Es tarde, debería estar durmiendo, debería dejar de comer tanto, debería ponerme a estudiar, debería esforzarme un poco más en el trabajo. Pero no, nunca hago nada de eso u.u

No puedo creer que esté subiendo el capítulo diez. Es decir, es mucho! Parece que fuese como si nada, subir un capítulo, nada más, pero para cuando terminé de escribir este capítulo ya había pasado un poco mas de un año desde que comencé a escribir este fic. Así de lenta soy jajaja.

Merry, gracias por tu lindas muy lindas palabras. Es cierto, este fic tiene muchas peleas, es muy shonen para lo que son los fanfictions, que suelen ser la versión shojo de cualquier manga/anime, película o lo que sea jajaj. Y con que vos disfrutes el fic y te tomes la molestia de escribir al respecto cada vez a mi me alcanza y me sobra. Thank youuu

Este capítulo debe ser el más shonen de todos, encima tiene mucho de ese efecto "inesperado" que tiene Bleach, aunque obvio que ni se compara a la calidad de Kubo. Perdón por los diálogos horribles que los personajes van a tener de aquí en adelante, son todas frases armadas que suelen pasar en el manga, es que no sabía cómo escribir todo esto. (Si algo de lo que dice Ichigo les parece que ya lo dijo es muy posible que así sea, me releí del manga todas las peleas de Ichigo para "inspirarme" con los diálogos de ahí).

No aburro más con mis cosas. Disfruten el capítulo!

Disclaimer: Bleach y todos los personajes son propiedad de Tite Kubo, que debería estar considerando hacer aparecer a Grimmjow de una vez.


Cuatro vidas más

Capítulo X — Tus poderes, Orihime, son el secreto de la inmortalidad

A Ichigo le sorprendió que Ishida hubiese estado ausente ese día en la escuela, no es que le importara realmente, pero siendo el mejor alumno además de buenas notas tenía siempre una asistencia perfecta. Chad también estuvo ausente, pero él solía faltar cada tanto, así que eso no era nada fuera de lo común. Ichigo se dejó convencer por Keigo al decir que solo era una rara coincidencia, aunque no del todo.

En clase se encontró mirando el banco vacío de Inoue unas cuantas veces y se sorprendía de lo preocupado que aún seguía por ella. Recordaba haber velado por ella mucho tiempo, tal como Tatsuki le había dicho que hiciera y esperaba hacerlo hoy también. De repente su corazón se aceleró con solo pensar en ver a Inoue. Era ridículo.

Cuando llegó por la tarde al hospital solo encontró a Tatsuki sentada a su lado. No se dijeron mucho, pues se habían visto en la escuela. Le preguntó por Daigoro y ella le dijo que después de estar toda la noche, ella lo relevó. Ichigo bufó, pero no dijo nada más al respecto, no quería tener más problemas con Arisawa y menos discutir con ella un caso perdido enfrente de Inoue.

Orihime se veía peor que antes y eso lo afligió como no pensó que lo haría. Generalmente parecía frío ante este tipo de cosas, pero no podía esconder ya más lo que le provocaba verla tan deplorable e indefensa. Sintió miedo de que su estado empeorara y volvía a sentirse inútil, porque no podría evitarlo.

Nuevamente se encontraba mirándole, perdiendo interés en lo de afuera, como si su mundo girara en torno de ella, aunque le costara reconocerlo. Tatsuki lo notaba, pero no decía nada al respecto, sentía que no era la situación adecuada para eso, ni para contarle de la fuerte presión espiritual que la había levantado de su cama anoche. Le avisó a Ichigo que iba al baño y él asintió sin haber escuchado una palabra.

Estando solos, Ichigo tomo la mano de Orihime, sin saber que ella había hecho lo mismo pero con roles invertidos antes de ir a Hueco Mundo.

—Cuando te desmayaste, al principio pensé que había sido mi culpa… —empezó a decir Ichigo, sorprendido de la estupidez que estaba haciendo al hablarle a una persona dormida— pero después vi a ese tipo y no sé cómo, pero supe que en realidad era por él. Te dejé en el suelo y fui a golpearlo, discúlpame Inoue…

Orihime se encontraba sumergida en un mundo oscuro otra vez. Sabía que era un sueño y era el mismo que tuvo dos noches atrás. Caía y caía en el vacío, pero no parecía llegar ningún lado. Volvía a sentir esa desesperación tan horrorosa y anhelaba tocar fondo. Y, al igual que en su sueño anterior, volvía a escuchar a lo lejos la voz de Kurosaki-kun.

—Kurosaki-kun…

Ichigo sonrió de lado. Inoue, con los ojos entreabiertos, lo miraba y curvaba levemente sus labios. Como reflejo quiso soltar enseguida su mano, pero la de Inoue había tomado la suya y, aunque no hacia fuerza, no parecía querer soltarla. Ichigo no supo qué decir ni con qué excusarse.

—Kurosaki-kun…—comenzó a decir Orihime, con un poco de esfuerzo— otra vez estamos con los roles cambiados… Pero tú no te vas a ningún lado, ¿verdad?

—Claro que no, Inoue —replicó largando una pequeña risa— ¿de qué estás hablando?

—No es nada, olvídalo…

Orihime miró hacia otro lado, recordando cómo había sido cuando él estaba herido, durmiendo en su cama. Ichigo se había quedado pensando.

—¿Te refieres a cuando te despediste antes de ir a Hueco Mundo?

—¿Co-cómo lo sabes? —las mejillas de Orihime se tiñeron del rojo más profundo. Ichigo la miró encantado, se veía adorable cuando se sonrojaba así.

—Lo supuse. Sé que Ulquiorra hizo que te despidieras antes de ir a Hueco Mundo, así dejarías un rastro y parecería una traición de parte tuya. Y esa noche yo estaba en cama, herido después de haber luchado y al despertar me di cuenta que tenía tu reiatsu… al principio no lo pensé demasiado, pero después me di cuenta que significaba que te habías despedido de mí… Inoue, yo…

Orihime permaneció en silencio, expectante a que el relato continuara.

—Si algún día me voy a algún lado, serás la primera de quien me despida.

Aquella confesión arrancó una enorme sonrisa en Orihime. Por fin ella mostraba una auténtica y hermosa sonrisa. Todo su aspecto parecía haber cambiado para él, ya no la veía enfermiza como antes, parecía estable y vuelta a la vida, alegre y pura como siempre lo había sido. Ichigo no entendía qué magia había acontecido ante sus ojos, o por qué estar al lado de Inoue era de repente tan incómodo y placentero a la vez. Quizás porque estaba despierta, o era él el que finalmente había despertado. Su corazón se aceleraba, la mano que había hecho contacto con Inoue latía con fiereza y su mente comenzó a maquinar lo más inesperado: se estaba enamorando de ella.

—Entonces así estaremos a mano.

—Exacto. Ahora recupérate pronto, todos estuvieron preocupados.

—Eso haré.

Ichigo se sintió desarmado al llegar a aquella vergonzosa conclusión. Lógicamente le resultaba imposible: por años Inoue no había sido otra cosa que su compañera de instituto y su amiga; pero recientemente había empezado a verla de otro modo, descubrir en ella cosas que antes pasaba por alto, y eso era una contradicción. ¿Podía uno enamorarse de la noche a la mañana? No lo sabía, pero el amor era posiblemente lo único que podía explicar la vorágine de sensaciones que estaba sintiendo.

—Iré a buscar una enfermera para avisarle que ya despertaste —le dijo y salió a pasos agigantados de la habitación, como queriendo escapar.

—Espera, Kurosaki-kun. Etto… cuando pueda salir de aquí, crees que… podríamos ir al río, es decir, ¡sólo si tú quieres! Si no quieres no importa, seguro estás muy ocupado y no…

—Seguro —le interrumpió, saliendo de la habitación—. Vayamos al río de nuevo.

Minutos después llegó la enfermera que examinó rápidamente a Inoue y luego Tatsuki, y con eso la atmósfera cálida, casi mágica, que se había formado entre Ichigo y Orihime se desvaneció por completo. Ella sentía una felicidad que podía atravesarle el pecho, aquel momento a solas con él había sido hermoso y forzaba a su memoria para atesorarlo lo más lúcido posible. Aquella promesa la llenó de esperanza, ya quería salir del hospital e ir al río, a solas, con Kurosaki-kun.

Cuando las amigas de Inoue llegaron, la habitación se puso muy incómoda para Ichigo, pero Tatsuki supo salvar la situación. Al parecer ella ya lo había perdonado por lo ocurrido el día anterior e Ichigo se alegró por eso.

—Deberías irte a tu casa, Ichigo —le ordeno—. Tienes una cara horrible, ve a dormir un rato.

Kurosaki no dijo mucho, se despidió de Inoue y salió de la habitación, topándose con Ishida Ryuuken en el camino, Ichigo no tenía intenciones de decirle nada por lo que siguió caminando. Pero al dar dos pasos, pudo escuchar la voz de ese misterioso hombre a sus espaldas:

—Voy a darle el alta a Inoue Orihime esta tarde.

—Ah… ¿está seguro?

—No hay diferencia entre que se quede o se vaya a su casa —le dijo Ryuuken, volviéndose hacia él y ajustando sus anteojos—. Ella no está enferma. El problema yace en su reiatsu.

—¿Su reiatsu? —preguntó sorprendido— ¿Qué le pasa al reiatsu de Inoue?

—No te concierne, eres un humano ahora.

—¡¿Y por qué me dice todo esto?!

—Para que la protejas, en caso que llegue a ser necesario.

Dicho esto, Ishida siguió su camino y entró en la habitación de Inoue. Ichigo supo que aquel hombre lo había puesto en su lugar, las cosas espirituales ya no tenían nada que ver con él.

En la habitación, todos se alegraron por Orihime y horas después ella ya estaba abandonando el hospital junto a Tatsuki y Daigoro. Cuando Inoue entró a su departamento, sintió que había sido mucho tiempo desde la última vez que estuvo y se alegró de volver. Parecía que las cosas estaban por cambiar otra vez y que algo bueno vendría a continuación. Tatsuki también estaba contenta y no lo ocultaba, pues se había preocupado mucho por ella. Daigoro parecía ser el único fuera de sintonía, increíblemente callado y serio.

—Bueno Orihime, creo que lo mejor sería que te acuestes.

—¡Pero Tatsuki-chan, estuve en cama dos días! —se quejó ella pero dejándose conducir hasta su habitación de todos modos.

—Hazme caso Orihime, no hay nada mejor que dormir en cama propia, yo mientras tanto te haré un té y…

Tatsuki dejó de hablar súbitamente y sus ojos se volvieron blancos. Cayó pesadamente al piso dejando ver detrás suyo a Daigoro que envainaba la espada con la cual había herido transversalmente la espalda de Tatsuki. A diferencia del resto del día, Daigoro sonreía perversamente, mostrando sus dientes y en sus ojos se leía una euforia contenida que estaba a punto de explotar.

—¡Tatsuki-chan! —gritó horrorizada Orihime— ¡Tatsuki-chan!

En estado de shock, instintivamente comenzó a retroceder hasta toparse con la pared. Poniendo sus piernas como defensa, Inoue se arrinconó y parecía no haber forma de poder salir de su habitación. Daigoro la miraban sonriente, pero ella no entendía. Tatsuki yacía en el piso, mortalmente herida, ¿por qué lo hizo? ¿Significaba que iba a hacer lo mismo con ella también? Tenía miedo, no quería morir.

—Tranquila, ella no está muerta.

Ella volvió a mirar a su amiga y no dijo nada, no tenía a sus Shun Shun Rikka para defenderse o curar a Tatsuki. ¿Qué iba a hacer? Estaba completamente indefensa ante Daigoro. Pero no podía estar sucediendo, no tenía sentido. Él era su tío, él la quería, eran familia. ¿Se había vuelto loco? Estar frente a él la asustaba, sabía que iba a matarla.

—No te asustes Orihime-chan —le dijo él con una calma increíble, acercándose a ella—. Todo esto seguro es una sorpresa para ti, ¿verdad? —Orihime se acorralaba contra la pared aún más, pero no pudo evitar que Daigoro tomara mechones de sus cabellos y comenzara a acariciarlos— Que tu familiar perdido, que volvió para quedarse contigo, aquel que sabe tanto de ti, Daigoro-san, muestre sus verdaderos colores al fin.

—¿Por qué…? ¿Por qué heriste a Tatsuki-chan?

Él sacó su sonrisa en un instante y miró con asco a Tatsuki: —Porque era una molestia.

Orihime no lo soportó más y de una cachetada apartó sus cabellos de entre los dedos de Daigoro. ¿Qué clase de maníaco cortaba a alguien con la espalda por tan trivial motivo?

Daigoro retrocedió un par de pasos, volviendo a sonreír con lascivia ante la asustada Orihime.

—Has sido una muchacha encantadora todo este tiempo, Orihime-chan, creo que tienes derecho a saber la verdad. Mi nombre jamás fue Inoue Daigoro —le dijo como si no tuviese la menor importancia—, me llamo Daegon Dunst, y soy un Arrancar.

Orihime se tensó al escuchar eso. No supo que decir ni qué hacer. Daigoro aprovechó ese momento para quitarse el guante de su mano derecha, aquel que siempre tenía puesto. Se le veían solo huesos, no había rastro de piel o músculos en su mano, y en su palma el número uno estaba tatuado, aunque era apenas legible.

—Llevé muchos meses buscándote, y cuando finalmente te encontré, no podía creer que la dueña del reiatsu que había sentido en Las Noches fuese tan fascinante y hermosa. Tu escudo y tu capacidad de negación realmente me impresionaron. No podía creer que tus poderes realmente existiesen, eres maravillosa Orihime... pero también eres muy ingenua. Antes de conocerte, tenía pensado matarte y robarte tus poderes enseguida, pero al verte, pensé que eso sería muy cruel, por eso inventé una mentira para permanecer al lado tuyo y robártelos de a poco. Dime, ¿no recuerdas haber sentido algo extraño la primera vez que nos vimos?

Ella recordó entonces la primera vez que lo vio, y la horrible sensación que experimentó al mirarlo a los ojos. En aquel momento se convenció que solo era su imaginación, pero ahora sabía que realmente había sucedido. Había sido una completa ingenua. Debió darse cuenta en ese momento que ese hombre no era quien decía ser que es. Todo había sido sospechoso desde un principio, pero Orihime había hecho oídos sordos a cualquier tipo de advertencia, y ahora estaba sola, indefensa, sintiendo dolor profundo como una daga clavada en su corazón, por la traición que había sufrido. Ella le había abierto su corazón a Daigoro, sin preguntar nada, confiando en él y había sido muy feliz pensando que tenía una familia. Pero había vivido una mentira. Ahora él mostraba quien era en realidad, ni siquiera un humano, tal como se lo había advertido Kurosaki-kun.

Kurosaki-kun… Había sido tan cruel con Kurosaki-kun. Y culpa suya, de negarse a creer en lo que él tan firmemente le decía, Tatsuki estaba herida y ella estaba por morir.

—Me estuviste manipulando todo este tiempo… —dijo ella desafiante, pero el miedo, la tristeza y la perturbación se podía leer en sus ojos.

—Oh no, claro que no. Sólo miré adentro de ti, por eso fui capaz de inventar una mentira convincente y sostenible para que me aceptaras. Cómo explicarte… al verte a los ojos te conocí a fondo, me inserté en tus memorias y fui testigo de cada segundo de tu vida, aunque tú nunca me hubieses visto antes, ¿lo entiendes?

—Yo… yo creía en ti.

—Ya Orihime, supéralo. Es tu culpa por ser tan ingenua. Pero no te culpes, muchos cayeron en el engaño también. Yo solo quería divertirme un poco —dijo como si fuese un buen chiste— y realmente tengo que agradecértelo. Me divertí como no pensé que lo haría, y todavía queda más. ¡Todos tus amigos están buscándome ahora! —gritó exaltado— ¡Van a querer enfrentarse contra mí y vengarte! ¿No te parece genial, Orihime?

Daegon comenzó a reír como desquiciado, mostrando una sonrisa gigante y unos enormes dientes blancos como mandíbula de lobo. Era espeluznante.

—¿Recuerdas a Iyashi? —le dijo mostrándole su zanpakuto, y Orihime pudo sentir su propio reiatsu emanando de ella.

—¡Mis poderes, están en esa espada!

—Así es, tus poderes ya están aquí, lo que quiere decir que me pertenecen ahora. Desde el primer momento en que tocaste esta espada, tu reiatsu se fue transfiriendo poco a poco hasta que ya no te quedó nada. Ahora eres una simple humana, una débil humana y muy distinta a mí. Esta zanpakuto concentra tu magnífico y puro reiatsu y tus poderes también, pero no entiendes lo asombro que es esto al parecer.

Con la pasión de un poeta, comenzó a explicarle: —Tus poderes regeneran, vuelven cualquier cosa a tu estado anterior y curan —usando su esquelética mano derecha como cuchilla, se hizo un tajo en su brazo izquierdo, dejando que la sangre corriera—. Si cada vez que me hiriesen pudiese curarme, entonces podría seguir luchando por siempre —tomó la espada y pasó el filo por su herida. Se creó un óvalo naranja y la herida sano por completó—. Cada vez que alguien me corte, mi herida se cerrará; si me muelen a golpes, mi cuerpo volverá a ser como siempre; si cortan mi brazo, este volverá a regenerarse en un instante. Tus poderes, Orihime, son el secreto de la inmortalidad. Pero desafortunadamente para ti, ya no te necesito.

Orihime cerró los ojos del miedo, sabía lo que pasaría a continuación. No iba a poder evitar caer al piso al igual que Tatsuki. Sintió un dolor inexplicable en todo su tórax y perdió la conciencia. La sangre fluía como un río por el piso y Daegon Dunst sonreía. Se estaba divirtiendo.


Ichigo no podía creer que, como en los viejos tiempos, Rukia estuviese en su habitación. Eso lo alegraba inmensamente, era como si la depresión que tenía se hubiese disipado por el momento. Renji también estaba ahí. Era increíble volver a verlos a los dos.

Los tenientes, vestidos como humanos, se habían insertado en un gigai para poder ser visibles para Ichigo. Llegaron de sorpresa y lo primero que hizo Rukia fue darle una buena patada en la cara a Ichigo, para que cambiara ese estúpido y lamentable rostro que llevaba consigo.

—¡No puede ser que te dejamos solo un par de meses y ya tengas esa cara! —le gritó la shinigami— ¡Debería darte vergüenza, ese no es el Ichigo que conocemos! ¿Verdad Renji?

Abarai asintió divertido, siempre era gracioso cuando Rukia se enojaba con Ichigo, porque además no le duraba ni un minuto.

—¿¡Qué crees que estás haciendo idiota!? ¡Me golpeaste!

—Créeme que te hizo un favor —dijo Renji.

Kurosaki dejó pasar el enojo, era extraño volver a ver a sus dos amigos. Ver a Rukia ahí le brindó un rayo de esperanza y efectivamente, su cara triste cambió.

—¿Qué están haciendo aquí chicos? —dijo mientras se acariciaba donde había recibido el golpe.

—Vinimos a visitarte, ¿no es obvio?

—No me refería a eso, sino que hacen en Karakura —le respondió a Rukia como si estuviese explicándole el hecho más obvio—. No creo que hayan venido solo para verme.

—Estamos en una misión —explicó Renji—. Estuvimos de patrulla hasta recién, buscando al Arrancar que hizo todo el desastre.

—¡Entonces fue un Arrancar después de todo! —exclamó Ichigo recordando todo lo que había escuchado de Uryuu— Ishida tenía razón.

Kuchiki y Abarai se miraron serios.

—Ishida y Chad lo comprobaron por ellos mismos. Posiblemente ese Arrancar fue el que los atacó.

—¿¡Qué!? —preguntó desconcertado— ¿Qué pasó con ellos? ¡Díganme!

—¿No lo sabías Ichigo? Alguien los atacó y están recuperándose en lo de Urahara en este momento—replicó seria Rukia—. Por eso estamos buscando al responsable, no sabemos cómo es pero conocemos su reiatsu y no aparece. Creemos que también tiene que ver con lo que le pasó a Inoue.

—Inoue…

La mirada de Ichigo se volvió vacía y nuevamente sintió que un estremecimiento lo arrasaba de nuevo y lo aplastaba como una aplanadora. Primero Inoue, ahora Ishida y Chad. A ninguno de sus tres amigos logró proteger, ¿cómo no se dio cuenta, como no reaccionó antes? ¿por qué no salió él a buscar, a enfrentarse al responsable de todo, que encima, ya conocía? Ahora hasta la Sociedad de Almas había intervenido. Esa era la magnitud de todo lo que estaba pasando.

Rukia y Renji perdieron estabilidad por un momento y se miraron seriamente. Ichigo sabía lo que eso significaba aunque no podía sentirlo: se había manifestado una fuerte presión espiritual.

—Debemos irnos —ordenó Rukia y Renji asintió.

—¡Oe, esperen! ¡Voy con ustedes!

—¡NO! —el grito de Rukia retumbó en toda la habitación—. Estorbarás en la batalla, Ichigo… Lo siento, pero no hay nada que puedas hacer.

—¡DE QUE MIERDA ESTÁS HABLANDO! —rugió encolerizado Ichigo— ¡Son mis amigos los que están en peligro! ¡No puedo quedarme de brazos cruzados mientras ustedes hacen todo el trabajo! ¡Ya fallé en protegerlos, no puedo dejar que pase de nuevo!

—¡Ichigo, hablo en serio! ¡Estamos hablando de un Arrancar, no hay forma que puedas enfrentarlo y menos salir ganando, te matará!

Ichigo quedó en silencio. Rukia no quería que se involucrara no porque sería un estorbo, sino porque temía por su vida. Era muy propio de ella, Rukia siempre pensaba más allá de sí misma y sorprendía a Ichigo cuando, sin admitirlo, pensaba por los dos, así era y lo había sido siempre. Por suerte, Rukia nunca cambiaría.

—Rukia tiene razón —dijo Renji, tomándole un hombro para intentar calmarlo—. No puedes pelear contra algo que ni siquiera ves. Lo siento Ichigo.

Los dos shinigamis abandonaron sus gigai y salieron por la ventana, o así lo supuso Ichigo, que solo veía sus cuerpos artificiales caídos en el piso de su habitación. Se sintió un desgraciado, el peor de los desgraciados. ¿Por qué todo había llegado hasta este punto, en que no podía hacer nada excepto maldecir una y otra vez, una y mil veces, su incapacidad de poder hacer algo al respecto? Él quería proteger a todos, era su deber, su misión y su deseo.

Antes de ser un shinigami, su vida (excepto por el hecho de ver espíritus) era muy normal, aburrida, más bien vacía. Tenía 15 años y no le encontraba sentido a las cosas, no sabía que quería para él mismo y nunca sonreía o sentía algún tipo de emoción que lo sacara de su insensibilidad hacia las cosas. Después llegó Rukia, la misma que estaba frente a él en su habitación, y su mundo cambió. Obtuvo poderes de shinigami y supo que luchar para proteger era su motivo de vivir. Se hizo amigos, se hizo enemigos de quién tuvo que defender a sus amigos. Y tuvo a Ishida y Chad, con quienes luchaba a la par. Ocupada su mente en las tareas de shinigami con Rukia y luego con la infiltración en la Sociedad de Almas para evitar su ejecución, no tuvo lugar para Inoue tanto en la batalla como en su corazón, pero aun así, ella seguía fielmente al lado suyo. Cuando Orihime fue llevada a Hueco Mundo fue cuando sintió la importancia que esa chica tenía en su vida, por eso dio todo de sí para rescatarla y después de vencer a Aizen, salvar Karakura y perder sus poderes, sintió que nuevamente volvía al vacío, mintiéndose a sí mismo con la excusa que paz era lo que él siempre había deseado. Y Rukia no estuvo ahí para parar la lluvia que estaba por caer en su mundo. Inoue sí estuvo a su lado, desinteresadamente, tendiéndole un paraguas para que no se mojara, pero él había decidido ignorarla.

Y nuevamente Inoue debía sufrir para que él y su estúpida y despistada cabeza supiera del verdadero valor que tenía. Porque en ese mismo momento Inoue estaba en peligro, y Rukia estaba ahí, pero la lluvia no se detenía. Inoue era la única capaz de detener la lluvia ahora, Inoue era a quien Ichigo necesitaba más que nadie, aunque en el fondo no mereciera la bondad y la hermosa sonrisa de ella. Ishida y Chad también estaban en peligro, e Ichigo no podía sentir nada excepto el peso de la responsabilidad que eso significaba para él.

Pero ahora volvía a fallar, y sus propios amigos lo apartaban de la batalla. Ellos podían fingir entender por lo que él estaba pasando pero no sentirlo realmente.

—¡Maldición! ¡Maldita sea! —gritaba Ichigo, mientras se daba fuertemente los puños contra la pared.

Sentía que en cualquier momento explotaría de la bronca. No dejaba de maldecir y no dejaba de golpear, ignorando el sangrado que comenzaba a aparecer en sus nudillos. Quería ir donde estaba el Arrancar, quería vengarse por lo que le sucedió a Inoue y a Chad e Ishida, quería proteger a Renji y Rukia y a todos los habitantes de Karakura, pero sabía que si salía a la calle no podría encontrar el escenario de la batalla. Maldijo otras veces más a Inoue Daigoro, no podía ser otro más que él el causante de todo.

—¡Carajo! ¡Maldita sea! —gritaba a viva voz— ¡Esto no debería estar ocurriendo! ¡Yo debería estar luchando, matando a ese maldito Arrancar! Si solo tuviera mis poderes… los quiero, los quiero de vuelta, ¡QUIERO MIS PODERES DE REGRESO!

Ichigo se encontró diciendo algo que se había prohibido decir todo ese tiempo, algo que había reprimido en su corazón por 9 meses. Y cuando se dio cuenta de ello, su padre entraba a su habitación

—¿¡Qué estás haciendo Ichigo!? —gritó Kurosaki Isshin abriendo la puerta abruptamente—¿Vas a llorar? ¿Vas a seguir maldiciendo el no poder hacer nada?

—Papá…

Con mirada herida Ichigo miraba a su padre, que llevaba consigo un porte de alguien que está orgulloso de su hijo, contrario a sus palabras, que parecían un reproche: —Ningún hijo mío va a quedar lamentándose por lo que fue sin haber hecho nada al respecto.

—¿Qué quieres que haga? —bramó su hijo— ¡No puedo pelear siendo un humano! ¡Mírame, ya no soy nada sin mis poderes de shinigami!

—Levanta la cabeza y mírame —le ordenó Isshin severamente—. Nunca menosprecies de lo que eres capaz de hacer por ti mismo, Ichigo. Todo lo que hagas tiene que salir de tu voluntad y tu corazón, no de lo que tengas o no tengas… pero si eso es lo que necesitas ¡Corre y ve a lo de Urahara!

Ichigo se sintió confundido con el consejo de su padre, pero al verle esa sonrisa tan decidida dejó de dudar. Se sintió reconfortado y tuvo el presentimiento que una nueva oportunidad se abría paso para él.

—Te haré caso por esta vez, viejo —dijo y salió corriendo hacia allí, sin saber que le esperaría en cuanto llegara.

Al llegar, Urahara Kisuke aguardaba por él en la entrada de su tienda. Sonreía de lado y agitaba su abanico; parecía estar al tanto de todo. Lo saludó fingiendo asombro e ignorando toda señal que mostrara desesperación o ansia por parte de Ichigo. Lo invitó a pasar rápidamente, porque según sus palabras, no tenían mucho tiempo.

—Voy a tener que pedirte que vuelvas a ser mi conejito de indias, Kurosaki-san —le decía el misterioso ex capitán mientras lo conducía a la sala donde le había ayudado para su experimento unas semanas atrás—, la última vez que viniste ya estaba casi lista, pero no estoy seguro si funcionará o te pondrá a la altura de lo que eras, de todos modos, que la pruebes es la única opción que te puedo dar.

—¿De qué estás hablando Urahara-san?

Kisuke se hizo a un lado para mostrarle como, sobre una pequeña tarima, yacía una espada de mango rojo y vaina negra. Del extremo superior del mango salían dos cuerdas que terminaban en unos pequeños flecos. El diseño era igual que el de su primera zanpakuto, la que usaba cuando todavía no conocía el nombre de Zangetsu, pero su tamaño era el de una katana normal.

—Esto es una Asauchi —comenzó a explicarle Urahara—, se les da a los shinigami para ayudarlos a materializar su alma en una zanpakuto. Pero como tú no eres un shinigami, Kurosaki-san, ésta la diseñé especialmente para intentar devolverte tus poderes. Las veces que te hice venir hasta aquí intenté extraer de tus manos la "información", es decir pequeños restos de reiatsu que ellas todavía tenían de las veces que empuñaron a Zangetsu, e incorporarla en esta zanpakuto. Y de ahí realizar la operación contraria, que la zanpakuto llene tu alma con los poderes almacenados en ella.

—¿O sea que esa… Asauchi, tiene mis poderes adentro? —Ichigo no podía creer que eso realmente estaba sucediendo.

—Pequeños retazos, memorias de tu poder.

Ichigo dio unos pasos cautelosos hasta donde estaba la espada y abrumado por el asombro y posiblemente la felicidad de volver a tener poderes, la tomo lentamente por el mango y la desenvainó. Sintió de repente como algo se llenaba adentro de su alma. Se sintió completo, pero esa agradable sensación se fue en un instante. Podía percibir como una energía corría por su cuerpo sin dejar rincón por cubrir, pero era como una sombra, que dejaba un vacío después. No se transformó en shinigami, seguía teniendo su aspecto humano y no podía sentir a nadie dentro suyo. Zangetsu no estaba en su interior. Y él seguía siendo nada, sólo un humano empuñando una zanpakuto artificial.

—Con esta zanpakuto posiblemente seas capaz de hacer tu Getsuga Tensho más de una vez, pero debo advertirte que un bankai te será imposible —le aclaró Urahara—. No es más que un prototipo que aún no perfeccioné y solo te lo entrego por fuerza mayor, Kurosaki-san. Ahora ve y haz lo que creas correcto.

—De acuerdo —dijo Ichigo con una confiada sonrisa en sus labios—, gracias Urahara-san.

Dejando la vaina en el piso y sosteniendo fuertemente con su mano derecha la katana, Ichigo salió corriendo de esa habitación, cruzó el pasillo pensando que finalmente su panorama cambiaba y que, no sabía cómo, el destino estaba jugando para su favor. Se tenía más confianza que nunca, se sentía fortalecido, y veía en su mundo como las pesadas gotas de lluvia comenzaban a disminuir.

—¡Espera Kurosaki!

Ichigo viró para ver quien gritaba a sus espaldas. Arrastrándose por el suelo, Ishida se había deslizado para abrir el shoji de la habitación donde se encontraba, y Chad se asomaba también. Ambos estaban gravemente lastimados: llevaban vendas por todo el tórax y la cabeza, tenían los ojos hinchados y cada uno llevaba un brazo enyesado. Los dos, con gestos de dolor y una leve transpiración, exteriorizaban el esfuerzo que había sido arrastrarse hasta allí, seguramente también tenían alguna pierna enyesada. Pero con verlos vivos y con esa voluntad inquebrantable a los dos, Ichigo se alegró inmensamente.

—¿Te pensaste que nos podías dejar aquí y llevarte toda la diversión? —preguntó Ishida, como siempre, provocándolo.

—Nosotros también vamos, Ichigo —agregó Chad.

—¡Pero de que están hablando! —exclamó Ichigo sin dejar de mostrar una sonrisa de alivio—. ¡Apenas pueden moverse! Déjenmelo a mí esta vez…

—¡No importa, nosotros vamos…!

Yoruichi apareció por detrás y le tapó la boca a Ishida para no dejarlo terminar de hablar. Con el otro brazo lo tomó por el cuello y forcejeó con él para entrarlo de nuevo a la habitación. Lo mismo hacía Tessai con Chad, de forma muy cómica.

—¡No te preocupes por ellos, Ichigo! —le dijo divertida Yoruichi— Nosotros los mantendremos aquí encerrados. ¡Asegúrate de traer sana y salva a Orihime! —le pidió.

Ichigo asintió decidido de que no podía ser de otra forma. Pelearía a la par de Rukia y Renji y salvaría de una vez por todas a Orihime. Era lo que él estaba destinado a hacer.

Salió corriendo de Urahara Shoten, hizo un par de metros y se detuvo, sintiéndose un completo idiota. En la entrada de su local estaba Kisuke sosteniendo su abanico y detrás suyo Jinta y Ururu.

—¿Te estás olvidando de algo, Kurosaki-san? —preguntó burlonamente el ex-capitán.

—Ejem… a donde se supone que tengo que ir —respondió entre dientes Ichigo, odiaba verse como un tonto frente a otros.

—¡Ah, eso era! —fingió sorpresa—Ve a donde vive Inoue-san, nosotros también iremos en un rato.

—¿Y cómo se supone que vaya a verlo si sigo sin convertirme en shinigami? —aprovechó para preguntar.

—El Arrancar lleva puesto un gigai especial que Kisuke-san le dio —le explicó Ururu—, no puede quitárselo.

—Y déjame decirte una cosa más, Kurosaki-san —le dijo Urahara, ocultándose tras el sombrero y con gesto terriblemente serio—. Estas por enfrentarte a un Espada desertor, más precisamente a un Primer Espada que además, tiene habilidades especiales, tiene en su poder varias zanpakutos y es capaz de analizar a fondo a su oponente con solo mirarlo a los ojos. Claramente estás en desventaja, pero conociéndote lo poco que te conozco, sé que eso no te detendrá.

—Claro que no —aseguró Ichigo, aunque sus ojos mostraban cierta inquietud—, voy a pelear y voy a vencer, es obvio.

—Entonces, solo me queda decirte que su nombre es Daegon Dunst, y que te lo advertí, si mueres no tendré ningún cargo de conciencia —le dijo con una risa burlona.

Ichigo ignoró el mordaz comentario y se fue corriendo de la tienda Urahara sintiendo la adrenalina recorrer todo su cuerpo. Estaba por volver a pelear, algo que siempre se había negado reconocer pero que en el fondo era su motor. Para pelear y proteger era para lo que Ichigo había nacido y no podía negar su destino. Corrió todas las cuadras sin apenas sentir las piernas, su cuerpo se movía mecánicamente y sólo pensaba en llegar a tiempo.

A pocos metros del edificio de Inoue, Ichigo se sintió diferente, un poco más parecido a como se sentía antes. Quizás sus poderes se estaban impregnando en su cuerpo como lo había dicho Urahara y lo pudo comprobar cuando llegó a destino y, además de ver perfectamente a Daigoro volando por el cielo nocturno, vio una figura borrosa que no dejaba de moverse y atacar con rapidez, como una serpiente descomunalmente inmensa. Le costaba distinguirla y seguirle el movimiento, tampoco podía discernir con facilidad la figura que estaba controlando aquello, pero no había dudas que se trataba de Renji peleando con su bankai, Hihio Zabimaru.

Ichigo también distinguió a Rukia que suspendida en los aires, atacaba a distancia con las danzas de Sode no Shirayuki. Le costaba seguirles el paso con aquella dificultosa lectura de reiatsu que había obtenido, pero sus instintos le dictaron que Renji y Rukia seguramente estaban teniendo problemas al enfrentarse al ex Primer Espada. Además, su corazón le decía que esa era su batalla y la de nadie más.

—¡RENJI! —gritó con todas su voz— ¡Hazte a un lado!

—¿Ichigo..? —preguntó Renji incrédulo.

Abarai distinguió la espada que Kurosaki llevaba consigo y se sorprendió de ver que emanaba el poderoso reiatsu que su amigo solía poseer. Sonrió por este hecho, pero se distrajo en la batalla y no pudo cubrirse con su bankai para que el ataque que le dirigió Daegon no lo lastimara. Renji quedó apartado de la batalla en ese momento, las heridas por el fuego que había recibido le ardían como si estuviese en el mismo infierno.

Habiéndose deshecho de ese pobre oponente, Daegon miró a Ichigo con una sonrisa enorme y perversa, sus ojos encendidos como llamas le daban un gesto de maníaco.

—¡Kurosaki Ichigo! —exclamó—¡Qué agradable sorpresa!

—¡Renji! ¡Rukia! ¡No lo miren a los ojos! —advirtió Ichigo ignorando a Daegon.

—Ya es tarde —le aclaró él—. Hemos estado peleando tanto que hasta ya somos amigos, ¿Verdad Kuchiki-fukutaicho, Abarai-fukutaicho?

—¿Cómo sabes nuestros nombres? —se preguntó Rukia— ¡Eh tu, dinos qué eres!

Daegon giró para ver a Rukia que, parada sobre el aire, estaba atrás suyo y de reojo distinguió que Renji se levantaba del lugar donde había caído.

—Ustedes comenzaron a atacarme sin siquiera presentarse, y ahora demandan saber mi nombre. Que malos modales tienen, shinigamis. Mi nombre es Daegon Dunst, soy un Arrancar que vino a pasar un buen rato en Karakura y gracias a ustedes lo estoy disfrutando.

—¿Un Arrancar…?

Daegon entonces sacó el guante de su mano derecha y mostró el número 1 que estaba tatuado allí. Luego se dirigió a Ichigo: —Lo lamento Kurosaki, es mi costumbre apenas ver a alguien querer saber quién es, así que fue en vano tu advertencia. Ya tuve tiempo de conocer muy bien a Renji y Rukia, amigos de la infancia en Inuzuri y separados luego por la Familia Kuchiki, pero que han vuelto a estar en contacto ¿no es una linda historia?

—Maldito… seguro que lo mismo hiciste con Inoue —masculló Ichigo furioso.

—Así es, le hice creer que era su tío, y quedó muy convencida. ¡Ni siquiera le creyó a su querido Kurosaki-kun cuando él se lo advirtió! Aunque admito que no fue muy difícil.

—¿¡Donde está ella!? —demandó Ichigo.

Daegon sonrió ampliamente y descendió hasta que sus pies tocaron el suelo. Caminó unos pasos hacia Ichigo que ya estaba en posición de defensa, empuñando la zanpakuto con rigidez. Sus ojos mostraban la furia y el odio que estaba sintiendo, mas el cinismo de Daegon no se veía afectado.

—No pensé que llegaríamos a pelear en algún momento, pero me alegra que seas mi oponente. ¿Hagamos de esta una buena batalla, de acuerdo?

—¡Contesta! —gritó lleno de furia.

Daegon entonces avanzó con su Sonido hacia Ichigo y chocaron espadas: —Oblígame —le dijo, retrocediendo para volver a atacar.

—Si eso es lo que quieres, ¡te cortaré en pedazos hasta que hables!

Ichigo estrechó su ceño y se posicionó para atacar. Decidido y sosteniendo al frente su espada con las dos manos gritó con furia y atacó a Daegon. "Enójate, siente la ira corriendo por tu venas y la violencia inmensa dentro de ti saldrá a flote, Kurosaki Ichigo" pensaba con lascivia el Espada, jubiloso de saber que sería parte de una memorable batalla.