HOLA K TAL, YA ESTOY EN MI CASA CON INTERNET DECENTE, YAAAAAAAY. (?)

Aquí un capítulo en donde hay algo de Creek, ohohoho. Perdón por lo choto y y y, bueno, disfrútenlo o algo.

Me gustaría tanto darles spoilers acerca de lo que se viene, pero anfkasdf, no. No seré tan mala.

También les recuerdo que resubo la historia a Wattpad. Mi nombre de usuario allí es "cosocosita".

En fin, ya. Sean felices. Los adoro. Realmente pensaba que este fanfic no iba a tener ni una sola lectura, pero nnhhh. Esto es mucho para mi cora. Realmente, muchas gracias. ಥ⌣ಥ

Por cierto, no sé cuando podré hacer la próxima actualización debido a que mi pequeño cerebro de palomita le falta inspiración. ; n ; O sea, sé que vendrá en el próximo capítulo, pero no sé cómo escribirlo y me frustra. También ando con algunas desanimadas y bueno. Lo siento mucho. :'c

Perdón de antemano por si el capítulo contiene errores.

Cuídense y besos en la cola. (。◕‿◕。)


Capítulo once. El acuerdo.

La felicidad en el minino era notable con sólo estar cerca de él. Cuando tenía ganas, correteaba por la habitación de Kyle y se proponía nuevas metas, como saltar desde su mesa de luz hasta los pies de su cama, rebotar en el colchón, ver a cuantos pájaros podía espantar con sólo asomarse por el cristal de la ventana. Era divertido, ¡demasiado! ¿Quién diría que siendo un felino se lo pasaba sensacional? Ver para creer.

El que lo veía era Kyle, quien tenía miedo de si el culón tiraba algo al suelo y su madre iba de inmediato, procuraba no generar mucho ruido en la habitación, pero al mismo tiempo, estaba sumamente entretenido viendo a Eric corretear de un lado al otro y volando al saltar en el colchón por causa de los resortes de éste. Reía. Sacó su cámara para filmarlo, pensaba enviarlo al grupo de whatsapp que había creado Kenny, en el cual estaba todo el crew. Puede que el vídeo llegue al celular del castaño, y ese dato le hacía sonreír de malicia a sus adentros ya que sabía que ese era un recuerdo que le gustaría olvidar cuando vuelva a la normalidad.

El pelirrojo sabía que Stan no tenía celular por esos momentos, pero con todo el tiempo que pasaba Kenny con él sabía que tendría una manera de verlo y se reirían de ello.

El tictac de las manecillas del reloj pasaban demasiado rápido cuando ambos estaban así. Kyle filmaba toda la escena, estando sentado al revés: con el respaldo entre las piernas. Se le era más cómodo de esa forma. Cartman simplemente iba de un lugar a otro con un torpe caminar, llevando sus patitas de una manera tan descoordinada que más de una vez se tropezó y golpeó. El judío estaba atento a cada movimiento del animal, tampoco deseaba tenerlo herido. De un momento a otro se acercó y lo alzó, sosteniéndole firmemente de su pecho, y con el minino en sus brazos se echó a su cama como un árbol cayendo. Rió divertido. El felino se movió inquieto por lo sucedido, el judío lo sujetó más fuerte.

Olvidando que era Cartman, besó en la cabeza al gato. Fue reprendido de un maullido agresivo al instante, pero no le prestó atención. Depositó suaves besos detrás de las orejas de aquél.

El tacto de los suaves y finos labios del pelirrojo en esa parte de su cuerpo lo hizo estremecer. Era una sensación extraña. Instintivamente salió del agarre de su compañero y se tendió mostrándole la panza a su lado, dejándole en claro que le gustaría que le mimara allí también.

El mayor sonrió nuevamente, e inclinó su rostro hacia el vientre del felino, donde formuló una pedorreta sobre esa parte del cuerpo del animal. Automáticamente su cabeza fue tomada por unas fuertes garras que se clavaron, al mismo tiempo, en su cuero cabelludo, y el maullar sonoro del minino se escuchó. Kyle se separó inmediatamente. Nada podía borrar la sonrisa del pelirrojo. Eric estaba extrañado de ello.

El judío tomó otra vez al felino en sus brazos para abrazarlo y lograr que se acurruque en ellos. Era tan calentito y su pelaje era tan sedoso. Los ojos asustados del animal analizaban la habitación desesperado por la situación actual. No sabía qué le sucedía a su enemigo que tanto le había jurado el odio eterno. No entendía lo que estaba pasando. Era como si de un momento a otro le hubiera dado la necesidad de tener a algo -o alguien- para abrazar. Ni siquiera Kyle entendía bien, fue una idea que se le ocurrió sin más, y estaba orgulloso de haberla obtenido porque tenía el majestuoso placer de presenciar las divertidas reacciones de Cartman. Le tiró de un bigote, sonriente.

Cartman se dio cuenta que no podía luchar contra alguien que ciertamente tenía mucha fuerza, y era algo reconocible. Prefirió estar acurrucado, dejando que lo besara en sus pelos y que hiciera lo que quiera con él. Kyle lo entendió de inmediato, e hizo rozar la nariz del minino contra la suya.

«Jodido marica» pensó Eric.

—No soy marica, Cartman. Es obvio que eso estarías pensando si eres tú. —El micifuz desvió su mirada por el acierto. —Pendejo. —Finalizó por fin. Puso los ojos en blanco y rió sutilmente al ver como había dado justo en el clavo de los pensamientos del culón cuando éste se encrespó por el repentino acertamiento.

Demonios. Que se supone que es Eric quien adivina lo que va a decir el pelirrojo, no al revés. Todo parecía estar de patas para arriba, algo que el gordinflón no comprendía, y si seguía cavilando al respecto llegaría al punto de marearse, porque no había una explicación lógica de esos hechos.

Sólo un sentimiento cálido lo llenó por dentro cuando el pelirrojo lo acomodó sobre su pecho y le acarició sobre su peluda cabeza.

Y el judío no quedaba atrás con respecto a sensaciones.

El tiempo pasaba rápido. Un mes había pasado ya desde la fiesta de Cartman. 30 de Noviembre era el día que marcaba el almanaque en esos instantes, y el viento que se llevaba las hojas del otoño aún se formaba en la ciudad.

No había ningún progreso en lo que significaba traer de vuelta a Cartman a la normalidad. La Doop Web estaba vacía de los datos que requerían, y los libros de magia negra que le prestaron los góticos no relataban nada de Pociones Cambia formas. Ambos maldecían a sus adentros en cada intento fallido que obtenían. En vez de sentirse cerca de sus objetivos, se sentían cada vez más lejos de tener un resultado favorable.

De vez en cuando, el pelirrojo y el castaño iban a la casa de éste último a hurtadillas sólo para asegurarse que todo esté bien. Kyle tomó el celular del culón, y por un mensaje de Liane descubrió que ella estaba demorada porque le habían ofrecido un jugoso contrato que no podía rechazar. Le tomaría unos seis meses. En el mismo mensaje le prometió enviarle dinero en cada mes, por lo que aquel día sería la primera paga de lo que aquella mujer se refería.

El descubrimiento fue tardío, ¡si se imaginaran las noches que el culón se carcomió la cabeza de preocupación pensando en cómo le explicaría a su madre su desaparición! El imaginar a esa mujer que le dio la vida y todo de sí le hacía estremecer. Ésa mujer lo había criado sola, sin la ayuda de ninguna otra persona. Puede que no lo haya hecho fenomenal y que hasta el día de hoy siga teniendo sus errores, pero ésa fémina lo tuvo en brazos desde un primer momento, y era algo que Cartman reconocía y agradecía en sus pensamientos cada vez que podía.

Imaginarla destrozada era algo que lo rompía a sí mismo, y el judío pudo darse cuenta de ello cuando a la mínima mención el gato apartaba su mirada. Kyle también sabía que Liane se haría mierda si no encontraba a su hijo, a su calabacín. Tenían que ser rápidos y ágiles buscando soluciones, si no lo hacían, Dios sabrá los problemas que tendrían.

En el colegio todo marchaba bien, a excepción que el crew notó que Craig los espiaba de una manera un poco -MUY- intimidante. Cuando menos se lo esperaban distinguían al fanático de los cobayos oculto detrás de la pared, con su novio Tweek a una corta distancia de él.

No sabían lo que estaba tramando, pero por si las dudas, Kenny sugirió encerrar al gato en la habitación del conserje durante las horas de clases y sacarlo en los recreos. Todos asintieron ante la idea a excepción del gato. Fue costoso meterlo ahí dentro, y más aún convencerlo para que se quede allí.

Kyle había hecho un trato con él. Le ofreció comida al volver a casa y un juguete nuevo durante cada semana, y eso podía mantener al minino en aquel pequeño cubículo.

El 30 de noviembre era un día de clases como cualquier otro. Cartman se había quedado en la pequeña habitación de limpieza, mirando a la puerta fijamente, esperando que alguien fuera a su ayuda. El tiempo transcurría lentamente, parecía eterno, y eso era insoportable para un joven tan impaciente. Quería salir. Necesitaba el aire fresco, unos mimos y algo de compañía para que pueda sacarlo de sus propios pensamientos.

Cartman sintió cómo la puerta se abría dejando pasar la luz de los pasillos en el oscuro lugar en el que estaba. El rostro del felino se iluminó de emoción al saber que iba a salir, pero luego de distinguir quién era aquél que tenía enfrente, su mirar oscureció de inmediato.

Craig.

Puta madre, Craig.

Muérete, Craig.

El azabache miró dentro de la habitación. El castaño supuso que el maldito había visto a Stan y a los demás en la habitación dejándolo en la mañana, y que desde entonces había buscado la forma para entrar. Los únicos que tenían una copia de la llave de la habitación era su crew. Eric llegó a la rápida conclusión de que o la habían dejado abierta porque son unos retrasados o que Tucker se había abierto el paso con una maldita traba de mujer. Eric se ocultó detrás de unas cajas que contenían diversos detergentes de diferentes fragancias. Intentaba que Craig no lo notara por ningún motivo.

El de cabellos azabaches se percató de la tecla de luz de la habitación, y al instante la presionó. Dejó que sus ojos se acostumbraran nuevamente a la luz. Cartman tembló y preparó sus garras para atacar en cualquier momento.

Y en ese instante, lo vio.

El felino que estaba oculto entre las cajas de cartón también miró fijamente al muchacho que estaba frente a él. Craig se agachó para analizarlo mejor. Cartman estaba paralizado de lo que podía pasar, tenía el temor que el desgraciado vaya a contarle a los profesores de su presencia, hasta que reaccionó, arañando toda su cara, aprovechando esa abrumadora cercanía. Lo estaba molestando. Lo tenía bien merecido. Craig gritó y cayó hacia atrás. De inmediato un rubio muchacho se asomó y se acercó a su novio sin perder ni una milésima de segundo.

—C-Craig, ¿estás bien? ¡GAH! —Los temblores del muchacho lo recorrían por la preocupación que sentía en ese momento. El pelinegro mencionado formuló una bella sonrisa, lo que a Tweek le tranquilizó, logrando que dejara de temblar un poco.

Cartman notó como ambos se hundían en sus respectivas miradas. Bleurgh. Demasiado gay, que asco. Él podía no ser un homofóbico de mierda, pero todo lo acaramelado que tenía enfrente hacía que llegue al punto de asquearse, y más aún cuando los vio besarse. Algo cambió en el interior de Eric. Su salud estomacal. Tuvo ganas de vomitar.

Tweek divisó al felino cuando desvió sus pupilas, y atrajo al animal para sí, sonriente. —Aw... mira, esto era lo que ocultaban... —Craig asintió con disgusto, incorporándose y pasó una mano por su propio cabello para acomodarlo hacia atrás. —No parece ser una conspiración. —Agregó Tweek. Parecía estar mucho más calmado, y es que, ciertamente, se calmaba con la presencia de su pareja al punto en el que sus temblores eran casi inexistentes en su cuerpo. Craig asintió nuevamente.

— ¿Te gusta ése gato? —Interrogó. Cartman lo fulminó con la mirada.

—Sí, es adorable. —Musitó, Tweek, quien observaba las patas del animal con suma admiración. Eran rosaditas y no estaban para nada sucias. El gato debía limpiarse demasiado.

—Entonces voy a convencer a los idiotas para que nos lo presten un rato o para que lo compartan. —Afirmó. Esbozó una sonrisa al ver como los ojos del cafeinómano relucían ante la propuesta.

— ¿P-podrías? —El pelinegro asintió. —Oh dios, Craig.

—Sup. Ahora déjalo para que no sospechen. Me encargo de todo en la salida, Tweeky. —Finalizó, dejando un beso sobre los suaves y finos labios de quien era su pareja desde que tenía diez años. El rubio sonrió de la manera más sincera que Cartman ha visto. La pareja le parecía muy dulce, demasiado pegajosa, y sumamente asquerosa. Extraño.

Dejaron al animal en el suelo, giraron sobre sus talones y se fueron de la mano. Cartman quedó mirando fijamente a la puerta nuevamente hasta que alguien más la abrió.

En la salida Kyle buscó al animal. Tenía una sonrisa estampada en sus rojizos labios y la alegría rebosaba hasta por sus poros. Eric fue tomado desde su pecho con delicadeza, y automáticamente se acomodó bien en los brazos del judío. Aprovechando que ya poca gente quedaba en la institución, no ocultó al animal. Ambos se dirigieron a la salida.

Encontraron a Stan y a Kenny bastante nerviosos, y Craig estaba frente a ellos. Serios. Tensos. Kyle no pudo cubrir al felino a tiempo.

—Yo sé de su secreto. —Dijo con firmeza el dueño de Stripe.

— ¿Y qué? ¿ahora vas a jodernos? —Preguntó Stan a la defensiva. Kenny lo rodeó por los hombros.

—Bueno, creo que es muy obvio cuál es el secreto si Kyle lo trae tan así. Ky, querido Ky, te quiero, pero la jodiste. —Recibió una mirada de desprecio por parte de los dos súper amigos, y Stan le dio un codazo en el estómago. — ¡Ough! —Se quejó del dolor y se dobló por la cintura para aguantarlo mejor.

Craig rodó los ojos y siguió. —Le contaré a los profesores. Está prohibido traer animales. —Su tono sonaba decidido y amenazante. Kyle frunció el ceño.

— ¿Qué quieres a cambio? —Interrogó el pelirrojo, intentando mantener la calma. Era complicado. — ¿Qué quieres por tu silencio?

—Cien dólares y que dejen que Tweek también lo acaricie.

—Awww, el novio se preocupa de su terroncito. —Comentó Kenny, recuperándose, y rió.

—Cállate o pediré más. —Dijo Craig, intentando contener sus fuertes impulsos de mostrarle su amada señal. Stan le dio un pisotón al inmortal. Él empezó a saltar con un sólo pie mientras sostenía el golpeado.

—Hecho. —Afirmó Kyle al fin. —Pero ahora no tenemos cien dólares. Te lo daremos apenas lo tengamos. Es un trato.

—Más te vale, Broflovski. Si no cumples con tus palabras, te irá peor...

—Lo sé, lo sé. —Suspiró. Demonios. —No miento, Craig.

Craig entornó sus ojos. Al cabo de un rato, cuando estuvo convencido que era verdad, volteó y se fue rumbo hacia su hogar. Mientras caminaba, sacó su celular para enviar un mensaje de voz a su novio.

"Misión cumplida".

Lo envió.