DISCLAIMER: los personajes de Once Upon a Time no me pertenecen.
N/A: ¡Pequeña actualización! Jajaja es increíble, ya leí el libro pero igualmente me entusiasma mucho el siguiente capítulo (supongo que, que en esta oportunidad lo lea desde el punto de vista Swan Queen le da todo un encanto) y no quiero que termine!
Gracias por los reviews, mensajes y la buena onda :) Un beso!
EL LUNES SIGUIENTE
Por primera vez en su vida, Regina no pudo mantener su mente en el trabajo. La importante propuesta que se suponía iba a llenar la noche del viernes se mantuvo medio escrita en la pantalla de su ordenador, y durante los últimos veinte minutos había borrado y vuelto a escribir la misma frase.
El recuerdo de su fin de semana con Emma flotaba con insistencia a través de su cerebro, dejando fuera toda la actividad habitual. Simplemente no podía hacer ese proyecto de desarrollo de software.
El viernes por la noche en el ascensor había sido una epifanía, y el resto del fin de semana había hecho más que la promesa de aquella primera noche. El sábado voló en una nube de hacer el amor, risa y la conversación íntima que fluía en la mañana del domingo, luego amenazó con estirarse hasta altas horas de la tarde. Cuando ella y Emma finalmente se despidieron, fue sólo porque ambas estaban tan débiles y agotadas de tener sexo casi sin parar, que habían estado de acuerdo que descansar era necesario para el bien de su salud.
El domingo por la noche su corazón se desgarraba. Cuando Emma salió del apartamento de Regina, la magia parecía irse también. El extraño encantamiento que hizo que el resto del mundo fuera irrelevante se había ido. Desde ese momento, Regina se había vuelto cada vez más incierta de todo. Su increíble conexión, la pasión que habían compartido e incluso su confianza instintiva con Emma. Tal vez la química del cerebro y las feromonas había nublado su mente. En una neblina inducida por la lujuria, ¿alguien podría engañarse a imaginar el amor a primera vista, o al menos la posibilidad de una relación que se extendía más allá de un intenso fin de semana?
La mano de Regina se movió nerviosamente en el ratón se su ordenador y otra vez leyó la oración que expresaba con otras palabras de una forma obsesiva. Todo le decía levantar el teléfono y llamar a Emma, pero el miedo la contuvo. El fin de semana había sido increíble, si tratara de convertirlo en algo más lo echaría todo a perder. No podía decir si ese último beso a su puerta era uno de una serie de besos que conducían a ella y Emma hacia un futuro compartido, o si se trataba simplemente de un dulce adiós.
Regina estaba segura de que nadie quería que aquello perfecta aventura terminara. Pero parte del encanto de su apasionado encuentro con Emma fue el hecho de su corta duración. La realidad nunca tendría un impacto.
Ella tocó el teléfono y luego retiró su mano, poco dispuesta a hacer la llamada que confirmaría sus peores miedos. La opción elegante era esperar a que Emma la llamara. Si no lo hacía, entonces Regina sabría el veredicto y graciosamente se retiraría. Era lo suficientemente grande para aceptar el regalo que le había sido concedido y no exigiría más de lo que Emma podría dar. El teléfono de su escritorio sonó, y Regina se sobresaltó al oír el sonido, enviando el cursor a volar a través de su monitor con un movimiento de su mano.
−¿Hola?
Su voz temblaba tanto, sabía que sonaba como alguien diferente. Tragando, trató de producir el saludo con tranquilidad eficiente que ella normalmente daba recogiendo su línea de trabajo.
−Regina Mills al habla.
−Oye, niña del cumpleaños.
La voz masculina en el otro extremo envió un destello de decepción a través de ella, pero tuvo que sonreír a pesar de encontraste sola.
−¿Todavía me hablas? –preguntó el hombre.
Al parecer, Killian necesitó dos días y medio para reunir suficiente valor para llamar y ver lo cabreada que estaba por el asunto del striptease. Parecía nervioso, así que Regina decidió dejarlo sudar un poco.
−¿Por qué no iba a seguir hablando contigo?
Pudo oír que él vacilaba, sin duda preguntándose si su regalo de cumpleaños se había presentado durante aquella noche. Regina respondió fría, dejándole trabajar el coraje para preguntar.
−¿Recibiste mi regalo?− Su voz era una mezcla de preocupación y esperanza. −¿O es que ya te habías ido a casa?
−¿Tienes dudas acerca del striptease, ¿verdad?
Regina echó un vistazo a su puerta de oficina, verificando dos veces que estaba firmemente cerrada. Lo último que quería era que cualquiera pudiera oír por casualidad su conversación de strippers.
−Sí. −respondió
Una sonrisa vino a su rostro sin invitación. Se había prometido dar gracias a Killian por traer a Emma en su vida, por lo que lo hizo.
−Gracias.
−¿En serio? –Regina podría oír que él comenzaba a relajarse. −Así que, uh, ¿disfrutaste de ella?
−Durante toda la noche.
Killian, vaciló. Ella prácticamente podía oír los engranajes girando en su cabeza.
−¿Cómo dices?
−Has oído bien.
−Te dijo que sólo pagamos por media hora, ¿verdad?− preguntó desconcertado.
−Se fue la luz y nos quedamos atrapadas en el ascensor cuando la estaba escoltando a salir del edificio. −dijo Regina. −Estaba muy enojada contigo durante la primera hora o dos, lo admito. Pero lo superé.
−¿En serio?
Regina pudo escuchar la precaución en la voz de Killian. Obviamente él no sabía a dónde iba esto, por lo que estaba precavido. Regina se sorprendió a ella misma de estar contándole mucho de lo que pasó, pero no podía evitarlo. Se sentía bien confiar en un amigo.
−Es una chica muy agradable.
−¿Ella es ...?
−Su nombre es Emma. Está a punto de graduarse de la Facultad de Veterinaria.
Killian se rió, sonando incierto.
−¿De verdad te quedaste atrapada en el ascensor con la stripper?
−Confía en mí, ninguna de nosotras estaba feliz por eso al principio.
Regina ardía por contarle todo, aunque sea solo porque apenas podía creerlo ella misma. Pero dudaba en darle detalles, temerosa de que de alguna manera pudiera empañar lo que había sido la noche más increíble de su vida.
−Resultó ser un cumpleaños muy bueno, aunque no lo creas.
−¿En serio? −Preguntó Killian, acercándose a un tono burlón.
Al parecer, se sentía más cómodo ahora que sabía que su vida no corría peligro.
−¿Finalmente cediste a tus tendencias lésbicas?
Regina luchaba por no reaccionar al comentario burlón. No podía creer que le estuviese preguntando directamente si era lesbiana, pero al mismo tiempo, sabía que él no creía que algo hubiese pasado realmente aquella noche.
−En realidad, ella me tiró uno o dos palos, los cuales probablemente necesitaba.
−No puedo creerlo. −dijo Killian. −¿Así ustedes son como amigas ahora?
¿Eran amigas? Después de sólo un fin de semana, Emma se sentía como la mejor amiga que Regina había tenido nunca. También se sentía como una obsesión. Regina ansiaba tocarla otra vez, necesitaba probar su piel sólo una vez más. Pero, ¿qué quería Emma? No importaban lo sinceras que fueran sus promesas de "la próxima vez" mientras hacían el amor, no había manera de saber lo que ella sentía ahora que ella habían estado un tiempo separadas. Por todo lo que Regina sabía, Emma podría incluso darse cuenta ahora de lo aburrida que era realmente. Y Regina no estaba segura culparla.
−Sí. −finalmente decidió, −Somos amigas.
−Bueno, mierda. −dijo Killian. −Feliz cumpleaños.
−Ciertamente.
Regina miró el monitor de la computadora, frotándose la sien con un gesto cansado. No quería hablar más de Emma. Quería hacer esa propuesta para volver a aquella apariencia de normalidad.
−Oye, tengo una propuesta aquí que debería haber hecho ayer. Te llamaré más tarde.
Dijeron sus adioses y Regina colgó el teléfono con un suspiro de alivio. Su mano se quedó en el teléfono por un momento, y miró con recelo el teclado numérico. Hubiera dado cualquier cosa para que sea sábado por la noche otra vez. Estar en el interior Emma, empujando duro, sintiendo sus muslos firmes envueltos alrededor de sus caderas. Ahora, en la fría luz de la tarde del lunes, parecía poco probable que alguna vez experimentara esa sensación de nuevo.
Eran personas tan diferentes. Perseguir a Emma sería irresponsable y tonto. No importa lo que dijesen en el ascensor y luego durante las horas siguientes a su liberación, la verdad era que habían compartido un fin de semana loco y nada más. Regina sacó su mano del teléfono.
−Un fin de semana loco y nada más. −susurró ella, tratando de consolidar el control de la realidad.
Lo que había ocurrido entre ellas fue una de las mejores cosas que a Regina jamás le había pasado. Pero ya era hora de volver a la vida real, y tal vez aquello era algo bueno. Ella no sabía cómo estar en una relación. Si eso es lo que Emma quería, iba a estar decepcionada. ¿Y si nada de lo que ellas hicieran pudiera competir alguna vez con su maravilloso primer fin de semana, convirtiéndose en un amargo recuerdo? Regina no creía poder soportarlo si aquello ocurriese.
El teléfono del escritorio sonó de nuevo, y la hizo sobresaltar tanto que gritó y se llevó la mano al pecho. El corazón le martilleaba con locura bajo su palma. No cabía duda de que se trataba sólo un cliente, pero a pesar de que acababa de decirse a sí misma sobre no esperar saber sobre Emma otra vez, se encontró ándose del borde de la mesa en un intento desesperado por mantenerse atada a la realidad, Regina contestó el teléfono sin aliento.
−¿Hola?
−Hola. −Era Emma y su voz sonaba sexy como el infierno. −¿Estás ocupada mañana?
Regina se desplomó en su silla, exhausta por el alivio.
−Tengo una oferta que escribir, pero puede esperar. ¿Qué propones?
