar con agua oxigenada- niños ¿me escuchan? –pregunto y la niña asintió aun escondida en su pecho, mientras que el niño volvía a asomarse para que le viera asentir- quiero que se presenten ante estas personas –dijo y entonces su niño volvió sus ojos a los extraños ahí adentro-
- ¡Lizzy, Lizzy, mira! –dijo el niño señalando a Kurt y a Finn, logrando que Blaine frunciera el ceño y que la niña finalmente separara del pecho de su padre- wooooooow…ellos son…
- Alexander…-llamo el pelinegro con voz seria- ¿Qué te he dicho sobre apuntar a las personas? –pregunto y el niño se bajó de la cama dispuesto a refutar algo que su padre le negó con la mirada- nada jovencito, los modales son primero, vamos –dijo y tomo a Lizzy para bajarla , pero la niña se había quedado con la boca abierta ante lo visto, logrando que el pelinegro estuviese más consternado por la educación que estaban mostrando sus mellizos- Elizabeth …-murmuro ante lo cual la niña movió su cabeza y se apuró a secar el resto de sus lágrimas con las mangas de su abrigo color verde pistache-
Entonces tomo la mano de su hermano y ambos niños se miraron antes de asentir y dar un paso al frente, ahí más cerca de esas personas que no estaban muy seguros que hacían ahí, pero que al ver la caja de regalo que habían ayudado a envolver en las manos del castaño que había prometido tener una cita a Lizzy, con su padre, lograban que las cosas fuesen mucho más sencillas en lo que se refería a emparejar finalmente a su papá con alguien.
- Muy buenas noches –dijo el niño de ojos ambarinos, cabello castaño bien peinado hacia arriba, chamarra negra, pantalones azul oscuro y converse de color blanco con negro- mi nombre es Alexander Anderson y ella es Elizabeth Anderson, es mi hermana –dijo mientras la niña sonreía abiertamente, su cabellos estaba suelto, dejando libres sus rizos negros, solo tenía una diadema color verde que combinaba con su abrigo, abajo llevaba un vestido sencillo color blanco, con unas mallas blancas y unos zapatos de color verde oscuro- es un placer conocerlos –dijo el niño antes de soltar la mano de su hermana – lamentamos haber entrado sin presentarnos, pero tenía que mostrarle a Lizzy que papá estaba bien –dijo mirando fijamente a Puckerman, tal vez demasiado fijamente- ¿son conocidos de papá?
- Aleeeex –se escuchó murmurar a la niña de ojos azules y su hermano le miro de reojo- ¿ya viste la caja? –murmuro aun pero desgraciadamente los cinco hombres de la habitación le habían oído y se podía ver algunas sonrisas divertidas en sus labios-
- Si…-dijo y miro de reojo a su papá- Lizzy, te están oyendo todos –dijo el niño antes de negar – yo…-miro nuevamente a su padre de reojo- ok, papá me va a regañar pero Lizzy y yo queremos saber, si entonces usted, señor Hummel es el señor de las galletas –dijo con una seriedad increíble, casi con el tono de "que intenciones tiene con mi padre"-
- un segundo… -dijo el pelinegro levantándose para acercarse a sus hijos – Alex ¿Qué significa eso y como sabes, que él se apellida así? - pregunto antes lo cual la niña soltó una risita que trato de callar con una mano en su boca- ¿Lizzy?
- No los regañes…-murmuro el castaño sin poder apartar los ojos de esos niños, esos que le habían robado de cierta manera el corazón esa misma tarde- Lizzy y yo nos conocimos en la tarde…-murmuro antes de acercarse a los niños y ponerse de cuclillas- si… parece que yo soy el famoso señor de las galletas –murmuro mirando a Lizzy y después a Alex- pero yo no sabía , por eso no les dije nada de eso…-murmuro con suavidad antes de volver sus ojos azules al pelinegro- tienes unos hijos adorables Blaine…-murmuro y el pelinegro asintió sin poder cortar el contacto visual con el otro, al tiempo que los niños se miraban entre sí para después ver a los dos adultos-…tal vez mañana podríamos hablar en otro lugar –murmuro el castaño antes de morderse el labio y es que aun cuando estaba molesto, quería abrazarlo, quería saber que se sentía tocar su mejillas rasposa o como se sentiría pasar sus dedos por aquella cadena platinada que relucía de forma increíble en la piel del otro-
- yo…mañana tengo algo que hacer –murmuro el pelinegro sin apartar los ojos del otro, sus mejillas blancas había tomado un tono rosa tan suave que le aceleraba el pulso y era perfecto de lejos, ahora que estaba un poco más cerca podía ver sus hermosos ojos azules, su piel perfecta, su dulce aroma, suave pero increíblemente elegante y refinado, sutil pero imposible de pasar por alto y se sintió sumamente culpable cuando vio un deje de tristeza en las pupilas azules, verdosas, grises, los ojos del castaño eran increíbles, podían tener tal vez todos los colores más perfectos combinados y separados que simplemente le recordaban porque había perdido el aliento cuando se habían visto por primera vez-
- ¡Que venga! –dijo el niño de pronto, rompiendo el ambiente que se había formado entre el pelinegro y el castaño logrando que estos volvieran a la tierra de los simples mortales de golpe- mañana iremos a un parque a una hora de aquí –dijo el niño mientras miraba al castaño de ojos azules- si quieren pueden venir con nosotros y entonces platican con nuestro papá –dijo el niño ante lo cual la niña asintió –
- sí, sí, sí que vengan, todos, todos juntos –dijo y se asomó para ver a los otros tres- salimos a las 8:00 de la mañana en punto, nos veremos en la estación de autobuses –explico la niña- lleven ropa cómoda –dijo con una gran sonrisa antes de volver su atención al castaño - ¿no te gustan las galletas?...papá dijo que te gustaban –dijo la niña antes de acercarse acariciar la envoltura roja del regalo- ¿van a venir? –pregunto suavemente y Kurt no pudo evitar asentir-
- ahí estaremos –murmuro el castaño antes de levantar una mano y acariciar la cabeza de la niña, ahí donde descansaba su diadema- y no sabía que tu papá me enviaba las galletas, pero ahora que se va ser lo que cene esta noche –dijo y la niña lo vio por unos minutos antes de asentir, entendiendo que el castaño no pudiera comer algo si creía que se lo enviaba un desconocido-
- lamento interrumpir –dijo Puckerman logrando que el niño rápidamente volviera sus ojos a él- pero en lugar de ir en camión podríamos ir en mi camioneta, aún hay espacio –dijo el chico e inmediatamente el niño asintió mirando a su papá – además podríamos irnos más tarde…vamos es sábado ¿en qué cabeza cabe despertarse taaaaaan temprano en sábado? –pregunto mirando directamente al pelinegro al tiempo que la niña miraba fijamente a su padre-
-valla…-murmuro y aun cuando había pasado años siendo observado por muchas personas, tal vez en ese momento, en que tenía tantos ojos conocidos en si esperando una respuesta que realmente quería dar, se sentía nervioso-…bueno sería perfecto, entonces… digan dónde nos vemos y ahí iremos –dijo el pelinegro dejando claro entre líneas que no podían verse cerca de ahí, tal vez más en el centro, rogaba que fuese más en el centro del pueblo- y…tenemos que salir a esa hora, lo siento Puck –dijo y el aludido levanto una ceja-
- ¡Es por Lizzy! –soltó el niño inmediatamente- dice que si no nos vamos temprano nos van a ganar los mejores lugares del parque y ella quiere llevar una manta para hacer un día de campo –dijo antes de volver sus ojos a su padre- tendremos que comprar más cosas para llevar papá, incluso podemos pasar por unas cervezas para tus amigos…-dijo y el pelinegro sacudió su cabeza- tus amigos toman cerveza ¿no papá?
-esperen…-dijo Finn de buena gana- no se preocupen, nosotros compraremos un par de cosas, ustedes solo vallan ahí donde se vieron con Kurt esta tarde –dijo y ambos niños asintieron- ya nosotros nos encargamos de lo demás ¿ok? –dijo y movió sus ojos a Blaine quien solo asintió, aunque realmente no tenía otra salida- bueno entonces… nos vamos –dijo y puso su mano en el hombro de su hermano para que este se levantara-
- No, no pueden –dijo el niño repentinamente- es que… Lizzy y yo no los conocemos –dijo y señalo a Puck y a Sam quienes sonrieron a su modo- sabemos que él es Finn Hudson y que él es Kurt Hummel, que son hermanos porque sus padres se casaron, pero no sabemos quiénes son ellos y creo que deberíamos –dijo el niño quien mantuvo sus ojos en Puck, salvo cuando menciono a Kurt, Finn y dio un vistazo rápido a Sam-
-oh… bueno –dijo Blaine- él es Noah Puckerman –dijo señalando al del mohicano- es el mejor amigo de Finn Hudson –después volvió sus ojos al rubio y le sonrió con suavidad- él es Sam Evans y era una gran amigo mío en la escuela –dijo y entonces ambos niños vieron fijamente al rubio quien sonrió- ¿pueden irse ahora niños? –pregunto y los niños asintieron de buena gana – ok…bueno…-volvió sus ojos a los demás- supongo que entonces los veremos mañana, y supongo que mis hijos me dirán a donde debemos llegar para verlos –dijo con suavidad ante lo cual recibió puras afirmaciones al puro estilo de cada uno de ellos-
Entonces así se despidieron Blaine se quedó ahí en la enfermería, con sus dos hijos, cada uno le ayudo a vendarse sus heridas y después de tomas los analgésicos que debía tomar al día siguiente se marcharon a su habitación, pues tenían mucho que arreglar para el día siguiente.
Kurt y compañía salieron del lugar lo más rápido posible y aunque el castaño no quería cobrar las boletas de apuestas, Puck y Sam le convencieron de que debían hacerlo, aquella pelea había sido genial, mucho más genial ahora que sabían que Blaine estaba vivo, al salir y regresar al hotel, no dijeron nada, cada uno se llevaba una impresión de lo sucedido, cada uno tenía una teoría de lo que le pasaba a Blaine, pero no querían decir nada, no porque sabían que al día siguiente podrían hablar más libremente con el otro, con suerte y hasta regresar a Lima con el pelinegro.
Al llegar al hotel y su habitación Kurt se dejó caer en la cama que había proclamado como suya desde el primer momento en que entraron, Finn se movía para sacar su saco de dormir y extenderlo en el piso del suelo, por otro lado Puck se quitó la chaqueta y la aventó al sofá que según el lucia mucho más cómodo que la cama y Sam solo se sentó en la otra cama para quitarse los zapatos.
Cada uno comenzó a arreglarse para dormir, cada uno tomo su turno en el baño y finalmente alrededor de la media noche estaban listos, cada uno en su lugar, recostados cuando una risa salió de los labios de Puckerman.
- Te juro que no quiero saber de qué te ríes –dijo Kurt mientras se acomodaba de lado y abrazaba una de las almohadas, enfocando sus ojos en la mesita de noche donde había dejado el regalo, ese que finalmente no había abierto, de pronto era especial muy especial-
- ¿Alguien más se dio cuenta de que si la princesa y el enano hubieran tenido hijos serían exactamente como son Lizzy y Alex? –dijo recostándose de lado para ver a los demás, logrando encontrar con la sonrisa de Finn quien solo asintió casi con orgullo-
- sí, eso mismo creí cuando vi la escena romántica entre Blaine y Kurt –dijo Sam levantándose para acomodar su almohada, la otra se la había pasado Finn, ya que Puck era muy rudo y podía usar los cojines del sofá- ese momento mágico en que todo se detuvo y Blaine casi le declara su amor eterno a Kurt –dijo divertido y emocionado- en serio sentí que en cualquier momento se besarían y sería así como el fin de un cuento de Hadas –dijo y Finn no pudo evitar sonreír ante lo que Kurt se tapaba la cabeza con la sabana - ¡Oh Blaine te amo! –dijo el rubio imitando la voz de Kurt quien inmediatamente se destapo para verle con cara asesina-
- ¡Princesa te amo más! –dijo Puckerman imitando la voz de Blaine – vamos a coger románticamente a la arena de pelea –dijo y entones un zapato de Finn salió volando –heeeeeeeey cuidado hombre, vas a matarme –dijo divertido antes de que Kurt indignado y colorado se volviera a recostar tapándose la cabeza- ¿Qué no vez que eres prácticamente tío? –dijo y Finn quien amenazaba con lanzar su otro zapato se detuvo en seco con una sonrisa casi boba en sus labios- lo cual vuelve completamente indecente todo lo que seguro estaba pasando por la cabeza de tu hermanito y "EL TIGRE" grrrr –dijo divertido antes de volver a recostarse y oír como Sam se reía también-
-¡CALLENSE! –se oyó la voz amortiguada de Kurt debajo de las sabanas antes de mover una mano para apagar la lámpara - ¡Mañana tenemos que levantarnos temprano idiotas! –grito y sin más se acurruco bajo las mantas, sin poder evitar que su corazón latiera con fuerza-…no puedo creer que sean tan inmaduros…-murmuro suavemente y no supo si escucharon o no, solo lo dijo y cerro sus ojos tratando de no pensar en Blaine y lo que le había hecho sentir verlo vivo, verlo tan cerca, en no pensar en esa idiotez que decía Puck, en no pensar que si, de hecho esos niños eran una combinación perfecta de ellos mismo, de una forma tan alarmante que incluso le robo un suspiro, suspiro que logro que varias risas a su alrededor le hicieran sonrojar furiosamente- ¡DUERMANCE YA! –grito abrazando con fuerza su almohada rogando a todos los cielos no tener ninguna clase de sueño que lograra más vergüenzas para él, no con ellos ahi-
Estaba molesto con Blaine, si, lo estaba , no se había comunicado en todo ese tiempo, pero algo en su corazón le decía que debía ser paciente y esperar a mañana, además, no le importaba si al final de todo los niños se iban con ellos, Lizzy era adorable y Alex era un niño tan protector que le enternecía de solo recordar cómo se había movido a ayudar a Blaine con sus heridas, como si fuera lo más natural del mundo y tal vez para ellos lo era, Blaine tenía una familia…si, pero estaba dispuesto a perdonarlo todo por una sola razón…y eso era que Blaine estaba…vivo, así…vivo.
