Buenas, buenas~ aquí otro capítulo más. Yo creo que ya no prometo nada de que a cada dos semanas y ya (?) Solo diré que más o menos por esos lapsos los subiré xD
Antes de dar agradecimientos, los invito a pasar por mi profile que están las redes que más uso, y acá les dejo mi skype -lo que más uso- y si también lo usan, agreguen y hablen, que no muerdo :v Skype: arshleyreus
Como siempre, agradecimientos a: nunzio guerrero, Anenan, sakuritasan, Qaths10, Black-king20, Marilinn, Cheshire Megurine, Danny, MookieRoo, Ultear Milkovich, fan a ciegas, harryginny02, Iris Baudelaire, Lemb-20
Yyyyy disculparme por el supuesto "corazón" que dejé en el cap pasado a los reviews que más me gustaron xDu... por alguna razón la página me borró los "" e_é Lo pongo aquí de prueba a ver si sale (?) 3
A leer puej (?
Capítulo11
Celos… ¿Qué son los celos? Inseguridad, desconfianza… No es lo que yo sentía con Beckett, ahí solamente marcaba mi territorio, él era mío en esos momentos y no dejaría que nadie me arrebatara lo que es mío. Entonces ¿Qué era diferente ahora? La molestia creciente en mí no era controlable, ni por mí, pero venía acompañada de una angustia terrible y lo había demostrado durante toda la noche dejando regadas el montón de botellas de licor que yacían en aquella mesa donde estábamos reunidos.
Tenía ganas de levantarme y golpear a todo lo que se moviera, cortar lo que se me parara al frente con mis tijeras, inclusive había palpado mis botas un par de veces con verdaderas intensiones de hacerlo, solo para recordar que los estúpidos gorilas de seguridad me las habían arrebatado antes de entrar.
― Tori se está divirtiendo ― mencionó André y yo no pude evitar largar un sonoro bufido.
¿Cómo habíamos llegado a ésta situación?
Fácil, era sábado por la noche y, hace varios días, todo el grupo había decidido ir a aquel bar karaoke que Cat descubrió gracias a su hermano. Yo me opuse rotundamente, algo proveniente del psicótico hermano de Cat no podría ser bueno, pero Beck y André insistieron en lo que lo conocían y, gracias a las súplicas de Vega, accedí.
Fui a su casa temprano para alistarme allá, así no perderíamos tiempo de la noche y podríamos disfrutar más en el local. Hace rato que había descubierto que estar a su alrededor era tan natural y fácil, a pesar de tener que soportar las molestas miradas de la estúpida población estudiantil en general, e incluso la de algunos profesores, a ella parecía no importarle, incluso parecía disfrutarlo.
― ¿Nos divertiremos hoy? ― Preguntó mientras dejaba de admirarse en el espejo y volteaba hacia mí, yo aún me pintaba los labios.
― Lo haremos ― dije, imperturbable.
La única cosa «extraña» de salir como novias falsas era que a cada minuto que pasaba junto a ella, más comenzaba a gustarme, y ese simple pensamiento ya me aterraba, pero no podía dejar de hacerlo. Era difícil olvidar la forma y color de sus ojos y el increíble olor floral que desprendía su cuerpo de manera natural… estaba comenzando a sospechar que se bañaba con agua de rosas. Incluso otras cosas comenzaron a llamarme de ella… más de lo normal; como cuan largas eran sus piernas o qué colores vestía con más frecuencia y cuales hacían resaltar más su piel bronceada. Inclusive sabía que días debía darle su espacio… afortunadamente para mí, esos días concordaban con los míos. Otra más de nuestras extrañas coincidencias.
Mientras más tiempo pasábamos juntas la gente comenzó a hablar menos de nosotras. Se habían acostumbrado a vernos la mayor parte del tiempo juntas, caminar por los pasillos de Hollywood Arts tomadas de la mano y saliendo de la escuela en mi auto. Íbamos a ver películas con los chicos. Nunca fue incómodo, nunca hubo una pregunta de si en realidad actuábamos o no. Parecía que la euforia de unas lesbianas dentro de su entorno puberto era historia vieja y eso a mí me encantaba, era mucho más fácil de llevar las cosas con Vega y, cuando me ocupé de eso, ella también lo superó.
A las pocas horas estábamos en camino al bar karaoke, abordando un estacionamiento repleto de vehículos, lo cual me frustró al instante. Mi reacción pareció hacerle gracia a Vega, pues rió por lo bajo, consiguiendo que le regalara una mirada asesina, ella solo alzó sus brazos en rendición, aún riendo un poco. Esos simples minutos parecían ser tan gratificantes para mí que comenzaba a darme miedo.
Debía sacarle de mi cabeza antes de que… antes de que fuera demasiado tarde.
Nos bajamos del vehículo y Vega no tardó en llamar a los demás mientras yo me apoyaba sobre el capot de mi auto y cruzaba los brazos, mirándola; habíamos elegido ropa que combinara lo elegante con lo casual. Yo utilicé un vestido negro con un pequeño escote que mostraba lo estrictamente necesario de la curvatura de mis pechos. Hacía juego con mis mallas del mismo color y mis botas negras de cuero de tacón alto. Mi chaqueta de cuero negra tampoco faltó, pues, a diferencia de Vega, a mí me gustaba protegerme del frío.
Ella eligió una blusa de color plateado brillante que dejaba descubierto su hombro izquierdo y un jean blanco demasiado ceñido a su cuerpo; tanto que tuve que calmarme varias veces al imaginar el montón de miradas de los babosos que asistirían esa noche sobre ella, aunque ¿De qué podía quejarme? Yo ya estaba mirándola desde que se los colocó hace una hora.
― ¡Los muchachos ya están dentro! ― Me gritó al mismo tiempo que aprisionaba mi muñeca derecha con su mano izquierda y me conducía dentro del local. Le mostró los dos pases de cortesía que Cat nos consiguió –si, la pequeña peli roja se movió con todas las de la ley para organizar esta salida– al par de gorilas con uniformes que custodiaban la entrada y estos retiraron la cinta de seguridad abriéndonos paso ante el abucheo de la inmensa fila de espera que estaba formada. Les sonreí con malicia y superioridad al montón de idiotas y Vega me reprendió por eso, luego rió, divertida.
El lugar era agradable y no la típica discoteca se descerebrados niños mimados que abundaban en Los Angeles. Un letrero inmenso que tenía la leyenda de «Thor» en luces de neón de varios colores nos dio la bienvenida y, después de atravesar un largo pasillo, una gran pista de baile con un centenar de personas nos abordó. A la izquierda se encontraba un escenario modesto con un DJ presionando varios botones de una consola, haciendo que la música sonara por los parlantes y, detrás de él, una gran pantalla que colocaba el título de la canción que sonaba. A la derecha estaba el bar con diferentes cantineros sirviendo a las personas, algunos hacían malabares al más estilo Barman, pero no le presté atención. Vega me guió una vez más, pero esta vez no dejé que me llevara como una niña por la muñeca; entrelacé mis dedos con los de ella y, por sorpresivo que me pareciera, ella apretó el agarre. No la miré ni un momento, pero sé que ella si lo hizo por un instante. Caminamos por unas escaleras de caracol cerca de la barra, escaleras que odie de inmediato por lo innecesariamente larga que era; en el segundo piso estaban varios cubículos con muebles y pantallas táctiles donde se podían apreciar el menú de comida, bebidas y las miles de canciones que había para elegir. Aunque hoy ninguno cantaría, fue un acuerdo entre todos.
― Holiiis ― nos saludó Cat mientras se guindaba de nuestros cuellos con su habitual exceso de energía. El resto de los chicos nos saludó con un gesto.
Vega se sentó en el único asiento libre, el cual era para dos. Los chicos estaban tan acostumbrados a vernos estar juntas que ya nos apartaban lugares para poder sentarnos una al lado de la otra. Sonreí ante esa idea y tomé lugar junto a Vega e inmediatamente rodeé sus hombres con mis manos mientras nos inclinábamos para ver el menú de bebidas.
― Les recomiendo el bikini open ― dijo Beck. Vega le frunció el ceño al escuchar el nombre.
― ¿Qué es? ― Preguntó.
― Vodka, ron claro, jugo de limón, leche y azúcar. Todo dentro de una gran coctelera hasta el tope de hielo ― explicó sonriente. Vega aún no confiaba del todo y Beck lo captó de inmediato. ― Cat y Robbie lo están tomando ― finalizó.
― ¡Siiii, Tori! Es delicioso.
― Sí, está muy bueno ― dijeron Robbie y Cat en defensa de Beckett. Vega sonrió al escucharlos. Yo aún no me confiaba.
― ¿Cómo es que nos están sirviendo alcohol así como así? ― Pregunté. Me hacía una idea, pero era mejor aclararlo.
― Identificaciones falsas, muchacha ― me habló Harris. Yo alcé una ceja. ― Todos aquí tenemos veintiún años.
― Entonces que sea un bikini open ― exclamó Vega mientras seleccionaba su bebida en la pantalla y hacía el pedido, se quedó mirando un rato más la lista de bebidas, como si buscara algo. ― Y para Jade… un Russian Cofee ― dijo mientras seleccionaba la bebida y hacía el pedido.
Alcé una ceja inmediatamente mientras le dirigía una mirada interrogante y severa, ella solamente me sonrió y elevó sus hombres, haciéndose la desentendida.
Los tragos llegaron a los pocos minutos y no pude evitar reír al ver la graciosa expresión que hizo Vega al tomar el primer trago de bebida. Al parecer no era tan dulce como creía, o Cat resistía mucho más el alcohol que ella, lo cual se nos hizo demasiado gracioso a todos, causándole un leve puchero y viendo esa como mi señal para consolarla en mis brazos. Se estaba haciendo costumbre el salir como protectora cuando algo la hacía sentir incómoda… No le di mucha importancia a aquel pensamiento y seguimos hablando de cualquier cosa por varias horas, mientras los tragos iban y venían de nuestras mesas. Cuando me di cuenta, mi Pearphone marcaba la una y doce de la madrugada. Me levanté un poco tambaleante por la cantidad de alcohol ingerida y me disculpé para ir al baño. Vega insistió en acompañarme, pero me negué.
Si yo estaba mareada, Vega estaría el doble.
Me refresqué el rostro con un poco de agua y admiré mí estado en el espejo; jodidamente hermosa. Sonreí al verme realmente bien, después de todo tuve que apartar a más de un idiota del frente mientras caminaba. Dejé el cuarto de baño y volví con los muchachos para encontrar una mesa sin Cat ni Vega. Miré a los chicos de inmediato en busca de una respuesta, pero los rostros encabronados de Harris y Saphiro me descolocaron.
― Así va a ser toda la noche, Robbie. Sólo ignóralos ― dijo Beck.
La cara de André estaba totalmente desfigurada en una mueca de disgusto. Su mirada estaba fija hacia abajo, en la pista de baile y solo una opción me pasó por la mente del por que de su estado de animo.
― Parece que hay una bandada de buitres ― dijo André despreciativamente.
Giré mi rostro a la misma dirección donde Harris y Saphiro miraban y al instante me cuerpo se tensó. Sentí mis ojos ser inyectados de sangre y mi mandíbula apretarse. Cat y Tori bailaban a la par de un montón de idiotas que no hacían otra cosa que mirarlas lascivamente y eso, eso me enfureció de inmediato. Pensé en levantarme y correrlos a todos, hacerlos llorar como niñas y traumarlos al punto de que no quisieran asistir más a cualquier fiesta, pero la mano de Beck me detuvo; mi giré hacia él con rabia y él solo me miró suplicante.
No quería que hiciera una escena.
Bufé sonoramente mientras me dejaba caer en el sofá y tomaba mi bebida de un solo golpe. El sabor del café se confundía con el del alcohol, así que lo bebía de manera natural.
No sé cuanto tiempo pasó, pero mi cabeza comenzaba a dar vueltas al asunto, ahí fue cuando me percaté que ya había tomado diecisiete tragos de la maldita bebida que Vega me había pedido. Asomé mi cabeza un poco tambaleante por sobre la barda hasta divisar de forma difusa la pista de baile hasta localizar a Vega, poco me importaba Cat ya, para eso estaban los demás… pero Vega, Vega era mía.
― ¿Jade, qué vas a hacer? ― Pregunté Beck al ver que me levantaba. Sonreí.
― Voy a bailar, Oliver.
Cómo pude bajé las escaleras hasta alcanzarlas en la pista de baile y, con un gesto asesino y un par de golpes, alejé a los imbéciles que pude hasta alcanzar a Vega, quién, para mí, bailaba muy pegada al cuerpo de algún idiota. La tomé por la muñeca y tiré con brusquedad, haciéndola perder el equilibrio y que cayera en mis brazos. Le sonreí maliciosa a la vez que le hacía una excelente muestra de mi hermoso dedo medio al imbécil con cara de idiota frente a nosotras.
― Jade ¿Qué haces? ― Me preguntó con una sonrisa nerviosa. Yo reí sonoramente.
― Vengo a bailar con mi novia ― al decir esto, llevé mis manos hasta su cadera y atraje su cuerpo presionando contra el mío, sin dejar espacio entre nosotras. ― Cállate y baila.
Cualquier rastro de sonrisa o risilla desapareció de su rostro al instante y su cuerpo se comenzó al mover al compás del mío con la música. No podía mantener mis manos fuera de ella, a cada segundo que se movía contra mí, acercándose, más cerca la quería. Se volteó, dándome la espalda, pero volviendo a deshacerse de la distancia entre nosotros. Sentir su trasero contra mí, a cada vaivén que su cadera hacía junto a la música, incluso cuando volvió a girarse y dejó descansar su rostro en la abertura de mi cuello. Su cabello estaba en mi cara y, a pesar de haber bebido lo suficiente, mis sentidos volvieron a estar alerta al instante.
El olor de su cabello húmedo y la pequeña capa transparente y acuosa que cubría su piel brillante y bronceada se estaba convirtiendo en un éxtasis para mí… quería empujarla a alguna esquina oscura del lugar y comerle la boca.
Se separó con una sonrisa traviesa y sus manos cayeron sobre mis hombros, deslizándose sobre mi piel húmeda, pasado por mis caderas, luego mi abdomen hasta rozar levemente el espacio entre mis pechos. La deseé en ese mismo instante, pero el recordatorio de que, tal vez, y solo tal vez, pudiera haber estado haciendo lo mismo con cualquier otro fulano, me sacó de quicio. La giré con brusquedad, dejándola de espaldas a mí y llevé mi mano diestra por uno de sus mulos y sentí como su espalda de tensó, así que llevé mis labios hasta su cuello, dejando leves mordiscos en el camino que recorría.
― Jade… ― dijo, jadeante. Yo sonreí.
― Vamos a mi casa ― le propuse, sin más.
― ¿Qué? ― dijo, cortante a la vez que se alejaba de mí.
― ¿Qué de qué?
― ¿Estás borracha o es otra de tus estúpidos juegos? Porque si es lo último, no me parece gracioso.
Salió a pasos largos después de casi escupir lo último y yo la seguí.
La graba del estacionamiento crujía bajo nuestras pisadas y yo apenas podía seguirle el paso. Pasó mi auto de largo, dirigiéndose hasta el de Harris. Yo la tomé por la muñeca, demandante. No la iba a dejar ir.
― Tú vienes a mi casa.
― No voy a ningún lado contigo, estás borracha y no sé que tienes en la cabeza.
― ¡Vamos, no parecías molestarte cuando ese grupo de idiotas bailaban a tu alrededor! ― Le grité, molesta al mismo tiempo que una especie de alarma se encendía dentro de mí. Estaba pisando terreno peligroso.
― ¡Solo bailaba, idiota!
― ¡A mí me parecía que buscabas pasar un rato agradable dentro del auto de alguien! ―Varios pasos se escucharon detrás de nosotros y quise voltear para ver de quién se trataba, pero sentí que si me giraba tan solo un grado, rodaría por el piso. Ya estaba lo suficiente molesta para ello. ― ¿Cuál es la diferencia de hacerlo conmigo?
― Jade, estás borracha, vámonos ― dijo Beck, tomándome de la muñeca, pero me zafé de inmediato.
― Oh, vamos, Beck, solo quiero invitar a la señorita súper estrella a divertirse un rato en mi cama, pero al parecer no puede porque yo no tengo pene.
Las palabras salían solas de mi boca, la furia que sentía estaba apoderada de mí y no medía lo que decía. Vega frunció el ceño y me miró con furia asesina. Estaba realmente encabronada.
― Jade… ― dijo esta vez Harris, ante la mirada de los demás chicos.
― Eres una idiota, Jade ― respondió Vega a la vez que un leve sonrojo teñía sus mejillas, pero no sabía si era por la rabia o por algo que había dicho le molestase.
Intenté aclarar mi mente por un segundo, recapitulando lo que nos habíamos dicho, y la idea llegó a mí como un balde agua fría. No sonreí, siquiera me pareció divertida la idea de burlarme de ello, simplemente me dio curiosidad, tampoco me sorprendía, pero quería estar segura de aquello.
― Acaso… ¿Eres virgen, Vega? ― Me odié al instante, pues las palabras sonaron tal cual como no quería se escuchasen. De inmediato sentí un sonido seco y un ardor en mi mejilla izquierda. Mi rostro estaba descolocado por completo.
No supe más lo que sucedió esa noche y se lo atribuyo a la cantidad absurda de licor con café que ingerí… y sí, todo era culpa de Vega.
Primero que nada, demostrarle que estoy putamente feliz!1!1! ¿Por qué? Porque el fic llegó a los 100 reviews! :v
Y también tenía una preguntita ¿A quién le gustan los fictions? Porque siempre he tenido la "necesidad" xD De escribir algo original, aunque sé que no llamará mucho al público en general por la temática -fútbol y no cualquier fútbol lo, fútbol venezolano y femslash/lésbico- Si me animo a subirlo ¿Le darían una oportunidad? \;/;/
Bueno ya, eso es todo por hoy. Nos leemos, bechos y apapachos
