¡Buenas madrugadas! Y ya que estamos, vengo a actualizar este fic también. Ya para que vayamos al mismo número cada vez que haya subida (?) Jajaja. En realidad este ya lo tenía hecho, pero no sabía si dejarlo como estaba o modificarle algunas cuestiones, pero me gusta la mala vida y complicarme la existencia innecesariamente, por lo que se quebrarán la cabecita cuando lleguen hasta el final… Amadas lectoras mías, hay personas que sólo quieren ver el mundo arder, y su servidora es una de ellas :D
*I love Okikagu.- Gracias por comentar pequeña mía, aún con las inclemencias de tu celular :D Y este episodio promete dejarte totalmente patidifusa o dejo de llamarme Rasen.
*Lu89.- ¡Kamui de pequeño es una ternura! Lo supe antes de que pusieran esos sensuales flashback que llenaron mi oscuro corazón de dicha y luz. Gintoki siempre será una DramaQueen y bueno, cuidar niños pequeños es difícil XD
*Mitsuki.- No hay de qué por la continuación, y bueno, aquí tienes lo que sigue, pero estoy segura de que te dejará con muchas dudas y hubieras deseado haberte quedado en el episodio 10 XD Pero al menos veremos el regreso de un viejo conocido y contemplaremos un enemigo a futuro.
*La Osa Roja.- Ya me habías espantado de que no aparecías :v Casi voy por las esferas del dragón para hacerte aparecer XD Y sí, Kamui es la cosita más linda de este mundo y duele ver que se haya convertido en todo un Berserk por las circunstancias en las que vivía T_T Abuto debe de andar de parranda lol Y siempre en mis historias hay una trama principal con ramificaciones; pero siempre todo está interconectado; eso mismo pasa aquí :D
Capítulo 11
Bittersweet
La puerta había sido completamente destruida y el interior difería mucho de lo que recordaba que era; a donde quiera que colocaran su atención no existían más que escombros, pilas de madera y un horrible desorden que no podría haber sido creado sin que algo verdaderamente grande hubiera ocurrido allí mismo.
Dejando a un lado los costes materiales, no encontraban a ninguna de las dos personas que deberían estar allí y eso generó alarma en quienes recién habían regresado; por lo de que de manera instintiva comenzaron a revisarlo todo, en busca de ellos, en busca de alguna pista que les dijera quién o quiénes habían montado tal desfachatez.
—Pattsuan, no te esfuerces en hablar —Gintoki había logrado encontrar al joven, tendido sobre el suelo, cubierto por los restos de techo que habían caído—. Nosotros nos encargaremos de todo —señaló, sin apartar la mirada de él; no sólo era incapaz de moverse, sino que parecía que algo verdaderamente fuerte golpeó su estómago hasta el punto de haberle roto un par de costillas y haberle provocado que de sus labios escurriera aquel alarmante líquido carmesí—. Tengo que llevarlo al hospital ahora mismo. ¿Crees que podrías hacerte cargo de ella?
—Iremos los dos… Tengo el presentimiento de que no deberíamos separarnos —mencionó, sintiendo el pequeño agarre de la temerosa Yato. Esa que miraba la escena que tenía en frente con los ojos vidriosos.
Llegaron al hospital con la mayor prontitud posible y esperaron en la sala de urgencias mientras se hacían cargo del apaleado muchacho. Por ahora no tenían más alternativa que esperar a que pudieran hablar con Shinpachi y él pudiera explicarlos lo que había ocurrido.
—Diría que este ataque ha sido directamente para la Yorozuya, pero se han llevado a Kamui… Por lo que me hace pensar que todo ha sido premeditado y que está relacionado con la persona que nos atacó y les lanzó esos dardos.
—¿Significa entonces que vendrá por ella también? —Gintoki miró a la inocente Kagura que estaba acariciando a Sadaharu, ignorando por completo lo que ellos dos hablaban.
—Si consideramos el historial de Kamui, los enemigos le sobran y alguno de ellos podría haber planeado todo esto —comentó para el plateado y este simplemente le miraba de soslayo.
—Me sorprende que alguien como tú se tome tantas molestias por un sádico como él —que hurgara su nariz no estaba haciendo que sonara muy creíble en su intento de fungir como un adulto responsable intentando darle un buen sermón—. ¿Es que acaso ese corazón de princesa que duerme bajo esa fría y dura apariencia tuya al fin ha despertado? Y lo peor del asunto es que lo ha hecho por un idiota adicto a las peleas y la comida, que va por allí con esa sonrisa de tonto —él sonreía con satisfacción pura. Sabía que había dado en el blanco y ella sencillamente prefirió mirar a la hermanita del desaparecido Yato—. Muchos dirán que eres una completa suicida, alguien que no valora mucho que digamos su vida o que ha sido cegada por un objeto bonito y brillante.
—¿Y qué es lo que piensas tú? —quiso saber.
—…Que hay algo bueno en él que ha sido visto por alguien más que su molesta hermana y su pelado padre…—ella nuevamente guardó silencio. Se sentía ridícula en estar preguntando por asuntos como esos.
—Supongo que hasta alguien como él es capaz de poseer un lado como ese —no era la primera vez que creía en ello, de hecho, ese pensamiento cruzó numerosas veces por su cabeza, especialmente cuando contempló su pelea contra su padre y hermana; pero sí era la primera ocasión en que lo externaba.
—Disculpen, ya pueden ver a su paciente —interrumpió una enfermera en cuanto se aproximó hasta ellos.
Se dirigieron hasta el cuarto en el que permanecía el convaleciente chico, topándose con un recompuesto chico que no parecía molestarle llevar un collarín y un cabestrillo; incluso le quedaban de maravilla esos vendajes alrededor de su pecho.
—He conocido a personas con más suerte que tú, Pattsuan —dijo bromista Sakata—. Pero no hay nada que el calcio no sane —sí, ¿por qué no llevarle una caja de lecha de fresa al pobre hombre?
—Entonces, ¿por qué demonios te la estás bebiendo? —preguntó el de gafas.
—Haberte traído cargando hasta aquí ha sido realmente cansado, Pattsuan. Tenía que recuperar la azúcar pérdida.
—¿Por qué no te regresas y recuperas el cerebro que has perdido?
—Lamento romper el mágico momento, pero, nos gustaría saber qué fue lo que pasó.
—Oshin-san, yo realmente lo lamento… No fui capaz de proteger a Kamui-san…—estaba frustrado y molesto consigo mismo. Había hecho la promesa de proteger a ese niño y no pudo evitar que se lo llevaran.
—Si te dejaron en semejante estado significa que el enemigo era fuerte —expresó, mirando al chico fijamente—. Intentaste protegerlo, y para mí eso es más que suficiente para ganarte mi respeto.
—Oshin-san —lloraba de la felicidad por lo comprensiva y madura que era ella—. ¡¿Por qué demonios no puedes actuar como ella?! —obvio sus palabras estaban dirigidas en quien ya se había tumbado en la cama de al lado al tiempo que leía la Jump.
—Háblanos sobre el que provocó todo esto.
—…Fue una chica…—expresó, cortadamente—. Se supone que venía a pedirle un trabajo a la Yorozuya, por lo que le permití pasar…Y antes de que escuchara su petición, me golpeó directo en el estómago. Aprovechándose de eso, fue por Kamui-san…y aunque él intentó defenderse, ella sobrepasó su fuerza.
—…Un Yato…
—Antes de que se lo llevara, intenté detenerla, pero terminó por darme la paliza de mi vida —sentenció secamente Shinpachi—. Dijo que me dejaría con vida para que pudiera hablarles a ustedes de ella.
—Intenta provocarnos —Oshin miró de reojo al aparentemente desentendido samurái y este se limitó a guardar su preciado tesoro—. ¿Qué es lo que sugieres que hagamos?
—¿No tenemos dos monstruosos perros que podrían encontrar cualquier cosa con sus olfatos? Ni siquiera Edo es tan grande para nuestras lindas mascotas.
Bastaba con darles a oler una prenda para que esas profesionales narices empezaran a olfatearlo todo con lujo de detalle. Y ese par, como los dueños responsables que eran, permanecían cerca de los monumentales perros, ignorando las miradas de las personas; es que no todos los días veían un espectáculo como ese.
—Al menos se ve que te sentará bien la paternidad —comentaba un tanto divertida la pelinegra ante el hecho de que la pequeña Kagura se encontraba sujetando la mano del samurái.
—¿Por qué no la sujetas tú también?¿Es que tienes miedo de que la gente se te quede viendo y piense cosas como "es muy joven para tener una niña, seguramente no ha podido resistirse las ganas de experimentar eso, el otro y quizás aquello"?
—Mi hermanito…¿va a estar bien, verdad?¿Y papi?¿Y mami? —los dos se detuvieron, intercambiaron miradas, intentando decidir quién de los dos respondería.
—Tu hermano estará bien. Es fuerte y sabrá resistir hasta que lo encontremos —habló Oshin.
—Tu pelado papi está allá afuera, pateando traseros alienígenas para pagar tus estudios, pero volverá antes de que se le caiga todo el pelo de su brillante cabeza.
—…Y-Yo…los extraño mucho… Quiero verlos…—allí estaba el tercer llanto desde que dejaron el hospital.
—Haz algo para que deje de llorar… Dale pecho o cántale una de esas canciones descerebradas que tanto aman los niños de estos días —le susurraba el samurái a la mujer.
—Si sigues llorando de este modo, tendrás la nariz y las mejillas totalmente rojas, y preocuparás a tu hermanito cuando lo encontremos —expresó para la pequeña en el momento en que optó por tomarla en brazos para trasportarla de un mejor modo—. No tienes que preocuparte por nada, nosotros los adultos nos ocuparemos de esto, ¿entendido?
—¿Y después…todos podremos comer arroz con huevo?
—Cuando todo esto termine iremos todos a comer a un buen restaurante y podrás pedir toda la carne que quieras —los labios de la pequeña se ensancharon en una hermosa sonrisa; y esos celestes ojos recobraron su entusiasmo habitual. En verdad que era una niña adorable.
—¡Sí, sí, carne!
—Creo que la de los instintos paternales es otra —rascó su nuca con una soltura natural mientras sonreía con enorme discreción.
—¡¿Pero qué significa esto…?!¡¿Por qué están oliéndome?! —esa voz les era inesperadamente conocida que se cercioraron de que efectivamente se tratara de "esa persona".
—¡Papi! —gritó a todo pulmón Kagura antes de lanzarse literalmente hacia los brazos del ofuscado hombre que no dejaba de ser olfateado por Sadaharu y el Syx.
—¡¿…K-K-K…?! —si el hombre aún tuviera un peso sobre su cabeza, este se le habría de terminar de caer en cuanto se diera cuenta de que su amada y preciosa hija había retrocedido en el tiempo para ser de nuevo una niñita de cuatro años.
A base de señales y carteles ilustrativos ese par se encargó de explicarle al cazador lo que había pasado hasta el momento en que se encontraron. Y aunque todavía no asimilaba lo que ocurría, no quedaba duda de que la niña que lo abrazaba tan alegremente era su Kagura.
—De manera que él también…ha vuelto a ser un niño…
—Como el padre responsable que es, debería ir a buscar a su pequeño e inofensivo niño —mencionaba Oshin, con una sonrisa burlona en sus labios—. Dicen que nunca es demasiado tarde para enmendar los errores.
—Vengo hasta aquí a visitar a mi preciosa hija no sólo para ser babeado por estos monstruos que fingen ser mascotas y ahora estoy recibiendo un sermón de una mocosa —espetó entre una mezcla de molestia e ironía—. ¿Crees que puedas hacerte cargo de ella un rato más en lo que voy por su desconsiderado hermano mayor?
Un piso polvoriento e inmobiliario que se encontraba penosamente cubierto por mantas percudidas y enmohecidas, era lo que resaltaba a la vista de quien se atreviera a vivir en ese cuartucho mediocre de poca monta. Inclusive las ventanas se encontraban tapizadas por tablones de madera y el resto de las habitaciones, exceptuando la sala, se hallaban plagadas de pilas de periódicos y revistas baratas; era en términos simples, un basurero en el que nadie sospecharía encontrar a alguna persona viviendo y sin embargo, ese era el caso.
Fungiendo como su carcelera, la muchacha se encontraba tumbada sobre el único sillón que allí existía, con la mirada clavada en ese grupo de hojas amarillentas que extendía como de un abanico se tratara; y sólo tal vez no fueran de su agrado, porque el verlas le provocaba corrugar el ceño y afilar la mirada.
—Sé que debes de estarte preguntando qué haces aquí y por qué te he secuestrado —habló la peli rosa, mirando a su joven invitado—. La respuesta es simple si piensas en quién es tu padre.
—Ungh…—tumbado sobre el piso, no podía hacer más que forcejear porque sus muñecas y tobillos poseían unos gruesos grilletes que no tan fácilmente lograría romper; y menos con su fuerza actual.
—Ni pierdas tus energías en eso, Kamui —aconsejó, cruzándose de piernas y disfrutando de lo que parecía ser un espectáculo para ella—. Estaba dispuesta a arriesgarme a ir por ti en compañía de los míos, pero al ver lo que les ha sucedido a ti y a tu hermana, mejor oportunidad no pude haber tenido.
—…No te saldrás con la tuya…—replicó, dedicándole una mirada que decía lo mucho que le desagradaba.
—Admito que no me has decepcionado —elogió—. Incluso en tu estado, te defendiste y ese golpe que lanzaste contra mi rostro dolió bastante —ella por su lado se veía integra, pero él se encontraba totalmente hecho polvo; no se tocó el corazón en golpearle hasta dejarlo en tal estado.
—Ni siquiera te conozco… Además, estoy seguro de que él se encargará de darte una buena paliza…
—Justamente estoy deseando que aparezca pronto. Después de todo, mis asuntos personales son con él, no necesariamente con ustedes —se puso de pie, viéndole con notoria soberbia—. Aunque no estaba esperando que un pelado como él fuera tan ridículamente sentimental. Pero de no serlo no tendría caso lastimar a su precioso niño, ¿verdad?
—Estás loca.
—Un niño como tú sería incapaz de comprender el calvario por el que hemos estado viviendo durante todos estos años… Tu padre tiene que pagar por haberse encargado de exiliarnos…—sonreía con sadismo, como si estuviera imaginándose aquel ansiado momento, como si su sueño más grande se tornara realidad. Y esa malicia palpable agitó las pupilas del infante, invadiéndole de un sentimiento muy cercano al miedo—. ¿Qué te parece si jugamos un rato mientras tu "papi" llega hasta aquí?
¿Qué satisfacción podía existir en quien abusa del débil?¿Cuál era el placer que ella encontraba en pisotear una y otra vez el cuerpo de alguien que estaba imposibilitado hasta para defenderse?¿Por qué estaba sonriéndole mientras continuaba con aquel castigo?¿Es que no pararía hasta que lograra teñir por completo el suelo con su sangre?
—¿Pensaste que no te pondría una mano encima solamente porque eres un niño? —le cogió de los cabellos, con brusquedad y con el único objetivo de levantarlo para que estuvieran cara a cara—. Si hubieras nacido dentro de mi clan, hace tiempo que hubieras ido a descansar bajo tierra.
Él se sentía impotente, incapaz de siquiera luchar por su existencia y empezando a temer por lo peor. ¿Pero es que podía permitirse una mentalidad tan cobarde como esa?¿Es que no existía una manera de zanjar el problema y lograr sobrevivir? Llevaba la sangre de los seres más fuertes del universo, no podía simplemente rendirse; no tenía por qué darle un gusto tan grande.
Sangre, espesa y carmesí escurría violentamente contra el suelo, como si fuera imposible contenerla, como si el causante de su desencadenamiento todavía continuara allí, obligándole a salir en grandes cantidades. Y es que la víctima ni siquiera había logrado sentir el momento justo en que todo a sus espaldas se desmoronaba y dejaba apreciar a quien había llegado no sólo para interrumpirle, sino para arrebatarle tan importante extremidad.
Kamui se encontraba nuevamente sobre el suelo, con la mirada incrédula en quien no encontraba el modo de escapar de su espasmo y a la vez, contemplaba a quien se había encargado de localizarle y salvarle.
Reconocía a ese enorme perro, a ese mismo que arrancó el brazo de la Yato y lo había arrojado lejos de su alcance. Y simultáneamente también supo identificar a la persona que había arribado sobre el lomo del Syx y quien con un simple embiste de su paraguas bastó para mandar a esa insolente mujer hasta las entrañas de los pisos inferiores de la construcción.
—Ey, ¿estás bien no es verdad? Tu padre ha venido lo más rápido posible para salvarte —quería terminar con la vida de esa mujer a como diera lugar, pero no podía dejar a Kamui en semejantes condiciones; tenía el suficiente mal estado como para requerir que lo llevara al hospital y lo atendieran—. Papi te llevará a que te atiendan estas feas heridas.
—Re-Realmente…llegaste —le sonrió con una felicidad sincera. De verdad quería que llegara y le rescatara.
—No digas tonterías —ratificó, con una sonrisa alentadora—. No volveré a dejarte solo nunca más, Kamui.
—¡Pero qué escena más enternecedora! Permítanme aplaudirles y vomitar —había logrado escabullirse de las fauces de la muerte y ascendido hasta el piso que la vio caer—. Umibouzu, al fin tenemos el gusto de reencontrarnos… Aunque estoy segura de que no me reconoces. Era una niña cuando te encargaste de desterrarnos de nuestro propio planeta.
—Tenía curiosidad de quién podría ser lo suficientemente estúpido como para meterse con mi familia. Pero mira que nunca imaginé que se tratara de alguno de ustedes —ya había liberado a su hijo de esos opresivos grilletes y lo sujetaba bajo su brazo izquierdo. Tenía que sacarlo de allí y encargarse de esa psicópata mujer—. Ustedes mismos se encargaron de ser despreciados por el resto de nosotros. Sus actos no podían ser pasados por alto y representaban una verdadera aberración, inclusive para bestias como nosotros.
—Lo único que debería preocuparnos es mejorar nuestra propia especie… Tener descendientes mucho más fuertes y resistentes… Es mera selección natural —dictaminó con absoluta seguridad.
—Lo siento, pero no tengo tiempo ni interés en hablar sobre temas del pasado…—sinceramente no quería atender a los caprichos de venganza de ella o de nadie más—. Busca otra cosa que hacer en tus tiempos libres en vez de intentar poner las manos sobre el grandioso Umibouzu.
—No dejaré que te vayas de aquí, maldito pelado.
—¡Que mi pelo está en estado de conservación de la energía!
Umibouzu ahora empezaba a creer que haberse llevado a esa extraña bestia consigo no había sido tan mala puntada. No sólo toleraba el peso de ambos, sino que poseía la suficiente velocidad para abandonar el área y empezar a usar los tejados aledaños como si fueran un patio de recreos para él.
—Vas a morirte desangrada si continúas persiguiéndonos.
Por donde sea que se movieran, era un mundo de caos y destrucción. La peli rosa en un intento por derribar al animal que estaba permitiéndoles el rápido escape a esos dos, estaba disparando con vehemencia, volando numerosos establecimientos y aterrorizando a la gente que estaba de por medio.
—¡¿Pero qué demonios es esa cosa?! Ninguna de mis balas son capaces de perforar su piel —maldecía la muchacha ante lo que lucía como inevitable. Sin mencionar que aún con el torniquete que se hizo, la hemorragia no cesaba y empezaba a sentir los estragos de haber perdido tanta sangre.
—Parece que de momento la hemos perdido —habló el calvo para quien estaba sentado delante suyo, sujeto fuertemente al animal.
—¿Realmente…hiciste algo malo? Esa mujer…parecía aborrecerte demasiado.
—Los únicos que hicieron algo así, son ellos… Tu padre solamente hizo lo correcto.
Algunos vendajes, curitas y el cuidado de las enfermeras, fueron más que suficientes para encargarse de las heridas que ese pequeño Yato había sufrido una experiencia tan traumática a su corta edad. Incluso tuvo que tomar esas desagradables tabletas para mitigar el dolor; aunque el lado positivo de permanecer internado en un hospital es que podía disfrutar de tres comidas y la visita de quienes conformaban su pequeña familia.
Mientras Kamui permanecía en cama, atendiendo al cuento que Kagura se esmeraban contarle con cierta torpeza y olvido, los únicos adultos que allí estaban, guardaban su distancia y miraban la dulce escena desde el umbral de la habitación. Aun con todo el tiempo que llevaban ese par convertidos en niños, no terminaban de creérselo totalmente.
—¿Qué tantas fechorías has hecho para que una vieja demente como ella venga desde los confines del universo a querer vengarse usando a tus hijos? —interrogaba Gintoki al callado hombre.
—Ella debe ser uno de los miembros sobrevivientes a ese clan.
—¿A qué te refieres con ello? —no era el samurái quien preguntaba, sino la recién llegada chica. Una que captó la mirada de los dos críos por una buena razón: traía consigo una gran bolsa de papel y eso únicamente significaba una cosa.
—¡Shi-chan! —la pequeña Yato bajó de la cama de su hermano y salió corriendo hacia la pelinegra—. ¿L-Los…has traído? —ella podía ser tan extrovertida como introvertida en cuestión de segundos.
—Pueden comérselos mientras nosotros los adultos nos encargamos de hablar de asuntos de grandes —llevó su encargo hasta donde permanecía el convaleciente y sacó todo lo que llevaba dentro, colocándolo cuidadosamente sobre la cama—. No tengo ni la menor idea de qué es lo que le gusta a los niños de su edad, así que traje un par de cada cosa…
Pequeñas y cuadradas gelatinas con preciosas flores en su interior, pastelillos que bien podrían confundirse con adorables mininos, un paquete de fresas cubiertas de chocolate con matcha, donas gatunas de chocolate y fresa, tartaletas, dulces de cristal y hasta panecillos de conejito, conformaban la "ligera" compra de la chica.
—Creo que también debí haber traído esos pastelillos de naranja y las golosinas en forma de flor de cerezo…—susurraba Oshin, ignorando por completo que esos niños no sabían apreciar la repostería fina y ya estaban engulléndose todo lo que les trajo.
—¡Deja de malcriar a mis hijos! —espetaba el pelado.
—Oi, oi, ¡¿por qué le estás dando dulces costosos a dos trogloditas salvajes que ni siquiera sabrían reconocer una tarta tatin de manzana de unos croissants aun teniéndolos en frente?!¡¿Cómo es que tienes tanto dinero para traerlas eso a diario?!¿Es que trabajar en Yoshiwara ya te contagió "ciertas manías"?¿Es esa clase de ejemplo el que quieres darles a estos pobres niños? —en términos simples, él quería comerse todos esos carbohidratos—. "Papi", ¿es esta clase de mujer la que quieres para tu hijo?
—¡¿A quiénes les estás diciendo mocosos salvajes?!¿Y por qué me sigues llamando "Papi"?!¡Y mi precioso hijo únicamente tiene ocho años!
—Ey ustedes dos, ya dejen de armar tanto escándalo en el hospital —pasó monumentalmente de sus comentarios, empujándoles hacia fuera de la habitación; inclusive cerró la puerta—. ¿Ahora si nos va a decir quién está detrás de todo esto?
—¿No desistirán, verdad? —suspiró con resignación—. Todo este problema comenzó hace varias décadas atrás, antes de que el mismo Housen fuera conocido como el Rey de los Yato —inició su relato, recordando a aquel viejo conocido; su más férreo rival—. Para ese entonces probablemente yo no era más que un simple crío que solamente pensaba en meterme en problemas.
La mayoría de los Yato buscan probar su fuerza y superioridad con respecto a las demás criaturas que habitan en el universo… Incluso entre nosotros mismos peleamos e intentamos asesinarnos brutalmente —eso no era novedad, por muchos años él también persiguió la verdadera fuerza y se enfrentó a incontables adversarios—. Sin embargo, existió un grupo de Yato que llevaron ese deseo a un nivel impensable.
—¿A qué te refieres con eso? —preguntó Oshin. Gintoki se limitaba a hurgarse la nariz.
—Ellos creían que nuestra especie debía seguir ciertos reglamentos para mantener su propio status como la especie más fuerte del universo… Que no solamente bastaba con dejar descendencia y dejarle el resto al destino —prosiguió, enfocando su atención en ese par que le escuchaban atentamente—. Ante su propia idea de mejorar la especie, de tener descendencia cada vez más fuerte y con mejores aptitudes para el combate, empezaron a reservarse el derecho de elegir a su pareja… No la escogían por afecto o cuestiones como esas, sino más bien por su propia fuerza…
—¿Insinúa que llegaron al nivel de elegir a su pareja basándose en algo tan absurdo como eso para asegurarse de que su estirpe fuera mejor que la antecesora? —el silencio de Umibouzu le dijo todo.
—…Si ya es considerado una infamia que el hijo intente asesinar a su padre para probar que le ha superado. El que sus propios padres decidan quién de sus primogénitos tiene más derecho de vivir y crecer, podría ser considerado como el pináculo de la aberración —ninguno mencionó palabra alguna porque no sabían qué decir al respecto; en cierto modo sonaba demasiado descabellado para ser cierto—.Esa fue su manera de seleccionar a los más fuertes, a esos que continuarían con su propio legado y que a su vez, estarían por encima de los demás Yato…—se recargó contra la pared, cruzándose de brazos. ¿Quién diría que un tema tabú como ese saldría de su boca algún día?—. Aun cuando esa situación estaba causándonos enormes problemas, nadie hacía nada al respecto.
—Dirás, hasta que tú hiciste algo al respecto, "Papi".
—¡Qué me dejes de decir así, imbécil!
—Y usted fue quien se encargó de todos ellos, ¿no?
—Tenía planeado asesinarlos a todos para darles una lección al resto de que no cometieran una estupidez como esa nuevamente, sin embargo, lo único que se me permitió hacer, fue desterrarlos de nuestro planeta —señaló seriamente—. La persona que lideraba a esa panda de idiotas se quedó a encararme… No le importó sacrificarse para lograr que todos ellos escaparan.
—¿Significa entonces que han estado vagando por el universo, viviendo en las sombras?
—No han vivido silenciosamente, niña —torció el entrecejo con notorio mosqueo—. Desde que fueron exiliados, se han dedicado a ser mercenarios y han estado trabajando para numerosos peces gordos. Pero siempre se las apañan para no ser encontrados y cazados.
—Aunque si menciona que estuvieron haciendo eso por mucho tiempo y usted los sacó de su propio planeta…Llegamos a la conclusión de que ya deben estar en decadencia para este momento. Es decir, la mayoría de sus miembros deben ser veteranos, los jóvenes deben ser pocos y ya deben estar sufriendo las consecuencias de sólo relacionarse entre ellos.
—Es hasta irónico… Ellos que tanto intentaron preservar su especie y están llevándola a la extinción con sus propias manos —puntualizaba Sakata.
—Lo que me da mucha curiosidad es el hecho de que ella haya sabido dónde encontrar a Kamui en el estado en el que se encuentran actualmente —mascullaba Oshin—. ¿Sería posible que quien nos atacó en realidad fuera parte de esos Yato y todo esto forme parte de sus planes para vengarse de usted, Umibouzu?
La oscuridad y frialdad de los callejones eran para ella su mayor consuelo, el único lugar en el que no era percibida por los transeúntes y podía encargarse de su grave herida sin interrupciones molestas. Había perdido la suficiente cantidad de sangre como para poner en riesgo su vida y al no tener más remedio que esperar a que la luz solar fuera menos dañina, se quedó sentada sobre el suelo, escondida entre dos altos botes de basura.
—Ungh… Ese idiota se me escapó de las manos esta vez, pero la próxima vez me encargaré de él…
—Con una herida tan fea no creo que puedas llegar muy lejos, Rina-chan —el ser llamada por su nombre no fue lo que puso en alerta a la peli rosa, sino la presencia que parecía haber estado allí desde un inicio, mirándola tranquilamente desde la escalera de incendios que se encontraba frente a ella—. N-Nana…—expresó con tartamudeo.
—Debió de haberte dolido mucho, ¿no? Es decir, que te arrancaran el brazo —sus inocentes pupilas eran como el bermellón de la sangre, tan llamativo como alarmante—. Nadie de nosotros te señala por lo que has hecho, Rina-chan. Sin embargo, lo que has hecho no ha sido de la total aprobación de Yomi-sama.
—L-Lo he hecho por el bien de todos…¡Para que pagará por todos estos años que hemos sido señalados y abandonados por nuestra propia especie! —vociferó, mirando duramente a esa niña que no debía estar por arriba de los once años de edad.
—Las rencillas del pasado no tiene por qué molestarnos a nosotros, Rina-chan —dijo con una sonrisita mientras caminaba de un lado a otro, con sus brazos cruzados detrás de su espalda—. ¿Por qué no eres una buena chica y me das el antídoto? Ya que por más que le insistí a Aika-chan, no quiso darme nada.
—Yo…la verdad es que…
La piel de esa niña palidecía por completo en cuanto se le comparaba con el albo de su lacia y recogida cabellera. Y por si eso no fuera poco para hacer de ella un espécimen suficientemente raro y frágil, el atuendo tan mono que llevaba puesto haría pensar a cualquier persona que no era más que una adorable cría que amaba los vestidos con vuelo y que supieran combinar perfectamente el negro, el rojo y el blanco.
—Rina-chan, si lo haces, te perdonaremos la vida —expresó, peinando cuidadosamente su flequillo lateral; como si fuera una manía el hacerlo para ocultar por completo su ojo izquierdo—. No obstante, si te resistes, no tendremos más remedio que dejar que te reúnas con el resto que han roto las normas de nuestro clan.
Había sido un día agotador, lleno de las ocurrencias de su pequeña hermana y los extraños gestos que ocuparon en numerosas ocasiones el rostro de su padre. ¿Hacía cuánto tiempo que no pasaba tanto tiempo en compañía de su padre y hermana?¿Cuándo fue la última vez que todos se mostraban sonrientes? Y entonces lo recordó; todo había empezado a cambiar desde que mamá enfermó y su padre comenzó lentamente a distanciarse mientras dejaba la casa cada vez más frecuentemente.
Fue en ese momento en que sintió el imperante deseo de abandonar su cama y salir de su habitación. Si su madre permanecía hospitalizada en el mismo sitio que él, entonces, si se ponía a buscar lo suficiente, terminaría encontrándola, ¿no?
Con esa idea en mente, se paró y se colocó las pantuflas que estaban en el piso. Y antes de iniciar con su aventura, depositó su atención hacia la ventana; la enorme luna se veía con una claridad impresionante, brillando sobre toda la ciudad. Sin embargo, eso no fue lo que lo atrapó por completo.
"Un canario canta una canción de cuna.
Duerme, duerme, duerme, niño.
Arriba de la cuna, los nísperos se balancean.
Duerme, duerme, duerme, niño.
Una ardilla mece la cuna por su cuenta.
Duerme, duerme, duerme, niño.
Sueños en una cuna, con la luna amarilla brillando desde arriba.
Duerme, duerme, duerme, niño".
Esa canción no podría ser otra que la que durante tantas noches su madre empleaba para dormirle cuando era más pequeño; esa que le fascinaba tanto y que inconscientemente añoraba volver a oír.
—¿De dónde se supone que proviene? —corrió para abrir la ventana y asomar su cabeza hacia la fría noche, mirando en todas dirección en busca de la fuente de esa nana—. Solamente mamá conoce esa canción —sus apresuradas pupilas examinaron las callejuelas que se vislumbraban desde allí, incluso su búsqueda se prolongó hasta los tejados colindantes—. Papá seguramente no nos dijo nada porque quería sorprendernos… Estoy seguro de que ahora mamá está bien.
Al fin encontró a quien había tarareado esa adorable canción de cuna. Finalmente su mirada se había cruzado con esa entrañable mirada y esa enternecedora sonrisa que tanto adoraba recibir.
—¡Mami!
