Disclaimer: Si los de la CBS supieran lo que hacemos... ¡nos regalarían todos sus derechos y nos contratarían! Síiiiiii... y ahí fue cuando desperté.
N.A.: A ver, tengo muchas cosas que decir con respecto a este capítulo. Primero que es para mayores de 18 años!!! Por favor, respeten esto. NC-17 en el resto del mundo. Si lo leen es bajo su propia responsabilidad (adiós fluff bienvenido smut). Segundo: ya es oficial. Esto es lo más largo (literariamente hablando) que he escrito en mi vida, así que me siento un poquín orgullosa. Sólo un poco, porque la verdad es que (y llego al tercer punto con esto)... éste es el capi que menos me ha gustado de mis capis. Igual es difícil ser objetiva con uno mism, pero cuando lo escribí, no me sentí para nada satisfecha. Es que hay tanto que podría haberse hecho con esta situación, pero siento que no soy lo suficientemente talentosa para describir lo que pasa por las mentes de ellos y me he dado cuenta que como la escritora que NO soy, me falta desarrollar mucho la sensibilidad. Soy un robot. En fin, igual pienso que no me quedó ASQUEROSO, pero cómo me gustaría tener talento y haber aprovechado este capítulo al máximo. Les dejo lo que me resultó. Voy a llorar.
Ambos se abrazaron y se deslizaron hasta quedar acostados, frente a frente. Él abrió los ojos. Todavía con indecisión, pasó una mano por la suave mejilla de ella y luego la hundió en su cabello, acariciándole. Suspiró.
- Eres hermosa
Ella lo abrazó con todas sus fuerzas. Él la rodeó por la cintura y apoyó su mentón sobre el hueco entre el hombro y el cuello de ella. Olía a flores. Se giró hasta quedar encima de ella, sujetando su peso con codos y antebrazos. Le miró profundamente. Ella le sonreía. Toda huella de llanto se había borrado.
- Grissom
- ¿Qué?
- ¿Era eso lo que habías querido decirme toda la noche?
- Sí. Era eso lo que había querido decirte desde que te conocí. – le besó, esta vez más intensamente. Ya sin barreras levantadas, decidió que todo valía. Su boca dejó su rostro y se escabulló hasta su cuello. El animal depredador que llevaba dentro quería morder sin compasión a aquella nívea víctima, pero él no era del todo una bestia. Mordisqueó apenas, tan delicadamente que se transformó en un beso. Sara dejó escapar un gemido involuntario, lo que le produjo una ola de placer. Siguió hasta su hombro. Con mucho cuidado deslizó el tirante de la camiseta a un lado y dejó a la vista la cicatriz. La besó con ternura y le miró a los ojos.
- Lo siento. Nunca quise ponerte en peligro, Sara.
- Lo sé. Fue mi culpa. Además… - le empujó y ahora ella estaba sobre él – era la única forma de que me invitases a cenar – rió. Le besó y comenzó a desabotonarle la camisa. Él la detuvo, aprisionando su mano con la de él.
- ¿Estás segura de esto? – le preguntó preocupado.
- La verdad es que me gustaría esperar otros diez años más… ¡por supuesto que estoy segura! – protestó Sara
Grissom se alegró
- ¿Diez años? Como pasa el tiempo, pensé que era… - pero no alcanzó a terminar la frase porque ella le calló con un beso impetuoso. Casi le arrancó los últimos botones de la camisa. Él le quitó la camiseta con mayor rapidez. Cuando vio a Sara desnuda de la cintura para arriba no pudo evitar maravillarse. Lo único cercanamente bello que había presenciado alguna vez era el nacimiento de una mariposa, pero no existía comparación posible. La abrazó. Su piel se sentía deliciosa contra la de él. Sus pechos suaves contra su pecho. Su espalda tan lisa y cálida. Recorrió con sus dedos toda su columna lo que hizo que Sara se estremeciera.
Ella se levantó y sentada sobre él, comenzó a desabrocharle el pantalón. Él le ayudó a quitárselo. Sara pudo ver como su erección luchaba contra la ropa interior lo que la estimuló. Volvió a besar sus labios furiosamente. Tenían que detenerse cada cierto tiempo para poder respirar: ambos estaban jadeando.
Grissom volvió a girarla y comenzó a besar su cuello. Con la punta de la lengua lamió una gota de sudor que se había deslizado desde las sienes de ella. Notó que la respiración de Sara se hacía cada vez más rápida. Jugó con la lengua un buen rato hasta que sintió las uñas de ella enterrarse en su espalda. Sonrió.
Descendió lentamente, llenando su piel de besos, hasta sus pechos. Besó tiernamente un pezón. Con la otra mano comenzó a acariciar el otro seno. Eran suaves, más de lo que había imaginado. Siguió descendiendo hasta llegar a su vientre. Sara arqueó la espalda de deleite y Grissom aprovechó de pasar ambos brazos por debajo. Tomó el borde del pantalón del pijama junto con la ropa interior y la desvistió completamente: Sara estaba enteramente desnuda ante él. Besó lenta y cuidadosamente sus muslos, sus rodillas, sus tobillos, sus pies. Luego volvió a su boca con ansias.
Sara no aguantaba más. Quería sentirle dentro suyo. Quería tenerle. Llevó una mano a la espalda de él y apenas tocándole, la deslizó hasta su trasero. Con las dos manos le bajó el calzoncillo. Él se levantó un poco para ayudarle y se lo terminó de sacar. Ahora estaban los dos sin absolutamente nada de ropa.
Grissom le miró. Sara le miró de vuelta y le sonrió.
- Te amo, Sara.
- Pero eso ya me lo dijiste
- ¿Y no lo puedo decir de nuevo?
Ella rió.
- Sí puedes. De hecho, puedes decirlo cuantas veces quieras… no me molesta en absoluto.
- Teamoteamoteamo…
- ¡Pero no así¿No ves que pierde el sentido?
Grissom se acercó y le susurró al oído.
- Quisquillosa
Le mordió el lóbulo lo que transformó el naciente reproche de Sara en un quejido de gozo. Quería sentirla. Quería sentirse dentro de ella. Con mucha delicadeza y lentamente se introdujo en ella. Fue como si una corriente eléctrica de placer los hubiese recorrido a ambos. No pudieron evitar ella un gemido y él un gruñido.
Sus cuerpos estaban ahora completamente confundidos. Entre sudor, piel y besos era imposible distinguirlos. Se habían convertido en uno.
- Sara – dijo mientras comenzaba a empujar pausadamente – siento haberte herido… tantas veces en el pasado… siento no haberte dicho antes… cuanto te amo… perdóname si no fui lo que esperabas… - aumentó el ritmo – Sara, yo te amo… pero no soy… muy bueno… con las palabras… te hice tanto daño… nunca quise… ¡Oh, Sara! no sabes … cuantas veces imaginé… este momento…
- ¡Dios, Griss!
- … sólo en mis sueños… nunca quise… hacerte llorar… en mis fantasías… en mis brazos… mía… Sara, quiero hacerte feliz… quiero verte sonreír… siempre… sólo en mi mente… pero no es una ilusión… esto es real…
- ¡Gil…
- … no… quiero… perderte…- las palabras le salían con esfuerzo. Sus movimientos eran ahora frenéticos. Estaban al borde del clímax – no… puedo… vivir… sin ti… no… quiero… ¡Oh, Dios! – cerró los ojos con fuerza y apretó a Sara contra sí. Ella pudo sentir su sexo latiendo dentro de ella lo que hizo que alcanzara el orgasmo casi al mismo tiempo.
- ¡Oooh, Grissom!
Se aferró a él mientras sentía que explotaba de placer. Sus músculos temblaban y sintió como su interior se contraía provocándole a su amado unos últimos quejidos de fascinación.
Cuando se calmaron un poco, ella le empujó para mirarle a los ojos, pero él continuaba aprisionándola en sus brazos. De pronto, sintió su cara húmeda.
- Grissom
Él no contestó.
- Grissom. Mírame.
Lentamente él la soltó. Se echó un poco hacia atrás y le miró. Una lágrima –sólo una- se deslizaba por su mejilla. Ella se enterneció, pero no le dijo nada. Sabía que las palabras sobraban en un momento como ése. Se volvieron a besar, esta vez con terneza y afecto.
- Sara, me haces muy feliz.
- Y tú a mí, Griss.
Se abrazaron y acariciaron hasta que se durmieron como si se hubiesen sacado un gran peso de encima.
TBC
