¡Por fin! ¡De vuelta!
Programé las 37 canciones más románticas de mi reproductor con una duración de 2.5 horas, abrí Word, repasé algo de los capítulos anteriores y me prometí que al final de la reproducción, también terminaría de escribir este capítulo, espero les guste.
Y antes que lo olvide ¡Feliz cumpleaños, Yaniita Ruh!
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Capítulo 11. Nuestro pasado.
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El clima es el más grande enemigo de Drew. Lo tiene decidido.
Fuera se está a menos diez grados y hace días que no cesa de nevar. Casi nadie sale a la calle con esos climas. Las prácticas del equipo estás suspendidas y Gin no ha podido quedar con sus amigas. Están encerrados en su departamento, juntos, con todas sus emociones flotando en ese pequeño espacio.
Gin se la pasa enroscada en el sofá, con el cobertor más mullido que hay a su alrededor y viendo la televisión. A ella no le molesta el clima, ni tampoco esa vida ociosa, se considera a sí misma buena deportista, pero algo dentro de ella se siente como sí se merecieran ese descanso.
Drew se pasa casi todo el día inquieto, Gin sonríe cada vez que lo ve salir de su habitación hacia la cocina y luego volver con un vaso de agua, al rato se sienta junto a ella, abre un libro y con una cara de fastidio que a ella casi le enternece, lo bota y vuelve a encerrarse en su habitación para reiniciar la rutina. Un ir y venir interminable.
Finalmente, Gin suelta el control del televisor y se pone de pie, le molesta abandonar su cómodo lecho pero otro de los libros de Drew acaba de salir volando por la puerta de su habitación.
Lentamente, por aquello de que otros objetos pudieran pasar volando por su puerta abierta, Gin se aventura dentro de la habitación del muchacho. Él esta despatarrado sobre la cama, boca arriba, las manos sobre la frente y las piernas en posición poco anatómica.
-¿Drew? –tantea ella mientras toma asiento a su lado, en una orilla de la cama.
-Ahora no, Gin. Ahora no…
La pelirroja lo mira, en esa posición tan poco acorde con la elegancia habitual de su cuerpo, le sigue pareciendo un hombre muy bello, con cautela, apoya una mano en la rodilla de Drew.
-Gin –él espira con fuerza-. De verdad, no es un buen momento.
-Eso veo—la joven se obliga a retirar su mano. Drew rueda en la cama y se queda en posición fetal de espaldas a ella.
Allí está otra vez.
Gin no vuelve a la sala, no puede, en cambio se deja caer en su propia cama. En una situación similar a la de Drew. El sabor amargo del rechazo otra vez en su boca. La que sigue con ganas de plantarle encima al rubio.
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Neville y Luna releen la carta de George. No pueden creerlo. La joya misteriosa con la que Ginny supuestamente desapareció, no le pertenecía a la tía Muriel. Ella y sus elfos, según les cuenta George, ya examinaron todas las piezas de su colección y no falta nada. Otra pista con la que no cuentan.
Los aurores simplemente no han podido seguir el rastro de la desaparición, así que Ginny debió de ir muy lejos. Era una bruja poco consciente de su poder a veces, pero una de las teorías mejor sustentadas es que su poder se vio amplificado por algún objeto mágico, una joya, según propuso el joven investigador del departamento de misterios encargado de seguir el rastro "Existen indicios claros".
Luna nunca va a decirlo, pero Neville sabe que todo aquello la desconsuela; el no haber conocido a tiempo las intenciones de Ginny, el no haber podido despedirse, el no encontrarla, no saber nada; tener que contentarse con la idea de que ella era fuerte, que sabe cuidarse, que lo más probable es que este bien.
Volver a tener la certeza de alguna cosa, les vendría bien.
Esa misma tarde, cuando Neville se dirige hacia su sala común, de repente se le ocurre que Ginny tenía más de una confidente en Hogwarts. Puede ser tonto y a lo mejor no logra nada pero le parece que tampoco tiene nada que perder. Mientras se anima y antes del cambio de escalera, sale corriendo por el pasillo del segundo piso.
-¡Mytle! ¡Myrtle!
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Hermione no va a aguantar mucho más tiempo. De alguna forma, acepta lo que está ocurriendo como una especie de penitencia por lo que ella, Harry y Ron le hicieron a Ginny, o más bien por lo que dejaron que le hicieran. "Porque fue Voldemort, fue Lucius Malfoy quien le dio aquel diario y la puso en esa maldita situación en la cámara de los secretos" se repite para poder vivir consigo misma un día más.
Y así, se dispone a pasar un día más en la biblioteca, ese sitio en que antaño disfrutaba tanto estar y que hoy, junto con el resto del castillo, se siente como una prisión cuya fianza es la respuesta al: "¿Cómo encontramos a Ginny?"
Su vuelta al colegio tiene ese solo objetivo. Y lo detesta. Hermione es querida y respetada por la mayor parte de los estudiantes y su mente mantiene su brillo; siempre será la mejor estudiante y la mejor hechicera de su edad, pero ahora eso le parece lo más fútil del mundo. Ya no quiere esa vida.
Lo que quiere, es ayudar en la reconstrucción de su mundo y ser partícipe de la renovación de la magia. Quiere terminar el colegio y planear un futuro junto a Ron, quiere tenerlo a su lado ahora que al fin dejaron de tratarse como extraños; quiere ver a Harry, cuya vida ha sido una secuencia espantosa de pérdidas, feliz por fin. Pero sabe por los últimos meses, por cada segundo transcurrido desde que Ginny desapareció del jardín de su tía Muriel luego de haber tomado una poción suicida, que ninguno va a poder encontrar la paz y retomar su vida hasta no tener la certeza de lo que le ocurrió.
Abrumada, como tantas otras tardes, la castaña cierra un par de libros con violencia y se pregunta si es que no es otro acto de egoísmo es seguir buscando un rastro que Ginny, por alguna razón no les dejo. ¿Quieren saber lo que le ocurrió porque la aman o para limpiarse la conciencia?
"Porque la amamos" se dice al masajear su sien. "Porque sabemos que sobrevivió, y queremos que sea feliz también".
-Te engañas –la voz de Luna la sobresalta. Da un pequeño salto en la silla, dividida entre la sorpresa de que la rubia vuelva a dirigirle la palabra y lo extrañamente dura que su voz, habitualmente dulzona, le resulta.
Hermione se coloca el pelo detrás de las orejas y sigue a Luna con la mirada, no tiene idea de lo que debe o si debe si quiera decir algo. La rubia, que lleva al pequeño Arnold en su hombro, pone delante de ella un libro encuadernado en un bonito azul pastel.
-Es para ti.
Luna toma asiento frente a ella. Al ver que Hermione sigue mirándola extrañada, le acerca más el pequeño libro.
-Es un libro de cuentos, parece que no son fantasiosos como parecen, según he descubierto, se basaron en magia poderosa que existió alguna vez.
-Luna…
-Te lo doy. Vas a encontrar más respuestas aquí que en tu aburrido y complicado libro.
-Gracias –Hermione está un poco perdida. Hace meses que Luna pasa junto a ella sin mirarla siquiera. No sabe qué más decirle.
-Hay una razón por la cual los más calificados empleados del ministerio no pudieran seguirle el rastro, creo-Luna se encoge de hombros y su voz suena como si todos esos días de indiferencia no estuvieran de por medio-. Pero yo suelo creer muchas cosas imposibles ¿no? Dale ojo a este libro y me dices lo que piensas luego ¿vale?
Hermione asiente, le parece que no ha hecho sino asentir en los últimos minutos.
-Haces esto para limpiar tu conciencia, Hermione – le reitera Luna-. Y detesto la idea –suspira y algo en su mirada se apaga-. Pero encontrarla me importa más que cualquier otra cosa en estos momentos. Y esta mañana he pensado que sólo cooperando vamos a llegar a algo.
-Yo…
-No importa. Sólo revisa esto ¿quieres?
Luna se pone de pie con una solemnidad que no le queda a su rostro de niña.
-¿Sabes que podría… que ella… Luna?
-No. El reloj de Molly Weasley no se equivoca. Sólo está perdida.
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Esa misma noche, sentada frente a la chimenea, Hermione se da a la tarea de leer los cuentos que Luna le dio. La mayoría son románticos y con apenas pequeños tintes mágicos, como si los hubieran escrito muggles. Le son familiares. Al principio no entiende qué tiene que ver la lectura con la situación de Ginny, ninguna de la historias habla de personas que se hayan perdido…
Una segunda lectura, llama su atención una página cuya esquina estuvo doblada, habla sobre un joven enamorado que le regala a su princesa un talismán para protegerla. Para enviarla lejos en caso necesario.
Eso es.
Neville ingresa cautelosamente a la sala común en esos momentos, se sobresalta al encontrar a Hermione ahí. Ya es muy tarde. Esta por pasarla de largo cuando se fija en el libro que sostiene, son los cuentos de Luna. Así que él no es el único que llegó a medidas desesperadas.
-¿Neville?
El muchacho detiene sus pasos frente a ella. Hace mucho que él tampoco le dirige la palabra, decepcionado por quién resultó ser quien al final de la batalla de Hogwarts, sus héroes se han desdibujado ante sus ojos.
-Luna te dio su libro –murmura él como una mera observación.
-Sí.
Silencio. Hermione busca en los ojos de Neville los rastros del niño que solía ser. No lo encuentra.
-¿Encontraste alguna respuesta? –pregunta finalmente el muchacho.
-Eso creo.
-¿Sabes de qué se trata?
-No.
Neville responde con un gesto extraño, busca el cariño y la devoción que alguna vez sintió por ella, entonces se da cuenta de que ella tampoco es la misma persona. Luego hace el camino hacia las escaleras. Tiene muchas cosas en qué pensar.
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Harry esta insomne esa noche, como tantas otras.
La carta de Hermione ni siquiera lo sobresalta, pasa de la media noche cuando atiende a la lechuza, pero él simplemente se alegra de verla.
La joven le ha enviado apenas una nota. Una pista que ella cree haber descubierto. Eso basta para recuperar la esperanza.
Esa pequeña pista es suficiente para sumergirlo en el mundo de los sueños. La esperanza le devuelve la cordura y es entonces que puede irse a dormir, por decirlo así, porque es con la cara contra el escritorio que se queda dormido. No importa, porque entonces puede volver a soñar.
Verla justamente a ella en sueños. Y recordar.
Aquella tarde en que le dijo a Ginny que la amaba, mientras ella miraba el álbum de postales de su tía Muriel, la recuerda con completa nitidez: sentada en la orilla de la cama, las larguísimas ondas de su cabello cayéndole en cascada sobre los hombros y hasta la cintura, una cadena de plata en el medio del pecho con un dije de esmeralda.
Es eso.
Es así como Ginny salió del área en el que podían rastrearla.
Alguien le dio una joya mágica.
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Ron recibe dos lechuzas esa madrugada: la de Hermione, que cree haber descubierto algo y la de Harry, que ha descubierto algo con lo primero.
Ninguno sabe de dónde podría Ginny haber sacado una joya con esa clase de magia. Pero Hermione intuye, por el libro que Luna dejo en su poder, que fue algún enamorado que quería protegerla quien se lo dio.
El trío se cita para desayunar a la mañana siguiente en Hogsmade. Ron aparece, Harry usa el flu y Hermione escapa del colegio.
-Nunca se me ocurrió –se lamenta Harry-. Darle algo para protegerla realmente.
-Eso no vale nada ya, Harry – lo riñe Ron-. Lo que debemos hacer ahora es averiguar a dónde la llevo esa cosa.
-Hablas como si se hubiera tratado de un traslador –observa Hermione-. Pero Ginny desapareció a voluntad propia, no creo que haya sido eso. Según entiendo, la joya solo aumento su propio poder.
-Ella eligió, eso quieres decir.
-Exacto. Pero eso no es lo más importante ahora-. Hermione aclara el punto ya con su acostumbrado aire exasperado.
-¿No? –Harry luce desconcertado. ¿No era que querían descubrir a dónde se movió Ginny ese día?
-Debemos averiguar cómo la obtuvo—responde la castaña-. Creo que eso va a acercarnos a conocer a dónde llegó.
-¿Sospecho que ya tienes alguna teoría? –esta vez es Ron quien pregunta.
-En realidad la teoría es de Luna. No sabe quién, pero piensa que algún enamorado se lo dio a Ginny, probablemente con la intención de ponerla a salvo cuando se necesitara.
Harry se restriega el rostro con amargura. En serio ¿cómo no se le ocurrió ponerla a salvo antes? Luna tiene razón al reprocharles: simplemente abandonó a Ginny durante todo ese tiempo, y mientras tanto, hubo alguien que se preocupó por ella.
-Harry, no fue tu culpa -. Le recuerda Hermione como si pudiera leer su mente.
-Fue mía –murmura Ron, probablemente pensando en lo mismo que Harry-, era mi responsabilidad cuidarla. Si no hubiera entrado en la cámara…
-Chicos, por favor. Ya no es momento para eso. Vamos a concentrarnos en el ahora ¿de acuerdo?
Los dos asienten.
El pelirrojo agradece por quien sea que se haya preocupado por la seguridad de su hermana, quizá las cosas no resultaran como hubieran querido, quizá era ya muy tarde para muchos de los sueños que habían tenido, pero al menos Ron tiene ahora la esperanza de que Ginny no está sola. Quizá este con ese amigo misterioso que le regaló el pendiente, quizá ella no se haya dado cuenta aún de que él, quien quiera que sea, la quiere de una forma tan especial; quizá Harry vaya a lamentar la pérdida por siempre, pero quizás, ya era tarde para ellos, a lo mejor siempre lo había sido, desde el incidente en la cámara de los secretos. Es imposible adivinarlo ahora. Pero a lo mejor, cuando encuentren a Ginny resulta que ella de verdad está mejor sin ellos. A Ron lo anima el pensamiento a la vez que lo tortura. Quizá debió ser mejor hermano que amigo.
-Hablaré con Hagrid – propone Harry sacándolo de sus pensamientos-. A lo mejor él sabe algo.
-Yo con Slughorn –repone Hermione-. Y todo aquel que en el colegio pueda saber algo.
-Entonces yo busco a los que no volvieron al colegio este año— acuerda Ron.
El trío de oro vuelve a estar en la dirección de algo.
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Luna y Neville notan de inmediato la ausencia de Hermione en el colegio.
-Tienen algo –se apresura a concluir Neville.
-Es probable –condesciende Luna sin dejarse embargar completamente por la esperanza.
Dan un paseo por los terrenos del colegio. Hagrid está haciendo un gran esfuerzo por volverlos a poner en orden, pero aún quedan espacios grandes donde la madera quemada se amontona, ahora cubierta de hielo y que Luna se entretiene en relacionar con alguna forma.
-Si encuentran a Ginny ¿crees que nos lo dirán?
Luna se alza de hombros-. No lo sé. Pero espero que ella vuelva.
El muchacho le pasa el brazo sobre los hombros a Luna y se imagina lo bonito que podría llegar a ser pasar el último año del colegio con sus mejores amigas. Su presencia no cambiaría los recuerdos y probablemente tampoco el aire sombrío que se respira ahora en el colegio, pero lo volvería todo mejor. Y al terminar, los tres emprenderían ese viaje por el mundo con el que tanto habían soñado en tiempos duros para darse ánimo.
El colegio fue menos horrible gracias a Luna y Ginny. Primero Neville perdió a Luna, lo recuerda y la estrecha contra él, ella deja salir una risita; ahora ella está con él. Pero los dos echan de menos a su pelirroja.
-Volverá –confía Neville.
Por toda respuesta, Luna vuelve a sonreír. Claro que Ginny volverá.
-¡Oye! ¿Te cuento algo loco? –propone Neville, no descubrió nada hablando con el fantasma de los lavabos, pero aun así, la historia es digna.
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Gin y Drew escapan del departamento en cuanto les es posible, fuera, el clima es un poco más clemente y mientras que él se va con Sam, ella queda con Ashely y Dana.
Ashley espía continuamente sobre su hombro. Todavía siente que alguien las sigue. Ya se lo comentó a Lois Mary, la trabajadora social que continuamente visita a Gin y a Drew para asegurarse que están bien y que están cumpliendo los requisitos para la legalización de su estancia, ella descartó la idea como si Ashley no tuviera en qué más ocupar la mente que imaginar misterios solamente porque conoce la situación de Gin.
La joven sin embargo, no se sentía observada desde antes de las heladas, cuando salió por última vez con Gin. Definitivamente la siguen a ella. Y Ashley solamente puede pasarle el brazo sobre los hombros a la "rojita" que se ha hecho querer tanto por ella; como si eso bastara para protegerla.
Dana se despide temprano de ellas pues saldrá con su prometido esa noche. Ashely decide aprovechar la tarde para meter a Gin en su propia casa, donde piensa que puede mantener una conversación privada con ella.
-¿Has recordado alguna cosa últimamente? –le pregunta para comenzar, la verdad es que no sabe muy bien por donde tomar el tema.
-Objetos, algunos rostros, flashazos que no entiendo- Gin le responde con una sonrisa triste.
-¿Algún rostro familiar?
-No. Pero a veces hay gente pelirroja…
-A lo mejor es alguien de tu familia –Ashley equipa la mesa con galletas y grandes tazas de chocolate. Trata al menos de que el ambiente sea agradable.
-A lo mejor. Pero sí lo son, me pregunto por qué no me han buscado.
Ashley da un largo sorbo a su chocolate y aprovecha para reflexionar. No se le había ocurrido que a lo mejor alguien de su propia familia es quien sigue a Gin. Ya le ha dado muchas vueltas al asunto de que si fueran a hacerle daño las oportunidades habrían sido muchas, Gin no es especialmente fuerte ni atenta.
-¿Y si sí? –se aventura a preguntar Ashley.
-¿No crees que ya me habrían encontrado? No es que me esté escondiendo.
-Gin, ¿por qué no estarían buscándote?
La pelirroja se encoge de hombros.
-Me desmayé en el medio de Chicago, me morí un instante, me volvieron a la vida con doscientos Joules y desperté sin memoria. No tengo ni idea de cómo fue toda esa situación posible, pero ¿y si murieron? ¿y si me enviaron aquí para protegerme de algo?
-¿Algo cómo qué?
Gin responde encogiendo y abrazando sus piernas.
-Algunas veces, no sé si lo imagino o si lo recuerdo… pero veo sufrimiento, me veo huyendo- Una lágrima se le escapa del rostro, está hablando de cosas que no le ha podido contar a Drew por la distancia que este puso entre ellos-. Hace unos días, vi una estación de trenes y gente con capuchas, no sé cómo describirlo, me arrancaban de la mano de una chica y se la llevaban. Fue terrible.
-Calma –Ashley vuelve a rodear a su "rojita"-. Aquí estás a salvo ¿ok?
Gin asiente y murmura un débil "ok" en el hombro de Ashley. Para ella, en esos momentos, esa es su familia. Y si lleva a salvo todos ese tiempo, no puede sino aferrarse a la idea de que así seguirá siendo. Pero eso no borra del todo sus miedos.
Por su parte, Ashley toma una decisión, Gin se queda en su casa esa noche ya que Drew seguramente va a pasarla fuera con Sam y los otros de su equipo y por la mañana, cuando este vaya a buscar a la pelirroja, ella irá a la oficina de Lois Mary y tendrá unas palabras con ella.
Si Gin está en Chicago para ponerla a salvo de algo, si su familia se sacrificó, si simplemente escapo de una vida infeliz; ella quiere que valga la pena. Que Gin continúe a salvo y vuelva solo a preocuparse por ese idiota Drew que de alguna forma se las arregló para poner distancia entre ellos mientras las heladas los mantuvieron encerrados.
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Cuando Ashley atiende la puerta al día siguiente, tiene un intercambio de miradas desagradables con Drew, el muchacho por cierto está más pálido de lo habitual y a pesar de la mirada que pone, sus ojos se ven irritados y cansados.
-¿Tú qué? –abre el diálogo Ashley -. ¿Nunca antes tuviste resaca?
-No -. La respuesta es inicialmente osca, luego, da la impresión de que Drew realmente lo piensa, seguro que no es su primera borrachera-. No –repite extrañado esta vez.
Ashley niega un poco con la cabeza, luego invita al muchacho a entrar
-Gin está en la cocina, pasa.
-Gracias.
La joven, en efecto, está en la cocina, para sorpresa de los tres, otra vez está cocinando. La cosa en verdad parece que se le da bien.
El almuerzo resulta magnífico, algo que todos los sentidos de Drew agradecen luego del analgésico y el suero que Ashley le da a beber. No sabe si esa sensación de renovación en él viene de la comida o de la imagen dulce de Gin que se queda en sus retinas; con su suéter de lana oscura en contraste con la piel blanca y las pecas, su rostro ligeramente hinchado, seguramente por alguna lágrima por la que más tarde indagará, y esa expresión de concentración mientras revuelve en la cacerola. Drew siente que enloquece un poco cada vez que la mira y la encuentra así de bella.
La ha visto así antes.
En navidad, mientras preparaban la cena.
En las noches, cuando se levanta para la ya tradicional "segunda cena".
En algún otro sitio, uno que no puede precisar.
Tienen un pasado mutuo, concluye.
Drew tiene de repente la certeza, extraña, retorcida, como su vida en general, de que justo así, concentrada en revolver alguna cosa, la encontró atractiva por primera vez. Le vienen a la mente paredes color ocre y un aroma particular a hierbas que no sabe en qué forma debe encajar en esa imagen que otra vez, no puede dejar de mirar.
Vuelven a su departamento. Gin tomada del brazo de Drew, o al menos en un intento, porque sus suéteres y gruesos abrigos limitan un poco sus movimientos. Los dos van absurdamente contentos. No han hablado mucho en los últimos días debido a lo mucho que el encierro los acercaba, por más ilógico que les resulte. Pero les da impresión de que esa noche, alejados, era justamente lo que necesitaban. Gin lo encuentra menos agresivo y él a ella más linda.
Les queda una semana de convivencia antes de que él retome las prácticas de soccer y ella empiece su nueva gran aventura: Diplomarse como trabajadora social. Van a seguir pasando las tardes juntos y Gin va a seguir apoyando al equipo de Drew cada fin de semana, sobre todo cuando juegue en otras ciudades, pero son conscientes de que ya no será lo mismo.
Saben que la primavera va a traerles cambios.
La primavera de Escocia, también va a cambiar sus vidas mucho más que un curso superior y una temporada de futbol. Pero eso todavía no lo saben.
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¡Hasta aquí!
Muchas gracias a todas las que siguen leyendo esta historia, muchas más a quienes se toman el tiempo de dejarme un comentario, de verdad, a veces, cuando estoy camino a casa, ya cansada y reviso en el móvil mi mail y veo uno o dos correos que me informan que alguien agregó a favoritos o es nuevo seguidor me pongo toda contenta y empiezo a pensar en la historia. Más aún, cuando se trata de review… ¡eso me levanta! ¡Es emocionante, de verdad! ¡Gracias infinitas The darkness princess, Victoria, Taty Black, Personaggio, Blanca MW, Jiiiim Malfoy y Teddimellark!
Y ahora ¿qué piensan de este capítulo?
;) Cuéntenme
Con cariño, muminSarita.
