El Beso de Plata

Capítulo X Parte II: Zero.

"Abrió mi camisa. Yo no sabía qué iba a hacer. Rápidamente me cortó el pecho con una uña que parecía una garra. Solté un sollozo, luego vi sus colmillos y supe que estaba perdido. Me estaba torturando; él era como el otro. Pero hábilmente se cortó su muñeca y la juntó a mi pecho. Nuestra sangre se mezcló mientras yo miraba perplejo. 'Para asegurarnos', me dijo y me acercó su muñeca a mi boca. Lo miré sin entender. 'Chupa', me dijo y retiré mi cabeza con un movimiento agresivo. Pero él me agarró del pelo con una fuerza mayor que la de un niño y me obligó a voltear la cabeza. 'Por tu vida', me dijo entre dientes. Y controlando mis deseos de vomitar, me tomé su sangre mientras él lamía la mía directamente de mi pecho. Chupé hasta que él retiró su muñeca.

-Así es como nacemos nosotros, Sayori. Se necesita que intercambiemos sangre. Nuestras víctimas, cuando quedan sin sangre, simplemente están muertas. No reviven. Excepto sí, en su debilidad final, comparten sangre con uno de los condenados.

"Mientras yo miraba aterrorizado, el niño me mostró su mano para que yo viera cómo u sangre se secaba, su piel se regeneró de nuevo con la voluntad propia, la cortada se cerró y la cicatriz desapareció. 'Nadie te podrá lastimar ahora'

-Y es la verdad, Sayori-hizo una pausa mientras la miraba a los ojos-No importa lo que me pasa ahora, la única cicatriz que tengo es la que él me dejó.

-Muéstrame-le dijo Sayori retándolo.

Zero se sonrió con tristeza. Se quitó la chaqueta haciendo crujir el cuero y jaló la camiseta despeinándose. Sayori le recorrió la herida con el dedo desde arriba de la tetilla izquierda hasta poco mas abajo del final de las costillas. Él cerró sus ojos pues sentía que, al tocarlo, ella le quemaba deliciosamente la piel fría y sus tetillas se endurecieron; ella lo hizo aún más consciente del frío que lo rodeaba. La jaló hacia él. Quítame el frío, pensó el, caliéntame de nuevo. Ella temblaba, y él pensó que tal vez no era de miedo, si no porque ella nunca había abrazado a un hombre cuyo pecho estuviera desnudo. Sin embargo, ella lo abrazó. Hace cuánto, pensó él, que una mujer hermosa tiembla por mí solamente y no por mi posibilidad de hipnotizarla. Continuó su historia, con ella en sus brazos protegiéndolo del frío.

"Caí en un sueño oscuro y vacío, en el que uno pierde contacto con su propia existencia. Creo que en ese momento yo estaba muerto.

"Cuando me desperté, había cambiado. Sentí como si un sol frío brillara dentro de mí y se hacía cada vez más grande. Esto también significó poder. Durante todo ese día la rabia creció en mí a medida que me fortalecí. El animal dentro de mí se despertaba. Finalmente, me quedé acostado quieto, mirando el techo y esperando a mi atormentador, sin saber aún lo que haría y aterrorizado de mi propia ira.

"La puerta al fin se abrió y yo simulé estar dormido pues no sabía que más hacer. El hombre e me acercó y escuché su respiración ronca y ansiosa al inclinarse hacia mí. Su peso sobre la cama hizo que yo me deslizara hacia él. Cuando puso su horrible cara contra mi nuca, yo estaba listo para estrangularlo, pero sus colmillos se hundieron en mis venas y me paralizó por un momento. Inmediatamente después él se retiró y escupió. Gruñó y se levantó de la cama con tanta fuerza que rompió la base y me lanzó contra la pared. '¡Muchacho!', gritó, dando media vuelta para quedar frente a la puerta. '¡Muchacho! ¿Qué haz hecho?'

"Con mucho esfuerzo, logré levantarme de la cama destrozada en el momento en que el muchacho entró violentamente con una mirada de alegría en su rostro. 'Cachorro despreciable', dijo mi captor, '¿Como te atreves a desafiarme?' Se lanzó hacia él niño y la bestia se despertó en mí".

Zero vio esa habitación de nueco y sintió el odio resurgir en él.

"Busqué con desesperación a mi alrededor algún arma y agarrpe lo que estaba a la mano. Tambaleándome desde la cama me arrojé contra él con una astilla de la cama con la cual lo atravesé"

Zero sintió que Sayori se estremecía en su pecho y hacía un ruido de disgusto.

"Él cayó al piso convulsionando y contrayéndose. Su peluca oscura se cayó, dejando ver el pelo canoso. Su piel palideció. Se encogió y retorció. Finalmente se quedó quieto, una cosita, a duras penas humano.

"El niño pateó el cuerpo y sonrió. 'Muy inteligente', dijo. 'Mucho mejor de lo que yo tenía planeado'. Yo temblaba tanto que apenas me daba cuenta de lo que decía".

Zero hizo una pausa, atento al abrazo intenso de Sayori.

"'Soy rico ahora', dijo el niño. 'El muy tonto me dejó todos sus bienes pues naturalmente nunca pensó que yo los heredaría. Los sirvientes se encargarán del cuerpo, ya les prometí una buena recompensa por su lealtad. Pasaremos un excelente tiempo juntos, Simón".

"Está era la primera vez que usaba mi nombre. No me recordaba de habérselo dicho . '¿Porqué juntos?' le pregunté. '¿Porqué yo?'. Y me respondió. 'Cuando tienes la apariencia de un niño, necesitas de alguien que te proteja, una persona que sea tu guardián ante los ojos de los demás. ¿Quién mejor que mi propio hermano?'"

Sayori soltó a Zero y se sentó: ¡Ichirou!- le dijo.

El le dijo que sí con un movimiento de cabeza.

-Me lo imaginé-sin embargo, se veía sorprendida-Y él...¿Tiene otro hombre?

El hombre la miró con firmeza-Christopher.

-Lo escuché-Sayori le vio con el ceño fruncido-Ahora entiendo todo.

-Sí, el rompecabezas quedó completo, quién era el hombre, quién era este niño, con temor a profanar esa palabra-odiaría aún más el contarle la siguiente parte de la historia. Colocó sus manos suavemente sobre la mesa y continuó, con la cabeza abajo, sintiendo que el hielo se levantaba , de nuevo, dentro de él.

"'Te pondrás mas fuerte', me dijo Christopher, 'pero el color se te desvanecerá a medida que tu sangre cambia. Tu corazón dejará de latir, pero la sangre seguirá recorriendo tus venas. Inhalarás aire por simple hábito pues lo necesitarás solamente para hablar más no para vivir. Y evitarás el día y sus rayos que queman, porque el día es para los vivos y el sol te rechaza. Vivirás de noche, ¡pero qué poder tendrás tú! El poder de extraer de lo demás la esencia misma de la vida y doblegarlos a tu antojo. Vivirás un largo, largo tiempo, suficiente para acumular riquezas y tener medios para muchos placeres. Seremos fenomenales juntos, Simón. No serás como mamá'.

"'¿Qué quieres decir?'" le exigí que me explicara aunque tenía temor de la respuesta.

"Y él me contó: 'Wulfram quería que yo la matara para probarle que le era fiel. No me gustaba mucho la idea y le dí una oportunidad, pero ella me rechazó. Ya no me quería'.

"'¿Mamá?' dije, suavemente al principio, aterrado. '¿Tu mataste a mamá?', le pregunté usando un tono más alto. Después, le grité '¡¿Mamá?!'.

Sayori se retiró de un salto. La mesa se quebró y el vidrio parecía con escarcha en el borde. Zero temblaba.

"Me le lancé pero el me tiró al piso. No lo esperaba de alguien de su tamaño. Se sonrió y se vananglorió: 'Como ya te lo dije, te pondrás más fuerte, pero todavía no. Yo soy el fuerte ahora'. Dio media vuelta.

"'¿Ah, a quién quieres para tu primera cena?', me preguntó en tono casual por encima del hombro mientras se alejaba. '¿Quieres que te traiga a tu chica favorita de la taberna que frecuentas?'

"Me levanté del suelo: 'Tu dijiste animales'.

"'Mentí', dijo a través del borde de la puerta. La cerró y le colocó un seguro adicional por fuera. En ese momento entendí lo que yo había hecho.

"Caminé de un lado de la habitación al otro buscando otra manera de salir, pero no encontré más puertas. Arranqué las cortinas para escaparme por una ventana, pero me enfrenté a puras paredes. Le pegué a la puerta con mis inútiles puños y con mi hombro, pero de nuevo nada. Hasta traté de cavar un hueco con una cuchara, pero, por lo que observe, el cuarto debía ser subterráneo, con roca detrás del pañete. Me rendí, exhausto, y me tiré sobre la destrozada cama. Estaba atrapado, y condenado solo con un horrible cadáver de compañía. Tal vez fue en ese momento cuando empecé a enloquecer".

De repente Zero vio la mesa y retiró sus manos. No estaban cortadas.

"Me trajo una niña esa noche, una pobre infeliz bajita. Me rehusé a acercármele, 'Lo harás'. Soltó una carcajada y se la llevó.

"Sin embargo, noche tras noche yo me rehusaba y él se ponía más furioso. Pero yo me debilitaba y cada vez que me acercaba al ofrecimiento, era más difícil de resistir. Finalmente la trajo amarrada y la degolló con un cuchillo de cocina para que la sangre corriera libremente. Él se tomó su parte hasta que la tentación fue demasiada y el olor de la sangre fresca me enloqueció. Ensucié todo, muchísimo mientras Ichirou se reía y se reía como si fuera un gran chiste. Pero el último en reirme fuí yo pues él me había dado el poder para dominarlo. Para su sorpresa, lo tumbé a un lado y salí corriendo de ese cuarto, de esa detestable casa a las calles.

"Corrí y corrí.

"Me acuerdo de vomitar en un callejón, limpiándome la boca una y otra vez con lo única que tenía puesto, una camisa destrozada y llena de sangre. Después de eso mi mente se desintegró por la culpa y el asco.

"Logré llegar hasta las afueras de la ciudad, a los campos y los bosques. No sé cómo sobreviví. No me preguntes qué hice porque tengo pocos recuerdos de ese época. Me convertí en un animal enloquecido. Me dí cuenta de que Ichirou tenía razón, uno puede sobrevivir usando animales por un tiempo, pero nunca es suficiente; el hambre no queda totalmente saciada, nunca te deja y eso duele. Yo sé que maté personas cuando las pude encontrar y cualquier otra cosa cuando no las encontraba.

"Pasaron años antes de que mis sentidos se normalizaran y yo pudiera salir al mundo de los hombres. Para ese momento estaba acostumbrado a matar, pero no al asco que le seguía. Cuando recuperé mi memoria, juré vengarme de Ichirou, por mi madre y...por mí.

-Lo he seguido durante muchos años.

-¿Cómo hiciste para encontrarlo después de todo ese tiempo?-preguntó Yori.

Zero sonrió con tristeza.

-Fue realmente fácil. Seguí los reportes de cierto tipo de violencia: niñas desaparecidas o mutiladas. Tres veces llegué a estar cara a cara con él. Una vez casi lo consigo en Londres en 1880, pero logró escapar.

-¿Como llegaste aquí?

-Vine en los años 30. Leí, en el periódico, sobre un asesinato en un barco y esa fue mi pista. Estuve mareado todo el tiempo.

Sayori sacudió la cabeza.

-No, quiero decir a esta ciudad.

-Oh...Hubo una serie de extrañas muertes en un orfanato. Había perdido su pista hacia un año antes. Siempre dejaba una cantidad inmensa de pistas obvias de pornografía infantil, como si me estuviera atormentando, hasta que de repente no se encontró mas evidencia; las pistas simplemente se desaparecieron justo cuando me estaba acercando. El orfanato fue la primera pista desde entonces.

"Fui al sitio. Tuve dificultad al principio, pero por mi parecido con Ichirou, finalmente uno de los administradores habló conmigo, No sé que historia había contado él, pero yo dije que la corte nos había separado y que él se había fugado de la casa adoptiva. Le expliqué que él no siempre decía la verdad, pero que si simplemente me dejaba verlo, podíamos aclararlo todo. Fue amable pero firme. Eso era imposible; ya estaba en una casa y sin papeles para probar lo que yo decía, no había nada que se pudiera hacer. ¿Por qué no le pedía a la trabajadora social encargada de mi caso que se contactara con ella? No sé qué pensó ella que yo quería, pero estoy seguro de que no me creyó nada.

"Me fui destrozado, pero ella me había dicho que podía volver, de manera que esa noche volví y entré por una grieta del marco de la ventana y leí los archivos. Averigüé donde vivía y entonces vine aquí.

-Lo he estado observando Sayori. He visto lo que hace. No quieres que ande rodando las calles libremente. Él se toma toda la sangre de sus víctimas, Sayori.

-¿Como tú?

-Pero, Sayori, no las tiene que matar. No así.

-¿Tú nunca mataste a nadie?-sus ojos eran penetrantes.

Zero recogió su camiseta y la torció en sus manos.

-Te dije que lo hice. Sabes que lo hice-luego le tomó la mano-Pero no tengo que hacerlo. Lo puedo controlar. Él ni lo intenta. Él disfruta matando.

Sayori le quitó la camiseta y la estiró en su falda-¿Tú te puedes controlar?.

-Sí, lo he hecho. Las he seducido hacia una suave niebla y bebo su sangre suavemente, después las dejo con aliento.

No le mencionó las veces que, debido a la abstinencia de sangre humana, no se podía retirar y se dejaba caer en esa niebla junto con su presa donde se quedaba flotando, despertándose años después con una fría capa oscura en las manos. Era siempre más satisfactorio hasta el final y muchas veces se había preguntado si ellos se alimentaban tanto de los moribundos como de su sangre. Ichirou parecía disfrutar más el moribundo que la sangre.

-¿Qué pasó con el crucifijo?-le preguntó Sayori-¿Te lastima?

-Oh, no- se rascó el brazo sintiéndose culpable, buscando una excusa para no tener que mirarla-Solo una vieja manía. No creas todo lo que lees. Simplemente no te lucía-qué es lo que me pasa. Creí que había decidido confiar en ella. De todas maneras, se sentía estúpidamente asustado de facilitarle a alguien un arma que pudiera usar contra él.

-¿Zero?-Sayori le tocó la mano-¿Dónde están tus colmillos?

Ella lo miró como si todavía le pudiera pesar. ¿Acaso aún lo consideraba un niño hambriento de la calle?

-No pueden simplemente aparecer. Tienen que ser estimulados por el olor o la promesa de sangre. ¿Quieres que te muestre?-lo dijo medio en broma.

Se acercó a ella y vio una chispa de miedo en sus ojos. Esto lo animó a continuar. Ah, ella cree un poquito, pensó. Ella se acercó también y apoyó su cabeza en el hombro de él, su cuello blanco y sus venas palpitantes estaban tentativamente cerca del olfato de Zero, pero ella se limitó a acariciarle el brazo. Dulce calidez. Dulce y fogoso calor.

-Pobre Zero, ¿qué puedo creer?

Su garganta empezó a latir con vida cerca de su boca y él se sintió atolondrado ante su olor suave y cálido. Trató de controlarse, pero no pudo; ella estaba demasiado cerca, demasiado dispuesta. Los colmillos salieron de sus fundas.

-Cree en esto-suspiró y la besó suavemente en la nuca-Y en esto, y esto.

Luego la besó con el beso agudo, el beso de plata, veloz y verdadero, tan cortante como una cuchilla, y el se impregnó de la calidez de ella. La sintió entrar en su cuerpo, su calidez, su esencia pura y cálida.

Ella dio un pequeño grito y trató de alejarlo, pero él le acarició el pelo. No te lastimaré, pensó él, pequeña hermosa, querida. No te lastimaré. Ella gimió y lo abrazó. Era el suave éxtasis de los besos que él podía transmitirle con su abrazo. Le palpitaba en sus dedos, sus brazos, su pecho, como la sangre en las venas de ella. Palpitaba a un ritmo que compartió con ella. Ella suspiró, su respiración se volvió más intensa y él sintió que no se podía controlar. Debo detenerme ahora, pensó él, pero no puedo hacerlo. La acercó aún más, como si nunca pudiera dejarla ir. No podía dejarla ir.

Sin embargo lo hizo. Jadeando, la apartó de él. Se miraron confundidos.

-Puedo detenerme si lo deseo-le susurró ronco.

Ella sintió un espasmo recorrerle la espina dorsal al escuchar su susurro y se ruborizó al entir algo nuevo dentro de sí, luego se tocó la nuca y se vio las gotas de sangre en sus dedos sin entender.

-Pero fue...quiero decir, no fue horrible. Fue...no lo sé.

Él quería besarla de nuevo.

-Puede ser terrible. Él lo hace terrible. Yo puedo hacerlo dulce-él tomó la mano y las palpitaciones empezaron de nuevo dentro de él. Puedo detenerme. Pensó mientras trataba de acercarla de nuevo. Sayori cerró los ojos con lentitud mientras el sencillamente la tomaba de la nuca para darle un beso suave y tímido en los labios, ella sólo correspondía de una manera cortés, pero confortante. El éxtasis del beso lo consiguió al separarse, cuando ella aún no abría los ojos. Zero sonrió y ella por fin dejó ver sus ojos castaños.

El teléfono timbró. Los dos saltaron.

Sayori se alejó y fue a contestar.

-Mi madre-dijo casi pidiendo excusas.

Escuchó cuando Sayori levantó el teléfono en el corredor. Contestó como si estuviera asustada, pero su tono cambió a uno de sorpresa.

-¡Yuuki! ¡Hola! ¿Ah, sí? ¿Él te lo dijo? Uh-huh. Sí-había un tono de duda en su voz-Sí, creo que lo estaba-¿Se oía tranquila? No, estaba ocupada. Sí. los niños pidiendo dulces-su voz sonaba cálida, como si estuviera lista para hablar mucho más, pero se debió acordar de él-Escucha, hay algo que tengo que terminar. ¿Te puedo llamar más tarde? De acuerdo. Adiós-colgó.

Cuando ella volvió, él notó que la magia del momento había desaparecido. Pero lo que le sorprendió fue el susto de ella al contestar el teléfono. Ella debió adivinar sus pensamientos. Sus labios se apretaron, su mirada estaba baja.

-Pensé que era sobre mi está muriendo.

Era una confesión vacía, tal vez una respuesta a su propia historia enredada. Estaban compartiendo muertes, pensó él con humor amargo.

-Escucha-le dijo ella-, creo que es mejor que te vayas. No sé a qué horas regrese mi papá. No podría explicar esto-señaló la mesa.

-¿Dejaste caer algo sobre ella?-bromeó él.

-Tendría que haber sido una bomba...

De todas formas, él no dejaría que se deshiciera de él tan rápido.

-¿Me dejarás volver?

-¿Por qué?-su mano tocó la garganta.

Lo hacía sentir avergonzado. Se detuvo para recoger su camiseta.

-Para hablar-le dijo-Solo para hablar.

-¿De que tenemos que hablar?-sonaba como una negativa.

Zero decidió arriesgarse.

-De la muerte-le dijo.

Los ojos de ella se veían grandes y su mirada dolorosa, pero asintió.

-Sí.

Él no pudo evitar una sonrisa. La disimuló poniéndose la camiseta.

-Volveré pronto. Sayori, no sabía que necesitaba tanto esto-la tomó en sus brazos y le dio un beso agresivo y corto.

Pero de nuevo se despertó la amargura. Él era un fracaso hasta en esta farsa en la que él mismo se había convertido. Pasó años pensando que ellas eran personas sin cerebro, criaturas estúpidas que no merecían vivir, para que fuera más fácil usarlas; ahora el había permitido que una de ellas se volviera real. ¿Qué voy a hacer?, pensó el, no podré volver a cazar. Se marchitaría y retorcería pero nunca se moriría y siempre esa horrible sensación de hambre. La idea de él acabado y casi loco, arrastrándose en un callejón oscuro, lo hacía estremecerse.

Ella le tocó la cara, sus ojos increíblemente humanos mostraban más preocupación de la que él merecía.

-¿Qué ocurre?

-Nunca lograré vengarme-dijo él-Ichirou es demasiado inteligente para mí Sayori. Será mejor que simplemente salga corriendo mientras puedo y me esconda de él. Traté de hacer algún tipo de vida vacía en otro lado. Siempre he sido un tonto. Un fracaso. Él seguirá matando y me seguirá evadiendo. Él ganará.

-No. No puede-lo sorprendió por el sorpresivo destello que vio en ella.

Se puso el retrato bajo el brazo y la chaqueta sonó sobre su hombro. Ella lo acompañó a la puerta.

-Él ganará, ¿Sabes?, porque aunque lo mate seguiré viviendo eternamente, odiando cada forzado segundo.

-No hables así-le dijo ella-Tú te mereces más.

-No...

Ella dejó salir un pequeño grito de protesta, de dolor que calló a Zero.

-Lo siento, nos vemos después, entonces.

Ella cerró la puerta despacio, como si no confiara en él, en su momento de desespero; luego él se perdió de nuevo en la oscuridad.

Se deslizó por las calles hasta su escondite, para tratar de entender lo que sentía. El muchacho joven y desgreñado que lo trató de seguir cerca al parque fue un problema menor. Lo perdió rápidamente por los oscuros patios traseros.

A la luz del amanecer se enroscó en su rincón empolvado y dejó el pensamiento a un lado por el profundo sueño que sabía a sangre.