Declaimer: Los personajes pertenecen a las grandiosas Stephanie Meyer y L.J. Smith. Solo la trama es mía.
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~Después de ti hay mucho~
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Corazones rotos
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Bella se incorporó como un resorte. Respiraba agitadamente y su corazón latía enloquecido en su pecho. Miró a su alrededor, desorientada. No sentía frío y estaba bajo techo, más específicamente, estaba en el dormitorio de Damon y la oscuridad gobernaba el lugar. Suspiró intentando sacar todo el miedo que se había apoderado de su cuerpo y se dejó caer de nuevo contra el mullido colchón. Cerró los ojos.
―¿Un mal sueño?
Un grito se ahogó en su garganta al escuchar la voz de Damon. Él estaba allí acostado a su lado aunque ella no pudiera verlo.
―Sí ―respondió Bella. Se sumieron en silencio pero ella sabía que él estaba despierto y Bella no podría dormir con él allí. Su corazón había comenzado a regresar a su ritmo normal hasta que lo había escuchado a su lado.
Era incómodo y triste; le recordaba a las noches en las que Edward se colaba por la ventana de su habitación y se quedaba con ella. Pero con él nunca había experimentado el temor. Edward no la habría mordido y si pensaba que podía perder el control no se presentaba. Pero con Damon las cosas eran muy distintas; él sí la había atacado, él sí se acercaría aunque pensara no estar bajo control. Y el que aquel fuera su cuarto y no de ella añadía otra diferencia.
―¿Dónde has estado estos dos días? ―preguntó Bella cuando ya no pudo más con la quietud del lugar.
Silencio.
―Por ahí ―respondió él.
Silencio nuevamente.
―Oh ―cerró los ojos y se acomodó de costado; de espaldas a él―. Buenas noches, Damon.
―Buenas noches, Isabella.
Las comisuras de los labios de Damon se arquearon cuando una casi imperceptible sonrisa se dibujó en su boca. ¿Dónde había estado? En un pequeño pueblo llamado Forks, donde la población era patética y triste. Tuvo que cerciorarse de que el padre ―Charlie, como él mismo le había pedido que lo llamase― no estuviera moviendo cielo y tierra para encontrar a su hija. No lo estaba haciendo, no, sólo se encontraba sentado en la oficina en la que trabajaba con la mirada perdida en la blanca pared.
Damon había entrado a la estación de policías y pedido hablar con el jefe.
―¿Charlie? ―había preguntado un uniformado―. Claro, ¿me dirías tu nombre?
Pudo haber usado la compulsión en aquel barrigón pero eso le quitaría la gracia.
―Él no me conoce. Así que preferiría que lo llamase.
La expresión del uniformado había cambiado a una ceñuda.
―Espere aquí.
Luego de cinco minutos de espera un hombre ―uniformado, también― con la orgullosa insignia de sheriff se presentó. No era tan viejo como Damon había supuesto.
―Buenos días, señor Swan ―saludó Damon extendiéndole la mano.
―Sheriff Swan ―se presentó, haciendo ahínco en el título de su profesión―. ¿Lo conozco de alguna parte, señor…?
―Salvatore ―se estrecharon la mano. Damon ya podía darse cuenta de que a Charlie no le había causado una muy buena primera impresión―. Damon Salvatore ―se presentó.
―¿Vienes a declarar algo, hijo? ―preguntó el sheriff. Damon contuvo su sonrisa. ¿Declarar todos sus crímenes? Les llevarían días en aquel lugar y seguramente le darían la silla eléctrica… se preguntó qué se sentiría.
―No, jefe. Necesito hablar con usted en privado, por favor.
Charlie Swan lo miró con los ojos entrecerrados pero luego de diez segundos asintió.
―Acompáñeme a mi oficina.
Lo siguió por un pasillo de color verde claro en el que se podía oler el tabaco con una sola inhalación. Abrió una puerta estrecha y entraron en una habitación bastante pequeña para el gusto de Damon.
―Tome asiento, por favor ―dijo mientras él mismo se ponía cómodo―. ¿Qué es eso tan importante que tiene que decirme?
―Es sobre su hija.
El rostro de Charlie había cambiado radicalmente. Damon pudo ver el dolor en sus ojos.
―¿Dónde está mi hija? ―demandó, su voz ruda.
―Ella está bien ―respondió Damon mientras se adelantaba en la silla y lo miraba fijamente a los ojos―. No tiene de qué preocuparse.
Charlie parpadeó y frunció el seño.
―¿Cómo quiere que no me preocupe? ―estalló, levantando el nivel de la voz―. Es mi hija de la que está hablando y se fue sola sin…
Damon enarcó una ceja, sorprendido ante la fuerza de voluntad de aquel hombre tan… corriente. La misma Bella había sido muy fácil de manipular aquella noche en el callejón.
«¿Verbena?»
―No voy a mentirle, Charlie ―optó por ser sincero y usar su nombre de pila, un gesto con el que él tendría que entender que Damon no le temía―. Ella se ha ido porque algo está sucediendo; no voy a mentirle.
―¿Qué es lo que está sucediendo entonces?
―Algo que es mejor que usted no sepa ―Damon se puso de pie y miró a aquel padre desesperado―. Yo protegeré a Isabella, usted puede estar seguro de ello.
Y ahora allí, en esa misma habitación, en ese mismo momento, mientras Isabella yacía a solo unos centímetros de distancia de él con la respiración acompasada debido al sueño, Damon volvió a prometérselo pero ésta vez a sí mismo.
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Cuando Bella despertó a la mañana siguiente, estaba sola en la cama y no pudo evitar recordar la pesadilla que había tenido durante la noche. ¿Qué había sido ese sueño? ¿por qué demonios había estado Jacob en él? Comprendía muy bien que Damon hubiera aparecido, pero ¿Jacob? ¿un lobo? Aquello era demasiado… surrealista. Aunque su vida estaba demasiado involucrada en el surrealismo, pensó mientras se levantaba. Seguramente toda aquella pesadilla era originaria de la conversación que había tenido con Stefan la noche anterior. Él había considerado mejor que Bella supiera todo lo que sucedía en aquellos momentos.
Bella, por otro lado, quizás no lo consideraba de esa manera.
Pero Stefan la había hecho sentar en un sillón y explicado sobre Klaus, Katherine, Elena, la maldición, los hombres lobo y los Originales. Todo. Y era demasiado pedir a la mente de Bella que no le pasara factura por todo aquello.
Se encaminó hasta las cortinas y las abrió, ganándose una decepción cuando vio el cielo nublado, parecía que el clima de Forks la seguía. Suspiró y luego rápidamente fue hacia el baño. Necesitaba una buena ducha para acallar sus pensamientos. Cubierta solo por una toalla se peinó frente al espejo victoriano y se encaminó hacia el closet para rebuscar entre sus ropas. Eligió una camiseta gris de manga larga, jeans negros y sobre la camiseta un saco de pico occie, blanco y negro. En los pies utilizó unas converse negras con detalle de escrituras en blanco.
Salió de la habitación mientras su estómago le pedía el desayuno. Mientras bajaba las escaleras y con asombro, descubrió que se sentía bien. No era el sentirse bien físicamente, no, sino emocionalmente. No sentía aquel peso aplastante en el corazón… bueno, sí lo hacía pero era muy leve en ese momento.
Bajó las escaleras hasta la cocina y buscó en la alacena hasta que encontró cereales. Buscó un cuenco y vertió los cereales en él, seguidos por la leche. Bella miró a su alrededor pero no vio a nadie, solo a la luz que se colaba por las ventanas. No se escuchaba a nadie en la casa. ¿Se encontraría sola?
—Entonces… —dio un brinco que la hizo derramar algo de leche sobre la mesada. Respiró profundamente mientras enroscaba la tapa de la botella y buscaba algo con que limpiar la mancha.
—No vuelvas a hacerlo, Katherine —pidió mientras se deshacía de la mancha. No obtuvo respuesta.
—¿Qué haces aquí? —preguntó la vampiresa mientras apoyaba la cadera en el mármol de la mesada—. Puedo jurar que en todos estos años no te he visto cerca de nadie de los que te rodean ahora.
—Creo saber que tú no estuviste por aquí en todos estos años, Katherine —le respondió con una afirmación. A Bella no se le escapó el «todos estos años».
La vampiresa enarcó una fina ceja.
—Que ellos no me vieran no significa que yo no estuviera, cariño —sonrió y Bella asintió para sí misma. Los vigilaba—. ¿Responderás a mi pregunta?
—No sé qué hago aquí —le respondió mientras se sentaba junto a la mesada para comenzar su desayuno.
La tibia mano de Katherine tomó su mandíbula para hacerla mirar a la cara. La miró fijamente y preguntó:
—¿Qué haces aquí?
Bella se puso rígida en su asiento. Una sensación rara se apoderó de su mente, como si tuviera una goma de borrar al la cual estuvieran tratando de doblar…
—No te gastes —Katherine volteó el rostro para mirar a Damon, quien estaba en la estrada de la cocina. Él sonrió—. Bebe verbena.
La vampiresa hizo una mueca con los labios y desapareció.
—Buenos días —Bella saludó a Damon.
—Buenos días. ¿Cómo has dormido?
—Bien. Gracias por preguntar.
Damon apoyó los codos en la mesada, quedando frente a ella.
—¿Qué soñaste anoche —preguntó— que te despertaste tan… exaltada?
—Tuve una pesadilla —respondió, encogiéndose de hombros. La verdad era que el gesto demostraba que no le importaba pero por dentro esa pesadilla la había dejado temblando. ¿Por qué había soñado eso? Quizás porque su inconsciente le decía que Damon era peligroso, pero… si hasta conscientemente Bella sabía que él era peligroso, ¿por qué le advertía?
Él asintió y se disponía a irse cuando Bella le dijo:
—Gracias… por lo del Instituto.
—Dale las gracias a Stefan —se encogió de hombros—, él fue quien lo pensó.
—Ya.
Cuando él se dio la vuelta para irse, Bella volvió a interrumpirlo:
—¿Damon?
—¿Si?
—¿Hace cuanto tiempo hace que estás enamorado de Elena?
Él se volvió para mirarla, su mirada glacial. Luego salió de la cocina.
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Damon apagó el lanzallamas y observó el cuerpo inmóvil y pacífico que yacía en el suelo del sótano. Increíblemente luego de varios minutos de fuego sólo la ropa estaba chamuscada. En cambio, el cuerpo de Elijah parecía aún cincelado en piedra.
―¿No hay suerte? ―preguntó Katherine desde la puerta. Damon resistió el impulso de rodar los ojos.
―Nop.
―Lástima.
Damon suspiró.
―¿Qué quieres, Katherine?
Ella enarcó las cejas.
―¿Molesto?
―A decir verdad, sí.
―Damon ―comenzó ella con voz cansina―, de verdad quiero ayudar. Créeme que no me apetece la idea de pasar otros quinientos años escondiéndome de Klaus.
―Pues algo bueno ha salido de eso, ¿no? ―contestó Damon con ironía―. Sabes cómo huir.
Katherine lo fulminó con la mirada pero luego, echando un último vistazo al cuerpo del Original, dijo:
―No te esfuerces ―se dio media vuelta para irse―. Es un Original; es indestructible. Ni siquiera el fuego puede con ellos.
―¿Y ahora me lo dices? ―preguntó Damon, irritado. Los labios de Katherine se curvaron.
―Llevo repitiéndolo desde hace horas: puedo ayudar porque sé muchas cosas que ustedes no ―dio unos cuantos pasos pero Damon la detuvo al decirle:
―Sabías que moriría si clavaba la daga en Elijah. ¿Por qué me dijiste que lo hiciera? ―en ningún momento despegó la vista del cuerpo que estaba en el suelo. La escuchó respirar y sabía que ella tampoco lo miraba.
—Siempre obtengo lo que quiero —contestó—. Quería salir de la tumba, Damon. No importaba quien pagara el precio. Y sigue sin importarme —luego caminó tranquilamente hasta la salida, dejando a un Damon con un lacerante dolor en el pecho.
No le había importado que él hubiera podido morir, no. Se preguntó si hubiera sido lo mismo si hubiera sido Stefan el que hubiera ido a buscarla para pedir explicaciones. Cerró los ojos con fuerza mientras trataba de no pensar en la respuesta a esa pregunta. Porque no, seguramente no le habría dicho eso a Stefan. No a su amado Stefan.
Damon miró el lanzallamas con el que había estado quemando el cuerpo de Elijah.
«Sí. Debí haberla hecho barbacoa cuando tuve la oportunidad»
Dejó a un lado el arma y salió de allí cerrando la pesada puerta detrás de él.
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John se alejó, dejando a una Jenna muy sorprendida y a Elena, furiosa, en la cocina. Ésta última apretó los puños. ¿Por qué tenía John que arruinar todo? ¿cómo se atrevía él a hacer aquello? Había sido un golpe muy bajo contarle a Jenna sobre Isobel. Pero Alaric había tenido razón; ellos tendrían que haberle dicho a Jenna lo de Isobel mucho antes. Pero con el afán de protegerla, Elena se había negado… y ahora allí estaba las consecuencias.
—Jenna…
Dio un paso hacia ella pero en cuanto los ojos claros de su tía la encontraron no pudo volver a hacer movimiento alguno.
—Ya lo sabías, ¿verdad? —conjeturó—. Alaric también debería…
—Jenna —pero fue todo lo que Elena pudo decir. Ninguna palabra más podía formársele en los labios.
—¿Por qué no me lo han dicho, Elena? —Jenna se movió por primera vez y la enfrentó—. ¿Es que no confían en mí?
—No —reaccionó Elena reconociendo la nota herida en la voz de su tía—. No es que no confiáramos en ti. Es solo que no queríamos que te sintieras…
—¿Mal? —terminó ella y Elena se encogió—. Pues, adivina qué. Peor no puedo estar sintiéndome —se dio media vuelta y corrió hacia la puerta de entrada.
—¡Jenna, déjame explicarte! —pero la puerta ya estaba cerrándose detrás de su tía. Elena suspiró y se apoyó contra la pared. ¿Qué iría a pasar con Jenna? ¿la perdonaría? Esperaba que sí porque si no, no sabía cómo evitar sentirse mal. ¿Qué pasaría con su relación con Alaric? Era raro hasta algún punto, Elena no podía negarlo; su tía en una relación con su profesor de historia… pero durante aquellos días Elena podía ver en Jenna una luz que nunca había tenido. Se preguntó fugazmente si así se veía ella mientras veía o pensaba en Stefan. Sacudió la cabeza.
Ahora eran las decisiones y acciones de Elena las que permitirían que esa luz no se extinguiera.
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Bonnie estaba junto a Jeremy sacando sus anotaciones del casillero cuando apareció Stefan por el pasillo.
—Tenemos que hacer algo respecto a Katherine —fue lo primero que dijo en cuanto vio que el vampiro se acercó lo suficiente.
—Buenos días, Bonnie. Jeremy —él saludó cortésmente.
—Buenos días, Stefan —saludó Jeremy y luego se volvió a Bonnie con una ceja enarcada—. ¿Qué ha sucedido con Katherine?
Stefan ocultó una sonrisa cuando cayó en la cuenta de que Bonnie y Jeremy estaban juntos. Se preguntó hace cuanto tiempo y si Elena lo sabía.
—Me he olvidado de decirte —respondió ella con un suspiro cansino—. Ella escapó de la tumba.
—Pero… ¿cómo? —él estaba sorprendido aunque luego su expresión cambió a una más seria.
—Cuando Elena mató a Elijah la orden que él le dio a Katherine de permanecer en la tumba desapareció. Es decir que ella es ahora libre de hacer lo que se le venga en gana —Stefan explicó rápidamente. Jeremy apoyó la cabeza hacia atrás en un casillero y suspiró. Stefan se volvió hacia Bonnie—. ¿No se te ha ocurrido nada?
—Sólo una idea.
El timbre sonó y Jeremy los saludó a ambos para ir a su clase.
—¿Hace cuánto tiempo que están juntos? —preguntó Stefan mientras acompañaba a la muchacha a la clase que ambos compartían.
—¿De qué hablas? —preguntó ella inocentemente pero ante la mirada de advertencia de Stefan suspiro—. No, sólo hace unas semanas.
—¿Lo sabe Elena?
—No —negó con la cabeza—. Pero voy a decírselo pronto. ¿Cómo se encuentra Bella? —preguntó. Stefan sonrió ante la familiaridad con la mencionaba a Isabella.
—Ella está bien. Cuando salí de la casa no la vi así que supuse estaba durmiendo todavía.
—¿La has dejado sola con Damon? —preguntó ella, sorprendida. Stefan hizo una mueca.
—Él no la lastimará...
—Eso era justamente lo que estaba haciendo hace unos días cuando llegamos nosotras, Stefan.
Los pasillos se encontraban vacíos ya pero eso era algo bueno, ya que podían hablar tranquilamente.
—Lo sé, Bonnie. Lo sé —Stefan suspiró—. Pero Damon me ha explicado por qué lo hizo y… lo entiendo. Yo me preocuparía más por Katherine.
—¿Es que está ella en tu casa? —Bonnie frunció el seño. La mención de la vampiresa hizo que Bonnie no prestara atención a lo que él había dicho anteriormente.
—Sí. Se quedó allí. Pero… no te preocupes. Damon no la soporta mucho más que yo y no dejará que le haga nada a Isabella —Stefan rogó internamente porque sus palabras fueran ciertas.
—De acuerdo —dijo ella, insegura. Luego, su expresión cambió—. Stefan, cuando el padre de Luka me devolvió mis poderes… también me mostró otra cosa —Stefan la animó a que siguiera hablando—. Hay un lugar en el que debe hacerse el sacrificio. Un lugar aquí, en Mystic Falls.
—¿Cuál? —preguntó él, visiblemente animado.
—No tengo la más mínima idea —reconoció ella—. Sólo sé que ese fue el lugar donde quemaron a las brujas acusadas por brujería… donde quemaron a Emily.
—¿Dónde fue eso?
Bonnie se encogió de hombros.
—Tenía la esperanza de que tú lo supieras ya que Emily vivió en tu época.
Stefan negó con la cabeza.
—No. Yo estaba en plena transformación cuando sucedió aquello —Bonnie suspiró—. Pero… quizás Damon sepa algo de ello. Creo acordarme que fue él quien ayudó a la familia de Emily a esconderse.
Bonnie pensó que aquella era mucha humanidad para Damon pero se limitó a decir:
—Llámalo.
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Elena llegó tarde al Instituto y luego de recibir una mirada amonestadora de la señora Hewins caminó rápidamente hacia la parte del fondo de la clase donde su lugar junto a Bonnie estaba vacío.
—¿Qué sucedió? —preguntó su mejor amiga en cuanto Elena tomó asiento.
—Luego te cuento —respondió ella. Le sonrió a Stefan cuando interceptó su mirada inquisidora. Él asintió, sabedor de que luego le diría.
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—Ya puedes hablar —dijo Bonnie en cuanto el último alumno que quedaba en el salón se marchó. Alaric se acercó a ellos.
Elena suspiró.
—John le ha dicho a Jenna sobre Isobel.
—¿Qué?
—¿Por qué? —preguntó Alaric con los ojos muy abiertos.
—No lo sé —Elena se encogió de hombros—. Supongo que solo quiere arruinar aún más las cosas. Jenna está hecha una furia.
Alaric se llevó ambas manos al rostro—. Ahora entiendo por qué no me contesta al móvil.
—Sí, pues, hay que hacer algo.
—Yo me encargaré —suspiró Alaric. Stefan se preguntó por qué las mujeres requerían tanto trabajo y dolores de cabeza… pero cuando sus ojos se posaron en Elena la pregunta se evaporó.
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Damon, sentado en el sillón con el libro en la mano, lo cerró mientras suspiraba. Lo colocó en la pila de los que ya había ojeado.
—¿Qué haces? —Katherine apareció en la puerta. Mientras ella se cercaba, él pensó que Katherine siempre aparecía en los momentos de tranquilidad, como si fuera su misión en la vida de complicar la vida de los demás.
—Nada que te importe.
Ella frunció el seño al ver las hojas amarillentas.
—Son los diarios de Jonathan Gilbert.
—Te has ganado el premio a la videncia —ironizó Damon.
—No juegues conmigo, Damon. No estoy de humor.
Damon la observó y vio lo que a él tanto le había gustado de ella; el rostro pequeño, la barbilla orgullosa y los ojos oscuros llenos de secretos. Pero ahora él sabía que aquella barbilla podía tornarse dócil cuando ella temía y que los secretos que en sus ojos había no eran nada buenos.
—No lo hago, Katherine —respondió tardíamente para luego dirigir su vista hacia su trabajo en aquellos momentos—. Mil ochocientos sesenta y cuatro —musitó para sí mismo mientras ordenaba los diarios.
«¿Qué no-tan-hombre escribe diarios íntimos? Oh, sí, mi querido hermano y Jonathan Gilbert.»
—¿Qué necesitas?
—Nada que te importe.
—En verdad quiero ayudar pero, ¿adivina qué? ¡si no me dicen nada no podré hacerlo! —protestó Katherine con vehemencia.
—¿Sabes en qué punto del pueblo hubo una masacre de brujos hace un par de siglos?
La vampiresa se lo pensó.
—No —dijo al final. Damon casi podía oler la mentira… y escuchó un ruido conocido que provenía de la entrada.
—¿Alguna novedad? —preguntó a Stefan, quien recién llegaba.
—Elijah no tenía un arma para matar a Klaus. Él creía que si había una bruja o hechicero que canalizara el suficiente poder, no la necesitaba —contestó, acercándose a ellos.
—¿Cómo el poder de un lugar marcado por cien brujos muertos? —preguntó Damon con ironía… y luego ambos hermanos se miraron entre ellos, habiendo descubierto el por qué del lugar. Stefan cabeceó en señal de afirmación. Katherine puso los ojos en él y sonrió, logrando que éste la mirara.
—¿Aun no ha desaparecido ni muerto ni…? —preguntó, volviendo la vista a Damon.
—Por última vez; quiero ayudar. ¡Maldita sea!
Damon y Stefan pusieron los ojos en blanco, ambos sabedores de que ella quería algo o lo escondía. Katherine nunca ayudaba, no sin salir ella bien parada.
—Por desgracia, no —Damon hizo caso omiso de ella.
—Entonces, tenemos que encontrar ese bendito lugar —sentenció Stefan.
—Hola, Stefan —se escuchó la voz de Isabella. Ella entró en la sala y se apoyó en una de las columnas de la entrada, sonriéndole amablemente.
Stefan le devolvió la sonrisa.
—Hola, Bella.
Katherine miró a ambos con ojo clínico y luego bufó, pero nadie le prestó atención alguna.
—¿Buscan algo? —Isabella se acercó con sus andares lentos y torpes resonando mucho en la sala para el oído de un vampiro—. ¿Les puedo ayudar en algo?
—¿Sabes algo de historia?
Ella frunció el seño ante la pregunta y su mirada se posó en los diarios apilados.
—Algo.
—Bien —asintió Stefan. Damon los observó. Su hermano le estaba dando mucha información a la muchacha, de hecho, la noche anterior había escuchado como él le explicaba todo lo sucedido con ellos hacía décadas atrás. Se preguntó qué tendría la humana para que Stefan confiara en ella y, lo cierto era, que él mismo también confiaba en ella… sólo que en menos medidas—. Necesitamos descubrir un lugar aquí en Mystic Falls donde hace poco más de un siglo quemaron a mujeres acusadas de brujería.
Isabella pasó todo su peso a la pierna derecha.
—¿Y eran brujas? —preguntó cuidadosamente.
Stefan casi sonrió.
—Algunas de ellas.
—Como Emily —intervino Katherine que se había sentado sobre la mesa—. El antepasado de Bonnie Bennett.
Isabella abrió los labios para luego cerrarlos. Sus ojos eran redondos y su expresión tan cómica que Damon casi rió.
—¿Bonnie es una bruja? —preguntó, escéptica.
Stefan le envió una mirada amonestadora a Katherine por revelar un secreto que no era de ella. Katherine ni se inmutó y Damon se preguntó qué demonios había esperado de ella Stefan.
—Sí —contestó Stefan ahora mirando a Bella.
—Wow.
Esta vez Stefan sí sonrió y cuando estaba por volver a hablar su móvil comenzó a sonar.
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—Sí, lo sé. No debí matarlo —pensó Elena en voz alta mientras junto con Bonnie y Caroline se encaminaban hacia la puerta de la casa Gilbert.
—No sabíamos, Elena —alentó Bonnie.
—Sí —apostilló Caroline—. Si lo hubiéramos sabido, hubiéramos buscado otra forma de deshacernos de Elijah. Pero tampoco es como si nos hubiera dado otra elección, lo sabes.
Elena suspiró mientras buscaba la llave de la casa en su bolso.
—Sí, bueno —comentó mientras abría la puerta—, lo hecho, hecho está —encendieron las luces a sus pasos.
—¿Está Jenna en casa?
—No lo sé —se dirigieron a la cocina y se quedaron allí. Caroline se sentó en una de las sillas altas y Bonnie la imitó en la que estaba a su lado.
—Oigan —Bonnie de repente levantó la voz—. ¿Por qué no invitamos a Bella? —preguntó.
—¿Bella?
—Sí. Stefan me ha dicho que hoy se había quedado con Damon y Katherine —hizo una mueca.
—No creo que lo haya pasado bien —admitió Caroline.
—Tienes razón —convino Elena y luego se quedó pensativa.
—¿Sucede algo? —preguntó Bonnie, frunciendo el seño. Elena se sintió avergonzada.
—Es muy bonita, ¿verdad?
—¿Quién? —preguntó la bruja. Caroline comenzó a sonreír lentamente y le explicó a Bonnie:
—Habla de Bella, Bon —la miró divertida—. Nuestra Elena se siente amenazada.
—No —se apresuró a negar Elena—. No, es sólo…
Sus palabras se perdieron.
—Sí, Elena, claro —rodó los ojos.
—Está bien, sí —asintió Elena—. Es sólo que con Katherine viviendo allí y ahora esta muchacha…
—No creo que debas preocuparte de Bella —comentó Bonnie, entendiendo la inseguridad de su mejor amiga—. Stefan te ama y ella… no parece estar interesada en una relación.
Elena asintió y sonrió a las dos. Se rió cuando pensó que se sentía bien comportarse como una adolescente insegura. Bonnie y Caroline rieron con ella.
—Llamaré a Stefan —informó ella, sacando su móvil. Él contestó al segundo tono.
—¿Elena? ¿Sucede algo? —fue lo primero que preguntó.
—No. Solo queríamos saber si Bella querría unirse a nuestra noche de chicas.
—La tengo justo aquí al lado —se escuchó algo que Elena no supo decir qué era y luego la voz de Stefan regresó—. Dice que sí. La llevaré en unos minutos.
—Bien —sonrió Elena—. Los esperamos —con un último adiós ella terminó la llamada.
—¿Comida china o pizza? —preguntó Caroline sacando su móvil.
—Ya sabes la respuesta —rió Bonnie.
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Bella terminó de cerrar el bolso luego de asegurarse de que el pijama, el cepillo de dientes y el del cabello. Nunca antes había pasado la noche con tres muchachas que apenas conocía. De hecho, nunca antes había tenido amigas con las que hacer pijamadas ni nada parecido. Y estaba nerviosa. Ya conocía a las muchachas pero… aquella noche se daría cuenta quienes eran de verdad.
Cuando tomó el bolso de la cama, el libro que había estado leyendo, se cayó al suelo. Con un suspiro Bella se apresuró a tomarlo en sus manos pero la palabra quema que aparecía en la hoja izquierda de cuando se había caído llamó su atención. Frunció el seño, leyendo el párrafo.
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Cuando Bella bajó a la sala para esperar a Stefan, el que apareció fue Damon. En la mano izquierda llevaba las llaves de su auto.
—¿Lista? —preguntó.
—Sí —contestó ella, frunciendo el seño—. Creí que Stefan me llevaría.
Damon se encogió de hombros a la vez que abría la puerta de entrada.
—Él tiene cosas que hacer —contestó mientras caminaban hacia su auto. Abrió la portezuela del auto para ella y luego de cerrarla, se dirigió hacia el lado del conductor. Mientras él encendía el auto y lo ponía en marcha, Bella alcanzó a ver a Katherine que estaba observándolos partir desde una de las ventanas de la casa. Su mirada oscura era insondable. Bella se estremeció.
—¿Qué harán ahora? —le preguntó a Damon para distraerse.
—No lo sé —respondió él, su mirada fija en las calles—. Todo se inventa sobre la marcha.
Ella asintió y miró a través del vidrio. Árboles bordeaban las calles y las casas eran pintorescas y bonitas. El césped era bien cuidado y las plantan florecían de todos colores. Todo ello gracias al sol. Bella suspiró y se acomodó en el asiento de cuero.
Damon se movió en su asiento y luego ella vio que él le tendía la mano, había algo dentro de ella.
—Tómalo —Bella así lo hizo y luego se dio cuenta de que era un móvil plateado con una pantalla ancha y letras pequeñas debajo—. Mi número y el de Stefan ya están en los contactos.
—Hmm. Gracias —aunque sonó más a una pregunta.
Damon asintió.
Bella sólo atinó a sonreírle mientras él aparcaba frente a una linda casa blanca de dos pisos. Antes de salir del auto, ella guardó el móvil en su bolso y luego rebuscó en él para sacar el libro que minutos antes había caído de la cama. Se lo tendió a Damon que leía Masacre en la Oscuridad en la tapa—. Página doscientos setenta y dos —abrió la portezuela y salió del auto, aspirando la brisa de aire fresco que soplaba esa tarde. El cielo se estaba oscureciendo. Subió la escalinata que llevaba a la puerta y llamó. La puerta se abrió y del otro lado estaba Elena, sonriente.
—¡Bella! —abrió la puerta para dejarla pasar. Bella entró y vio como Elena buscaba en el exterior. El auto de Damon ya se alejaba calle abajo—. ¿Stefan no ha venido contigo? —le preguntó a Bella mientras cerraba la puerta.
—No. Damon me ha dicho que estaba ocupado.
Bella pudo ver la desilusión de Elena aunque ella rápidamente la encubrió.
—Bonnie y Caroline están en la sala —le informó mientras la dirigía allí.
—Hey, Bella —saludaron ambas.
—Hola, chicas —Bella les regaló una sonrisa. La invitaron a la sala.
—Ya pedimos pizza —informó Bonnie mientras se acomodaban en los sillones menos Caroline que estaba de pie y les enseñaba tres pequeñas cajas rectangulares.
—¿Qué película…?
En ese momento entró una mujer bonita de ojos claros y cabello castaño que tendría entre veinticinco y treinta años a juicio de Bella.
—Hola —saludaron las cuatro adolescentes.
—¿Qué sucede aquí? —preguntó la mujer con los ojos entrecerrados.
—Noche de chicas —explicó Elena.
—Oh —Jenna miró a Bella y ésta sonrió tímidamente.
—Soy Isabella Swan —se presentó.
Jenna le sonrió.
—Yo soy Jenna. Tía de Elena.
—Es… muy joven —Bella terminó la frase con una sonrisa. Elena volteó el rostro para mirarla, de modo que Jenna no pudiera ver su expresión y le sonrió. Su tía necesitaba autoestima en aquellos momentos. Y por la expresión de su rostro tuvo la leve idea de que Bella había comenzado un buen trabajo.
—Gracias. Es verdad.
Bella sonrió.
—¿Cómo te encuentras? —le preguntó Elena a Jenna.
—Así que ya saben lo que pasó entre Rick y yo.
Las muchachas quedaron calladas unos segundos. Sí, Elena les había contado a Bonnie y Caroline la situación en el auto camino a la casa.
—Si te hace sentir mejor… yo no lo sé —Bella rompió en silencio. Jenna la miró y sonrió con tristeza.
—No, no lo hace —respondió. Frunció el seño y preguntó—: ¿Es esto un intento de animarme? —las señaló a todas.
—No —contestó Elena sinceramente—. Solo queríamos pasar una noche de chicas.
—Además, Bella recién llegó al pueblo y estamos conociéndola —acotó Bonnie.
—Me parecía —sonrió Jenna—. Es un pueblo chico —explicó mientras se sentaba a lado de Elena y subía los pies al sillón para abrazarlos—, asique prácticamente todas las familias se conocen—. ¿De dónde eres, Bella?
—De Phoenix.
—La ciudad del sol. ¿Has venido con tu familia?
—No —respondió ella, algo incómoda. No podía explicar la situación así que optó por no decir nada aunque fuera incómodo. Pero fue entonces cuando Bonnie intervino:
—Es amiga de Stefan —comentó.
—Sí —Bella rápidamente le siguió el juego—. Somos amigos desde niños y lo extrañaba demasiado, así que… convencí a mis padres para que me dejasen venir a verlo.
—¿Te quedaras por algún tiempo?
—Todavía no lo he decidido —la respuesta fue tan sincera que Bonnie, Caroline y Elena fruncieron levemente el seño.
—Bueno, yo soy la reina de las parejas perfecta —intervino Caroline antes de que Jenna siguiera con el cuestionario—. Asique si necesitas hablar…
—No, gracias. Lo que tengo ganas es de ahorcar a Rick. ¿Por qué no me dijeron lo de Isobel?
Elena suspiró y dijo:
—No queríamos que te estresaras sin razón alguna. Isobel está muerta —se encogió de hombros—. No creo que fuera para tanto.
[N. de A]: ¡Actualicé! Espero que no me linchen por tardar tanto jaja. Tengo una muy buena noticia: he terminado oficialmente la Secundaria y el año que viene comienzo mi carrera de Edición en la Universidad de Buenos Aires. Estoy tan feliz… Trataré de publicar más seguido así llegamos al momento de la historia en la que estábamos antes, ¿sí?
Muchas gracias a: chovitap, Nandita21unexplained, Annaniicolle, Nabiki Bucio, Bella-swan11, Amanda-Cullen-Salvatore, IsAbElA M CuLlEn, SoffyO'SheaHerondaleCarstairsC, Yaami Salvatore, CaMuChI y al único Guest por sus Reviews en el capítulo anterior. Y espero que este regalo de Santa que les traigo sea de su agrado…
Merry Christmas everybody!
XOXO
