Lo siento mucho. Creo que es lo único que puedo decir respecto a la demora. Les aseguro que no fue intencional y que hice mi mayor esfuerzo... pero hay cosas con las que uno no puede luchar, y una de esas es un bloqueo y la falta de tiempo. Creo que lo van a percibir en algunas escenas del capi.
Tengo dos personas a las cuales agradecer muy profundamente, porque su aporte me sacó de ciertos aprietos. Una de ellas es mi querido Rómulo, quien me ayudó en la caracterización del personaje Sheila. La niña simplemente se negaba a expresarse en palabras!
Y otra es mi recientemente bautizada sobrinita mía, Fanny, que se ofreció a betearme y me sugirió un par de detalles que emparcharon un poco mi disconformidad con las últimas escenas. Para ella va dedicado este capi, también como regalo a todos los años que no le presté atención, aún siendo su tía!
Gracias a todos aquellos que recordaron mi cumpleaños y me enviaron sus saludos. Lo aprecié mucho. Entre los regalos que recibí, voy a compartir con ustedes el de Rómulo, quien me alegró el día con su dibujo de LE! Pueden ubicarlo a través de mi perfil.
Mi Fanlisting ha soportado una mudanza, por razones técnicas. Nuevamente pueden ubicarlo a través de mi blog o perfil. Muchas gracias, Chei, por seguir dedicándote a él.
HPEFS no ha sido abandonado. Pronto espero poder actualizarlo… todo depende de mi musa, a esta altura.
Espero disfruten de la lectura. Aunque nuevamente el capi no me convence… pero me he cansado de reescribir. Ustedes juzgarán. Con este capi, se termina el período de ficts lights. De hecho, este tiene un balance favorable al dark. Volvemos a la normalidad! Y con suerte, se terminarán los bloqueos y los problemas de caracterización.
Muchas gracias por todos sus reviews! Fueron casi el doble en cantidad de lo costumbre. Se los agradezco de todo corazón ! Las respuestas a aquellos que no dejaron mail podrán ser encontradas en la siguiente página: "ar. geocities. com/ parvatiusagi / LE11. htm" (sin los espacios entre medio)
Nuevamente me disculpo. Muchas gracias por su paciencia, y por seguir leyendo LE.
Título: Laguna Estigia
Autora: Parvati-Blossom
Resumen: Reto N 7 de La Orden de las Mortífagas. UA. Harry es el más destacado mortífago al servicio del Lord. Neville es el que se espera que venza a Voldemort y su protegido.
Rating PG15
Género: Drama/Dark/Angst... o.O Tal vez algo de acción...
Disclaimer Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter. Sin embargo, aquellos personajes que no pertenecen al Cannon, son de mi propiedad. ¿Ejemplos? Alice Kolberg, Lucas de Santos... Por lo tanto, LE no es completamente tuyo¿verdad, Jo? -risas- Es un fict sin fines de lucro.
Advertencia: Tortura y cierta violencia explícita. Relación sexual implícita.
Capítulo 11
Guildford
11 de octubre de 2004
Horario: once y cuarto de la noche
Un silencio desdeñoso reinaba sobre el pueblo. Los pocos faroles que se hallaban situados sobre sus calles principales iluminaban mezquinamente el panorama, revelando un sencillo y típico poblado muggle con exiguos magos de linaje impuro en él. Ignorando los ojos indiferentes que se encontraban observándolos en la espera del momento indicado, la mayoría de los habitantes se dirigían a sus camas para descansar tras un exhaustivo día de trabajo. Otros permanecían despiertos, viendo la televisión o alguna de esas extrañas actividades con las que se entretenían los muggles.
El grupo de mortífagos aguardaba el comando de su líder detrás de las dichosas edificaciones o camuflados por algún hechizo o en la abundante vegetación de la zona, que en aquella ocasión no serviría para brindar serenidad ni belleza; la sed de sangre podía ser percibida en el aire, así como también el deseo de demostrarse fidedignos y valiosos a la Causa. Filldeserp sonrió despiadadamente al presenciar la ansiedad de sus subordinados.
- Aprisionen a aquellos dignos de ser presentados ante el Conde Phinehas y los suyos. Al resto… elimínenlos. – Ordenó con superlativa frialdad a los dirigentes de los diferentes grupos de ataque.
- ¿Limpiamente? – Cuestionó Avery, su tono de voz incrédulo.
- Queda libre al criterio del ejecutor, mientras recuerde no privilegiar demasiado a un individuo sobre los demás. – Contestó Filldeserp, cuyos ojos parecían haberse oscurecido a un negro absoluto.
Los dirigentes extendieron rápidamente las órdenes al resto de los mortífagos y se dispusieron a accionar, habiendo predeterminado las diversas líneas ofensivas instantes previos en la Fortaleza. Los gritos de pánico y dolor no tardaron en elevarse por todo el pueblo. La noche se tiñó de rojo mientras las estrellas parecían lamentar cada una de las vidas que estaban siendo exterminadas. Eso no detuvo a la Orden Oscura, quien avanzó casa por casa juzgando a sus víctimas y decretando cómo sería su muerte, un poder popularmente sólo delegado a los Jueces... pero que los mortífagos demostrarían que había sido usurpado.
Ahora ellos capitaneaban.
- Es increíble como los novicios se engolosinan con el poder del Lord. – Murmuró Bellatrix, apoyada sobre uno de los faroles y contemplando la escena con desinterés.
- ¿Sólo los novicios? – Altercó Filldeserp. – Y yo que pensaba que te gustaban esta clase de asaltos…
- No hay ningún desafío aquí. Sólo un par de sangres sucias inútiles y muggles que no entienden lo que sucede, y salvo que tengan a mano alguno de esos juguetes de metal con los que se creen todopoderosos, no brindan mayor resistencia... no creo que al conde Phinehas le agrade esta clase de banquete.
- Son sólo la entrada, Bella. – Sonrió el heredero de Voldemort. – El plato principal será mucho más suculento…
- Ya veo. – Una mueca retorcida tomó lugar en el demacrado rostro de la mortífaga al presenciar una sesión de tortura que uno de los mortífagos estaba desplegando sobre una mujer embarazada, que forcejeaba y gritaba por ayuda con una frenética consternación, no muy lejos de ellos. – Atrae viejos recuerdos¿verdad?
- ¿A qué te refieres? – Preguntó Filldeserp, frunciendo el entrecejo ante la extraña afirmación.
- Vivías en un barrio así antes de unirte al Lord¿no? – Por su entonación se deducía que no era una pregunta. – Debió de ser una horrible experiencia… convivir con semejantes ratas… - Bellatrix centró sus penetrantes ojos negros en él. – Debes agradecer todos los días que el Lord te haya salvado de continuar en esas condiciones…
- Me sorprende tu amabilidad esta noche, Bella. No sueles mostrarte tan comprensiva conmigo. Mucho menos con mis raíces. – Replicó Filldeserp, refinando su sarcasmo en las últimas palabras. – Aunque espero que no hayas olvidado mi posición de jerarquía sobre ti… ¿Quién de nosotros dos posee el favor del Dark Lord? – Atestiguó como la furia revivió en los ojos de la mortífaga antes de continuar. – Eso pensé. Espero que en el futuro seas más conciente, Bella; si bien aprecio tu preocupación, no permitiré que hables de mí con tan bajo acato. Después de todo, no quieres terminar siendo la cereza en el postre del Conde¿verdad…?
- Aún no entiendo cómo el Lord pudo perdonar tus actos… cómo pudo concederte a ti, a aquel que lo destituyó en primer lugar, más poder y protección que a nosotros, que nos desvivimos por él, hasta abrazamos Azkaban voluntariamente por Él, honramos cada uno de nuestros juramentos… mientras que tú no has tenido ni una pizca de nuestro honor, ni le has entregado ni has sacrificado ni una décima parte de todo lo que nosotros le dimos… y aún así, te recompensa con más decoros, con más estimación…
- No debes medir la lealtad o el honor según los sacrificios que has realizado… sino que deberías fijarte más en tu eficacia como fuerza en la Causa. A parte de conferirte al Ministerio como una Gryffindor, enloquecer en una celda mugrosa en la que poco podías hacer por tu Lord¿qué más has hecho en los últimos veinticinco años, Lestrange? Ya ni sabes porqué luchas, has derrochado toda belleza que como mujer podrías haber llegado a poseer, has perdido el juicio, y con ello tu habilidad mágica y tu capacidad estratega… Agradece que el Lord no haya desprovisto de ti aún, y que te conceda oportunidades para volver a serle útil, la gracia de su misericordia… te aseguro que yo no la tendría.
- Y es por eso que nunca llegarás a ser nuestro Lord. – Impugnó Bellatrix. – Nunca llegarás a ser más que un arma que emplear para desestabilizar la balanza y luego exonerar… nadie te seguirá a ti. Sólo desacreditas nuestra Causa. La impureza de tu sangre, la debilidad de tu estirpe, lo certifica.
- Me encargaré de hacerle llegar al Lord tu informe, Lestrange. – Musitó Filldeserp, dándole la espalda para ir a examinar a los mortífagos y a sus víctimas. – Estoy seguro de que hallará de gran interés tu blasfemia a sus decisiones.
Abandonó la conversación allí, aún cuando Bellatrix parecía dispuesta a seguir injuriándolo. Prefirió cumplir con su función y asegurarse de que los mortífagos estuvieran actuando con discernimiento.
Con el tiempo que ya había transcurrido, la mayoría de los muggles que serían tomados como prisioneros yacían en medio de la calle, inmovilizados con magia o simplemente inconcientes. Todo aseguraba un trabajo bien realizado: la desesperación en sus ojos, su estado convulsionado, las súplicas; principalmente el odio. Rió entre dientes cuando un adolescente intentó zafarse de los brazos de un mortífago que lo retenía al ver el cadáver de su madre sobre el pavimento, rodeada de un charco considerable de sangre, y sólo consiguió un cruciatus como premio.
La mujer embarazada cuya tortura había observado durante la conversación con Lestrange ahora se encontraba descuartizada, y sus porciones distribuidas por todo el frente de su casa. No había aportado mayor resistencia desde que el mortífago le había clavado brutalmente un puñal en el vientre.
Por un instante se detuvo, perturbado, cuando la voz de Hermione tomó vida en su cabeza, actuando casi como una conciencia. "¿Qué hizo el bebé para merecer no nacer?". Nada, le contestaría. No había hecho nada. Pero no siempre los culpables saldan su deuda. Hay veces en que los inocentes pagan con su sangre el precio de la justicia, mejor conocida como venganza.
Permitiéndose sólo un momento de aflicción, se acercó a donde la cabeza de la mujer se encontraba, apartada de su cuerpo, y se inclinó sobre ella, miró sus ojos vacíos y bajó sus párpados.
- Que los Jueces ofrezcan magnanimidad con tu alma. – Susurró, y ese fue el único gesto que le brindó a sus víctimas.
Después de todo, era el heredero de Voldemort.
- Mi Lord. – Saludó Goldstein con una ligera reverencia.
- ¿Qué tienes para reportar, Anthony? – Dijo, poniéndose de pie y adoptando una postura soberbia.
- Setenta y seis muggles han sido capturados, milord. Los cinco sangres impuras, tras convidárseles la piedad de nuestro Lord, se negaron a cooperar, dos de ellos presumiendo lazos con la Orden del Fénix, y fueron eliminados. Estimamos que alrededor de cincuenta muggles más han sido torturados y descartados. Sólo resta acabar con el pueblo… y con una docena de muggles. Quizás podamos sumar más al banquete.
- Muy bien, Anthony. Procedan. Posiblemente la Orden del Fénix y el Ministerio no tarden en llegar, así que no se distraigan. – El mortífago volvió a hacer una reverencia y desapareció tan rápido como se había presentado.
Caminó nuevamente hacia los prisioneros, donde el adolescente seguía batallando. Era increíble el ruido que una sola persona podía hacer contra al menos otras cinco que le rodeaban. Había recibido varios cruciatus y otras maldiciones de semejante dolor, y aún así seguía intentando. Su objetivo era desconocido; probablemente nulo. Pero el ardor de su odio, de su dolor, le dotaban de una adrenalina destacable, aún siendo muggle y no pudiendo dar nada más que patadas y mordidas.
Se sintió reflejado en la desesperación del muchacho. Le hizo recordar todo el sufrimiento, toda la desazón, todo el aborrecimiento que había sentido al presenciar la muerte de Sirius. Había pensado que la venganza no llenaría el vacío que su padrino había dejado en su alma, pero al menos lo haría menos punzante. Parcialmente, había estado en lo cierto. Le había ayudado a enterrar el recuerdo de Sirius, a enterrar todo lo que era, todos esos valores e ideologías por los que había luchado y sufrido inmensurablemente, y a hallar consuelo y refugio en las Artes Oscuras… El vacío de su alma se había ampliado y nada sanaría la herida, pero por lo menos eso era lo que había elegido ser. Se había alimentado del odio para sobrevivir.
- Harrods¿cuál es el problema? – Preguntó a uno de los mortífagos que pretendían apresar al muchacho. Al notar su presencia, el resto del grupo palideció y se apresuraron a fingir un poco más de confidencia y poder sobre el muchacho que lo que en verdad habían tenido.
- El niño se niega a cooperar, señor. – Filldeserp elevó una ceja.
- ¿Qué esperaban? – Miró al muchacho, quien ahora había fijado sus ojos castaños en él y permanecía inmóvil, al igual que esos inútiles mortífagos. – No creo que ustedes se muestren muy coadjutores cuando el Lord se disponga a torturarlos por su ineptitud.
- ¡Por favor, mi Lord, debe entender…!
- ¿Debo entender que cinco de mis hombres no pudieron contra un chiquillo muggle?
- Así que usted es el cabecilla. – Murmuró el niño con desfachatez. Luego escupió a los pies de Filldeserp. – Púdrase.
- ¡Insolente¿Cómo osas hablarle así a Lord Filldeserp¡Deberías estar de rodillas, suplicando por tu miserable existencia…! – Exclamó uno de los mortífagos. El muchacho ni se inmutó y siguió fulminando con la mirada al dichoso Lord.
- ¿Qué hicimos para merecer esto? No participamos en política, ni en ningún movimiento ideológico o religioso… no somos parte de la milicia… sólo somos simples trabajadores…
- El lugar equivocado en el momento equivocado. – Dijo Filldeserp con apatía. – Quizás te guste llamarlo suerte… o destino. Pues bien. Han sido agraciados con el privilegio de ser nuestro regalo a un conde, que disfruta bebiendo la sangre mortal. ¿Por qué deberíamos negarle nuestra amabilidad? – Sonrió con perversidad. – Mándale mis saludos a Acheron. – Y con un chasquido de sus dedos, el muchacho cayó inconsciente al suelo.
Prefirió no ver los rostros de los mortífagos, así que se volteó a admirar la destrucción del pueblo, primordialmente cómo las casas eran incineradas. En su interior su elemento instaba en manifestarse y abrazar las llamas, intensificarlas y hacerlas danzar, pero contuvo la tentación. No valía el esfuerzo ni el derroche de energía. Por la sensación que le siguió a su negación, su magia parecía estar haciendo un puchero. Rió ante aquella imagen mental.
- La Orden del Fénix se aproxima, milord. – Notificó Goldstein. – ¿Nos preparamos para recibirlos?
- Déjalos. Sólo hallarán ruinas. – Sonrió, consintiendo que el aroma a sangre y a cenizas lo inundara. – Retirémonos.
Odio para sobrevivir.
Fortaleza de la Orden Oscura
15 de octubre de 2004
Horario: nueve de la mañana
Ingresó al despacho de Lord Voldemort con su semblante impasible. Realizó la típica reverencia de forma casi mecánica y aguardó de pie cerca de la puerta, ahora cerrada, fijando sus ojos esmeraldas en los escarlatas de su Lord. Se mantuvieron unos minutos en silencio, únicamente contemplándose, hasta que Voldemort se levantó de su asiento y se dirigió hacia su heredero, con un periódico apretado en su puño derecho.
- Espero que tengas una buena explicación para esto. – Le dijo, explicitando su amenaza.
Le tendió el periódico, que Filldeserp tomó sin demostrar emoción alguna. El silencio se condensó sobre ellos durante la lectura y prosiguió al terminarla, porque su heredero no elevó los ojos del artículo ni hizo intento de satisfacer sus expectativas.
"Ataque mortífago frustrado"
- Dos de los mortífagos que lograron escapar dieron su reporte también. Si bien el Profeta ha convertido el contraataque en un hecho sumamente heroico, los datos básicos son verídicos. Y los mortífagos indican haber visto el medallón. Sabes muy bien que sólo ella puede usarlo, y que sólo nuestros mortífagos pueden verlo… por lo menos, según tu propio informe tras su partida. Estoy seguro que Dumbledore no podría romper los encantamientos y engañarnos.
Filldeserp permaneció taciturno, aún sabiendo que eso enfurecería aún más a Voldemort. No podía quitar sus ojos del artículo. No quería admitir la verdad de los hechos. Si bien cuando la había dejado marchar, sabía que estaba la posibilidad de que su futuro encuentro fuese en bandos enfrentados en un campo de batalla, nunca había pensado que podría cumplirse. Cada fibra de su ser había creído que de ninguna forma el plan podría invertírsele. De ninguna forma el arma que habían estado cultivando ese mes podría ser esgrimida en su contra…
El problema radicaba en que ya no era sólo un arma.
"Entonces tendrás la muestra del lugar de mi lealtad antes de Noviembre."
- ¿Puedes explicarlo, Filldeserp? Después de todo… esta fue tu idea. Desde un principio te indiqué que no confiaras, que no le dieses otra opción… me aseguraste que esto sólo la haría más fiel a nuestra Causa… me niego a creer que hayas operado esa decisión con tu juicio nublado. Así que explícame… ¿es esta otra estrategia tuya para hacerle creer a la Orden que Granger ha vuelto con ellos¿O es que me has fallado?
"El foco del ataque tuvo lugar en un pueblo a las afueras de Derbys, donde se presume el objetivo era secuestrar a un integrante del Departamento de Entrada en Vigor de la Ley Mágica."
Aún cuando en el exterior su rostro no reflejó nada, por dentro se sentía asfixiado. El dolor, la decepción, la traición… la traición. La osadía de Hermione… Había estado en lo cierto. Granger era la mejor auror de todos los que integraban la Orden del Fénix. Había engañado al mismísimo Filldeserp, lo había retenido en sus garras y había destruido todo esquema. Algo, muy en lo profundo de su ser, se quebró e identificó aquella sensación con la que hacía tantos años atrás se había afrontado.
"Hermione Granger se ha reincorporado a las fuerzas del Ministerio, tras haber permanecido un mes prisionera en los Cuarteles de la Orden Oscura y otro mes recuperándose en los Cuarteles de la Orden del Fénix."
Se había permitido esa debilidad; se había permitido confiar en ella, encariñarse con ella… había dejado que ella volviese a traer a la luz aquellas memorias por las que tanta vergüenza, tanto odio, tanto dolor, sentía. Había convertido al inmutable, poderoso y perfecto heredero de Voldemort en un débil y miserable hombre. Simplemente siendo ella misma. Ningún veneno, ninguna arma, ningún ejército había podido superar sus barreras… salvo ella. Una sangre sucia.
"Fue crucial su reaparición como co-jefa del departamento de aurores para revivir las esperanzas durante la defensa del pueblo."
- Le he fallado, mi Lord. – Susurró, aunque su mente estaba muy lejos de la realidad.
Y no sólo eso, sino que lo había obligado a ir contra su propio Lord… contra aquél que consideraba un padre, contra aquél que lo había salvado y le había brindado la posibilidad de ser.
Dos manos se situaron sobre sus hombros y al alzar la vista, captó los ojos de Voldemort. Aún cuando aquel fiasco le aseguraba una larga jornada en la sala de tortura, esos ojos rojos no le hablaban de ello.
"La mayoría de los mortífagos presentes fueron aniquilados, en un número cercano a los veinticinco. Otros tres fueron arrestados y aguardan su juicio frente al Wizengamot. Un escaso número logró escapar."
- Te lo advertí, Harry. Te advertí que no la dejaras… que tarde o temprano lo utilizaría para su provecho. Desde un principio lo hice. Incluso cuando recién estábamos proyectando los cimientos del plan¿recuerdas lo que te dije? – Su tono de voz era suave, casi como un padre regañando a su niño por haber aceptado un caramelo de un extraño. – Te dije que el éxito del plan residía en tu capacidad de engañarla, y no caer tú también en el engaño. Me juraste que no lo harías. Más tarde, me juraste que no estabas cayendo. Y aquí está la prueba de que me juraste en vano… excelentes máscaras, excelente autocontrol… pero tu magia termina revelando lo que en verdad sientes…
El fuego los rodeaba, chispeando y lagrimeando su furia, su desconsuelo, su sufrir; poseía un intenso color rojo, que a veces se suavizaba a anaranjado. Se había adherido a las paredes de piedra, a todos los muebles del elegante despacho. No quemaba, simplemente se manifestaba con anhelos de destruirlo todo, con anhelos de dejarse consumir.
Finalmente el fuego se concentró en el periódico que Filldeserp había conservado olvidado en sus manos. Se prendió en él y lo convirtió en cenizas con tal cólera que por un segundo Voldemort estuvo predispuesto a retroceder.
Fue entonces cuando las esmeraldas volvieron a fijarse en la realidad, brillando innaturalmente. También ellas parecían consumirse en el fuego del ser de Filldeserp.
- Te he fallado, padre… pero tú mismo fuiste el que me enseñó que emociones tan fuertes como el rencor… el amor, pueden transmutarse en energía. Y esta vez prometo no romper mi juramento… utilizaré este odio, este dolor, para corregir mi error, y para pagarlo. Granger no llegará a vivir para arrepentirse de lo que ha hecho… Estará demasiado ocupada gritando y suplicando…
Voldemort sonrió complacido.
Odio para sobrevivir.
Fortaleza de la Orden Oscura
16 de octubre de 2004
Horario: seis y cuarto de la tarde
Sus manos temblaban frenéticamente mientras transcribía las indicaciones y detalles del próximo ataque a un informe general. Se detuvo un instante a examinar por décima octava vez el mapa del pueblo y suspiró con frustración, dejando caer la pluma sobre el escritorio con un golpe seco.
Algo se le estaba escapando de las manos. Algo no estaba logrando contemplar, y un pequeño detalle como aquél podría conducirlo a otro fracaso que a toda costa deseaba evitar. Se cubrió el rostro con las manos, en un intento infructuoso de serenarse. En su mente se reiteraba una y otra vez la imagen del periódico y el titular danzante que con maña se burlaba de él; al mismo tiempo, esa imagen se confundía con muchas otras que habían constituido los meses de agosto y septiembre…
Y él se había creído lo suficientemente Slytherin como para no ser afectado…
Absorbido por el furor, golpeó la superficie de su escritorio con el puño cerrado y se puso de pie. No podía permitirse aquel descontrol e indisciplina. No podía permitir que un evento tan trivial, tan insustancial, lo afectara. Granger no era nada especial; no tenía porqué ser nada especial.
Aún cuando hacía pocas semanas hubiese admitido que sí lo era…
Respiró hondo y se centró en el silencio de la Fortaleza, abriendo sus barreras de Oclumancia. Dejó fluir sus sentimientos por su mente y los transformó en una energía traslucida a su elemento, que en los últimos dos días se había visto intensificado de manera ilógica. Pronto sus pensamientos volvieron a estar en blanco y listos para concentrarse en tareas más productivas que pensar en Granger y las diversas maneras en que la torturaría.
"¿Filldeserp?"
Aunque obviamente, la muchacha no se daría por vencida. Por supuesto que no… y había aprovechado sus barreras bajas para acceder al vínculo de comunicación a través del Medallón… qué estúpida al intentar forjar algún asomo de manumisión, cuando él ya había jurado no volver a considerarla nunca más.
Comenzó el agobiante proceso de forzar sus barreras arriba y expulsarla de su mente.
"¡Filldeserp, aguarda¿Qué es lo que sucede¿Por qué no me has…?"
"Como si no lo supieras ya, repugnante sangre sucia."
"¿Pero qué dices? Pensé que… tú más que nadie… entenderías…"
"¿Entender qué? Has elegido tu bando. Ya no hay nada más que hablar."
Púdrete.
Su mente retumbó. De repente, el silencio ya no era más una situación bien recibida.
Al abrir los ojos, sonrió amargamente ante la escena que se le presentó. Todo su alrededor estaba embelesado en fuego, cuyos colores evolucionaban del rojo al amarrillo. De no haber estado tan ensimismado en su odio, se hubiese detenido a admirar la libertad y el poder que manifestaban aquellas grandes llamaradas, aquellos signos de inexorable destrucción.
Su propio ser estaba tan desencajado que no podía distinguir entre los planos de su mente y el real. Ambos berreaban y, descontrolados, lo consumían.
Unas suaves, aunque frías, manos acariciaron su rostro. Suspiró ante la familiaridad del contacto y se inclinó, codiciando satisfacer aquel odio. Un par de labios conocidos respondieron con la misma pasión y lo guiaron hasta concentrar todo en aquel gesto. Perdió noción del trazo que realizaban aquellas manos sobre su cabeza y su espalda, y no se preocupó en retener las suyas, abriéndose el paso.
En la lejanía pudo escuchar un grito repleto de dolor, sin embargo estaba demasiado ocupado en aquel cuello, adorando aquella piel destilada que se encargó de desgarrar con sus propios dientes. Saboreó aquella sangre dulce y manchó con ella los labios a los cuales retornó, paralelamente ahogando los gritos.
- Quema¿verdad? – Murmuró mientras deslizaba su dedo índice por aquel pecho. Los sollozos acompañaron su trayectoria, pero aún así, el cuerpo convulsionado que había inmovilizado bajo su posesión no tuvo en ningún momento intención de apartarse de su tacto abrasador.
Ella también deseaba aquello, igual que hacía años atrás… Sus cuerpos se sincronizaban, aquella lujuria, que nunca había llegado a ser algo más, los gobernaba y no obstante… sus magias se rechazaban, y renunciaban a la intimidad.
El fuego se volvía real, y el agua replicaba, nunca armónica, siempre desafiante.
Ojos zafiros que lo fulminaban…
Y los gritos resonaban y los bosquejos se destrozaban junto con aquella ambición ideal, que nunca llegaría a concretarse.
Simplemente porque estaban condenados a nunca pertenecerse.
Fortaleza de la Orden Oscura
25 de octubre de 2004
Horario: nueve y cuarto de la mañana
- ¿Cuál es tu informe sobre el ataque a Somerset, Filldeserp? – Cuestionó Voldemort, impaciente; sus ojos inquisitivos analizando cada expresión del rostro de su heredero.
Manteniendo la costumbre de todos los años, las semanas previas a la inauguración del Congreso resultaban ser una pesadilla en el sentido más literal. Las reuniones entre el Círculo Interno solían reducirse simplemente a los dos dirigentes de la Orden Tenebrosa, dada la severidad del evento. Las tareas importantes, pero no fundamentales, eran delegadas al Círculo Interno y así sucesivamente en los rangos, aunque poco en verdad terminaba sabiendo un individuo sobre el Congreso, salvo que actuara en colectividad, limitando así las posibilidades de espionaje y fuga de información sustancial.
Sin embargo, este año resultaba ser el más complejo, ya que el Congreso tomaría lugar en la mismísima Fortaleza, mientras que en las ocasiones anteriores se había situado en otras edificaciones importantes que contaba la Orden Tenebrosa bajo su poder, como había llegado a ser en el 2002 el Condado de Phinehas en Alemania.
Ante tal condición, los mortífagos se movilizaban constantemente por la Fortaleza, organizando y diagramando las actividades bajo los ojos supervisores y amenazantes de sus Lords. Si bien el Congreso era una excelente oportunidad para conseguir y reafirmar aliados, afianzar el poder político sobre ciertas regiones y asegurarse que nadie hubiese olvidado su deber a la Oscuridad, Voldemort detestaba la pérdida de tiempo que solía causar toda la preparación. Si tuviera súbditos más expeditivos no se lamentaría tanto, pero ese no era el caso.
Nunca era el caso.
- Éxito absoluto, milord. Hemos eliminado al gobernador muggle, aún cuando la mismísima Orden del Fénix se presentó para resguardarlo por órdenes del Ministerio. También destrozamos el pueblo, secuestrando el número de muggles y sangre sucias y mestizos solicitado.
- ¿Lograron reducir algún número de la Orden del Fénix?
- Heridas severas a varios miembros, pero portaban transladores automáticos… - Voldemort suspiró cansadamente.
- Espero que recuerdes lo esencial que resulta en este momento comprimir a la Orden, Filldeserp. De lo contrario, el ataque a Gringotts se transformará en una misión suicida… Y que no obstante, deberá emprenderse y no quiero arriesgar más números de los que ya hemos perdido por estos movimientos extemporáneos…
- Lo recuerdo, milord. – Murmuró Filldeserp, cuyos ojos por un momento se desviaron.
- Perfecto. Avancemos entonces sobre…
Tras un tenue golpe a la puerta, Alice ingresó a la sala, realizando la reverencia correspondiente. Permaneció unos segundos más que de costumbre con la cabeza agachada, pero ambos Lords lo asumieron como un gesto de disculpa por la interrupción indeseada. Posteriormente se adelantó unos pasos, con sus ojos azules fijos en Voldemort.
- Los Lukyan han arribado, milord. Creí conveniente otorgarles una de las habitaciones para huéspedes de mediana categoría. ¿He obrado correctamente?
- Sí, excelente, Alice. – Luego de un instante de rigurosa reflexión, Voldemort asintió y se volteó a ver a Filldeserp, quien alzó una ceja ante la orden indirecta que reflejaban aquellos ojos escarlatas. – Estoy seguro que no te molestará darles la bienvenida¿verdad, Filldeserp? La pequeña Sheila se alegrará mucho de verte…
- Por supuesto, milord.
- En cuanto te desocupes, regresa. Aún quedan asuntos por atender.
Filldeserp volvió a asentir y consumó la tradicional reverencia antes de retirarse del despacho de Voldemort junto con Alice, quien al llegar al corredor, optó por el camino contrario del cual el heredero de Slytherin debía escoger. De nuevo, excusó su comportamiento por el estrés y las probables tareas que aún debía de tener bajo su tutoría. Últimamente todos los mortífagos actuaban así de abstraídos.
Resignado con su misión, emprendió su viaje por la Fortaleza hasta llegar a uno de los niveles superiores, otorgado por este período limitado de tiempo a los huéspedes. Consultó con uno de los mortífagos a cargo de la organización del sector sobre la ubicación de los Lukyan y así finalmente alcanzó a su destino.
Solicitó permiso para ingresar y una vez dentro de la sala común que comunicaba las dos habitaciones otorgadas a los Lukyan, fue recibido por Dymtrus, un hombre corpulento, de cabello rubio y ojos grisáceos. Sin embargo, la importancia de Dymtrus no residía en sus características físicas, ni siquiera en su nacionalidad ucraniana, un país que normalmente se perseveraba neutral, sino en su linaje y su inconmovible lealtad. Descendiente de una de las familias de sangre pura más prestigiosas y con el mayor registro de elementales de Europa, ostentaba un gran poder sobre el gobierno ucraniano, de tal forma que había triunfado en convencerlo de firmar una alianza con la Orden Oscura, que tendría lugar en el Congreso.
Su esposa, Maryska, procedía de una familia pura antiguamente reconocida, y que en la actualidad se hallaba desacreditada por la alarmante e inusual cantidad de squibs que había producido en esta generación. Sus hermanas mayores, Nyura e Ionna, habían tenido dos y cuatro hijos respectivamente, y sólo uno de los seis había sido considerado lo suficientemente mágico como para acudir a Durmstrang. Su hermano menor, Hadeon, se había casado recientemente, y su esposa estaba embarazada. No obstante, los pronósticos eran desalentadores.
Sin embargo, aún frente a las suposiciones negativas del pueblo mágico ucraniano, el linaje de Dymtrus había prevalecido sobre el de Maryska en Sheila, la única hija con la cual contaba el matrimonio. Se rumoreaba que, durante sus primeros cinco años de vida, la pequeña Lukyan había sido reservada en reclusión para asegurar su magia y adaptabilidad, ya que nadie en Ucrania la había visto hasta hacía pocos meses. Incluso nadie había sabido de su existencia hasta entonces.
Filldeserp, no obstante, conocía la verdad, y ésta se hallaba muy lejos de aquellos rumores.
- Lord Filldeserp, permítame reiterarle mi agradecimiento ante su hospitalidad, especialmente por consentirme con la presencia de Maryska y Sheila, quienes ansiaban visitarlo muy vivamente. – Dijo Dymtrus con un inglés desabrido, pero inteligible.
- Bien sabes, Dymtrus, que es un placer, sobre todo con las brillantes noticias que nos traes. De la misma manera, anhelaba observar el progreso de Sheila y ayudarla en su aprendizaje, si puedo llegar a ser de utilidad durante estos meses que permanecerán con nosotros.
- Lord Filldeserp. – Saludó Maryska con una esmerada reverencia, apareciendo por una de las puertas. El dichoso Lord se acercó a la mujer y, con una sonrisa arrebatadora, agarró su mano izquierda y besó su palma con suavidad, cumpliendo con uno de los gestos protocolares típicos de la nobleza ucraniana. – Siempre tan amable.
- No me reduciría a menos. – Extendiendo una fría sonrisa a Dymtrus, continuó: - Confío en que el viaje haya estado libre de inconvenientes.
- Por supuesto. – Sonrió Maryska cálidamente. – Aprovechamos la oportunidad para detenernos en algunas ciudades a las que Sheila aún no había concurrido. Quedó enamorada en especial de París.
- Posiblemente tenga que volver a pasar por allí en el viaje de retorno. – Murmuró Dymtrus, resignado. – Lo que uno hace por sus hijas…
Casualmente la dichosa niña entró a la antecámara en ese momento, con aquella inconfundible mirada infantil repleta de curiosidad. Sus ojos verdes se iluminaron al distinguir a Filldeserp y redujo en pocas zancadas los escasos metros que los separaban, pero se detuvo a unos pasos, sin animarse a entrar en contacto con él. Filldeserp sonrió ante la timidez de la niña y se agachó para quedar al mismo nivel visual.
- Bienvenida, Sheila.
La pequeña se ruborizó y jugueteó con la tela de su vestido plateado, bajando sus grandes ojos al suelo. Tras respirar hondo y alzar la vista con claro nerviosismo un par de veces, finalmente se armó de valor y replicó:
- Hola, señor... Fill... Fillde... señor... – Volvió a descender su mirada al suelo, avergonzada. Filldeserp sonrió interiormente, aunque Maryska se apresuró a acotar.
- Discúlpela, milord… Aún no puede…
- Lo entiendo perfectamente, Maryska, no hay necesidad de que te disculpes. – Esta vez hizo física la sonrisa. Se volteó de nuevo hacia la niña. – Y cuéntame, Sheila¿cómo van tus estudios¿Te has estado esforzando?
- Pues... pues... – Balbució Sheila. – Puedo hacer que las cosas vuelen... y que se hagan grandes... y que se vuelvan a hacer chiquititas... – Dijo, intentando explicarse y paralelamente haciendo grandes ademanes con sus manos. – Y... y...cuando estoy a oscuras y me da miedo... pues... pues hago que se enciendan luces... y mi papa me está ayudando a que las encienda sola... y... y... ya está, señor.
Filldeserp pestañeó, sorprendido por el progreso de la niña. Aún cuando su magia tuviese afinidad con esa clase de manifestaciones, la levitación era una materia muy compleja y muy pocos magos adultos terminaban de manejarla en profundidad. Si bien los niños mágicos, especialmente aquellos con dotes elementales, tenían exhibiciones de magia que superaban los límites que se imponían los adultos, y sólo se producían con emociones intensas… Sheila había prosperado mucho más de lo que esperaba, aún con el apoyo y la instrucción familiar.
Algo de su sorpresa y satisfacción debió de translucirse en su rostro por la sonrisa orgullosa en el rostro de Dymtrus.
- Mi pequeña ha trabajado muy duro estos meses. – Anunció mientras se arrimaba a su hija y la alzaba en brazos. – Está siguiendo el ejemplo de sus padres¿verdad que sí, nena? – Juguetonamente le agarró uno de sus mejillas y la estiró, provocando un gemido de fastidio. – Ella también quiere serle útil a Lord Filldeserp en un futuro, y ser la guerrera que dirija sus tropas a la victoria.
- Preferiría que fuera la señorita que asegurara sus movimientos políticos entre los elementales, cariño. – Indicó Maryska.
- ¿Una elemental limitándose sólo a política¡Patrañas! Ninguna Lukyan se esconderá en un rol secundario cuando podría estar protagonizando. Menos mi pequeña Sheila. ¿Verdad que no, nena?
Sheila miró fijamente a su padre y luego a su madre, sin entender íntegramente el asunto de la discusión y temblorosa de elegir algo que disgustara a uno de ellos. Por último, volteó sus ojos verdes opacos hacia Filldeserp, quien sonrió divertido ante la disyuntiva de la niña y extendió su palma derecha, en donde convocó una flama azul. Inmediatamente Sheila olvidó su irresolución y concentró su atención en la magia; sus ojos brillando con ilusión.
- ¿Yo… yo también podré hacer eso… señor?
- No. Pero sí podrás conjurar luz.
- ¿Luz? – La niña lo cuestionó con curiosidad.
- Así es. – Sonrió Filldeserp. – Pero tendrás que esforzarte mucho.
- ¡Lo haré! – Prometió Sheila en una exclamación entusiasta. Posteriormente se abrazó más fuerte a Dymtrus. – ¿Me ayudarás, papá?
- Claro que sí, princesa.
- No podré evitar que sea una guerrera¿verdad? – Suspiró Maryska, resignada. Filldeserp rió entre dientes.
- Un elemental que sólo se dedica a política es un poder desperdiciado, Maryska. Si tanto temes por ella, bríndale los recursos para que nunca tus aprensiones se vuelvan realidad. – Entrelazó la mano de la mujer con la suya. – Lamento tener que obligarlos a esto…
- ¡No lo lamente, Lord Filldeserp! – Prorrumpió Dymtrus, alterado. – ¡Con todo lo que usted ha hecho por nosotros! Los Lukyan honran cada una de sus palabras; nuestro juramento no será vano. En lo que podamos serle útil, lo seremos. Aún cuando signifique sacrificar a nuestra princesa… - Le sonrió a la niña, cuyo desconcierto era palpable. – Los haremos sin recelo y con dignidad. Nuestra Sheila estará a su lado, como una de sus principales generales, y realizará nuestras ambiciones y protagonizará nuestros valores; defenderá nuestras ideologías… será la Luz de la Oscuridad.
El rostro de Dymtrus reflejaba una determinación inalterable que iluminó el rostro de Maryska y maravilló a Sheila, aún cuando la niña no llegaba a discernir que aquellas palabras hablaban de su futuro oscuro, pero ilustre; aún sin entender que sería un arma, entrenada a voluntad, y parte de una nueva generación de magos que cambiaría la comunidad mágica.
Y no le importaría. Lo haría con la dignidad de la familia Lukyan guiándola, aún cuando flaqueara; sus ojos verdes ya brillaban con la misma lealtad que resplandecía en las profundidades de los grisáceos de Dymtrus y aún le restaban años de entrenamiento y esfuerzo. Pero lo lograría y alcanzaría el puesto de honor y jerarquía que su padre esperaba de ella.
Lo haría por el espíritu perseverante y conquistador que habitaba en ella.
Filldeserp rió internamente por la ironía de todo, con las palabras de Dymtrus retumbándole en la cabeza.
"Está siguiendo el ejemplo de sus padres¿verdad que sí, nena?"
La Luz de la Oscuridad, nadie podría calificarla mejor.
Fortaleza de la Orden Oscura
31 de octubre de 2004
Horario: diez y cuarto de la noche
Recorrió su inminente mirada por todo el Salón, decorado de aquellos colores que hermanaban a la Orden Tenebrosa. El lugar se veía espectacular. Una orquesta, con los más variados instrumentos, se hallaba en un rincón expuesto y ensayaban una melodía suave, dado el temprano horario. El Salón apenas se estaba llenando y faltaban aún cientos de aliados, de los cuales Filldeserp era el encargado de dar la bienvenida.
Por un segundo, dirigió sus ojos fulminantes hacia Voldemort, quien dialogaba con uno de los miembros del Círculo Interno en uno de los sectores superiores, y fue compensado con una sonrisa deleitada que no ayudó a su fastidio. Usualmente se entretenía con política, especialmente cuando le competía jugar con las mayores personalidades de las Comunidades, pero tener que ser peón… Por supuesto, Voldemort le objetaría que debería sentirse honrado al ostentar con el papel de anfitrión, pero Filldeserp lo cedería muy gustosamente en esta situación particular.
Sobre todo porque prefería concentrarse en una víctima, y no dividir su atención entre cientos, convirtiéndose así él en la víctima, sobre todo de aquellos que buscaban lavarle el cerebro y distanciarlo de la influencia de Voldemort, o de los neutrales, que lo examinaban muy atentamente en busca de alguna debilidad que explotar. Preferiría mil veces tener que contraponerse con Dumbledore y toda su Orden del Fénix y aliados juntos, con sólo su magia como arma.
- Muy buenas noches, Lord Filldeserp. – Saludó solemnemente una voz detrás de él.
Se dio la vuelta con una rapidez vertiginosa y se encontró frente a frente con el Conde Phinehas, cuyos ojos lóbregos lo inspeccionaban meticulosamente. Una sonrisa propiamente vampirezca se situó en el rostro del conde, luciendo sus luengos colmillos, demasiado blancos para el gusto de Filldeserp.
- Increíbles reflejos; envidiables para algunos vampiros novatos, e incluso avanzados.
- Sus elogios me enaltecen, Conde Phinehas. – Murmuró Filldeserp, acostumbrado a aquella introducción. – Confío en que la Oscuridad lo haya protegido en esta premiosa travesía.
- Y las estrellas me guiaron adonde atinaría con virtuosos amigos, aún en su mortalidad.
Filldeserp frunció el entrecejo. Aquella no era la réplica común a su bienvenida. La mayoría de las criaturas oscuras agradecerían y duplicarían el deseo de protección, luego expondrían alguna curiosidad o se retirarían de su presencia, divisando otros invitados con los que anhelaban intercambiar similares saludos. Conde Phinehas había salteado aquel paso y lo había conducido a un campo que exigía su atención. Era un gesto grato, sobre todo porque era una de las especialidades de Filldeserp y lo alejaba de las trivialidades, pero también imposibilitaba su deber de anfitrión.
Le planteaba un conflicto. ¿Quién poseía más importancia a sus ojos en este momento: el Conde Phinehas o el resto de sus adeptos y posibles aliados?
Se permitió un vistazo a Voldemort, quien aún desde la distancia vigilaba atentamente la escena y captó sus ojos, que le enviaron su afirmativa.
- ¿He de asumir que las estrellas me señalaron para coadyuvarlo en su gracia?
- No te permitas un momento de duda, Lord Filldeserp. Tu presencia es bienvenida entre los míos, y aprobada por las estrellas, cobijadas en la oscuridad que tanto tú como yo amamos y cortejamos.
Teniendo en cuenta el estado delicado en el cual se encontraba la alianza entre el Clan Henkel y la Orden Tenebrosa, sus palabras eran demasiado presuntuosas y encendieron alarmas en la mente de Filldeserp. Aún cuando Phinehas sólo había estado hablando de su relación con el heredero de Voldemort, ahora había incluido a su clan. El detalle que sin duda no había olvidado, sino que había dejado de lado a propósito, era incluir al clan de Filldeserp en su discurso.
Aquello connotaba una alianza de clanes perdida, pero que quizás podría recuperar en cierto porcentaje… aunque fuese desde lo individual e involucrara más sacrificios.
- Me regocijo en su excelentísima aprobación y en la gratuita amabilidad de tu clan hacia mi humilde persona. Desearía poder extender la misma gentileza desde los míos hacia los tuyos, guiado por las mismas estrellas que enlazan nuestros destinos.
- Aprecio la afición, pero lamento profundamente tener que rechazarla, aún bajo la admonición de la mismísima Oscuridad que sólo aspira ver a sus niños hermanados. Me aflija tener que decirlo, pero los tuyos sólo han atraído desgracia a los míos. Sin embargo, aún en mi congoja, me rejuvenece saber que aún es posible una alianza devota entre nosotros; las estrellas me han guiado hasta aquí junto con el conocimiento de que ninguna de esas desgracias que cayeron sobre los míos fueron aprobadas por ti, y por lo tanto, eres el único mortal valioso entre los tuyos que aún merece mi consideración y respeto. Incluso admiración, porque tu esencia demuestra la fuerza de tu voluntad, aún frente aquellos que han ambicionado apaciguarla.
Filldeserp sintió el recelo viajar por su sangre cuando la mirada de Phinehas se desvió muy puntualmente hacia Voldemort, que ahora lo suplía en su rol de anfitrión. Simbolizaba un insulto desahuciado, ya que estaba dirigido hacia aquél que lo había resguardado en la oscuridad, y realizado durante una danza oscura, por lo cual se agravaba la intención, y bien Phinehas lo sabía. En la única situación que podría ser interpretado favorablemente era frente a un descendiente de un linaje maldito por sus decisiones erradas, pero que posiblemente, con movimientos hábiles, el joven había reverdecido la gloria de su familia, endurando su desaprobación y escarmiento.
Había dejado a su elección e interpretación si era un halago o un insulto. Filldeserp, intentando disimular su enfado, midió las ventajas y desventajas de la propuesta, apretando los dientes con fuerza.
- Nunca abandonaría a los míos, si lo que en verdad insinúas es una muda por mi parte. Si, por el contrario, nuestra alianza significara obviar la venganza que tu pueblo anhela ejecutar sobre los míos…
- ¿Aún frente a la posibilidad de inmortalidad no los abandonarías?
- La inmortalidad no me brindará lo que deseo obtener; no requiero ninguno de sus dotes. Y aún si así fuera, los míos me necesitan y desdorado sería yo si los desertara en este momento de cambio. No oses interpretarme erróneamente, Conde Phinehas: no son ellos los que me sujetan, sino mi lealtad hacia ellos, y mi propio deber y voluntad de protegerlos y guiarlos hacia la gloria; con la misma voluntad refulgente que tú acabas de elogiar.
Phinehas permaneció en silencio mientras hombro a hombro pasearon por la galería principal. Cuando al fin se decidió por el rumbo de su respuesta, sus ojos irradiaban tal audacia y avidez que Filldeserp cerró los ojos por un instante, preparándose para las punzantes palabras que sin duda alguna escucharía.
Tendría que notificarle a Voldemort de un nuevo fracaso, y poner en marcha la alianza con el clan Kunz para asegurar su subida al poder para remediar el aliado perdido.
- Seré franco contigo, Lord Filldeserp, porque has demostrado nuevamente que tus habilidades te ubican como mi igual, incluso con tu juventud e inexperiencia. Lord Voldemort no tiene nada que ofrecerme que acapare mi atención ni seduzca a mi pueblo… - Sus ojos oscuros brillaron con una chispa maniática y una sonrisa peligrosa se situó sobre su rostro, sobre todo cuando los hombros de Filldeserp cayeron ante la ya asumida derrota. – Salvo tú.
El heredero de Voldemort se detuvo abruptamente, estupefacto ante el rumbo que había adquirido la danza. Cuando hizo un amague de réplica, la mano derecha de Phinehas estrechó su hombro izquierdo con una fuerza que sólo un vampiro o un licántropo podía profesar, y lo silenció, para luego desmantelar el agarre.
"¿Ha adquirido Phinehas un heredero? Su tiempo como conde pronto llegará a su fin... por más que sea vampiro, ha reinado lo suficiente, y su poblado exigirá una nueva generación..."
Sus propias palabras en aquella reunión del Círculo Interno, previa al rescate de Hermione, lo alcanzaron en ese momento, y de repente la expresión que había visto en el rostro de Voldemort adquirió significado. Probablemente su expresión en este momento fuese un duplicado.
- Desde que Lord Voldemort te presentó por primera vez ante mí, cinco años atrás, supe que eras el ingrediente esencial de su pócima para la victoria… y pude entender porqué. – Sonrió el conde hambrientamente. – La oscuridad que abrazaba su alma, combinada con el fuego de tu magia… cualquier criatura oscura se sentiría inmediatamente atraída hacia ti, y hacia todo lo que propusieras. Aún con mi experiencia, no pude resistir la atracción. Instintivamente supe que eras el mortal que había estado esperando todas estas centurias… el único mortal lo suficientemente digno para suplirme y conservar al linaje Henkel en su meritoria cúspide…
Contra todo sentido de supervivencia, Filldeserp persistió estático en su lugar mientras Phinehas reducía lentamente los escasos pasos que los distanciaban. Si retrocedía, mostraría su debilidad al haber sido intimidado y Phinehas podría jugar con él, incluso conducirlo hacia su objetivo. Mantuvo firme su mirada sobre los ojos del vampiro, desafiando sus poderes de hipnotismo con sus barreras de Oclumancia; casi podía sentir el aire condensándose a su alrededor ante la tensión de fuerzas.
- Conde Phinehas. – Interrumpió en forma de saludo una voz que Filldeserp bien conocía y agradeció su oportunidad. – Confío en que la Oscuridad lo haya guiado prudencialmente hacia nuestro hogar, sin desvíos ni anormalidades, y que las estrellas hayan aprobado los gestos de mi heredero hacia usted con la misma munificencia.- Con una sonrisa complacida, Voldemort apoyó su mano izquierda sobre el hombro de Filldeserp, reforzando sus palabras y casualmente dejando libre su mano derecha, que se hallaba situada con disimulo sobre su varita.
- Por supuesto, Lord Voldemort. – Respondió Phinehas, su tono lejos de ser amigable y desistiendo de la formalidad, en una abierta injuria hacia la gentileza de su anfitrión. Como respuesta, el Dark Lord alzó una ceja inquisitiva, pero asintió de todas formas.
- Lamento tener que eximirlo de la presencia de mi heredero, pero requiero de su asistencia. Seguramente tendrán la ocasión de reanudar su charla durante la velada. – Voldemort tuvo la delicadeza de sonar apenado, aunque el sarcasmo era igualmente perceptible.
- No se preocupe, Lord Voldemort. Podré encontrar otra persona con la cual entretenerme hasta que Lord Filldeserp se libere de sus compromisos. – Sin más, se volteó y desapareció entre la multitud, sin ni siquiera preocuparse en hacer una reverencia de respeto.
Voldemort contempló su partida con una sonrisa burlona, provocando una manifestación de exasperación en Filldeserp.
- Sabes que esta vez sólo te ha cedido tu punto porque así lo planificó¿verdad? – Dijo Filldeserp, y Voldemort rió entre dientes.
- Obviamente. Sin embargo, yo también tengo algo planificado. – Anunció Voldemort. – Simplemente quería confirmar mis sospechas. – Sus ojos relampaguearon por la cólera. – Eres mi heredero, y el de nadie más. – Filldeserp alzó ambas cejas, acostumbrado al sentimiento de posesión de Voldemort, pero no a su declaración pública.
- Me haces sentir casi como un objeto. – Sonrió Filldeserp satíricamente. Como refutación, recibió una mirada intensa. – Sé que no aludes a mí de esa manera, pero de todas formas… la decisión termina siendo mía¿verdad? – La desconfianza y el entrecejo fruncido de Voldemort incentivaron una carcajada vacía en él. Se volteó para alejarse y reasumir su papel en el baile de inauguración del Congreso. – Nunca renunciaría al linaje Slytherin ni a tu protección, padre.
Y se retiró de su presencia.
- ¿En verdad crees que nadie me reconocerá? – Susurró la muchacha de cabello platinado y ojos de un color ambarino, cuyo brazo estaba entrelazado con el del mortífago.
- Claro que no. – Una mueca sarcástica se ubicó en su rostro. – Estás agrediendo mis pericias como Inefable. Nadie podrá reconocer el glamour, te lo aseguro. Bueno, salvo Filldeserp. – El mortífago rió entre dientes, como si la excepción le causara regocijo.
- ¿No tendrás que reportarte pronto a Voldemort?
- Chist. Es Dark Lord. Como mi prima, no puedes andar desafiando su hegemonía. Pero sí, tengo que presentarme ante él, y tú conmigo, obviamente.
- ¿En verdad debo? – Preguntó la muchacha, jugueteando con uno de sus refinados bucles y con sus grandes ojos suplicando al mortífago por una negativa.
- ¿Preferirías quedarte sola en mitad de una sala en la cual no conoces a nadie¿Con vampiros, licántropos y Merlín sabe qué otras bestias horrorosas¿Qué puede hacerte el Dark Lord que no te haya hecho ya? Tarde o temprano deberás enfrentarte a él. Aunque yo temería más a Filldeserp. Me han dicho que últimamente anda algo… enardecido.
La mujer lo fulminó con la mirada aunque desistió cuando el mortífago empezó a andar en dirección a su Lord, con pasos largos que le generaban dificultad dado el largo de su vestido de gala, y lo desacostumbrada que estaba a los tacos.
- Augh. Hazme recordar nunca más ser tu pareja de baile. – Musitó, irritada.
- No creo que tengamos la oportunidad. – Respondió el hombre con el semblante sereno, aunque la mujer supo leer la burla en él.
- Buenas noches, Austen. – Saludó una dama, que justo en ese momento se cruzó en su camino, a su pareja y que se le hizo insólitamente familiar.
La mortífaga rubia definitivamente quería llamar la atención con aquel vestido rojo escotado, con detalles en negro. Ya de por sí su sonrisa depredadora afirmaba sus intenciones.
- ¿Cómo has estado, Alice? – Sonrió Austen encantadoramente.
- Muy bien, gracias. – Dijo la nombrada Alice con un tono endiosado. – Tu compañera no me es familiar. – Observó, aunque su desinterés en su identidad era palpable.
- Te presento a Iris, una de mis tantas primas de las que te he hablado… - La dichosa Iris le dirigió una sonrisa forzada a Alice de pura cortesía. – Iris, esta es Alice, una de las más fieles súbditas de nuestro Lord.
- Iris… la flor de la elocuencia. – Dijo la mortífaga, en tono que variaba entre el elogio y la indiferencia. – Todo un placer, admito.
- Gracias. – Murmuró Iris entre dientes. La mortífaga asintió y tras intercambiar unas palabras más con Cailean, los abandonó.
- Qué mujer tan desagradable. – Masculló Iris. Cailean, divertido, elevó una ceja.
- Ustedes, las mujeres, viven diciendo eso sobre todas las personas de su mismo sexo que encuentran. En verdad, uno supone que si fuera por ustedes, sólo existiría una mujer. El problema estaría, obviamente, en cuál de entre los billones.
- Dices eso porque disfrutas contemplándola. Sin embargo, bien sabes, que es una criatura que no tiene ninguna clase de respeto, ni a sí misma ni aquellos que tienen que soportar su imagen, ni mencionemos sus... designios.
- Te aseguro que no nos quejamos. – Sonrió Cailean, quien visiblemente estaba disfrutando el sacarla de quicio. – Lord Filldeserp, en primer lugar.
- ¿De qué hablas? – Cuestionó Iris, su expresión concentrándose ante el nuevo tópico.
- Es de conocimiento público entre mortífagos que Alice goza del favor de Filldeserp. – Cailean le dirigió una mirada significativa y descendió el tono de su voz. – Aunque en el último año ha menguado. Antes, incluso, corrían rumores de un supuesto compromiso…
- Idioteces. Filldeserp no se reduciría a algo así…
- ¿Y usted cómo podría saberlo, señorita? – Interrogó una voz detrás de la pareja, sobresaltándolos.
Voldemort había estado vigilando a las diferentes personalidades del Salón muy rigurosamente. Algunos de sus mortífagos más allegados habían sido encomendados con la tarea de cooperar con él, y podía presumir así tener todo bajo control, salvo por el Conde Phinehas, pero estaba dispuesto a aceptar aquella singularidad.
La orquesta había empezado desde hacía rato con canciones más vigorizantes, y varias parejas se encontraban bailando en un sector del salón. Otras tantas aún disfrutaban del delicioso banquete en sus respectivas mesas, y algunos paseaban por las áreas permitidas de la Fortaleza. Era una noche de formalidades e informalidades, aunque el pacto era claro: ninguna magia o fuerza debería ser usada ofensivamente. Ningún ataque debía iniciarse. Era una noche de paz, por extraño que sonase en la mente de un Dark Lord.
Irónicamente también era la fecha de conmemoración de la conclusión de su Primer Ascenso. En un gesto inconsciente, sus ojos rubíes se estacionaron en la figura de Filldeserp. Veintitrés años. Una sonrisa afectada surcó su rostro al pensar que nueve años atrás había estado maldiciendo aquel Halloween, y en el presente era un día que veneraba y aún si los Jueces le permitiesen volver al pasado, cometería el mismo error, porque el resultado había valido la pena a largo plazo.
Fue distraído de sus ensimismamientos cuando algo vulgar captó su atención. Una pareja se encaminaba hacia él, aparentemente en medio de una discusión, cuando fueron interceptados por Alice. No supo porqué la escena lo atraía, pero conociendo la importancia de seguir su intuición, se acercó de manera camuflada hasta ellos.
- Es de conocimiento público entre mortífagos que Alice goza del favor de Filldeserp. Aunque en el último año ha menguado. Antes, incluso, corrían rumores de un supuesto compromiso… - Le escuchó murmurar a Austen.
- Idioteces. Filldeserp no se reduciría a algo así… - Replicó la muchacha, con tal seguridad que le provocó suspicacia a Voldemort.
- ¿Y usted cómo podría saberlo, señorita? – Preguntó, adorando la forma en que los aterrorizó y sin poder reprimir una sonrisa maliciosa.
Austen inmediatamente se puso de rodillas y bajó su cabeza, pero la muchacha, que sabía que nunca había visto, pero que a su vez sus rasgos se le hacían extrañamente familiares, permaneció de pie. Frunció el entrecejo. Se había prometido que no torturaría a ninguno de sus invitados aquella velada, salvo que cometiesen alguna atrocidad, pero aquella mujer estaba resultando ser una verdadera tentación…
Cailean agarró el antebrazo de la mujer y prácticamente la arrojó al suelo, provocando una exclamación alarmada de sus labios. Pero, al parecer recordando donde estaba, se controló de hacer comentario y agachó la cabeza, sumisa.
- No has satisfecho aún mi intriga. – Señaló Voldemort. Notó que el labio inferior de la mujer temblaba, aún cuando se estaba esforzando por ocultarlo mordiéndolo. – ¿Quién eres?
- Es mi prima Iris, milord…
- Cailean, no te he preguntado a ti. – Le irrumpió el Dark Lord. – Agradece que hoy me encuentro benevolente o serías gravemente castigado por tu insolencia. – Volteó sus acusadores ojos a la denominada Iris. - ¿Podrías responderme a qué se deben tus inferencias, Iris?
- Simplemente… No podría imaginarme a Lord Filldeserp con aquella escoria, milord, por todas sus grandezas… que mi primo me ha relatado muy amablemente…
- Mientes.
Podía percibir la mentira incluso usando una Legeremancia superficial. A veces se preguntaba si era una ofuscación popular creer que había llegado a la categoría Dark Lord simplemente chasqueando los dedos. Por supuesto que podía distinguir cuando estaban intentando engañarlo. Él era un maestro en el arte, después de todo.
- Milord… yo… - Balbució la mujer.
- ¿No crees que estás exagerando, Tom? – Dijo Filldeserp, apareciendo entre las mesas, con una marcha refinada y resuelta. Se ubicó a su lado derecho y contempló con curiosidad reservada a la pareja, alzando las cejas soberbiamente. – Austen. – Su tono se tornó frío al decir el nombre.
- Milord. – Respondió el dichoso mortífago, agachando la cabeza aún más, casi rozando el suelo.
- De pie. – Ordenó Filldeserp, cuyo rostro había perdido todo rastro de humor en un instante. Una vez cumplida su orden, examinó a la mujer de cabellos platinados. - ¿Dices ser la prima de Austen…?
- Así es, milord. – Murmuró casi inaudiblemente. – Iris Austen.
Filldeserp asintió y como típico gesto, tomó la mano izquierda de la mujer y se inclinó para besarla, pero se detuvo a centímetros de su piel. Sus ojos se ensancharon y su mano se cerró con mayor presión sobre la de Iris, incitando un gemido de dolor. Casi con ferocidad, levantó sus ojos y los posicionó sobre los ambarinos, atacando bruscamente la mente de la mujer con Legeremancia. No pudo adquirir el acceso a su mente, pero reconocería aquellas barreras en cualquier sitio…
Llamó su elemento a la superficie, sin manifestarlo externamente, y el fuego concretó sus sospechas.
Elemental de Viento.
"Iris" retrocedió ante la intensidad de aquellos ojos y la sonrisa encrespada que tomó forma en el rostro anteriormente relajado de Filldeserp. Sin embargo, su mano aún permanecía sujetada y no podría ir muy lejos, incluso si hubiese deseado huir. Había esperado toda clase de bienvenidas, sobre todo con la extraña actitud que el heredero de Voldemort había adoptado hacia ella durante el último mes, pero…
La bofetada la encontró desprevenida.
- ¿Has venido a mofarte de mí? – Siseó Filldeserp, la mano aún en alto. - ¿O a qué rayos has venido?
- Definitivamente esperaba otra bienvenida. – Musitó, manteniendo la conexión visual y sin replegarse.
Filldeserp volvió a amenazar con otra bofetada, pero esta vez la mano de Voldemort retuvo su movimiento a mitad de camino. Su heredero volteó a verlo, con una mirada casi traicionada, pero la seriedad del rostro de su Lord lo serenó.
- Contrólate, a menos que quieras hacer de esto un espectáculo. – Le susurró, reprochador. Filldeserp asintió levemente con la cabeza, aunque se denotaba por la ferocidad de su rostro cuántas cosas hubiese querido hacer o decir de no haber estado en público. - ¿Podrías explicarme cuál es la ofensa que la joven Iris ha urdido contra ti?
- Nada tiene de Iris, milord. – Siseó Filldeserp, sin desviar sus intensos ojos del rostro de la joven, la cual podía intuir los cuchillos que ajaban su piel en la mente del heredero de Voldemort. O quizás una tortura un tanto menos sangrienta pero igual de dolorosa. – Frente a ti no tienes a nadie más que a Hermione Granger… por extraña que sea tal afirmación, teniendo en cuenta que prácticamente se está entregando a sus verdugos… ¿por qué facilitarnos la tarea, Granger?
- Con qué facilidad desvirtúas tus promesas y doctrinas, Filldeserp. Tú, quien me enseñó las artes de la mente y de la guerra, aquél que ante todo coloca la supervivencia, aquél que me juró que no sería más que una persona neutral o enemiga fuera de la Fortaleza… He venido aquí en busca de una alianza, y sólo recibo disgusto.
- No vengas con tus petulancias, sangre sucia. – La interrumpió Filldeserp. – Tu alianza no es bien recibida; no cuando realmente abrazas a la luz.
- ¿Qué es lo que he hecho para hacerte pensar eso? Te aseguré que recibirías mi respuesta antes de noviembre… y hasta donde entiendo, todavía es octubre. – Murmuró en un tono mordaz, absorbida también por el momento. – Tú fuiste el que me inculcó que siempre hay que asegurar nuestros objetivos… ¿qué pretendías que hiciera frente a una Orden del Fénix que cada vez estaba más suspicaz respecto a mis intenciones? Si no les demostraba pronto que pretendía recuperarme y reintegrarme… ¡te aseguro que no fue fácil adoptar un rol… casi de espía! Sobre todo por y en nombre de un hombre como tú, que sólo ve lo que quiere ver, que ya nada le importa… ¿cómo podía saber que te iba a importar¡Tú mismo me lo dijiste, que fuera de la Fortaleza serías Filldeserp! – Exclamó, a punto de gritar por su frustración.
Hermione respiró hondo y por unos segundos se dedicó a observar la expresión consternada en el rostro del mago oscuro. Una parte de su enojo e indignación permaneció allí, pero ante todo amó que ya no fuese impasible; amó el ardor de sus ojos, ya que sólo demostraba que lo había hecho sentir de nuevo, que en verdad era humano… y que ella no le era indiferente.
No se preocupó en contemplar a Voldemort, ni siquiera le dedicó una mirada de soslayo a Austen. Toda su concentración residía en Filldeserp.
Un mes había transcurrido sin verlo. A veces, hubiese deseado que el tiempo hubiese pasado más rápido; había otras ocasiones en las que hubiese preferido detenerlo, tan sólo para estar un instante más lejos de él. Eran sus dos posturas incompatibles respecto a una misma persona, y sin embargo, allí estaba, frente a ella, mirándole a los ojos. Tal vez no fuese la persona indicada a la cual proclamar lealtad; quizás no fuese la persona indicada con la cual enamorarse; quizás ni siquiera fuese digno de ser considerado como humano, por todas las monstruosidades diarias que cometía. Pero allí estaba ella, amándolo y odiándolo con el mismo ímpetu, y sólo deseando que su pelea interna concluyera al fin… Y no tenerse que cuestionar ni una vez más si estaba haciendo lo correcto o no.
Porque a lo mejor tales distinciones no existiesen. Por lo menos no existían cuando sólo deseaba borrar la mirada traicionada del rostro de Filldeserp, cuando sólo quería sepultar todo el dolor y la furia que irradiaban como brasas en su interior…
- Tuve claro mi lugar prácticamente desde la conversación con Dumbledore… - Susurró, habiendo canalizado la mayoría de su exacerbación y decidiéndose por un método más apaciguador. – De hecho, no tardé mucho tiempo en hablar con Cailean y arreglar todo para este día… Juro que mi participación en la defensa de los pueblos no tuvo mayor intención que salvaguardar mi condición… y quizás saldar mi deuda con mi falencia como aurora…
- Entonces… ¿estás dispuesta a jurar lealtad a la Oscuridad, aún cuando signifique ir en contra de tus propias creencias, de tus propios pensamientos? – Cuestionó Voldemort. – Esto no es un juego, Granger. Ya no tendrás posibilidad de redención… por parte de ninguno de los dos bandos. Ninguno te tenderá la mano de nuevo si traicionas. Esto es una guerra.
- Difícilmente la Oscuridad me aceptará. – Dijo Hermione, con una ligera sonrisa. – Sin embargo, estoy dispuesta a jurar lealtad a la empresa de Lord Filldeserp… todo lo que pueda aportar para impulsarla, dentro de mi magia blanca…
- Posiblemente seas la primera bruja cuya magia está aliada a la luz y proceda a emplearla para fines oscuros en la historia de nuestra comunidad… - Musitó Voldemort. Sin embargo, su sonrisa sugería su satisfacción.
- Sólo se trata de la primera. – Dijo Filldeserp, correspondiendo a la sonrisa de su Lord. Su mirada retornó a Hermione, quien ya se había colocado como lo indicaba el ritual de alianzas e iba a proceder a proclamar las primeras palabras de tal ceremonia. – Detente, Hermione. Este no es el lugar ni el momento… ni la forma. – Sonrió ante la mirada de desconcierto de la joven.
- Creí que era una fecha lo suficientemente simbólica…
- No, no lo suficiente. – Negó con actitud altanera. Se apresuró a rectificarse al contemplar las mejillas ruborizadas por la vergüenza. – No obstante, no tenías posibilidad de saberlo. Nuestra alianza no florece frente a la derrota de un Dark Lord ni frente al respeto a los espíritus que rondan esta fecha… por lo tanto Halloween no es la ocasión que buscabas.
- ¿Y el modo? – Preguntó Hermione.
- Tengo una manera mucho más tradicional y franca en mente, y que contempla nuestras diferencias como la mayoría de los juramentos de lealtad no suelen hacerlo.
Aquella sonrisa misteriosa probablemente la acecharía por el resto de la velada. Pero no pudo preocuparse menos, especialmente porque pocos segundos más tarde recibió una mirada que le garantizó que la discusión no había concluido y que quedaban muchas cosas aún por decir.
Pero no pudo preocuparse menos.
Para conceptuarlo en palabras sencillas y concretas, además de muggles, se sentía como sapo de otro pozo.
Cailean había tenido la razón: era definitivamente un gran error estratégico, por no insinuar suicidio, permanecer en el centro del salón sin compañía, principalmente por las condiciones especiales que la vinculaban a la Causa. No era como ninguno de ellos, ni siquiera si se comparaba a los neutrales, que simplemente analizaban todo desde una perspectiva superior y desglosada. Todos los rostros le eran extraños, todas las palabras ceremoniales que se murmuraban en los rincones sonaban como modismos de una lengua desconocida… todo en general: la música, los gestos…
Definitivamente no era su lugar natural. Recordaba los concilios internacionales organizados por la Orden del Fénix en los que solía estar tensa también, pero había sido otra clase de tensión. Estaba acostumbrada a lidiar con la honestidad y las maneras directas de expresarse de aquellos que se vinculaban con la Luz, totalmente inversos a los modos de la Oscuridad, cuyos golpes eran más inciertos, más disimulados y discretos; y donde los dobles sentidos abundaban y le provocaban severos dolores de cabeza.
Sin embargo, se forzaría a entender, a comprender, aquel micro-mundo. Se esforzaría para no tener que persistir oculta en una esquina, por temor a ser saludada por alguien y no dar la réplica correspondiente; se esforzaría para poder acompañar a Filldeserp en sus manipulaciones políticas y poder mantenerse a su lado con honor. Y también, porqué no, porque le causaba curiosidad.
Tampoco había sido natural de la Luz; siendo hija de muggles, cuando se enfrentó al primer día en Hogwarts, se sentía tan desubicada como en este momento. Y se había alentado a que no fuese así, a aceptar lo que era y obligar a los demás a aceptarla. Porque ella tenía el mismo derecho que ellos a estar allí estudiando y creciendo en su magia; lo mismo sucedía con la Oscuridad, si bien nunca sería una compañera fiel ni tan amable como la Luz…
Después de todo, ya fuese Luz u Oscuridad, era Magia. En un punto tan abstracto y tan supremo, no eran disímiles: de hecho, eran puramente lo mismo; las dos caras de una misma moneda, dos caminos con un mismo inicio y un mismo final.
Hermione sonrió y sus ojos almendrados destellaron ante la perspectiva del desafío. Nada le entusiasmaba más. Era una Gryffindor, a pesar de todo; aún cuando pareciese que había dejado una parte de sí misma en los Cuarteles, allí donde todo podría haber sido distinto…
- Lamento que la velada no sea tan deleitable para ti como la es para mis invitados.
Volteó su rostro y se encontró con Filldeserp, sentado aristocráticamente a su lado, con sus curiosos ojos en ella. Tal había sido su ensimismamiento que no se había percatado de su presencia. Volvió a desviar la mirada a la pista de baile, donde había disfrutado un cierto período de tiempo bailando con Austen hasta que el mortífago había hallado asuntos más interesantes con los cuales danzar.
Era verdad que los invitados estaban disfrutando la noche. En el ambiente había un clima de distensión y satisfacción, aunque no alcanzaba la calificación de alegría. Todos aquellos brujos y criaturas tenían algo en común: la magia oscura; una causa. Y todos sin excepción se regocijaban en la hermandad.
Su sonrisa cobró un tinte de amargura.
- Preferiría que no fueras tan formal conmigo. – Murmuró Hermione, quien llegó a captar el asomo de una sonrisa en Filldeserp.
- Créeme que en una noche como ésta es muy difícil escapar de la formalidad. Pero lo intentaré. – Hubo un instante de silencio, en el que ambos evitaron mirarse. – ¿Qué es lo que te he ofrecido que la Luz no pueda darte en sí misma? – Preguntó él espontáneamente, en un susurro casi inaudible.
Hermione se alegró por la pregunta y al mismo tiempo le causó una enorme disconformidad. No obstante, recóndito entre aquellas palabras que se oían tan suaves, estaba el conocimiento que Filldeserp podría haber entendido si su lealtad hubiese permanecido con la Orden. Por lo tanto, no era la falsa decisión que había tomado la que lo había decepcionado y enfurecido, sino algo mucho más complejo y profundo. Quizás entonces la pregunta era si lo habría aceptado.
Sonaba casi como las dudas de un niño tembloroso y tímido, que no podía llegar a divisar su valía y veía el mundo quizás demasiado grande para jugar a ser el gran héroe. Como si dudase de sus propias habilidades. Como si ya no se tratase de Filldeserp, el hombre que conquistaba ejércitos y mujeres con su carisma y poder, aquél que los aurores y civiles murmuraban que era más terrorífico que el mismo Lord Voldemort. La imagen mental por sí misma le ocasionó una carcajada, hasta que se corrigió y se dio cuenta que no había sido la respuesta correcta al ver la máscara que cayó como una cortina sobre el rostro de Filldeserp.
- La Luz me ofreció todas aquellas cosas que podría llegar a desear… una vida, un sentido para ella, amigos, el conocimiento de estar haciendo lo correcto; incluso un proyecto con el cual sentirme plenamente realizada. Sin embargo, mi decisión no radicó en ofertas, ni en promesas de futuro… ni siquiera en una ética con la cual pudiese justificar mis acciones. Ni siquiera fue por vengarme de todos los daños sufridos por sus engaños. Dudo poder idearle un nombre a mi razón… es sólo la sensación de… poder aportar algo, de poder ser alguien, que no cualquiera puede ser, de quizás poder marcar la diferencia, y mi trabajo y persona sirvan en algo importante, más que para poner un rostro a una causa La posibilidad siempre estará de haber tomado la decisión errónea, que éste no es el camino más adecuado para cumplir mi misión… pero por más que todo lo que haya conseguido apreciar sea destruido, aún ante el gigantesco riesgo que estoy corriendo… sé que éste es mi lugar, y de alguna manera sé que a pesar de todo ello, de todo el daño, es la decisión correcta, porque la he elegido yo. Sé que aquí es donde quiero estar, donde necesito estar. No lo podría explicar de otra forma… - Una sonrisa untada de tristeza cobró forma en su rostro. – Llámame egoísta, lo soy, pero no me arrepiento de ninguna palabra dicha la última vez que nos vimos…
Su discurso concluyó en una entonación nostálgica, deseando que su mirada fuese correspondida para así poder contemplar los sentimientos de Harry a través de ellos, y no aquel perfil de facciones inmutables. Se hubiese sentido satisfecha con eso.
Así permanecieron algunos minutos; ella, expectante por su respuesta, sintiendo como la congoja en su pecho aumentaba con cada latido; él, con su atención puesta en la celebración, dando la impresión de no haber escuchado a Hermione.
Bajó la mirada a su regazo.
- ¿Me permitiría este baile, señorita?
Pestañó y fijó su mirada en él, al principio creyendo que se estaba burlando de ella, tratándola como una desconocida. Luego captó la sonrisa juguetona en su rostro, sus ojos que parecían iluminados por un fuego interior, y no completamente consecuencia de su magia; su mano que tomó la suya y la condujo serenamente, midiendo sus pasos, a la pista de baile, y sus sentimientos respondieron antes que sus pensamientos.
Quizás fuese el hecho de que era la primera vez que bailaba con él. Quizás fuese porque todas sus inquietudes se dispersaron, de un modo esotérico. Quizás fuese porque sabía que era la primera mujer con la que Filldeserp compartía un baile aquella noche. Quizás fuese por su propio romanticismo. Pero no le importó las ojeadas incrédulas de su público, no le importó haber desertado a la Luz, no le importó estar danzando con el hombre que el mundo temía o veneraba; para ella, era simplemente Harry.
Ni su amigo. Ni su enemigo. Ni su amante. Ni un apóstata. Ni su confidente. Ni un desconocido. Ni un compañero.
Ni Filldeserp. Ni el heredero de Voldemort. Ni el ex–muchacho dorado de Dumbledore. Ni siquiera un hombre…
Sólo Harry. Y esa afirmación respondía a todas las preguntas.
Y ante sus ojos la realidad de que Harry estaba junto a ella…
Se apoyó en su hombro mientras bailaban al suave compás de la música y cerró los ojos, impregnándose en su aroma y en la millonada diversidad de sensaciones que se precipitaban por su cuerpo. Sintió el leve dolor en su rostro, causado por la sonrisa más extensa que podría jamás producir, y también percibió como algunas lágrimas desfilaban por él. Más que nada, apreció la mano que con delicadeza acarició su mentón y acompañó esas lágrimas.
Las notas de los instrumentos de la orquesta bailaban en su mente y se fusionaban hasta convertirse en un rumor insustancial del que apenas era consciente. Su corazón comenzó a latir con fuerza cuando sintió un aliento que subía lenta pero irremediablemente sobre su cuello y se estremeció cuando el sonido de una respiración zumbó en su oído.
Sin embargo, la odisea aún no había concluido. Todas sus emociones colapsaron en un torrente irracional de colores cuando unos labios forasteros se entrelazaron con los suyos, acariciándola cual una brisa, y la guiaron a un lugar que variaba análogamente entre el cielo, la tierra y el infierno.
Un lugar denominado Laguna Estigia.
Westminster
1 de noviembre de 2004
Horario: cuatro y cuarenta de la madrugada
Cuánto había intentado descartar aquella sonrisa ingenua que se la había adherido al rostro, y sin embargo, persistía allí, como el único legado que la noche le había permitido conservar, aparte de sus recuerdos.
Parecía casi parte de un sueño. Tras bailar algunas canciones, cuya historia Harry se había encargado de relatarle, habían caminado por las galerías de la Fortaleza, algunas veces cruzándose con gente lo suficientemente arrogante para acercarse y entrometerse. Disfrutaba contemplando los cortos diálogos que Filldeserp mantenía con ellos, pero más que nada se había regocijado en las conversaciones que se desprendían de ellos. Así había aprendido algunos detalles de la diplomacia en los ámbitos de la oscuridad, y de algunas personalidades. Había criaturas presentes en aquel Congreso con las que hubiera preferido nunca encontrarse, y otras que enseguida despertaron su curiosidad, al igual que los magos oscuros provenientes de otras culturas, con modelos de ética mágica muy diversos.
Muchos habían solicitado su nombre, dado que seguía aún con el glamour aplicado, por lo tanto nadie podía reconocerla, y a pedido de Filldeserp, había sostenido el nombre de Iris Austen. Se había ganado todavía más miradas curiosas, ya que era una familia sangre pura de leve prestigio en Escocia. Hubo un momento en el cual se cuestionó porqué a Cailean no le molestaba que una sangre impura portara su apellido…
"Vivo para servir"
Supuso que no le importaría una noche de desgracia frente al prospecto de años de distinción, que posiblemente hallaría si continuaba complaciendo los deseos y demandas de sus Lords.
Otro lapso apacible del inicio del congreso fue su reencuentro con Voldemort, en mejores condiciones que al principio de la velada. Como era de esperar, el Dark Lord se había dirigido a ella con mera indiferencia y hasta apatía, aunque había instantes en los que podía percibir cierto deje de su contentamiento durante la plática.
No habían discutido mucho sobre el futuro, ya habría otra oportunidad para ello. No obstante, había hecho notar su deseo de retornar a su apartamento aquella noche para terminar de recoger sus cosas y las últimas pesquisas que pudiese rescatar. Filldeserp inmediatamente se había opuesto a la idea, indicando el índice de peligrosidad, ya que era probable que la Orden se hubiese percatado de su ausencia.
Sin embargo, Hermione había planificado su salida concienzudamente. Había procurado al menos una vez a la semana, desde que había solicitado su traslado de los Cuarteles tras su incorporación al Ministerio, salir a distintos lugares durante su tiempo libre, que se había visto cada vez más reducido a medida que la Orden y el Ministerio se habían asegurado de su salud y lealtad. Había optado por lugares que no elevasen sus sospechas, espacios donde su presencia era concebible: desde bibliotecas y teatros, hasta incluso visitar a viejos amigos o merodear durante un rato por alguna plaza o espacio público, como un bar.
La Orden no tenía porqué pensar que esta ocasión iba a ser diferente, sobre todo cuando Neville había visto la entrada que había comprado para una tragicomedia en el teatro Apollo. Solía estar un largo tiempo fuera de su hogar en esas ocasiones. La Orden había empezado a creer que su estadía en la Fortaleza le había hecho ver las pequeñas cosas de la vida y por eso se estaba encargando de disfrutar más de ella, incluso en aspectos amorosos.
En cierta forma, era cierto. Pero no en el sentido que ellos desearían.
Por lo tanto, Voldemort había accedido a permitirle dos horas para retornar al mundo mágico y volver de inmediato a la Fortaleza, ya que tenían demasiados asuntos por conferir todavía. Parcamente Filldeserp también se lo había consentido, no sin antes recordarle la función del Medallón y que el rol que ella cumplía en la Orden Oscura no era de espionaje, y que por consiguiente, no se arriesgara sólo por conseguir una pizca de información.
Si alguien le hubiese inquirido a Hermione porqué creía que Filldeserp había dudado tanto en dejarla ir, ella se hubiese atrevido a decir que era por preocupación y temor, aquella enorme inseguridad que por intervalos se advertía en sus ojos, aún cuando lo había disfrazado en un plan práctico.
Esa era la razón de su sonrisa.
Habiendo arribado a la puerta de su departamento, buscó la llave en su bolso (había cambiado su vestuario en la Fortaleza por elegantes ropas muggles) y prosiguió a ingresarla en la cerradura. No supo porqué, pero por un instante, osciló en hacerla girar. Su instinto le indicaba que algo estaba mal, pero no había razón aparente para ello. Sólo se había vuelto paranoica… además, estaba muy cansada, por lo tanto sus sentidos estaban paliados. Sus pies le dolían de tanto caminar y bailar, y su cabeza retumbaba, a pesar de lo sosegada que estaba.
Tenía que hacer de aquella excursión lo más breve posible. Necesitaba descansar o empezaría a creer que había rastros de magia en la cerradura.
Hizo girar la llave y, al abrir la puerta, su paranoia se vio confirmada. La cerradura había sido forzada con magia…
Hermione era ahora el objetivo de cinco varitas, y no precisamente en señal de paz. Reconoció a tres de ellos como aurores del Ministerio que el día anterior habían estado bajo su comando, y a los dos restantes como miembros de la Orden, Lucas De Santos y Francisco García.
No había razón para entrar en pánico, dedujo. Quizás alguien había chequeado el teatro Apollo y no la había encontrado en él, alzando la voz de alarma por las dos organizaciones. Tenía un plan secundario para ese caso, y alguien que podría declarar a su favor, en caso de que desconfiaran.
Quizás creían que era una mortífaga bajo la apariencia de Hermione, quien, si se habían forzado a estipular sobre la situación, había vuelto a ser secuestrada por la Orden Oscura. Sería otra posibilidad completamente normal y fiable…
- Señorita Granger, está bajo arresto. Despójese de todo utensilio, especialmente su varita, y confiérala sin resistencia. – Declaró De Santos.
Definitivamente no había creído que esas serían las primeras palabras que escucharía, pero podía adaptarse a ellas. No podrían arrestarla. No tenían razón para recluirla.
- Permítame consultar los cargos de los que se me cree culpable, auror De Santos, antes de ceder mi varita. – Musitó con la mayor calma que pudo asumir.
- Traición. Cooperación con criminales reconocidos y de alta amenaza. Filtración de información… y le aseguro que no son cargos efectuados a la ligera. – Contestó De Santos con sequedad. – Recomendaría que se limitara a acatar las órdenes, señorita Granger. Cualquier palabra que diga podrá ser usada en su contra.
Podría tratarse de otra prueba que el ministerio y la Orden habían colocado en su camino para comprobar su lealtad. No había forma de que hubiesen conseguido pruebas de su deslealtad, especialmente porque no había sido concretada hasta aquella noche.
¿Valdría la pena arriesgar su varita por una coartada que ya no tendría utilidad de todos modos? Al día siguiente, ya fuera por esto o por su desaparición, la Comunidad Mágica sabría que Hermione Granger ya no les pertenecía.
Mientras lentamente extendía su mano con la varita para entregársela a De Santos, sus ojos almendrados fijos en los españoles, con la otra y en un movimiento brusco, se aferró al Medallón en su cuello, enviando un mensaje claro y que esperaba Filldeserp atendiera a pesar de sus barreras mentales.
"Estoy bajo arresto. Espero que esto se considere 'emergencia' en tus prioridades."
De no estar en una situación con crítica, hubiese reído de la ironía de cómo su mundo se había volteado y como las cartas barajadas habían sido trucadas. Pero en aquel momento, estaba muy ocupada retirando su mano derecha del alcance de De Santos y empuñándola como si se tratase de un arma blanca, cuya blancura paradójicamente era cuestionada por sus antiguos colegas, ya que parecía haberse matizado de negro.
Existían cosas que iban más allá del Bien o del Mal… y una de ellas era el amor, y todo lo que se hacía por él. No lo justificaba ni lo explicaba, pero sí le daba una razón de ser.
Y una voluntad para existir.
