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Disclaimer: Tanto los personajes como Dragon Ball Z pertenecen a Akira Toriyama & Toei Animation.
Quiero aprovechar este espacio para anunciarles que dejaré este fic... No, no es cierto. No pienso hacerlo. Lamento si alguno por ahí se asustó, sólo quería atraer su atención. Pero ya en serio, voy a aprovechar este espacio para recomendarles un fic buenísimo, es del Fandom de Avengers, así que si por aquí hay fans del mencionado universo, no pueden perdérselo, en serio. En Divided encontraran una historia llevada fantásticamente por la grandiosa autora Ary Lee.
Sin más por el momento, los dejó con el nuevo capítulo.
Capítulo 11. Lo que te hace ser un clase baja.
Gine terminó de acomodarse la armadura.
Se encontraba hincada, mirando al suelo.
Todo era distinto en ese momento.
Sí, lo que hizo con Bardock fue una de las mejores cosas que le pudieron suceder en lo que llevaba de vida, pero quizás al final no todo resultó como esperó. Fue un sueño, una fantasía en donde visualizó todo de forma diferente luego del encuentro, y aún pese a la indiferencia que mostraba Bardock, no se arrepentía de nada en absoluto. No le importó para nada hacer la cordura de lado o enviar al pudor a la galaxia más lejana, todo lo que alguna vez quiso, sin saberlo, sucedió dentro de esa cueva con el saiyajin más orgulloso que conocía.
Después de todo, la culpa sin duda era suya por idealizar las cosas. No iba a atribuir responsabilidad alguna a Bardock por la simple razón de que él jamás la obligó a nada. Él quiso, ella quiso; sucedió.
¿Qué podía hacer contra aquello?
Nunca debió esperar nada, eso era, jamás de un saiyajin. Jamás de alguien de su raza.
—Date prisa, todavía tenemos que encontrar a los demás —dijo él de pronto, sacándola de toda cavilación.
Seriedad fue lo único que pudo detectar en su voz.
—Sí.
Enseguida se pasó ambas manos por el cabello, intentando arreglarlo un poco.
…
—¿En dónde demonios estarán Bardock y Gine? —inquirió Fasha, notablemente exhausta.
—No tengo idea —respondió Tooma, mientras limpiaba su brazo izquierdo—. Tampoco sabemos en dónde está Borgos.
—No tengo nada de ganas de salir a buscarlos.
—No es que puedas hacerlo; ambos estamos heridos.
Fasha, en un espontaneo y muy rendido gesto, recargó su cabeza sobre el hombro derecho de Tooma. Éste la miró desde arriba un tanto asombrado, pero sin intenciones de quejarse, contrario a eso, hizo un ligero movimiento para que ella no se lastimase tanto el cuello con aquella posición.
Los dos saiyajin se encontraban en lo profundo del bosque. Habían hallado un lago, el que antes creyeron que era un pantano, y cerca de ahí habían cientos de arbustos, por lo cual no dudaron ni por un instante ocultarse en ese sitio en tanto no tuvieran las energías suficientes para volver a la batalla. Ya llevaban bastante tiempo escondidos, y sólo una vez los skotein pasaron por ese lugar buscándolos.
—Puedo quedarme dormida aquí, ¿sabes? —musitó ella, sintiéndose cómoda.
Luego de todo lo que sucedió en Skotadi desde que llegaron, sentía que en ese momento se encontraba en el paraíso. La raza de ese planeta demostró no ser como cualquier otra que ya hubieran enfrentado; éstos eran fuertes y muy hábiles, más de lo que pudiesen haber imaginado. Honestamente, no se sentía capaz de decir que eran dignos rivales de los skotein, pese a que aceptarlo era difícil, le era inevitable no sentirse vulnerable en esas miserables tierras. Bastaba con mencionar el momento en el que, tanto Tooma como ella, tuvieron que escabullirse de los skotein entre las sombras para evitar ser asesinados por ellos; aquello terminó convirtiéndose en toda una cacería de sayajines. Imaginaba, cómicamente, a esos individuos apostando por ver quién llevaba más cabezas… o, en ese caso, colas.
Soltó el aire.
Sí, sin duda les había costado demasiado hallar en medio de la misión un minuto para respirar siquiera; tenían que aprovechar eso lo mejor que pudieran, porque después, nada aseguraba su supervivencia.
Una fugaz sonrisa apreció en su rostro.
Recordó aquellos momentos dentro del bar, en donde todos hablaban al mismo tiempo siempre, discutiendo sobre banalidades en la mayoría de las ocasiones, pero otras tantas atacando a su escuadrón con comentarios absurdos; alguna vez, Aragus tuvo la brillante ocurrencia de decir enfrente de todo el mundo que Bardock sólo obtenía las mejores misiones porque ella mantenía relaciones sexuales con Geda; esa, indudablemente, había sido la estupidez más grande que hubiera escuchado, y tampoco se encargó de desmentirlo, ellos podían creer lo que se les diera la gana, lo cierto era que jamás lograrían ser como su equipo, y misiones como la que tenían en ese momento eran inalcanzables para todos ellos.
Fue el turno de que una risa burlona rompiera con el silencio.
—¿De qué te ríes? —preguntó Tooma, confundido.
—Sólo pensaba que… —Hizo una pausa, realizando al instante una sonrisa ladeada—. Pensaba en que si no estuviéramos en este lugar, ya estaríamos revolcándonos. —Y volvió a reír, esta vez con más ganas.
Tooma se unió a la diversión.
—Sin duda.
La de cabello corto envió entonces una mirada lasciva que no tardó en ser captada por su compañero, advirtiéndole en el acto lo que pretendía.
—¿Qué dices si…?
—¿Perdiste la cabeza? —Inquirió, no creyendo que ella tuviese intenciones en ese preciso y jodido instante—. No estás hablando en serio. Este no es el mejor lugar, Fasha.
—¡Aburrido! —canturreó, recostándose a la vez sobre el frío suelo. Intuyó que Tooma le diría aquello, pero nada perdió con intentar.
Aquel al que Bardock consideraba su mano derecha, sonrió con gracia. Por más que hubiese querido hacerlo, tenía que pensar antes en la supervivencia, y distraerse podría acarrearles incluso la muerte.
Acto seguido, un ruido se escuchó entre los arbustos, provocando que, por inercia, ambos se pusieran a la defensiva.
Y de entre las ramas no apareció otro más que Borgos.
Se encontraba ensangrentado, heridas varias tenía por todo el cuerpo, afortunadamente, nada que lo tuviera tumbado en el suelo suplicando muerte.
—Borgos, ¿se puede saber en dónde mierda estabas? —Fasha se adelantó a preguntar.
—Definitivamente no descansando —ironizó, mirando a ambos—. ¿En dónde está Bardock? —cuestionó de inmediato.
—No sabemos. ¿Qué sucede?
Borgos bufó enfadado; a veces simplemente no entendía cómo podían llegar a ser tan relajados.
—Hay más de ellos —informó, pues, mientras maniobraba el rastreador en un intento por saber si el cabecilla se encontraba cerca—. Hemos estado peleando contra nada. Se han prepararon para mandar más y mejores por esta zona; debemos acabar con todos, pero…
—Espera, ¿cómo es qué sabes todo eso? —Demandó la única fémina presente.
—Porque no estuve descansado. —Atacó de nuevo, provocando que Fasha pusiera los ojos en blanco. Borgos se relajó por primera vez desde que llegaron a Skotadi; exasperar a esa impulsiva hembra le resultaba tan divertido. Sin embargo, dejó aquello para después y decidió continuar—. Cuando logré ocultarme, seguí a unos cuantos. Todos se fueron por allá. —Señaló hacia el este—. Si les digo que hay más de ellos, es porque los hay. Y no sólo de esos que parecen plaga; ¿recuerdan al gigante? —Tooma y Fasha asintieron por igual—. Pues, ¡buenas noticias!, tienen como cinco más de esos. ¡Y todos para nosotros!
—¡¿Qué?! —exclamaron al mismo tiempo.
El suelo, como sucedió casi enseguida de que llegaron a ese planeta, se agitó con vehemencia. Se sentía igual que cuando el primer gigante apareció para atacarlos, y eso sólo quería decir que Borgos no estaba inventando nada. No daban crédito a lo que estaba sucediendo, mucho menos Fasha, quien por un fabuloso segundo pensó que los skotein sólo tendrían uno de esos fenómenos entre sus filas. Ninguno, además, sabía cómo iban a poder terminar con todo eso, evidentemente Skotadi no tenía a cualquier raza y, de hecho, cualquier otra cosa podrían esperar de ellos luego de saber lo de los cinco monstruos restantes.
—Ya vienen. —Volvió a consultar el rastreador; ya que tenía noción del nivel de poder de Bardock, hallarlo no debería ser tan difícil.
—¿Qué vamos a hacer? ¡Cuándo va a salir la maldita luna! —gritó Fasha, perdiendo poco a poco el control.
—Eso no va a suceder pronto. —Tooma apuntó hacia el astro al que tanto invocaba su compañera, encontrándose éste incompleto y, por tanto, inservible.
La de vestimenta rosa resopló.
—Tenemos que encontrar a Bardock.
Borgos no sugería las cosas por nada. En algún otro momento habría dejado que el líder siguiera por su lado, pues lo consideraba capaz de mantenerse a salvo, pero en ese instante le era muy necesario hallarlo. Sólo Bardock podría intentarlo. Él mejor que nadie tenía conocimiento de los entrenamientos que el cabecilla llevó desde que era un mocoso, y sabía que en ese momento no podía haber mejor ayuda que la de él. Bardock estuvo practicando durante mucho tiempo realizar su propia luna, lo intentó desde que observó a un par de saiyajin de clase alta llevándolo a cabo, y eso, el mismo Bardock se lo había comentado hacía ya vario tiempo. Todo el planeta Vegeta era consciente que esa clase de técnicas sólo podían ser aprendidas por soldados de rango alto, pues su capacidad de poder era por demás superior al de cualquier otro soldado de clase baja, pero, contra todo pronóstico, sólo fue cuestión de mirar la técnica una única ocasión para que el líder del escuadrón intentase hacer su propio astro.
Eso, en aquel entonces, fue algo que le sorprendió en demasía, mas no le dio nunca tanta atención, siempre creyó que Bardock difícilmente lograría hacerlo, por no decir que de ningún modo llegaría a concretarlo. Pero, estando en la situación en la que se encontraban, era una buena idea hacer que Bardock lo intentara de nuevo.
—¡Fasha! —gritó Tooma, acudiendo pronto hasta donde ella se hallaba, quitándola de en medio rápidamente.
Un skotein había lanzado una de esas luces brillantes muy cerca.
Siendo todavía más astutos que los saiyajin, habían estado disparando sus armas hacia todo lugar con el único fin de encontrarlos, y lo acababan de hacer. El grito de Tooma fue suficiente para que una lluvia de estruendos sucediera luego a su alrededor.
…
La hija de Boc observó hacia la entrada de la cueva, él se encontraba afuera. Desde hacía varios minutos Bardock había salido.
Muy a pesar de que sentía una enorme decepción mezclada con una buena dosis de enfado, no podía molestarse con él en ese instante, sería egoísta hacerlo, sus compañeros estaban afuera y era obvio que Bardock debía estarse preguntando por ellos en lugar de preocuparse por ella que estaba sana y salva en ese sitio.
No podía ni debía ser exigente.
Salió de la cueva entonces, dirigiendo sus pasos hasta donde él se hallaba.
El líder del escuadrón se encontraba ajustando el scouter sobre su oreja izquierda, y ella escuchaba con claridad los ruidos que ese aparato hacía cuando revelaba el nivel de poder de cualquiera, junto con eso, también le oía maldecir por lo bajo, furioso mientras apretaba con mayor fuerza el rastreador.
—¿Qué sucede? —le preguntó, estando detrás de él.
Bardock la observó de reojo por encima del hombro.
—Ya no sirve. —Fue todo lo que dijo antes de arrojar el scouter al suelo.
La joven saiyajin pestañó extrañada.
—¿Qué pudo pasarle? No se veía mal.
Luego de lo anterior, Bardock se giró finalmente, dejando ir una mordaz risa en el proceso.
—Tú lo hiciste. —Gine lo miró confundida, preguntándole con la mirada a qué se refería—. Y esto también —le respondió, señalando a su vez la herida en su mejilla izquierda. No esperó una contestación y volvió a darle la espalda.
Ella frunció el entrecejo. No recordaba haber hecho tal cosa; para empezar, por qué habría hecho algo así.
—¿Cuándo pasó? —exigió respuesta.
—Quisiste atacar al gigante, pero eres torpe para lanzar energía.
Gine pudo haberse molestado por el ácido comentario, pero en lugar de eso, prefirió reír para asombro del líder.
—Tan torpe que lastimé tu mejilla y descompuse tu rastreador. —Sin embargo, se vio obligada a callar, colocando su mano sobre la boca en cuanto se percató de la nada amable mirada de Bardock—. Lo lamento. No quise herirte.
—Tonterías —murmuró para sí.
Comenzó a caminar hacia adelante, pasando por encima del rastreador y destrozándolo por completo. Todavía tenía que encontrar al resto del equipo y sin el jodido scouter la tarea iba a ser mucho más compleja. Tendría que invertir más tiempo a consecuencia de ello, y tendría que ser más precavido que de costumbre.
Gine en breve lo siguió, no tenía alternativa después de todo.
De repente, a lo lejos se escucharon diversos estallidos, y en cuanto Bardock y Gine dirigieron la mirada hacia arriba, notaron al momento aquellos rayos de luz que ya conocían a la perfección. El líder entreabrió los labios impresionado por lo que veía. No había razón para hacer tanto escándalo más que la presencia de visitas indeseadas, y los indeseados eran ellos, su escuadrón. En ese preciso instante sus compañeros debían estar luchando contra todos ellos, y no podía dejarlos solos en esa tarea, su equipo lo necesitaba y debía cumplir como líder que era.
Tuvo la intención de comenzar a correr, pero Gine lo detuvo tomándolo por el brazo.
—Espera. —Se quitó el rastreador bajo la atenta mirada de él—. Necesitas esto. —Y entonces se lo entregó.
—¿Qué? —preguntó desconcertado, tomando el artefacto con cierta duda.
—Tal vez sea mejor que me quede aquí. Sólo voy a estorbar. —Bardock enarcó una ceja ante la impresión—. Tienes que ir ahora.
El cabecilla no cabía en el asombro que ese momento le estaba generando. A cualquier otro le habría gritado que se dejara de estupideces e hiciera lo que le correspondía, pero a ella no podía obligarla, es más, se sintió increíblemente aliviado al saber que Gine se mantendría lejos del caos. Además, también debía admitir que la chiquilla tenía razón y que era preferible que no interviniera; la niña tenía un terrible problema en cuanto al significado de la «vida», y tenerla cerca, en realidad, muchas veces sólo implicaba debilidad.
—Quédate en el cueva —le indicó serio, en tanto se colocaba el nuevo rastreador—. Vendré más tarde, cuando haya terminado.
Gine asintió sin más remedio.
Bardock se fue corriendo, perdiéndose entre los árboles y la tremebunda lobreguez de ese planeta. Así era mejor. No quería ser causante de más problemas, ya tenían demasiado con los skotein como para también agregar el factor Gine a la lucha. No se consideraba torpe ni nada por el estilo, pero se conocía muy bien, y era consciente de que los enfrentamientos no estaban hechos para ella por razones que, la mayoría de los del planeta Vegeta, consideraban verdaderas idioteces.
Ella no nació para matar; eso era todo.
Dio media vuelta y regresó a la cueva, esperando, a partir de ese punto, el regreso de Bardock.
…
«¡Maldita sea!»
Tenía que llegar lo antes posible a ese lugar, y correr, de hecho, no era la mejor idea. Pero además de que volar era sinónimo de grandes pérdidas de energía, no podía llamar la atención de los skotein de forma tan descarada; tenía que ser más calculador que ellos. Sólo le quedaba impulsarse de vez en vez para dar extensos saltos por todo el lugar. Todo lo que esperaba era que Borgos, Fasha y Tooma continuasen con vida, o, de verdad, todo estaría por completo perdido.
…
—¡No puedo! —dijo Fasha, rendida.
—Deja de decir tonterías. ¡Vamos! —Tooma le jaló del brazo, obligándola a correr.
Esa parte del planeta ya se encontraba atestada de habitantes de Skotadi; muchos se hallaban en el cielo disparando contra todo lo que se moviera, incluso ya habían matado a un par de los suyos que estuvieron haciendo exploración en tierra, pero eso parecía no afectarles en lo más mínimo, pues los ataques jamás cesaron.
Borgos y Tooma, mientras corrían a toda velocidad, también se encargaban de arrojar energía hacia el cielo, esperando que alguna de todas esas esferas diera a cualquiera de los skotein. Ya eran muchos los obstáculos que tenían en el camino, no podían con todo.
Inclusive uno de los gigantes los perseguía; se encontraba tan divertido que, mientras corría detrás de ellos, iba riendo como tarado y agitando su palo con puntas filosas tratando de golpearlos; era como estar viendo a un niño —enorme— divirtiéndose con sus juguetes.
Borgos miró hacia atrás, en el momento justo en el que el fenómeno levantó el arma por encima de su cabeza, impulsándose de esa manera para no fallar en el siguiente golpe. Fasha y Tooma iban corriendo a su lado, y lo único en lo que pensó fue en empujar a su compañero hacia un lado, e impulsarse a sí mismo, de igual manera, al lado contrario.
Y el palo azotó con brusquedad en el suelo.
Los saiyajin se agitaron sobre la tierra a causa de la vibración de semejante golpe por parte de la gigantesca criatura.
Pero el monstruo no se detuvo, se encontraba tan entusiasmado con sus nuevos juguetes que, a continuación, levantó de nueva cuenta el palo dispuesto a aplastarlos de una buena vez, provocando que los tres saiyajin cerraran los ojos a la espera de lo inevitable; sin embargo, aquello no llegó a ocurrir, el skotein tan sólo se quedó ahí, parado, aturdido y adolorido. El pobre niño grande hacía pucheros mientras gemía de dolor, dejando caer su palo por ahí sin ningún cuidado.
Borgos miró hacía el lugar de donde había provenido aquel inesperado ataque, encontrándose finalmente a Bardock con la mano derecha extendida. Él había sido el responsable de esa enorme herida en el abdomen del abominable ser.
«Justo a tiempo», se dijo Borgos.
—¡Pensé que ya te había eliminado, maldito! —dijo el líder, refiriéndose al gigante.
—Este es otro —le aclaró Borgos, en tanto se ponía de pie.
—Lo supuse.
Haz de luz volvieron a caer cerca de ellos, destrozando árboles y rocas a su paso, y dejando agujeros de tamaño considerable en la tierra.
—¡Por aquí! —Los guio el líder.
Todos corrieron detrás de él, procurando esquivar al mismo tiempo los finos rayos de luz.
Llegaron hasta un montón de piedras que, convenientemente, se encontraban encimadas unas tras otras; aquello sólo serviría por algunos cuantos segundos para, por lo menos, tomar un poco de aire. Tenían que armar un plan, lo que fuera, esos repugnantes seres eran duros de matar y necesitaban una solución efectiva para deshacerse de ellos ya, sobre todo porque el gigante aún no moría y con lo mucho que debió irritarle la última esfera de energía, estaría furioso clamando por sangre saiyajin.
—Ese… maldito. —Escucharon a Bardock maldecir, después de que el fenómeno se hubiera recuperado.
—Ese no es el único, Bardock. Tienen más.
—¿Qué? —Miró a su compañero como si le hubiese salido otra cabeza a un lado de la que ya tenía.
—Los he visto. Hay más de todo. —Vio al líder enfurecerse, hecho que le obligó a continuar—. Escucha, debes intentar hacer una luna, tu propia luna. Es lo único que podría funcionar en este momento.
Y a Borgos le salieron tres cabezas más, según lo que decía la mirada de Bardock.
Tooma y Fasha, perplejos, miraron a sus dos compañeros. Qué clase de idea era esa. O Borgos estaba perdiendo ya la cordura o de plano era idiota. Eso jamás podría lograrlo alguien como ellos, los únicos entrenados para controlar toda esa cantidad de energía llevaban en la armadura el símbolo élite de la realeza. Ni más ni menos.
Bardock, por su parte, optó por negar con la cabeza.
Hacía tanto tiempo no intentaba realizarlo que, lo poco que avanzó con esa técnica, debió haber retrocedido de forma significativa. Pretender crear un astro no iba a ser más que una pérdida de tiempo, lo que necesitaban era algo que en verdad funcionara en esas circunstancias.
—No seas tonto, Bardock. Eres el único aquí que sabe cómo hacerlo.
—¿Sí? ¡Pues jamás lo he hecho! —dijo enfadado.
—¡Inténtalo! —Pero Bardock parecía firme en su decisión, y ante la renuencia del líder, no encontró mejor opción que atacarlo en donde más le dolía—. ¡Qué estúpido! Eso es precisamente lo que te hace ser un clase baja.
Y justo como esperó, Bardock enfureció todavía más. No obstante, no era suficiente todavía.
—Aunque todo el tiempo te jactes de ello, ¡acéptalo, nunca vas a poder hacer lo que ellos hacen! No eres más que un clase baja. —Y eso bastó para colmar el vaso.
Ante la atónita mirada de Fasha, Bardock golpeó con toda su fuerza el rostro de quien osó burlarse de él.
Borgos se rio en el suelo satisfecho por el resultado; estaba a punto de lograr que Bardock hiciera lo que le pedía. Pronto se levantó, decidido a terminar con eso.
—¡Hazlo ya, maldita sea! Demuéstranos que no eres tan sólo un presuntuoso —habló más calmado, dándose cuenta de que el líder por fin pareció sopesar mejor la idea—. Te cubriremos —ofreció al momento.
—Sí, te cubriremos, Bardock —secundó Tooma. Aunque sin entender todavía a lo que Borgos se refirió, se vio en la necesidad de animar a su amigo.
—Fasha, tú quédate aquí. Alguien que le cubra la espalda de cerca no viene mal —ordenó Borgos a la muchacha.
Seguido a eso, ambos saiyajin salieron del intento de escondite.
Fasha se quedó mirando a Bardock no creyendo que fuese capaz de lograrlo, ni siquiera tenía idea de que él sabía cómo llevarlo a cabo. Le resultaba increíble y hasta cierto punto fascinante. Si Bardock conseguía crear una luna se convertiría en uno de los soldados más habilidosos en todo el planeta Vegeta, sin mencionar que dentro de la clase baja sería el mejor. El Rey Vegeta veía inútil adiestrar a los soldados de bajo rango con técnicas tan poderosas, pues, tanto como lo creían los mismos soldados de clase baja, ellos jamás llegarían a desarrollar cosas que sólo le venían bien a la élite del planeta.
—¿Bardock? —Lo vio concentrarse mucho más que en anteriores ocasiones.
Ya no tenía caso hablarle, él ya no le prestaba atención.
...
«Soy capaz de hacer el trabajo que esos imbéciles hacen, ¿tú no?»
Él mismo le había gritado a Tooma aquello cuando llegaron a Skotadi. Y ahora, ahora no quería ponerse a la altura de esos «imbéciles».
Jamás fue tan herido su orgullo como en ese momento. Nunca. Él era el único que se estaba poniendo el pie, nadie más. Justo lo que a todos los saiyajin de clase baja les ocurría. Siempre creyó —y seguía creyendo, a decir verdad—, que los soldados de su clase eran unos mediocres por nunca esforzarse. Él no había nacido precisamente con un poder de pelea que dejase impactado a cualquiera, y cabía mencionar que tampoco por debajo del límite de lo considerado miserable, pero, con el trascurrir del tiempo y gracias a la cantidad de tiempo y esfuerzo empleado, había logrado superar las expectativas de todo aquel que lo conocía. La respuesta para él se hallaba en eso, en el ahínco que cada ser ponía en lo que hacía.
Pero, irónicamente, en ese instante se estaba comportando como un ordinario saiyajin.
Y no podía permitirlo. Él no era así.
Motivado por su último pensamiento, comenzó a acumular toda la energía de su cuerpo en un solo punto: las manos. La vez que vio a esos dos saiyajin de clase alta practicando hacer su propia luna, había sido muy atento como para darse cuenta que la clave estaba en la cantidad de energía que uno tenía que reunir. Hacía falta mucho esfuerzo para que alguien fuese capaz de recrear los rayos blutz de la luna. Y para él... para él era ciertamente un arma de doble filo, pues intentándolo y fracasando enseguida, no haría más que perder la mayor parte de su energía y, a consecuencia, sería muy difícil combatir a lado de sus compañeros; pero, por otro lado, si conseguía hacerlo su fuerza se vería beneficiada en cantidades exorbitantes.
Tenía que arriesgarse. No había más
Miró sus manos y la pequeña esfera de luz brillante entre ellas. Era muy poco, todavía insuficiente.
Sentía el sudor recorrer desde su frente y nuca, hasta su cuello. Si no lo lograba, todo estaría perdido para él.
Apretó los ojos.
Imaginó toda la energía que poseía recorriendo cada vena de su anatomía hasta llegar al punto exacto. Era eso lo que necesitaba; que todo llegara a las palmas de sus manos.
Pero la esfera en lugar de hacerse más grande, fue disminuyendo poco a poco. Aquello lo puso ansioso. Incluso ya no sentía las mismas fuerzas; él también estaba perdiendo su energía paulatinamente.
«No voy a lograrlo»
«Eso es precisamente lo que te hace ser un clase baja».
El recuerdo golpeó su mente.
Sintió la ira acumularse como sucedió cuando Borgos lo enfrentó.
«¡Acéptalo, jamás vas a poder hacer lo que ellos hacen!»
Gruñó entonces, reviviendo otra vez aquel momento en el que se sintió la basura más grande del universo.
«No eres más que un clase baja»
—¡No! —gritó con toda su fuerza.
...
Fasha lo miró confusa, pero después reemplazó aquel gesto por uno de total asombro. Bardock tenía entre las manos una esfera demasiado brillante, como nunca antes vio una. Lo que siguió provocó que su corazón diera grandes saltos dentro de su pecho, como sólo ocurría cuando los rayos de la luna llena despertaban a la verdadera saiyajin que llevaba en el interior.
El líder del escuadrón había lanzado la esfera a lo alto y la había hecho estallar para que los rayos salieran en todo su esplendor. Y ella se vio hechizada de inmediato por el efecto que eso le provocaba. Ya no podía despegar su mirada del pequeño astro; su cola se desató de su cintura para comenzar instantáneamente una exquisita danza; su corazón latía cada vez más rápido, y en su ser los deseos por exterminar se volvían insaciables.
Bardock respiró profundo luego del esfuerzo puesto.
Entonces miró a su compañera, quien ya estaba adquiriendo la intimidante forma de un Ozaru.
Y sonrió satisfecho.
—No va a durar mucho. Actúa rápido —le dijo a la fémina, siendo consciente de que ella lo escuchaba.
De igual manera, guio su mirada al astro que él mismo se había encargado de crear, listo para comenzar la verdadera guerra.
«Es hora»
…
Borgos y Tooma ya no iban a resistir por mucho tiempo más, sólo podían esquivarlos, porque con tanta luz radiante era casi imposible hallar la ubicación exacta de esos seres. Y justo antes de que perdieran darse por vencidos, detrás de ellos escucharon el auténtico rugido de un saiyajin.
A unos cuantos metros del lugar en donde estaban, Fasha se encontraba enorme y dispuesta a terminar con todos los insectos de Skotadi.
—Lo hizo —musitó Tooma, fascinado con la pequeña luna.
—Ese maldito. —Borgos rio a carcajada limpia; Bardock siempre lograba cerrarle la boca—. Sin embargo, es muy pequeña. Debemos darnos prisa.
Tooma asintió sin demorar, y ambos saiyajin se dejaron llevar por los rayos Blutz.
A su alrededor sólo podían escuchar los inentendibles murmullos de los skotein.
Ya podían oler el miedo.
—¡Es nuestro turno, basuras! —gritó Borgos, antes de que su apariencia cambiara por completo.
…
Gine, que estaba todavía dentro de la cueva, alcanzó a escuchar a la perfección aquel particular rugido.
—¿Qué? —Parpadeó un par de veces.
Se arrastró sobre sus rodillas hasta llegar a la entrada del escondite.
Un rugido más.
No, no podía equivocarse, aquel era el inconfundible sonido de un saiyajin en estado ozaru.
Pero, ¿y la luna?
Salió por completo de la cueva para intentar dar con el astro, pero, aún parada sobre las puntas de sus pies, no conseguía ver nada.
—¿Dónde está?
No tenía intenciones de mirarla el tiempo suficiente para convertirse en Ozaru, pero sólo quería asegurarse de que eran los chicos de su escuadrón los dueños de esos rugidos y no otro enorme y deforme ser.
No hizo falta buscar la estrella brillante por más tiempo, tan sólo bastó con reconocer a esa criatura tan intimidante haciendo de las suyas por aquel lugar del planeta. Era, sin duda, un saiyajin en estado ozaru.
Sonrió contenta.
Eso, para ella, representaba la victoria del escuadrón. Cuando vio al gigante ser de Skotadi se sintió intimidada, pero no había comparación alguna entre esa amorfa criatura y un ozaru. Si bien los Ozarus eran más altos y corpulentos que el monstruo, el punto de diferencia radicaba en la inteligencia; el skotein no era inteligente. Ella lo sabía bien. Razón por la cual estaba segura de que muy pronto podrían irse de ese condenado planeta.
Decidió regresar a la cueva a esperar que todo terminara, sin embargo, un ruido entre los pequeños arbustos que se encontraban a un lado del rocoso escondite, la detuvo.
Su corazón comenzó a palpitar vertiginosamente cuando esa cosa saltó y se dejó mostrar.
Era un animal. Un muy extraño animal. La manera en que la miraba le reveló que se había asustado tanto como ella, ¡bien!, no era un animal del cual tuviese que estar corriendo desde que lo vio. Tan sólo fue avanzando con lentitud hacia atrás, para indicarle al animal que no tenía intenciones de hacerle daño, y en cuanto el raro ser de cuatro patas y orejas puntiagudas se vio libre, corrió lejos de ahí.
—¡Qué susto! —susurró, al mismo tiempo en que puso su mano sobre su frente.
Un ruido más; esta vez no se trataba de un animal.
Eran murmullos y discretos pasos sobre las hojas secas. Eran los skotein.
Pensó en meterse de una buena vez a la cueva, pero cuando supuso que ese lugar era precisamente el que querían investigar, decidió por lo tanto ubicarse a un lado de la estructura que le sirvió como refugio minutos antes. Se ocultó justo detrás del pequeño arbusto por donde había salido aquel raro animal.
Se sabía nerviosa, por lo cual no dudó en llevar su mano hasta cubrir su boca y nariz. Cualquier ruido resultaría sospechoso para ellos.
Como intuyó, los skotein se adentraron a la cueva, con sus armas bien empuñadas. Vio en ese momento el mejor para comenzar a alejarse de ahí, y a pasos cautelosos, fue alejándose. El bosque era la mejor opción.
…
Los cuatro saiyajin inmersos en la batalla que se disputaba en ese momento, estaban obteniendo cada vez mayor ventaja.
Los skotein además de ser una raza poderosa, les estaban demostrando lo dispuestos que se encontraban para defender sus tierras hasta el final. Aunque sus armas en aquel instante ya no eran lo suficiente, los saiyajin sí continuaban haciendo un enorme esfuerzo por esquivar cada uno de los rayos. Aquellas finas luces seguían siendo un riesgo para sus vidas.
El escuadrón, sin ponerse en realidad de acuerdo, terminó yéndose por caminos distintos. Era preferible que, mientras la luna ficticia seguía otorgando su magnífico poder, se dedicaran a terminar con la mayor parte de habitantes posibles, y eso sólo lo lograrían recorriendo el planeta entero.
Ya todo era un caos, un panorama muy diferente al que se encontraron cuando llegaron.
Árboles destruidos, cientos de cuerpos de skotein sobre el suelo, sangre regada a diestra y siniestra, incluso los desgarradores gritos de quienes se encontraban sumamente heridos. Ya no era el mismo lugar que fue esfumando poco a poco las esperanzas de los oriundos de Vegeta. Ahora todo estaba a su favor.
Todo, hasta que el falso astro terminara por ser nada.
Bardock había estado peleando contra uno de esos seres grandes y primitivos, pero, durante la batalla, su contrincante se había percatado de que no tenía oportunidad alguna contra él y salió corriendo. Y aunque estuviese asustado el niño grande, no iba a tener piedad con absolutamente nadie; todos tenían que morir, ese era el objetivo. Además, era una buena forma de cobrarse todo lo que les hicieron pasar.
Siguió, pues, al fenómeno. No iba a darle oportunidad de esconderse.
Pero entonces sucedió, como en cámara lenta. El gigante pasó por encima de aquella cueva, haciéndola añicos rápidamente. Se quedó quieto, mirando tan sólo los restos rocosos de la guarida.
«¡Gine!»
Sus ojos se agrandaron de tal manera que ya no había nada a su alrededor. Todo era oscuro, todo era vació. Sólo era capaz de ver la cueva desecha, imaginando, a su vez, el cuerpo de Gine hecho polvo bajo los escombros.
Rugió furiosamente, dolorosamente tal vez. Eso era. Había dolor ahí.
Sus enormes manos se alzaron por encima de su cabeza, rugiendo cada vez más fuerte. Su mente estaba cegada. Y sus ojos llenos de ira, más de la normal en un ozaru. Iba a acabar con ese infeliz deshaciéndolo entre sus manos.
«¡Maldito!»
…
Gine se ocultó tras un árbol.
Veía de forma discreta todo lo que estaba sucediendo. Aquel gigante había pasado por encima de la cueva en la que se estuvo refugiando. Y no evitó suspirar aliviada al saberse a salvo.
De un momento a otro, Bardock en estado ozaru había hecho acto de presencia. Se sintió tan contenta de verlo aún con vida, que, al momento, una tonta sonrisa se dibujó en su rostro. Pero algo extraño estaba sucediéndole. Primero le dio la impresión de que iba persiguiendo al grandote, sin embargo, luego se había detenido y se había quedado ahí parado sin hacer nada.
Enseguida rugió, rugió de tal manera que le provocó una fuerte presión sobre el pecho. Por inercia, llevó su mano derecha hasta donde el corazón debía hallarse. Era un dolor que jamás había experimentado, y no entendía la causa. Era raro. Todo lo que podía sentir era angustia. Era como si Bardock la estuviese llamando con cada rugido que emitía.
Entonces recordó la cueva. Bardock debía estar pensando que ella seguía dentro. Y claro, ahora estaba todo destrozado.
Estuvo dispuesta a salir y a mostrarse frente a él, pero Bardock ya se había ido tras del skotein.
«¡Demonios!»
Sin pensárselo demasiado, corrió de igual manera tras el líder del escuadrón.
Bardock debía saber que ella se encontraba con bien. Era consciente de que haciendo eso no salvaría la miserable vida del fenómeno, y tampoco es que quisiera hacerlo, pero debía calmar a Bardock y evitar que hiciera cualquier estupidez que pusiera en riesgo su vida.
…
Quería controlarse, quería su cordura de vuelta.
Nunca experimentó tal cosa, nunca se sintió así de destrozado.
¿Destrozado?
Y era eso, precisamente, lo que no quería sentir, porque ni siquiera lo entendía, porque ni siquiera era propio de un guerrero saiyajin. Pero no podía calmar aquello que se desató una vez que vio la cueva hecha pedazos. Algo había despertado, algo estaba ahí sólo para recordarle que ese maldito infeliz acabó con la vida de ella.
No se dio cuenta del momento justo en que tomó al skotein por el cuello. Le apretaba de tal manera que el otro no hacía más que suplicar a gemidos llenos de dolor.
El líder ozaru le rugió en la cara, como exigiéndole de vuelta a Gine.
Lo siguiente fue la cabeza del monstruo siendo estrellada una vez tras otra sobre el suelo. Bardock no estaba teniendo piedad con su forma de eliminarlo. Aunque, en efecto, era un asesino, sus métodos jamás fueron tan crueles. Pero no podía evitarlo, su cuerpo se estaba encargando de hacerlo todo. Ni siquiera pudo evitar sonreír maliciosamente al darse cuenta de que, finalmente, el skotein había dejado de luchar.
—¿B-Bardock? —Escuchó detrás de él.
La voz sin duda le fue conocida, por lo cual se giró de inmediato.
Era Gine. Y estaba seguro que la cara de terror que tenía la menor del escuadrón en ese momento, jamás podría olvidarla. Volteó a ver sus manos, manchadas de la sangre del desafortunado ser.
Regresó a ser él. Su mente era de nuevo suya.
Los deseos imperantes de muerte se esfumaron cuando la imagen de Gine apareció frente a él.
Y se enfadó con sí mismo, todavía incapaz de creer que todo aquello que sintió fue, una vez más, culpa de esa niña tonta. Eso no podía estar pasándole, no. Ya era demasiado, y ese último acontecimiento había sido el límite de su estupidez.
Se giró con brusquedad sólo para deshacer por completo al que yacía en el suelo muerto. Una bola de energía fue suficiente para que no quedara ni un solo atisbo de la existencia del enorme skotein.
Pero, sin que lo esperara, regresó a su estado natural. Se observó de la cabeza a los pies; el poder de la falsa luna había terminado. Había durado quizás un par de horas, suficiente tiempo que esperaba sus compañeros hubieran aprovechado para eliminar gran parte de la raza.
Gine, sin pena, corrió hasta quedar cerca de él, besándolo por puro impulso al mismo tiempo en que lo abrazaba por el cuello. Sin embargo, Bardock jamás correspondió el gesto, cosa que le obligó a separarse de él, que tan sólo la miraba.
Y si Gine creyó que la cruel manera en la que Bardock terminó con la vida de aquel ser iba a ser lo más espeluznante que vería en su vida, esa forma en que estaba mirándola en ese instante le decía que aquello no había sido nada.
No alcanzaba a comprender la razón de su molestia, pero lo único que se le ocurrió hacer fue agachar la cabeza para no ver más esos penetrantes ojos. Sentía su corazón latir rápidamente. Quería dejar de existir.
—Espero que esta vez sí puedas ser capaz de ayudar a tu escuadrón…, novata —dijo él sin más.
—¿B-Bardock, qué…? —Lo miró sin entender nada.
—Capitán. —Pronto la corrigió—. Y ten, ya no lo necesito. —Le devolvió el rastreador.
Comenzó a avanzar, sin embargo, Gine volvió a alcanzarlo.
—Yo tampoco. —Le extendió de vuelta el artefacto—. No pienso volver a salir a ninguna misión. Y puedes matarme si quieres, no soy más parte de esto. —Ya que Bardock no recibió en ningún momento el scouter, Gine lo dejó caer en la hierba sin cuidado, luego tan sólo se marchó.
El de la herida en la mejilla izquierda, se quedó mirando el lugar por donde Gine siguió su camino.
Volvió su mirada al suelo, específicamente al rastreador en el suelo. Lo levantó y se lo colocó de nueva cuenta sobre la oreja.
—Así debió ser siempre.
N/A:
Bueno, finalmente he regresado. Hasta yo he suspirado al verme de vuelta. Es complicado hacerlo cuando la uni te exige mil cosas. Necesito el Ki de todos, please xD
¿Saben qué?, debo confesar que estuve escuchando «In This Shirt» de «The Irrepressibles» cuando escribía esta última parte, y quizás esa sea la razón de que haya quedado tan ¿deprimente, dramático? Bueno, a mí me pareció eso, sufrí con el momento en realidad. Si tienen la oportunidad de escuchar la canción antes mencionada, por favor, no dejen de hacerlo, y recuerden que inspiró este capítulo. Encuentro la canción depresivamente hermosa (?) xD, y claro, no al punto depresivo en que considero «Mad World» de «Gary Jules», pero también es muy buena, se los aseguro. Además, ambas melodías tocan temas distintos cabe decir.
En fin, chicos, les aseguro que hago lo posible por entregar los capítulos lo antes posible, pero no siempre se puede. Sin embargo, yo continuo muy agradecida con todos los que apoyan esta historia, esperándola, agregándola a sus favoritos y alertas, y comentándola. De verdad, es muy grato para mí. Gracias:
lauryxBlack, Son Anne, celesita carito, Sesshi, Neko-ili, Silk window, amigo Bidd, hermanita linda y amordoradísima Ary Lee, Frances Killer.
Angie: Es un gusto volver a leerte, Angie. Muchas gracias por continuar pendiente de este fic, es, de verdad, muy valioso para mí. Me emociona mucho saber que el capítulo anterior te agradó, y bueno, creo que las cosas en Skotadi por fin han terminado, al menos ya no hay gran problema. Y bueno, en cuanto a, tema Raditz... ejem... uhm.. pues... emm, eso pronto se sabrá, y espero no demorar tanto con el siguiente capítulo. Una vez más: muchas gracias por el apoyo. Te mando un fuerte abrazo.
Victoria: ¡Hola y bienvenida! Es siempre un placer encontrar a nuevos lectores en este fic. Me alegra que esta historia cumpla tus expectativas en cuanto a la relación de Gine y Bardock, y la verdad es que también está cumpliendo mucho las mías, siempre lo he visualizado de esta manera. Pues sí, la tensión sexual entre estos dos era tanta que no pudieron reprimirlo, pero bueno, las cosas al final se han complicado. También agradezco tu aprobación de esa escena erótica del capítulo pasado, resulta que estas narraciones jamás me serán tan sencillas. Mil gracias. Te mando un gran abrazo.
¡Saludos, y hasta el próximo capítulo!
