"Los personajes de esta serie no me pertenecen, salvo los que me he inventado yo, y esto es solo una historia para los fans escrita sin ánimos de lucro."
Capítulo 11
Artia y Magic se encontraban en la posada del padre de éste último. Artia había decidido acompañarlos porque también le preocupaba Clea, y porque quería tener la oportunidad de enfrentarse a los hechiceros en el caso de que apareciesen, para ayudar a sus amigos y en parte para vengarse por lo que hicieron en la Torre. Además, si llegaran a capturarla, luego se vería obligado a enfrentarla, y sabía que si eso ocurría, Orphen la protegería y tendría que enfrentarse a él también.
De una forma o de otra, lo mejor que podía ocurrir es que la llevasen sana y salva a la Torre, y que el Mayor le aplicara ese hechizo que les impediría localizarla. De otra forma, acabaría siendo una desgracia.
Magic en cambio se sentía feliz de tener la oportunidad de visitar a su padre. La decisión de su maestro de aparecer en su casa lo tomó por sorpresa. Pero tal y como Orphen le había explicado, mientras él iba en busca de Clea, él podría despedirse de su padre y no perderían tiempo, ya que la posada se encuentra cerca de la salida de la ciudad y de todos modos tendrían que pasar por delante para irse.
Y mientras ambos hechiceros esperaban la llegada de sus amigos, le contaban al tranquilo padre de Magic todo lo ocurrido en la Torre del Colmillo.
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Orphen ya podía divisar la mansión de los Everlasting a solo unos metros. Había decidido ir a buscarla sin compañía, no sólo por lo que le había comentado a Magic, sino porque creía que yendo solo tardaría mucho menos.
A medida que se acercaba, notaba que su corazón le latía más rápidamente. Sentía una inmensa necesidad de comprobar que ella se encontraba bien, que aquellos hechiceros no habían llegado todavía, aunque sabía que eso era imposible puesto que él tenía la ventaja de haber utilizado un Campo Transportador.
Cuando ya estaba a pocos pasos de la puerta de entrada, vio a alguien a lo lejos, sentado, y apoyando la espalda en el tronco de un alto roble. El pelo rubio y la presencia de Reki a corta distancia, le dieron la identidad de aquella persona, y se dirigió hacia allí. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, se dio cuenta de que ella dormía.
Vio a Reki dirigirse a Clea e intentar despertarla, el había descubierto su presencia. Cuando ya empezó a abrir los ojos, él llegó a su lado.
Orphen suspiró. Sentía que se quitaba un gran peso de encima al descubrir que no le había ocurrido nada. Y cuando ella finalmente levantó su mirada y lo miró con asombrados ojos soñolientos, sintió que el corazón le daba un vuelco.
-¿Orphen? ¿Qué haces aquí?
Éste le sonrió y se agachó hasta quedar a su altura.
-¿No te alegras de volver a verme?-le dijo dulcemente.
Clea se ruborizó con aquellas palabras. La sonrisa del hechicero junto con aquella mirada tan tierna, la tenían descolocada. Además, se encontraba tan cerca de ella. Inconscientemente tragó saliva.
-Pe…pero ¿a pasado algo? No esperaba verte tan pronto.
Con aquello Orphen volvió a la realidad y se puso en pie. ¿Qué es lo que había hecho? ¿Por qué había reaccionado de aquella manera al verla?
-Clea,-Dijo poniéndose súbitamente serio-necesito que vengas conmigo a la Torre.
Ella lo miró sin comprender y se levantó también del suelo.
-Pero, se supone que yo no puedo entrar ya que no soy ninguna hechicera.-le contestó.
-Es algo especial. Por favor Clea tienes que venir conmigo.
Clea seguía sin entenderlo. Pero al ver la preocupación en el rostro del hechicero, supo que estaba hablando muy en serio.
-Dime al menos por qué me necesitas ¿no?
-Te prometo que te lo contaré Clea,-le contestó Orphen- pero debemos irnos de inmediato.
Ella permaneció callada durante unos segundos pensando en la respuesta que le daría a Orphen. Sabía que podía confiar en él, y si le pedía que lo acompañara a la Torre debía ser por algo muy importante.
-De acuerdo. Iré contigo.
El muchacho se alegró con la respuesta y sin esperar un segundo más, le cogió de la mano y se puso en marcha.
-Pues no perdamos más tiempo.
-¡Espera Orphen!-lo detuvo ella-¿Tenemos que irnos ahora?
-Sí, Clea.-le dijo muy serio mirándola intensamente-Cuanto antes nos vayamos mejor.
Ella no sabía qué pensar. La forma en que él la miraba la tenía confundida. ¿Por qué se estaba comportando de esa manera? Además, lo veía nervioso, preocupado ¿Para qué la necesitaba? ¿Qué demonios ocurría? Todo era tan extraño.
-Al menos déjame despedirme de mi madre y de mi hermana ¿no?-le contestó finalmente.
-Vale. Pero no tardes mucho, es importante.
Orphen permaneció fuera mientras que ella entraba en la casa para despedirse de su familia. Y mientras Clea no dejaba de pensar en sus palabras. ¿Para qué? ¿Para qué quería llevarla a la Torre?
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Dorchin buscaba a su hermano por la casa, se suponía que se iban a ir ahora, pero había desaparecido. Después de hablar de la dimisión de ambos con la señora de la casa, la madre de Clea, y de haber cobrado lo poco que habían trabajado, habían entrado en sus habitaciones a recoger sus pocas pertenencias, pero al salir Dorchin no encontró a su hermano. ¿Qué estaría haciendo ahora?
-Espero que no esté haciendo de las suyas.
Volcan se encontraba en el salón. Estaba metiendo algunos objetos en un saco enorme. Justo cuando tenía un candelabro de plata en la mano, entró Dorchin.
-¡Hermano! Por fin te encuentro.
-¡Cállate idiota!-le dijo en voz baja tras haber corrido hacia él y haberle tapado la boca-¿Quieres que nos descubran?
-Pero hermano…-le dijo cuando pudo liberarse- ¿Qué estás haciendo? Robar no está bien y….
-Yo no estoy robando.-le interrumpió Volcan- Simplemente lo estoy tomando prestado. Cuando consigamos el tesoro escondido en las ruinas aquellas, les devolveremos estas baratijas.-Dijo con una pose orgullosa y riéndose escandalosamente.
Cuando finalmente se tranquilizó, cerró el saco con una cuerda y poniéndosela sobre el hombro se dirigió a la puerta de cristal que daba al jardín. Dorchin lo siguió.
-Sigo pensando que no es buena idea.-trataba éste de convencerlo- Ellas se han portado muy bien con nosotros y se enfadarán cuando se enteren.
-¡Bah!-dijo altanero Volcan.-Tampoco les debemos tanto y no me importa que se enfaden, no podrán hacer nada contra el gran Volcano Volcan.
-Recuerda que Clea es dueña de un dragón lobo, además de ser amiga de Orphen.
Volcan tragó saliva. Bien sabía que era muy malo tenerlo como enemigo, pero después de todo ya lo eran ¿no?
-¡Ese hechicero de pacotilla!-giró la cabeza para encarar a su hermano.- ¡Nunca podrá hacer nada contra mí! ¡Cuando lo encuentre lo haré papilla, no quedará nada de él!
De pronto sintió que no pisaba el suelo. Y es que el nombrado hechicero, que había escuchado toda la conversación, lo había cogido por la capa y levantado. Ahora sus caras estaban a la misma altura.
-Vaya, vaya-dijo con su típica mirada perversa- mira quién tenemos aquí. ¿Y qué es esto que traes?-Preguntó arrebatándole el saco que llevaba.
-¡Devuélveme eso! ¡Es mío!-gritó mientras pataleaba e intentaba golpear al hechicero sin conseguirlo.
Orphen se limitó a soltarlo, dándose Volcan un buen golpe en el trasero, y abrió el saco encontrándose las pertenencias de los Everlasting.
-¿A dónde ibais con esto? ¿Eh?-preguntó mirándolos de manera amenazadora.
-Ves hermano. Era una mala idea.-Le susurró Dorchin a Volcan.
-¡Devuélvemelo!-Exigió sin hacer caso al miope-Es un préstamo. Pesábamos devolverlo.
-No me digas.-Contestó socarrón Orphen.-Para tomar prestado algo primero se debe tener el permiso del dueño. ¿Se lo habéis pedido?
Los dos hermanos tragaron saliva, ya sabían lo que les esperaba. Y así era, Orphen los hizo volar por los aires de nuevo.
-A ver si dejan de ir robando de una vez.-Tomó el saco que había dejado en el suelo y se dirigió a la casa.-Al final tendré que entrar, espero que no nos distraigan mucho.
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-¡Mamá! ¡Mariabel!
Clea las buscaba a ambas por la casa. La había recorrido casi por completo, pero finalmente las encontró en la cocina.
-¡Mamá! ¡Mariabel! ¿Qué estáis haciendo aquí?
-¡Oh, Clea!-le contestó su madre.-Los dos pequeños que trajiste se han marchado hoy, así que tendremos que cocinar nosotras, cielo.
A pesar de las caras sonrientes de ella y su hermana, Clea se enfadó.
-Esos malagradecidos.-Susurró-Ya verán cuando les pille.
-Clea ¿nos buscabas por algo?-interrumpió sus divagaciones Mariabel.
-¡Oh sí! Lamento mucho tener que despedirme así de vosotras pero tengo que marcharme.
-¿Pero qué dices hija?-le preguntó su madre preocupada dejando de cortar unas verduras y acercándose a ella- ¿No nos dijiste que pensabas quedarte un tiempo?
-Sí, pero acaba de llegar Orphen y…
-¿Orphen está aquí?-preguntó su hermana volviéndola a interrumpir.
-¿Por qué no lo has invitado a cenar hija?-añadió su madre- Ve a buscarlo. Seguro que está hambriento.
-No, no.-las detuvo antes de que añadieran algo más.-Ha llegado con prisas y quiere que nos vayamos de inmediato. Está fuera esperándome.
-¿Y no podéis esperar después de comer?-insistió la señora.
-No señora, no podemos.
Orphen acababa de entrar en la cocina, habiendo escuchado los últimos comentarios. Las tres lo miraron sorprendidas.
-¡Orphen! ¿Pero por qué no os quedáis?-preguntó esta vez su hermana.
Clea no pudo evitar sentir un poco de celos por el interés de Mariabel. Entonces se fijó que el muchacho traía algo.
-¿Qué traes ahí?
-¡Oh! ¿Esto?-Alzó el saco y lo puso en la mesa de la cocina- se lo he quitado a un par de tunantes en el jardín.
Clea lo abrió y miró sorprendida el contenido.
-¡Pero si esto es nuestro!-gritó.
-Volcan y Dorchin tenían pensado llevárselo prestado.-sonrió irónico.
La rubia estaba furiosa. ¿Así les agradecía lo que había hecho por ellos? Orphen miró divertido a Clea, y por un instante sintió compasión por aquel par de hermanos. Lo que él les había hecho no será nada en comparación a lo que les hará ella cuando los encuentre.
-¿Ya te has despedido?-Ya habían perdido suficiente tiempo.
-Sí.-contestó simplemente ella.
-Pues vámonos.
Orphen se encaminó a la salida junto a Clea.
-¿Seguro que no queréis quedaros?-Insistió la madre de Clea que con Mariabel, los había seguido.
-Muchas gracias, pero es imposible. Hasta la vista. -Y salió de la mansión.
Antes de salir Clea, las abrazó a ambas.
-¡Cuídate mucho hija!-le rogó su madre.
-Ten mucho cuidado, hermana.-le pidió Mariabel.
-Lo haré, no os preocupéis. ¡Adiós!-Se despidió finalmente la muchacha agitando un brazo.
Mariabel vio como su hermana llegaba hasta donde se encontraba el hechicero, que había seguido caminando. Reki, que apareció de repente, se fue con ellos. Y volvió a sentir ese malestar que hacía días había sentido. Los vio perderse en la distancia con temor.
-Por favor.-rezó- Cuida de mi hermana.
Continuará…
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¡Hola!
Bueno aprovechando que en mi ciudad estamos de fiesta (la Feria de Abril de Sevilla) y no tengo clases durante la semana, os he podido dejar un capítulo mucho antes y seguramente os tendré otro en el fin de semana también, si la resaca me lo permite, claro.
Y me sigo alegrando de que os esté gustando la historia, espero no defraudaros. Un saludo Kiomi gracias por tu review.
Hasta la próxima y Sed Buenos.
Ades
