Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Akira Amano.

Narración.

—Diálogo

—Aclaraciones—.

(Intervenciones en la narración).

"Pensamientos o frases que se dijeron".

Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OCC. Una historia random con sus debidos momentos serios. (?)

Summary: Tsunayoshi era el Décimo, Vongola había regresado a sus orígenes y sus Guardianes y Aliados ahora podían respirar en paz. Ellos pensaban que lo más difícil había pasado, hasta que tuvieron hijos y los pequeños monstruos se llegaron a la fase mortal que aterra a los adultos desde tiempos inmemorables: la adolescencia.

Capitolo VIII

Party in the USA

Afortunadamente el grupo de jóvenes olvidó con prontitud la extraña escena protagonizada por Reborn en el vestíbulo. «Las Vegas», fue el susurro seductor que se coló en la mente de los adolescentes. Pronto, Haruka y las tres integrantes revoltosas del Cuarteto de Eris estaban en plena carrera hacia el ascensor del Bellagio, valiéndoles verga que la gente se les quedara viendo extraño.

Total, los jóvenes sabían que nadie en este preciso lugar de Nevada tenía derecho de juzgarlos.

Elena siguió a sus amigas de forma más calmada, agradeciendo mentalmente que por lo menos en la opulencia del hotel el arquitecto encargado se permitiera diseñar pasillos más anchos que los de la Mansión Vongola y así ella no tuviera que cruzarse con tanta gente. Squnelle era su sombra y por consiguiente Yatsu también.

Nicole imitó a la azabache, metiendo relajadamente las manos en el interior de los bolsillos de su pantalón. La verdad es que el hotel era bastante bello y le dieron ganas de hacer una pintura nada más haber visto el vestíbulo. Sep, ya había encontrado en qué perder su tiempo. Nathaly avanzó a paso de Diva detrás de la Undécima.

Lucian en su autismo auto inducido fue el primero en marcharse hacia el desconocido y excitante exterior. Nadie intentó detenerlo. A fin de cuentas estaban seguros de que si el Bovino encontraba algo divertido, se los diría; por más antisocial que luciera, al igual que Sil y Lena, no era un total amargado.

Ryusei en cambio se quedó un rato admirando el lugar, lamentando tener el celular descargado y la cámara en alguna de las maletas de su equipaje; sin duda tomaría algunas fotos más tarde, antes de que las cosas inevitablemente se descontrolaran. Ahora incluso estaba realmente feliz de haber sido chantajeado para asistir.

Finalmente, Yuu y Silke en su agridulce silencio se resignaron a seguir al montón de inconscientes que tenían por amigos y familiares. Ya estaban ahí y Reborn dio las reglas, eso significaba que por más que les irritara ya no existía vuelta atrás.

La Suite de Directores Ejecutivos tenía todo a lo que estaban acostumbrados. Era confortable y al mismo tiempo destilaba el mismo lujo que el vestíbulo, los pasillos y todo el Bellagio general. Había muebles a la medida estilo contemporáneo, arte fino y un conveniente mini bar. ¡Hasta el baño era de mármol italiano! Y contaba también con amplias vistas del lago frente al hotel en donde se podría apreciar el espectáculo de la fuente dentro de una hora, con el fondo de las montañas y el horizonte de Las Vegas.

Pero eso no fue lo que dejó sin habla a la Undécima Generación.

Ellos se habían criado en un ambiente vistoso después de todo, así que algo como esa Suite no era la octava maravilla del mundo ante sus poco impresionables ojos. A lo mucho podían apreciar el sentido del estilo que poseía el decorador encargado.

Lo que dejó sin aliento a los hijos de los altos mandos de Vongola y aliados, fue la figura femenina que encontraron perezosamente recostada en el sofá del living como si se tratara de un diván.

Bien podría ser la nueva portada de la revista Vanity Fair. Su cabello originalmente azabache, actualmente teñido totalmente de un color fucsia oscuro, caía hasta un poco antes de la mitad de su espalda; lacio y recortado en mechones grafilados, con un fleco recto pero desordenado que se hacía ligeramente más largo para cubrir el párpado sobre su ojo izquierdo color azul oscuro. Su rostro poseía rasgos estilizados y una piel blanca sin rayar en lo pálido, además de labios carnosos resaltados con gloss incoloro. Dueña de una figura atlética y complexión esbelta, con pechos prominentes, una cintura estrecha y anchas caderas que ataviaba en un par de shorts escoceses rojos, una camiseta holgada y estampada en tonos monocromáticos sobre la cual llevaba una chaqueta de cuero.

―… ¡Tú! ―Ruriko fue la primera en salir de su estupor, hablando entre comillas. Su dedo zurdo de inmediato apuntó a la muchacha mientras con la mano diestra se tapaba la boca, como intentando retener un chillido.

―¡Yo! ―la atractiva fémina le guiñó el ojo y luego realizó el símbolo de amor y paz a modo de saludo, sujetando con la zurda el sombrero negro de ala corta en su cabeza para que no se deslizara por su sedoso cabello.

No hubo reacción.

Ellos estaban realmente sorprendidos, incluso Yoyo, que a estas alturas ya debería haber montado el escándalo del siglo. No era para menos. Los chicos no habían visto a esa persona desde hace alrededor de seis meses y encontrársela de repente, en Las Vegas, en su Suite, cuando se supone que nadie aparte de ellos y Reborn tenían idea de que estaban aquí, era...

La bombilla pronto se iluminó en las cabezas de los adolescentes. Reborn. Sí, esto sin duda era obra suya.

Pero Sasagawa seguía siendo el más impactado de todos a pesar de haber llegado a la misma conclusión que el resto.

―¡Hermana!

Después de todo, la persona que aparentemente estuvo esperándolos un buen rato, era nada más y nada menos que Sasagawa Ayaka. La hermana mayor de Haruka.

―¿Dónde está mi abrazo sensual, Harurun?

El moreno de variopintas mechas no se hizo de rogar y pronto corrió hasta llegar al sofá blanco, alzando a la fémina en el aire como si se tratara de una pluma, girando con ella por la habitación como amantes separados por más de siete años y luego la abrazó como un niño a su peluche favorito tras depositarla en el suelo. Por inercia, el joven Sasagawa inspiró profundamente el aroma de la chica. Olía a vainilla, adrenalina y Chanel N° 5. Y Haruka adoraba la vainilla tanto como a Ayaka.

―Veo que te alegras de verme ―bromeó la mayor mientras esbozaba una sonrisa pícara.

―¡Obvio que me alegro de verte, sorella! ―Haruka la apartó un poco y alzó ligeramente la mirada para verla directamente a los ojos. A pesar de ya contar con el metro setenta, igual que su padre en su juventud, Ayaka era más alta que él por dos centímetros.

Tenía tanto tiempo sin verla que indudablemente su corazón saltaba de felicidad justo ahora, y su mirada lo reflejaba sin vacilación. Seis meses. Sasagawa no había visto a su hermana en seis tortuosos meses. El moreno sinceramente no sabía cómo diantres soportó tenerla lejos tanto tiempo; los dos jamás se habían separado por tan prolongado lapso, a excepción de hace dos años cuando ella terminó en los cuarteles generales de COMSUBIN como castigo por sobrepasar la paciencia de los adultos en el cumpleaños de la tía Yuni. Pero fuera de esa vez, los Sasagawa siempre habían permanecido unidos. Siempre.

Se podría decir que Ayaka y Haruka eran los homólogos de Ruriko y Yuu. Mientras que los Rokudo tenían una rota relación por razones que no vienen al caso, los Sasagawa eran tan unidos como gemelos. Se entendían todo sin contarse nada y se brindaban apoyo incondicionalmente. Después de todo, ellos eran lo único que realmente tenían aparte de sus amigos. A veces la figura de su padre en la cena y el desayuno, si es que no estaba de misión, simplemente no era suficiente. Y tener a su madre en Japón tampoco ayudaba mucho.

Tal vez no eran siameses, pues a la mayor sin duda le fastidiaba que invadieran demasiado su vida privada, pero a Haruka le compartía TODO. O por lo menos todo lo que él preguntara. Ella lo trataba como si fuera su mejor amiga, aunque irónicamente en realidad el puesto pertenecía a Yokubo.

Y hablando del diablo…

―¡RAAAAMERAAAAA!

Yoyo salvaje dio una tacleada que tiró a los hermanos Sasagawa hacia el suelo, cual pinos en el boliche.

―¡No se vale! ―protestó, apapachando a los dos derribados y sin importarle estar actuando como una loca. Porque vamos, Soleil sabía que estaba loca. Y tanto a ella como a sus amigos le valía vergas― ¡Tenías que llamarme, Aka! ―le dijo a su beffa―. ¿Por qué no me llamaste?

Ayaka rodó los ojos, pero sin molestia alguna. Toda su expresión corporal estaba diciendo «Me estaba preguntando cuánto tiempo más tendría que aguardar para éste drama».

―Porque de lo contrario mi llegada no sería sorpresa, Yoyo ―contestó con esa sonrisa marca Sasagawa que tan bien los hacía ver―. Ahora quítate de encima y déjame respirar un poco ―pidió la de hebras color fucsia―. Estoy estrenando brasier y sabes cómo es eso.

La pelirroja en degradé sacó la lengua traviesamente, pero de todas formas se incorporó. No sin antes preguntar:

―¿De qué color es?

Recibió una ligera palmada en el trasero como respuesta.

―¿Significa que es negro como mis pantalones o rojo como mi tanga? ―inquirió divertida mientras alzaba una ceja.

Su mejor amiga ahogó una risa y contestó:

―Rojo como las mejillas de Ryusei y Yatsu en este momento.

En efecto, el par de muchachos estaba sumamente colorado. Incluso Yuu se encontraba sonrojado, pero a menor escala que los otros.

―¡Ho, ho, ho! ¡Picarona!

―… Oigan ―Haruka suspiró, estaría como los demás de no ser por el detallito chiquito pero importantito de que estaban hablando de su hermana―. ¿Qué dijimos sobre hablar de pechos tan temprano?

―Bueno, el desayuno fue hace cuatro horas en éste lado del mundo ―intervino Ruriko por fin, zanjando el tema. Sonrió a la mayor de los soles―. Un placer verte de nuevo, Aka.

―Lo mismo digo, Ruri. Chicos.

―¿Cómo está Finlandia? ―preguntó Yatsu tímidamente para romper el hielo.

Finlandiosamente.

La razón principal por la que no supieran nada de Ayaka durante tanto tiempo se debía principalmente a que estuvo en el extranjero en una misión de espionaje. Aunque no era ni por asomo ilusionista, la mayor de los vástagos del Sol Vongola tenía un don innato para la infiltración y por consiguiente, para la actuación. Ella aprendió las artes de la dramaturgia de Kyoko mejor que cualquier otro.

Realizados los saludos y lanzados los «Es bueno verte», «Te extrañamos» y demás, vino lo bueno. O sea, sí; interrogatorio descarado.

―¿Qué haces aquí? ―aunque para variar, Cavallone se encargó de matar la diversión yendo al grano.

―Yo también te extrañé, Sil ―Ayaka rodó los ojos y volvió a ponerse cómoda en el living, nada más que ésta vez estando acompañada―. Obviamente estoy aquí porque terminé mi misión.

―No es eso a lo que me refiero y lo sabes.

«Es increíble cómo alguien que odia que le digan qué hacer, se vuelve profundamente irritante porque precisamente siempre está diciéndole a todo mundo qué hacer», Ayaka se mordió la lengua para no contestar con esas exactas palabras. No quería provocar a la lengua azotadora de la pelirroja hoy. Porque si algo odiaba la mayor de los Sasagawa, considerada "la rule-breaker buena onda" de la Undécima Generación, era echar a perder el ambiente. Y cuando Silke Cavallone se encabronaba, sucedía exactamente eso.

Suspiró.

―¿Qué pasa? ¿Te levantaste del lado izquierdo del asiento de pasajero? ―en lugar de responderle como quería, lanzó una broma para aligerar el ambiente.

No es que hiciera efecto en Silemon, por supuesto.

Nein ―respondió la joven mujer de manera cortante. Se notaba a leguas que la Cielo estaba bastante irritada por algo. Es decir, Sil normalmente no tenía tanto mal genio―. Ahora contesta mi pregunta, Sasagawa.

La Sol alzó ambas manos en el aire a lo «Oye, tranquilo viejo» y respondió de buena gana:

―Reborn, mi Nazi. Reborn ―la mirada marrón le ordenó no detenerse. Ayaka gruñó en su mente para no levantarse y golpearla, producto de su vena rebelde que la incitaba a ir contra cualquier figura autoritaria que no anduviera en su misma frecuencia (y en este momento, Sil era una de esas figuras)―. Terminamos la misión hace exactamente una semana, para ser precisos, así que como es común me reporté cuando me dio la gana. Also, el viernes, antes de celebrar el fin de semana como Dios manda. Pero Reborn fue quien contestó el teléfono, no tío Tsunayoshi. Me dijo que no regresáramos a Italia, que tomáramos un vuelo a Estados Unidos. Lo hicimos, obvio. Ayer mismo contactó y ordenó que viniéramos a Nevada desde California, diciendo que había una Suite reservada para nosotros y toda la cosa. Y aquí estoy.

―Qué raro ―todos a excepción de Nicole miraron a Yuu, buscando una explicación para su comentario.

La Undécima fue quien iluminó sus mentes de ratón:

―Sí, normalmente Aya-nee se reportaría un lunes para que no la mandaran a volver antes y así "festejar como Dios manda" sin interrupciones.

Era cierto. La peli fucsia jamás arriesgaría su preciado fin de semana de diversión libre de responsabilidades luego de una misión exitosa, precisamente porque existía la posibilidad de que el Jefe la mandara a regresar antes a la Mansión.

―Ah, eso ―la oji azul hizo un gesto despreocupado con la diestra―. Fue culpa de Dionne. Ella quería retornar antes para llevar a Nathaly de compras.

―¡¿En serio?! ―la mirada de Lavina se encendió completamente al escuchar la palabra «Compras». Algo que si bien era bueno para mejorar el humor que tenía gracias a la pelea con su padre, también podía tomarse como la etapa previa al Armagedón.

―¿Dudas de mí? ―Ayaka se hizo la ofendida.

La Gokudera rió.

―No. Nunca, prima.

Si había alguien con quien Nathaly se llevaba bien en el injusto mundo, aquella persona era Dionne Chanel Gesso. Y no, el Chanel en su nombre no tenía nada que ver con su trato especial. O tal vez sí. Luego de Nicole y el tío Yamamoto, la mayor de los gemelos Gesso era su segunda persona favorita en todo el mundo. Era la personificación de hermana ideal que siempre soñó tener: refinada, hermosa y con el porte (pero no la estatura) de una súper modelo. Lavina y todos los miembros de la Undécima Generación estaban seguros de que si Coco Chanel tuviese que elegir reencarnación, Dionne sería la elegida. Además de ser aquella quien más le consentía entre todas sus primas, algo extraño dado que Dionne era dulce y amable, pero bastante selectiva con respecto a quién y cómo se relaciona (por no culpar a su fratello y a los "Do it!" de acapararla totalmente). El misterio en realidad no era tan complejo desde el punto de visto femenino, quienes fácilmente llegaron a la conclusión de que ambas eran juntadas por la vena fashionista y el impulso «Compra-todo-lo-que-puedas-ya» de Nathaly.

Porque si algo en éste mundo es de Chanel, Zac Posen, Jimmy Choo, Jason Wu, Alexander McQueen, Elie Saab o cualquier diseñador de su gusto, la hija de Byakuran probablemente lo tenía en su armario.

―¿Y los gemelos? ―fue el turno de Catherina para preguntar.

―Por ahí. Les dije que buscaran un lugar para rentar un auto.

―Pero si el servicio del hotel cuenta con trans– Oh no ―Nicole estuvo a punto de darse un facepalm tras llegar a una indudable verdad―. Andas en carreras ilegales otra vez, ¿verdad?

No es que lo hiciera a menudo o que Sawada creyera que la hija del tío Ryohei no era lo bastante grande para cuidarse sola, Ayaka siempre le pareció genial e independiente al igual que el resto de los mayores. La castaña sólo estaba preocupada. Desde que la muchacha tenía auto —Dulces 16 de los que su padre se arrepentiría luego— y un permiso para conducir, los problemas que los tíos tenían para mantenerla quieta fueron en aumento. Así como Lucian se sentía atraído hacia las peleas clandestinas por la sensación de sentirse vivo, la peli fucsia se sentía atraída hacia la velocidad y a la adrenalina; la diferencia radicaba en que Bovino era prudente y la mayoría de la Décima Generación eran ajenos al hecho de que se metía en esas cosas, mientras que Sasagawa en total ya fue detenida 27 veces por la policía.

En su defensa, diría Ayaka, todo era culpa del lento de Astolfo, quien aquellas veces iba al volante del auto.

¿Y qué es lo que pensaba Haruka de aquello? Bueno, se preocupaba lo suficiente para decir «Ten cuidado» y luego despedirla animosamente. Siendo sincero consigo mismo, sabía que su hermana no hacía nada que él no. El gusto por vivir al límite lo llevaban en los genes.

―No son ilegales, sólo clandestinas. Lo ilegal es apostar ―aclaró con gentileza. La oji azul era consciente de que Nicole siempre se inquietaba por todos y gustaba de cuidarlos, aunque fuera de las más pequeñas en la familia.

―Ilegal pero lucrativo ―añadió Yoyo relajadamente—. Muy lucrativo.

Elena finalmente preguntó:

―¿Y Tontolfo? ―dado que no había escuchado de él, su deber como heredera de Varia era preguntar. Por eso y porque a pesar de llamarlo tan despectivamente, al igual que Yokubo, Astolfo era su amigo.

Ayaka se hundió de hombros, dando a entender que no sabía y tampoco le importaba demasiado averiguar. El aprendiz de Viper era como un gato: salía, se iba de fiesta, fornicaba y volvía cuando le daban ganas de volver.

―¿Se van a quedar con nosotros? ―ésta vez el menor de los Rokudo tuvo que cuestionar; no porque le fastidiara la presencia ajena, sino porque dudaba que la Suite tuviera suficientes camas para toda la Undécima Generación.

―Nop, pero Coco y yo estaremos en la Suite Chairman. Los chicos tienen la Suite Grand Lakeview.

Soleil de inmediato se colocó de pie.

Wait, ramera… ¿Dijiste Chairman? ¿La Chairman? ―Ayaka asintió―. ¡No mames, esa es la mejor de todas!

―¿En serio? ―Nathaly era la única aparte de la Sol que demostró interés por algo tan trivial, después de todo, ella siempre quería tener lo mejor.

―Desde el punto de una mujer que busca vacaciones, relajo y atenciones de mayordomos las 24/7, sí ―lejos de tener celos como Lavina, Yokubo estaba altamente entusiasmada. Su sonrisa maniática de satisfacción y su mirada amarilla iluminada eran como las de un niño que dice insistentemente a sus padres «¡Quiero ir, quiero ir, quiero ir, quiero iiir!»―. Esa cosa es como tener un Spa por casa. Además de acceso vía ascensor que está conectado a otras habitaciones y Suites que estén del piso 29 al 36. Entre ellas ésta, los Penthouse y la Grand Lakeview.

―¿De dónde sacaste toda esa información? ―Lena enarcó una ceja.

―Internet, duh.

Disfrutando la reacción de su mejor amiga, la mayor de los hermanos Sasagawa añadió:

―Qué bueno que te guste, porque tú te quedas con nosotros.

El grito histérico no se hizo esperar.

―¡¿Es en serio?! ―Yoyo prácticamente se lanzó sobre su compañera Sol y empezó a zarandearla como loca.

―Sí ―Ayaka se las arregló para responder―. Por más que busques no vas a encontrar tu equipaje aquí, Reborn la envió a mi Suite.

Soleil le dio un apapacho, pegó un chillido capaz de levantar a los muertos y luego hizo un baile de la victoria. Por la coreografía a Ruri se le hizo obvio que se movía al ritmo de uno de los éxitos más pegajosos de McHammer: U Can't Touch This.

―Si la intención del zio era ganarse Yoyo Points… joder, lo logró ―declaró la pelirroja en degradé―. ¡Envídienme, putos! ―los apuntó a todos enérgicamente.

Nada más Silke se molestó en darle una mirada irritada.

―Fuera de eso ―la de cabello fucsia se estiró un poco desde su lugar―, también vine para entregarles unas cosas.

Algunos supieron de inmediato a lo que se refería mientras que otros simplemente la vieron con curiosidad. Cabe aclarar que los únicos inocentes eran Nathaly, Yuu y Nicole porque como tal ésta era la primera travesura ―involuntaria― de adolescentes que cometían, si es que las respectivas manías de los dos primeros no contaban ya como tal.

Ayaka se sacó con gracia el sombrero de ala corta que portaba y posteriormente realizó algunos ademanes 'místicos' con la diestra, como si fuera un mago en pleno espectáculo. Entonces retiró del interior una pequeña bolsa de seda, la cual dejó en la mesa de centro que estaba entre los sofás del living; se apreciaban varias figuras rectangulares en el interior del pequeño saco.

―Identificaciones falsas ―Lavina llegó a la conclusión sin más pistas.

―¡Ding, ding, ding! ―Yokubo aplaudió―. ¡Tenemos una ganadora!

―Aunque no son sólo identificaciones ―añadió la Sasagawa rápidamente―. También hay tarjetas de débito ―y apenas lo dijo, la peli plata se puso a saltar por todos lados―. Alguien anda bloqueada otra vez, ¿verdad? ―preguntó a su hermano, que asintió en respuesta.

Nicole hizo una ligera mueca.

―¿Para qué se supone que vamos a necesitar esas cosas?

Yuu observó a su mejor amiga con cara de «¿En serio acabas de preguntar eso?» Porque esto a él le parecía la única cosa sensata que había pasado en todo el día.

―Sí, supongo que no podemos ir por ahí diciendo nuestros nombres y menos que nuestros padres se enteren por el tío Hayato del movimiento de nuestras cuentas para que nos rastreen… —recapacitó la castaña, sintiéndose imbécil por no llegar a esa conclusión antes. Se habría ahorrado la humillación si no fuera por su bocota.

―Si ya sabes, ¿para qué preguntas? ―suspiró la mayor de los Rokudo.

La heredera de Vongola hizo un puchero y desvió la mirada.

―Ma, ma ―Yatsu tomó su respectiva identificación y relajadamente salió en la defensa de su futura jefa―. Todos cometemos errores.

―La voz de la experiencia ha hablado ―escupió Elena en referencia hacia el montón de fracasos en sus intentos de declarársele a Squnelle, haciendo que el Yamamoto se sonrojara avergonzado y todos rieran.

Una vez todos tuvieron en mano sus nuevas identidades, Ayaka se puso de pie.

―Bueno, bueno. Fue un gusto verlos a todos, mis queridos gremlins, pero es hora de que ésta sex symbol diga adiós ―dijo―. Me piro a dormir.

―¿Tan temprano? ―Silke enarcó una ceja.

―Sep. Recorrí un rato el Strip antes de que Reborn me avisara que llegaron, por lo que por mi parte ya disfruté el horario familiar ―varios le miraron sin entender―. Es Las Vegas, hijos. Noche de putas.

Oh.

Haruka y Yoyo le dieron un apapacho.

―¿Y tú por qué? ―inquirió la de ojos azules a la pelirroja―. Acuérdate que te vienes conmigo.

―Es por joder ―se encogió de hombros―. ¡Soleil fuera! ―exclamó alto para que todos la oyeran―. ¡Paz!

Dicho y hecho las dos abandonaron la Suite de Directores Ejecutivos. Irónicamente, casi al mismo tiempo Squnelle apareció con cara de una tsundere que tiene que dar malas noticias. Lo que la guía de señas tsundere-español especifica como que estaba haciendo muecas extrañas pero a la vez intentaba parecer seria.

―¿Sucede algo? ―preguntó el azabache enamorado de la Lluvia de Varia.

Ella le miró dudosa antes de contestar:

―… Sólo hay una habitación.

―¿Eh? ―dicha información desconcertó a varios.

―Y había una nota en la única cama ―suspiró mientras sacaba un papel amarillo de su bolsillo.

―Léelo ―ordenó Cavallone, quien tenía un mal presentimiento al igual que los demás.

―No eres mi jefe ―la muchacha rodó los ojos, antes de leer la nota de todas formas―. Dice «Queridos engendros, sean agradecidos por estar aquí y tener la oportunidad de quedarse en una Suite como ésta sin supervisión parental. Si no les gusta, jódanse u arréglenlo ustedes mismos. Cariños, Reborn».

―¿Por qué no me sorprende? ―Ruriko se dio un facepalm al terminar de escuchar el mensaje.

―Alguien deberá hablar para que nos acomoden mejor, mínimo en una Suite que tenga dos habitaciones ―dijo Ryusei, quien hasta el momento había permanecido en total silencio.

Automáticamente todos posaron la mirada en Nicole.

―… ¿Por qué me miran? ―preguntó recelosa, pues ya más o menos se sabía la respuesta.

―Porque tú eres la Undécima.

Exacto, esa.

―¡Todavía no lo soy! —protestó.

―Pero lo serás. Y tendrás que aprender a resolver este tipo de situaciones ―Lena no tardó en sumarse al grupo «Conspiremos contra Sawada».

―Eso es, arréglalo.

―¡Sil! ―chilló la castaña, incrédula ante las palabras de la Cavallone. De todas las personas que le iban a echar el muerto, jamás pensó que la de ojos marrones también figuraría entre ellos―. ¡No puedo creer que tú también estés de su parte!

―No estoy de parte de nadie, excepto de mí parte ―esas palabras se contradecían a sí mismas, pero ninguno quería decir lo obvio dado que Silke realmente andaba de mal humor en ese momento―. Ahora andando.

Y justo cuando Nicole estaba por bajar la cabeza y encaminarse cual héroe solitario hacia el vestíbulo del hotel, Nathaly vio su oportunidad de ganar puntos con su futura empleadora.

―¡Yo puedo hacerlo si quiere, Nicole-sama!

―¡NO! —pero todos aquellos que conocían a Lavina, la Undécima incluida, le negaron la oportunidad de lucirse con la misma velocidad en la pista de un conductor de Fórmula 1. Porque era de conocimiento popular que ella era la persona menos fiable para cualquier cosa relacionada con transacciones monetarias.

Enfurruñada, la oji verde se cruzó de brazos ante la cruda negativa. Pero aceptó la decisión unánime sin replicar.

Ruriko rodeó el cuello de la castaña confianzudamente con su brazo y la atrajo un poco hacia sí. No es que se sintiera culpable de usar a su pequeña prima como chivo expiatorio, pero decidió bajarle a su nivel de maldad una rayita y darle algunas instrucciones:

―Escúchame bien, Óleo. Según internet, existen Penthouse con dos habitaciones y tres camas. También vienen en un tamaño más pequeño, así que debería estar barato en comparación a ésta Suite. Trata de negociar un paquete vacacional o algo. ¡Haz que te den dos de esos y la hicimos!

Era más fácil decirlo que hacerlo, por supuesto.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron y Nicole entró, con sus amigos a excepción de Yuu ―Nathaly quería ir, pero no la dejaron― brillando por su ausencia, estuvo tentada a maldecir un poco. Siempre le pasaban estas cosas por ser la Undécima. Y no necesitaba pensarlo demasiado para darse cuenta que era una especie de mal de ojo hereditario.

Lucían no desaprovechó la oportunidad de salir a recorrer las calles. La verdad es que entre sus amigos era el apodado "gato callejero" o "lobo solitario", por lo cual no era extraño verlo irse por su lado; se trataba de una escena tan cotidiana que nadie le prestaba mayor importancia, algo que sinceramente apreciaba.

El hijo de Lambo era una persona que se aburría con relativa facilidad. Con eso no quería decir que considerase a sus amigos aburridos, solamente que en general no compartía sus definiciones de diversión. Él no era de salir a bailar, como las chicas y Haruka; tampoco tenía pasatiempos en común con los demás varones del clan, aparte del gusto por entrenar, por ello ocasionalmente libraba sparrings con los chicos mas no quedaba con estos muy seguidos para salir. El Bovino tenía fascinación por el peligro, pero éste en esencia estaba desviado de los conceptos de diversión que figuraban para sus amigos.

Un claxon lo sacó de sus pensamientos. Usualmente habría ignorado tal ruido con la ayuda de sus audífonos, más fue tan cercano que la vibración le llegó. Curioso, Lucian se quitó los cascos, solamente para escuchar al conductor exclamar:

—¡Eh, pero si es Lucian Bovino!

—Déjate de tonterías, sabías que era él cuando te detuviste.

Las dos personas a bordo del vehículo comentaron con tono alegre y estricto respectivamente, un contraste interesante como sus propias apariencias. Chico y chica, similares en varios aspectos físicos y al mismo tiempo tan diferentes como el cine en 2D y el 4D.

El aura de la joven le recordaba a una vieja estrella de cine, Audrey Hepburn. Poseía un cuerpo esbelto y compacto, pero bien proporcionado; lastimosamente no superaba el metro sesenta y cinco de estatura, aunque ello no la hacía menos encantadora. De tez que nívea, suave, ideal para su rostro femenino y a la par con sus grandes ocelos del color del cielo en la mañana. Sus labios eran delgados y de color rosa pálido. Su blanco cabello le llegaba hasta los hombros, voluminoso, lacio y con mechas dispares enmarcando su rostro, además de lucir un flequillo elegantemente desordenado. Un pequeño mechón del lado izquierdo de su cabeza estaba teñido en degradé de color rosa. Casi parecía llevar tatuada la palabra «Clase» por todas partes.

El muchacho era su perfecto homologo, pues tenía un aire indiscutible de gato callejero. Metro setenta y seis de estatura, complexión atlética y trabajada; pero la contextura de su cuerpo era delgada, así que no se le notaban los músculos a primera vista. Rostro con rasgos masculinos y alargados, portando una sonrisa simpática. Sus ojos eran azules como el cielo matinal, herencia materna. Su blanco cabello lacio estaba lo suficientemente crecido y voluminoso como para taparle las orejas, además de encontrarse igual de desordenado que el de su padre.

Eran los gemelos Gesso, Dionne y Donatello.

—¿Reborn? —adivinó.

—¡Din, ding! —canturreó el varón alegre—. Zio creyó que naturalmente no podíamos perdernos ésta fiesta.

En opinión de Lucian, diría que el ex-Arcobaleno los había invitado más que nada por comprometerlos a mayor escala con los problemas. Pero no dijo nada. A él le gustaban los problemas —por lo menos los relacionados con su familia—, ya que hacían menos monótona su vida.

Tello, si vas a tontear junto a la acera lo mejor será que apagues el auto —a la palabra de su hermana el menor de los gemelos dio vuelta a la llave, deteniendo así el motor del vehículo. Dionne tenía ese tono de la realeza, amable pero severo, suave y extrañamente firme que te hacía pensar que todas sus recomendaciones eran la opción acertada para todo. Bastante terrorífica a su modo particular, a decir verdad; pero era algo que había sacado de Yuni—. Lucian, es bueno verte —le sonrió al muchacho de ojos dorados—. Disculpa la tremenda falta de modales de mi hermano. ¿Te estamos entreteniendo?

—Sí —¿Para qué mentir? De todas formas ella se daría cuenta si lo hacía, esa astucia era cosa de Byakuran y toda su prole—. Aunque tampoco es que tuviera un sitio en mente al cual asistir.

El varón albino rió.

—Entonces podemos ayudarte con ello —un ademan a su gemela y ésta sacó de la guantera un tríptico… no, un mapa—. Verás, estamos en una cruzada de reconocimiento —Lucian alzó las cejas con interés. Sabía el tipo de 'reconocimiento' que hacían los "Do it!" cuando iban a cualquier parte, y era algo que sin duda quería escuchar. Por ello no dudó en abordar la parte posterior del auto cuando Donatello le hizo un ademán de invitación. Sin perder tiempo, el mayor le mostró el mapa con diversos lugares señalados en rotulador rojo—. Siguiendo ésta ruta por una hora se llega al apartado del desierto donde se hacen carreras clandestinas de autos.

—En realidad cambian de lugar cada tres días, así que tenemos hasta mañana como máximo para indagar dónde se hará la próxima —le recordó Coco a su gemelo, éste simplemente asintió.

—Obviamente también tenemos apuntados los mejores pubs, antros y clubs de la zona —siguió el Gesso menor—. Algunos shows de horario familiar y sitios recreativos para que Nicole no se aburra encerrada en todo el día, peleas de boxeo para nuestros soles descarados, lugares tranquilos donde Silke y Lena puedan sentarse a ver el mundo arder —el azabache esperó tranquilamente a que la verborrea alegre de Tello terminase—. Peleas, como, de tu liga, no hemos hallado todavía —saber eso lo decepcionó ligeramente.

—Pero estábamos a punto de reunirnos con un informante —el tono de Chanel sugería que lo estaban invitando, motivo por el cual le devolvió la mirada sin vacilar.

—Me apunto.

Donatello volvió a encender el auto.

—¡Hombre, estaba esperando esa respuesta desde que te subiste!

Lo último que escuchó Lucian antes de volver a ocupar sus cascos fue el familiar chirrido de los neumáticos dejando huella en el asfalto.

Una mujer de alrededor de veinte años se encaminó hacia el mostrador del vestíbulo con paso enojado, haciendo sonar la suela de sus botas a medida que andaba. Se notaba enfurruñada. No, aquello era un eufemismo. Un volcán a punto de hacer erupción lucía más sumiso que aquella señorita. Detrás de ella iba un sujeto bien parecido con la misma cara de estreñimiento.

El personal de antemano sabía lo que significaba: problemas.

―Disculpe ―habló la fémina enojada a una de las recepcionistas que se encontraba desocupada―. Tengo una queja.

La susodicha le miró con cierto nerviosismo.

―Dígame ―forzó una sonrisa al contestar.

―El problema es éste sujeto ―la fémina apuntó a su acompañante despectivamente, quien hizo amago de protestar más se calló tras una mirada fulminante―. Nosotros no vinimos juntos. No somos parientes. No tenemos ni puta idea de quién es el otro. No tenemos relación alguna, ¿entiende?

―¿Sí? ―la recepcionista en realidad no comprendía.

Y la clienta se lo dijo sin tapujos a la cara:

―No, no creo que entienda. Ni usted ni nadie. Porque si lo entendieran, ¡no nos habría puesto en la misma puta Suite!

Los ojos de la recepcionista se abrieron de par en par. Un «Oh» parecía estar grabado en sus pupilas y su expresión era de absoluta vergüenza, quizá porque no podía creer el grado de incompetencia de algún colega y precisamente ella era la que tenía que lidiar de frente con el problema.

―Escuche, vine aquí con una amiga para relajarme y alejarme de todo. Y me registré aquí en vez del Caesar Palace porque escuché que el Bellagio era lo mejor de Las Vegas, ya sabe, cosas muy buenas. Pero veo que estaba equivocada ―le echó una mirada desdeñosa a la encargada―, y mis contactos también.

La mujer tras el mostrador tragó saliva sonoramente.

Si perdía a estos clientes, probablemente perdería también su empleo. No podía permitirlo. La fila de aspirantes a conseguir trabajo en el Bellagio era tan larga como la muralla china, y ella no quería dejar una plaza vacante ni mucho menos parar de recibir su jugoso sueldo. Así que tenía que complacer cada capricho de esos huéspedes enojados por más ridículos que fuesen.

―No, no. Lamentamos las molestias ―dijo apresurada―. Corregiré el error inmediatamente ―con velocidad casi inhumana empezó a teclear en el computador, ingresado en el sistema―. ¿Me permite su nombre?

―Nolie Abott ―la mujer tenía cara de estar chupando un limón cuando lo dijo.

La recepcionista volvió a su labor, casi sin respirar. Buscó como loca en el sistema, con la misma desesperación de un bachiller que acude a Google por el temario de su examen final el día previo a la evaluación. Y ahí estaba.

―Bien, señorita Abott. ¿Le parece bien nuestra Suite Salone?

―¿Disculpe? ―comentó indignada―. ¿Sabe cuánto pagué por la Suite de Directores Ejecutivos?

«No», tuvo ganas de responder. ¿Y para qué demonios querría una persona la Suite de Directores Ejecutivos? Bueno, miró al hombre, ¿para qué querrían dos personas la Suite de Directores Ejecutivos?

Decidió estar callada y esperar instrucciones. Bonita y gordita, como los Pingüinos de Madagascar.

―Quiero un Penthouse ―la recepcionista iba a interrumpirla, pero Abott se le adelantó―. De los 'pequeños'. Ya sabe, esos con dos cuartos ―dijo.

La mujer tecleó rápidamente el cambio. Listo.

Se giró hacia el callado hombre, quien no había dicho nada hasta el momento. No le sorprendía con tremenda fémina histérica a su lado.

―Yunan Longbottom ―habló antes de que la empleada siquiera le preguntara su nombre―. Un Penthouse también, con dos habitaciones. Y distinto al de ella, por favor ―añadió con cinismo, como disfrutando restregar en cara del personal el error de tan perfecto hotel.

La recepcionista volvió a teclear. Hecho.

Rápidamente sacó dos llaves, que eran en realidad tarjetas. Le dio una a cada quién y se despidió cordialmente. Luego, cuando sus inconformes clientes se perdieron de su vista, liberó un suspiro de alivio y dejó caer su rostro contra la mesa. Por poco y la palma.

Nolie Abott y Yunan Longbottom, por otro lado, tuvieron que esperar hasta llegar al ascensor para poder desternillarse de la risa. Cuando las puertas se cerraron, ya no había rastro de los apuestos veinteañeros furiosos; en su lugar estaban Nicole y Yuu, los dos riendo como si les hubieran rociado gas de la risa.

―¡Su cara…! ―la castaña por poco y no derrama una lágrima de tanto carcajearse.

Usualmente el Rokudo no era partidario de las ilusiones fuera de las situaciones de importancia, no porque no le gustasen, la vena ilusionista y sátira de los suyos era notable en él. Dicha preferencia nació porque tenía ciertos… problemas de salud, y era un tanto jodido por eso de «mente sana en cuerpo sano». Pero había momentos, como éste, en los que usaba sus poderes como buen hijo de su padre.

Y fue tan divertido que su personalidad seria se fue al garete unos instantes.

Tuvieron que detener la risa cuando el sonido previo a las puertas abriéndose se escuchó. No habían llegado al piso de la Suite de Directores Ejecutivos, pero estaban cerca. Entonces una hermosa mujer de ojos ambarinos y cabello pelirrojo se adentró en el cubículo espacioso, lucía radiante a pesar sólo de traer un vestido blanco, un bolso Prada y zapatos de plataforma. Ella los atrapó mirándola, mas en lugar de decirles reñirlos por ello les guiñó el ojo coquetamente.

Ambos desviaron la mirada al instante.

Pronto, en segundos que casi les parecieron una eternidad, las puertas volvieron a abrirse. En ésta ocasión era el destino de los dos jóvenes. Tanto la Undécima como el ilusionista se dirigieron automáticamente hacia la salida, pero una vez afuera algo impidió que siguieran caminando. Era la voz de la mujer.

―Y yo que creía que los Vongola no sabían divertirse ―la escucharon comentar antes de que se cerraran las puertas dobles.

Ambos tuvieron un escalofrío simultáneo.

―Yuu… ―fue Nicole la que rompió el silencio.

El peli azul permanecía con una expresión estoica, pero internamente estaba atando cabos. Y, si era sincero, también estaba un poco perturbado.

―Dime.

La razón era simple: ambos conocían a esa mujer.

―Esa era Carmine Cacciatore, ¿verdad?

Y su nombre generalmente significaba problemas.

―Ajá.

Los labios del Cielo se tensaron en una fina línea, era una especie de tic que le daba a los Sawada cuando trataban de analizar situaciones demasiado descabelladas sin que la psique se les rompiera en el intento.

Entonces habló:

―Tenemos que hablar de esto con Reborn.

Cuando Rokudo y Sawada volvieron con el resto, los mayores supieron que había pasado algo por sus caras y el silencio incómodo que había entre los dos. Habrían pensado que estaban peleados, pero no parecía ser el caso. Además, el peli azul jamás se había enojado con la Vongola anteriormente. Así que descartando la posibilidad de un pleito entre amigos, supusieron que otra cosa era la que iba mal; fue altamente raro que Yuu no saliera con un comentario a lo «Vayan ustedes la próxima» cuando les echó una mirada en el vestíbulo. No en balde habían crecido juntos como para saber que lo haría. Pero no, no lo hizo. Y Nicole tampoco se quejó. Esos dos simplemente regresaron, les dieron las llaves y fueron a buscar sus maletas como niños buenos.

―¿Qué estarán tramando? ―murmuró la hija de Dino, con Akeelah dormida en el aza de una de sus maletas. Tal comportamiento era bastante sospechoso. Si bien ella no le tenía paciencia a casi nadie, no significaba que no tolerara a la gente a su manera o que no les prestase atención. Sil reconocía que a veces podía ser insoportable e inflexible a más no poder, pero es porque alguien en ésta manada de inconscientes tenía que llevar las riendas.

Ni Nicole o Yuu eran personas que buscasen problemas. Por favor, a veces hasta parecían los más sensatos de todos. Exactamente por eso su comportamiento anormal era demasiado obvio.

―No lo sé ―dijo en voz alta Catherina―. Pero ya que no nos pertenece más esta Suite, yo que ustedes me aseguraría de que tengo todo antes de irnos.

Aprovechando el deliberado cambio de tema, todos empezaron a revisar sus maletas para asegurar sus pertenencias. Nathaly habría tardado horas de no ser porque varias bolsas de su equipaje estaban vacías.

―¿Qué se supone que hacen? ―preguntó la Sawada al volver.

―Rina quería que revisáramos si teníamos todo antes de largarnos ―respondió Haruka, quien además de lo propio llevaba la maleta de Lucian.

―Ya veo. Tiene sentido ―suspiró mientras imitaba al resto.

Les tomó un total de quince minutos 'cepillar' sus maletas y, en caso de que cierto Hitman les dejara una sorpresita, la Suite en general. Una vez determinado que nada se hallaba fuera de lugar, partieron hacia sus nuevas habitaciones; éstas se encontraban en el mismo piso, obviamente separadas.

—¿Chicos derecha y mujeres a la izquierda? —pero antes de que cualquiera pudiese contestar la pregunta de Squnelle, Lena ya se había metido en la Suite de la derecha—. Whatever —por lo menos eso zanjaba el asunto.

No se molestaron en despedirse los unos de los otros. ¿Para qué? Cuando eres criado en el mismo ambiente que alguien durante toda tu vida, a veces las despedidas y los saludos sobraban. La verdad es que si se decían los buenos días era solamente porque los protocolos de la mansión ―y sus madres― los obligaban a fingir ser educados. Muy pocos, como Yatsu, eran almas bondadosas y cordiales por naturaleza.

—Contemplen el poder del matriarcado, hermanas. Hoy finalmente estamos libres de los estereotipos y estigmas sociales de ser mujer. ¡No más innecesario sentido del pudor! ¡No más represión! ¡Basta de cubrir nuestras sinuosas figuras por la mera presencia del hombre! ¡Ya no más acicalamiento obligatorio! Somos libres. ¡Libres de andar en ropa interior! ¡Libres de estar tan desalineadas como queramos! ¿Me oyeron? ¡LIBRES! —Rina dedicó toda una oda a la vida sin chicos y privacidad temporal. Y es que aunque ella no tuviera que convivir con muchachos de su edad en la Mansión Shimon, no quitaba el hecho de que al final todas las adolescentes de Vongola eran unas marginadas que debían taparse mientras los machos eran libres de estar con los pectorales al aire.

―Si te pones a cantar Let it Go, te mato ―advirtió Silke sin variar la expresión amargada en su rostro.

Catherina rió en respuesta, pero bien sabía que era cierta la advertencia de la otra pelirroja. De cualquier manera Cavallone no tenía por qué temer, la Shimon sabía de sobra que si se atrevía a salir con una canción Disney no sólo Sil la mataría, Lena también.

Y es que la Señora Vongola —no Kyoko, sino la otra Señora Vongola— una vez tuvo la brillante idea de disfrazarlos como los personajes de la película animada más sobrevalorada de su tiempo: Frozen. Cabe mencionar que con Lena de Elsa y Silke de Anna, todos los varones, incluido el osado Sasagawa, huyeron como ratas a la luz a los papeles de Hans y Kirstoff. Las únicas que gozaron de tan bizarro momento fueron Yoyo y Ruri, pues hicieron de Sven y Olaff respectivamente. Afortunadamente, cuando la tía Haru cayó en cuenta de que los personajes no alcanzaban para todos decidió hacerlos cosplayear otra cosa. Y todos terminaron como vikingos de Berk.

Bien dicen que de Disney a Dreamworks hay un troll de distancia.

Continuará…

Nota de la Autora:

¡Ta-dah! Sí, siempre lo corto en la mejor parte. Pero me aman y lo saben.

Curiosidades:

―El Ryohei de quince años mide 1.68 de alto, pero se nota que ha pegado un estirón todavía más grande en el futuro. Por esa razón no creo que sea raro que Haruka mida 1.70 teniendo 16 años, especialmente si tenemos en cuenta que al igual que todos está sometido a los entrenamientos de Reborn y por lo tanto se ejercita bastante.

―Por dármelas de troll, los apellidos falsos de Yuu y Nicole pertenecen a dos personajes de Harry Potter; Neville y Hannah respectivamente. Yunan y Nolie son los nombres respectivos de las identificaciones falsas que Ayaka les dio.

En compensación por todo éste tiempo de espera, y para ayudarles a orientarse mejor, les dejo estos datos de trivia en el que se explican algunas cosas que no quedaron claras en el capítulo de hoy.

1) Silemon.

Info: Juego de palabras en inglés con diminutivo de Silke y su actitud amarga. Lemon, limón. SI-Limón, Sil-imón. Lit. Sil limón.

2) "Do It!".

Info: Es el grupo de mayores-mayores entre la Undécima Generación (con esto quiero decir que todos los que forman parte del grupillo tienen dieciocho años de edad) con excepción de Sil, que es la más vieja de todos y por lo tanto la foreveralone. Son también aquellos que fueron enviados a los cuarteles de COMSUBIN por haber sido arrestados varias veces en la misma semana, chocar el auto favorito de Bel y de paso saltarse el cumpleaños de Yuni para ir a una carrera clandestina. Se llaman a sí mismos "Do It!" porque "¡Hazlo!" suele ser la respuesta de Astolfo para casi todo y concuerda con la filosofía de sus amigos que es a lo "Sólo vives una vez". Estos chicos inauguraron su expediente criminal a los trece, a pesar de que sus únicos crímenes consisten simplemente en visitar los lugares equivocados para divertirse.

Yoyo también forma parte del grupo. De hecho, "Do It!" fue como tal su primer grupo solido e íntimo de amistades y comparte un vínculo especial con ellos. Pero luego de la graduación de la preparatoria el año pasado, se distanciaron un poco porque todos tomaron caminos diferentes. Ella sigue siendo muy amiga de todos igualmente.

En total, los que pertenecen al grupo son: Yokubo, Ayaka, Donatello, Astolfo y Dionne. Originalmente iban a incluir a Sil en el grupo, pero ella no tenía el "espíritu".

3) Sasagawa "Aka" Ayaka.

Info: Hermana mayor de Haruka y por lo tanto la primera hija de Ryohei y Hana. Tiene 18 años y es conocida por la Undécima Generación como "La rule-breaker buena onda" o también "Esa mujer problemática del averno" (Sil, plz). En parte por su culpa y la de Tello, Coco y Astolfo es que los Vongola son tan paranoicos con sus vástagos.

Su apodo deriva de las últimas letras de su nombre y a su vez es un chiste por las siglas a. k. a., de la frase en inglés Also Known As ('también conocido como'), que se emplea para indicar el alias por el que se conoce a una determinada persona, obra de arte, evento, etc.

4) Donatello "Tello" Gesso.

Info: Es el menor de los gemelos Gesso por unos minutos, pero contrario a la creencia popular él no es el heredero de Millefiore, sino su hermana. 18 años. Solía ser tan tímido con las mujeres como Yatsu, pero de alguna manera adquirió una labia envidiable para tratar con ellas.

Su apodo deriva de las últimas letras de su nombre y a su vez las de del término italiano Fratello ('hermano'). Cabe mencionar que Dionne fue la que empezó a llamarlo así.

5) Dionne Chanel Gesso.

Info: Literalmente, su segundo nombre es Chanel. Su apodo salió tan natural como el agua de la regadera. 18 años. Socialité sin un pelo de tonta, es la que mejor se desenvuelve en las altas esferas sociales de la Undécima Generación; puede ser embajadora de la paz como de la destrucción. Suele ser amable y dadivosa con aquellas personas que se han ganado su favorecimiento, con el resto posee una lengua viperina y llega a ser bastante hipócrita para conseguir cualquier objetivo que se figure.

Pido disculpas por haberme demorado tanto con la actualización del fic. Tuve un bloqueo terrible los primeros tres meses del año, posteriormente la situación en mi país no ayudó mucho a que pudiera concentrarme y muchos líos se sumaron con el tiempo. Entre ellos, un cambio de carrera y que mi computadora vieja murió y ahora tengo una nueva. Un periodo de falta de inspiración que me hizo desviarme a otro fandom. En fin.

Sé que no es lo que prometí en el cap anterior, pero el arco de Las Vegas se extendió más de lo que pensé (vinieron muchas ideas a mi cabeza) por lo que para dar un lugar a todo el desmadre que se viene tuve que sumar más caps para que nada me saliera muy apresurado (y para que yo tardara menos con este híper testamento).

La historia no ha muerto, simplemente atravesé una mala racha… muy larga.

¿Se los dije antes, no? Que no se acostumbraran a que actualizara rápido porque eventualmente me desaparecería por un largo tiempo. Es un patrón que siempre se repite. Pero al final, aunque me desaparezca, siempre regreso.

El próximo capítulo consistirá en las actividades de la Undécima Generación por la tarde, volveremos a ver a Reborn, alguien será humillado públicamente y tendremos party hard.

Les pido paciencia y que por favor no me apresuren, eso me hace sentir algo estresada y tiene el efecto contrario al que desean. Aprecio el apoyo y entusiasmo por la historia, pero la falta de actualización no quiere decir que me olvidara del fic.

Sin más que agregar, nos vemos.