Susana

Seguía recostado en la litera, abrí los ojos y miraba el techo de mi compartimento en un punto fijo recordando cada palabra escrita por mi padre y, me doy cuenta que en esta etapa de mi vida puedo comprender cada una de ellas y sé que fue sincero al expresarse. De un momento a otro salí precipitosamente de mis pensamientos cuando tocaron la puerta y era el boletero que estaba chequeando los pasajes rumbo a Paddington, ya estábamos a una hora de llegar y necesitaba corroborar aquellos pasajeros que habían subido en la última estación.

Una vez que el hombre se había retirado, volvió a cerrar la puerta y me senté en la litera, coloqué mi rostro en ambas manos y recordé cómo me hizo sentir aquella carta de mi padre, realmente estuve a punto de cometer un terrible error si enviaba la carta escrita horas antes cuando yo sentía que había superado muchas cosas vividas en mi infancia y adolescencia y no sentía la necesidad que me pidiera perdón; pero al hacerlo, removió la careta de altanería, orgullo e insensibilidad que sostenía con él, simplemente lo vi como un hombre sin portar ningún título nobiliario, a un ser humano que se equivocó y que de alguna forma trataba de enmendar sus errores y ¿quién era yo para juzgarlo?, si él era mi padre, y según me dijo fue él quien me cargó con manos temblorosas cuando yo era un bebé y completamente vulnerable amándome desde antes que yo naciera. ¿Cómo después de eso podría odiarlo?, no, era imposible odiarlo, imposible guardarle rencor, no era necesario perdonarlo porque hace mucho y sin saberlo ya lo había hecho, es más… lo amaba.

Ese día, el de mi cumpleaños, esperé de forma ferviente alguna comunicación, algún indicio que Candy recordaba esa fecha, pero no tuve noticias, al parecer ella había tomado rumbo a su vida y yo solo ocupaba un capítulo ya pasado que vivió y lo más seguro era que no quisiera recordar por lo doloroso que sería hacerlo. Llegó la noche y nada, ¡absolutamente nada!, como todos los años que pasé en su ausencia luego de nuestra separación y si no fuera por lo que Albert me contó quizá todos mis sueños y esperanzas se hubieran roto en ese instante.

Cuando llegué a mi apartamento en la noche, luego de haber estado con mi madre hasta pasado el almuerzo y conversado sobre las dos cartas que recibí y salir a caminar por el Central Park, cuando cerré la puerta tras de mí y miré el ambiente que me recibía a oscuras, me sentí completamente solo y vacío, triste y desamparado, como todas las noches de mi vida solitaria y me imaginaba en forma de consuelo que en algún momento ella vendría desde la cocina, desde el dormitorio o desde la terraza a recibirme con los brazos abiertos para abrazarme, para besarme y preguntarme como me había ido en el día y también me imaginaba su vientre abultado esperando un hijo mío y a otro pequeño corriendo para cargarlo en mis brazos (como mi padre lo había hecho conmigo)… pero … nada, absolutamente nada de eso venía a darme encuentro, eran solo ilusiones.

Pasadas dos semanas, llegaba el día del estreno para Hamlet y había pensado en invitar a Susana y a su madre (por compromiso) a asistir al estreno, para ello solicité a mi madre pudiera compartir el palco con mis invitadas para que pasen un momento a gusto, cosa que mi madre por primera vez no estuvo complacida en aceptar (siempre accedía a mis peticiones con Susana aunque no estuviera de acuerdo con ello), por lo que me sorprendió su negativa para lo cual ella me explicó que iba a tener invitados especiales y que ya había realizado las comunicaciones con bastante anticipación; debido a ello, tuve que conseguir pases especiales para otro palco, cosa que hizo ganarme una buena discusión con mi estimadísima amiga Karen.

-¿Qué? ¿Qué te está pasando en la cabeza Grantchester? ¿Cómo es que has separado un palco preferencial para las Marlow? - me lo dijo con tono de reprobación e ira.

-Karen, yo solo te estoy solicitando el favor de guardarme estas entradas hasta mañana, puesto que ahora no tengo como llevarlas – no podía tenerlas yo debido a que la única vez que había comprado una entrada con palco preferencial fue para Candy y de algún modo mi conciencia me decía que había obrado erradamente, cosa que Karen lo hizo más evidente.

-Pero… Terry, ¿cómo me puedes pedir eso?, si sabes muy bien que no soporto a tu "noviecita" – me respondió con su usual sarcasmo característico, muy similar al mío. Pero en verdad eso me lo decía cuando estaba molesta, hace mucho tiempo atrás Karen empezó a aceptar a Susana tanto así que me daba algunos dulces o chocolates para que yo se los entregase, con la única condición que no mencionara absolutamente nada de su origen o sino mi cuello estaba en juego.

-Karen, bien sabes que en realidad ella no es mi "noviecita" – ya me estaba brotando mi mal genio – bien sabes que todo es una imagen creada para evitar rumores infundados por la prensa que lesionen la honorabilidad de Susana

-¿En verdad?, porque últimamente veo un interés muy creciente entre tú y "Susy" – ésa vez acentúo la palabra Susy para dejar en claro como era que yo siempre la llamaba – es más, creí que todavía seguías interesado por cierta señorita de Chicago a la que alguna vez le compraste una entrada similar. ¿Acaso Susy ya ocupa su lugar?

-¡No me hables de ese modo! ¡Quién te crees tú para poder decir que debo o no debo hacer! – realmente había puesto el dedo en la herida y más aún, había puesto en evidencia algo que yo trataba de ignorar… le estaba dando el mismo tratamiento que tuve con Candy a Susana

-¡Te hablo así porque me considero tu amiga!, aquella persona que fue y siempre será tu paño de lágrimas – lo dijo y calló, como queriendo no haber dicho eso.

-¿Lágrimas?, ¿Cuándo me has visto llorar? – dije presa de mi orgullo, ella tenía razón… en algún momento me vio llorar cuando en los descansos de los ensayos me iba a la azotea del teatro y tocaba la armónica recordando a mi pecosa – No te permito que digas ese tipo de calamidades y te pido que te retires inmediatamente de mi camerino.

-Sólo lo dije en sentido figurado… - se retractó y creo que más porque sabía lo orgulloso que era – y no me iré – me retó mirándome fijamente a los ojos y colocando ambas manos en su cintura – no creas que me intimidas…

-¿Yo intimidarte?, por favor Karen… ¡tú no le tienes miedo ni al diablo! – dije eso cruzando los brazos y mirándola fijamente a los ojos retando a los suyos. Nos quedamos buen tiempo mirándonos, pero ninguno de los dos cedía y cuando Karen se encaprichaba no había nadie quien la sacara de sus casillas… la verdadera horma de mi zapato.

En eso se me ocurrió hacer algo para salir de esa situación incómoda y recurrí a mi usual sentido del humor, bajé los brazos, sonreí de lado y ágil como un felino me coloqué frente a ella muy cerca, al ver eso Karen simplemente dio un respingo para atrás y ¡zas!, la atrapé con mi brazo izquierdo rodeándola por la cintura y con mi mano derecha le agarré el mentón y acerqué provocativamente mis labios hasta rozarlo…. Vaya expresión de azoro que tuvo mi amiga, parecía que toda la sangre del cuerpo se le iba a las mejillas y le dije muy quedamente – Karen… se te ha pegado mucho el papel de Catalina Milona1 y créeme que como buen Petrucho1, yo sé muy bien como domarte.

-¡Eres un descarado! – me dijo mientras me empujó con todas sus fuerzas y pudiendo articular palabra alguna luego de su mudez temporal ante mi intromisión – no te atrevas a volver si quiera a acercarte así de esa manera porque no respondo Grantchester… realmente puedes salir muy mal parado – lo dijo mirando amenazadoramente mi entrepierna, mientras yo no cabía de la risa y las lágrimas se me salían de los ojos a borbotones, hasta que…

-¡Auch!, Karen eres mala perdedora – le dije mientras sobaba mi pie que había sido víctima de un gran pisotón, pero en verdad prefería que mi pie saliera lastimado que mi entrepierna.

-Ya sabes Terrence, no vuelvas a hacerlo o dejamos de ser amigos… ¡Oh Dios!, mi peinado se ha estropeado y cómo voy a salir ahora con Thomas – dijo eso alarmada al verse al espejo para arreglarse puesto que su prometido ya estaba por llegar a recogerla.

-Sólo dile que estuviste recordando aquellos días en que se presentaba la obra de "La fierecilla domada" – lo dije riendo, en verdad no podía evitarlo, ver su expresión de sorpresa y susto por mi actitud me había mejorado el día notablemente.

-Eres un odioso, pero no creas que me he olvidado de lo que has hecho al comprarle la entrada a Susana, has demostrado en realidad lo "mucho" que te importa y cómo has podido olvidar a Candy – dijo esto último abriendo la puerta y cerrándola de un tirón cuando salió dejándome solo con mis cavilaciones.

-Tienes razón Karen, Susana me importa… pero no como tú crees.

Salí luego de un momento de mi camerino rumbo a la casa de Susana y llevando las invitaciones, en verdad todavía no quería dárselas pues no estaba muy seguro de querer hacerlo, pero ni modo, Karen no me quiso apoyar en guardarlas hasta mañana o hasta nunca…, pero en vista de los acontecimientos ahí estaba yo parado en la puerta y con un par de entradas en los bolsillos y en mis manos una caja de chocolates (es un detalle que guardo cada vez que llego a una casa); claro que en otras ocasiones cuando tenía muy buen humor hasta le llevaba una flor porque sabía que le gustaban en especial luego de lo delicada que se puso en el último invierno.

Toqué la puerta de su casa y me recibió la mucama, que al verme inmediatamente me hizo pasar, como ya estaba habituado al lugar, simplemente saludé e ingresé como si fuera mi segundo hogar… todo estaba en su sitio, algo de admirar era que las Marlow siempre tenían un gusto exquisito por los adornos simples pero elegantes, no les gustaba las cosas ostentosas pero sí delicadas, me distraje viendo una gaviota de cristal en su nido aquella que le regalé el día de su cumpleaños, en eso escuché que me llamaron…

-Terry, que gusto verte de nuevo aquí…

-Susy, ¿por qué siempre me saludas cómo si no me hubieses visto de tiempo? – la verdad me incomodaba su algarabía en cuanto yo cruzaba esa puerta… al parecer todo el resto del día parecería que fuese lo más monótono de su vida.

-Es que cada vez que cruzas esa puerta, me haces tan feliz… nunca te olvidas de venir a verme – dijo ella con la mirada ilusionada y discreta sonrisa de felicidad.

-Toma Susy, te traje estos dulces, sé que te gustan mucho, pero no vayas a reemplazarlos con tus comidas… cada vez estás más delgada y eso no es bueno para tu salud y si te descuidas tampoco podrás ir a la editorial a publicar tus más recientes libretos – le dije guiñándole un ojo, sabía que su estado de salud era cada vez más delicado, veía ante mis ojos como esa muchachita que siempre fue frágil se iba apagando lentamente y no porque ella así lo quisiera, sino porque su organismo no respondía al tratamiento que se le daba.

-Gracias Terry, pero bien sabes que yo como toda mi comida, es más… si gustas podrías preguntarle a Charlotte… - miró a la mucama, quien se sonrojó un poco por la indiscreción y asintió tímidamente la cabeza.

-Susana, dime, ¿cómo te has sentido últimamente?

-Bien, ya sabes que el simple hecho de verte me hace querer estar siempre así… fuerte.

-Susana, tú deberías sentirte bien por ti misma no por nadie más, pero de todas formas gracias por el halago… y ¿dónde está tu madre?

-Ella se encuentra en la cocina, me quiso preparar unos bocadillos para que "suba de peso", pero igual me los podría comer todos y no subo…

-Es verdad – me dije mentalmente

-A ver… explícame como es que hoy por la mañana no podías levantarte y ahora te encuentras sentada en tu silla como si nada… no estarás haciendo travesuras por querer salir a pasear ¿no?

-¡Qué cosas dices!, me sentí un poco mal en la mañana porque me trasnoché… ya sabes tratando de crear un buen final a mi historia, pero no lo conseguí y terminé durmiendo recién al amanecer.

-Sabes que eso no es bueno, en tu estado no deberías exigirte demasiado.

-Está bien Terry, para la próxima te haré caso – me dijo con ademán de enfado y luego cambió de expresión y preguntó más por cambiar de tema - ¿cómo están los preparativos para el gran estreno de Hamlet?

-Bien, gracias, ya sabes cómo es Karen, muchas veces peca de confiada pero hace un muy buen trabajo al final

-Volviste a discutir con ella, ¿no es cierto?

-No… - en verdad sí, siempre y podría decirse que todos los días discutía con Karen y sólo por el hecho que no le caía Susana y me recordaba que no debería haber renunciado a Candy para cuidarla a ella, como si fuera poco las recriminaciones personales que me hacía cada noche por haber tomado una decisión tan absurda y especialmente esa tarde.

-Lamento decirte que te conozco tan bien que no me mientes… has discutido con ella – me lo dijo con mirada pícara.

-Que puedo decirte Susy, has aprendido a conocerme y verdad que si he discutido con ella pero es lo mismo de siempre, ya sabes el mal genio que me maneja… - tratando de poner evidencia del tema tratado.

-Ojalá que no sea por mí, ya sé que no le caigo para nada bien… - puso una expresión de tristeza, Susana realmente se esmeraba de caerle bien a las personas y quizá eso era lo que no le gustaba a Karen, porque ella siempre apostaba por la originalidad no por conductas aprendidas ni estudiadas que para eso, según ella, estaba el teatro.

-No Susy, son cosas del trabajo… ¿sabes?, te tengo una sorpresa – lo dije mientras pasaba un poco de saliva y tratando de tomar valor para darle la invitación, me sentía mal conmigo mismo y más aún porque me daba la impresión personal que estaba traicionando a mi tarzana pecosa.

-¿Sí?, ¿qué es? – juntó sus manos y sonrío tal como si fuere una pequeña niña a la que se le vaya dar un gran regalo.

-Cierra los ojos – le dije, a lo que ella se sorprendió un poco y hasta se ruborizó – no te preocupes que no voy a hacer algo indecoroso – entonces ella cerró los ojos tímidamente – ahora, extiende tus manos… - y le coloqué las dos invitaciones en sus manos.

-Vaya, ¡Son invitaciones para el estreno de Hamlet!, y en palco preferencial – se emocionó – pero… ¿Qué sucedió Terry?, usualmente usamos el palco de tu madre – inquirió.

-Lo que sucede, Srta. Marlow, es que mi madre tiene unos invitados en su palco y ya lo tenía programado con antelación, así que la otra opción era conseguir estas entradas para que vayas con tu madre.

-¡Oh, Terry!, gracias – se le asomaban unas pequeñas lágrimas en los ojos – no pensé que fuera importante para ti.

-Claro Susana, en este tiempo que tenemos frecuentándonos he aprendido a apreciarte como una amiga – tenía que decirlo, tenía que ser claro especialmente en ese momento, no quería que ella se ilusione, aunque pude notar un velo de decepción en su rostro.

-Gracias Terry, en verdad me hace feliz la invitación y también el que me hayas llegado a considerar como una amiga.

-Es verdad Susana y no tienes porqué agradecerlo, ahora te aconsejaría que te abrigues muy bien para salir al estreno, todavía estamos en invierno y las noches son muy frías, no queremos que te enfermes como el invierno pasado.

-No es necesario que me lo digas, yo sé cómo cuidarme…

Recuerdo el día del estreno, Susana asistió con su madre, ambas estaban ataviadas con unos hermosos vestidos que mi madre les había obsequiado para el evento, también recuerdo que esa noche fue una de las más frías del invierno y eso que ya estábamos por terminar la temporada para que llegase la primavera. En cuanto a mi madre, no la pude ver, quizá estaría con sus invitados que eran un misterio.

Una noche a los dos días del estreno me llamaron por teléfono de urgencia, era del hospital, Susana se había puesto mal de un momento a otro. Salí presurosamente de mi apartamento y llegué lo más pronto posible, entré en la habitación que le habían asignado y ella estaba durmiendo, a su lado estaba su madre y el médico tratante, los mismos que me miraron alarmados ante mi brusco ingreso. Los miré con ojos de angustia y curiosidad por saber que le sucedía a Susana, la señora Marlow estaba con ojos llorosos y el médico me invitó a salir de la habitación para conversar conmigo, una vez fuera me dijo que Susana tenía neumonía y que era muy poco probable que sobreviviera, que solo la habían sedado para que pudiera dormir y pasar la noche pero que no le daban muchas horas de vida.

Sólo Dios sabe la angustia que pase esa noche, no podía creer que Susana se estaba yendo y que esa partida era irremediablemente inevitable y eterna, realmente recé para que ello no sucediera y esperaba que el milagro se cumpliese. Era de madrugada y ella seguía dormida, la miraba, le tocaba sus manos que estaban tibias, arreglaba su cabello y le pedía que fuese fuerte, que todo saldría bien si ella ponía empeño, pero su respiración entrecortada me decía todo lo contrario. Al otro lado de la habitación, la Sra. Marlow lloraba sin ningún consuelo, siempre fue distante conmigo (cosa recíproca en ambos), pero esa noche por primera y única vez en nuestras vidas nos dimos apoyo y compañía. Cuando el color del cielo empezó a aclarar indicando que pronto amanecería, me quede dormido por breves instantes sentado al lado de Susana apoyando mi cabeza encima de la cama y muy cercana a su mano izquierda. No sé cuánto tiempo había dormido, quizá una o dos horas, pero era de día cuando abrí los ojos ante la sensación de una caricia en mi cabello, demoré un poco en ubicarme y cuando levanté los ojos pude cruzarme con la mirada azulada de Susana, ella tenía una expresión dulce y tranquila, con ambas manos tomé su mano izquierda y la llamé por su diminutivo, ella me sonrió, luego miró a toda la habitación y me preguntó por su madre, en verdad la Sra. Marlow no se encontraba debido quizá porque andaba de un lado a otro para poder conversar con el médico. Luego Susana aprovechó en decirme algunas cosas.

-Terry… que alegría verte – hacía un esfuerzo para que sus palabras salieran, debido a la agitación de su respiración.

-Susy… por fin despertaste, que alegría – le dije con sinceridad.

-Terry… sé que no estoy bien… cof cof cof – se tapó la boca mientras tosía con un pañuelo volteando el rostro para otro lado, no quería que la viera en ese estado.

-Por favor Susy, tú te vas a recuperar, verás que todo saldrá bien y dentro de poco regresarás a tu casa junto con tu madre, pero no hables, no te esfuerces en hablar, guarda esa energía para sanarte – no podía creerlo hasta en esos momento ni siquiera era capaz de mentirle y decirle que la situación entre ambos cambiaría, pero en verdad no quería aceptar lo que dictaminó el doctor.

-Terry, sé que no me voy a recuperar… cof cof cof… sólo quiero que me digas una cosa… - me miró con ojos entristecidos pero muy llenos de curiosidad.

-Dime Susy – pensaba que me pediría que cumpliese algo que de antemano ya habíamos establecido que no sería, pero pese a las circunstancias quizá yo si hubiese llegado a aceptar.

-Solo si no te molesta… cof… sólo quiero que me hables de ella – fue determinante en su solicitud.

-Susy… no es el momento…

-Concédeme al menos eso – me interrumpió bruscamente – quiero … cof … saber… que fue lo que te hizo enamorarte de ella… cof… para que … no … puedas olvidarla… cof

-Susy, está bien, sólo te lo contaré esta vez cómo fue que la conocí, cómo nos hicimos amigos y cómo me enamoré de ella, pero no quisiera que eso te lastime.

-No, no me lastimará – me sonrió – me hará sentir mejor aquí – señaló su corazón y luego su cabeza.

-Entonces te contaré – y así le dije todo sobre Candy, desde nuestra coincidencia en el barco y en el colegio, de las vacaciones en Escocia, de nuestra separación por circunstancias ajenas a nosotros y del reencuentro en Chicago, evité decirle lo del beso porque nunca había rozado los labios de Susana ni con los dedos y no sería justo hablarle de algo tan especial; tampoco le quise comentar sobre nuestra despedida en New York, puesto que esa historia ya era conocida por ella.

Al finalizar mi relato ella me contemplaba sin mostrar expresión alguna, entonces habló…

-Ese día… de la despedida de New York… ¿ella se fue… caminando sola… y bajo la nieve?...

-Sí – le dije bajando la mirada

-Qué tristeza… - se volteó y miró al techo de la habitación en el momento justo que su madre entraba a la habitación trayendo en sus manos un conjunto de récipes médicos para su tratamiento, en eso Susana dijo – madre … por favor … cof .. cof… ¿podrías… darme... un papel y una pluma?

-Pero… Susana, ¿qué piensas hacer? – le pregunté alarmado, se me vinieron mil ideas en la cabeza y una de ellas era que quizá escribiría una carta.

-Sólo… hacer… el final… cof… de mi historia… ¿recuerdas? - me sonrió mientras se me volvía el color al cuerpo y recordé aquella historia que no tenía fin desde hace mucho.

-Terry…

-¿Si?

-Necesito que mi madre me atienda… podrías… - se ruborizó un poco

-Oh, claro, esperaré afuera para cualquier cosa que necesiten – la miré a ella y luego a su madre, dando a entender que no me retiraría del hospital hasta que Susana salga bien de ello.

-Gracias…

No fue mucho tiempo que Susana se quedó a solas con su madre en la habitación, la Sra. Marlow salió presurosa a los quince minutos solicitándome que me quedara con Susy por breves momentos porque debería hacer una diligencia que había dejado desde ayer, a su regreso entramos los dos y nos quedamos con Susana todo el resto del día, vinieron a visitarla Robert, Karen y los demás compañeros de tablas. Esa noche, Susana partiría de nuestra presencia en el más dulce y pacífico de los sueños.

1 Personaje de "La fierecilla domada"

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GemaGrandchester: Que bueno que te haya gustado y la verdad que cuando uno es padre comete muchísimos errores pero nunca deja de amar a sus hijos, porque vienen a ser la esencia de uno mismo y de la persona que amas. Además era lo menos de esperarse del duque… ¿no lo crees?

Lizzig: Gracias Liz, todas las noches luego que acuesto a mis dos terremotitas me pongo a escribir (es una forma de relajarme), el pobre Terry está aprendiendo a madurar con las experiencias que le da la vida y no sería justo para ambos (ni para Terry ni para su padre), que pasen toda su vida enemistados y que mejor que el padre abra sus brazos esperando a que su hijo retorne en el momento que éste se sienta preparado. El duque ha demostrado la madurez propia de su edad.

Klaudya: Si, Terry por fin pudo leer las palabras que tanto anheló por parte de su padre y te agradezco los comentarios.

Ladhygabhi-rose: El pobre Duque ha sido un hombre amargado por las circunstancias de la vida, cosa que Terry estaba repitiendo a pesar que dijo alguna vez "yo no amaré igual que mi padre" y mira que le cayó como guante el dicho "no hay que escupir al cielo que puede caer en la cara" y ven... lo mismo le pasó con Susana.

Muchas gracias a todas por sus comentarios, en verdad hacen que me sienta feliz para seguir continuando con mi fic y amiga Klaudya todavía no comas ansias… todo tiene un motivo, sí Terry no está en América porque ha regresado a Inglaterra…