Aoba


Aoba-san no ha probado alimento en más de dos semanas, no quiero que siga así, no se niega al agua que le doy pero si al alimento, me molesta en muchos sentidos.

Tal vez la persona más maravillosa, merece comida maravillosa.

-Aoba-san se sentirá feliz con esto- susurro más para mí mismo, tomando un cuchillo con el suficiente filo ara deslizarlo por aquella suave piel sin vello alguno que cubría venas, nervios, sangre y hueso. Desde la parte superior hasta llegar al final, por encima del tobillo cortó al menos un poco de esa ahora carne muerta, las manchas de sangre no tarda en aparecer.

Es un verdadero lío el cortar este tipo de carne.

La carne del ser humano de verdad es difícil, aun después de ser cortada del torso salpica demasiado. Mis ropas no se salvaron de ello; una vez cortada la primera parte de la pierna izquierda, la coloque nuevamente sobre la tabla y limpie los restos con agua fría, la cual no tarda en tornarse rojiza, hasta que queda lo suficiente limpia empiezo a pasar un nuevo cuchillo, uno limpio con el cual es más fácil cortar en pedazos la carne, y así lo es. Deslizo el filo hasta cortar un pequeño trozo, después el siguiente, y el siguiente; unos más grandes que otros, pero no hay problema en eso, todo va al estomago... ¿no?

Si pensaba que la sangre y nervios eran lo peor, que equivoque totalmente; el hueso ni con un cuchillo podría llegar a cortarlo, la sierra quirúrgica con la que antes ampute las piernas es la que hizo todo el trabajo cortando los pies y dejándolos a un lado, ahora es más fácil.

Deje a un lado los dos pies, obviamente no iba a tirarlos. Todo lo que sea de mi Aoba es hermoso, maravilloso... es mío. Solamente mío, y nada más que mío.

Trabaje dos horas en retirar toda la carne, de verdad que las venas son lo peor, m ropa quedo toda sucia después de eso, y ni hablemos de mis manos. Pero, todo quedo perfecto. Salieron suficientes trozos de la pierna izquierda, con ello haría una verdadera cena... para mi Aoba-san.

-Será delicioso, Aoba-san- volví a susurrar, ahora yendo adonde había dejado que las piezas de la cena se remojaran, retirando el agua sucia de la olla, totalmente enrojecida.

¿En aceite?

¿Cruda?

¿En estofado?

¿Cómo sería más deliciosa?

No tarde en elegir, el estofado se escuchaba más delicioso.

Esta vez vertí nueva agua en la olla y la puse a fuego bajo en la estufa, en un pequeño trasto había cortado antes suficientes verduras con las que sabía Aoba estaría mejor, no podía comer nada más carne, no... Él necesitaba una buena alimentación, una dieta la cual el haría que siguiera al pie de la letra.

Por su bien.

Las verduras cayeron a la cazuela, agrego un poco de sal, especias y ahora solamente tenía que esperar. Y así lo hizo.

Hora y media después un aroma peculiar se hizo presente desde la cocina hasta la habitación de Aoba, supe eso ya que la puerta abierta siempre estaba abierta, sabía que nunca iba a escapar, le era imposible por ello estaba así.

-No te has alimentado bien, Aoba-san- hable antes de entrar, con la olla de antes en las manos el estofado que recién se había terminado de cocinar, debo admitirlo, olía delicioso.

Ese pensamiento del platillo se desvaneció cuando noté de inmediato Aoba se tensó, ¿por qué lo hace? Soy yo, Clear. La persona que más lo ama en este mundo, la persona que está haciendo todo esto por él, porque... lo amo, lo amo y porque es mío.

Lo deje pasar por alto, ahora simplemente sentándome en la orilla del lado izquierdo de la cama, abriendo la tapa de esta cazuela, dejando que el olor de la comida abundara completamente en la habitación, que le inundara por completo. Ahora Aoba no se había tensado, simplemente lo vi levantando el rostro y al menos olfatear suavemente, pero nada más.

-Cómelo, es para ti Aoba-san- hable suavemente, me encanta hablar de forma suave con él siempre, lo amo, lo amo demasiado...

Pero me saca de quicio sus infantiles acciones. Acerque la cuchara hasta sus labios pero simplemente volteo la cara y lo rechazo.

-¡NO ME HAGAS HACERTELO TRAGAR POR LA FUERZA!- rugí con verdadera coraje, detesto que rechace lo que le doy, parece un niño pequeño. -Vas a comértelo todo- amenace, haciéndole que me volteara a ver, y así lo hizo. Pero no nada más hice eso, lo tome de la parte trasera de su cabello apretándolos, y escuchando un jadeo salir de sus labios después de eso. El primer bocado que le di del estofado, no lo escupió ni mucho menos volvió a rechazarlo, no podría hacerlo ahora que lo tenía tomado por los cabellos, su punto más débil.

Empezó a comer, lentamente, primero degustando un poco el sabor y después... todo fue mejor, tomo los pedazos de la olla, atiborrándose con todo el platillo, se lleno manos y rostro de todo este, se veía hambriento. Y lo estaba, de eso no hubo duda.

-Mi Aoba merece tener lo mejor...- me acerque hasta su oreja y susurre suavemente, ganándose que se estremeciera al contacto de mis labios con su lóbulo. -y lo mejor eres tú mismo, por ello debes comer solamente lo mejor para ti...- finalice, ahora pasando delicadamente la yema de mis dedos por los muslos de mi dulce peli azul, terminando el recorrido hasta la parte amputada envuelta en venas, la que ahora estaba cicatrizada. Si tan solo Aoba-san pudiera ver lo hermoso que en este momento se ve, si pudiera ver... lo delicioso que había quedado el estofado, que ahora ya se encontraba en su estomago siendo digerido lentamente por los jugos gástricos.

No hay nada mejor en este mundo, que mi dulce... Aoba-san.

-Te amo...-


[Proximo draable pronto...]