Capítulo 11
La esposa de Ryu era una mujer maravillosa. Totalmente opuesta a Koyuki.
Cabello con tintes rubios, ojos color almendra y con personalidad tierna, amable y dócil.
Hinata sonrió.
El hijo de Ryu era una copia idéntica de su madre.
Hinata miró a Sasuke. Habían pasado casi todo el día ahí y era hora de irse.
—Nos tenemos que ir— dijo lentamente después de tomarse su último sorbo de té.
—Sería grandioso si nos pudieran visitar más seguido — les contestó Ryu.
Hinata asintió.
Ryu los acompañó a la salida y cuando Sasuke salió de la mansión, miró a Hinata.
—Me alegra que vinieras— le dijo.
—En realidad, no estaba muy segura sobre si venir— le confesó Hinata mirando al suelo.
Ryu tomó su mentón y lo subió.
—Ya pasó mucho tiempo Hinata, deberías comenzar a superarlo.
Hinata dejó caer una lágrima.
—Escucha, en esta vida debes tratar de ser feliz.
Hinata asintió.
—Me alegra que estés bien— le susurró Hinata.
—No pensé que volvería a hablar de ella…— comenzó a decir Ryu vacilante —. Pero Koyuki sabía sobre su destino, ella esperaba morir.
Susurró.
—Además, fuiste tú quien la salvó de su oscuridad, así que no debes tener arrepentimientos.
Hinata lo miró atentamente. Ryu siempre lograba confortarla.
La envolvió en una abrazó antes de que partieran y sonrió.
Ya estaba anocheciendo. El sol ya se estaba ocultando y los lobos comenzaban a aullar.
Sasuke y Hinata caminaron hacia el cementerio y buscaron la tumba de Koyuki.
Como supusieron, no había ninguna flor, ningún adorno, a excepción de un collar que estaba sobre su tumba. Era una copia idéntica de la que Hinata tenía.
Hinata puso su capa en el suelo y se sentó sobre ella. A su lado, Sasuke hizo lo mismo.
Los dos se quedaron en silencio varios minutos.
—Koyuki— comenzó a decir Hinata con sus labios temblando de frío —. Te extraño— le dijo posando sus dos manos sobre su tumba.
Sasuke se quedó mirando al vacío.
—..—.—.—.—.—.—.—.—.
El barco ya había llegado. Shikamaru tomo un sorbo de aire fresco y miró la aldea que estaba frente a él.
Habían muchas probabilidades de que Hinata estuviera ahí.
Bajó del barco. Seguramente en la aldea, Naruto estaba muriendo de preocupación por Hinata.
Suspiró y sacó un cigarrillo.
Sin embargo, quería encontrarla a salvo. Eso era prioridad.
Se puso una chamarra y comenzó a andar a la aldea de la nieve.
Pensó que tendría que quedarse al menos una semana para intentar rastrear a Hinata. Sin embargo, contrario a lo que pensó, no tuvo que si quiera entrar a la aldea.
Hinata estaba en la entrada. Con su capa cubriéndola por completo. Como si hubiera estado esperando por él varias horas. Su cara había tomado un tono rosado, sus labios se habían puesto morados y su nariz estaba totalmente roja.
—Regresemos—le dijo Shikamaru.
Hinata asintió y comenzó a caminar detrás de él.
Genial, ahora tendría que subirse al barco otra vez. Era lo peor del viaje.
Pero supuso que ahora todo estaba bien, Hinata estaba a salvo y no tenía ningún indicio de haber comenzado ninguna pelea.
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Hinata lo sabía. Mandarían a alguien a buscarla.
—Me voy— le dijo a Sasuke parándose—. Ryu está bien, no te guarda resentimiento, Koyuki sabia que su destino era morir— le susurró—. Así que no te sigas castigando.
Le dijo antes de irse a la entrada de la aldea.
Si no quería que castigaran a Sasuke por huir con ella, entonces debía regresar sola.
Y como lo supuso, después de una hora Shikamaru apareció delante de ella.
El barco no tardó en llegar. Y el camino hacia Konoha se le hizo sumamente rápido.
Lo que se le hizo eterno, fue subir las escaleras para llegar a la oficina del Hokage. No sabía cómo reaccionaria Naruto después de que ella hubiera huido.
Abrió la puerta y miró cómo Naruto inmediatamente se paró de su silla y se puso frente a ella. Alzó sus ojos y se inclino ante él.
—Puedes quitarte tu máscara Hinata— le dijo Naruto poniendo énfasis en su nombre.
Hinata se paró y se quitó su máscara.
—Me alegra que estés bien— le dijo Naruto.
Hinata asintió.
—¿Por qué dejaste la misión?—le preguntó delicadamente.
Hinata tembló. Había practicado tantas veces lo que debía decirle sin embargo ahora se había quedado sin palabras.
—Y-Yo— el tartamudeo regresó. Suspiró pesadamente. Eso no tenía que estar sucediéndole —. Tenía que sanar.. .
Le explicó sin detalles. Sin mencionar si ella era la que tenia que sanar, y es que no estaba segura si lo decía por Sasuke o por ella misma.
Naruto la miró.
En realidad no estaba preparado para saber si había estado con Sasuke o no. La respuesta le dolería así que decidió no preguntar nada.
—Estás sancionada, perdiste tu licencia— le dijo.
Hinata suspiró. Volvería a su vida monótona, sin acción.
No supo qué hacer más que asentir.
—Es todo— le dijo Naruto. Hinata asintió y salió de la torre Hokage.
Se había quitado su traje, su máscara y ahora solo le quedaba su tatuaje.
Bajó la cabeza.
Se sitia sofocada en la aldea.
Lágrimas comenzaron a bajar por su mejilla. No sabía lo que haría de ahora en adelante.
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Sasuke dejo de caminar por un momento.
"Así que no te sigas castigando"
No podía dejar de pensar en las palabras de Hinata.
Él no se estaba castigando. Prefería verlo como una redención.
Había hecho tantas cosas malas en su vida que no necesitaba saber que hacia algo para arrepentirse.
Estaba en el puerto. Cerca del lugar donde Itachi había muerto. Delante del lugar donde Hinata y él habían saltado.
Recordó las emociones de aquél día.
¿Y si se diera una oportunidad a sí mismo?
Negó con su cabeza.
Él no tenía perdón.
Y sin embargo,
Hinata lo había perdonado.
.
Tomó sus cosas. Estaba a punto de amanecer.
Su próximo destino sería Konoha.
Tal vez habría un lugar para él ahí e iría a descubrirlo.
Trataría de perdonarse a sí mismo aunque le costara años. Trataría de ser feliz como lo fue en su infancia.
Salto al mar. Comenzó a luchar con las olas una vez más como lo había hecho varios años atrás. Sin embargo se pudo dar cuenta de una cosa, nada era igual como cuando estaba junto a Hinata.
El deseo de protegerla, de no dejar que nadie la tocara, de no dejar que se hiciera daño.
Estaba mal. Sabía que estaba mal.
Pero aún sabiéndolo tomó sus cosas y partió a Konoha.
No le gustaba el hecho de que muchos se sorprenderían, ni tampoco el hecho de tener que volver a tener una vida "normal". Sin embargo, después de tantos años de "redención" no había podido perdonarse a sí mismo.
Pensó que tal vez Hinata lo ayudaría.
Ella tenía el poder de hacer eso.
Caminó por tres horas y vio Konoha al fondo. Había cambiado demasiado desde la última vez que había estado ahí.
Ahora había edificios, más casas, un tren. Cosas que él nunca había visto.
Se sintió como un intruso en esa aldea.
Suspiró.
Su vida estaba llena de negatividad, de venganza. Pensó que sería más fácil ser como Naruto. Preocuparse por las demás personas, ayudarlas y sentir que hacia un cambio.
Entró a la aldea con pasos vacilantes. Él solo era un extraño ahí.
Los guardias lo miraron con sorpresa cuando entró a la aldea, sin embargo no le dijeron nada, estaban demasiado atemorizados como para hacerlo.
Siempre había sido consiente de su propia aura, de lo que transmitía.
Ni siquiera recordaba el camino a su propio departamento, a la torre del Hokage, ni a ninguno de esos lugares. Sin embargo siempre había algo que lo podía guiar.
Las caras de los Hokages.
Caminó en su dirección y llegó rápidamente a la torre del Hokage.
Abrió la puerta y escaneó la expresión de Naruto.
Era como si hubiera visto un fantasma, un monstruo o alguna clase de bijuu.
—S-Sasuke…—comenzó a decir Naruto sin poder articular bien sus palabras.
—Regresé— le contestó Sasuke sin ningún atisbo de emoción.
—Teme— reaccionó Naruto saltando de su silla.
Sasuke vió el brillo en los ojos de Naruto, su efusividad, su capacidad de hacer sentir a las personas bienvenidas.
Suspiró.
Tal vez no había sido tan mala idea regresar.
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Hinata no había salido de su casa por más de tres días.
Su vida como ANBU le daba un propósito su existencia. Sin embargo, ahora que se había quedado sin nada, no estaba muy segura de qué hacer con su vida.
Se quedó recostada hasta las diez de la mañana. Su padre Hiashi estaba en una junta en otra aldea y Hanabi estaba de misión.
Miró el techo intensamente. No podía dejar de pensar en lo que haría con su vida.
Podía pedirle a Shikamaru que la siguiera entrenando en sus capacidades estratégicas, o a Ino que le enseñara más sobre hierbas medicinales, o podía ir con Tenten a aprender a utilizar armas.
Podía hacer tantas cosas pero a la vez no quería hacer nada.
Era ella la que tenía el problema dentro de su cabeza.
Salió de la cama, se dio una ducha y abrió el refrigerador. No había comida.
Salió de su casa, iría a comprar provisiones para otras semana. Caminó hacia el mercado, ahí habían cosas ricas y baratas.
Consiguió frutas, verduras, carne y algunos condimentos.
Caminó hacia la mansión Hyuga con su calma habitual.
Bufó.
Todo era simplemente tan aburrido. Supuso que desde el día siguiente podía comenzar a entrenar con Kiba y con Shino. Y cuando llegara su padre de su reunión podría entrenar con él.
Subió al puente y siguió caminando.
Sus espalda dio un respingo, sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo y volteó.
Un hombre de su misma edad, cabello oscuro, tez blanca la miraba.
Su ropa era sumamente casual, le hacía recordar el pasado cuando tenían 12 años.
—Sasuke.
Era él.
Sus ojos se abrieron con felicidad.
Quería correr, abrazarlo y decirle que esos siete años lo había extrañado demasiado.
¿Y su era un genjutsu?
No. Era imposible. No era ninguna ilusión.
Era él.
—Sasuke…
Volvió a susurrar. Lo escaneó de pies a cabeza.
Sus ojos se llenaron de lágrimas y sus piernas perdieron su movilidad.
—Regresé— le dijo Sasuke vacilante.
Hinata asintió.
—Bienvenido, Sasuke.
Caminó hacia él con pequeños pasos y finalmente lo alcanzó.
Tomó su mano y le dio un apretón.
Hinata sonrió. Al fin Sasuke había vuelto. No sabía la razón por la que había regresado, sin embargo, esperaba que fuera para finalmente perdonarse a sí mismo.
Sintió su mano. Era cálida como lo había sido hacía años.
Olió su aroma, por su cabello mojado y su olor a shampoo pudo reconocer que acababa de darse un baño.
Miró sus ojos. Seguía siendo el mismo Sasuke.
—Escucha Sasuke, y-yo…
Hinata fue silenciada por Sasuke.
Sus labios estaban unidos fuertemente.
Hinata comenzó a sonrojarse de sobremanera. Sin embargo, eso no fue obstáculo para disfrutar de ese beso.
Cerró sus ojos y sintió un calor apoderarse de su cuerpo.
Ahora lo sabía, desde hacía años lo amaba demasiado.
Durante todos esos años había estado esperándolo.
Durante todo ese tiempo había ansiado por él.
Se separaron lentamente y Hinata abrió sus ojos.
Tomó sus mejilla entre sus mano y sonrió.
Hola! Quería subir este capítulo antes de que mis exámenes comenzaran. Espero que les haya gustado.
Por cierto, voy a publicar otra historia. Ya tengo el primer capítulo así que por favor denle una oportunidad.
Darkness in the snow ya casi acaba. Espero que sigan la historia hasta el final.
