Disclaimer: *suspira* ¿En serio tengo que hacer esto siempre, con cada capítulo? La inspiración del cuento de Horacio Quiroga "El almohadón de plumas", los personajes de Stephenie Meyer y demás locura es mía. ¿Podemos empezar ya? Las veo abajo.

Capítulo Once: Mía

El cielo detrás de la pequeña ventana empezaba a teñirse de un azul profundo, bastante oscuro, haciendo que el rojo empezara a desvanecerse como el agua desvanece una mancha de sangre. En cualquier otro día, eso la hubiera alegrado. El crepúsculo y la noche eran las mejores partes del día. Sin embargo, el azul oscuro sólo la entristeció más e hizo que la preocupación dentro de ella creciera.

Había intentado de todo para tratar de olvidar la preocupación que sentía. Había pensado incluso en checar si estaba bien, pero le había parecido estúpido hacerlo. ¿Qué podría haberle pasado? Ella no era estúpida, de seguro no había intentado algo suicida sólo por haber visto su rostro en una portada barata. Pero había crecido en su interior un cariño superior a cualquiera que hubiera sentido antes. Era un regalo y una tortura a la vez…

Ya no aguantaría mucho más la estúpida preocupación si esto seguía así.

"¿Qué crees que ha hecho, Alice?" ¿Acaso crees que se ha suicidado? Bella no es así, no habría cometido una estupidez solamente por eso…"

Miró a su alrededor, buscando algo de nuevo que la reconfortara. Se encontraba en un apartamento pequeño, nada fuera de lo normal. Un par de sillones se hallaban detrás de ella, que se colocaban enfrente de un televisor modesto. Atrás, una pequeña cocina que servía como coartada y al lado, el pequeño comedor para tres personas. Al lado, la habitación con una cama dentro y un pequeño armario que se encontraba delante del baño. No era para nada familiar. Pero ningún lugar era familiar cuando se encontraba con él. Siempre cambiaba de lugar, siempre. Sin embargo, no le molestaba. Eso lo hacía mucho más interesante…

Había llegado ahí hacía unas horas atrás, cuando le había mandado un mensaje por teléfono. Habían acordado que no se volverían a ver hasta dentro de una semana desde la última vez, pero no soportaban mucho tiempo separados. Pensó que si iba al apartamento, olvidaría la cara de decepción y tristeza de Edward. Apenas si había llegado un par de minutos para cambiarse una camisa ligeramente empapada de sangre. Había llegado de un pésimo humor ese día, con la cabeza gacha y meditabundo. Cuando preguntó porque, Edward apenas si notó la pregunta. Parecía un reflejo de la tristeza y preocupación de Alice.

Eran en estos momentos cuando Alice se alegraba de no ser capaz de llorar. Eran pocos, pero los había.

La puerta se abrió sonoramente, mientras una suave brizna entró a la estancia. Alice ni siquiera necesitó voltearse. Sabía que era él antes de que un par de brazos fuertes la estrecharan.

-¿Por qué tan pensativa? ¿Acaso estás preocupada?- preguntó. Alice sonrió. Siempre sabía de qué humor estaba, aún cuando no la tocara. Su amor tenía el extraño don de saber el humor de las personas sólo si las tocaba, pero con ella era diferente. No importaba si era por celular o si estaban a unos cuántos centímetros de distancia, el siempre sabía su estado de humor sin que la tocara.

-Sí, estoy preocupada, eso es todo. Bella aún no me ha llamado aunque me prometió que lo haría.

-¿Por qué?

-Vio la portada de Glimmer y se puso como toda una fiera al ver su cara junto con Diego Hill.

-Sí que odia los chismes, ¿no es así?

-Sí, si los odia.

Un silencio tenso. Alice sabía cuánto odiaba Jasper que ella le tuviera cariño a una humana. No es que la creyera débil, ni mucho menos, pero le daba miedo la poca vida que una humana podía tener. Eso, y la vulnerabilidad. ¿Qué haría ella sin su amiga castaña que tanto la hacía reír? Se deprimiría hasta el resto de sus días, si eso era posible, y a Jasper también le afectaría. Sería una efecto dominó por el cual Jasper rezaba no se desencadenará en ningún momento cercano.

-Te preocupas demasiado, cariño. Probablemente se le ha olvidado y ahora debe estar leyendo una de sus muchas novelas.

-Lo sé, lo sé, pero mi lado débil no puede evitar conmoverse.

-Bueno, no es por ofender, pero creo que ambos tenemos asuntos más importantes de los cuáles preocuparnos.

Alice se volteó y enterró su cara aun más entre la camiseta de su Jasper. Jasper suspiró y le besó la coronilla.

-Siempre tenemos algo de que preocuparnos. Siempre. No importa donde estemos, el miedo siempre nos alcanza…- murmuró con voz ronca. Miró hacia el vacío, mientras Alice se limitaba a cerrar los ojos.

-¿Nunca has pensado que tu vida sería más fácil si no te hubieras enamorado de mí? Te habrías podido escoger a una recién nacida, como tu. Así no tendrías que preocuparte de escoger un nuevo lugar, de cuidar tu rastro, de no dejar que ningún otro vampiro te vea…

-Claro que lo he pensado. Pero no cambiaria esto que tengo contigo por nada del mundo. Y eso es decir algo.

-Eso es tierno, Jasper, pero en serio, tu vida sería mucho más fácil.

-Oh, la emoción de saber que si nos descubren somos vampiros exterminados altera la rutina de todos los días. Aparte, dicen que la rutina siempre mata el romance.

En otro día, Alice se habría reído. En serio. Pero ese día la tenía bastante lúgubre, más lúgubre que de costumbre. ¡Cómo le habría gustado borrar todos los malos sentimientos simplemente abrazando a Jasper como con otras ocasiones! Pero había noches en las que se preguntaba si merecía a su Jasper, aquel vampiro tan maravilloso que ahora la abrazaba tiernamente. No pedía nada a cambio, más que amor. Hundió su cabeza aún más en su suéter, extrañadamente perfumado con un aroma profundo e hipnotizante.

De vez en cuando se sentía culpable. Muy culpable, aunque sabía que en realidad no había sido su culpa. No era la culpa de ninguno de los dos. Su amor era "prohibido". Era romántico, claro que lo era, pero era siempre peligroso. Alice era parte del clan Cullen, los líderes de una zona que abarcaba cuatro ciudades. Por ley vampirica, ningún otro vampiro podía cazar o habitar ahí a menos que pidiera un permiso en dónde debía darle al clan la mitad de toda la riqueza que acumulara ahí. La zona de ellos era de por sí bastante grande y por ello no faltaban vampiros que quisieran habitar ahí sin pedir un permiso. Si se descubría a un vampiro extraño cazando por la zona sin permiso se le exterminaba.

Lamentablemente, Jasper no era parte del clan. Y por eso, ella y Jasper debían juntarse como un par de amantes desgraciados que sólo se veía cuando no había nadie patrullando o cuando Jasper ocultaba muy bien su rastro. Pero era parte del juego, de un juego que ambos tenían que jugar para estar juntos. Si los demás se daban cuenta, los matarían a ambos. Y no de una forma precisamente rápida…

Huir tampoco formaba parte del clan. Aunque a Alice venía e iba a su gusto por el país y por el mundo debido a un permiso especial que se le daba solamente a ciertos vampiros, no podía quedarse mucho tiempo en un lugar. ¿A dónde podrían huir? Implicaba demasiado esfuerzo, demasiado trabajo, demasiado dinero. Y sólo podrían sobrevivir unos cuántos años, cuando mucho.

Cerró los ojos y trató de olvidarlo todo, de bloquear todos los pensamientos negativos que embargaban su mente. Miró hacia la ventana, de nuevo, mientras Jasper la mecía como a una niña pequeña. La noche ya había consumido toda la luz del exterior dando paso a una nueva noche, en dónde todo su clan saldría a cazar de nuevo. Besó de nuevo en la mejilla a Jasper y suspiró.

A veces le gustaría tanto simplemente olvidarlo todo…


-Dios me ampare. ¿Desde cuando me he vuelto una loca llorona sin arreglo?

Su casa estaba hecha todo un desastre: papeles por doquier, cuchillos y utensilios de cocina desperdigados por toda la sala y hasta la cafetera estaba tirada en el frío suelo no muy lejos de la mesa. No recordaba haberla tirado. Su máquina preferida estaba hecha trizas en el suelo…

Pobre Edward. ¿En serio se había enojado así con él? Había no solamente descargado toda su furia en un individuo que tenía apenas la mitad de la culpa si no que también le había gritado y lanzado cosas al azar. Sin embargo, la pena le duró poco. Se lo merecía. Probablemente lo hubiera hecho de nuevo si hubiera podido. Suspiró, y sintiéndose pésimo (como un guiñapo humano) se sentó en el sofá quitando de encima algunos papeles y lápices que había lanzado antes. Recostó su cabeza en el sofá y cerró los ojos.

-¿Desde cuando eres una loca llorona sin remedio? Pues bueno… ya estabas así para cuando te conocí.- Edward entra silenciosamente en la habitación, mirando el tiradero que era la casa. En lugar de sentarse al lado de Bella como en alguna otra ocasión habría hecho, se limitó a quedarse parado enfrente de la puerta.- ¿No deberías estar en sesión ahora mismo con un psicólogo?

Las comisuras de la boca de Bella se levantan un poco, dejando ver una patética sonrisa. ¿En serio apenas unas horas antes habían tratado de violarla y matarla?

-¿Por un intento de violación? No. Soy bastante buena enterrando recuerdos malos.

Bella, tratando de saber porque rayos le sigue dirigiendo la palabra a un vampiro que acaba de asesinar a un montón de personas en su cara, levanta la cabeza y trata de encontrar la mirada esmeralda de Edward, pero esquiva la mirada rápidamente. Con la cabeza gacha, Bella nota que se le ve apenado, casi con vergüenza.

Una nueva faceta de Edward que no esperaba conocer nunca, ciertamente. Sin embargo, él, rindiéndose, levanta la mirada y se la sostiene hasta que finalmente suspira y se pasa la mano por el cabello.

-No deberías mirarme con esa intensidad. Ni con esa confianza y curiosidad. Deberías temerme. ¿Dónde esta esa poca sensatez que mostraste hace apenas unas horas?

-Desapareció hace ya varias horas. Y si tanto te importa que te tema, ¿Por qué no vigilas desde fuera?

Edward apartó la vista, molesto. ¿Acababa de decir algo malo? ¿Es que acaso no todas sus conversaciones se basaban en algo extraño, en alguna verdad escondida? Casi nunca lo entendía, e incluso dudaba que alguna vez lo hubiera hecho. Edward era un laberinto en donde costaba siglos buscarle una entrada, una entrada a su frío y duro carácter. Cuando una por fin lo encontraba, lo que veía era un sin fin de trampas, murallas y confusiones, en donde cada vez que creías encontrarle sentido, algo cambiaba súbitamente y te dejaba aún más confundida.

Sin embargo, antes de que Bella preguntase que había dicho de malo, el timbre de la puerta interrumpe sus palabras. Edward, súbitamente interesado, mira hacia la puerta con los ojos muy abiertos para después cerrarlos hasta dejarlos como unas rendijas que sólo destilan odio.

-¿Quién es?

-Tu mejor amigo, Diego Hill. Al parecer, quiere disculparse contigo y aclararte unas cuantas cosas de la estúpida revista de la mañana.

-Oh perfecto. Justo lo que me faltaba…

-Bella sé que estás ahí. Puedo oír tu voz aún desde aquí. Por favor, abre, tengo que hablar contigo.

-Qué irritante.- Edward resopla, cruzándose de brazos.- En mi época, ciertamente, jamás habríamos tratado así a una dama en pleno cortejo…

-¿Tú época? – Bella lanzó una mirada asesina a Edward, mientras este levanta una ceja, irritado.- ¿Acaso viviste en la época del caldo? Y ¿qué hay de eso del cortejo? No me esta cortejando, y si fuera así, ahora se le dice ligar.

-No cuchichees. ¿Qué tiene de malo? Ah pero claro, se me olvidaba: no quieres que se entere de que estás viendo a alguien más a aparte de él, tu queridísimo Diego Hill.

Bella lo miró de nuevo, confundida. ¿De dónde salía esa actitud tan defensiva, tan tajante y odiosa? Incluso él era, de vez en cuando, más irritante que Diego… Sin embargo, aunque Edward simplemente se limita a verla indiferentemente, Bella ve una ligera sombra en esos ojos esmeraldas.

-Bella, por favor. Abre, no puedes negarte a hablar conmigo porque seguiré tocando y tocando hasta que respondas.

Mierda. Suspirando una última vez, se levanto del sofá y rezando porque no tardara mucho, abrió la puerta, con una ceja levantada.

-¿Sí?

Al parecer, no esperaba que Bella abriera la puerta, porque se sonrojó muchísimo. Se pasó la mano por el cabello antes de responder:

-Tengo que hablar contigo por lo de la portada y el artículo de Glimmer.- murmuró Diego, apenado.

Ahora a Bella esa revista no podía parecerle más insignificante. ¿Se había enojado por algo tan superficial, por algo tan superfluo como por un chisme? Sin embargo, no creía que Diego lo entendiera. Así que, tratando de ponerse del mejor humor posible, trato de controlar su expresión que denotaba todo el cansancio que sentía.

-¿Qué quieres hablar conmigo sobre eso?

-Yo, la verdad… no sé quién tomo esas fotos ni quien le dijo todo eso a esa estúpida revista, pero te prometo que averiguare quién fue. Lamento si te provoqué algún problema con tu esposo…- Diego se ruboriza un poquito más, evitando mirarla a los ojos.

-No hay problema, no hemos hablado de ello. ¿Algo más?

-Yo… yo… lamento haber hecho eso durante esa idiótica cena… apenas si te conozco, y se que probablemente no me creerás, pero…

-Bella, ya me estoy aburriendo. ¿Es que vas a venir a ver la película o que?- Edward apareció, de la nada, detrás de Bella, con una mirada inocente y una expresión tranquila, como si no hubieran pasado por una rabieta explosiva, un intento de violación y una conversación extraña.

Mierda. Por la mirada de Diego, Bella empieza a sospechar que no le va a agradar para nada el vampiro que esta a solo unos cuantos centímetros.

-Oh, veo que tienes a un amigo en casa. No lo conozco. ¿Cuál es su nombre?- Diego miró a Edward de una forma tan intensa y tan llena de odio que Bella empezó a mirar nerviosamente a ambos.

-Soy Edward Belacqua*, el mejor amigo de Bella desde la infancia. Tú debes ser Diego Hill, te he visto un par de veces en la tele y el día de hoy en la portada de una revista.- Edward estiró la mano agradablemente y esbozó una sonrisa tan encantadora y tan hermosa que ambos, Diego y Bella, se quedan momentáneamente sorprendidos y embobados por tanta belleza.

Diego tardó un momento en recuperarse del shock, pero cuando finalmente lo hace, trató de ser también lo más hipócritamente encantador posible.

-En efecto soy Diego Hill. Yo soy solamente un amigo de Bella que conoce hace un par de días, pero creo que hasta ahora nos llevábamos bastante bien.

-No parecías exactamente un amigo cuando intentaste besar a Bella en la foto que vi hoy en la revista.- una risa musical sale de la boca de Edward, una risa tan encantadora que sólo Bella puede ver que es completamente falsa.

Doble mierda. Sólo Edward puede hacer un comentario de ese estilo. ¿Pero que demonios piensa hacer? Ambos tratan de fulminarse con la mirada, claramente odiando al otro con bastante pasión. Es tanta la tensión que casi se puede cortar.

-Y por eso estaba disculpándome antes de que tú llegaras a la conversación.

Triple mierda. Edward le dice a Diego pervertido y él le dice al vampiro entrometido. Ambos tenían razón sobre el otro, eso quedaba bastante claro para ella, pero le preocupaba como habría de reaccionar el inestable vampiro.

-La disculpa se oía desde donde estaba y sonaba más como una declaración de amor, si quieres mi opinión.

-Nadie te la pidió.

-Si, pero me gusta darla. ¿Algún problema con ello?

Preocupada, Bella empezó a reírse histéricamente, alternando su mirada entre los dos individuos que no dudarían en darse unos cuántos golpes.

-¿Por qué, porqué tanto odio y arrogancia entre ustedes, eh? A-apenas se conocen…

-Sí, Belacqua, ¿porqué tanto odio? Hasta casi se podría decir que estás a la defensiva, casi celoso. ¿No eras solamente el mejor amigo de Bella desde la infancia?

-¿Celoso? ¿Yo? Claro, Hill, el intento de reclamo y ofensa es casi patético. Y no sé, hay algo mal contigo que se ve y se siente desde lo lejos. Hay algo en ti que no cuadra, por eso tanta arrogancia. Por favor, tómatelo como algo personal.

-Qué gracioso, Edward, qué gracioso. Tienes razón, hay que ver la película. Bueno, acepto tus disculpas Diego, aunque no tenías que. Sé que fue un accidente. Vamos, Edward, la película se entrega mañana. Nos vemos Diego, luego vemos mejor lo de mis dibujos.

Empujando a Edward con toda la fuerza con la que fue capaz, Bella metió poco a poco al vampiro hasta que éste finalmente cedió y dejó que Bella lo llevara dentro con un suspiro audible y una sonrisa altanera dirigida especialmente hacia Diego. Esperó a que los pasos se extinguieran después de unos minutos para finalmente dirigir su mirada asesina hacia el vampiro que hacía creer que era completamente inocente.

-¿Q-qué rayos fue eso? ¿Desde cuando apareces detrás de la gente y te comportas de esa manera?

En lugar de simplemente quedarse plantado enfrente de ella, Edward empezó a caminar alrededor de la estancia, con los brazos cruzados detrás de la cabeza y los ojos esmeraldas con un brillo travieso.

-Sólo quería jugar con Hill y contigo un ratito. Y si tuvieras la facultad de leer mentes, que agradezco a Dios que no te la haya dado, tampoco soportarías los estúpidos pensamientos de Hill. Pocas personas me irritan más que él…

-¿Jugar conmigo y con Diego? ¿Pero en que estabas pensando? ¿Qué tal si el conocía a algún vampiro que te conociera? ¿Qué tal si sospechaba que no eras un humano?

-Por favor, Bella, pocas personas apenas si intuyen que no somos humanos. Y no, no conocía a algún vampiro pero se le hizo raro tanta belleza en una persona.- esbozando una sonrisita de suficiencia, finalmente se para enfrente de la cafetera y voltearse para escrutar a Bella con sus ojos esmeralda.- ¿Sólo te preocupaba eso?

Una risa histérica y nerviosa empieza a salir del pecho de Bella. ¿Qué si sólo eso le preocupaba? No, por supuesto que no. En realidad, era lo que menos le importaba. Lo que en realidad empezaba a molestarle era la tensión que crecía entre esos dos estúpidos inútiles que parecían dos gallos de pelea, dispuestos a destrozarse el uno por el otro. Pero claro, Bella no iba a admitir eso enfrente del estúpido vampiro enfrente de ella.

-¡Y-y aparte te divierte! No, no me molesta eso, Edward, ni siquiera me molesta el hecho de que te hayas portado como un estúpido enfrente de Diego. ¡Me molesta el hecho de que te creas con el derecho de portarte como mi mejor amigo cuando en realidad apenas si te conozco! ¡No eres nada mío, Edward, simplemente un vampiro para el cuál soy la cena congelada! ¡No soy un maldito juguete! ¡No somos unos malditos juguetes!

-Ya te lo dije: sólo quería divertirme un rato. Ya sabes, tú no aportas mucha diversión y sinceramente los pensamientos de Hill empezaban a ser muy desquiciantes. Si tan sólo hubieras oído el final de la oración antes de que yo llegara…- Edward volteo la cara, hablando esta vez en murmullos, borrando esa máscara de travesura en su rostro y volviendo su tono mucho más sombrío.

-No tienes derecho a. Aunque juguemos este estúpido juego al que jugamos, al menos merezco un poco de respeto, ya sabes.

-¿Qué juego jugamos?

-Aquél en donde jalamos y aflojamos, en donde ambos fingimos ser el amigo del otro para que así tú puedas juguetear conmigo y yo calmar mi dolor. Odio este juego pero cumplo mi palabra Edward. Odio cada maldito minuto de él, pero te lo prometí.

-Es un juego que tu quisiste jugar. Por mi estarías…

-Bien muerta, ya lo sé, Edward, ya lo sé. Pero no por eso vas a dejar de ser un estúpido. Por aunque yo esté muerta, nunca vas a cambiar y tú y yo lo sabemos.

La puerta se abrió súbitamente, dejando que un vendaval entrara de la nada en el salón, mientras que un par de bombillas explotaban en la habitación continua. El vendaval voló los papeles y hojas en la habitación, convirtiendo todo en un breve remolino. Parando tan súbitamente al igual que había llegado, todo volvió a la normalidad dejando perpleja a Bella.

-No deberías llamar a un vampiro estúpido, Swan.

Bella buscó con la mirada a Edward, pero no lo encontró en ningún lado. Aterrada, se fue hasta una esquina, completamente asustada por un momento.

Volvía a estar harta. El sabor metálico y molesto del miedo, aquella sensación que había estado sintiendo tanto últimamente. Miedo por si misma, miedo por los demás. Incluso miedo por Edward.

- Esa noche no mencionaste que podías hacer este tipo de cosas, Edward.- siguió escrutando la negrura, buscando a Edward. ¿Cómo hacía para esconderse tan bien y para no hacer ruido?

Claro, se le olvidaba: ese era básicamente todo su maldito trabajo… para matar humanos.

-No lo pensé necesario. Pero, si ayuda para que tu cabeza comprenda, sólo podemos hacerlo cuando realmente sentimos algo, como el enfado, por ejemplo. – otra bombilla explotó en la habitación al igual que se oía el crujido de un cristal. Edward simplemente rió de la cara de susto de Bella y suspiro audiblemente.- Por eso jamás le digas a un vampiro estúpido. Y seguiré tu consejo Bella: te vigilaré desde fuera. No eres más que una chica estúpida que no sabe como lidiar con las cosas. No eres más que eso…

Bella rió, una mezcla entre una risa histérica y una risa de verdad. Conocía tan bien ese tipo de afirmaciones, las había oído muchas veces de todo tipo de personas. Era el tono que usaba alguien cuando deseaba convencerse a si mismo de que algo era cierto, cuando muy bien sabía que se estaba mintiendo patéticamente a uno mismo.

-Parece que intentas convencerte a ti mismo.

Edward finalmente caminó hasta la luz que entraba desde la puerta, cuidadosamente, sin hacer ruido. Parecía un príncipe fantasma que rondaba en su castillo ya destruido, dónde alguna vez había amado a una doncella de la corte que ahora yacía muerta en algún lado. Aún era visible la rabia que se mezclaba con un poco de confusión en esos ojos esmeraldas que escrutaban la nada. De nuevo, Bella no podía más que verlo como la mortal que era, contemplando algo tan bello y hermoso que no podía ser humano.

-Eso hago. Y lamento si te asusté en todo el transcurso del día. Pero es lo mejor Swan: temerme. Todos lo hacen. La pregunta es: ¿por qué tu no? Precisamente: ¿por qué tu no?

Y de nuevo, dejándola con las palabras en la boca, la dejó abandonada en la esquina, mientras desparecía detrás de la puerta, dejándola igual de confundida y con el corazón en el puño. Y aún cuando fue capaz de levantarse y dirigirse a la cama las palabras de Edward seguían sonando por toda la casa, como si las siguiera pronunciando solo para molestar:

¿Por qué tu no?

¡Hola de nuevo, chicas! Sí, sigo viva. Por fin (¡por fin!) esta el capítulo once. Este costó un poquito más que los demás, por alguna razón que desconozco… Aparte, fue mi cumpleaños, chicas, sean comprensivas.

Qué día tuvo Bella, ¿no creen? Intento de violación, escenita de celos, una conversación ciertamente extraña… Dios, sólo Bella puede tener un día así. No sé ustedes, personas, pero yo me divertí mucho escribiendo la escena de celos entre Diego y Edward. Al fin empiezan a sentir algo esos dos (bueno, tres)…

Ya como parte final de las usuales larguísimas notas, sólo quería aclarar que no se preocupen si no pongo capítulos pronto, los pondré tarde o temprano. Voy a terminar esta historia, pase lo que pase. Por favor, pongan un review, les cuesta unos minutitos y así las anima a que siga escribiendo con todos esos lindos reviews que dejan. Aparte, doy un preview :D

Bueno, gracias por leer esta loca historia!

Stardropper ;)