Crepúsculo y todos sus personajes no me pertenecen, yo solo me adjudico las tramas de mis historias.
Primeras veces - primera parte.
El dia siguiente, la migrania de Esme no habia desaparecido del todo. No era tan fuerte como el viernes por la noche, pero aun asi si era lo suficiente como para no tener las fuerzas de levantarse de la cama. Cuando Edward la dejó en su habitación, se aseguró de que las cortinas impedían perfectamente el acceso del sol. En la mesilla de noche le dejó un vaso con agua y el desayuno preparado para cuando se despertara, cerró la puerta con la intención de dejarla dormir. Ella lo hizo hasta bien entrada la tarde.
Era sabado y no fue a la universidad. Se quedó todo el día encargándose de la libreria, junto a Senna; intentando cocinar una muy pobre imitación de los fabulosos dulces de su madre. Su corazón se hinchaba de orgullo cada vez que un cliente habitual expresaba sus saludos y deseos de mejora para Esme, cuando notaban su ausencia.
Esa era Esme, tenía ese efecto en la gente. Honestamente no se imaginaba que puediera existir alguien que no la adorara con solo conocerla.
Sus tíos y Seth empezaron a llevar sus cosas a la casa que habían comprado, con la intención de mudarse el día siguiente. Claro, eso siempre y cuando Jasper y Alice consideraran prudente dejar a Esme sola con todo lo que estaba ocurriendo; aunque eso ni Edward, ni Seth lo sabían.
Un pedido de libros escolares que llegó el viernes en la tarde, y todo el trabajo que tenía que hacer, lo mantuvieron ocupado la mayor parte del tiempo, y se obligó a sí mismo a no pensar en la Princesa Isabella y el compromiso que tenía adquirido con ella a partir de la próxima semana. Ni siquiera se atrevió a revisar los periódicos para ver si habían llegado a escribir algo más de él. Y fue una suerte que Senna, o cualquiera de los clientes en realidad, no tocara el tema.
A primera hora de la tarde, subió a controlar a su madre. Ésta seguía durmiendo, pero a un cierto punto se había despertado, porque la comida de la bandeja habia desaparecido.
-¿Mamá? - la llamó en un susurro, apartando en su rostro los cabellos.
No venía a despertarla, solo necesitaba estar seguro de que se encontraba bien. Tenia un poco más de color respecto a la noche anterior, pero aun asi estaba más pálida de lo normal.
Ella soltó un suspiro adormilado, y abrió sus párpados lentamente. Sus ojos, que eran casi un reflejo de los suyos propios, brillaron cuando se posaron en él. Aunque estos seguían rojos y enmarcados por ojeras.
-Buenos días, Principito - saludó.
Edward suprimió las ganas de rodar los ojos.
-No es precisamente de día, mamá - le dijo con una suave sonrisa, en cuanto ya habia pasado el medio día.
Esme pareció más despierta con ese comentario.
-¿Qué hora es? - preguntó alarmada, haciendo ademán para levantarse, pero su cabeza protestó cuando se sentó.
Edward posó rápidamente sus manos sobre los hombros de Esme, y con mucha delicadeza la instó a recostarse otra vez.
-Mamá, calma. No vine a verte para que te levantaras, solo quería estar seguro de que estás bien. No te preocupes por la libreria, Senna y yo lo tenemos todo controlado - aseguró.
Esme lo miró con los ojos caídos, tenia aun tanto sueño.
-¿Estás seguro?.
Edward sonrió.
-Claro que sí, te repito que no te preocupes por nada. ¿Cómo te sientes?, ¿Qué tal la cabeza?.
Esme se masajeó suavemente la frente con los dedos.
-Aun duele, pero no tanto como anoche - le aseguró.
Edward asintió, y tomó de la bandeja la aspirina que le habia dejado con el vaso de agua.
-Aqui tienes - le dijo, dándole la aspirina y asegurándose que se la tomara.
Esme obedeció sin replicar, y se volvió a acomodar en los almohadones. Él se sentía tan extraño y algo incómodo, no estaba acostumbrado a ser el padre entre los dos. Esme le sonrió con ternura, como si hubiese entendido lo que estaba pensando.
Levantó la mano izquierda y acarició la mejilla de su hijo con amor.
-Estoy tan orgullosa de ti, ¿Lo sabes verdad? - preguntó, apartando su cabello de los ojos.
En esa ocasión, sí puso los ojos en blanco.
-Claro que si, prácticamente me lo dices todos los días.
-Te mereces que te lo diga todos lo días. Nunca lo olvides, tú eres lo más importante y lo mejor que me ha ocurrido en la vida. Y haré lo que sea por ti. Lo que sea.
Edward se preguntó por qué las palabras de su madre estaban tomando el mismo rumbo de anoche, pero decidió no dar voz a sus pensamientos. En lugar de eso se agachó y depositó un beso en su frente.
-Yo también te quiero mucho mamá, nunca dudes de ello. Estaría perdido sin ti - se detuvo con un nudo en la garganta, sorprendido de las lagrimas que inundaban sus ojos.
Sus palabras eran tan ciertas.
Esme seguió acariciando su rostro. Con el pulgar secó una pequeña lagrima de la conmisura de uno de sus ojos, observando ese fantástico detalle que los diferenciaban de los suyos.
-Cómo te le pareces - le susurró, antes de volverse a quedar dormida.
Edward frunció el ceño. Definitivamente Esme tenia que dejar de hacer eso.
Acomodó las cobijas que cubrían a su madre, cuando notó que con su mano derecha apretaba algo con fuerza. Soltó sus dedos con cuidado y tomó lo que era. Una foto, de ellos dos cuando él tenía al rededor de tres años, con incluso los pastos de la granja de su abuelo Anthony de fondo. Le extrañó tanto, hacia años que no la veía.
¿Por cuál motivo Esme la habia sacado de su albúm?.
Pero se dio cuenta que se habia tardado más de lo previsto y seguro que Senna necesitaría una mano. Se guardó la foto en el bolsillo de sus pantalones, tomó la bandeja y salió de la habitación. Dejando a Esme descansar un poco más.
...
Cuando Edward volvió a ver a Esme, ya habia entrado la tarde. Habia tenido más trabajo del que se pensaba en la librería, y para cuando la familia Whitlock-Brandon volvió de su mudanza, ya era hora de cerrar y de cena.
Jasper sugirió comida china, los tres estaban bastante cansados para cocinar, y quería pagarle a Esme todos los fastidios que se habia tomado por ellos esas semanas. Asi que llamaron al restaurante para llevar a casa.
-¿Qué es lo que le ocurre a Seth? - le preguntó a sus tíos, sacando los platos de la alacena para poner la mesa.
Seth habia vuelto extrañamente silencioso y sombrío, y al llegar se habia ido directamente a la habitación de Edward (en donde estaban sus ropas), a preparar las maletas, diciendo que no tenia hambre.
Jasper se encogió de hombros, mientras Alice parecía frustrada; pero los dos habían acordado que dejarían que fuera el mismo Seth en ir a ellos.
-Es un adolescente, es normal - fue la gran explicación de Jasper.
Edward asintió, suponía que tenia razón. Dios sabia que en su momento él tambíen le habia dado más de un quebradero de cabeza a Esme.
-Voy a llamar a Esme - anunció Alice, con la intención de salir de la cocina. No llegó al umbral, que su amiga ya estaba allí parada - ¿Esme? - la llamó preocupada.
Tenia los ojos inyectados de sangre, la respiración entrecortada y parecía estar sudando frío.
-¿Mamá? - Edward se sintió otra vez como un niño pequeño al usar esa voz tan débil. Pero no podia evitarlo. ¿Qué era lo que le estaba ocurriendo ultimamente?. Respiró profundo - Estábamos por ir a ver si querías bajar a cenar algo, la comida acaba de llegar - trató de hablar lo más calmado posible.
Esme lo miró por un momento, parecía distraída.
-¿Dónde están los periódicos? - preguntó, cambiando por completo el tema.
Los tres la miraron extrañados. Al inicio no entendieron en lo que estaba pensando Esme.
Cuando ella comprendió que no iba a recibir respuesta, se dio la media vuelta y fue hacia la librería, sin decir nada,
Se volvieron a mirar , ¿Qué hacían ahora?. Edward fue el primero en reaccionar, y cuando escuchó a Esme abrir la puerta que separaba la librería de la casa, se apresuró a seguirla.
La escena que encontró era algo que no se esperaba. Esme tenia uno de los periódicos que habían sobrado en las manos, las cuales temblabana mientras leía algo, y sus ojos se llenaban otra vez de lagrimas. Él sintió su propio cuerpo que se enfriaba varios grados de temperatura, y solo entonces entendió parte del malestar de Esme; al recordar el artículo del día anterior, y que seguramente habían sido publicados unos nuevos.
-Mamá, te lo puedo explicar - de repente tuvo un flash back de esa ocación en la que Esme lo descubrió con siete años desmontando el televisor de su habitación, porque él quería entender cómo funcionada.
Esme parecía que ni lo escuchó, los temblores de su cuerpo solo aumentaban mientras leía.
-Esto no puede ser - dijo para sí misma, sintiendo el miedo aumentar su producción de adrenalina.
No podia ser ... Ya sabían su nombre. "Edward Masen", estaba escrito. ¿Cómo era posible?. Sabían la especialización del doctorado que estaba estudiando, incluso hablaban de su beca. Si habían sido capaces de encontrar esa información sobre él, ¿Quién le aseguraba que no escavarían a fondo para averiguar más?. Que con esas acciones provacarían que las personas equivocadas descubrieran de su existencia ... Y todo saldría a la luz. ¿Dónde quedarían todos los sacrificios por protegerlo ... Por esconderlo?.
¿Qué pasaría entonces?.
"No me tentaré el corazón de hacer lo que tengo que hacer". Recordó las palabras que han perseguido sus peores pesadillas.
-¡NO! - gritó en su mente, presa del pánico, y ni siquiera se dio cuenta que lo habia dicho también en voz alta.
Desde el momento en el que supo que él existía, cuando aun era tan pequeño como una gamba, al descubrir que estaba embarazada, su prioridad número uno ha sido su bienestar y seguridad. Y no iba a permitir que corriera peligro, sencillamente no lo haría.
Edward se sobresaltó al escuchar a Esme gritar, y empezó a sentir verdadero miedo a ver esa expresión tan extraña en su rostro.
-¿Esme? - llamaron Jasper y Alice a la vez a sus espaldas.
Él ni siquiera se habia percatado que ellos estaban allí.
Esme de repente arrugó el periódico con fuerza. Sus nudillos se volvieron blancos, tanta era con la que lo apretaba entre sus manos.
-Te-tenemos que d-deshacernos de todos - dijo con voz rota y tiró la bola hecha al suelo - Tenemos que tirarlos todos - se acercó al mostrador donde reponían los periódicos y las revistas todos los días. Tomaba las hojas y las arrugaba o las rompía, para luego arrojarlos también al suelo - ¡Todos! - gritó - ¡Todos! - se giró a verlos, como buscando que fueran a darle un mano, pero tenía la mirada desenfocada - ¡No podemos permitir que lo descubra!, ¡Tenemos que hacer algo!.
-¿M-mamá? - murmuró con impresión, nunca antes la habia visto en esas condiciones. Dio un paso tentativo hacia adelante, aunque no muy seguro de lo que podía hacer. Solo que la mano de Alice, que se habia posado en su antebrazo, lo detuvo. Él la miró con interrogante, ¿De verdad ella se esperaba que él no hiciera nada?.
Jasper se adelantó él mismo hacia Esme, llamándola con cautela.
-¿Esme?.
Edward sintió el agarre de Alice aumentar su fuerza, instándolo finalmente a que se quedara a esperar lo que Jasper haría.
-Esme - repitió.
Ella continuó con su frenético labor.
-Jasper, no te quedes allí parado. ¡Ven a ayudarme!, ¡Sabes lo importante que es esto!.
De reojo Jasper vio a Edward frunciendo el ceño. Esme sin darse cuenta estaba diciendo más de lo que debía.
-Esme - nada - ¡Esme!. Cariño, ¡Esme! - posó sus manos sobre los hombros de su prima.
Ella se zafó enseguida y con mucha rabia tiró otro periódico al suelo.
-¡Esme! - cuando no lo consiguió, suspiró - ¡Essie! - alzó la voz. Sabia que era una baja jugada, pero era lo último que se le ocurría que podía funcionar.
Y por suerte, o por desgracia, asi fue.
-¡No me llames asi! - gritó aun más fuerte - ¡Sabes que no puedes llamarme asi! - empezó a llorar - ¿Por qué me haces esto? - preguntó, como si le doliese el alma.
-¿Qué está pasando? - escucharon entonces la voz de Seth desde el umbral. Tenia los ojos abiertos como platos; habia bajado a averiguar de qué se trataba todo el ruido que escuchaba, pero no esperaba encontrarse con algo asi - ¿Alice? - la llamó titubeante.
En ese preciso momento, ella parecía la más centrada y racional entre los cuatro. Edward le hacía pensar en un niño pequeño que no sabia qué hacer. La concentración de Jasper estaba puesta completamente en Esme. Y ni siquera habían palabras para describir el estado en el que se encontraba ella.
Alice lo miró y levantó la mano que tenía libre para impedirle que entrara, al mismo tiempo que reforzaba su agarre en el brazo de Edward.
-Quédate donde estás, cariño - le dijo a su hijo adoptivo. Deseando que tanto él, como su sobrino no tuvieran que ser testigos de algo asi; en especial éste último. Habían pasado ya tantos años desde la última vez que su mejor amiga tuvo un ataque de pánico similar.
Por su parte Jasper aprovechó la momentánea distracción de Esme, al utilizar su antiguo sobre nombre, y se adelantó a abrazarla.
Ella en un primer momento no contestó, de hecho tardó un poco en percatarse del contacto físico, estaba por completo estática en su lugar. Essie. ¿Cuándo habia sido la última vez que alguién la habia llamado de esa manera?. ¿Habia sido él , o lo hizo alguien más después?. ¿Cómo se atrevía Jasper a hacerle eso?. Él lo sabia, nadie mejor que él y Alice lo sabían. Essie ya no existía más, habia tenido que morir por el bien de su Principito. ¿Por qué la torturaba de esa manera?. Su cuerpo volvió a temblar nuevamente cuando todos esos pensamientos y preguntas inundaron su mente.
Jasper sintió las sacudidas de su cuerpo al mismo tiempo que la sostenía en sus brazos, y se agachó a depositar un beso sobre sus cabellos, al tiempo que acariciaba suavemente su espalda.
-Calma - susurró cerca de su oído, solo para ella - Va todo bien, Esme - la llamó deliberadamente por su nombre completo, por el actual -Edward está bien, está a salvo.
Esas eran justo las palabras que ella necesitaba escuchar y recordar, y el alivio que le produjeron hicieron que un sollozo descontrolado se escapa de su pecho. Rodeó la cintura de Jasper con sus brazos y apoyó la cabeza contra su hombro.
-¿M-me lo pro-pro-prometes? - preguntó en medio del llanto.
-Te lo prometo. Él está bien - repitió - ¿Por qué no lo compruebas con tus propios ojos?.
Entonces con mucha delicadeza y muy lentamente, la acompañó a donde Alice y Edward seguían parados. En cuanto Esme estuvo a dos pasos de su hijo, se lanzó a sus brazos con una potencia que casi los tumba a los dos al suelo. Edward se tambaleó un poco para no perder el equilibrio, pero enseguida abrazó a su madre, agradeciendo que Alice por fin lo habia soltado.
-¿Mamá? - la llamó, y no le gustó el nivel de miedo que escuchó en su propia voz.
Sabia que ya tenia 23 años, pero aun le costaba dejar de ver a su madre como una super mujer, capaz de hacerlo todo, y sin ningún defecto o debilidad.
Ella empuñó la camisa de él, como deseando acercarlo aun más a sí. Necesitaba tocarlo, constatar no solamente con sus ojos que estaba bien, a salvo de todos los peligros que él nunca ha sabido que lo han sobrevolado toda su vida.
Y era justo de esa manera que ella pretendía que continuaran las cosas.
Alzó la vista y Edward casi da un paso hacia atrás al ver la desesperación en sus ojos. Una vez más se preguntó qué era lo que le pasaba a su madre.
Esme enmarcó el rostro de su hijo entre sus manos.
-¿Mamá? - repitió.
-Prométeme que vas a mantenerte alejado de ella - su voz no superaba un susurro.
-¿Qué? - Por un momento no entendió a quien se refería Esme con "ella".
-Mi vida, por favor creéme cuando te digo que sé de lo que hablo. Lo mejor que puedes hacer es mantenerte alejado de la Princesa Isabella.
Él frunció el ceño, ¿Por qué todos se empeñaban en hacerle sentir que era él quien la buscaba o la provocaba?.
-Mamá, en serio. No es lo que tú piensas, no tienes nada de qué preocuparte.
Ella parecía a punto de alterarse otra vez.
-¿Nada de qué preocuparme?. Edward, ¿Te estás escuchando bien?. ¿Cómo quieres que no me preocupe cuando veo el rostro de mi hijo en todos los periódicos del país, y puede que hasta del mundo?!.
-Mamá, mami - esperaba que llamándola con ese apelativo infantil lograra calmarla y hacerla entrar en razón. Apartó las manos de su rostro y las apretó cariñosamente - No ha sido tan grande como dicen los artículos. Simplemente cruzamos unas palabras de más, y yo no fui capaz de controlarme cuando dijo eso de ti - sintió los musculos de su cuerpo tensarse al recordar otra vez como la Princesa habia llamado a su madre. Respiró profundo para calmarse; ella ya se habia disculpado y él la habia perdonado.
La sonrisa de Esme fue tierna y triste a la vez.
-Principito, yo soy la que menos importa. No es como si lo que dijo la Princesa fuera mentira.
Edward agrandó sus ojos.
-¿Cómo puedes decir algo asi?.
-Es la verdad, soy una madre soltera y nunca me ha importado. Porque tú eres lo más importante para mi, lo único que de verdad cuenta. Por eso te lo pido, agacha la cabeza la próxima vez, deja que diga de mi lo que quiera. Pero mantente alejado de la Princesa - Y de todos los miembros de la familia Real, agregó en su mente.
Edward tragó saliva con dificultad. ¿Qué le iba a decir ahora?.
-Pero ...
-Por lo que más quieras, Edward. ¡Promételo! - interrumpió Esme.
¿Por lo que más quiera?. Lo que Edward más quería era su madre. Pero, ¿Ahora cómo le iba a decir el acuerdo con el que habia llegado con la Princesa?. Dios, Esme no podía saberlo, definitivamente no podía. No después de lo que acababa de ocurrir.
Aunque de igual manera no deseaba renunciar al compromiso que tenía con la Princesa, por algún extraño motivo que no lograba entender.
¿Qué podía hacer?.
Inspiró profundo, sintiendo todo el aire abandonando su cuerpo cuando lo exhaló.
-Te lo prometo - contestó, y Esme lo abrazó a sí.
Esa fue la primera vez que le rompió una promesa a su madre.
...
LUNES
Ella estaba nerviosa.
Él estaba nervioso.
Ella no quería admitir que se habia esmerado más de lo normal en su maquillaje esa mañana, que se habia pasado dos horas la noche anterior escogiendo su ropa, o que le habia exigido a Irina que su cabello debia ser "Perfecto".
Él de ninguna manera le iba a confesar que cuando la vio entrar por la puerta del laboratorio, ella le pareció la mujer más hermosa que habia visto en su vida.
Sus labios rojos le estaban provocando que sus mejillas se volvieran de casi el mismo color cada vez que ella sonreía. Sus skinni se adherían a unas piernas que daba la impresión de no terminar nunca, estaban haciendo que sus manos sudaran frío.
Y cuando ella se recogió su largo y brillante cabello (que antes le caía sobre su espalda como una cascada de chocolate), en una coleta alta para que no le diera fastidio mientras él le explicaba una equación de algebra, él agradeció que la mesa del laboratorio impedía que ella viera la tienda de acampar que se habia formado en sus pantalones. Se acomodó disimuladamente, antes de explicarle en qué se habia equivocado cuando ella intentó resolver sola la equación.
Nunca antes le habia pasado algo asi. ¿Es que ahora tenia un fetiche del cabello?
Ella se mordió la lengua de comentarle que habia notado que él olía a madera de sándalo, pero aun asi percibía un suave rastro de canela. Y eso le gustaba; se dispararía antes de reconocerlo, pero ese toque dulce era perfecto para alguien como Edward Masen. Resistió las ganas de preguntarle si era por algún perfume, loción o suavizante de ropa; o si por el contrario era porque se impregnaba de ese mismo aroma que rodeaba la librería de su madre.
Cuando él se inclinó sobre ella para corregirle un signo de más que estaba dónde no debía, ella lo notó ... Y entonces sintió un agradable escalofrío recorriendo su espalda.
Ciertamente habían notado mucho el uno de la otra a lo largo de esas horas, pero ninguno de los dos era realmente consciente de ello.
A un cierto punto Edward se planteó la posibilidad de decirle que no iba a poder continuar con sus lecciones, aunque claro sin explicarle que era por el bien de su madre. Lo habían dejado entre la espada y la pared. Pero cuando ella levantó el rostro y lo miró con sus enormes ojos chocolate, se detuvo y por un momento olvidó lo que iba a decir. Sin más continuó explicándole cálculos.
¿Es que estaba haciendo lo correcto?.
Intentaba de verdad no pensar en ello.
No hubo ninguna discusión, no se lanzaron alguna puya o comentario sarcastico. Todo fue muy profesional y educado. Ella le enseñó sus horarios, materias y todo lo que tenia que hacer esa semana. Mientras él creó un plan de estudio que podían seguir y tomó nota de los puntos que a ella le daban más dificultad para tenerlo en cuenta en el futuro.
Emmett, que lo observaba todo desde su punto estratégico pegado a la pared, estaba la mar de divertido observando a esos dos mientras interactuaban. Ellos podían no haberse dado cuenta, pero a él ciertamente no se le habia escapado nada. Ni el suave rosado que teñía las mejillas de la Princesa, o las tímidas sonrisas de Edward. Y por supuesto lo que más le gustaba eran las discretas miraditas que cada uno le lanzaba al otro cuando no miraba.
Sonrió con picardía, algo muy particular habia ocurrido en ese laboratorio, y se moría de curiosidad por ver a dónde llevaría. Y por supuesto que él estaría hasta el final, porque ni loco se lo iba a perder.
Y cuando llegó la hora en la que Isabella tenia que ir a su primera lección, casi lamentaron que su tiempo juntos se terminaría por ese día.
-En fin - dijo Isabella mirándolo de frente, pensando en todas las enseñanzas de su tío - Muchas gracias por su ayuda, señor Masen - le tendió la mano.
Edward la miró un solo segundo y a continuación esbozó una suave sonrisa, y se la apretó. Era tan hermosa cuando se comportaba con educación.
-De nada Alteza, para mi fue un placer. Lo importante al final es que mi asistencia le haya sido de utilidad.
La sonrisa de ella aumentó.
-Oh sí, de mucho. Entonces, ¿Nos vemos mañana a la misma hora?.
-Si, mañana la esperó aqui.
Isabella asintió, y dio un paso hacia atrás.
-Muy bien. Hasta mañana - y cuando estaba por irse se dio cuenta de que algo en particular se lo impedía - Erm... Señor Masen, mi mano.
Y justo en en ese momento él notó que aun le estaba estrechando la mano. La soltó con rapidez, como si quemara, y se la llevó a la nuca, completamente apenado.
-Lo siento mucho - se diculpó, rascándose el cabello.
Emmett rió por lo bajo, no sabía decir quién de los dos estaba más rojo.
-No pasa nada - aunque sí que pasaba, su mano estaba protestando - Pero en serio, debo irme. Se me está haciendo tarde.
-Si por supuesto - contestó Edward, esquivando su mirada y empezando a preparar sus propias cosas.
-Hasta mañana - los nervios le estaban haciendo repetirse.
-Hasta mañana.
Y sin más la Princesa Isabella y su guardaespaldas salieron del laboratorio.
Esa fue la primera vez que entre ella y Edward Masen hubo contacto físico. Y fue hasta mucho más tarde, que los dos notaron que el cosquilleo que les provocó continuaba recorriendo su cuerpo... Y era una sensación increíble que a ambos les encantó.
MARTES.
Ella llevaba quince minutos de retraso, y una parte mezquina de su mente se burló pensando que no tenia que haberse sorprendido.
Sacó el temario que le habia dado el Dr. Volturi, su tutor, el día anterior y lo leyó antetamente. Algo tenia que hacer mientras esperaba. El Dr. Volturi le habia hablado de los exámenes que tenia que presentar al terminar éste trabajo.
Frunció el ceño, tenia otros tres libros más que comprar.
Genial. Más dinero que necesitaba. Menos mal entonces por el trabajo de "tutor" que acababa de conseguir, ¿No?.
Pensando en eso, ella entró en el labooratorio y por un momento la respiración de Edward se cortó.
Daba como la impresión de que cada vez que la veía estaba más hermosa que la anterior . Hoy llevaba un loook bastante profesional. Un falda de tubo negra con una camisa blanca, tacones exageradamente altos, y el cabello recogido en un cignon.
Y el efecto que ella estaba teniendo en él aumentó al ver la radiante sonrisa que ella mostraba.
Pero, ¿Qué era lo que le estaba pasando?.
-¡Buenos días! - anunció Isabella con entusiasmo, estaba de tan buen humor esa mañana - Siento llegar tarde.
Edward se encogió de hombros, como si ni se hubiese fijado en ello.
-No hay problema - le aseguró, apartando a un lado su temario.
-¡Le traigo una noticia maravillosa! - casi gritó ella con entusiasmo, recordádole mucho a una adolescente, como lo hacia muy a menudo Tanya, la hermana pequeña de Rosalie; pero ésta tenia 17 años, no 21 como la Princesa - He tardado porque me encontré al profesor de Química viniendo para acá. ¡Y me ha entregado esto! - estampó su trabajo de química en la mesa.
Edward contempló la nota escrita con un rotulador rojo.
-¡Un ocho! - volvió a exclamar la Princesa y por la forma en la que daba pequeños saltos en su lugar, Edward se preguntó si no tenía necesidad de ir al baño.
Le correspondió la sonrisa.
-Me alegro mucho por usted, Alteza. Eso quiere decir que lo ha hecho muy bien.
-Le juro que estoy a esto - juntó el índice y el pulgar, dejando un espacio mínimo entre ellos -, de darle un beso. Me detengo solo porque sospecho que me pondría en problemas con usted.
Edward tragó saliva con dificultad.
El comportamiento de la Princesa no hacia más que confundirlo. ¿Era ésta la misma persona que la semana anterior le habia gritado, habia insultado a su madre, e inluso habia exigido a su guardaespaldas que lo arrestara?.
En serio, al científico en él le estaban entrando ganas de abrirle el cráneo para poder estudiarle el cerebro.
"¿Y por qué en lugar de eso no le estudias el cuerpo?". Susurró el demoniejo dentro de él.
Entonces se atragantó con la misma saliva que antes de costó tragar.
Quizás era su cerebro el que necesitaba que lo estudiaran.
Al ver la reacción de Masen, Isabella reaccionó por fin sobre lo que habia dicho. ¿Es que se habia vuelto loca?. Agrandó los ojos como platos y sintió todo su rostro ardiendo.
-Eh... Esto... Yo... Creo que será mejor que empecemos - logró mascullar, agachando la cara par intentar olcultar el rosado de sus mejillas. ¿Era impresión suya o desde que lo conocía se habia sonrojado más que en los últimos años?.
Edward carraspeó la garganta.
-Si, yo también creo que es lo mejor - contestó - ¿Tiene algo especial por lo que quiere empezar hoy?.
-Tengo que contestar unas preguntas para el laboratorio, precisamente de química, pero no estoy muy segura de entender del todo la explicación de ayer.
Él asintió.
-Déjeme ver de qué se trata.
Ella le entregó el libro y él vio que era un tema relativamente simple.
Se lo explicó lo mejor que pudo y la Princesa, por mucho que habia dicho que no lo habia entendido con el profesor, con él no tuvo ningún problema. No se necesitaba mucho para entender que era una mujer muy inteligente; mucho más de lo que el resto del mundo, o incluso ella misma, le daban credito.
-Quiero hacer los ejercicios por mi cuenta - casi pidió ella, como si fuera algo que necesitaba. Y a Edward se le ocurrió pensar que era su orgullo quien hablaba - ¿Le parace si yo los hago en un momento, y cuando termino usted me los corrige?.
Edward miró de reojo al grandullón, pegado de espaldas en su acostumbrado lugar a la pared, que asentía sutílmente y él decidió hacerle caso, después de todo seguro que su guardaespaldas la conocía mucho mejor.
-Me parece una excelente idea - contestó con una sutil sonrisa, y le encantó la enorme con la que ella correspondió.
Mientras ella se dedicaba a contestar sus preguntas, él se concentró otra vez en el temario. Sacó la agenda de su mochila, para anotar todas las fehcas y empezar a pensar en cómo se iba a organizar para tener todo el tiempo que necesitaba.
Si tan solo el dia tuviese 40 horas. Tendría que hablar con el Dr Volturi para aplazar la fecha de uno de los exámenes, porque de lo contrario tendría que verse reducido a dormir una hora por noche para poder conseguirlo.
-A mamá le termina de dar algo si llego a hacer eso - pensó en voz alta. No necesitaba más motivos para preocupar y preocuparse por Esme. Ya no quería ni pensar en cómo iba a reaccionar si llegaba a enterarse de esas clases particulares.
-¿Ha dicho algo Masen? - levantó Isabella la atención de sus preguntas. Esperaba que él no le molestara que no lo llamara "Señor", la idea de llamarlo Masen a secas le gustaba.
Esa fue la primera vez que lo llamó de esa manera, y no la última.
O él no se percató de nada, o lo fingió muy bien, porque sus facciones no dieron muestras de ello.
-¿Ah? - pareció distraído por un momento - Lo siento - se llevó la mano a la nuca, permitiendo que sus mejillas de sonsojaran - Pensé en voz alta y no me dí cuenta de ello.
Isabella asintió sin quererle dar mucha importancia a la cosa, después de todo era algo que ella también habia hecho con anterioridad.
Estaba por volver a lo suyo, cuando la curiosidad la superó.
-¿Qué es eso? - le preguntó, refiriendose a los papeles que él leía con el ceño fruncido.
Él no vió ningún problema en contestarle.
-Es básicamente el programa de lo que necesito hacer para conseguir mi doctorado. Claro, eso sin contar la presentación que tengo que presentar ante el comité de la universidad sobre mi tesis.
-¿Y cuál es el problema?, ¿Por qué esa cara tan larga? - preguntó, utilizando la misma pregunta que le hace su tío cuando la ve molesta o con el ánimo caído. Incluso utilizó el mismo tono.
Masen le sonrió con lo que parecía diversión, y dirigió su mirada a los libros de química , para después apuntar a ellos. Isabella entendió de inmediato a qué se refería él.
Regresó a sus ejercicios con también ella una sonrisa.
- Puedo hablar con usted y encargarme de ellos a la vez, ¿Sabe? - dijo, contestando otra pregunta.
Edward accedió.
-No estoy muy seguro de que me de tiempo de conseguirlo éste semestre, asi que va a tener que ser para el siguiente.
Isabella asintió, pero honestamente no lograba ver cuál era el problema para Masen. Si no lo conseguía éste semestre, entonces como habia dicho él, sería el siguiente. ¿Eso qué más daba?.
Él pareció leerle la mente, porque le contestó las preguntas que ella pensaba.
- Lo que me pasa es que para estar aquí en la universidad el próximo semestre, el comité tiene que aprobar una prologación de mi beca.
Ah, con que se trataba de eso.
-No creo que eso sea en absoluto un problema - dijo Isabella con mordacidad, sin levantar la vista de su libro.
-¿Qué quiere decir con eso, Alteza? - preguntó Masen confundido.
Isabella estaba pensando en el hecho de que estaba segura que su tío no permitría por nada del mundo que él peligrara de perder su beca. Pero ni por asomo ella le iba a decir eso, aunque ¿Por qué no decir parte de la verdad?.
-Venga ya - dijo con diversión y sarcasmo - Como si eso fuera posible - Ante la ceja elevada de él, se apresuró a aclarar - Si los profesores en ésta universidad parecen adorar el suelo que pisa, como si fuera Jesús resusitado o algo asi.
Edward rió con ganas por esa analogía, sus palabras eran muy divertidas. Rosalie en una ocasión le habia dicho algo muy parecido, pero de los labios de la Princesa le hacia mucha más gracia.
-¿Es impresión mía, o eso que me acaba de decir suena a un cumplido? - preguntó cuando la risa cesó.
Ella soltó un bufido muy poco femenino, o digno de ser de la Realeza incluso.
-Por favor, en el mejor de los casos ha sido en simple deliz por mi parte. No se me acostumbre Masen, algo asi no va a volver a pasar nunca.
Ese comentario le gustó incluso más que el anterior, era algo más acorde con la Princesa Isabella que él estaba acostumbrado a tratar.
-Muy bien, entonces disfrutaré del momento mientras puedo. Sé que las palabras amables y los cumplidos son algo que no existen comunmente en su vocabulario.
Ella sonrió. Eso era tan extraño, se estaban lanzando puyas de la misma manera que han hecho hasta entonces, y aun asi ambos parecían estarlo disfrutando.
Esa en definitiva tenia que ser la primera vez.
-¿Y qué piensa hacer, entonces? - No pudo refrenar su curiosidad.
Edward se encogió de hombros.
-Supongo que tendré hablar con mi tutor de esto. Y ahora concentrarme en éste trabajo - apuntó con la mano todos sus materiales en su habitual mesa de trabajo.
-Ah si, la super importante investigación en la que está trabajando - continuó la Princesa con mordacidad.
-Importante, y cómo - confirmó Edward, con total seriedad.
-¿Y de qué se trata, por cierto?.
Vió a Masen llevarse otra vez la mano a la nuca. Parecía un gesto que hacia cuando estaba nervioso o apenado.
-¿De verdad quiere saber algo tan aburrido?. ¿No debería estar terminando sus ejercicios?.
Ella empujó su libro de ejercicios en su dirección.
-Ya los he acabado - dijo con suficiencia.
Él los revisó rápidamente, y después la miró con fingida sorpresa.
-Está muy bien - cuando vio que ella iba a sonreí, hizo como que se rectificaba de algo - No se me emocione mucho, que no me voy a repetir.
Isabella soltó una risilla. Sí, se lo merecía, ella le habia dicho casi lo mismo.
-¿Por qué no me recompenza contestando a mi pregunta?.
Él suspiró.
-Se trata de la influencia de un cáncer en el cerebro. Estoy estudiando los cerebros de personas que murieron de diferentes tipos de cáncer.
-¿Eso es todo?.
Edward se encogió de hombros.
-Bueno, es la forma más fácil de sintetizarlo y de explicar. Pero le prometo que mi trabajo es mucho más complicado y largo de lo que usted piensa.
-Eso no lo dudo - no habia rastro de burla o sarcasmo en su voz - y a pesar de lo asqueroso que me resulta la idea de "estudiar" cerebros de personas, en realidad me parece bastante interesante.
Él se llevó una mano al pecho, como si lo hubiesen herido.
-¿Dos veces en el mismo día, Alteza?. Vaya, me siento conmovido.
- No se acostumbre Masen, el milagro no se volverá a repetir - un corto, pero incómodo silencio reinó entre ellos, y de repente Isabella sintió la gran necesidad de finalizarlo - ¿Hay algún motivo en particular por el cual escogió precisamente ésta profesión?.
Edward habló enseguida, era una pregunta que habia contestado varias veces en el pasado.
-Siempre he preferido las materias científicas, pero absolutamente no tengo la vocación para ser médico. Pero el cerebro es algo tan fascinante ¿Sabe?, ¿Por qué hacemos lo que hacemos?, creo que cada uno de nuestros compotamientos se pueden explicar científicamente, que derivan de un impulso eléctrico o químico de nuestro cerebro. Por ejemplo, ¿Lo sabía que hay estudios que afirman que la xenofóbia o razismo en realidad es un enfermedad menal, que ... - se detuvo de golpe, al darse cuenta de que se estaba emocionando e iba a empezar a parlotear del tema, como si a la Princesa o al grandullón le pudieran interesar algo de lo que tenia que contar - Lo siento, cuando empiezo a hablar del tema, muchas veces me es díficil parar - se llevó una mano a la nuca, y sintió el calor subir por sus mejillas.
Isabella mostró una sonrisa sincera.
- No, no. No tiene por qué disculparse por amar la profesión que ha escogido - le restó importancia. Internamente se preguntaba qué se sentiría tener una pasión así por algo en la vida, cualquier cosa.
Porque honestamente ella nunca habia sentido nada similar.
-¿Y qué hay de usted? - tuvo Edward la misma curiosidad - ¿Tiene ya pensado en la profesión que quiere estudiar?. Porque las materias que está estudiando éste semestre son bastante genéricas.
Entonces fue ella la que se encogió de hombros.
-Ni la más remota idea de lo que voy a hacer con mi vida. Lo único que siempre he sabido que es seguro en mi futuro, es que algún día seré Reina - nunca habia hablado palabras más ciertas.
Edward mostró una pequeña sonrisa comprensiva, como si entendiera de lo que ella estaba hablando. Pero nada más lejos de la verdad. ¿Qué se tiene que sentir tener la conciencia desde pequeño que algún día te espera esa responsabilidad?, ¿Ser el Rey de una nación entera?. Saber que de alguna manera el futuro de millones de personas depende de ti. Estar en el punto de mira del mundo en todo momento ... Eso tenia que ser agotador, si él lo llevaba viviendo durante menos de una semana y le resultaba bastante díficil. ¿Cómo tenia que ser vivir asi durante toda tu vida?.
Esa fue la primera vez que consideró la situación de la Princesa desde esa perspectiva.
-Tiene toda una vida por delante. Estoy seguro de que muy pronto encontará su verdadera vocación, una profesión y carrera completamente separada de su responsabilidad como Princesa o futura Reina, si asi lo desea. Su titulo Real no tiene por qué ser lo único que la defina.
Ella correspondió la sonrisa, pensando que en esos momentos Masen hablaba exactamente como su tío.
Emmett carraspeó la garganta, llamando la antención de ambos.
-Es hora de irnos Princesa, su primera clase del día empezará en diez minutos.
Isabella y Edward se miraron sorprendidos, tan rápido habia pasado el tiempo. Parecía como si éste último volaba cada vez que estaban juntos.
Ella sacudió la cabeza suavemente, queriendo ordenar sus pensamientos.
-Si, Emmett. Enseguida nos vamos - juntó sus libros de química junto con los demás, para que Emmett los tomara - Nos vemos mañana Señor Masen.
Antes de que ella llegara a la puerta, Edward la saludó.
-Hasta mañana, Alteza. Felicidades otra vez por su nota en química.
Lo último que vio de ella ese día fue una radiante sonrisa, al dejarlo solo en el laboratorio.
...
Isabella ese día se habia esmerado tanto en arreglarse porque habia quedado, y quería estar hermosa.
Para él.
Una persona muy especial.
En definitiva el hombre más importante de su vida.
Entró en la sala privada del restaurante del hotel Hilton. Y la recibió su encantadora sonrisa. Se levantó de su silla y la ayudó a sentarse en su propia silla. Justo como hace un caballero.
-Aquí está mi Bella - le dijo, inclinándose para darle un cariñoso beso en la mejilla.
-Hola tío - lo saludó cuando él volvió a su asiento.
La noche anterior, durante la cena, su tío lo habia invitado a que salieran a comer juntos, solos ellos dos. Justo como solían hacer cuando ella era más pequeña. Llevaban un tiempo descuidando esa tradición, y era el momento de retomarla. Carlisle sentía que se lo debía.
-¿Cómo estás hoy? - le preguntó a su sobrina.
-Bastante bien - sonrió - ¿Y a ti?.
-No me puedo quejar , aunque el día que tu abuela deje de pedirme mi opinion sobre qué pienso del banquete o los invitados para la gala, entonces estaré mucho mejor - bufó.
Isabella rió divertida, pero también exasperada y entendiendo de lo que hablaba su tío. En los últimos dos días en lo único en lo que podía pensar Jane era en la gala por el aniversario de la Monarquía, que sería en solo un par de semanas. Era una completa obsesión y después de diez minutos se volvía muy cansino estar con ella, o con su madre; porque naturalmente la mente de Renée era siempre un continuo reflejo de lo que pensaba su suegra. Como se solía decir, la imitación es la mejor forma de adulación.
Aunque claro, en la actualidad, su segundo tema de conversación preferido era recordarle a su nieta su último escándalo, que aun seguía siendo el peferido de los periodistas sesancionalistas. Y seguir expresando su preocupación porque Jacob aun no hubiese ideado su plan para limpiar el nombre de la Princesa.
Isabella no era capaz de decidirse cual de los dos temas de conversación odiaba menos.
-¿Y cómo te va en la universidad? - continuó preguntando su tío.
Eso le hizo recordar su trabajo de química , y la maravillosa nota que habia conseguido. Y la emoción de esa mañana volvió.
-¡Super bien! - gritó con emoción, y Carlisle rió para sus adentros por su comportamiento. Pero no la detuvo, ni la regañó por ello; no habia nadie allí a quién impresionar o que pudiera sentir vergüenza por su comportamiento. Él siempre ha querido e intentado que su Bella fuera ella misma, alguien que los demás miembros de su familia parecían desaprobar categóricamente - ¡He sacado un ocho en mi trabajo de química!.
Él compartió su felicidad, pero se reprimió la curiosidad que de repente surgió en su interior. ¿No era ese el trabajo en el que dijo que la ayudó Edward?. Quería pedirle esa confirmación, pero no lo hizo porque no quería entristecer a su sobrina. Tenia la extraña impresión que cuando él nombraba a Edward Masen, ella se irritaba más de lo normal, y no entendía por qué. Y aun asi no pudo refrenar la solita sensación que siempre llenaba su pecho cuando escuchaba o, como en éste caso, pensaba en el jóven
-Esa es de verdad una gran noticia, Bella -le dijo, estrechando su mano por encima de la mesa - Estoy muy orrgulloso de ti.
La sonrisa de Isabella se ensanchó, amaba el sonido de esas palabras. Era prácticamente el motor de su vida, tener siempre la buena opinion de su tío era lo que más le importaba.
-Gracias - murmuró con emoción, sintiendo sus ojos aguarse.
Carlisle volvió a apretar su mano.
-¿Y de qué, mi Bella? - preguntó con retórica, acariciando sus nudillos con el pulgar - ¿Y cómo te van en las otras materias?.
-Bastante bien - se encogió de hombros -, ésta semana parece que entiendo mejor las lecciones.
-Me alegra mucho escuchar eso, estaba seguro de que solo era cuestión de tiempo que vieras las bellezas de asistir a la universidad.
Isabella asistió. Sí, en esos dos días ir a la universidad habia sido casi agradable.
-¿Tiene eso algo que ver con la persona que dijiste que le pedirías ayuda?.
Sintió cómo ella se tensaba ligeramente, pero fingió que no lo habia notado mientras la veía volver a asentir.
-Si, algo asi - murmuró Isabella. No tenía ni la menor intención de decirle quién era la persona que le estaba ayudando. Si lo hacia, sabia que animaría a su tío a empezar una conversación sobre lo estupendo que es Edward Masen. Y sin bien ya no lo odiaba tanto como antes, aun no soportaba la idea de que su tío le prestara tanta atención.
Esa comida tenia que ser su momento con ella.
-¿No me vas a decir quién es?.
Isabella sonrió con picardía.
-No, no. Ese es un secreto solo mío.
El Rey correspondió.
-¿Un serceto que no quieres compatir con tu viejo tío Carlisle? - fingió tristeza, pero sus ojos brillaron, entendiendo el juego de su sobrina. Pero, ¿Por qué tenía la sospecha de saber quién era esa persona?.
-Tú no eres viejo tío Carlisle. Eres un hombre aun jóven y sumamente atractivo.
-Con eso me alagas, mi Bella. Pero no me vas a distraer, sé que te estás evadiendo de decirme quièn es esa persona, y te voy a complacer.
-Se agradece la compasión - contestó ella con sárcasmo. Aunque sabia que su tío tenía la intención de averiguarlo tarde o temprano.
Y no se equivocaba. Pero para Carlisle ese día no iba a ser hoy. Ese momento era para Isabella, ya dejaría para después saber si su suposición era cierta o menos.
-De nada, querida - respondió de la misma manera - Y ahora compensa la buena voluntad de tu viejo tío, contándome qué haz hecho estos días.
Y así lo hizo ...
Continuará ...
¿Qué les parece?. Le falta mucho aun a ésta semana que están viviendo nuestros protagonistas, pero se me estaba haciendo ya demasiado largo, y éste fue un buen lugar para parar.
Pronto subiré la segunda parte y el resto de la semana.
No se olviden de dejar un comentario.
Besos, Ros.
