Tanto los personajes como la idea de Zero no Tsukaima no son de mi propiedad, sino del autor de dicha obra, Yamaguchi Noboru (Que en paz descanse)
— Compañero, no estoy muy seguro de que puedas llamar a eso buscar.
— Pude haber estado buscando el sitio durante una hora y no encontraría nada.
La mañana finalmente había llegado y yo me encontraba en el puerto de Newcastle. De hecho, ya estaba a bordo del Eagle, el cual partiría dentro de muy poco.
Hace aproximadamente una hora me había despertado. Sin embargo, en lugar de inmediatamente buscar el lugar en el que se llevaría a cabo la boda, me tomé la libertad extender mi sueño. Además, la supuesta búsqueda que había realizado no fue diferente a una caminata por el castillo, la cual hice para no aburrirme mientras esperaba la hora para abordar la nave.
— Además, este barco es el único medio de escape. No quiero arriesgarme a perderlo.
Derflinger se tomó unos segundos para responder.
— Todavía te noto algo molesto.
— Sólo quiero salir de este país lo más pronto posible. Hasta que no regresemos no podré sentirme totalmente seguro.
— Mejor cambiemos de tema. Conversar contigo cuando estás con esa actitud no es muy divertido.
— Pienso igual. ¿Y bien? ¿Hay algo de lo que quieras conversar?
— De hecho, sí. Hace un tiempo que tengo cierta idea en mi cabeza.
— ¿Qué idea?
— Compañero, a ti te llaman Gandalfr, ¿verdad?
— Sí. Supuestamente es el nombre del familiar legendario.
— La verdad es que cada vez que pienso en ese nombre comienzo a sentir que estoy a punto de recordar algo muy importante.
— ¿Algo importante?
— Sí, pero por más que lo intento no logro recodarlo.
— Si realmente es tan importante imagino que lo recordarás en algún momento.
…
— Bueno, ya que estamos todos aquí, vamos a empezar con la ceremonia.
Mientras yo esperaba la partida del Eagle, Louise y Wardes habían entrado ya a la capilla en donde los estuvo esperando el príncipe Wales, quien vestía un uniforme de gala. Por su rostro era evidente que Louise estaba bastante nerviosa. Wardes había ido a su habitación apenas un par de minutos después de que ella se levantara. Al todavía estar somnolienta, ella no opuso mucha resistencia luego de que el vizconde le dijera que era momento de casarse y tampoco cuando él colocó un velo de novia. De hecho, la actitud tan pasiva dela estudiante le hizo pensar a Wardes que Louise no estaba en contra de la boda.
— Novio, vizconde Jean-Jacques Francis de Wardes. ¿Toma a usted a esta chica como su esposa a la vez que jura amarla en nombre del fundador Brimir?
— Lo juro.
En ese preciso instante el cerebro de Louise comenzó a trabajar nuevamente.
— Novia, tercera hija del duque de La Valliere, Louise Françoise Le Blanc de La Valliere...
Fue mientras Wales leía el juramento, Louise reaccionó.
¿Cómo fue que las cosas terminaron así?
Ella por fin comprendió que estaba a tan sólo un minuto de casarse con Wardes.
En su rostro aparecieron rápidamente una serie de emociones: Preocupación, confusión, duda y finalmente dolor. Esa última emoción llamó la atención de Louise, quien empezó a buscar la razón de su aparición. La estudiante pensó en la gente que moriría ese día, en el reino que se convertiría en ruinas y en la persona que era amada por la princesa, quien moriría en tan sólo unas horas.
No, no es ninguna de esas cosas.
Sin embargo, no tardó en descartar todas esas opciones. Todo aquello le incomodaba, pero no pensó que alguna de esas cosas eran motivo suficiente para generar el tipo de dolor que ella estaba sintiendo. Finalmente, en la mente de Louise apareció el rostro de cierta persona.
¿Por qué él?
…
¿Eh? ¿Qué ocurre?
Aquello que veía por mi ojo, literalmente de la nada, empezó a ponerse borroso. Además, para complementar el extraño evento, sentí como me estaba costando mantenerme de pie.
— Algo le sucede a mi ojo.
— Debes estar cansado. — Se limitó a decir Derflinger.
…
— ¿Novia? — Preguntó Wales.
Louise entró en pánico. Por su expresión uno podía suponer fácilmente que ella no sabía lo que estaba haciendo en ese sitio.
— ¿Estás nerviosa? Tranquila, es tu boda, así que es normal que es normal. — Dijo Wales para después sonreír. — Lo repetiré nuevamente. ¿Toma usted a este hombre como a su esposo a la vez que jura amarlo en nombre del fundador Brimir?
Louise se quedó en silencio durante unos segundos más. Tras ese tiempo y luego de asimilar por completo la situación, en su rostro apareció una expresión decidida. Ella entonces respiró hondamente para luego negar con su cabeza.
— ¿Novia?
— ¿Louise?
La estudiante miró directamente a Wardes y negó una vez más con la cabeza.
— Louise, ¿te sientes mal? — Preguntó el vizconde.
— No, no es eso.
— Si hoy es un mal día, podemos posponerlo.
— No, lo que pasa es que… Lo siento, pero no puedo casarme contigo.
— Novia, ¿este no es el matrimonio que deseas?
— Sí, eso es. Quiero pedirles disculpas a ambos por hacerlos tener que venir aquí sin ningún motivo. La decisión fue dolorosa de hacer, pero ahora estoy segura de que no quiero casarme.
— Ya veo. — Dijo Wales. — Vizconde, estoy muy apenado, pero parece que la ceremonia no podrá continuar.
Las palabras de Wales, sin embargo, no fueron tomadas en cuenta por Wardes. El vizconde dio un paso al frente para posteriormente sujetas la mano de Louise.
— Sé que estás nerviosa, querida Louise. ¡No puede ser que en verdad me estés rechazando!
— Lo siento Wardes, antes te anhelaba y quizás llegué a amarte, pero ahora es diferente.
Entonces, de repente, la expresión de Wardes se tornó fría. Él soltó su mano y en cambio agarró a Louise por su hombro.
— ¡El mundo, Louise! ¡Yo voy a gobernarlo y para ello te necesito!
El repentino cambio de Wardes provocó que Louise se sintiera confundida, así como también algo asustada.
— Yo no soy necesaria para eso.
— ¡Yo te necesito! ¡Necesito de tu poder!
El miedo que comenzó a sentir la estudiante aumentó lentamente. Ella nunca esperó ver a Wardes actuar de esa forma. Louise, por simple instinto, trató de alejarse.
— ¿Has olvidado lo que te dije? ¡Eres igual de poderosa que el fundador Brimir, tienes un gran futuro por delante! ¡Simplemente no sabes todavía de tu talento!
— Wardes ¿de qué estás hablando?
…
¿Qué rayos le pasa a mi ojo?
— ¿Qué te sucede, compañero?
No le presté atención a las palabras de Derflinger. Estaba totalmente concentrado en la extraña sensación que había aparecido en mi ojo y que lentamente comenzaba a molestarme más. Entonces, repentinamente, la visión de mi ojo izquierdo volvió. No obstante, aquello que podía ver a través de este no era normal. Literalmente parecía estar viendo un lugar en el que no me encontraba.
¿Wardes? ¿Una capilla? ¿Acaso…?
— Compañero, no me ignores.
Durante la primera noche que pasé en Halkeginia Louise me había mencionado sobre como un mago podía ver y oír lo mismo que su familiar. Pensé que podía ser otra habilidad de Gandalfr pero no podía estar totalmente seguro. Sin embargo, lo que sí podía asegurar era que estaba viendo la ceremonia de la boda de Louise a través de uno de sus ojos.
¿Por qué…?
A pesar de tener la intención de hacerlo, no pude pensar en un motivo por el cual había ocurrido el extraño suceso.
¿Qué está sucediendo ahí?
A través de mi ojo izquierdo pude ver a Wardes empujar a Wales. El vizconde parecía estar increíblemente enojado. Entonces, al instante, una idea se formó en mi mente.
¿Acaso mi ojo me está mostrando esto porque Louise está en peligro?
Si ese era el caso, era obvio que lo más correcto sería ir a ayudarla. Sin embargo, no me moví.
Debes estar bromeando, el maldito barco está a punto de partir.
Además, a pesar de no saber en qué momento comenzaría la batalla, estaba seguro que comenzaría en cualquier momento. Y lo peor de todo era la persona con la que tendría que lidiar si fuera a ayudarla, Wardes. Teniendo en cuenta el duelo que tuvimos, estaba consciente que las probabilidades no estaban a mi favor si se trataba de una batalla directa.
Quizás si sólo voy y la saco de ahí… No, con Wardes ahí incluso escapar será difícil.
Inmediatamente comencé a pensar en formas de ir y rescatarla. Un par de opciones no parecían ser malas ideas, pero antes de poder pensar más a profundidad en ello, cierta pregunta llegó a mi cabeza.
¿Por qué debo ir?
Incluso en el mejor de los casos estaba seguro de que no podría volver junto a Louise antes que el Eagle partiera. No sólo tendría que lidiar contra un mago de clase Cuadrangular como Wardes, sino también con el ejército de los rebeldes que llegaría pronto. Ir era casi lo mismo que suicidarse.
Ya casi escapaba de este maldito lugar, ¿por qué tenía que suceder esto ahora?
Mientras dudaba seriamente sobre lo que debía hacer sucedieron dos cosas. En primer lugar, se hizo el anuncio de que el Eagle partiría en los próximos minutos. Ya era obvio, no podría escapar en el barco si iba por Louise. La segunda cosa que ocurrió fue otra extraña sensación. Todo aquello que podía escuchar por mi oído izquierdo comenzó a distorsionarse. Era evidente lo que estaba pasando.
Maldición, maldición.
Llevé mi mano cerca de mi boca y empecé a morder el lado de mi dedo índice en señal de nerviosismo. Además, sin que me diera cuenta, levanté también mi otra mano para rascar el dorso de mi mano izquierda.
— Derflinger.
— Dime compañero.
— ¿Qué le ocurriría a un familiar si el mago que lo invocó llega a morir?
…
— Vizconde, eso es suficiente. Compórtese como el noble que es.
Wales no soportó más la actitud que estaba observando e intervino. Sin embargo, el vizconde no se molestó en lidiar con él. Wardes se limitó a golpear la mano del príncipe para después acercarse nuevamente a Louise.
— ¡Louise, tú eres necesaria para mí!
— ¡No tengo ningún talento!
— ¡Te he dicho muchas veces que si lo tienes! ¡Solamente no eres consciente de tu poder!
Louise trató de zafarse del agarre de Wardes. No obstante, la fuerza del vizconde no sólo impidió que ella se liberase, sino que también le comenzó a causar dolor.
— ¡Prefiero morir antes de casarme contigo! ¡Ahora entiendo que nunca me amaste! ¡Sólo aparentabas quererme por un poder que no tengo! ¡Es cruel querer casarse por una razón como esa! — Gritó Louise con rabia.
Wales colocó su mano sobre el hombro de Wardes en un intento de detenerlo. El caballero, en respuesta, empujó fuertemente al príncipe, quien cayó al suelo al instante siguiente. Louise sólo se sorprendió más por el comportamiento del vizconde. Tras tomarse un par de segundo para recomponerse, Wales se levantó y sacó su varita.
— ¡Vizconde, aleje sus manos de la señorita Valliere ahora mismo o me veré obligado a atacarlo!
Wardes finalmente soltó a Louise para después hacer una sonrisa forzada.
— ¿No te casarás conmigo incluso si te lo ruego, Louise?
— ¡No, no eres la persona con la que quiero casarme!
El vizconde desvió su mirada.
— Pensar que esa sería tu respuesta después de todos los esfuerzos que hice durante este viaje. — Dijo Wardes calmadamente. — Bueno, no se puede evitar. Supongo que no podré cumplir este objetivo.
— ¿Objetivo?
La sonrisa de Wardes adoptó un aspecto enfermizo.
— Correcto. Tenía tres objetivos en este viaje y lamentablemente tendré que conformarme con cumplir solamente dos.
Louise sintió un escalofrió en su cuerpo.
— ¿De qué estás hablando?
— El primer objetivo era enamorarte. El segundo, obtener la carta de Henrietta, la cual debería estar en tu bolsillo.
Louise se asustó.
— Y el tercer objetivo…
Tras escuchar a Wardes mencionar la carta Wales comprendió todo. El príncipe comenzó a recitar un hechizo. Lamentablemente para él, Wardes también había sacado ya su varita y lo único que tuvo que hacer fue liberar el hechizo que recitó con antelación. La espada de Wardes comenzó a brillar y en un movimiento veloz, el vizconde atravesó el pecho de Wales.
— ¡M-maldita sea…! Reconquista…
La sangre brotó de la boca de Wales. Tras ver lo ocurrido, Louise profirió un grito.
— El tercero objetivo era asesinar a Wales.
El príncipe cayó al suelo.
— ¡¿Eres un noble de Albion?!
— Correcto, la verdad es que soy un miembro de la facción noble de Albion. Wardes de Reconquista.
— ¿Por qué? ¿No era un noble de Tristain?
— Somos los primeros heraldos del futuro de Halkeginia. Somos la unión de nobles sin fronteras nacionales. Halkeginia se unificará en nuestras manos y juntos restauraremos la Tierra Santa del fundador Brimir.
— ¡Antes no eras así! ¿Por qué has cambiado tanto?
— Han sido los años, varios accidentes y el destino. A pesar de que cambió la persona que conociste, no cambió mi naturaleza. Por cierto, hablas demasiado.
Louise trató de correr cuando vio a Wardes mover su varita, sin embargo el hechizo del caballero la golpeó igualmente. La estudiante cayó al suelo tras recibir el impacto.
— ¡Ayuda…!
La cara de Louise se puso pálida. Trató de levantarse, pero sus piernas no le respondían.
— Nadie puede escucharte. Sólo te queda inclinar la cabeza en señal de derrota.
Wardes generó una nueva ráfaga de viento que arrojó a Louise contra la pared. Ella cayó al suelo gimiendo de dolor, las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos y a caer por sus mejillas. No obstante, a pesar del dolor y de las palabras de Wardes, ella no dejó de pedir ayuda.
— ¡Ayuda… por fa…!
El grito fue interrumpido. Para sorpresa de Louise y Wardes, una parte de la pared en la que Louise estaba apoyada fue derribada. A aproximadamente cuatro metros de ella, yo pasé por el agujero que había abierto. Tras verme, Wardes bajó su carita con la cual estaba a punto de recitar un nuevo hechizo. Una vez entré por completo a la sala, pegué un papel rúnico en la pared.
Tuve que venir a un maldito país en guerra.
Sin tomarme la molestia de mirar a Louise empecé a caminar hacia Wardes.
Soporte a estos idiotas que fingían estar felices a pesar de saber que iban a morir.
De mi bolsillo saqué el frasco de tinta que Tabitha me había dado. Inmediatamente después, lo llevé a mi boca y bebí su contenido.
Abandoné el Eagle para tener que venir aquí.
Wardes volvió a alzar su varita. No obstante, no le apuntó Louise, sino a mí. Mientras el hacía eso, yo comencé a hacer una serie de símbolos con mi mano.
Y tuve que usar dos malditos hechizos libre para llegar a tiempo.
Alcé a Derflinger y apunté con él a Wardes.
— Acabemos rápido con esto.
Louise sentía un gran dolor en todo su cuerpo, pero al menos estaba consciente. A pesar de no estar viéndola, pude sentir que ella me estaba mirando. No obstante, no volteé a verla. Tal y como había dicho, quería acabar con la pelea lo más pronto posible. Después de todo, estaba seguro que la batalla comenzaría pronto.
Activé Aumento de fuerza e inmediatamente me impulsé contra Wardes. Moví a Derflinger rápidamente con la intención de golpearlo. Él, tal y como esperaba, movió su espada para defenderse. Lamentablemente para él, debido a la fuerza extra que obtuve por mi conjuro y a lo sorpresivo de ello, Wardes no pudo mantener su posición. El vizconde fue lanzado contra la pared al segundo siguiente de recibir el ataque. Sin perder ni un segundo activé nuevamente el mismo hechizo para después ir al encuentro de Wardes. Sin embargo, a medida que me acercaba, mis brazos comenzaron a temblar.
Wardes, tras recomponerse del dolor, no tardó en notar que me acercaba. Una vez lo hizo, él se movió rápidamente a un lado para esquivar a Derflinger, quien atravesó la pared
Maldición.
El vizconde no tardó más que un instante en hacer su siguiente movimiento. Tras impulsarse rápidamente a mi dirección, el utilizó su espada para intentar atravesar mi pecho. Sin embargo, gracias a una rápida reacción, logré utilizar un hechizo Repulsión contra él. Sin un punto de apoyo, Wardes fue lanzado varios metros hacia atrás. Aprovechando el tiempo que gané, saqué a Derflinger de la pared y me lancé nuevamente contra el caballero. Cuando acorté la distancia entre nosotros a tan sólo tres metros, le arrojé fuertemente a Derflinger. Wardes por simple reacción utilizó su varita para desviar la espada. Acto seguido, empezó a mover su cuerpo para posicionarse para contratacar. No obstante, no logró hacerlo a tiempo.
Active por tercera vez Aumento de fuerza. El vizconde había tomado en cuenta la velocidad que adquirí con ese conjuro, mas no esperó el segundo que conjuro que pude activar rápidamente al ya no tener que sujetar a Derflinger. Una fuerza invisible generada por Atracción ocasionó que Wardes se moviera a mi dirección. Sin el tiempo necesario para poder mover su espada, lo único que pudo hacer Wardes fue ver como mi puño golpeó su estómago. El caballero fue arrojado nuevamente varios metros, sólo que debido al puñetazo recibido no fue capaz de aterrizar de pie.
El corto asalto terminó ahí. Wardes se encontraba en el suelo, pero no me acerqué a él. En cambio, con algo de lentitud fue a recoger a Derflinger. El vizconde, quien empezó a levantarse con un poco de dificultad, no se dio cuenta, pero yo estaba jadeando ligeramente. Si se hablaba de daño físico era evidente que Wardes estaba en peores condiciones. Sin embargo, en menos de un minuto yo había utilizado cinco conjuros, lo cual era una cantidad significativa en comparación a lo que estaba acostumbrado.
Aguantó mucho mejor de lo que pensé.
Él había chocado contra una pared de piedra, sido golpeado por un conjuro Repulsión y recibido un puñetazo directo en el estómago de mi parte tras haberlo potenciado con dos hechizos. Yo había esperado que se encontrara en peores condiciones tras ese daño recibido.
— Los trucos no se te acaban, ¿verdad, Gandalfr? — Preguntó Wardes tras lograr levantarse.
No le respondí.
— ¿Puedo preguntarte qué haces aquí?
Simplemente me quedé quieto para tratar de recuperar el aliento. Estaba reconsiderando las opciones que tenía. Eso era algo normal, pues Wardes había superado mis expectativas en cuanto a su resistencia. Desafortunadamente para mí, él no tenía planeado dejarme descansar. Luego de dar un fuero impulso, Wardes se lanzó hacia mí.
Tan sólo se necesitaron unos segundos para notar la desventaja en la que estaba. Lo único que podía hacer era defenderme. Hubo un par de ocasiones en las que pude intentar atacar al vizconde, pero me vi impedido de hacerlo. No por falta de reacción o de velocidad, sino por una persistente duda, una duda de la cual Wardes se dio cuenta fácilmente. Una sonrisa de arrogancia se mostró en su rostro.
— ¿Qué sucede, Gandalfr? ¿Miedo de matar a alguien?
Maldición.
Había sido ingenuo. Antes de bajar del Eagle imaginé que podría pelear sin restricciones si me lo proponía, mas ese no fue el caso. Cada vez que me imaginaba a mí mismo atravesando a Wardes con mi espada un escalofrío recorría mi cuerpo y evitaba que me moviera. Realmente había sido ingenuo al pensar que podía acabar con una vida tan fácilmente. Odiaba la idea de morir, pero era demasiado difícil obligarme a matar a alguien.
Maldito.
Lo peor de todo era que Wardes se había dado cuenta.
— Notaste que tu ama estaba en peligro y viniste a ayudarla, ¿no es así? — Dijo Wardes. — Pero lo único que conseguirás es morir junto a ella.
Finalmente usé la parte con filo de Derflinger para atacar a Wardes. Lamentablemente, fue un ataque sin fuerza, por lo que él no tuvo problema alguno en bloquear a Derflinger. El vizconde entonces tomó algo de distancia para posteriormente utilizar su magia para elevarse en el aire. Wardes recitó un conjuro a toda velocidad y tras liberarlo, una poderosa ráfaga de viento se dirigió hacia mí. Por simple reflejo activé Cañón de aire para retrasar su conjuro y así tener tiempo de moverme. Sin embargo, el choque entre ambos hechizos no duró ni un segundo. Al verme completamente superado, fui mandado a volar contra la pared por el ataque de Wardes.
Demasiado fuerte…
Tras nuestro duelo supuse que no podría vencer a Wardes en un combate directo y lo que acababa de suceder sólo había confirmado mi sospecha. La única oportunidad que se me podía ocurrir para derrotarlo era utilizar Teletransportación y acabarlo de inmediato. Desafortunadamente, dudaba mucho que pudiera lograrlo. Wardes no era ingenuo y apenas desapareciera, él estaría completamente atento a su alrededor. Y lo peor de todo era lo que él problema del cual él ya se había dado cuenta, mi falta de voluntad para obligarme a matarlo. No podía hacerme a la idea de acabar con una vida, al menos no en una situación tan repentina.
Pero eso no importa. Pensé a la vez que me levantaba.
No obstante, no tenía planeado vencerlo, sino escapar junto a Louise. El preparativo principal para ello estaba listo. Lo único que necesitaba era crear una situación ideal para poder lograrlo. La resistencia que mostró Wardes provocó que desechara lo que había planeado, por lo que debía resistir hasta que se me ocurriera algo más.
Debe haber algo que pueda hacer, pero…
— ¡Compañero, logré acordarme!
El repentino grito de Derflinger provocó que me sobresaltara.
— ¿Acordarte? ¿De qué?
— Fue hace tanto tiempo que ya se me había olvidado. Ah… qué recuerdos.
— Habla rápido o cállate. Este no es el momento para parlotear.
Wardes volvió a repetir el último conjuro que utilizo, pero a diferencia de la vez anterior, la distancia entre nosotros me dio el tiempo suficiente para moverme a tiempo. Tras activar Aumento de fuerza di un salto en diagonal hacia adelante. Estar arrinconado contra la pared era algo que quería evitar.
— Le mostraré a todos los genial que soy y a partir de ahora nadie podrá ignorarme. — Dijo Derflinger para después comenzar a brillar.
Esta espada se volvió loca.
— Compañero, no lo esquives. Úsame a mí para protegerte.
— ¿Qué?
El vizconde empezó a recitar el hechizo por tercera vez.
— Confía en mí.
Otra poderosa ráfaga de viento se dirigió hacia mí.
— ¡Sólo hazlo!
Más te vale no equivocarte. Pensé a la vez que moví a Derflinger para bloquear el conjuro.
Lo que ocurrió me dejó completamente asombrado. El poderoso viento que amenazaba con hacerme chocar contra la pared fue absorbido por Derflinger en tan sólo un instante. Acto seguido, el brillo que desprendía la espada se intensificó. El vizconde tampoco pudo ocultar su sorpresa por lo ocurrido.
— Derflinger, tú…
— Este es mi verdadero poder, compañero. Yo soy la pesadilla de toda la magia. Yo soy el gran Derflinger, la mano izquierda de Gandalfr.
El rostro de Wardes adquirió mayor seriedad.
— Al parecer no eres un arma ordinaria. — Dijo el vizconde. — Supongo que no puedo seguir tomando esto a la ligera.
Tras decir esas palabras, Wardes comenzó a recitar un conjuro diferente. Una vez terminó el encantamiento, cuatro copias de Wardes aparecieron de la nada. En total había cinco enemigos frente a mí.
— Solo para que lo sepas, no son simples espejismos. Estas copias no sólo son iguales entre sí, también tienen la misma fuerza que yo.
Y justo cuando pensé que las cosas iban a ser más fáciles.
Entonces, una de las copias de Wardes sacó una máscara de color blanco, la cual no tardó en colocarse. No tardé mucho en entender que el enmascaro que nos había atacado fue tan sólo una de las copias de Wardes.
Al instante siguiente, uno de los Wardes se dirigió hacia mí a la vez que recitó un hechizo, con el cual generó un remolino que rodeó su espada. Pude reaccionar a tiempo para bloquear el ataque, pero al segundo siguiente de hacerlo noté a una segunda copia acercándose a mí para tratar de atravesar mi cabeza con su varita. Ocupado ya con uno de los clones, supe de inmediato que no podía detener ese ataque de manera normal.
La espada se acercó peligrosamente a mí, mas no llegó a hacer contacto conmigo. Con algo de dificultad por estar sujetando a Derflinger activé dos hechizos de Parálisis. Aprovechando el tiempo conseguido me liberé del forcejeo con la primera copia.
Si es un clon…
Con enorme rapidez moví a Derflinger y atravesé el pecho del primer Wardes que fue a atacarme. Si de algo podía estar seguro era que ese no era el verdadero vizconde, por lo que atacarlo fue algo que pude permitirme hacer. No obstante, eso no evitó que una sensación incómoda recorriera mi cuerpo tras atravesarlo con la espada.
Apenas vi como el primer clon desapareció, empecé a voltear con la intención de atacar al segundo. Lamentablemente, no fui capaz de hacerlo. Para mi gran sorpresa el efecto de Parálisis se había desvanecido. Sin el tiempo necesario para girar por completo, lo único que pude conseguir fue mover mi cabeza para evadir el ataque. Acto seguido, di un fuerte salto hacia atrás para alejarme.
Duró demasiado poco.
Parálisis había durado mucho menos de lo que pensé. Había aplicado un poco más de la energía normal, pero incluso así no fue suficiente. La duración del conjuro podía verse fuertemente influenciada por la diferencia entre la energía rúnica que había entre dos magos. Con ello en consideración, concluí de inmediato que la magia de los nobles también tenía ese mismo efecto.
Maldición, si hubiera podido eliminar a uno más… Supongo que no queda de otra más que intentarlo ahora.
Decidí intentar cansar a Wardes para poder escapar. No obstante, a pesar de la recién descubierta habilidad de Derflinger, eso ya no era algo viable. Las copias del vizconde habían complicado demasiado la situación y por temor a que las cosas empeoraran incluso más, decidí que lo único que me quedaba por hacer era intentar escapar. El hechizo principal estaba listo, pero necesitaba algo más en lo que pudiera apoyarme. De otro modo no sería capaz de distraer a Wardes el tiempo necesario.
¿Qué hechizo debería…?
— Lo admito, es una lástima que no conversara contigo luego del duelo. Me habría ahorrado muchas molestias de haberlo hecho.
Los cuatro Wardes restantes se colocaron uno al lado del otro.
— Sin embargo, tu rostro lo dice todo. Te estás quedando sin opciones, ¿no es así?
Chasqueé mi lengua al escucharlo.
Apenas terminé ese breve pensamiento, dos de los Wardes se impulsaron hacia mí. Sin posibilidad de bloquear esos dos ataques a la vez, activé Prisión de agua sobre mí mismo para crear un escudo improvisado. El hechizo logró contener ambas espadas, pero lamentablemente para mí, el asalto no acabó ahí. Los dos Wardes inmediatamente usaron un conjuro sobre sus espadas para posteriormente volver a atacar La esfera de agua, no pudiendo resistir el nuevo embiste, se reventó. Sin embargo, al anticipar ese resultado, activé otro Aumento de fuerza para impulsarme a toda velocidad hacia atrás. Finalmente, me detuve a menos de un metro del agujero que hice al llegar.
No hay de otra. Ya pensaré en algo después.
Los cuatro Wardes comenzaron a acercarse. Apenas noté eso, hice una señal con mi mano y activé el papel rúnico que había pegado a la pared antes de pelear. Inmediatamente después, aparecieron a mi lado el mismo número de copias que creé en el duelo contra Guiche. Al principio me sorprendí por haber generado tan sólo tres copias, pero no tardé más que un instante en tender el motivo de ello.
Ya veo. No es que no sea útil, pero… Pensé mientras jadeaba.
Luego de voltear para ver a Wardes, me di cuenta que él no se encontraba sorprendido.
— Así que esas con las copias que usaste en el duelo con De Gramont.
— ¿Las conocías?
— Desafortunadamente para ti, sí tuve la oportunidad de conversar con él y me contó sobre el duelo que tuvieron.
Wardes no sólo había escuchado sobre los conjuros que utilicé en ese duelo, sino también del modo en el que los usaba. No fue raro que se enterara, pues le conté sobre los papeles rúnicos a Guiche la noche que llegamos al puerto. De hecho, ya que no tenía conocimiento sobre los conjuros libres, supuso que había ocultado varios papeles rúnicos en la capilla y que por ello podía utilizar magia constantemente.
— Además, no creo que esté mal al suponer que en ese duelo usaste por primera vez el poder de Gandalfr. Que pasaras de tener problemas esquivando sus golems a moverte tan rápido que desaparecías de su vista es prueba suficiente.
Los cuatro Wardes se juntaron para atacar a la vez.
— En este pelea mostraste muchos trucos que no conocía, pero este no es uno de ellos. De hecho, por lo que él pudo notar, esas no son más que ilusiones, ¿no es así?
Enseguida, los cuatro Wardes se lanzaron contra mí. El plan que tenía en mente el vizconde era simple, cada copia suya atacaría a un objetivo. Una vez me ubicara, él planeaba rodearme junto con sus clones. No obstante, las cosas no salieron como él lo esperaba. Dentro de la capilla se pudo escuchar el sonido de cuatro pares de espadas chocando entre sí.
En fin, supongo que me las tendré que arreglar con esto.
Antes de activar Ilusión pensé que gracias a los nuevos papeles rúnicos generaría una cantidad enorme de copias. Fue por eso que por un breve instante sentí algo de temor al ver que sólo había creado tres copias. El plan de aprovechar el desconcierto de Wardes para con Louise ya no podía ser ejecutado. Además, por un momento imaginé que el hechizo había sido un fracaso. Sin embargo, tras concluir la verdadera mejora del conjuro ese temor se desvaneció. Cabe mencionar que mi preocupación seguía presente, pues a pesar de equilibrar parcialmente la balanza, estaba consciente que todavía me encontraba en desventaja.
Wardes se recompuso rápidamente de su sorpresa y prosiguió la pelea. Cada copia mía se las estaba arreglando para mantener a raya a su oponente. El tamaño de Derflinger era útil para bloquear la mayoría de ataques sin necesidad de hacer grande movimientos, además su capacidad para absorber los hechizos que el vizconde o uno de sus clones utilizaba también era extremadamente útil. Lamentablemente, ninguno de esos dos factores me ayudó a dominar la pelea. Nuevamente, ni yo ni mis copias teníamos oportunidad para atacar. Y lo que era peor, estábamos llegando a nuestro límite.
¿De qué manera puedo terminar con esto?
Ciertamente podía utilizar otro conjuro, pero estaba dudando sobre si sería realmente una buena idea. Había usado demasiados papeles rúnicos en un tiempo muy corto, mis jadeos era la prueba de ello. Además, aunque Wardes no lo supiera, mi cuerpo comenzaba a ser más difícil de mover. Si activara otro papel rúnico mis clones también se verían afectados por el gasto de energía. Incluso si yo pudiera derrotar a mi oponente, el repentino agotamiento podría provocar que mis copias fueran derrotadas.
¿Cuatro hechizos simultáneos?
Mis copias pensaban de la misma manera que yo y apenas tuvimos esa idea la descartamos al segundo siguiente. Aunque era posible de hacer, era demasiado arriesgado. El gasto de energía podría ser demasiado. Por último, sumado a esos problemas, todavía estaba el constante problema de tener la voluntad de matar.
Quizás.
Me estaba sintiendo acorralado.
Quizás si fuera sólo yo.
Con prácticamente ninguna opción, empecé a considerar la posibilidad de dejar a Louise atrás. Lo que había planeado con anterioridad ya no era sería posible. El agotamiento ya era imposible de ignorar. Por último, yo y cada una de mis copias teníamos al menos cinco cortes causados por ataques que no pudimos bloquear por completo. Era obvio que sólo era cuestión de tiempo para que fuera derrotado.
No parece haber otra forma. Pensé a la vez que bloqueada un nuevo ataque. Lo siento, pero…
Inconscientemente miré de reojo a cierta dirección y tras hacerlo, noté algo que llamó bastante mi atención. Louise todavía no había conseguido pararse, pero sí logró recuperar suficiente fuerza para alcanzar su varita y alzarla. Tras recitar un hechizo, una explosión impactó directamente a la copia de Wardes contra la que estaba forcejeando, la cual desapareció al instante siguiente.
Incluso ahora…
A pesar de no estar en condiciones de pelear, ella no dudó en ayudarme. En ese momento ella no tenía manera de defenderse, por lo que llamar la atención de Wardes incluso podía ser considerado un suicidio en su situación. De hecho, lo que ocurrió después fue lo más evidente. Tras tomar en cuenta la copia que había sido derrotada y una posible nueva intervención de Louise, el vizconde supo lo que debía hacer. A diferencia de mí o de mis clones, Louise no sólo era un objetivo mucho más fácil de eliminar, sino también una potencial amenaza debido a la posición en la que estaba.
Los tres Wardes restantes se separaron de mis copias y se dirigieron de inmediato hacia Louise para atacarla. Mis clones reaccionaron rápido y no sólo lograron interceptar a dos Wardes, sino que también consiguieron derribarlos con una embestida. Por desgracia, el Wardes restante, quien ya había recitado un conjuro sobre su espada, logró esquivar la copia que planeaba atacarlo y posicionarse a tan sólo unos metros de Louise.
Comencé a correr, pero era obvio que no llegaría a tiempo. Louise, por su parte, comenzó a recitar un hechizo, pero era imposible que pudiese terminarlo a tiempo. Lo único que pude hacer fue ver como Wardes se acercaba más y más a la estudiante.
Maldición.
No hubo otra opción. Sin posibilidad de alcanzar a Wardes por un medio normal, mi copia que se encontraba libre activó un nuevo hechizo libre, Teletransportación. Wardes posicionó su espada para darle una estocada a Louise. Sin embargo, de un momento a otro, frente a él apareció un clon que colocó su arma de la forma indicada para hacer lo mismo. Ambos cuerpos fueron atravesados y al instante siguiente, desaparecieron.
Bueno eso fue útil, pero…
Al no poseer la voluntad suficiente para hacer un ataque letal, la situación había sido completamente ideal. Ambas estocadas se produjeron al instante siguiente de la teletransportación, por lo que mi copia ni siquiera tuvo tiempo de dudar respecto al riesgo de terminar con una vida. De hecho, de cierta manera me lamenté que no haya sido el verdadero Wardes el que atacara, pues no creí que una situación similar se repitiera.
Tragué saliva lentamente.
Además, había otros dos problemas. El primero de ellos era que mi cuerpo ya estaba por ceder. Usar Teletransportación había ocasionado que yo y mis copias nos debilitáramos incluso más. Por otro lado, Wardes ya había visto el conjuro Teletransportación, por lo que tomarlo por sorpresa ya no sería posible.
Como sea.
Tal y como hice al inicio de la pelea, me lancé al ataque. Me quedaban dos clones, mientras que Wardes sólo tenía uno. Además, tenía a Louise como apoyo. No obstante, estaba seguro que no podría ignorar el cansancio por mucho más tiempo. Tomando eso en cuenta, supe que necesitaba acabar con la pelea lo más pronto posible.
Corrí junto a mi clon más cercano para apoyarlo. Al llegar, nuestro oponente se vio abrumado, pero eso apenas duró un breve instante. El Wardes contra el que peleábamos, al darse cuenta de que nuestros ataques carecían de fuerza, decidió ir a la ofensiva y tras bloquear un ataque de mi copia, aprovechó para derribarme con una patada. Mi clon, viéndose en desventaja, se vio obligado a activar Aumento de fuerza para mantener a Wardes a raya. Inmediatamente comencé a levantarme, pero antes de lograrlo, algo más ocurrió. En medio del forcejeo que se estaba dando, una explosión impactó contra el Wardes que me había atacado. Una vez más, Louise había liberado el hechizo que recitó antes para ayudarme.
Una vez el Wardes que fue golpeado por la explosión desapareció, mi clon comenzó a correr hacia el verdadero vizconde. Tras ponerme de pie intenté seguirlo, pero no pude lograrlo. Sólo conseguí dar un par de pasos antes de que mis piernas dejaran de responderme. Tras ello, caí de rodillas.
Maldición… no ahora.
Necesité de unos segundos para recuperar la movilidad de mis piernas. Luego de ello, comencé a moverme nuevamente para apoyar a mis copias, pero ya era demasiado tarde. Logré ponerme de pie justo en el momento en que el verdadero Wardes acabó con mis dos clones, los cuales sucumbieron ante el agotamiento. Una vez mis copias desaparecieron, el caballero volteo a verme.
— Debo felicitarte. — Dijo Wardes mientras jadeaba. — Realmente diste una buena lucha.
Observé detenidamente el cuerpo de Wardes. Ciertamente había eliminado a mis clones rápidamente, pero no logró salir ileso del enfrentamiento. Al parecer uno de mis clones había conseguido el valor para atacar a Wardes con el filo de su espada. El caballero, al no esperar eso, fue lastimado de gravedad. A simple visto se podía saber que el profundo corte en su pierna derecha, el cual estaba derramando una cantidad considerable de sangre, le haría difícil moverse.
— Pero esto se acaba aquí. — Terminó de decir el vizconde.
A pesar de tratar de sonar intimidante, Wardes ya no generaba la misma aura de peligrosidad que al inicio del combate. Además del corte en su pierna, seguía lastimado por los golpes que había recibido de mi parte y, al igual que yo, había utilizado una gran cantidad de hechizos. Era imposible que no estuviera agotado.
Esto es malo.
Sin embargo, incluso con todo el daño recibido, la balanza no estaba completamente a nuestro favor. A diferencia de mí, Wardes era un caballero que había peleado durante gran parte de su vida. Y mientras él había arriesgado su vida durante todo ese tiempo, yo no había participado más que en duelos rigurosamente controlados para evitar resultados fatales. Fue ese el factor por el cual Wardes podía hacer lo que yo no, atacar sin el temor de acabar con un vida.
— Para ganar… — Empecé a murmurar.
— Debes dejar de dudar, compañero. — Dijo Derflinger.
— Lo sé, pero…
— No saldrás vivo de esto si no atacas con la intención de matar. Sé que no puedes acostumbrarte a la idea, pero no te queda de otra.
Di un muy hondo respiro.
Si mi clon pude hacerlo… Me las arreglaré de una u otra forma.. Ahora bien…
Necesitaba una forma de hacer un ataque definitivo. Tenía una idea en mente, pero no estaba totalmente seguro de que funcionaría.
No bastará con uno, ni siquiera con dos.
Me encontraba cansado y dudaba seriamente que pudiera seguir moviéndome si utilizaba muchos más conjuros. Sin embargo, no había otra opción. Usar solamente Teletransportación no bastaría, estaba seguro de eso. Mientras estaba pensando en eso, Louise, quien había conseguido la fuerza para levantarse, se colocó a mi lado. Con su varita en mano, ella empezó a recitar un hechizo.
Depende de ti.
En un enfrentamiento uno a uno ella no tendría oportunidad de ganarle a Wardes. No obstante, ella no necesitaba vencerlo, sólo generar una oportunidad que yo pudiera aprovechar. Fijé nuevamente mi vista en Wardes y esperé lo inevitable.
Louise y Wardes, quienes ya habían terminado de preparar sus conjuros, se miraron fijamente durante unos segundos. Entonces, al mismo tiempo, ambos liberaron sus ataques. Una ráfaga de aire no tardó en llegar hasta Louise. No obstante, al ser una ráfaga mucho más débil en comparación a las anteriores, lo único que consiguió fue derribar a Louise. Wardes, por otro lado, fue impactado directamente con una explosión. El vizconde, quien cayó sobre su rodilla, retrocedió un par de metros.
Mi reacción fue inmediata. Una vez el caballero de detuvo, utilicé Teletransportación para aparecer por encima de él. Wardes se dio cuenta de mi desapareció en un instante y comenzó a mirar rápidamente a sus alrededores. El vizconde miró hacia arriba, hacia abajo, a sus costados y detrás de sí; mas no logró encontrarme.
Tras ver la herida de Wardes, supe que el caballero tendría problemas para moverse. Por ello, cuando lo vi caer sobre su rodilla, utilicé un conjuro extra tras teletransportarme, Reducción. Con su pierna lastimada, Wardes no pudo ponerse de pie. Ello, sumado al sombrero que él llevaba, generó un punto ciego que yo no hubiera podido aprovechar de no haber reducido mi tamaño. Finalmente, cuando estuve en el rango adecuado, activé nuevamente Reducción para volver a mi tamaño original.
Demasiado débil.
Haber usado tres hechizos en tan sólo un instante me había debilitado demasiado. Al sentir como mi agarre sobre Derflinger se aflojaba, activé un último conjuro, Aumento de fuerza. Una vez el efecto del conjuro se desvaneciera mi estado sería incluso peor, pero no tenía tiempo para preocuparme de eso. Con la fuerza temporal que adquirí, fortalecí mi agarre sobre mi espada y empecé a moverlo hacia el vizconde. Finalmente, tras ver como mis brazos comenzaron a temblar ligeramente, cerré mis ojos.
Wardes escuchó el sonido de Derflinger cortando el viendo. Lamentablemente para él, su débil cuerpo no lo dejó reaccionar a tiempo. Lo único que pudo hacer fue esperar que mi voluntad no fuera suficiente para asesinarlo, pero fue en vano. Mis ojos estaban cerrados y sin poder ver lo que estaba haciendo, no disminuí la velocidad de mi ataque. El resultado se dio al segundo siguiente. Derflinger cortó el brazo izquierdo de Wardes completamente, pero no tuve la fuerza necesaria para provocar una herida letal en su torso.
Luego de mi ataque, usé lo último de fuerza que me quedó para girar mi cuerpo y caer bocarriba, mientras que Wardes, prácticamente sin más fuerzas, cayó hacia su derecha. Desde el suelo, el caballero comenzó a revolcarse en un vano intento de levantarse.
— Maldita sea… — Escuché murmurar a Wardes.
Había soltado a Derflinger y mi cuerpo prácticamente dejó de responderme. Sin embargo, con extrema dificultad, volteé mi cabeza para ver al caballero. Wardes estaba arrastrándose con el único brazo que le quedaba. Entonces, lo recordé. Moví mis ojos en dirección a la otra persona que se encontraba en la capilla, Louise. A simple vista pude notar que ella estaba exhausta, pero al estar de pie y con su varita en mano, era quien se encontraba en mejores condiciones.
— ¡Louise, acaba con él! — Grité desesperadamente.
Louise dio unos cuantos pasos hacia adelante. Entonces, tras detenerse, levanto su varita lentamente y recitó un hechizo. Luego de unos segundos, una explosión impactó el cuerpo de Wardes, quien no pudo evitar gritar por el dolor. La estudiante no perdió tiempo y sin dudarlo ni un segundo repitió el hechizo tres veces más. Tras cada explosión, la voz de Wardes se tornó más y más débil. Entonces, repentinamente, Wardes comenzó a hablar nuevamente.
— Parece que… sólo pude cumplir uno de mis objetivos.
Por el tono de su voz era obvio que incluso hablar se le estaba dificultando. No obstante, eso no evitó que siguiera haciéndolo.
— Pero no crean que han ganado. No escaparán del ejército de Reconquista. Estoy seguro que ya pueden oírlos.
Wardes tenía razón. A la lejanía, tanto Louise como yo podíamos escuchar el sonido de explosiones y unos pocos gritos de batalla. En medio de esa breve distracción, Wardes recitó un último conjuro. El cuerpo del caballero empezó a flotar y a dirigirse al agujero que yo había hecho al llegar. Louise, tras darse cuenta de eso, recitó un nuevo conjuro para detenerlo, pero, debido a su cansancio, no pudo hacerlo a tiempo. La última explosión de Louise impactó en la pared un segundo después de que Wardes desapareciera de nuestra vista. Luego de unos segundos, ella comenzó a caminar hacia el hoyo por donde había escapado Wardes, pero ya era demasiado tarde. Después de que Louise asomara su cabeza y mirara a los alrededores, ella volteó a mirarme. Finalmente, sacudió su cabeza lentamente de un lado a otro. Él había escapado.
No puede ser.
Quería apretar mi puño, pero incluso eso me era difícil.
¿Gasté demasiados hechizo libres e incluso así escapó?
Louise, entonces, caminó hasta colocarse a mi costado.
— ¿Te encuentras bien?
— No creo poder levantarme sólo.
Al escuchar mi respuesta, Louise se arrodilló junto a mí para ayudarme. Sin embargo, la detuve antes de que lo hiciera.
— Antes de eso pásame a Derflinger. Sin el poder de las runas voy a ser un peso muerto.
Ella giró su cabeza y al ver a la espada extendió su mano para alcanzarla. Sin embargo, antes de entregármela, volteó a mirar al cuerpo de Wales.
— El príncipe…
— No creo que esté vivo. Si lo estuviera, seguramente hubiera intentado ayudarnos.
De repente, Louise se levantó y caminó hacia el cadáver del príncipe. Naturalmente me enfade por ello, pues no sólo no me entregó a Derflinger, sino que ya consideré que estaba gastando tiempo en vano.
— ¿Qué haces? Debemos darnos prisa.
Louise ignoró mis palabras y siguió caminando. Una vez llegó hasta Wales, ella se agachó. Tras mirarlo por unos segundos, ella agarró la mano del príncipe. Su cuerpo no me dejaba ver bien lo que estaba haciendo, pero pude notar como ella guardó algo luego de unos instantes. Finalmente, ella se puso de pie y volvió junto a mí para posteriormente entregarme a Derflinger.
— Gracias. — Dije mientras me levantaba con ayuda de Louise.
Había un poco de molestia en mi tono de voz, pero eso fue algo que Louise no notó.
— Compañero, ¿cuál es el plan? — Preguntó Derflinger.
— Iremos al muelle. Imagino que será uno de los últimos lugares donde llegarán los rebeldes. Una vez ahí nos esconderemos hasta que recupere la fuerza suficiente para lanzar otro hechizo.
— ¿Y luego?
— Saldremos por ahí.
— ¡¿Hablas de saltar?! — Exclamó Louise.
— ¿No recuerdas que puedo volar? Sólo debo activar el hechizo cuando estemos cerca del suelo. Es la única idea que tengo.
Louise asintió luego de unos segundos.
Una vez logré ponerme completamente de pie, me apoyé en Louise y empecé a utilizar a Derflinger como un bastón, ambas cosas con el fin de no caerme nuevamente. Los dos comenzaron a caminar lentamente al hoyo en la pared. No obstante, cuando estábamos a tan sólo un par de metros de llegar, un ruido detrás de nosotros nos hizo voltear. En ese preciso instante, desde el suelo, la cabeza de un animal apareció.
— ¿Ese no es…?
— ¿El familiar de Guiche? — Completó Louise.
El animal salió completamente del suelo y poco después, una persona lo hizo también.
— ¡Verdandi, eres increíble! — Dijo Guiche mientras abrazaba a su familiar.
Tras unos segundos, el mago rubio finalmente se dio cuenta de nosotros. Acto seguido, nos hizo una pregunta.
— ¿Qué hacen aquí?
Justo a tiempo. Pensé mientras el alivió empezó a recorrer mi cuerpo.
— ¡¿Qué es lo que haces tú aquí?! — Exclamó Louise.
— Luego de la batalla contra Fouquet tomamos un descanso y decidimos seguirlos. Después de todo, el honor de la princesa Henrietta depende de esta misión, ¿no?
— ¿Y cómo llegaron aquí? Este lugar está en el cielo.
— Eso fue gracias a Sylphid. — Respondió Kirche quien salió también del agujero. — No sabíamos a donde ir cuando llegamos a Albion, pero cuando Verdandi comenzó a cavar, sólo lo seguimos.
Entonces, el topo se acercó rápidamente a Louise. Una vez llegó hasta ella, el familiar de Guiche comenzó a oler el anillo que Henrietta le había entregado a Louise.
— Como puedes ver, debido a su amor por las joyas, mi lindo Verdandi siguió el olor de ese anillo. Él llegó hasta La Rochelle justamente por ese motivo.
Louise sonrió aliviada.
— Como sea, debemos salir de aquí. El ejército de los rebeldes está a punto de llegar.
— ¿Huir? ¿Qué sucede con la misión y dónde está el vizconde Wardes? — Preguntó Kirche.
— Ya tenemos la carta. Wardes era un traidor.
— No termino de entender, pero está bien. Salgamos de aquí. — Dijo la pelirroja.
Guiche, quien finalmente se dio cuenta de mi estado, camino hacia mí para poder ayudarme.
— Gracias. — Le dije a Guiche.
Él simplemente sonrió en respuesta. Con ayuda de Guiche no tuve muchos problemas para descender por el agujero. Finalmente, Louise, quien fue la última persona en bajar, tapó el hoyo con uno de los grandes recuadros que estaban colgados en la pared.
…
— Por favor, intenta soportarlo, mi lindo Verdandi. Solo será hasta que lleguemos a Tristain.
Cuando salimos del agujero, lo único que podíamos ver eran nubes y a una chica montando un dragón. Tabitha y Sylphid estaban esperándonos ahí. Sin perder tiempo, todos subimos al familiar de Tabitha, con una única excepción, Verdandi. El familiar de Guiche, en cambio, fue sujetado por la boca del dragón. Inmediatamente después, el topo dejó escapar lo que parecía un grito de protesta, por lo que Guiche intento calmarlo con sus palabras.
No le presté mayor atención a ese pequeño alboroto. Me encontraba totalmente exhausto, por lo que mover mi cuerpo era bastante difícil. Jamás en mi vida pensé que quedaría en un estado siquiera similar. De hecho, todo el mal humor que tuve se desvaneció debido a mi agotamiento. De cierta forma, estaba demasiado cansado como para estar enojado.
Ahora mismo… sólo quiero descansar.
— Gracias por salvarme. — Escuché susurrar a Louise de repente.
Miré de reojo a Louise tras oírla hablar. Mientras la miraba, una sensación de tranquilidad empezó a crecer lentamente en mi cuerpo. No pude evitar sentirme feliz al saber que ambos finalmente estábamos sanos y salvos.
— Gracias a ti también por haberme ayudado. — Respondí.
Tras dar un último suspiro de alivio, cerré mis ojos para descansar. Debido al enorme cansancio, no tardé más que unos segundos en quedarme dormido. Entonces, lentamente, mi cuerpo se deslizó lo suficiente para quedarme a la altura de Louise. Posteriormente, recosté mi cabeza sobre su hombro. Tras sentirme al lado suyo, ella giró levemente su cabeza parar poder mirarme, lo cual hizo durante un largo tiempo. Mientras me veía, por su mente pasaron todas las cosas que debía informarle a Henrietta: La traición de Wardes, la muerte del príncipe y la victoria de Reconquista. No obstante, con el pasar de los segundos, todas esas preocupaciones se desvanecieron y fueron reemplazadas por otra emoción. Una cálida sensación en su pecho no tardó en aparecer. Finalmente, Louise también cedió ante el cansancio y apoyó su cabeza sobre la mí. Momentos después, se quedó dormida.
Listo, volumen dos de la novela ligera cubierto. Ahora las cosas que tengo para decir:
1. Hubo momento en los que iba a cambiar todo y hacer que Aztor abandonara a Louise. La idea pasó muchas veces por mi cabeza al hacer el capítulo once y de hecho escribí algunos párrafos con eso, pero al final todo siguió como lo leyeron aquí.
2. ¿Saben? En la novela Saito tuvo un power up causado por el poder del amor en esta pelea. Obviamente no se lo podía dar a Aztor y de hecho no pienso dárselo en ningún capítulo cercano. Razones sobran. xD
3. Al fin pude dejar a Aztor hecho ******. Quería una pelea como esta para más o menos mostrar su límite y aquí está. Es cierto que Louise tuvo que ayudarlo para ganar, pero igual sirvió.
4. Ya en capítulos posteriores terminaré de explicar la magia de Aztor. Faltan detalles por aquí y por allá, como por ejemplo el rango en el que puede ser lanzado cada hechizo.
5. Ya desde el siguiente capítulo empiezo a tocar el tema que quería. Ojalá me salga bien, porque si bien tengo la resolución clara, ando medio atascado en el capítulo catorce. xD
6. Como dato, a veces siento que hubiera sido mejor escribir la novela en tercera persona para así tocar apropiadamente los pensamientos de Louise, pero a estas alturas... Bien, eso sería todo por ahora.
[Reescrito: 12/09/2018: Me alegro haber reescrito este capítulo. Me sentía totalmente insatisfecho cada vez que leía la versión anterior.]
Gracias por leer.
