Capitulo 10

Quizás Tomoyo Daidouji fuera una simple humana sin magia alguna, pero siempre había sido muy observadora e instintiva. Fue eso mismo lo que la animó a acercarse lentamente y con su temblorosa mano extendida, al lugar de donde antes el guardián de ojos dorados había sido expulsado violentamente. Llevaba a Kero recostado en su otro brazo, acunado como si fuera un bebé, ya que el pobre aún estaba herido y seguía sin poder transformarse. Satisfecha al ver que nada extraño sucedía al acercarse a aquel lugar, Tomoyo volvió a correr desesperada por encontrar a su mejor amiga y lo que vio la dejó realmente sorprendida.

Un sujeto encapuchado se hallaba inconsciente en el suelo y tenía manos y pies amarrados por lo que parecía ser una soga luminosa, a su lado un joven apuesto de cabello color canela sostenía en brazos a una desmayada Sakura sacudiéndola levemente en un intento de despertarla.

-¡Sakura! –gritó con el miedo instalado en sus profundos ojos azules. -¡Dios mio, Sakura!

Al escuchar la desesperada voz de la joven, Shaoran se volteó y algo sorprendido añadió. –Daidouji, no te preocupes sólo se desmayó por el cansancio.

A diferencia de la joven de ojos verdes, Tomoyo no había cambiado mucho en estos años. Seguía llevando su cabello largo, aunque ahora llevaba un delicado flequillo inclinado hacia la izquierda que la hacía ver más madura. Si bien era mucho más alta de lo que había sido en la niñez, seguía siendo imposible no reconocerla y más aún cuando llevaba en sus brazos a un delicado ser que parecía un peluche de felpa.

- ¿Qui…quién eres tu y qué le pasó a Sakura? –le contestó ella, mientras se reclinaba a su lado para ver de cerca de su amiga. Sólo entonces también miró con atención al galeno que la sostenía y al ver esa mirada decidida pero levemente preocupada, la espada que sostenía con su mano izquierda y que usaba como si fuera un "bastón" de apoyo, su cabello canela y la manera sobre protectora en la que sostenía el cuerpo de su amiga; reaccionó.

- ¿Acaso eres tu Li? –preguntó asombrada

- Si, soy yo. Es una larga historia pero lo mejor será contarla en otro lugar. Ayúdame por favor, sostén a Sakura mientras llamo un coche para que venga a buscarnos.

-Si. –asintió aún más confundida Tomoyo. Oh no, ¿qué pasó aquí? Pobre Sakura, ¿cómo se habrá sentido al ver a Li de nuevo? ¿Y por qué está inconsciente? Además, ¿quién es ese hombre?Todo esto pasaba por la mente de la estudiante universitaria mientras miraba con preocupación a su amiga.

Mientras tanto, Shaoran llamaba con su teléfono móvil a la residencia en donde se alojaba y un asistente, asignado por el Consejo, lo atendía.

-Por favor, Sota, envía un coche a la calle Meiji Doji y Shibuya. Lo más rápido posible, y también contáctate con la agencia del Consejo y avísales que hay un rebelde que ha hecho demostraciones de magia en público y que ha intentado atacarme. Diles que se dirijan a la residencia, que ahí los esperaré junto con el sujeto en cuestión.

-Como ordene señor. –fue la única respuesta de su asistente.

Y menos de 10 minutos después un lujoso coche negro estaba en el lugar.

- Que rapidez. -comentó Tomoyo asombrada.

- La residencia Li, no queda muy lejos de aquí. –le contestó el joven Chino con una ligera sonrisa, aunque la preocupación aún no abandonaba su semblante.

La estrella en su pecho. Pensaba. Ha crecido un poco, debo apurarme en quitar esa maldición.

El chofer y Sota, habían bajado con rapidez para ayudar a su joven amo. Al ver que el encapuchado seguía inconsciente y además estaba atado con unas sogas mágicas, producto de un conjuro del joven Li, procedieron a subir con cuidado a Sakura al coche que fue acompañada por Tomoyo, el guardián regente del sol y el preocupado joven chino.

En instantes estaban en la residencia Li. Sakura había sido recostada en una de las habitaciones de la planta alta junto con el pequeño Kero y Tomoyo que los acompañaba esperando pacientemente a que uno de ellos despierte. En la planta inferior, un muy indignado joven chino se encontraba reunido con seis agentes del Consejo de Magia Oriental.

-¿Cómo puede ser posible que estando la sede del Consejo a menos de un kilómetro, no se hayan percatado de lo ocurrido y hayan actuado antes? ¡La vida de la joven que me acompañaba corrió un grave riesgo! –alegaba con enfado el joven de ojos marrones.

-Señor Li, le pedimos disculpas pero como le dije en la sede no se ha sentido ningún poder extraño en las últimas horas. Nuestros investigadores están en el lugar del ataque y acaban de informarnos que hay restos de pergamino en los alrededores, lo que indicaría que un campo de protección fue colocado en el lugar para evitar que nadie ingresara y también para evitar que tamañas fuerzas se sintieran.

- Lo entiendo, sin embargo espero que se tomen las medidas necesarias con este sujeto. Puso en peligro tanto la vida de la señorita Kinomoto como la mía. No quiero volver a ver a este tipo en los alrededores de la zona por lo menos 100 kilómetros a la redonda. –dijo exasperado.

-Como ordene señor Li, lamentamos mucho lo ocurrido y tomaremos las medidas que sean estrictamente necesarias, puesto que lo ocurrido fue durante la misión que usted lleva a cabo para el honorable Consejo.

-Espero que así sea, ahora si me permite tengo que atender a mis huéspedes. Hay dos heridos y una chica que tranquilamente podría entrar en shock. –añadió exagerando, para ver si así se iban más rápido de su hogar. –El médico me espera para que podamos hablar sobre el diagnóstico de ambos.

-Como ordene señor, sin embargo… usted sabe que uno de los objetivos del Consejo, es mantener desapercibida la magia. Nos parece anormal que una señorita que no la posee esté enterada de lo que pasa, sabe que hacer demostraciones públicas se castiga severamente. Nuestro rebelde encapuchado lo pagará. Pero, en vistas de lo ocurrido quizás sea lo mejor suprimir lo ocurrido de la memoria de la joven de ojos azules, para evitar tomar medidas mayores.

- Señor Fujiwara, esta jovencita ha crecido en presencia de la magia y no será necesario tocar sus recuerdos. Ella nunca a dicho nada y no lo hará a estas alturas. Además es una antigua conocida mía, y como tal está bajo mi protección.

-Esta bien señor. Con su permiso, nos retiramos.

Dicho esto, los seis agentes se retiraron llevando consigo al encapuchado causante de todo, que no hacía más que maldecir en voz baja por los resultados de sus acciones.

En cuanto salieron, Shaoran suspiró con cansancio. Realmente este no había sido su mejor día pero, alejando pensamientos confusos de su mente, se dirigió a la habitación donde descansaban Sakura y Kerberos, asistidos por un médico y con la presencia de Tomoyo.

Ciertamente, cuando ingresó a la habitación el médico le explicaba la situación a Tomoyo, quien le escuchaba con atención.

-La señorita Kinomoto se encuentra inconsciente debido a la gran cantidad de magia que tuvo que utilizar, sobre todo debido a su condición. Sus heridas no son cortes profundos, si bien son muchos no hay que preocuparse por ellos. Y aunque no soy un veterinario ya he vendado la patita de la pequeña criatura, tenía una leve quemadura provocada por el contacto con el campo de protección. No sé con exactitud cuándo despertará pero no tiene ninguna lesión grave y seguro está en ese estado debido al fuerte golpe que sufrió.

La joven de ojos azules le escuchaba con atención, y por eso no se le había escapado la frase"sobre todo debido a su condición" que había pronunciado el médico.

-¿Qué condición, doctor?

Al escuchar la pregunta de la universitaria, el joven chino se hizo presente.

-Doctor Kitsuma, no quisiera interrumpirlos pero debo hablar con usted sobre un tema importante.

-Claro joven Li, con su permiso señorita Daidouji.

-Por supuesto. –replicó sorprendida la joven. No escapaba de su capacidad de observación el hecho de que su amigo de la infancia había interrumpido intencionalmente la conversación entre ella y el galeno. ¿Qué estará pasando? Pensaba.

-Veo que no quiere que la señorita sepa sobre la verdadera condición de la paciente Kinomoto, ¿me equivoco señor Li? –comentó el médico una vez que estuvieron en una sala privada y fuera del alcance auditivo de la amiga de Sakura.

-Así es doctor, no quisiera alarmarla ahora. En su momento les diré a las dos la condición que padece Sakura.

-¿La señorita Kinomoto aún no lo sabe?

- No es así. Ella lo sabe, pero no sabe que la estrella ha aumentado de tamaño y eso me preocupa bastante.

-Señor, la estrella parece producto de una maldición provocada por la Magia del Caos. –comentó preocupado el galeno.

-¿Magia del Caos? ¿Aún existe gente que practique esa magia?