Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
A mi Miss Swan tata favorita porque siempre será mi hermana, a mis hijas Kath, Valen y Regina Jr, a mi princesita Gen porque es una de las mejores personas que hay en mi vida, a mi tatita Vero porque es mi hermanita adorada, a Alex porque simplemente es genial, a Bego porque me ayuda a crecer cada día y a Natalia porque es la mejor.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma y a esthefybautista.
CAPÍTULO 11 MI DEBILIDAD
La capitana observó a su princesa desayunar con una sonrisa en el rostro, el ambiente relajado entre bromas y risas, entre besos robados, sus labios recorriendo el blanco cuello de Emma con veneración, su rostro, sus labios sabor a café… sus manos jugueteando con su piel, acariciando lentamente, frágilmente, sus brazos desnudos, su vientre, el contorno de sus pechos mientras entre suspiros Emma se apoyaba sobre ella, sintiendo su aliento anticipando una caricia, sus cabellos negros acariciando su mejilla, la paz y la fragilidad del momento, el silencio apagado por el latir de ambos corazones, con gemidos apenas audibles cuando las manos de la capitana se aventuraban bajo las sábanas, en esos rincones apenas explorados, erizando sus cabellos y provocando ligeros escalofríos en toda su piel.
Regina respetaba el silencio, sus dedos memorizaban la piel de la joven princesa con cuidado, de forma lenta y pausada, deleitándose con los ligeros sonidos que escapaban de sus labios, con las sensaciones que le provocaba. Degustaba su sabor con placer infinito, deseando alargar ese momento eternamente, solas las dos, dueñas del mundo, de todo el universo… Acarició con cuidado su mejilla, girando lentamente su rostro y clavando su mirada oscura en los ojos aguamarina de Emma, se perdió entre el azul y el verde de sus pupilas unos instantes sintiendo su interior hervir como la lava, atrapando sus labios en un beso lento, profundo, sin perder en ningún momento el contacto con su piel. Solicitando suavemente la entrada al resto de su boca con una leve caricia de su lengua, un permiso que le fue concedido al instante y, con un gemido ahogado invadió cada rincón, delicada y dulce, disfrutándolo como una niña pequeña.
No había lugar para los miedos, para los fantasmas, para las dudas, no en ese momento, no disfrutando con cada centímetro de su ser ese dulce contacto. Cuando faltó el aire en sus pulmones, cortó el beso de forma tan dulce que le robó un suspiro, pegando su frente a la de Emma, respirando su aliento, embriagándose por completo de su esencia.
-"¿Te quedas aquí conmigo princesa?"
-La expectativa de dormir sobre un colchón es muy agradable
-"¿Te quedas por el colchón?"
La risa cristalina de Emma invadió su habitación, provocando un ligero rubor en sus mejillas, imperceptible. En su interior nació una promesa, debía conseguir como fuese que su princesa riese así todos los días, era el sonido más hermoso del mundo.
Haciendo acopio de un valor que no conocía, Emma unió sus labios a los de Regina, regalándole un beso, el primero que iniciaba ella, dibujando en el rostro de la capitana una sonrisa idiota que no se borraría en todo el día.
-No solo por el colchón capitana, también he decidido quedarme por tu bien
-"¿A sí? ¿Por mi bien?"
-Para que no tengas que caminar hasta la bodega a las cuatro de la mañana
Regina no dijo nada, simplemente estrechó a la princesa entre sus brazos unos instantes, disfrutando de su cercanía. Finalmente besó su cabeza y a regañadientes se separó de ella, levantándose de la cama y organizando sus arrugadas ropas bajo su curiosa mirada.
-"Debo irme al puente princesa. Tú puedes quedarte aquí y familiarizarte con tu nuevo hogar"
-Lo conozco bien, lo he limpiado varias veces
-"Entonces simplemente descansa y disfruta del colchón, yo volveré en cuanto pueda"
-No puedo quedarme capitana tengo deberes que cumplir
-"Hoy no, y llámame Regina cuando estés aquí"
Un nuevo beso sobre sus labios fue su forma de decirle hasta luego, marchándose a sus quehaceres y dejándola sobre su cama con una sonrisa en el rostro.
En cuanto se quedó sola, Emma se tumbó perezosa, clavando su mirada más allá de las ventanas. Regina no había vuelto a descender las placas de metal por lo que el universo entero se abría ante ella, magnífico y hermoso. Sabía que si su mente comenzaba a pensar acabaría aterrorizada, al fin y al cabo ella era una princesa, toda su vida había recibido una estricta educación en el decoro, educación que simplemente se había hecho añicos en cuanto Regina la tumbó sobre su cama. No había tiempo para arrepentirse, la capitana y sus modales rudos se había colado en su mente como un veneno, la joven morena que cada noche buscaba su compañía como un imán, la muchacha dulce que había tomado su virginidad con tanta ternura que solo de pensarlo se echaba a temblar. No había tiempo para los remordimientos, solo quería dormir y descansar sin que la sonrisa abandonase su rostro, esperando a que ella volviese, esperando sus labios impaciente, sus manos endurecidas por el trabajo y la vida acariciándola como si ella fuese lo más preciado del universo entero.
Aunque Regina estaba en el puente, en su lugar, trabajando con mano de hierro para guiar su embarcación, su mente estaba lejos de ahí, nublada por las imágenes de la noche anterior, por los gemidos y los gritos de su Emma, su voz temblorosa asegurándole que era suya, solo suya…
No volvió a la realidad hasta que Alex llamó su atención con disimulo, señalándole su pantalla principal.
-Regina, tenemos comunicación con Amatista
-"¿Amatista? ¿La línea es segura?"
-Impenetrable
-"Está bien, responde"
Alex dio la orden y en unos segundos la pantalla se llenó con la imagen de una mujer joven, de cabellos oscuros, largos, una melena ondulada que caía majestuosamente sobre sus hombros, tez pálida y ojos del color del caramelo fundido, una mujer a la que Regina conocía demasiado bien.
-"Luci Lewys, vaya sorpresa"
-Regina Black, llevo tiempo intentando contactarte, no me atrevía sin tener la línea completamente segura
-"¿A qué debo el honor?"
-Necesito armas
-"Cómo todo el mundo"
-Regina, puede que desde el espacio no lo percibas pero las cosas en tierra están cada vez peor, no hay planeta que no esté invadido, ni el extrarradio se salva de la Emperatriz, mi ejército necesita armas, estamos en el mismo bando
-"¿Tienes cómo pagarme?"
-Como no, Regina Black siempre pensando en dinero… Sabes que te pagaré, ahora mismo eres la única esperanza que tengo
-"Tengo algo de armamento en la bodega, es de mi último golpe, puede ser un adelanto Luci, no me voy a jugar la vida pero te puedo ayudar, aunque sea poniendo mi granito de arena"
-Entonces nos vemos pronto Regina
En cuanto cortó la comunicación, dio órdenes de fijar un nuevo rumbo, estaban a unas semanas de Amatista. Cambió las coordenadas en los monitores y con un gesto de la cabeza se despidió, dejando a sus hombres trabajando y a Alex al mando mientras ella se ausentaba.
Estaba agotada, la falta de sueño de las últimas semanas le habían pasado factura y solo quería tumbarse, pegar su cuerpo al de Emma y dormir.
Estaba tan sumida en su cansancio y sus propias meditaciones que no vio a Tamy al girar la esquina y se dio de bruces con ella, sujetándola con fuerza por la cintura para que esta no se fuese al suelo.
-"La próxima vez mira por dónde vas Embajadora"
-Te estaba buscando mi Capitana
-"Ya me has encontrado ¿Qué quieres?"
-He pensado que podrías venir al ala oeste, a pasarlo bien conmigo… me aburro sin ti
-"Pues cuenta baldosas si te aburres, déjame tranquila me voy a dormir"
-Prefieres dormir que estar conmigo
-"Ahora mismo prefiero tirarme al espacio sin balsa salvavidas que estar contigo"
-Pero…
-"Por cierto, vuelve a importunar a Emma y la que se irá al espacio de una patada serás tú"
Regina desapareció en dirección a sus dependencias privadas dejando a Tamy conmocionada, había fallado en su misión, la Emperatriz pediría su cabeza de eso estaba segura. A grandes pasos se dirigió al ala oeste, quitando un trozo de metal y dejando al descubierto su escondite, sacó su aparato de comunicaciones y mandó un mensaje que no tardó en recibir respuesta.
-"Fallé en la misión, no pude enamorarla, otra mujer se interpuso en mi camino"
-"¿Quién es ella?"
-"Una princesita salida de ninguna parte, se llama Emma Swan"
-"Has hecho un buen trabajo, mantenme informada de todos los pasos de mi hija"
Tamy parpadeó un par de veces, al parecer no iba a perder la cabeza, seguía en activo vigilando a Regina.
Al otro lado del universo, Cora dejó de lado el aparato desde el cual vigilaba los pasos de su hija con una carcajada. Sabía que Regina no aprendería jamás, era terca y obstinada, pero la información recibida era demasiado jugosa. Emma Swan estaba viva, esa mocosa se había convertido en la debilidad de su hija. Podía matar dos pájaros de un tiro, volver a Regina la hija dócil que siempre deseo y deshacerse de un incordio como la princesita Swan.
Ajena a la traición de Tamy y a los maquiavélicos planes de su madre, Regina entró en sus aposentos y automáticamente confirmó que Emma estaba completamente dormida. Sin hacer ruido se deshizo de su ropa poniéndose cómoda y se deslizó por el colchón, buscando la cercanía de Emma. La joven princesa murmuró en sueños y se dejó abrazar por la capitana, colocándose de tal modo que ambas encajaran a la perfección.
Un largo bostezo y, con una sonrisa, Regina poco a poco se fue quedando dormida, escuchando el corazón de Emma, sintiendo su aliento cálido sobre la piel.
Sus sueños poco a poco se llenaron con las imágenes de sus peores pesadillas. El negro fue cambiando al rojo, sus manos encharcadas en sangre y ante ella la figura de su madre, riendo de forma cruel y despiadada. El amor es debilidad, no dejaba de repetirlo entre risas y tras ella el cuerpo de su princesa, sin vida, con el río de sangre manando de su pecho y llegando hasta ella, encharcando sus manos, el amor es debilidad, ella es su debilidad y por eso corre peligro.
Con un grito de horror y un salto se sentó en la cama, sus jadeos irregulares y el sudor frío sobre su frente como señal inequívoca de su angustia, las lágrimas descendiendo por sus mejillas sin poder detenerlas y el corazón desbocado. Completamente desorientada y aterrada hasta que sintió un tenue abrazo a sus espaldas, recordando de pronto que no estaba sola, que Emma compartía su lecho y seguramente la habría asustado con su alarido.
La princesa permanecía en silencio, jamás había visto tan alterada a la capitana, tan asustada y vulnerable, había tenido una pesadilla horrible de eso estaba segura. La abrazó hasta notar que los latidos de su corazón se serenaban, al igual que su agitada respiración.
Una vez más tranquila, Regina se deshizo del abrazo de Emma y se levantó, rebuscando entre sus cosas hasta encontrar su tabaco y encendió un cigarrillo suspirando. Sin saber muy bien qué decir, Emma fue tras ella y volvió a abrazarla. La capitana no la separó, inconscientemente empezó a acariciar sus brazos con la mano que aun tenía libre pues la otra agarraba el cigarrillo.
-"Vuelve a la cama princesa, estoy bien, solo fue una pesadilla"
-A las cuatro de la mañana
-"¿Perdón?"
-Son las cuatro de la mañana, es la hora a la que venías a verme, siempre la misma hora… ¿Es por las pesadillas?
-"Sí, necesitaba saber que estabas a salvo"
-¿Por qué? ¿Salgo en ellas?
-"En todas y cada una, cada vez son peores, cuando me despierto no hay nada que apague la angustia, solo ver que estás bien"
-Estoy bien, estoy aquí contigo Regina
Mientras el cigarro se iba consumiendo, el abrazo de la princesa se hizo más fuerte, intentando demostrarle sin palabras a la capitana que estaba con ella en todo momento. Tras la última calada, Regina tomó su mano y se tumbó con ella en la cama, sabiendo que ya no conseguiría dormir, por lo menos Emma estaba segura entre sus brazos.
-¿Por qué yo?
-"…No lo sé"
Pero sí lo sabía, lo había sabido desde el principio, estaba enamorada y el amor era debilidad, Emma Swan era su mayor debilidad.
