Regálame cincuenta primaveras
10
Kotoko repitió la frase de Kin-chan en su cabeza. A pesar de todo lo que se había dicho, la curiosidad nata del ser humano la tentaba a escuchar lo que tuviese por contar. Y él lo hacía de buena gana.
Intrigada, para no parecer muy entusiasta, lentamente se giró para verlo. Kin-chan sostenía el cuello del peluche como si quisiera ahogarlo.
Ella movió la cabeza de arriba abajo casi con temor.
—Le dije que me gustas.
Tensó su cuerpo. No se había equivocado asumiéndolo.
Él se acercó extendiendo el peluche. —Kin-chan.
—Sé que no te gusto, pero no quiero rendirme. Si me das una oportunidad, podrías enamorarte de mí. Y yo también podría hacerlo, eres bonita, divertida y amable, no te importó volverte amiga de unos tontos del F, sería feliz si fueras mi novia. Te trataría bien.
No podía mentir, se sintió halagada de que la tuviera en alta estima, y hasta de recibir la primera confesión de su vida. De cualquier forma, su corazón ni su mente le animaron; además de ser muy pronto, tenía la sospecha que nunca lo vería más que como un amigo.
—Kin-chan, una chica sería afortunada de ser tu novi…
Abrió los ojos al sentir una presión sobre los dientes.
Él se apartó veloz, tocándose la boca. —¡Rayos! No debí hacerlo, escuché que me decías que serías afortunada y yo…
Se frotó la dentadura frontal, sorprendida e indignada a partes iguales.
—¿Qué te pasa, Kin-chan? No vuelvas a hacer algo así —exigió arrugando la nariz. Gruñó. —No estaba aceptando. —Miró al cielo contando hasta diez, antes de gritar enloquecida. —Decía que otra chica se sentiría afortunada de tenerte como novio —masculló un poco malhumorada, esforzándose por tener tacto.
—Oh…
—No debiste tratar de besarme. Solo podrías hacerlo cuando tengas tiempo con una novia y con más cuidado. —Suspiró—. No puedo darte una oportunidad, Kin-chan. No quiero darte falsas esperanzas… me gusta alguien más.
—Quería intentarlo, lo siento. Pensé que lograría algo. Me siento terrible. ¡No me odies! —Él se mesó el cabello. —Entiendo, aunque no le sienta bien a mi ego. Eres la primera chica que me gusta de veras y no sabía cómo comportarme. Gracias por ser sincera.
—Lamento no corresponder tus sentimientos, no puedo decirte qué sentir, pero yo llevo enamorada mucho tiempo de alguien más y es tonto de mi parte decirlo, pero encontrarás a alguien para ti.
—Seguro.
—Entenderé si no quieres que…
—No te equivoques —interrumpió él—, no me has roto el corazón ni nada de eso. Solo me has gustado tres semanas y me confesé porque quería. Gracias, Kotoko; al menos pude confesarme. Yo… Podemos seguir siendo amigos.
—¿Estará bien para ti?
—Sí, después de todo, no puedo competir con él, ¿no crees? —Él rió divertido. —Bueno, ya estás en casa, hasta luego.
Kin-chan corrió el camino de vuelta sin darle oportunidad de preguntarle si sabía quién era él, así que no le quedó de otra más que terminar de llegar a casa. Iba sorprendida de dar un rechazo, y se preguntaba cómo lo haría alguien que recibía confesiones continuamente; a ella le dejaba una sensación incómoda por la otra persona, preocupándose de sus sentimientos.
Quizá, multiplicado por dos o tres, era eso lo que sentía Naoki con ella… si bien no había sido muy empático con ella al rechazarla. Hubo poca consideración en sus palabras. Pensándolo bien, pese a ser su mejor amigo, fue muy…
—¡Kotoko-chan! ¿Has venido sola! —La voz de Noriko-san a lo alto de las escaleras de entrada le interrumpió sus pensamientos confusos. —Estábamos viendo las noticias y una joven denunció a un pervertido de por aquí. —Continuó su tía mientras subía hasta ella. —Es tan grotesco, es un exhibicionista; ella regresaba de la universidad y un hombre se bajó los pantalones cuando pasó cerca.
—¿De verdad! —exclamó horrorizada, entrando a casa con premura. —¡Vaya! Qué bueno que me acompañó un amigo. Pobre chica.
—Sí, es una suerte. Onii-chan no vio nada sospechoso allá afuera, pero él se habría cruzado contigo y habría evitado que te hicieran eso. Espero que lo atrapen pronto.
—Yo también lo espero. Emm…
Su tía prosiguió. —La próxima vez que vengas muy tarde y estás sola, procura decirle a onii-chan, para que vaya por ti y no circules desprotegida de ese hombre. ¡Antes no pasaban cosas así!
—Oba-sama —aprovechó que tomaba un respiro—, ¿has dicho que Naoki salió? Supongo que ya regresó.
—Oh, sí, me extraña que no se encontraran. Él está arriba, estudiando como siempre. Los demás estamos en viendo la televisión. ¿Te unirás a nosotros?
—También subiré —dijo antes de que la charla continuara.
Se apresuró al piso de arriba. Acudió a su habitación por un cuaderno y salió de ella para ir al dormitorio continuo. Frente a la puerta se detuvo y tomó una bocanada de aire. Empezaría poco a poco a reconstruir lo que se podía.
Llamó a la puerta con dos golpes y a los pocos segundos la voz grave de Naoki le permitió pasar.
Cuando estuvo dentro no hizo ningún ruido, así que él se volvió y la miró con una ceja enarcada.
Ella le mostró su cuaderno de física. —¿Tienes tiempo para una revisión? —articuló con voz titubeante.
Sin palabras, Naoki le hizo un gesto para acercarse. Después cogió el cuaderno de su mano y comenzó a leerlo concentrado.
Ella se sentó en la cama de Yuuki, viendo el bote de basura junto al escritorio, abriendo la boca sorprendida al reparar que dentro había una caja de sus chocolates preferidos, de los que seguramente el pequeño no le invitó cuando comió. Ni siquiera eran los favoritos de él, y la había visto tan decaída que el dulce habría sido estupendo para ella.
Para no caer en la indignación, desvió la mirada y posó sus ojos más arriba, encontrando un portarretrato con la fotografía de ellos dos en su primer día de preparatoria. Difícilmente, él había accedido a que ella se colgara de su brazo en público, pero lo hizo para esa fotografía frente a un árbol de cerezo de la escuela. No sonreía, solo veía a la cámara tranquilamente; ella, al contrario, tenía ojos y sonrisa brillantes, saludando con la mano libre.
Irónicamente, la fotografía fue hecha antes de que se diera cuenta de que estaba enamorada.
—¿Oba-sama hizo que la pusieras en tu escritorio? —inquirió a los pocos minutos, señalando el portarretrato, que antes no había estado ahí.
Él bufó y cerró el cuaderno con un golpe seco.
—Naoki…
—Listo, ya puedes irte.
Suspirando, se puso en pie y cogió su tarea; caminó a la puerta arrastrando los pies.
Frenó su cuerpo antes de salir. Había una cosa que podía decir para normalizar su relación.
—Naoki-kun, ¿regálame cincuenta primaveras?
Él bajó la mirada, para después darle la espalda. —No estoy seguro de que las quieras —susurró.
Pestañeó como en un trance.
Luego simplemente se fue, porque la voz no le funcionó.
[…]
Estando en cama, Kotoko llegó a la conclusión de que Naoki dijo eso porque creía que, al no corresponderle, en el fondo no deseaba pasar más con él y preguntaba por costumbre.
La cuestión es que había pronunciado esas palabras para hacerle ver que quería dar pequeños pasos para que volvieran a ser grandes amigos. Tal vez lo más apropiado sería decirle que olvidara la declaración de que le quería, es decir, que estaba enamorada de él, porque deseaba que su relación se mantuviera.
Expondría el hecho de que su comportamiento no era muy cómodo y que podían trabajar para acostumbrarse de nuevo a la presencia del otro, sin el enamoramiento de por medio. Le diría que había estado ahí antes de que lo confesara, y no había hecho la diferencia. Resaltaría lo positivo, y eso era que ya no tendrían ningún secreto de por medio; no salía con Kin-chan ni lo haría nunca.
Tampoco tendría que pensar en que la hería, ella podía manejar sus sentimientos por su cuenta.
Sonaba magnífico, cierto, aunque no significaba que era imposible. Las metas importantes tomaban su tiempo y el corazón no era como un interruptor de luz que se podía apagar y encender a su antojo. Tendría sus bajas y altas, como alguien normal, pero al menos la verdad había salido a la luz… y, como decía Watanabe, era lo mejor. No le había dado los resultados que quería, por supuesto, solo que su sufrimiento no era por las dudas, sino un acontecimiento real.
Sonrió apesadumbrada. Esperaba que realmente funcionara lo que quería.
Con ese pensamiento, finalmente su cuerpo se relajó y se preparó para dormir.
Volvió a abrir los ojos al escuchar las bisagras de su puerta, que gritaban por aceite. No vio nada, porque su habitación estaba a oscuras, pero una calma en su pecho le detuvo de encender la lámpara junto a su cama, ni siquiera al oír el ruido de una respiración diferente a la suya.
Tranquila, esperó con los ojos cerrados, y luego sintió un conocido olor a madera muy cerca de ella. A eso siguió una caricia en sus cabellos y un soplo de aire muy cerca de sus ojos. Sonriendo, sintió la presión de dos labios en su frente, cariñosos. —¿Por qué tú no me…?
Antes de que su mejor amigo se alejara, estiró su mano… pero se encontró con un espacio vacío.
Levantó los párpados y gimió en voz alta, viendo que le alumbraba la luz del día. Junto al olor del desayuno.
Dando pataleos en la cama se tocó la frente, fría. Su inconsciente era malvado con ella.
Había sido otro sueño.
[…]
En la primera parte del sábado, Kotoko hizo muy bien en disimular lo irritable que se sentía de fantasear como si fuese real. El término correcto era alucinar, nada más que le parecía muy ofensivo a algo que en el fondo le gustaba.
Su mente le daba ánimos a su propio modo. Era una señal de que, si cumplía con su resolución de la noche, obtendría buenos resultados.
Era ilusa de nuevo, porque no tenía garantías, pero funcionaba.
A media tarde se encaminó a hablar con su amigo, bien decidida. Después de nueve días no había llorado —aun—, por lo que, junto a su sueño, parecía un buen augurio. Naoki estaba en su habitación, y tuvo suerte de que Yuuki salía cuando se plantó enfrente. Con una mirada extraña él se hizo a un lado, dejándola pasar.
Se sorprendió de ver a su mejor amigo recostado en la cama, sobre las sábanas, con el antebrazo apoyado a la frente.
—Naoki —corrió a su lado—, ¿estás bien?
Él movió su brazo y la miró con el ceño fruncido.
—Me duele la cabeza. ¿Qué quieres?
Se le hizo extraño que tuviera una dolencia, pensó al tiempo que negaba. —¿Quieres que te haga un té? ¿O busco una pastilla?
—No, quiero estar solo.
Ella se apoyó en la cama y colocó los dedos en sus sienes, empezando a darle un masaje.
—Kotoko, lo estás empeorando. Sal, por favor. —Él se giró a su costado y le dio la espalda.
Preocupada, salió de la habitación y corrió a la cocina, apurándose a preparar un té de hierba de limón con miel, que le llevó una vez que estuvo preparado.
Sin embargo, al volver a su habitación le encontró dormido.
Con un suspiro, depositó la taza en el escritorio y miró un momento la fotografía antes de abandonar el dormitorio.
[…]
El domingo, la historia fue similar, llevándolas a ella y Noriko-san a preocuparse, porque Naoki rara vez se enfermaba —aparte de las notables ocasiones en que ella era la causante.
Kotoko no sabía cómo ayudarlo, y se sentía impotente. Era un estado normal para la población, pero no para él. Y aunque no fuera su obligación, quería ayudarlo.
Con ello en mente, entró escurridiza a su habitación mientras él descansaba. Llevaba consigo un termómetro, un recipiente de agua fría con unas gotas de una esencia medicinal que le dio su tía y una toalla, para comprobar que no tuviese temperatura y usar otro remedio casero además de los tés que había bebido.
Él estaba con los ojos cerrados y una expresión contraída en el rostro; sus labios y frente los tenía muy fruncidos.
—Naoki —susurró al estar a su lado. Le tocó el hombro para llamar su atención y sintió que estaba tenso, pero no caliente.
Al no obtener respuesta, introdujo la toalla en el agua fría, la dejó humedecerse y la exprimió, para después colocarla en la frente de Naoki. Él la recibió con un escalofrío, cogiendo su muñeca.
—No tienes que hacer esto —musitó él con voz hosca, sin abrir los ojos. —No es tu lugar.
Contuvo una sonrisa triste. —No hay nada de malo en hacerlo.
—Eso es lo que piensas tú… pero, gracias —respondió Naoki en un murmullo. —Ya puedo encargarme yo.
Cerró los ojos un segundo y asintió sin que le viera. Sin embargo, tomó asiento en la silla del escritorio, cogiendo el portarretrato en sus manos. Se moría por decirle lo que quería, pero no era el mejor momento.
En el transcurso de la siguiente hora le escuchó humedecer el paño unas cuantas veces más, aunque luego la habitación se quedó en silencio, dejando pasar otra hora.
—Pensé que viviendo en la misma casa pasaríamos más tiempo juntos y sería mejor, pero siento que lo ha empeorado —expresó en voz alta, sin comprobar si estaba despierto o no.
Dejando el portarretrato en su lugar, se levantó para recoger el agua. Luego caminó hacia la puerta, donde miró sobre su hombro.
Le vio empuñar una mano mientras se iba.
[…]
Para el lunes, Naoki no había mejorado. Ese día, apenas había desayunado y había salido normalmente hacia clases, obteniendo la completa atención de Kotoko, temiendo que en algún instante se desmayara por la falta de alimento.
Pero se distrajo de su supervisión cuando el tutor les entregó los resultados de los exámenes con una mirada fulminante. No creía que fuera culpa de su réplica dos semanas antes, ni porque ella bajara trece puntos en su nota final, de modo que se sintió consternada de que se suscitara otro problema.
La respuesta vino en el descanso, cuando se publicó la pizarra de calificaciones y toda la comunidad escolar se llevase una sorpresa.
Naoki no había tenido puntuación perfecta.
En los años de conocerlo y de estudiar con él, nunca había pasado eso. Ahora se mantenía como el número uno, solo que con seis puntos menos de lo habitual.
Takada-sensei de seguro le culpaba. En realidad, todos en la escuela debían hacerlo. Hasta ella lo pensaba.
Su puesto treinta y cuatro en la lista le importaba menos; saber que le había afectado a él en sus estudios le inquietaba de sobremanera.
Huyendo de las miradas, regresó al aula donde él se había quedado, dispuesta a pedirle perdón. Allí solo estaba él y Harusawa-san, el que antes era último de la clase. Titubeante, se sentó en su lugar, de cara a Naoki, quien tenía la cabeza baja.
—Has obtenido seiscientos noventa y cuatro puntos. Perdón, mis problemas te han…
—¿Cuántos? —interrumpió él, alzando la vista, que parecía asombrada.
—Seiscientos noventa y cuatro.
De pronto él se echó a reír, como si le hubiese dicho la broma más divertida de su vida. Incluso su risa ganaba a las veces que se carcajeaban juntos.
¿Tendría algo su cerebro? Mirando atrás, ¿y si todo era un padecimiento cerebral? Tanta habilidad podía haber…
—Parece que… después de todo soy un genio —aseveró él entre jadeos, casi con satisfacción.
Sin entender nada, lo miró boquiabierta, y ni la llegada de sus alarmados compañeros le alteró la cara.
Naoki parecía celebrar haber salido mal.
[…]
—No te distraigas al ir a tu clase de arte.
Kotoko pestañeó, sin poder reaccionar a tiempo a la despedida de Naoki. Terminó de guardar sus cosas y salió, pensando que no le había preguntado acerca de su dolor.
Caminó hacia la Clase F, donde quería invitar personalmente a sus amigas a casa el día siguiente, porque quería presentarlas a su familia.
Las chicas venían hacia ella, así que se encontraron a medio pasillo y se pusieron en marcha hacia la salida. Una vez que les dijo de la invitación, comenzaron a hablar de diferentes temas.
—Ya estás un poco mejor, ¿verdad? —le susurró Satomi. Asintió. —Lo pareces.
—Gracias por apoyarme.
Ambas sonrieron.
Jinko puso cara de desconcierto. —Lo siento, Kotoko. Satomi, no me reclames. Es que no puedo sacarme de la cabeza que Irie disminuyera su promedio; parece que el mundo ya no es como lo conocemos.
—Bueno, eso sí es extraño —admitió Satomi—. Lo entiendo de ti, Kotoko. Ahora he cambiado mi visión de Irie, los problemas con su mejor amiga pueden hacer mella en él.
—Vaya que sí. Supongo que después de rechazar tan cruelmente a su mejor amiga, no estaría tan tranquilo.
—¡Jinko! —gritó Satomi.
Ella frunció el ceño, recordando que había pasado por su cabeza tras la confesión de Kin-chan. —Es cierto. Lo he pensado, sé que no fue el mejor lugar, pero fue muy tajante e insensible, si cuando me pongo melosa me aparta con consideración.
—¿Y si es un error? ¿Cómo fue que dijo? —preguntó Satomi.
—Solo soy tu mejor amigo. —Las tres brincaron al oír la voz que surgió detrás.
—¡Watanabe! —exclamó ella reconociéndolo. —No aparezcas así.
—Es una conversación privada —reprochó Jinko. —Aunque me interesa lo que tienes que decir, Watanabe-san.
Él rió. —No hablaban lo suficientemente bajo… y tenía que intervenir en el momento preciso.
Claro, solo le faltaba haber dicho "objeción".
—¿Insinúas que no fue "solo soy tu mejor amigo", sino "solo" soy tu mejor amigo? —repuso Satomi con el ceño fruncido. —¿Como cuando lo lamentamos? ¿En lugar de dejar en claro una cosa?
Watanabe esbozó una sonrisa enigmática. —Kotoko, ¿estás completamente segura que no está enamorado de ti?
—Creo que ustedes solo alimentan mis ilusiones cuando estoy dispuesta a resignarme. Me voy.
Eso dijo, pero en su mente se quedó pensando en las connotaciones de "solo".
[…]
Kotoko vio un lado positivo de tres semanas con dificultades emocionales. Nunca había hecho un dibujo tan sombrío que podría ocasionar pesadillas en Yuuki si se lo mostraba ahora.
Se lo daría a su tío en su lugar.
Por otra parte, la confusión había dado paso a una obra con profundidad, y al concluirla esa misma tarde, su único pensamiento fue "solo".
Esperaba que Naoki se encontrara mejor, porque se moría por saber si Watanabe no había hablado por hablar. Si Satomi daba una interpretación correcta. No tenía nada que perder, el rechazo ya lo había recibido, y siendo sincera, uno rotundo no haría mucha diferencia, no cambiaba que él no estuviera enamorado de ella.
En cambio, si el "solo" era una resignación pesarosa de alguien que amaba, merecía arriesgarse a saberlo.
Tenía una última oportunidad, que no cualquiera ganaba. Después de tantos tropiezos e infortunios, le quedaba un "y si", una posibilidad de conseguir la felicidad que quería y con la que había soñado. ¿Podían culparla si la tomaba como una ilusa y masoquista?
¿Podían cuestionarle si tenía amor propio?
Ella sabía que sí.
En esa ocasión no se iba a dejar por el miedo y las dudas, esa vez no flaquearía ni huiría, iría de frente y buscaría sinceridad.
Así pues, respirando una gran bocanada de aire, abrió la puerta de su hogar.
NA: A veces es frustrante tratar de no alterar mucho la personalidad de alguien.
¡Hola!
Sí, me he tardado, tomando en cuenta que ya está terminado el fic. Han sido tiempos agitados, que creo mejoran ahora. Quería hacer unos ligeros cambios, pero confieso que con tantas cosas se borraron de mi mente.
En fin. Aunque es un poco menos distraída de lo normal, consideré que de todos modos Kotoko no se daría cuenta de que los chocolates podían no ser de Yuuki, ni relacionar la salida de Naoki.
Besos, Karo.
caro: Sí, a pesar de lo molesto que pueda resultar, Kin-chan es un buen amigo.
Sydney: Yes! That's the right answer, but here, Kotoko is less brave, because she had Naoki by her side, so she didn't need to develop that trait. Also, is as you said ha,ha. Thanks for your words! I hope, too, that your Holidays are great; have a wonderful New Year, and enjoy the party you have before me he,he. I have a lot of ideas to work with, I'll just take my time :D.
Avance para el próximo capítulo:
—Naoki, tenemos que hablar.
Aquello sonaba como una pareja a punto de discutir. Le vio quedarse en silencio.
—¿Qué está pasando? ¿Qué nos pasa? —susurró, apretando su mano. —¿Por qué estamos así?
