Capítulo 11
En la mesa seguían Shika y Temari cuando ella dijo:
- ¿Esa que ha salido corriendo no era…? –trató de acordarse.
- Ino. –terminó Shikamaru.
- Espero que no nos haya oído.
- Pues yo espero que lo haya hecho –Shikamaru sonrió, ignorando el efecto que eso producía en su compañera de mesa y agragó-, seguro que se ha pensado lo que no es.
- ¡Serás cínico! –replicó Temari, respoplando, y no pudo evitar corresponder a su sonrisa.
Se quedaron mirando mutuamente durante unos instantes, y ambos apartaron la vista a la vez. Luego volvieron a mirarse y no pudieron evitar echarse a reír. Shika fue el primero.
- ¿De qué te ríes?
- No me río… -rió él aún más.
A ella se le contagió también.
- Mejor me voy a clase antes de que se me pegue tu estupidez…-dijo Temari.
Shikamaru observó cómo se levantaba.
- Llámalo estupidez, si quieres. Yo lo llamaré capacidad de pasarlo bien, aunque creo que no me funciona con nadie más que contigo –ella le miró extrañada-, es un halago –agregó el muchacho.
- Bueno, entonces lo acepto, al igual que el hecho de que estas hecho todo un caballero. Cosa que, debo admitir… me sorprende enormemente.
- Tan solo procuro ser cortés con las bellas féminas.
- Ya, pues guárdate la cortesía para tu novia –Temari frunció el ceño y añadió-, si yo fuese ella no estaría del todo contenta contigo.
"Cuesta un poco creerlo si me lo dices sonriendo así, tan dulcemente", pensó el chico, pero se lo guardó para él. Temari se fue a vaciar la bandeja y marchó hacia clase. Shikamaru decidió hacer campana; no estaba de humor para estudiar. Iría a su habitación y fingiría encontrarse mal.
Ya en el cuarto, se estiró y se preparó para pasar una larga tarde aburrido. "No, aburrido no", pensó, y se sumió en la construcción de su plan de acción. Sin embargo, las últimas palabras de Temari… le habían resultado muy interesantes: "si yo fuera ella…" Si Temari fuese su novia… Cogió un colchón y se lo pegó contra la cara para tratar de sofocar los malos pensamientos que le dominaban en ese momento.
Lo que Shika no sabía, era que no era el único que estaba haciendo novillos y pensando esas cosas a la vez en esa hora.
Sasuke Uchiha, sentado en un tronco del bosque del inetrnado junto a Sakura, tenía que frenar continuamente las ganas de abrazar a Sakura y besarle todo el cuerpo, acariciarla entera… Hasta la tumbaría allí mismo y… y… "¡soy un obseso sexual!", se lamentó, y trató de calmarse.
- Sasuke…
- Dime –contestó el chico, tartando de concentrarse en algo que no fuese tocarla y pensando que era insano que tuviera tantas ganas de besarle.
- Antes, en el comedor, has dicho que…
- Sé lo que he dicho, y lo lamento –se giró para mirarla a los ojos, lo cual fue un error. Casi gruñó y tuvo que levantarse y aspirar fuertemente para calmar sus ansias-. Lo que pasa es que, a ver, objetivamente casi no nos conocemos… Simplemente nos atraemos como dos imanes y es normal que yo quiera conocerte más a fondo –trató de convencerse a sí mismo, aunque estaba seguro de que Sakura entendía en sus palabras otro significado. Se puso de cuclillas ante ella y le acarició el mentón con un dedo-, al igual que tú a mí. La confianza y lo demás viene con el tiempo, aunque estoy seguro… Espero que no me traiciones nunca.
Ese pensamiento lo enfrió de los pies a cabeza y se incorporó de golpe, para después mirar el cielo.
- Es cierto, quiero conocerte mejor, pero eso no significa que tengamos que salir ni nada.
Al chico le pareció que no había oído bien.
- Verás, es que no quiero que te veas obligado a salir conmigo por… lo de anoche –él iba a hablar, pero ella lo interrumpió-. Estabas borracho y no sabías lo que te hacías, además esta Ino…
- Y Shikamaru¿no?
- Oh, que pesado te pones siempre con Shika. No, él no tiene nada que ver conmigo exceptuando la amistad que nos une. Ya esta. ¡El problema… –añadió, enfureciéndose-, es Ino!
Él la observó, tan divertida y adorable y no pudo evitar echarse a reír.
- ¿Qué… que te hace tanta gracia?
Sin esperar ni un momento, el chico la abrazó y ella no paró de debatirse hasta que ahogó sus protestas con un beso. Luego, antes de tomar aliento siquiera, le susurró:
- Te quiero.
Sakura se puso roja como un tomate y le lanzó los brazos al cuello. Le miró fijamente a los ojos, esos ojos oscuros, pozos de misterio. Esos ojos llenos de tristeza y soledad, aunque estuviese con tanta gente, escondían una enigma, y se prometió a sí misma que lo resolvería costara lo que costase.
- Yo también te quiero –reconoció-, te quiero muchísimo –gimió antes de que él le arrebatara otro apasionado beso más salvaje y largo que el de antes.
Féminas chicas, mujeres…
