Todo lo que deseas
por Karoru Metallium
Disclaimer: los personajes no son míos; detalles en el cap 1. Plagiarios, aléjense de mí. Esta es la secuela AU de otro AU, así que todo el mundo está OOC. ¿Entonces? Como diría Bender: "bite my shiny metal ass".
Capítulo XI
Impulsividad
"¿Estás enamorado de ella?"
Había que darle a Lyserg el crédito que merecía: no perdió el control del auto, ni lo estrelló contra un poste; ni siquiera lo subió a la acera. Eso hubiera sido muy poco elegante, y de todos era sabido que el inglés sólo perdía los papeles del todo cuando se ponía demasiado emotivo... el resto del tiempo se portaba como si nada de lo que pasaba a su alrededor pudiera afectarle. Así que se limitó a dejar escapar un suspiro a todas luces resignado, y haciendo gala de una calma casi bovina estacionó el auto en el lugar que consideró más apropiado: una calle arbolada, con hileras de casas idénticas, que estaba casi desierta.
Sólo entonces se volvió hacia Pilika y se quitó los anteojos oscuros, dejando ver el brillo de determinación en sus ojos verde claro.
"No."
La joven ainu lo miró con la boca abierta. No se esperaba semejante respuesta; vamos, que ni siquiera esperaba una respuesta. Hubiera apostado todo lo que tenía a que el peliverde le iba a salir con algún confuso juego de palabras que le permitiera escurrirse como una anguila, cualquier cosa con tal de no darle una respuesta directa... y en ese caso habría perdido miserablemente, porque el chico había ido directo al punto. Boqueó durante unos segundos - hasta que se dio cuenta de que debía parecer una completa idiota - y se animó a hablar sólo después de unos instantes que parecieron interminables.
"¿Así, sin más?"
"¿Lo querías adornado con un lacito?" - la joven volvió a boquear; Lyserg Diethel estaba siendo sarcástico. El mundo de pronto parecía estar loco, loco, loco...
"¡Pero niño, no me vas a soltar semejante bomba sin dar detalles...!" - barboteó.
"Tengo que hacerlo así precisamente porque no estoy en libertad de darte detalles, Pilika."
"¿Cómo que no? Aunque sea me darás una pista, cierto?" - preguntó, poniendo la carita más desamparada de su repertorio para persuadirle; sin éxito.
"No puedo. Se trata de una situación que involucra a otras personas, y que no puedo divulgar."
"Oye, Lyserg, sabes que cuando quiero puedo ser una tumba. Si no me tienes confianza..." - ahora trataba de jugar la carta de la culpa... pero ya el inglés no iba a soltar prenda, eso estaba claro por la súbita dureza que se había apoderado de sus facciones.
"No se trata de que no confíe en ti, sino de que no puedo traicionar la confianza que otras personas han depositado en mí. No creo que te gustaría que lo hiciera, por grande que fuera tu curiosidad." - repuso con firmeza, y Pilika suspiró.
"No es simple curiosidad, Lyserg."
"¿Y qué es, entonces?"
"Que me importa mucho tu felicidad, y ni siquiera el que te comportes como un bloque de hielo va a impedir que me preocupe por ti." - balbució, sin estar muy segura de que decía lo que debía. El inglés la miró con un gesto interrogante.
"¿Porqué te preocupa tanto lo que me pase, Pilika?"
Hablando de preguntas demasiado directas... no era muy agradable ni cómodo estar en el lado que las recibía y debía responderlas. Y aunque él lo supiera ya, la ainu no iba a decirle que estaba bebiendo los vientos por él desde hacía años. Eso nones. Primero muerta que bañada en sangre...
"¡Porque te aprecio, idiota!" - terminó por decirle, casi a los gritos. Vio cómo el rostro del joven reflejaba primero sorpresa, luego confusión, y finalmente... una sonrisa, de aquellas por las que ella era capaz de dar lo que no tenía, hizo su aparición.
"Me alegra saberlo. Ya estaba por creer que había caído por completo de tu gracia."
"Bueno... en este preciso momento no me siento muy inclinada que digamos a ser amable contigo, pero..." - suspiró - "no puedo evitar preocuparme por ti, qué quieres que haga. Es una debilidad mía." - suspiró otra vez - "Está bien, hijito. Guárdate todos los secretos que quieras, sigue haciéndote el interesante... pero te aviso que no hay nada oculto entre cielo y tierra, que en cualquier parte el perico es verde, y que es muy difícil que la señorita Estrellita del Llano, o sea yo, se dé por vencida."
"Pilika..."
"Me voy a enterar, Lyserg. Tarde o temprano me voy a enterar. Te lo estoy avisando."
Esta vez fue el turno del inglés para dejar escapar un suspiro exasperado.
"Por lo que más quieras, Pilika, deja ya de tratar de meter las narices en lo que no es asunto tuyo. No quiero que termines metida en un lío, y menos si tiene que ver conmigo..."
"Pues qué mal, porque todo lo que tiene que ver contigo me interesa, y me voy a enterar..." - canturreó, haciéndose la odiosa.
"La curiosidad mató al gato, por si no lo sabías..."
"... y la satisfacción lo revivió, por si no lo sabías." - retrucó.
"No vas a ganar nada con andar metiéndote en donde no te llaman, y sí puedes perder mucho." - le dijo, muy serio.
"¿Lo dices por los Marlowe? Son gente peligrosa, o qué?"
"Acaban de matar a alguien de esa familia, Pilika. Si no te parece peligroso involucrarte en sus asuntos, entonces no eres tan lista como yo pienso que eres." - Lyserg le lanzó una mirada oblicua.
"Si el peligro existe para ellos, entonces tú también lo corres. Vives en casa de los Marlowe, estás comprometido con una de las hijas de la familia, etcétera." - le costaba decirlo, pero bueno - "¿No tengo derecho a preocuparme por ti y a tratar de indagar qué pasa?"
El inglés se mesó los cabellos con algo de impaciencia y una gran dosis de preocupación.
"Sólo no te metas en problemas. Te lo pido por favor."
"Trataré." - le prometió, poniéndose una mano sobre el corazón - "Mira, Lyserg, siempre pareces preocupado, amargado, qué sé yo...yo sólo quisiera verte contento... verdaderamente feliz por una vez."
"¿Y crees que tú puedes resolver mis problemas?" - de nuevo la voz del joven estaba salpicada de ironía.
"Pues... puede que no, pero dos cabezas piensan más que una y las penas compartidas duelen un poco menos, así dicen."
"Tú y tus refranes."
"Tú y tu pose de mártir glorificado... de verdad tienes la sangre tan espesa, Lyserg?"
"No, pero intento espesarla lo más que puedo."
"Eres odioso." - y cómo me gustas, pensó Pilika sonriendo, al borde del derretimiento total. Si tan sólo le gustara a Lyserg como mujer, aunque fuera un poquito. Si tan sólo dejara de ser, por una vez al menos, la amiga que todos adoraban pero a la que prácticamente nadie veía como una mujer de la cual enamorarse, a la cual querer...
Había tenido su cuota - aunque bastante limitada - de admiradores, pero ninguno de ellos iba en serio; y la persona que realmente le interesaba la miraba como si fuera una hermanita pequeña. Si eso no era tener una suerte perra, la ainu no sabía lo que era.
Claro que no tenía el tipo de una vampiresa: era bajita, delgada, le faltaba busto y tenía un carácter de los mil demonios; por eso nunca había se le había pasado por la cabeza intentar seducir a nadie. Y además sentía que cualquier subterfugio de ésos estaría muy por debajo de ella. Pero demonios, quería, necesitaba, deseaba que Lyserg Diethel se fijara en ella de esa manera por una vez en la vida; aunque no durara, aunque no actuara en consecuencia.
Y no sabía cómo lograrlo.
"¿Pilika?" - se había quedado mirando al inglés de hito en hito, y éste tuvo que llamarla en voz alta para sacarla del trance.
"Lo siento, me distraje. ¿Qué decías?"
"Que quiero que me prometas que no volverás a poner un pie en esa casa."
"¡Pero, Lyserg...!"
"Prométemelo, Pilika. Por favor." - para subrayar sus palabras, el joven tomó una de sus manos. La calidez de aquellos dedos era notable para alguien que a menudo se comportaba como si fuera un bloque de hielo, y que además rara vez la tocaba; por supuesto que la ainu no podía resistirse a un contacto físico tan mínimo, tan simple y a la vez tan tremendo tratándose de quien era: terminó por ceder y asentir, sin palabras.
Si a estas alturas - y con semejantes antecedentes - Lyserg no se había dado cuenta de que ella se babeaba, bebía los vientos, cacheteaba el pavimento y arrastraba la banqueta por él, muy idiota o muy ciego tenía que ser. Y a Pilika ya se le hacía que el joven no era ninguna de las dos cosas, pero lo disimulaba muy bien. Lo que la llevaba a la obvia conclusión de que ella, como mujer, no le provocaba ni siquiera un mal pensamiento al susodicho.
No pudo evitar que la desazón que ese pensamiento le causaba se reflejara en su cara, y el joven lo notó.
"¿Qué pasa? Dije algo malo?"
"Nonono. Sólo me acordé de algo no muy agradable, es todo..." - suspiró cuando su mano quedó libre - "¿Me vas a llevar a casa?"
"Pensaba invitarte a merendar. Ayer descubrí un pequeño restaurante en el que sirven el té de las cinco con toda ceremonia y abundancia, como en Londres. ¿Quieres ir?"
"Hombre, yo a la comida nunca le digo que no," - repuso sonriendo y tratando de animarse - "así que no me perdería la oportunidad de probar nuevas delicias gastronómicas... además, ya sabes que soy un barril sin fondo. "
"Puede, pero no lo pareces."
¡NOOOOO! No tengo curvas y me falta pechuga! Lo sabía! No le gusto!
Ya había oscurecido cuando Lyserg la llevó a casa; como había llamado desde el restaurante para avisar dónde andaba y con quién, su llegada no causó mayor revuelo. Claro que el inglés, siendo el caballero que era, se apeó y entró a la casa para saludar a la familia...
A pesar de la depre que había provocado el pensar que no estaba a la altura de los gustos del inglés - o quizás precisamente debido a eso - Pilika se había metido un real atracón de comida en el restaurante. Cielos, esa costumbre del té era nociva para las arterias... la ainu nunca había visto tantos pastelitos, tortas, bollitos y mermeladas de todo tipo juntos, y todos deliciosos; no había sido una merienda, sino una gran cena en toda la regla. Lyserg se había comportado todo lo relajado que le permitía su carácter y su natural ser almidonado, y en más de una ocasión se había reído ante el gracejo de la chica.
A ella - por cierto - se le había olvidado que la familia Asakura en ese momento también incluía a Horo, y que él y Lyserg aún no se habían visto. El ainu parecía una fiera estatua en un rincón de la sala, sentado con su cara de pocos amigos y los brazos cruzados y luciendo la mar de amenazante; era posible que le llevara sólo unos centímetros de estatura al inglés, pero indudablemente tenía mucha más masa muscular.
"Buenas noches." - saludó el susodicho con exquisita cortesía, inclinándose levemente. Hasta Horo tuvo que contestar con un truculento 'buenas noches' ante tal despliegue de buenas maneras - "Horohoro, es bueno verte de nuevo."
"Sí, sí, seguro." - la mirada hostil del ainu se clavó en el joven - "¿Se puede saber qué hacías con mi hermanita por ahí, solos y a estas horas?"
A Pilika se le caía la cara de la vergüenza, pero como ya tenía poco que perder avanzó los pocos pasos que la separaban de su hermano y le arreó un formidable coscorrón.
"¡Mastuerzo, ridículo! Acaso no llamé avisando dónde estaba y con quién? Y qué, no puede una salir tranquila con un amigo a comer? Quieres que me muera de la vergüenza por culpa tuya? Es que te mato!"
Gota colectiva tamaño extra grande.
Por suerte Yoh rompió lo embarazoso del momento riendo por lo bajo, y pronto Ryu, que jugaba con Hana, lo secundó con unas carcajadas a juego con su exuberante y enorme físico. Anna, siempre en su papel de perfecta dueña de casa, le indicó a Lyserg que se sentara un momento con ellos; el inglés aceptó con una gracia que hizo que el ceño de Horo se frunciera aún más.
"Horohoro," - dijo una vez se hubo sentado, con la expresión más seria y solemne de su repertorio - "comprendo que sientas desconfianza, es natural; pero debes saber que Pilika está segura conmigo. Jamás permitiría que algo malo le pasara."
"..." - el ainu lo miró ceñudo durante unos segundos más, pero luego suspiró y relajó la postura rígida de su cuerpo... volviéndose a mirar a su hermana con una expresión que decía a las claras 'tú y yo hablaremos luego' - "Está bien, supongo que soy un exagerado y me pasé. Me disculpo por eso, pero tienes que entender que es mi hermana y debo protegerla."
"Lo comprendo perfectamente, y por eso mismo te repito que no hay cuidado."
Oh, por todos los cielos, esto no podía ponerse peor. Después de pasarse parte de la tarde deprimida por pensar que no le gustaba a Lyserg, él mismo venía y le decía a su hermano que 'no tenía nada que temer' de él con respecto a Pilika. O lo que era lo mismo: 'no te molestes, que tu hermana no me provoca ni un mal pensamiento'... los golpes a la autoestima de la peliazul ya eran demasiados para un solo día.
"Basta ya de hablar de mí como si no estuviera presente!" - bramó, harta al fin, saliendo de la sala como una tromba y dirigiéndose a la cocina.
Allí se tomó un vaso de agua y se sentó frente al mesón, tratando de calmarse. Todo el bien que le había hecho la deliciosa y abundante comida en compañía del hombre del que estaba enamorada, se esfumó ante las calmadas, razonables y sin embargo terriblemente hirientes - al menos para ella - palabras del joven. La confianza y la esperanza que habían nacido en ella, el deseo y el ímpetu de lograr que el inglés se fijara en ella, se veían de pronto brutalmente pisoteados.
En pocas palabras, el gozo se le acababa de ir al pozo.
Sin embargo, sólo le tomó unos minutos serenarse y decidir regresar a la salita con el aire más compuesto y todo el valor que pudo reunir, sentándose junto a su hermano sin decir esta boca es mía. Anna le dirigió una mirada de sospecha pero no dijo nada, concentrada como estaba en las palabras de Yoh. Éste anunciaba que había recibido una carta de Chocolove avisándole que en unos diez días - a más tardar - estaría visitándoles... como parte de su viaje de luna de miel.
La noticia del repentino matrimonio del chistorete con una trapecista del circo que poseía en América dejó boquiabierta a Pilika, al igual que a los demás. A nadie se le había ocurrido pensar que el moreno podía sentar cabeza tan pronto, habida cuenta sus mañas, su fama de mujeriego, su particular sentido del humor - del que eran un ejemplo sus malos chistes - y su muchas veces declarado deseo de ser libre y no atarse a nadie. Pero en fin, como bien decía Yoh, habría que esperar y ver la clase de mujer que había sido capaz de atrapar y meter en cintura al escurridizo moreno...
Claro que, fuera de la natural curiosidad que una noticia como ésa provocaba, a Pilika no le importaba demasiado. Tenía más que suficiente con sus propios problemas en ese momento; aunque bien mirado, temía estar comportándose como una niñita malcriada. Por eso se estuvo bien calladita y tranquila hasta el momento en que su adorado tormento tuvo a bien dar una excusa - más bien vaga, por cierto - y anunciar su partida, poniéndose de pie. Frustrada, triste y furiosa, todo al mismo tiempo, Pilika se incorporó de un salto.
"Te acompaño al auto! Se me olvidó comentarte algo…" – añadió a modo de explicación cuando los ojos de todos se posaron en ella con curiosidad y algo de sorpresa. O, en el caso de Horo, con pura y simple sospecha.
Lyserg disimuló bien su sorpresa, como siempre, y asintió sin más, encaminándose hacia la puerta con la chica a su lado. Ésta, que seguía sin saber qué hacer ni qué decir porque se había lanzado con lo primero que se le había pasado por la cabeza y ahora tendría que atenerse las consecuencias, trataba de pensar en algo que decirle que justificara su presencia.
Pero tenía la mente en blanco, y por eso se sobresaltó cuando se dio cuenta de que Lyserg ya ocupaba en el asiento del conductor y esperaba pacientemente a que ella, parada tiesa como un poste junto a la ventanilla, dijera por fin lo que tenía que decir.
Sólo que ella no tenía nada que decir, rayos…
"¿Y bien, Pilika? Qué querías decirme?"
Más tarde – mucho más tarde - pensaría que había sido una acción mal ejecutada y decididamente torpe, pero en ese momento la ainu simplemente se dejó llevar por el impulso: se inclinó hacia delante, metiendo la cabeza en el auto, y le plantó un beso en los labios al sorprendido inglés.
Así, sin más.
Los labios masculinos se sentían secos, pero eran tibios y suaves; a esta distancia que no lo era, Pilika podía percibir la frescura de la colonia que el joven usaba, combinada con el aroma que era simplemente Lyserg, algo cálido y al mismo tiempo suavemente cítrico. No era el primer beso de la chica – aunque su experiencia era casi nula - pero sí el primero que ella se atrevía a darle a alguien… o en este caso, simplemente a robarlo; y todos eso pasó por su mente en cuestión de segundos.
Estaba loca de atar, cielos, qué iba a hacer, cómo iba a ser capaz de mirarlo a la cara cuando la sorpresa terminara y a) ella cayera al suelo porque le temblaban las piernas ante la enormidad de lo que estaba haciendo, o b) él se la quitara de encima sin demasiada delicadeza.
Pero claro, esos segundos de deleite y pánico terminaron cuando los labios que habían permanecido inmóviles bajo los suyos se abrieron. SE ABRIERON. Noooooo. Síííííí. ¡Cielos, rayos, cáscaras, repámpanos, Batman!
Y entonces de pronto todo fue cálido y dulce, el más tierno y delicioso de los besos que Pilika hubiera recibido nunca. Ya no era un beso robado: una de las manos de Lyserg sostenía ahora su cabeza y la mantenía pegada a él.
Lyserg Diethel la estaba besando. Con lengua. Oh, cielos…
Sólo hizo ademán de separarse cuando recordó que necesitaba de oxígeno para vivir, y entonces el joven la soltó; casi se revienta la cabeza con el borde de la ventanilla al sacar la cabeza a toda velocidad. La expresión en el rostro de Lyserg era inescrutable, a pesar de que prácticamente jadeaba en busca de aire, al igual que ella.
¡Condenado inglés con su cara de palo!
En ese momento, mirándose en la magnífica y odiosamente inexpresiva claridad de esos ojos verdes, la chica supo que muy probablemente había metido la pata hasta el fondo. No, no la pata: las CUATRO.
Y se echó a correr de vuelta a la casa, sin mirar atrás.
N.A.: Siento mucho la tardanza, chicos... me ha pasado de todo, como siempre; espero encarrilarme y agarrar de nuevo el ritmo, aunque va a ser difícil porque ahora tengo más horas de trabajo y menos tiempo para escribir. Espero que les haya gustado este capítulo, bandidos y bandidas xDDDD
Gracias a mis lectores: CaTa (ya ves que la enfrentó como un hombrecito xD), Kena Tao (gracias mil... y es cierto que el tiempo es la mejor medicina), Akane Yukino (Lizzie? Ay diox xD), Aredhel (Tommy va a tener trabajo, ya verás xD), Makkaz (hola!), Princess Nausicaa (algo se cocina ahí, eso es seguro), Caroni Maranti (pues bienvenida, y espero que hayas leído el fic que dio origen a éste, porque si no lo has hecho muchas cosas no van a tener sentido para ti xD), Yamiana (saludos!), Marion (verdad que imaginarlos juntos es como un cuento de hadas? Gracias!), Niacriza (quizás porque no aclaró a cuál de sus hermanas se refería. Ya lo verás), Liitah (pues nada, me alegra que te guste, bienvenida xD), Maty (aahí tienes la respuesta, gracias! xD), Naoki Thanatos (nos pasa a todas, por eso nos sentimos identificadas. Gracias!), Ruby P. Black (ella gusta porque se siente real. Es real para mí que la escribo), Lady Scorpio (me alegra que le des una oportunidad a la pareja), Saph-spanish-chan (gracias!), Megumi Asakura (espero agarrar el ritmo otra vez xD), Viosil Uab (no, Tommy no se parece a Draco; es lindo xD, pero me alegro que te gusten mis OCs. Y tranquilo, que las cosas seguramente se van a calentar para todo el mundo aquí. Ya has visto alguito en este cap xD), Azu Asakura (espero que despues de lo que ha pasado te siga gustando Lyserg xD. Y ella no se anda con rodeos pero igual termina fregada. Bienvenida y gracias!).
