Los personajes de Card Captor Sakura son propiedad de Clamp, sólo la idea y el argumento de esta historia me pertenece.

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Simpatía por el Demonio

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Summary: Los demonios, sobre todo, jugamos sucio ¿Sabes? Y si se nos presenta la oportunidad, jamás nos privamos del placer que implica corromper un alma tan pura… como la tuya.


CAPITULO XI. El amor de un padre II

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Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal.

F. W. Nietzche

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— No está muerto — afirmó con suavidad la pelirroja, por segunda vez.

La líder del Clan Li le dedicó una mirada compasiva. Se encontraba sentada en la cama, apoyando la delicada espalda sobre mullidos almohadones. A su lado, su sobrina Mei Ling la ayudaba a comer atenta a la conversación que mantenía con la sacerdotisa japonesa, pero no le importaba que escuchara.

— Hace días que no tenemos noticias de él, señorita Mitsuki, y usted misma reconoció que el poder mágico del muchacho pareció haberse esfumado.

Kaho Mitsuki acarició las cortinas de seda, ensimismada. Llevaba un kimono melocotón claro que la asimilaba a un ser etéreo, con el cabello suelto iluminado y ondeante gracias a la brisa que se colaba por la ventana abierta.

— Lo vi anoche en uno de mis sueños: se siente muy avergonzado, para él fue humillante haber sido desarmado tan fácilmente por… aquella criatura — se ubicó pasivamente junto a la sobrina de Ieran, dedicándole una sonrisa de disculpas. La morena asintió, sabiendo que le pediría que se retirase — Por favor, me gustaría hablar a solas con la señora.

Meiling sabía de antemano que no iba a ser mucho de lo que lograría enterarse. Gran parte de las andanzas de su infame "primo" siempre serían un misterio para ella.

— Desde luego — dijo, incorporándose rápidamente y llevando consigo la bandeja — Con su permiso, tía.

Mitsuki esperó a que la chica se alejara lo suficiente para continuar, encontrándose con las orbes oscuras de la poderosa mujer que la acompañaba en la habitación.

— Eriol fue maldecido por el crío y sus poderes podrían tardar semanas en regresar — advirtió — Sin embargo y, a pesar de ello, más me llama la atención el hecho de que le haya perdonado la vida. Podría haberlo matado en un abrir y cerrar de ojos, en especial sabiendo que se trataba de un brujo.

Ieran arrugó las sábanas al empuñar sus manos.

— Sólo debe estar jugando con él — musitó, cansada — Xiao Lang ama divertirse a costa de las personas… es cosa de mirarme.

La sacerdotisa hizo caso de una corazonada y decidió tomar la fotografía del principal causante de todos los problemas que estaban viviendo: Lang Li.

Se había tratado de un joven apuesto. Un joven que no sonreía y cuyos deslumbrantes ojos ámbar te daban la impresión de que había sido un soñador, a pesar de la expresión austera que intentaba brindarle a su faz.

Ieran arrugó el entrecejo, intrigada por los pensamientos e ideas que debían estar agolpándose en la mente de la japonesa. Las conjeturas que ésta podía llegar a sonsacar.

Su ceño se pronunció nada más la oyó proferir un siseo y la vio negar con la cabeza, para luego murmurar cosas ininteligibles, como si estuviera hablando consigo misma. Sin embargo, determinó no interrumpirla ante sus deseos de saber.

— Necesito indagar acerca de algo, — masculló la japonesa, enseñándole la fotografía — para ello preciso de algunas de sus pertenencias.

Tras pedir a los criados que reunieran raudos algunas de las cosas requeridas por la sacerdotisa, Ieran condujo a la extranjera a la biblioteca de la mansión, sirviéndose de una silla de ruedas eléctrica. Todavía se le dificultaba caminar.

Al abrir la pesada puerta tallada, se extendió un efluvio a encerrado, tenue humedad y polvo viejo. Respetuosamente, nadie había tocado ni entrado en la biblioteca desde la trágica partida del líder del Clan.

Dentro parecía la boca de un lobo y a Kaho el corazón se le contrajo ligeramente en el pecho, pues el lugar había captado en gran parte la melancólica esencia del fallecido hechicero.

— Lang solía pasar muchísimo tiempo aquí — comentó Ieran con la voz en un hilo mientras sus mirada revoloteaba por el lugar — Parece como si aún estuviera.

En medio de las estanterías, repletas de libros viejos, se hallaba una refinada mesa redonda de roble. La japonesa encendió tres velas que dispuso en el medio en forma triangular y, alrededor de éstas, fue situando con sumo cuidado las pertenencias recolectadas, entre las que se contaban, curiosamente, un pequeño y roñoso oso de peluche gris, que evidentemente había sido enmendado en varias ocasiones, una hermosa indumentaria ceremonial verde con detalles dorados y una gran espada en su vaina.

Ieran Li rozó la tela aceitunada con sus dedos y luego los cerró en torno a la bola de piedra negra que colgaba de la empuñadura de la espada.

— Xiao Lang iba a ser el heredero de su espada y uniforme — se le hizo un nudo en la garganta. Sintió cómo Kaho empujaba su silla de ruedas y la ubicaba junto a una estantería, a escasos metros de la mesa. Le encantaría poder ver a su esposo otra vez — Me hubiese gustado participar.

— Usted sabe que, en su estado, aquello sería peligroso — se excusó amablemente la pelirroja.

Con su pie, ágilmente movió los seguros para que no se deslizaran los pequeños neumáticos.

La sacerdotisa se acomodó en el único asiento junto a la mesa, apoyó ambos codos en ésta y juntó las palmas a modo de plegaria. Sus talones también se encontraron por debajo de la madera. A su izquierda, inspeccionó por el rabillo del ojo el rostro sereno de la mujer que la acompañaba y, sonriendo levemente, selló los párpados.

Instantáneamente avistó a Lang Li pasearse por la biblioteca. Su túnica marrón ondeaba en la medida que avanzaba, decidido, ojeando un enorme tomo de cuero negro que pronto dejó caer estrepitosamente en la mesa, justo frente a ella. Pudo percibir el recuerdo del tremor en la madera producto del impacto. Los objetos podían llegar a atesorar sucesos pasados si éstos habían estado recargados de emoción, como el que estaba contemplando.

El hombre se pasaba las manos una y otra vez por la cara, enredando los dedos en el rebelde cabello. Parecía estar enfrentándose a un enorme dilema. Sin duda, sopesaba sus opciones con gran dolor. La sacerdotisa apenas alcanzó a percatarse de las lágrimas que se deslizaban por las mejillas del fallecido, cuando el semblante masculino se desenfocó y transformó, al igual que el ya familiar entorno.

Kaho sostuvo una exhalación. Esto era lo que había estado esperando desde el principio.

Ahora observaba un singular cuarto de piedra. Era relativamente pequeño, frío y estaba escasamente iluminado por una antorcha en la pared sur. Se asemejaba a una mazmorra de la época medieval.

Jadeó al clavarse su mirada en el piso de tierra, donde un pentagrama había sido dibujado con cenizas, rodeado por un círculo de polvo de ladrillo rojo y temblorosas inscripciones prohibidas, aparentemente escritas con una vara.

Se llevó automáticamente una mano a la boca para ahogar el alarido que se había abierto paso a través de su garganta apretada: en el centro mismo del pentagrama se hallaba Lang Li, vestido completamente de negro. Estaba sosteniendo un sencillo báculo de antiquísima madera nudosa, color hueso.

Las escenas siguientes del ritual prohibido pasaron, ante los ojos de Kaho, como un torbellino nebuloso. Alcanzó a ver perturbadoras sombras danzando alrededor del pentagrama, oyó voces sobrenaturales, gemidos de dolor y destellos de fuego, hasta que la imagen se estabilizó al fin. No obstante, el pavor que la embargaba no la ayudó a calmarse.

Internamente, sabía que la criatura que en la actualidad los aproblemaba se trataba de un efecto de la ejecución de las artes oscuras. Sin embargo, nunca se le pasó por la mente el siniestro, y a la vez doloroso, nivel de éstas.

Lang Li estaba muy quieto, sentado sobre sus talones, con el pálido rostro en dirección al techo. Su semblante apacible y párpados cerrados. El cabello, húmedo de sudor, se le pegaba en la frente.

Los brazos del líder del clan descansaban sobre sus muslos y en cada uno tenía un profundo corte vertical, que desgarraba la carne desde el interior de los codos hasta la punta del dedo medio. La sangre caía a borbotones desde sus antebrazos, empapando el pantalón negro y oscureciendo la tierra del suelo, como brea.

De pronto se incorporó, como levantado por una fuerza invisible, y extrajo un puñal ensangrentado desde el interior de sus vestiduras. El mango era de la misma madera del báculo.

— Ofrezco sangre de mi sangre… — comenzó a recitar con voz rasposa, sin abrir los ojos, en la medida que pasaba la lengua por la hoja del puñal. El corazón de Kaho se aceleró de terror al oírlo hablar en un idioma desconocido. Sostenía la daga con ambas manos frente a su pecho cuando agregó: — Ofrezco mi corazón por la Redención — acto seguido, se clavó la afilada hoja con una fuerza descomunal.

La visión de la japonesa finalizó con el cuerpo sin vida de Lang Li desplomándose y siendo engullido por la penumbra.

Kaho Mitsuki abrió lentamente los ojos, encontrándose con la mesa a escasos centímetros de ella. Sólo se percató de que estaba llorando al caer una de sus lágrimas en la madera.

La verdad era desgarradora. No sabía cómo se lo comunicaría a Ieran Li, quien obviamente estaba al tanto de la naturaleza oscura que rodeaba la muerte de su esposo, pero no tenía idea de cuánto.

Todos estaban claros sobre que se había tratado de un suicidio bajo extrañas circunstancias: el arma con que Li se había destrozado las venas nunca fue encontrada, ni mucho menos una sola gota de sangre en su cuerpo. No se describieron inscripciones prohibidas o un pentáculo. El suelo de la mazmorra fue hallado impoluto y, en una de sus manos, sólo sostenía una vara larga.

Por otra parte, Ieran Li se había enterado que estaba embarazada exactamente un mes después de la partida de su esposo, lamentando infinitamente que no estuviera ahí para ser testigo del milagro, pues había logrado concebir. En aquellos momentos, ni ella ni el clan tenían idea alguna que su embarazo estaba estrechamente relacionado con las terribles circunstancias de la muerte del joven líder.

Sin embargo, luego de nueve meses normales de gestación, supo que algo andaba mal cuando oyó a la vieja partera gemir, aterrada al pensar que el pequeño podía haber llegado muerto al mundo.

No lloró, no se quejó, pero efectivamente estaba vivo.

La partera lo puso en su pecho con una sonrisa de alivio mientras Ieran percibía, asombrada, el calor que desprendía el cuerpo de la pequeña criatura.

El niño despegó los párpados de forma perezosa y le dedicó una mirada que le erizó los vellos de la nuca.

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Miles de burbujas subían y subían dentro del líquido dorado hasta desaparecer en la espuma de la superficie.

Eriol Hiraguizawa bebió un sorbo de su cerveza, lamiéndose la espuma que había quedado prendada de sus labios, mientras oía que la banda del pequeño escenario comenzaba a tocar una especie de tonada céltica.

La música le rememoró al folclor de Gales, ciudad que tantas veces había visitado allá en Inglaterra. Se imaginó aquella bandera blanca y verde, flameando con un dragón rojo en el centro que parecía cobrar vida con el movimiento al que lo obligaba el viento.

Cuando despiertes un día y sientas que no puedes más

Que en el nombre del de arriba tu vida van a manejar

Pensó en la larga barba gris del druida con el que solía charlar en cada uno de sus viajes, en cómo compartía con él conocimientos milenarios y la forma en que, grácilmente, saboreaba su pipa.

Uno de los puestos vacíos a su lado se vio ocupado por algún sujeto que comenzó a tamborilear los dedos en la barra de la cantina, al ritmo de la música. Intentó ignorar el par de ocasiones en que el tipo le pasó a llevar la rodilla.

— Aguardiente — lo oyó exigir y se volteó hacia él, asombrado. La persona, si es que se le podía llamar así, que no quería ver ni en pintura se había materializado a su lado — La mejor que tengas.

Xiao Lang le dedicó una sonrisa ladina.

Si es verdad que existe un Dios que trabaje de sol a sol

— ¿Qué mierda quieres? — no estaba de ánimos para jueguecitos y no le importó dirigirse a él de aquella forma, a pesar que estaba en clara desventaja.

Observó cómo Li encendía un cigarrillo con el dedo, haciendo alarde de la facilidad con que podía utilizar la magia. Se bebió de un trago el aguardiente que le acababan de servir y azotó el vaso de vidrio contra la madera, con un sonido seco.

El inglés parpadeó por reflejo.

— Trae más — le ordenó al encargado, clavando una mirada indescifrable en los ojos de Eriol.

El tipo, con la cola entre las piernas, le sirvió más alcohol en el vaso.

— Y sírvele a él también.

Con la mano trémula, situó otro vaso en la encimera y lo llenó con el mismo líquido transparente.

Hiraguizawa apretó los dientes, sin decir nada. No sabía a qué venía todo aquello y lo estaba poniendo nervioso.

Si no hay pan para los tuyos y ves muy gordo al Abad

Si su Virgen viste de oro, desnúdala

— Una canción muy adhoc, he de decir — comentó el castaño. Sus ojos se oscurecieron tras renovar su insidiosa sonrisa — Bebe.

Hizo lo que le ordenó y bebió el aguardiente de un sorbo, tal cual lo acababa de ver hacer. Percibió cómo el paso del alcohol quemaba su garganta y la dejaba rasposa. Era tan fuerte que hasta sus ojos lagrimearon levemente. Indiferente, Li le lanzó humo de tabaco a la cara y le escocieron aún más los ojos.

Por supuesto, sólo venía a humillarlo.

— He venido a ahogar mis penas de amor — masculló, contradiciendo sus pensamientos sin borrar su sonrisa — Tuve una cita con ella: fue un desastre.

Sacar a flote el lado agresivo y competitivo de aquella niñita no podía ser suficiente. Estaba totalmente disconforme.

— ¿Qué le has hecho? — se atrevió a preguntar el brujo, con un deje de preocupación en su semblante.

Pensó que de no ser por su inutilidad tal vez esa chica, fuera quien fuera, ahora estaría a salvo de las garras de aquél ser despreciable.

Empuñó las manos inconscientemente.

— Eso es lo malo — de pronto, el sonido de cristal resquebrajándose llevó al inglés a observar el vaso que el demonio sostenía, sobre el cual siquiera ejercía presión — Nada… ¡Absolutamente nada! — lo oyó mascullar, entre dientes.

Notó cómo la mirada ámbar refulgía.

El cuerpo de Eriol se tensó, alerta a cualquier movimiento sorpresivo que el chico pudiera llegar a efectuar. Con facilidad podría llegar a estamparle los vidrios en la cara si quería. Echó muy en falta su ausente capacidad mágica, vital para defenderse ante una eventualidad. Se sentía como un manco sin ella, más aun estando en compañía de una criatura tan peligrosa y traicionera.

La fisonomía de Li se distendió y pareció recuperar el autocontrol. No obstante, Eriol no se confió y, concentrado, incluso siguió el trayecto del cigarrillo que el chino sujetaba entre sus dedos hasta que se lo colgó descuidadamente en los labios, aspirando.

— Me fastidia tanto este maldito lugar, este pueblucho de mierda, que hasta estaría dispuesto a devolverte tus poderes, con tal de divertirme un poco — el humo de su pitillo subía en volutas hasta perderse en el desordenado cabello chocolate — Pero, qué va, si lo hiciera seguro volverías a intentar hincharme las pelotas y todo se pondría más lento de lo que ya está, involucionando a velocidad oruga. En ese caso, prefiero no desperdiciar tiempo en ponerme a jugar a los maguitos contigo — Li le dirigió una mirada burlona, con la boca torcida.

Eriol se mantuvo en silencio mientras lo veía apurar otro vaso de aguardiente, ante la expresión estupefacta del bartender que se lo había servido. Si Li fuera un chico normal, posiblemente no seguiría consciente y se encontraría cerca del coma etílico.

Un tanto errático, Xiao Lang se pasó el dorso de la mano por los labios y, a causa de ello, recién el inglés supo que el alcohol había afectado levemente su cuerpo.

— Para que veas que no soy tan malo, te contaré algo que ayudará a que te tranquilices un poco: esa chiquilla que vine a reclamar me está haciendo perder la paciencia más rápido de lo que creí… — frunció el entrecejo — Es como si se hubiera quedado pegada en los diez años mentales, ¡la muy jodida! — dio un golpe en la mesa con el vaso y ordenó que le sirvieran otro, que se bebió enseguida. Fijó la mirada en un punto inexistente y soltó una risa mordaz — Hace poco, y sólo gracias a mí, tuvo una especie de sueño mojado, el primero de su vida… eso que ya tiene dieciséis años, ¡dieciséis! ¿Puedes creerlo? Jamás me había topado con una humana con hormonas tan disfuncionales. Resulta ser todo un caso. Pienso en cuántas pendejas de su edad andan vueltas locas por sexo, cuántas han intentado lanzárseme encima luego de simplemente rozarlas… La sexualidad es mi mayor herramienta, el principal medio para reclamar su alma, y me exaspera recordar que mi estúpida presa sólo parece interesada en ponis, arcoíris y en otra infinita cantidad de cursiladas inútiles. Que no te quepa duda que me la ha hecho difícil.

¿Qué diablos pretendía contándole todo aquello? Porque, claramente, no era para ayudarlo a estar más en paz consigo mismo. Él no era ningún salvador. Era un brujo que buscaba, egoístamente, aumentar su propio poder. Que otras personas se vieran beneficiadas de su exterminio de entes demoníacos era sólo un efecto colateral.

Sin embargo era cierto que, por culpa de esta criatura particular, se sentía en deuda con aquella pobre muchacha que se había transformado en un jugoso botín.

De todas formas, seguía sin comprender qué esperaba Li haciéndole todas esas confidencias, pues no tenía sentido.

Si lo que esperaba era que bajara la guardia, ya lo había conseguido. Pero no era como si necesitara toda esa cháchara para matarlo: era capaz de abrasarlo en llamas en un segundo si quería, sin mediar palabra alguna.

Al estar reducido a un simple humano, carente de magia, podía ser asesinado sin mayor esfuerzo por la poderosa criatura a su lado. En todo caso, no comprendía por qué no lo había hecho ya. Era tan fácil para Li librarse de la piedrita en el zapato con sólo chasquear los dedos…

— La chica se leyó una porquería de libro sobre vampiros — lo oyó comentar y salió de su trance. El castaño encendió un nuevo cigarrillo — Me enteré que el vampiro en cuestión es un afeminado que brilla bajo la luz del sol, no bebe sangre humana y, encima, es virgen. No se quiere follar a la protagonista porque prefiere esperar hasta el matrimonio — se carcajeó de buena gana y lanzó el cigarrillo a un lado, incorporándose — No sé qué es peor. Te juro que a veces me dan ganas de pegarme un tiro… — se apoyó en la mesada y acercó su rostro al de Eriol, quien intentó permanecer impasible a pesar de la mirada de profundo desprecio que le ofreció el chico — Pero los dos sabemos que ni eso sirve conmigo: tengas o no poderes, no hay nada que puedas hacer contra mí.

El inglés tensó la mandíbula. Sabía que nada bueno podía resultar de este encuentro.

Los demonios y sus jugarretas de mierda… Quizá ahora sí le habían entrado ganas de deshacerse de él, la piedrita en el zapato.

Li enterró dolorosamente un dedo contra el agujero entre sus clavículas, donde su pulso se había acelerado. Le dedicó una sonrisa lobuna y, con una mano, lo agarró por las solapas de su chaqueta, obligándole a levantarse del sitio.

— ¡Hey! ¿Qué está pasando aquí? — un tipo corpulento, de unos cuarenta años, tuvo la estúpida osadía de interrumpir —Váyanse a terminar afuera lo que sea que hayan empezado y déjennos beber en paz. Estamos hartos de las estúpidas peleas adolescentes — berreó, señalando la salida — No tienen nada que hacer aquí.

Xiao Lang analizó, inexpresivo, al sujeto.

Eriol temió por la vida del hombre y del resto de las personas que a esas horas pasaban un rato ameno en la cantina. Se percató de que la banda del rinconcito seguía tocando, a pesar que le había dado la impresión que hacía rato habían dejado de hacerlo.

It's in our nature to destroy ourselves

It's in our nature to kill ourselves

La presente tonada no era para nada confortadora, ni mucho menos la letra, que prácticamente contenía un presagio.

It's in our nature to kill each other

It's in our nature to kill, kill, kill

Inesperadamente, sintió cómo el chino lo empujaba encima del hombre que, inocentemente, había intentado poner orden. Ambos cayeron bruscamente sobre una mesa, volteándola y botando de pasada a otras dos personas. El vidrio de las botellas, vasos y copas explotó ruidosamente contra el piso. Los caídos comenzaron a quejarse por la pérdida de sus bebidas y por el dolor, así que dirigieron una sarta de groserías contra Li.

El resto de la gente en la cantina empezó a hacer lo mismo. Fueron incorporándose de sus sitios hasta que lo rodearon, pensando que podían espantar o darle una paliza al mocoso que estaba arruinándolo todo.

Eriol temió lo peor. Notó cómo el chino iba ampliando más y más su sonrisa, clavándole la reluciente mirada ambarina encima. Supo que lo retaba silenciosamente a que intentara hacer algo por ayudar a esos imbéciles que se atrevían a dirigirle la palabra, sin imaginar contra qué estaban lidiando.

Un par de adultos se atrevieron a agarrar a Li por los hombros, pero éste los hizo volar sin esfuerzo hacia la pared, donde se golpearon la nuca y cayeron inconscientes. No se hicieron esperar los gritos de sorpresa de las mujeres presentes y los jadeos de hombres, que no creían lo que acababan de ver.

— ¿Quién más? — desafió, disfrutando la visión de tantos ojos temerosos.

Se relamió los labios al sentirse rodeado de exquisita energía negativa. Una mezcla entre pavor e ira. Deseaba que los iracundos se envalentonaran y decidieran atacarlo, para así mandarlos a volar como al otro par.

Pensando que todo se iría a la mierda si no intervenía, el inglés se puso de pie y llamó al chino, que se volteó de inmediato.

La diversión danzando en sus ojos.

— Por favor — suplicó — Sólo déjalos en paz.

Li torció una sonrisa y analizó a su alrededor las expresiones ansiosas de los humanos. Algunos intentaron huir, pero el demonio hizo que la puerta se cerrara con un golpe seco. Los alaridos subsiguientes se transformaron en música para sus oídos.

Eriol se mantuvo erguido. Tragó saliva con dificultad mientras Li se le acercaba, grácil y acechante como un felino. Notó que sus ojos cambiaban de color y sus facciones se desfiguraron hasta dar paso al aspecto de otra persona.

— ¿Así que quieres ser héroe, Hiraguizawa? ¿Ahora te interesa la gente? — cuestionó, burlón. Ante el silencio del brujo, agregó — Está bien, te lo concederé.

Estaba utilizando la misma apariencia con la que había sorprendido al inglés aquella vez, en el bosque. El mismo día en que bloqueó sus poderes.

El chino chasqueó los dedos y lanzó un chispazo sobre la barra, que enseguida se transformó en un amenazador fuego. El bartender salió de su escondite en un intento por huir del repentino incendio.

— Anda, intenta ser héroe — instó a Eriol, con su rostro falso — Es lo mínimo que puedes hacer... Después de todo, no alcanzas a ser ni la sombra de lo que fue tu abuelo.

Dio un paso atrás y se despidió con una dramática reverencia. La puerta se abrió a su paso y volvió a cerrarse de un portazo detrás de él.

El aire abandonó los pulmones del inglés.

Los había dejado encerrados.


Notas de autora:

Miren que ando como avión con las actualizaciones! tanto que los ángeles cantan a lo lejos ALELUYAH, pero bien de lejos, porque Xiao anda por aquí... Creo que tiene pensado reclamar mi alma pura :O así que me iré acomodando mientras termino de escribir las notas xD

En las entregas anteriores, al susodicho lo habíamos visto más tranquilo pero, creo que a estas alturas, ya se están dando cuenta de que Xiao Lang no sólo es malo, sino que malo maloso! Es de esos que prefieren jugar contigo, torturarte y hacerte sufrir antes que, simplemente, acabar con tu vida. Eso resulta muy aburrido... Ya tuvieron una pequeña muestra de aquello en este capítulo.

Estrechamente relacionado con lo anterior: al comienzo, Kaho aseguraba que Eriol seguía vivo… No sé si después de esto pueda asegurar lo mismo. Claro, dije que Xiao prefiere torturar, ¿pero quién sabe si lo de la cantina se le fue de las manos? xD Parece que estaba un poco pasadito de copas, mal que mal tiene cuerpo humano, aunque le cueste emborracharse por culpa de su naturaleza mala malosa.

Otra cosa es que, no sé ustedes, pero a mi me da pena Lang :( además que era tan parecido al señorito demonio aquí y... y... y tenía un osito gris!

Ahh! Finalmente, para quienes no entiendan mucho inglés, los lyrics hacia el final del cap dicen más o menos lo siguiente:

Está en nuestra naturaleza destruirnos a nosotros mismos

Está en nuestra naturaleza matarnos a nosotros mismos

Está en nuestra naturaleza matarnos unos a otros

Está en nuestra naturaleza matar, matar, matar

Sobre la mención del "libro de vampiros" (Twilight/Crepúsculo), es normal que un malo como Xiao opine así, para él resulta totalmente absurdo, como Sakura xD... Por mi parte, no opino que sean una porquería, de hecho, me los leí todos. Tampoco es que me fascinen, pero de que me entretuve leyéndolos, sí, en especial el primero y tercero.

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Dejen reviews si es que quieren que Xiao vaya por sus purísimas almas.

Nos leemos en la próxima!

PD: las invito a leer MI NUEVO FIC "Take the Heartland". Tengo el segundo capítulo listo, pero estoy esperando a tener más opiniones respecto al primero :) - Summary: Sakura debe dejar atrás a su novio y amigos de Tomoeda para trasladarse, junto a su familia, a vivir a Hong Kong. Mientras él aseguró que la esperaría, ella prometió que volvería a su lado. Sin embargo, las jugarretas del destino pondrían en su camino a un chico que se empeñará en hacer peligrar el cumplimiento de su promesa.

Bl0ndie