Este fic es un Harry/Hermione, una viñetita escrita para el Amigo invisible de Adhara Phoenix como regalo para Lauranio y Mileya. Contiene spoilers de DH, si es que hay alguien que aún no lo ha leído :P
She believes in me
Cuando despertó, Harry aún sentía el calor de la mano de Hermione cosquilleándole en la palma. Un calor que le entró por la punta de los dedos, le subió por el brazo y se arremolinó, como un gato perezoso haciéndose una bola, alrededor de su corazón. Lo primero que recordó al abrir los ojos, dolorido, después de que Nagini le atacara en casa de Bathilda, no fue la voraz boca de la serpiente abriéndose sobre él, ni el descubrimiento de la tumba de Peverell.
Fue Hermione, su mano en la suya, su brazo rodeándole la cintura, su figura cubierta por abrigo y bufanda, llenando ella sola, pequeña y silenciosa, el cementerio donde estaban sus padres.
Harry se había preguntado muchas veces por la tumba de sus padres. Cómo sería, qué pondría en las lápidas, qué sentiría al verlas. Siempre se imaginó solo, de pie, frente a las losas de piedra. Nunca supuso que habría alguien a su lado, sosteniéndole calladamente. Nunca pensó que no le importaría que le vieran llorar por Lily y James.
Quizás, tiempo atrás, si hubiera pensando en compartir ese momento con alguien, a su mente habría acudido Ron. Pero ahora, después del miedo, las pérdidas, los meses de soledad compartida cambiando semana tras semana de lugar, tenía que ser Hermione.
Recordaba el día en que Ron se fue, en que su promesa de "Allí donde vayas, Hermione y yo te acompañaremos" se había escindido. No había sido un corte limpio, había sido irregular, con bordes afilados y difícil de curar.
Recordaba también cómo Hermione había salido corriendo detrás de él, llamándole a gritos, y el miedo que había sentido temiendo que ella se fuera con Ron también. El miedo que penetró en el dolor y el despecho porque su mejor amigo no confiara en él.
Pero recordaba, especialmente, la cara de Hermione cuando regresó, tan vacía de expresión, tan silenciosa, como si le hubieran robado el alma y funcionara con la reserva de emergencia. Las noches llorando calladamente para que Harry no la oyera, su expresión triste, constante y dolorosa, y las ganas que él sentía de rodearla con sus brazos y apagar su pena. Pero sobre todo, sobre todo, recordaba el alivio, el alivio amargo y egoísta que sentía antes de dormirse con la banda sonora del llanto de Hermione, al pensar que ella se había quedado con él. Que no le había dejado, que al menos Hermione Granger, mandona, responsable y ante todo fiel, confiaba en él.
Y eso, no la profecía, no el deseo de venganza, no la responsabilidad de salvar al mundo mágico porque sólo podía hacerlo él, era lo que mantenía a Harry en pie y luchando, dando tumbos quizás, pero siempre hacia delante, cada día un paso más hacia su meta.
Por eso cuando Hermione se le acercó, asustada y preocupada y le explicó atropelladamente, acariciándole el pelo con manos temblorosas, lo que había pasado en casa de Bathilda Bagshot y que su varita estaba rota, Harry apenas la escuchó, apenas procesó la información.
Hermione se calló unos instantes y le miró fijamente, esperando que Harry dijera algo. Pero él acababa de comprender –tiernos ojos marrones y manos cálidas sobre él –igual que en su día comprendió que debía dejar a Ginny, Hogwarts y todo lo que había sido su vida para cumplir su misión, que Hermione no era una hermana para él. Y ni siquiera se sintió sorprendido, porque de algún modo era algo que siempre había estado ahí, escondido en un rincón de su mente como un recuerdo olvidado, que se había hecho consciente cuando encontró el camino adecuado para llegar a él.
La miró fijamente y ella le miró a él, inquieta, pestañeando apresuradamente, sin querer, y Harry supo lo que debía hacer.
Hermione separó los labios, seguramente para preocuparse por su salud mental, pero Harry los cubrió con los suyos y no hubo dudas, ni torpezas, ni nervios, tan sólo un impulso sordo que nacía en lo profundo de su pecho y que le guiaba ciegamente como litros de poción Felix Felicis. Ella titubeó, intentó retroceder inicialmente sorprendida, pero Harry le rozó el cuello con los dedos, deslizando la mano hasta su nuca y Hermione se quedó quieta, como una estatua de sal, dejándose hacer.
Todo fue lento, extrañamente contenido y a la vez fluido como si los dos tuvieran miedo de dejarse ir y cruzar un umbral sobre el que hacían equilibrios desde siempre, sin siquiera ser conscientes. Estancado, pero eterno, hasta que ella, con un suspiro hondo, separó los labios y su mano, cálida y temblorosa le tocó la cicatriz antes de perderse en su pelo. Entonces Harry le coló, trémulo, la lengua en la boca y cuando rozó la de ella, caliente y húmeda, y suave como una pluma haciéndole cosquillas sobre la piel, presintió con claridad si tenía Hermione a su lado, vencería a Lord Voldemort.
Entendió que ningún héroe llegaba solo a su destino, comprendió que no era nadie si no tenía quien creyera en él. Y supo que, aunque quizás fuera su nombre el que se recordaría y se escribiría en mil libros, la batalla, la batalla crucial con la oscuridad que lidiaba día a día, la habría ganado gracias a Hermione.
La heroína en las sombras que siempre confió en él.
En realidad lo escribí hace tiempo ya, pero la página no me dejó subirlo en una buena temporada. Tiene un estilo un poco extraño porque no quería que se notara que la que escribía era yo (ya digo, era un amigo invisible y la gracia era dar las sorpresa al desvelar tu identidad xD) pero bueno, esto es lo que hay. No soy fan de la pareja pero lo cierto es que DH fue mucho más Harry/Hermione que Ron/Hermione y en las películas sólo hace falta que les pongan a hacer hijos... (estos Yates y Kloves...). En fin, que, como siempre, si alguien lo ha leído, agradecería mucho conocer vuestra opinión :)
Gracias de antemano!
Con cariño, Dry.
