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Katherine
En mi cabeza predominaba la embriaguez. La música, las luces y esos bailes con mi vecino buenorro hacían que mi cabeza diera vueltas sin parar. Era tarde, y yo lo sabía. Mamá se pensaba que estaba durmiendo en casa del abuelo, y el abuelo que estaba en casa de una amiga. Me sentí mal por un momento al acordarme. Un sentimiento de culpabilidad se apoderó de mí. Pero se me pasó cuando Damon me sonrió.
De repente una vocecita cruel me habló en mi interior: "¿Qué vas a hacer con este chico, Katherine?" Sabía perfectamente lo que él quería y la verdad es que era un poco extraño porque no le conocía de nada, pero… No sería mi primera vez, estaba buenísimo, era mayor y yo esa noche me sentía muy rebelde. Estaba cansada de estar bajo los brazos sobreprotectores de mi madre. Y por fin, en dos días me iba a sentir tan libre como quisiera, empezando una nueva vida. Quizás fue ese sentimiento de libertad el que me impulsó a dejarme llevar.
Sonreí con fuerza y me sentí valiente. Tanto que de repente estaba acercándome a Damon. Acercándome lo suficiente como para quedarme a escasos centímetros de su boca. Él sonrió pícaro. Me miró de arriba abajo y acercó su boca a la mía de manera brusca. Se quedó a milímetros de ella. Sentí como el deseo de mi cuerpo reaccionaba y me abalancé a su boca. El dio un ligero movimiento hacia atrás dejando mis labios al aire y me mordió el labio inferior con sensualidad. Esperé que en ese momento me besara, pero no lo hizo. Muerta de ganas pasé mis brazos por detrás de su cuello haciendo que nuestros cuerpos se chocaran y se tocaran. Noté como sus manos bajaban por mi espalda hasta agarrar mi culo con ambas. Pegué mi frente a la suya, deseando que simplemente me besara. Volvió a acercarse a mi boca y esta vez tampoco me besó, esta vez me recorrió el labio superior con su cálida y húmeda lengua con delicadeza. Mil escalofríos recorrieron mi cuerpo. Y mis piernas fallaron, dejaron de moverse al ritmo de la música para tensarse.
-¿Qué te pasa? – me susurró en la oreja - ¿Estás cansada? ¿Quieres ir a casa?
Me quedé pensando, ¿se refería a mi casa o a la suya? Porque a la mía yo no podía ir. Y al ver mi cara de desconcierto volvió a hablarme.
-Podemos seguir la fiesta en mi habitación. – se limitó a decir. ¡Qué directo! Pensé. Me encantó. Y asentí con la cabeza casi instintivamente. Me cogió de la mano para dirigirnos a la salida. No veía nada por delante de él a causa de que había mucha gente pero sé que de repente se paró y le vi decirle algo a una chica que estaba delante suyo mirándole con cara de admiración, o eso parecía. Luego entendí por la situación que se le había caído el bolso y él se lo había devuelto. Pero ¿por qué esa chica le había mirado así´? De repente él se giró hacia a mí, se acercó a mi oreja y me dijo: -Vamos por ahí mejor. – señalando otro camino - Aquí hay mucha gente. – Le miré mientras decía eso y pude ver como su mirada era mucho más seria, fría. Ahora sus ojos eran azul hielo.
Al coger el taxi noté como esa tensión que había entre Damon y yo en la pista de baile iba desapareciendo. Él miraba por la ventana, y estaba serio. Yo no entendía que le había pasado así que decidí preguntar.
-¿Estás bien? – dije en un susurro dulce y suave poniéndole una mano en la rodilla. Él agachó su mirada hasta mi mano y la retuvo durante unos segundos. Seguidamente me miró a los ojos. Tenía unos ojos tan bonitos. Asintió con la cabeza mientras esbozaba una ligera sonrisa torcida.
-No te preocupes, pequeña. – me dijo dulcemente. Y yo le devolví la sonrisa. No pude evitar que me saliera algo picarona.
Llegamos a su casa poco después. Me pregunté si Stefan debería dormir. Aunque la verdad es que estaba aturdida por el alcohol y la cabeza me daba vueltas, lo poco que podía pensar eran preguntas que me hacía esa maldita voz de mi conciencia. "¿Cómo has acabado con Damon, Kath?" "¿No era en Stefan en quien te habías fijado en el umbral de la puerta?" "¿Vas a acostarte con su hermano? ¿Enserio?" Sabía que esa voz tenía razón en que me había encantado Stefan desde el primer momento. Pero su apuesto hermano había sido tan tremendamente cautivador… la había ido atrayendo hacia él lentamente mientras le servía ese delicioso Bourbon y le regalaba los oídos con palabras sexys. Me sentí algo imbécil por un momento y me di cuenta de que estábamos cruzando el umbral de la puerta. ¿Qué debía hacer ahora? Me pregunté casi hablando con migo misma con preocupación. Y de repente, una oleada azul, unos brazos acariciando mi cuerpo, mi espalda empotrada contra la pared y unos labios encima de los míos hicieron que todas esas preocupaciones desaparecieran. Noto una de sus manos en mi cintura y la otra en la nuca, atrayéndome hacia él con fuerza. Noto como sus labios terminan de presionar los míos e introduce su lengua en mi boca de una manera lenta y delicada, después aparta su boca de la mía y me mira. Puedo notar como mi mirada es de total sumisión, puedo notar como ahora mismo haría y daría cualquier cosa por un poquito más de esa pasión. Y cuando el vio en mis ojos la desesperación se abalanzó sobre mi cargado de excitación. Nos acariciamos todo lo que estuvo a nuestro alcance mientras nos besábamos. Le quité la camiseta con un movimiento violento y rápido que me sorprendió a mí misma. Su dorso era perfecto, pase mis manos por sus perfectos abdominales y pectorales, disfrutando de esos músculos. Fue imposible evitar sonreír pícaramente. Me cogió del culo levantándome mientras yo envolvía su cintura con mis piernas y su cuello con mis brazos. Me mira y me toca un pecho apretándolo suavemente. Nos excitamos más los dos. Nuestras miradas se cruzaron por un segundo y supo lo que tenía que hacer.
Subió a trompicones las escaleras conmigo encima mientras nos besamos. Me llevaba a lo que debía ser su habitación. No fui capaz de fijarme mucho, por la pasión del momento, pero la protagonista de su habitación era una cama enorme de madera y sábanas negras. Me tiró en ella y casi me arrancó la camiseta. Yo me quedé mirándole estupefacta por sus hábiles y expertas manos y acto seguido me quitó los pantalones dejándome en ropa interior. Yo seguía tumbada, mirándole y él se estaba desabrochando los pantalones mientras me miraba con malicia. Se los bajó a la vez que los calzoncillos quedándose desnudo delante de mí. Después se inclinó un poco, puso las manos sobre mis tobillos y me recorrió las piernas con las yemas de los dedos de manera delicada hasta llegar a mis bragas, las cogió de los lados y las bajó bruscamente. Yo me dejaba hacer, estaba increíblemente excitada. Lo siguiente que vi fue una sonrisa torcida y noté como se tumbaba encima de mí sin dejar de mirarme. Me besó delicadamente, pasó una de sus manos por mis sonrojadas mejillas y se introdujo dentro de mí, haciéndome gemir una y otra vez.
-Ahora vuelvo. – susurró un rato después justo terminamos con el sexo. Yo todavía andaba perdida entre sus sábanas, intentando asimilar el despilfarro de deseo y pasión que habían vivido esas cuatro paredes. No sabía qué hora era, ni cuando me dormí, ni cómo dormí, ni que soñé. Solo sabía que nunca había vivido un encuentro sexual como ese, que al día siguiente me arrepentiría, y que él, no iba a volver. Entonces me dormí.
